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Ha pasado casi un mes desde que Jeni conoció a su modelo a seguir desde aquella visión de epifanía. Jamás pensó todo lo que iba a suceder desde que volvió de fiesta a su casa aquel lejano 11 de enero y en la tele alcanzó a ver a una mujer disfrazada de gato moviéndose ágilmente por los tejados.
- Señora Catwoman, no entiendo este ejercicio.
- ¿Qué es lo que no entiendes?
- Entiendo lo de liberarme de las ataduras. Es prácticamente lo único que he hecho en este tiempo… pero no entiendo porque tiene que ser colgando cabeza abajo sobre un tanque de ácido. Ni qué diferencia hay respecto ayer que fue lo mismo, pero sobre un tanque de agua con tiburones.
- Pues que hoy estas a más altura.
- Sí, vale… entonces no entiendo otra cosa.
- Dispara.
- ¿Para qué sirve esto?
- Para cuando te pase de verdad.
- A eso me refiero. ¿alguna vez le ha pasado algo así?
- Más de las que estoy dispuesta a reconocer.
- ¿Y entonces para qué tanta practica?
- Cuando te juegas tu vida no esperes que venga ningún hombre a salvarte, solo depende de ti para salir indemne y volver viva.
- Pues como siempre… - Jeni se desata, coge impulso y cae a salvo- ¿Y ahora qué?
- No has estado mal de tiempo, pero tienes que trabajar la agilidad. Ahora toca entrenamiento con el látigo.
- Pufff… yo prefiero unos nunchakus.
- Una gata ha de ser sutil, silenciosa. No entrar como un elefante en una cacharrería.
- Deja que la pequeña use nunchakus… – decía Alfred mientras bajaba las escaleras con una bandeja de sándwiches y una tetera- No todo el mundo tiene por qué preferir el látigo, y será mejor si se divierte un poco. Divertirse no hace daño.
- Los nunchakus si hacen daño. Especialmente al que los usa sin experiencia.
- Exactamente por eso es ideal para ella. Piensa que ella los va a necesitar, tu no.
- Eh, estoy aquí. Os oigo. – decía Jeni mientras seguía siendo ignorada.
- Se va a hacer mucho daño, Alfred. Como su tutora no puedo permitirlo.
- Precisamente por eso si vas a hacerlo. Los nunchakus requieren mucha concentración y dedicación. Tú tienes que sacar lo mejor de ella y a través de ellos conseguirás que se centre sin perder la motivación. Y, además, los golpes que se lleve le harán aprender a concentrarse. De modo que todo se retroalimenta.
- Hm… dile a Damián que se pase por aquí cuando acabe los deberes. Y que venga armado. ¡Escúchame, Catchoni! ¿Alguna vez te has infiltrado en una prisión de máxima seguridad y vuelto sin hacer saltar las alarmas?
- ¿Cómo? No…
- Señoritas, las dejo con sus quehaceres. Aquí tienen la segunda comida más importante del día: la merienda. – y se va por donde ha venido. Pero se para a la mitad para ver que están haciendo y decir- Señorita Jeni, recuerde: No tienes rival. Nunca sabes a quien te enfrentarás, pero si bajas la guardia, tu rival también lo hará, y ya no será un rival.
- Puedes tutearme, Alfred. Suenas raro.
Selina señala una obertura de un conducto de respiración o de aire acondicionado en la pared y Jeni, un poco a regañadientes entra dentro. Al poco saltan las alarmas.
- ¡Cuidado con los láseres!
- ¡No han sido los láseres! Ha sido la ventilación. La he bloqueado con el culo sin querer.
- ¡Vuelve a empezar! Pero ahora agáchate de verdad.
- ¡Como si fuera tan fácil en esto tan estrecho!
- ¡Cuidado con los péndulos con cuchillas!
- ¡¿No sería mejor llamarlo hachas pendulares?!
- ¡¿Qué más te da como se llamen mientras pases la prueba?!
- ¡No quiero morir partida en dos en mitad de un tubo donde no me cabe el culo, tía!
- ¿Tía? ¿Me has llamado “tía·?
- ¿Prefieres tie?
- ¿tía????? ¿Pero qué falta de respeto es esta????
- No, a ver, no es una falta de respeto, es una manera de hablar. No quiero decir que seamos familia ni nada de eso, es como llamar bro a un amigo.
- ¿Te estas burlando de mí? ¿Crees que soy tu amiga la jesi?
- Nooooo, la jesi es más bajita y regordeta. Se parece a Etta Candy.
- Se acabó. No tolero que me vacile una niñata. Vete por dónde has venido.
- No estoy vacilado. Tú me llamas “Catchoni” continuamente y es despectivo. Y no me quejo. Por llamarte “tía”, sin querer, por mi forma de hablar, no es para ponerse así.
- Me he cansado de niñatas. Claramente no vales para esto. Se lo diré a Alfred.
- Ya se lo digo yo. Total, estará arriba preparando la cena.
- ¿Cómo lo sabes? Se supone que no conoces la ubicación de este sitio.
- En verdad es fácil. Sé que Alfred trabaja para el señor Wayne y entra y sale de aqui con mucha facilidad, por lo que inevitablemente debemos estar cerca de la pedazo casa que tiene el millonetis. Y dado que esto parece una cueva llena de murciélagos y al fondo se oye gran cantidad de agua diría que inevitablemente estamos debajo del casoplón.
- Hm.
- Lo cual me lleva a pensar que, si tú también entras y sales con tanta facilidad, debes de vivir también en el casoplón del culofino, por lo que o eres otra empleada o eres Selina Kyle. Pareces muy pija para saber limpiar o cocinar, así que eres la señorita Kyle.
- Hm… empiezo a entender qué ve Alfred en ti.
- Pues entonces déjame trabajar.
- Creo que te debo una disculpa… ser Catwoman es importante para mí porque es un legado que viene de mi bisabuela, y no me gusta la idea de una niñita tonta ajena a mí con ese legado. ¿Por qué quieres hacer esto?
- Bueno… a ver como lo explico… Te vi, en la tele, en unas noticias sobre un robo. Y no sé cómo ni por qué, pero eso me hizo sentir bien. Me di cuenta que mi vida era muy egoísta y no iba a ningún lado, que no me hacía sentirme bien conmigo misma. y… ver que alguien podía hacer eso y yo no… me dije “debería intentarlo” esperando que me hiciera sentir mejor. Luego mirando por internet descubrí que sueles actuar como una especie de Robin Hood. Y la verdad es que he descubierto que ayudando a los demás es ir contra el sistema, y me siento mejor en verdad, porque hace mi vida un poco mejor, o al menos me da algo que hacer. Es que a veces la inspiración te llega de los sitios más insospechados. Si en ese momento no estuviera viendo la tele o estuviera viendo otra cosa… seguramente todo sería diferente, o seguiría igual de mal.
- Eso se llama epifanía. Vale, tengo una idea. Prepárate hoy porque como ya sabes dónde estás mañana vas a tener una prueba muy dura. Un examen, por así decirlo.
- ¿Puedo preguntar cuál es?
- Si. Tienes que colarte en la mansión Wayne y robar el collar de perlas de Martha Wayne y el cuadro familiar del salón sin que te detecten. Si logras volver con ellos te dejare vivir en la mansión.
- Espero conseguirlo. Llevo semanas durmiendo en esta cueva llena de frio y humedad. Ahora entiendo a mi madre con el reuma.
- Ah, señoritas- vuelve a parecer Alfred por las escaleras- Venia a supervisar el entrenamiento, pero ya veo que en mi ausencia han avanzado más que en mi última visita. Recuerda, señorita Jeni, en los malos momentos: “No te lo pienses más, baja la guardia y mira atrás, nadie te va a alcanzar, no tienes rival. No tienes rival”. Por cierto, traigo la cena.
- Hummm… huele a asado.
- Efectivamente, querida Jeni. Es lo que es.
- Alfred, solo haces asado cuando pasa algo. Y todavía faltan unas horas para la hora de la cena.
- Me temo que me ha pillado, señorita Kyle, vengo a informar que estaré ausente unos días. Cada vez tenemos menos tiempo y queda mucha gente que reclutar a nuestra causa. Tengo que ir a Carabanchel Alto y localizar a un tal Manuel García Moreno para proponerle unirse a nuestra pequeña banda.
- Alfred, entre tú y yo, ¿De verdad esta gente es la que necesitas para “salvar el futuro”? ¿No sería mejor que llamaras a la liga o los vengadores?
- No, he visto que los héroes fracasaran porque, como decimos en Cockney, “tienen la cabeza bien metida en el culo”. No podemos confiar en ellos. De esta crisis solo nos pueden sacar los de siempre: Los Héroes de la Clase Obrera. Y yo voy a reunirlos cueste lo que cueste.
