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Objetivamente hablando Wei Wuxian debió haber sospechado que había algo raro desde mucho, mucho antes.
En su defensa, su relación con Lan Qiren siempre había sido rocosa incluso en vidas pasadas (¡já…!) como para considerar la constipada expresión del hombre como un dato relevante. Es decir, así era siempre, especialmente cuando lo veía. No había nada nuevo qué ver ahí, así que nadie podría juzgarlo por no notarlo.
Las demás personas— bueno, él era EL Yiling Laozu, renacido, redimido y en posesión del cuerpo de un flamboyante bastardo del clan Jin, conocido por su pasada afición al cortar su manga en nombre de su medio hermano, el otro bastardo (asesino y trastornado, para el caso) del clan Jin, sólo para ser posteriormente reforzado con el hecho de que se fugó con el ilustre Hanguan Jun sobre los lomos de un burro. Eso último cien por ciento a cuenta de su nombre, uh.
Wei Wuxian por supuesto que estaba acostumbrado a miradas indiscretas.
Además de todo, el mundo de la cultivación no sólo era pequeño, sino que podía ser peor que un mercado con sus rumores tergiversados a seis direcciones diferentes al mismo tiempo. Motivo de preocupación sería que le viesen con benevolencia, inclusive después de casi tres años de la caída de Jin Guangyao y la respectiva pila de mierda que conllevó el descubrimiento.
Que de pronto Zewu Jun, a quien no veía a la cara desde hacía años, le dedicara aquella mirada de consternación pura, tanta como para que no pudiese taparla detrás de su sonrisa de negocios, ya comenzaba a ser realmente preocupante.
—Lan Zhan, Lan Zhan. ¿acaso tengo algo en la cara? —Gimoteó miserablemente, tirando de la manga de su marido con la muy apropiada dosis de lloriqueo en la voz. —Lan-er-gege, no estoy preparado para no ser atractivo.
Su esposo siempre solícito, etéreo, bello, perfecto y número uno en el mundo, por supuesto que le miró de esa forma inusualmente intensa, afectuosa sin necesidad de mover un músculo, como si sonriera con los ojos.
—Wei Ying sigue siendo tan perfecto como la primera vez. —Declaró con su voz solemne, como si fuese una verdad universal. ¡Tanta suerte la suya! Suspiró, soñador.
—Ah, Lan Zhan. ¿En qué momento te volviste tan bueno con las palabras? Mi pobre corazón no podrá con tanto. —rio entre dientes, aún jugueteando con el vuelo de sus mangas blancas, de alguna manera siempre impecables.
Si algún discípulo desafortunado tuvo la mala suerte de estar cerca del intercambio, Wei Wuxian no le tomó importancia. Lan Wangji tampoco y estaba más que bien.
Estaba. Del verbo alguna vez fue así, hasta que de pronto ya no.
Jiang Cheng estaba teniendo un día fantástico. Té medicinal, comida insípida, paredes blancas y más de seis horas sentado sin hacer un carajo... además de disociar entre discusiones francamente estúpidas e imaginar que de una vez y para siempre silenciaba a Yao zhongzhu con ayuda de un panecillo de sésamo.
Las conferencias precedidas por Gusu Lan solían ser moderadamente menos estridentes que en cualquier otro lado, probablemente debido a que más de la mitad de los líderes de secta presente habían estudiado en los Recesos de las Nubes y porque el licor estaba prohibido, por lo que las pasiones escalaban notoriamente más lento.
Por otro lado, no tenían licor y eso hacía abismalmente más difícil el quedarse ahí, escuchando el sinsentido sin enloquecer.
Al menos Zewu Jun oficialmente volvía a tomar las riendas de su secta en eventos públicos. Era la segunda o tercera ocasión que el hombre participaba de nuevo en las conferencias y su buen juicio y delicada cortesía sorteaban la mayoría de las discusiones antes de que se salieran de control… además de que, siempre respetuoso con el plan previamente acordado, suspendía la sesión justo en tiempo sin permitir que los intereses varios les arrastraran a otro shichen de agonía pura.
Salir del gran salón aunque sea para ser recibido por el mismo panorama sucinto y etéreo de la montaña, pero no por ello menos aburrido, podía ser su propia experiencia después del tiempo correcto encerrado con individuos más políticos que cultivadores.
—Jiang zhongzhu
Ser llamado de aquella forma por su sobrino aún dejaba una impresión de vacío en algún lugar cercano a su pecho, inclusive cuando sólo ocurría en público. ¿Cuánto tiempo había pasado desde entonces? ¿Dos años, tal vez tres, y a pesar de ello seguía siendo un ruido alienado haciendo resonancia sobre sus oídos?
Patético.
—Jin zhongzhu—Saludó de regreso, con su respectiva reverencia. Ja. Al menos Jin Ling aún arrugaba la nariz, claramente disconforme. —me alegra que haya podido llegar a tiempo a la conferencia. Escuché de su segundo al mando que tuvo… contratiempos para llegar con su comitiva. —Dijo, en su tono solícito pero puntilloso que era su forma pasivo agresiva de hacer saber que no era idiota y sabía exactamente qué estaba pasando, pero no iba a decirlo directamente porque simplemente era así de mezquino.
"Contratiempos" definitivamente era una forma sutil de resumir Lan Shizui, Lan Jingyi y Ouyang Zizhen en una sola palabra. Si estaba resentido por el hecho de que Jin Ling había preferido pasar su escaso tiempo con sus amigos en lugar de ver su familia, a pesar de que tenían meses sin toparse ni de vista, bueno, eso no lo iba a decir.
—Todo está bajo control; no es necesario preocuparse más por ello, Jiang zhongzhu.— Jin Ling luchó contra el impulso de juguetear con la borla de su espada, sólo para compensarlo con una mala cara.—Jiujiu-
La constipación emocional que se le escapaba en el rostro, cejo fruncido con severidad y labios fruncidos, como siempre hacía notar que estaba incómodo. Arrepentido, también.
—Lo siento, ¿está bien? Tomó más tiempo del esperado. —Masculló bruscamente, como si es escupiera las disculpas después de haberlas masticado.
Jiang Cheng frunció el cejo.
—Guarda las excusas. Ya no eres un mocoso.—Espetó.—No necesita excusarse, Jin zongzhu
Por lo menos tuvo el detalle de parecer culpable.
Chasqueó la lengua. Chiquillo poco filial.
—Te espero en mi habitación en dos shichen—Demandó, alzando la barbilla como si le retara a llevarle la contra. —Jiang Qiuyue envió algo para ti. No llegues tarde.
El muchacho prácticamente brilló ante la mención de su segunda al mando, porque aparentemente ese era su llamado clave para decir traje bocadillos de Yunmeng que sé que son tus favoritos pero no puedo ofrecerlos como persona, porque así es como son las cosas aquí y te extrañé, ven a tomar el té conmigo pero no puedo decirlo sin quedar como un viejo ridículo.
Jin Ling dijo, por su puesto, un elocuente:
—Tsk. Supongo.
El caos inició de forma simultánea, gatillado por una risilla mal disimulada a sus espaldas.
Jiang Cheng y Jin Ling voltearon bruscamente, de aquella manera tan particular que parecía estar marcada desde la sangre, como un par de felinos acorralados, con el pelo erizado y a punto de sacar las garras para atacar.
Wei Wuxian cerró la boca muy tarde, cubriéndosela con toda la mano como si con ello pudiera borrar del mapa lo que recién había ocurrido.
Era difícil no notar el hilarante parecido de tío y sobrino más allá del físico, sino también en manerismos y ese idioma confuso de negación emocional que parecía ser el único que manejaban pero que era suficiente para que se entendieran… o algo así. Era entrañable de muchas maneras, unas más dolorosas que otras, y Wei Wuxian a menudo encontraba difícil juntar fuerzas para mirar a otro lado, a sabiendas de que su atención no era bien recibida y mucho menos merecida.
Ah. Desde el Templo de Guanyin que no se topaba cara a cara con su shidi. No había cambiado nada; desde el aura amenazante como los hombros encuadrados.
A menudo se preguntaba si Jiang Cheng se daba cuenta de que ya no estaba en un campo de guerra, porque seguro que seguía pareciendo listo para saltar a la acción a la mínima provocación, como un arco tenso día y noche listo para ser disparado.
—Ah, Jiang zhongzhu, Jin Ling—Arrulló de la forma más casual que encontró. —qué casualidad, eh.
—Wei qianbei, Hanguang Jun.
El silencio tenso se extendió y Wei Wuxian se tomó la molestia de tomar el brazo de Lan Zhan. Por si acaso. Jin Ling se removió con la incomodidad que ameritaba el encuentro catastrófico, inconscientemente dando un paso al frente, interponiéndose de forma muy sutil entre ambos a pesar de que estaban a varias zancadas de distancia.
Uh.
Wei Wuxian frunció el ceño, notando la misma expresión de sorpresa en la cara de Jiang Cheng que otros muchos le habían dedicado.
Por primera vez en meses, eso picó.
—¿Qué? —Espetó, más seco y posiblemente sentido por la reacción.
Mo Xuanyu siempre había sido un individuo lamentable. Demasiado delgaducho, con una figura alargada que rozaba en lo enfermizo incluso cuando vivó al interior de la Torre Koi. Después la negligencia del clan Mo sólo lo empeoró, acentuándose los surcos en sus mejillas y los tendones de sus manos, como si la vida se le fuera extraída de a poquito todos los días. Ahora—
Ahora era un caso completamente distinto. Después de años bajo el generoso cuidado de Hanguang Jun y la energía que Wei Wuxian irradiaba por el mero hecho de ser él mismo, Mo Xuanyu finalmente aparentaba lo alto que era en realidad. Ya no parecía un cadáver, sino que por fin su tez había tomado un color saludable aún en su palidez heredada, y sus mejillas se habían rellenado de tal forma que su estructura facial se asentaba con gracia junto a sus facciones en algo armónico, de ángulos fuertes suavizados por sus ojos expresivos y la barbilla delicada.
Era como otra persona. Como— como…
Jiang Cheng abrió la boca y no supo en qué momento empezó a hablar, si estaba bien seguro de haberse quedado sin palabras.
—Qué mierda. —Soltó de buenas a primeras, demasiado sorprendido como para procesar otra cosa que no fuera la literal bofetada que fue verle la cara a uno de los fantasmas de su pasado. Uno de los más desagradables, todo fuera dicho. —No me jodas, no de nuevo. ¿Jin Guangshan…?
Wei Wuxian percibió su molestia desaparecer detrás de la más profunda confusión. Lan Wangji tomó la empuñadura de Bichen, como si le estuviese retando a seguir y Jiang Cheng, siendo el cabrón retorcido que era, claro que lo tomó como una invitación para continuar, al menos de una forma muy intuitiva porque no podía dejar de ver la cara de Mo Xuanyu.
Como si el hijo de puta hubiese traído a un muerto a la vida— es decir, de nuevo.
Lo señaló con el dedo, como si con ello fuera más fácil procesar la realidad.
—Wei Wuxian, tu asquerosa cara es igual a la de Jin Guangshan.
Por supuesto que la boca venenosa de Sandu Shenshou fue la primera que se atrevió a decir en voz alta lo que todos estaban pensando, porque él no era un cobarde y por sobre todo porque era hilarante.
El mundo se congeló en ese momento. Todas las miradas se posaron sobre ellos simultáneamente, acompañado de un ruido ahogado que pudo o no pudo provenir de la garganta de Lan Qiren.
—¡¿Qué?!
Ese grito horriblemente agudo fue cortesía de Jin Ling. Mientras tanto, el honorable, inmutable, prístino segundo Jade de Lan se quedó pasmado como si le hubiesen golpeado. Wei Wuxian boqueó como un pez fuera del agua— no, un Koi fuera del agua, pálido al grado de lo enfermizo.
Jiang Cheng se rompió en ese mismo instante, incapaz de tolerarlo otro segundo.
—¿Jiujiu…?
—¡Jiang Cheng! —Chilló Wei Wuxian, tan genuinamente ultrajado que apenas pudo sacar el grito de guerra del pecho. —¡Tú-! ¡Tú!
Su risa era estruendosa de una forma muy particular, profunda y rasposa, como un ladrido. Jamás le había gustado el sonido de ella; era poco elegante, demasiado estridente para lo considerado correcto y cuando pasaba el borde límite de la risa, se transformaba en una carcajada de cuerpo completo que era imposible de disimular. Si todo salía muy mal, sus ojos comenzaban a lagrimear sin razón aparente y era terrible humillante ser visto de esa manera.
No importó nada. No en ese instante, al menos.
—Por supuesto que ni siquiera lo notaste. Dioses, eres tan estúpido- —Jadeó pobremente, creyendo ilusamente haber ganado el control sobre su propio cuerpo.
La comisura de su labio brincó en contra de su voluntad.
Hanguang Jun iba a destriparlo vivo sólo con los ojos. Wei Wuxian ahora estaba tan rojo que se fundía con el collar rojo de su ropa interior.
Era difícil decidir qué cosa era la que causaba más impresión.
La segunda ronda de carcajadas llegó segundos después junto con el último resquicio de shock que quedaba en el cuerpo de Wei Wuxian.
El resto de los desafortunados presentes tenían los ojos tan abiertos que se caerían de sus cuencas en cualquier momento, demasiado impresionados por las fuertes declaraciones y porque, joder, Sandu Shengshou se estaba riendo. Fuerte. Mientras que permitía que el ex Yiling Laozu se lanzara sobre su cuello para atraparlo en una llave de brazos y piernas, con forcejeos que avanzaban a tumbos, en un enredo caótico que seguía bailando entre un intento de asesinato real y una lucha digna de olvidarse entre mocosos de cinco años.
—¡Retráctate! No puedes- cómo te atreves a insultarme de esta manera en mi cara-
—Y sobre todo de tu cara, perdedor-
—¿Qué mierda está sucediendo…?
Una alucinación colectiva, decidió Jin Ling inmediatamente de decirlo en voz alta.
—Ah, qué nostálgico.
—Carajo- —Jin Ling brincó hasta casi el otro lado del pasillo, demasiado inmerso en la escena surreal que continuaba aconteciendo frente a su nariz como para darse cuenta que Nie zongzhu se había puesto a su costado. Qué va, ¡ni siquiera sabía en qué momento había llegado! Estaba casi seguro de que el hombre ni siquiera había tenido la decencia de estar presente durante la conferencia.
Nie Huaisang continuó abanicándose plácidamente, el muy hijo de puta.
—Así eran siempre. Antes. —Explicó, como si fuera lo más normal. —Hacía años que no escuchaba reír a Jiang xiong de esa manera.
No tenía que ver el resto de su rostro para saber que estaba entretenido con el giro de eventos. Y si estiraba la realidad otro poco más, Jin Ling casi podía sospechar que estaba complacido de manera genuina.
—Me alegra. —Le miró entre las pestañas, con su expresión atolondrada que ahora se le figuraba a la de un zorro astuto encubriendo sus pasos. —Después de todo lo que pasó, ambos se merecen otra oportunidad. ¿No lo cree así, Jin zhongzhu?
Jin Ling resistió un resoplido.
—Jiujiu merece muchas cosas. Y si esto es algo que quiere… —Su mirada se suavizó inevitablemente. —más vale que Wei Wuxian haga las cosas bien esta vez.
Huaisang sonrió.
—Jin zongzhu es sabio.
