— Escribo esto por placer, por amor a la Tierra Media y a sus habitantes y con todo el respeto y la humildad del mundo. No trato de arreglar nada porque no hay nada que arreglar. En todo caso intentaré no estropearlo demasiado.
— Voy a ceñirme a lo relatado en los libros y a obviar todas las adaptaciones posteriores. Adoro la trilogía de Jackson, pero ésa no es la historia que quiero contar.
— He intentado construir a los personajes a partir de las impresiones que tuve de ellos cuando leí el libro por primera vez (otra de las razones por las que he tratado de distanciarme de las películas). Lo siento si no se acercan a vuestras expectativas o a lo que ahora se considera canon. Ésta es mi adaptación, para lo bueno y para lo malo.
— Mi referencia es la edición de 1989 (que es la que tengo), con la traducción de Luis Domènech (Francisco Porrúa) y Matilde Horne (Matilde Zagalsky). Maravillas como «Sonorona» (Loudwater), «Bárbol» (Treebeard) o «Cebadilla Mantecona» (Barliman Butterbur) no pueden quedar sin reconocimiento.
— Cuando se utilice un idioma diferente al oestron (español, gallego o sindarin, principalmente) se indicará con cursivas. Esto aplica a todo el fic excepto al prólogo.
— Y ya que hablamos del sindarin… tened piedad. Intento ser todo lo rigurosa que puedo, pero no os voy a engañar: tengo un cacao mental con el sindarin, en neo-sindarin, las variantes dialectales y el Vala que los parió a todos que voy a meter la pata sí o sí.
— Lo mismo os digo para el lore. No me he leído El Silmarillion, ni Los Cuentos Perdidos, ni los Apéndices… Sí, soy una hereje; yo tampoco sé qué hago escribiendo esto.
— Me encanta el ship Legolas/Gimli pero, de nuevo, ésa no es la historia que quiero contar. Otros ya lo han hecho mucho mejor que yo. Leedlos; son geniales.
— Lo cual no significa que no me aproveche de otros ships del fandom. Aquí hemos venido a jugar, no a tener coherencia interna.
— Esto es un salto al vacío, pero después de 2020 me da todo tan igual que, why the hell not? Si tenéis vértigo u os asusta el golpe contra el suelo, sois libres de dejar de leer justo aquí.
— Pero si habéis llegado hasta esta última línea (¡hola!), tal vez queráis seguir un poco más… porque el camino sigue y sigue desde la puerta. ¿Y de ahí adónde iré? No podría decirlo.