Actions

Work Header

CUÉNTAME TUS DESEOS

Summary:

Una noche de borrachera.
Una confesión descuidada en una iglesia.
Un deseo suprimido.

Notes:

Esta historia nació cuando oí unas frases de una película que estaba viendo mi abuelito, era una comedia pero no se me da bien eso, así que esto nació, espero les agrade.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

-Dime tus pecados...

Todo comenzó en una juerga, el equipo había ganado las finales y una celebración parecía justa y necesaria. El festejo fluyó gratamente entre tabaco, risas y sobre todo alcohol, mucho alcohol.

A pesar de venir de familias de alta alcurnia, donde el beber vino desde muy jóvenes junto a la cena no era raro, el intoxicante y liberal entorno hacía mella en sus resistencias... Un comentario vulgar por aquí, un ligero toqueteo por allá y una riña por acullá, eran cosas que demostraban que aparte de decentes caballeros había dentro seres que buscaban la liberación y placeres que la endorfina de los deportes no les podía dar.

Dio siendo más meticuloso y más resistente al efecto alcohólico se dedicaba a juzgar tranquilamente, a comentar y sobre todo a juntar cualquier información o acto útil que pudiera servir más adelante...Mientras que Jonathan, dejándose llevar por la confianza y la insistencia, había ingerido más alcohol de lo que nunca pudo haber imaginado, afortunadamente el papel de caballero lo llevaba inculcado en el alma y no se acercaba a lo escandaloso que estaban siendo sus amigos y compañeros.

Siendo una hora bastante avanzada en la noche Dio y Jonathan decidieron y acordaron con una mirada que era tiempo de a casa marchar.

El andar de ambos era por decir menos, incorrecto, algo tambaleante en el que, aunque apoyarse en una rama que parece hundirse es una incongruencia, en el mar es instintivo, con ellos su andar y apoyo entrelazado resulta hasta lógico, donde uno cayera el otro también.

-Escucha Jonathan, es agotador cargar todo tu peso hasta llegar al dormitorio, espérame aquí en lo que busco un medio de transporte o un lugar donde pasar la noche.

-Dioooo, no me dejes en estos escalones, están muy fríoooss- con una cara enrojecida por muy patética que fuera la petición de alguna manera se arreglaba en ser tierna y con un suspiro Dio se alejó.

El papel de amigo de JoJo, Dio lo tenía demás estudiado y sobrellevado, sin embargo a veces sentimientos más cálidos y ambiguos parecían surgir, en esos momentos bastaba apretar sus puños y dar la vuelta con una frase sarcástica para dejar el sentimiento morir, aunque últimamente que JoJo bajara la guardia y pareciera tan inocente frente a él, lo tentaba a morir el poder tocarlo y abrazarlo de manera tan fuerte y sincera como nunca se imaginó que desearía alguna vez en su vida hacerlo.

Cuando Jonathan se encontró solo en los escalones de esa construcción, se percató que si se recargaba un poco más en la puerta podía volverse lo suficientemente cómodo para dormir mientras llegaba Dio o mejoraba lo suficiente para volver por su cuenta a su habitación. Así lo hice y con una repentina y nada elegante caída descubrió que esa era la puerta a una iglesia y que por algún descuido del cuidador, se encontraba abierta.

Que grande fue la sorpresa del rubio en no solo no encontrar donde dejó a su acompañante, si no también encontrarlo arrodillado dormitando en el confesionario...

-Ave María
-Sin pecado concebida

Había pensado en despertarlo con un susto e incluso consideró golpear a su hermanastro, pero se le ocurrió una broma que de ser efectiva le traería más risa e información de lo que habría obtenido de hacer lo primero.

-y cuéntame ¿Qué te trae a mi iglesia pequeño?- porque siempre es una buena forma de saber cuáles eran los límites y modales del joven JoJo aprovechándose de un acto casi automático propio de venir de una familia estricta y religiosa...

-Jonathan ¡y no soy tan pequeño! Yo tengo aamm este... ¡Aah! No recuerdo ¡pero ya no soy un niño!

Soportando las ganas de reír, abrazando su estómago y fingiendo una voz más grave, ahí estaba Dio jugando a ser sacerdote.

-Dime tus pecados Jonathan.

-Mmmm yo... ¿por donde empiezo?- esto tomó un poco desprevenido a Dio ¿Quién diría que JoJo estaba tan abierto a contar sus propios errores en la iglesia frente a un desconocido y que por su tono parecía no hablar de pocos?

-Esta el día de hoy, creo que bebí demasiado y deje solo a Dio

Ok... esto puede ser más aburrido de lo que pensó que sería, estaba por terminar la broma revelándose a sí mismo cuando...

-Hablando de Dio ¿por qué él es así?

-¿así, cómo hijo? Dime mas de tu amigo

-amigo...-suspiró- es más que eso, es mi hermano pero...

-¿pero qué?

-¡Es tan molesto Dio!, no solo se cree perfecto, le gusta humillar a los demás, es narcisista, piensa que no lo se pero he visto que mira a hombres y mujeres por igual, ¡con esa mirada rara!

Esto si fue increíble, oír como despotricaba contra el, el ingenuo y tonto de Jonathan, esa sorpresa prontamente eclipsada por una indignación creciente.

-¡Ah! ¿Sabe como le dicen? El sol estirado, el león miniatura, el presumido de derecho, el larguirucho de leyes, el príncipe mendigo, e...

-¡basta! ¿Estás aquí por él o por ti?- aunque era interesante saber qué decían sobre él, también era irritante enterarse de apodos que ni siquiera sabía que le habían dado.

-Yo... él... bueno hay algo que no he podido decir a nadie... yo no lo veo como hermano y si estaba consciente y si coincido con varias percepciones que estos que le apodan tienen de él, pero... acúsome padre de encontrarme mirándolo en ocasiones como el mira a los demás, y...no hablo de su mirada de desprecio, hablo de su mirada de deseo carnal... Creo que he sentido celos que van más allá de las de sus habilidades y más enfocadas a sus relaciones personales... creo que me gusta él y ya sé que está mal, pero es inevitable...acúsome padre de estar enamorado de mi siempre envidiado hermano Dio...

No sabía si sentirse ofendido, halagado, no sabía si carcajearse o tener lástima, sin embargo su corazón y mente habían elegido una tercera opción, el sonrojo y la esperanza.

-Sé que está mal, sé que es un pecado, pero, quizás no soy un experto en leyes y normas como él pero sé que si no llega a nada carnal, mi amor no puede ser condenado ¿no? puedo seguir viviendo con el sentimiento, así que deme 10000 o millones de “padres nuestros” de castigo, porque si fuera tan fácil sacarlo de mi corazón no tendría esta desesperación apuñalándome el pecho en este momento- su voz algo llorosa pero suavemente endulzada con la seguridad de un hombre dispuesto a afrontar mil ejércitos, a un dios o al mismísimo infierno.

-¡JoJo! Yo...- mordiendo su lengua en un intento de controlar su voz y pensamientos continuó- no creo poder darte penitencia, no tiene caso si no hay arrepentimiento, márchate por favor.

Hasta que Dio estuvo seguro de que Jonathan se había ido del confesionario, estuvo ahí, apretando sus manos contra su boca, derramando silenciosas lágrimas, pensando en todo lo que perdía en esta sociedad mojigata, en todo el mal y ahora sin sentido causado a los Joestar, en ese sentimiento cálido que no era solo deseo si no amor, verdadero y apasionado amor por Jonathan.

Entonces optó por aparentar como siempre hacía y haría desde ese momento, una amistad pura que le permitiera vivir junto a su amado JoJo.

-¡Dio! Tardaste demasiado ¿encontraste algo?

-No, nada de nada, lo mejor es esperar aquí el amanecer- obviamente había más opciones, al parecer los dos tenían mentes y cuerpos más despejados de alcohol pero ningún mal hacía aferrarse un poco más a la intimidad e ilusión de estar a solas con quien nunca podría tener.

-La puerta está abierta , si nos vamos antes de que lleguen no creo que tengamos problemas por resguardarnos de la oscuridad y el frío.

Con una mano en su muñeca Jonathan introdujo a Dio, en una banca, frente al altar, los dos permanecieron en la oscuridad y el silencio, hasta que unos dedos juguetones lograron entrelazar sus manos.

-JoJo, aunque hace frío ¿no crees que es apropiado preguntar si puedes tocar a las personas?

-Mmmmh, creo que es más apropiado fingir ser un sacerdote... ¿O no, Padre Dio?

Las palabras se atoraron en su garganta, de haber habido un poco de luz, Jonathan veria su cara escandalosamente iluminada.

-¿Cuando? ¿Desde cuándo te diste cuenta?

-Quisiera poder mentir y decirte que te estaba molestando a propósito desde el inicio, pero fue cuando me llamaste JoJo que razone el que nadie me confesaría ebrio tan tarde por la noche.

-¿Todo eso es cierto?

-Bueno... un par de apodos los pensé por mi cuenta, lo demás es cierto.

-Hasta lo de... ¿ya sabes?

-Oh... eso... si Dio, sabes que lo mío no es mentir-lo dijo en un susurro muy cerca de su rostro, mientras una mano exploradora parecía buscar con delicadeza los labios de un rubio.

De repente Dio se paró bruscamente y arrastrando con sus manos sin separarse lo llevó de frente al altar y con una determinación nunca vista, en concordancia con una silente promesa selló sus labios con los de JoJo, nadie podría oponerse, y nadie se opondría a su sentir, ni siquiera su orgullo, ni siquiera el arrepentimiento de él mismo que pudiera llegar a sentir; ese era el mensaje que quería transmitir a los cielos, a la sociedad, al inframundo y al universo entero.

Jonathan pronta y gustosamente correspondió el apasionado gesto, que comenzó a subir de intensidad, guiando poco a poco a un beso del tipo que se mantiene entre las paredes de la habitación nupcial en la intimidad.

Ahí en la oscuridad estaban fijados sus ojos en el otro, enlazados para siempre, aun si las tinieblas y el ruido exterior les aturdían, ese acto se convirtió en un voto sagrado de amor, de protección y de dejar de procurar el dolor en el otro, desde ese día, las líneas que los limitaban se borraban y formaban a un único ser, para siempre juraban ser la mitad del otro.

Notes:

Todo comentario es bienvenido, realicé esto por impulso y desde mi celular así que disculpen mis errores.