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La Vida Que Me Robaste (Y Volviste A Dar)

Chapter 2: Pequeños Pasos

Summary:

- ¿Por qué te caigo mal Bobby? - Cuestionó volteando su rostro hacia el huevito, quién al escuchar su nombre se giró en su dirección.

Bobby pareció pensarlo seriamente durante un largo tiempo, hasta que de un solo movimiento puso un cartel. - Lastimaste a mi apa.

Spreen se quedó callado por un momento y luego dijo - ¿Roier te contó lo que pasó…?

- No todo, pero sé que lo hiciste. Cuando te ve, apa se pone triste.

Notes:

Tengo que avisar de una vez que las actualizaciones seran lentas :') pero intentare que sean capitulos más o menos largos como compensacion, espero lo entiendan c:

Dicho esto, disfruten :D

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Spreen caminaba distraídamente a través de una larga pradera. El día era agradable, con el sol brillando cada cierto tiempo entre esponjosas nubes blancas y suave viento que movía su cabello libremente. Delante suyo iba Bobby, el huevo al que se suponía debía cuidar y pasar tiempo con. Era un padre ahora, y mentiría si dijera que aquello no lo ponía incómodo, pues nunca se vio como alguien capaz de volverse una figura paterna. 

Él era, en todos los sentidos posibles, un hijo de puta, alguien con la capacidad de destruir y atacar con facilidad, de traicionar, de herir. Tenía su reputación difundida por mar y tierra advirtiendo a cualquiera que se acercara que él era alguien con quién no debías meterte. Y no se avergonzaba de ello. Al contrario, el saberse temido era algo que lo llenaba de una satisfacción retorcida, una sensación de ser invencible, intocable. Se enorgullecia de quien era y de lo que su nombre significaba. ¿Qué si aquello lo alejaba de los demás? No necesitaba nuevos amigos ni personas a su alrededor para vivir su vida. Siempre había sido independiente, un aventurero de pies a cabeza, viajando de un lado a otro y haciendo lo que se le diera la gana.

Al menos, así fue hasta que conoció a Roier.

Recuerda bien cómo es que ocurrió todo, cómo tomó ese boleto como una oportunidad más para encontrar nuevas experiencias, quizás tomarse un descanso tras las aventuras extremas por las que había navegado últimamente. No esperaba algo diferente a lo usual, y sin embargo, en cuanto entró en aquel tren y chocó con un par de bonitos ojos cafés algo muy dentro suyo supo que su vida no volvería a ser igual.

Si alguien le pidiera que explicará qué era lo que le llamaba la atención del castaño probablemente no tendría una respuesta concreta. Roier era en muchos sentidos opuesto a él; sociable con quién se cruzará en su camino, de corazón amable y con una predisposición a ofrecer su ayuda desinteresada. Era despreocupado y era fuerte, era bromista y era inteligente. Y cuando se hablaron por primera vez las cosas tan solo… surgieron. Sus conversaciones fluyeron como la corriente de un río, hablando de todo y nada a la vez. 

Spreen simplemente se dejó llevar, sintiendo una calidez en su pecho que desde hace mucho no sentía, riendo con una facilidad desconocida, molestando al otro y disfrutando de sus reacciones. Ignorante, lo atribuyó a la idea de haber hecho un nuevo amigo y no le prestó atención a las señales por más obvias que fueran. Y fue solo cuando por sus acciones descuidadas perdió la amabilidad en los ojos del castaño, los dulces gestos que tenía para él y solo para él, que empezó a comprender que Roier no era un amigo más.

Aquello era tan ajeno a él que sentía sus sentimientos comerlo vivo desde adentro. Una mezcla de desesperación, confusión y vulnerabilidad lo hundían a diario al ver la frialdad con que Roier actuaba hacia él  y eso lo asustaba, lo hacía débil, dependiente, tanto que a veces lo único que quería hacer era huir, de ellos y de la realidad oculta en su corazón.

Pero no lo haría, porque una oportunidad finalmente se revelaba frente a él para recuperar lo que tontamente perdió, y estaba más que dispuesto a intentar cualquier método posible para lograrlo.

Solo había un detalle. 

Bobby lo odiaba. 

- Dale Bobby no te hagas de rogar, vení acá - Spreen estampó su mano contra su rostro en frustración al ver cómo el huevo huía de él por tercera vez en el día. Habían salido a explorar los dos solos ya que Roier se había quedado en la casa, avanzando con la construcción de su castillo.

Spreen lo vio como una oportunidad de finalmente pasar tiempo con el huevo que tan fácilmente se había ganado el amor de Roier y poder conocerlo más, incluso ver si podía de alguna forma ganárselo para así obtener una ventajosa opinión de él con Roier. Pero Bobby simplemente se negaba a hacerle caso. 

Tras un rato más explorando encontraron una nave en el cielo. Spreen se emocionó al haber escuchado del buen loot que había en ellas e inmediatamente comenzó a construir, dejando un camino para que Bobby subiera detrás de él. Una vez arriba iba a simplemente encerrarlo en algún lugar seguro hasta que él terminara de saquear la nave. Al menos, ese era el plan.

Al llegar, Bobby salió corriendo directamente hacia los enemigos, pegándole a cualquier monstruo que se cruzara en su camino para inmediatamente huir del lugar. Spreen corrió detrás de él con un grito en su garganta, alarmado al ver la enorme cantidad de enemigos que se encontraban en la zona. Cada vez que Spreen intentaba alcanzarlo para protegerlo, el maldito huevo volvía a salir corriendo, dejando una horda de monstruos detrás de él que no podía ignorar. Era molesto. 

Finalmente tras un rato dando vueltas alrededor ambos terminaron por derrotar todos los enemigos y destruir los spawners. Spreen se dedicó a inspeccionar los cofres, gruñendo entre dientes al ver como Bobby seguía igual de hiperactivo.

- Vas a caerte si no te bajas de allí - Regañó, viendo como el niño se subía a lo alto de la nave. 

Bobby se acercó a la orilla al escuchar sus palabras, jugueteando descuidadamente, dando saltos de un lado a otro en un reto directo a sus palabras. Spreen lo miró furioso. ¿Cómo es que Roier podía querer a alguien tan grosero y arrogante? 

- Si te caes no pienso salvarte - Amenazó. 

Bobby se quedó quieto al escucharlo. Spreen suspiró con alivio. Finalmente había logrado calmar a—

- ¡NO! ¡¿Qué mierda haces?! - Spreen gritó, lanzándose con un cubo de agua al ver cómo Bobby en una décima de segundo se había tirado de la nave. En el aire pudo ver cómo Bobby caía en picada unos metros abajo suya. Su corazón latía con fuerza, la adrenalina llenaba cada parte de su cuerpo mientras su mente corría a mil por hora, pensando en cualquier cosa para salvar al huevo de estrellarse contra el suelo. Mas nada venía a su mente, y el suelo estaba más y más cerca. 

Spreen ya se estaba preparando para lo peor, cuando vio un brillo aparecer en el huevo. En cámara lenta observó como Bobby agarró un cubo con agua de su inventario, y con una velocidad y precisión admirables, lo colocó en el suelo a tan solo segundos de caer, salvándose de una muerte segura. Spreen reaccionó inmediatamente y agarró su propio cubo, amortiguando su caída con el agua. 

Una vez los dos a salvo, corrió a dónde Bobby y lo agarró bruscamente, inspeccionando por cualquier herida que hubiera podido sufrir. Su cascarón estaba intacto. 

- No vas a volver a hacer eso en tu puta vida, ¿Me escuchaste? - Spreen habló firmemente sin dejar de sostener a Bobby con fuerza. El huevo se intentó remover pero fue inútil. Asintió resignado. 

Spreen lo soltó, sintiendo una pizca de culpa al ver cómo el huevo se apartaba de él rápidamente, visiblemente asustado. Respiró con lentitud, calmando su respiración agitada, ordenando las ideas que iban y venían en su mente en una caótica corriente. No quería admitirlo, pero realmente se había preocupado. Volteó a la nave y con su mirada trazó la distancia que había desde el suelo hasta arriba. Estaba demasiado alto.

- Pudiste haber muerto… - Dijo aún molesto. 

Bobby negó, poniendo un cartel. - Ya lo había hecho antes.

Spreen arqueó una ceja. - ¿Desde tan alto?

Bobby asintió repetidamente y puso otro cartel - El otro día con mi apa.

Al leer lo que estaba escrito Spreen bufó con una sonrisa, imaginando la escena de un castaño eufórico gritando a los cuatro vientos lo chingon que su hijo era. Él mismo estaba sorprendido, pues no esperaba en lo absoluto que el huevo fuera capaz de algo así. El niño no era tan pelotudo como él creía.

- ¿Qué más podés hacer? ¿Eres bueno peleando? - Spreen preguntó intrigado. Bobby asintió, sacando la espada de diamante encantada que su papá le había regalado. Corrió hacia donde un grupo de zombies y esqueletos se encontraban y con un par de espadazos los mató bajo la atenta mirada de Spreen, quien dijo complacido. - No está mal, igual te falta técnica. Puedo enseñarte si querés.

En respuesta Bobby dió saltos de un lado a otro emocionado y Spreen río de buena gana. Ya no le caía tan mal el mocoso. 

La siguiente mazmorra que hicieron fue un poco más tranquila. Bobby dejó de huir y en cambio permaneció junto a Spreen, quien mataba los monstruos con facilidad mientras le explicaba diferentes técnicas de ataque y defensa con la espada, hacha y escudo. Cada cierto tiempo dejaba que el huevo intentara matar los monstruos por su cuenta y observaba atentamente, corrigiendo errores menores. En general, Bobby aprendía rápido y no necesitaba de mucho para entender qué hacer. 

La tarde se pasó rápido de esa forma, los dos dejando de lado cualquier especie de enemistad para completar mazmorras juntos. Spreen, para su sorpresa, se acostumbró fácilmente a la compañía de Bobby y más veces que no, se descubrió a sí mismo soltando pequeñas risas llenas de adrenalina en sus aventuras. “Es por las mazmorras” Pensó para sí mismo, pero era cosa de mirar de reojo al huevito luchar para que una sonrisa orgullosa brotara de sus labios.

Cuando decidieron que ya era suficiente por hoy, ambos se quedaron viendo al atardecer desde el mirador de una de las tantas mazmorras, totalmente exhaustos. Spreen aprovechó ese momento de paz para preguntar.

- ¿Por qué te caigo mal Bobby? - Cuestionó volteando su rostro hacia el huevito, quién al escuchar su nombre se giró en su dirección. Bobby pareció pensarlo seriamente durante un largo tiempo, hasta que de un solo movimiento puso un cartel. - Lastimaste a mi apa.

Spreen se quedó callado por un momento y luego dijo - ¿Roier te contó lo que pasó…? 

- No todo, pero sé que lo hiciste. Cuando te ve, apa se pone triste.

Spreen frunció el ceño. Fuego corriendo por su cuerpo y un amargo sabor acre en su boca le dieron la bienvenida, encendiendo el sentimiento que últimamente no dejaba de sentir; enojo consigo mismo. 

Si era honesto, sabía que todo había sido su culpa. Roier siempre había sido demasiado bueno con él, siempre le había soportado cada una de sus malas formas, siempre incondicional, siempre alegre, siempre él. Y Spreen abusó de eso, testeó sus límites, estirandolos hasta romperlos ese día en que hubo hecho un trato con el diablo entregando su 'amistad'. 

Él estúpidamente creyó que sería fácil, que podría engañar al castaño y salirse con la suya como era habitual, pero no previó su orgullo, su seguridad y facilidad para leer a través de sus mentiras y engaños. Y entonces todo se le complicó demasiado rápido y estaba tan atrapado y con tan poco tiempo que no le quedaba de otra, debía… debía–

Mata al dueño.

Spreen escuchó en el fondo de su cabeza. No era una orden, nada de lo que hizo lo fue, pero era una sugerencia y–

Mata al dueño.

Mata al dueño.

Mata al dueño.

 

Mátalo.

 

Cerró los ojos, escuchando aún en su mente el sonido de desesperadas súplicas, su propia voz enfurecida, el metal chocando contra piel. No era algo que pudiera olvidar ni que debía, cargaría con la culpa y el remordimiento, sabiendo que había perdido algo que no se dio cuenta necesitaba hasta el momento en que nuevamente se encontraron y en el brillo de sus ojos solo quedaba vacío.

- Fui un idiota, Bobby - Admitió en voz alta por primera vez, sintiendo como las palabras pesaban en su lengua. Se recargó de las vallas de madera, quitándose los lentes y tallando sus ojos cansados. Miró al cielo rojo y naranja apagarse en un azul oscuro y rió lacónicamente, sin humor. Bobby lo observó fijamente. 

- ¿Lo sientes? - Bobby escribió, apartándose de él en un intento por darle espacio.

- Si. - Spreen ni siquiera titubeó.

Bobby no escribió nada más. Ambos caminaron de vuelta a casa en silencio. Spreen no dejaba de pensar, en todo y en nada a la vez, su mente era un vertedero de ideas sueltas y sentimientos revueltos. Estaba agotado.

Cuando llegaron Bobby corrió hacia Roier, quien estaba subiendo desde el sótano. Por sus manos y ropa llenas de tierra Spreen dedujo que recién acababa de terminar de cuidar de sus cultivos.

- ¡Bobby mijo! - Roier exclamó con emoción, agachándose y abriendo sus brazos para recibir al huevito en un cálido abrazo. Spreen sonrió ligeramente ante la escena. - ¿Cómo te fue en tu expedición de hoy? ¿Todo bien?

Bobby saltó repetidamente. - Fuimos a unas mazmorras y Spreen me enseñó a luchar

Esta vez Roier volteó a ver a Spreen, quien incomodo por la mirada del castaño miró hacia otro lado. La voz de Roier salió bajita, casi confusa. - ¿Eso es verdad? ¿Le enseñaste a luchar? 

- Él ya sabía, yo solo mejore su técnica. - Spreen contestó queriendo restarle importancia al asunto. 

Roier no dijo nada más, intercambiando miradas entre su hijo y Spreen. Se le veía… Pensativo, y Spreen tenía ganas de preguntar qué ocurría, que pasaba por su mente para finalmente salir de las miles de dudas que cruzaban su mente cada que estaba junto a él. El castaño todavía estaba molesto con él, eso era innegable, pero fuera de eso, no sabía realmente que era de ellos dos. 

Su mente aun recordaba cada momento a su lado, cada palabra dicha con suavidad, cada risa compartida, cada mirada prolongada en el otro sin palabra alguna, cada roce accidental de manos; un choque eléctrico que desequilibraba por completo su sistema, pero que termina buscando una y otra vez. 

Nunca fueron nada, no oficialmente, pero Spreen podía sentir un mundo entero oculto en las pláticas que compartieron y que permanecían guardadas con recelo en lo profundo de su pecho, en un lugar cerca de su corazón al que tenía miedo abrir. 

¿Qué tanto de eso quedaba ahora?

- Bueno, me alegro que te la hayas pasado bien - Roier finalmente respondió, sacándolo de su cabeza. - ¿Quieres ir a dormir? 

Bobby saltó repetidas veces y subió al piso de arriba, dejando a Spreen y Roier solos. 

Spreen se removió incómodo, inseguro de qué hacer o que no. En un pasado hubiera caminado como se le diera la gana por la casa, reclamandola cómo suya también, pero ahora que todo estaba dicho y hecho, se sentía fuera de lugar y sin ganas de molestar a Roier. No creía que fuera el momento. 

- Ven, vamos a despedirnos de Bobby - Roier habló con suavidad. Spreen volteó sorprendido, solo para notar qué el castaño decididamente no lo estaba mirando.

- Ok, vamos - Y con eso ambos subieron con rapidez.

Bobby se acurrucó en su cama, esperando impaciente por Roier, quien entre risas se acercó a él y le empezó a cantar una canción de Luis Miguel. Era lejos de ser una canción de cuna, pero a Bobby pareció gustarle de todas formas, agitando su cuerpo al ritmo, sus movimientos volviéndose cada vez más torpes a medida que el sueño se apoderaba de él.

Roier sonrió con calidez, acercándose a su hijo y dándole un dulce beso en la frente, observando con todo el amor del mundo a Bobby. Spreen permaneció quieto todo el rato, incapaz de atreverse a romper la burbuja paternal en la que se había metido el castaño. Era una nueva faceta de él que jamás había visto; protectora, juguetona y gentil. Quiso seguir viendo más de ella.

Cuando finalmente Bobby se quedó dormido, Roier le hizo una seña y ambos salieron al balcón del segundo piso, sentándose en la banquita que miraba al río. La luna se reflejaba sobre el agua cristalina y a lo lejos Spreen podía oír la melodía de los grillos resonar a lo largo de la orilla. 

- Se te da bien esto de ser padre. - Spreen comentó. Roier sonrió sinceramente, acomodándose en su asiento con pereza.

- La verdad es que nunca pensé terminar de esta forma. - Roier expresó con gracia. - Bobby es… Bueno, pues Bobby es Bobby. Es difícil no quererlo cuando lo conoces, ¿sabes? - 

Spreen asintió, negandose rotundamente a decir que lo entendía perfectamente. Todavía no iba a darle el gusto al mocoso. En su lugar dijo - Se le da bien pelear.

Roier rió, negando con una sonrisa divertida. - Solo a ti se te ocurre llevar al niño a unas mazmorras en su primer día contigo, mamon.

- Eh, el chabon quiso hacerlo, a mi no me culpés. - Spreen se defendió, cruzándose de brazos en una muestra de indignación.

- Tryhard como su padre tenía que salir. - Roier canturreo juguetonamente. Spreen gruñó bajito, sintiéndose de alguna forma atacado. Respondió con su usual tono desdeñoso - De vos sacó lo boludo seguro.

- ¡Ey! Con mi Bobby no ¿eh? - Roier contestó risueño. 

Spreen sonrió, sintiendo de nuevo aquella sensación cálida que únicamente aparecía al lado del castaño, volviéndolo más tranquilo, más vulnerable. Se dio cuenta, entonces, cuando de menos lo había echado. - Pero posta si me recuerda mucho a vos. En la lancha de camino a casa se puso a reproducir corridos en una bocina y a bailar.

- Aja si, ¿solo por que los corridos son mexicanos te recuerdan a mi? - Roier reprochó en un tono acusador, pero Spreen percibió la diversión en su voz.

- No, es porque cuando salíamos juntos te gustaba cantar y bailar con la música. - Spreen dijo sinceramente. Ante una respuesta tan directa, Roier vaciló, removiendose en su asiento, exhalando una risita nerviosa. - Me acuerdo, me acuerdo, aunque pensé que a ti te molestaba. Siempre me veias asi bien malhumorado, bien serio.

Spreen miró hacia abajo, entrelazando sus propios dedos entre sí. - No era por eso.

Roier lo miró con curiosidad, y quizás, solo quizás, algo de expectativa. - ¿Entonces?

Porque no podía dejar de verte, y eso me molestaba. Spreen pensó, apretando sus ojos fuertemente, sintiendo el latir de su corazón esparcirse por todo su cuerpo; su piel picaba y sus manos no dejaban de moverse ansiosas. No podía decir eso. - Olvidalo.

- Si, eso supuse. - Roier dijo derrotado, intentando hablar con el mismo humor que habían mantenido, pero el pelinegro inmediatamente notó el cambio en el ambiente, haciéndolo arrepentirse de su respuesta. Un silencio incómodo se formó alrededor, demasiado tenso, con sentimientos divididos y palabras no dichas. Era asfixiante. 

- Oye Spreen… he querido preguntarte algo. - Roier rompió el silencio, su voz demasiado bajita y pausada en comparación a hace unos momentos. Cautelosa.

- Dime. - Spreen contestó de la misma forma, con la anticipación haciendo agujeros en su estómago.

- ¿Alguna vez me dirás por qué lo hiciste? - Roier preguntó. Spreen volteó a verlo, a su rostro iluminado por la tenue luz de la luna que brillaba sobre su piel. Su cabello se mecía lentamente con el viento sabor a nostalgia. Lucia hermoso… y terriblemente frágil. 

- ¿De qué hablas? - Preguntó estúpidamente, pero no quería tocar el tema. Roier lo volteó a ver sin decir nada. Sus ojos cafes se veian casi negros, sintiendose pesados y demasiado juzgadores, diciendo mucho sin la necesidad de una sola palabra. Suspiró derrotado.

- No puedo contártelo - Respondió muy a su pesar. No sabía que tantas de las amenazas del diablo eran ciertas, pero no iba a arriesgarse, no ahora que finalmente había logrado algunos avances. - Es mejor que no lo sepas. 

Roier no se movió, no respondió ni protestó. Se quedó allí, observando al vacío, sintiendo su corazón agitado y demasiado pequeño. Después de un rato dijo - No lo entiendo. 

Spreen hizo un sonido de confusión. 

- No te entiendo - Corrigió - Nunca me habías… nunca me habías lastimado de verdad. - Murmuró con tristeza. - Todos solían decirme que debía de tener cuidado contigo, que eras peligroso. Pero nunca les hice caso porque confiaba en ti, aun cuando peleabamos siempre sabías cuando parar. Era nuestra forma de llevarnos. 

Spreen abrió la boca para decir algo, pero al final su mente se quedó en blanco. Roier continuó hablando. - Pero esa vez… Se sintió diferente. Fue diferente. Sigo sin entender qué cambió, pero cuando volteé a ver a tus ojos… tuve por primera vez miedo de ti. 

- ¿Me tienes miedo ahora? - Spreen preguntó en un hilo de voz. 

Spreen era un hijo de puta. Tenía una reputación esparcida por mar y tierra y lo sabía, incluso la había más que reforzado. No era nueva la noción de alguien temiendole, de ser llamado monstruo. Él era un luchador después de todo, un aventurero. Nada era desconocido. 

Mas ahora, justo ahora, la idea de ser temido lo repulsaba. 

- No, pero sé que debería. - Roier admitió. Spreen no supo si alegrarse o sentirse decepcionado de la respuesta. Probablemente ambas. - Necesito saber… ¿Por qué estás aquí, Spreen? ¿Por qué te importa?

- ¿A- a qué te refieres? - Spreen masculló nerviosamente. Roier bufó, luciendo ligeramente molesto. - Te sigues haciendo pendejo.

- No me podes preguntar eso.

- ¿Por qué no? 

- Porque no sé qué decir.

- ¿Seguro que es eso? ¿Seguro que no sabes?

- No, no lo sé. - Habló bajito. Sus mejillas ardían y solo esperaba que la oscuridad de la noche lo ocultara lo suficiente.

Roier se le quedó viendo fijamente y tras un rato soltó un largo suspiro, balbuceando furiosamente cosas que Spreen no llegó a escuchar. - Está bien. De acuerdo, no hay problema.

Roier se levantó de su lugar. Spreen imitó la acción, siguiéndolo dentro de la casa hasta el piso de abajo. Una vez en la entrada el castaño volvió a hablar. - …Gracias por cuidar de Bobby hoy. 

- ¿Me estás echando?

- No, pero ya es noche. Deberías volver ahora a casa y descansar.

Las orejas de oso de Spreen se presionaron hacia abajo. Sus labios se apretaron, queriendo soltar una protesta de que no, no necesitaba ir a ningún lado, que su casa estaba justo allí con él y con Bobby. Al final terminó asintiendo. No entendía desde cuando se había vuelto tan cobarde.

- Nos vemos mañana pues.

Dio uno, dos pasos, su cuerpo protestando contra su sano juicio. 

Roier necesitaba tiempo, él mismo necesitaba tiempo; ni siquiera era capaz de pronunciar sus propios sentimientos en voz alta. Pero cuando dio un último vistazo hacia atrás  y lo vio allí, recargado en el umbral de la puerta mirándolo con la expresión más lastimera que había podido presenciar, no lo pensó dos veces al regresar en sus pasos y acercar su rostro al de Roier, robandole un beso en la comisura de sus labios.

Cálidas llamas encendieron sus labios, esparciendo fuego ardiente por su cuerpo, amenazando con consumirlo por completo. Sintió el cuerpo de Roier tensarse ante repentina acción y al apartarse, vio su rostro boquiabierto; ojos mirándolo con sorpresa e incredulidad y un fuerte rojo pintando sus pómulos. Mierda, era precioso. Roier abrió la boca para decir algo, pero Spreen no esperó por una respuesta, huyendo rápidamente de la escena, consciente de que lucía igual o peor que él. Aquello lo habia agitado más que cualquier mazmorra.

 


 

Por su lado, Roier seguía estático en la puerta, mirando con ojos perdidos la silueta de Spreen alejándose por la noche, incapaz de dar sentido a lo que acababa de pasar.

Se llevó una mano a su rostro caliente, apretando con suma delicadeza la zona en la que Spreen lo había besado. Sus dedos hormigueaban al recordar la sensación.

Estaba tan, tan jodido.

 

Notes:

Gracias por leer, y por aquellos que dejaron comentarios en el primer capitulo, me motivó muchisimo saber que les habia gustado <3

Notes:

Espero les haya gustado :)

No creo que vaya a tener relevancia en la historia, pero aqui les dejo la lista de como quedaron las parejas en este AU:

Slime/Mariana
Foolish/Vegetta
Fit/Maximus
Phil/Missa
Bad/Luzu
Jaiden/Quackity
Spreen/Roier

(Yo queria meter juntos a Luzu y Quackity pero si lo hacia no quedan las demás parejas u.u)