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—En realidad me recuerdas un poco a un amigo de Italia —comentó Giorno cuando estuvieron en el interior de su casa.
Usualmente Okuyasu trataba de mantener la casa lo más decente posible, con que fuera habitable le bastaba. La cocina y el baño serían los lugares a los que les pondría más empeño, ya que eran los más indispensables. En cuanto al resto de la casa… bueno, apenas les ponía el empeño suficiente. Tampoco acostumbraba recibir más visitas que no fuesen sus amigos, quienes a su vez no ponían quejas de su desorden; Josuke no era muy diferente de él, y Koichi… bueno, él simplemente terminó por acostumbrarse. Incluso si recibiera la visita de cualquier otra persona, seguramente no le importaría mucho que descubrieran lo descuidada que se encontraba la casa, excepto que, quien estaba allí ese día, no era cualquier persona.
Primero que nada, era un familiar de Josuke, y la manera en que le explicó su parentesco le dio un gran dolor de cabeza, hasta el punto en que ni siquiera se molestó en tratar de entenderlo. Es más, seguramente Josuke tampoco lo entendía, o al menos eso suponía. Luego estaba el hecho de que ese familiar, también era un “miembro importante de la mafia”. Al principio, supuso que se trataría de un capo o alguien cercano a la parte más alta de la organización. Casi se iba de cabeza cuando le aclararon que en realidad era el jefe. Ni si quiera hay que darle mil vueltas al asunto, pues cualquiera sabría que un lugar así de desordenado no es apropiado para una persona tan importante, seguramente no lo sería tampoco, incluso si su casa estuviera limpia y reluciente. Finalmente, la última razón por la que no podía soportar que Giorno viera el estado de su casa, se debía a que era endemoniadamente lindo. Era agradable en todos los sentidos. Era guapo, amable, misterioso, algo callado, pero sin llegar a tímido, también podía llegar a ser algo intimidante entre los momentos en que pasaba demasiado tiempo en silencio. Incluso si no fuese familiar de Josuke, incluso si no fuese el jefe de la mafia, le seguiría pareciendo indebido que alguien tan hermoso tuviese que dormir en una casa como la suya.
Aquella tarde, Josuke solo se apareció en su puerta y le pidió que le permitiese a Giorno pasar unas noches con él, en lo que trataba de arreglar unos problemas con su madre, y de paso intentar inventarse algo para justificar su presencia en el pueblo; después de todo, no era posible decirle que se trataba del hijo entre el abuelo de su padre y su hermano adoptivo. Al principio pensó, “sí, ¿Por qué no?”, era un favor para su amigo del alma y no tenía por qué dudarlo. Pero para cuando tuvo dudas y comenzó a arrepentirse, Josuke ya estaba demasiado lejos y no se atrevía a decirle a Giorno que se fuera a algún otro lugar.
—¿Ah sí? —respondió un poco cohibido.
Giorno le sacaba una parte de él que no era del todo usual. Bueno, era de esperarse que alguien tan intimidante pudiera poner nervioso a cualquiera.
—Por supuesto, también es un poco desordenado, pero él es un desvergonzado.
Tan pronto como entraron a la sala, se disculpó por el desorden. Aun se veían restos de comida, platos sucios y calcetines usados, restantes de la última vez que él y sus amigos se reunieron para jugar videojuegos. Pero Giorno no parecía disgustado o molesto, a pesar de que su imagen pulcra contrastaba demasiado con el entorno a su alrededor.
—¿El jefe de la mafia tiene que limpiar los desastres de los demás?
—No tienes idea —expresó, con un claro doble sentido, y quizá algo de molestia—, esto realmente no se compara en nada a otras cosas que he visto.
Sin embargo, eso no le reconfortaba para nada. Le pidió que aguardara un momento mientras él iba a preparar su habitación, y tan pronto como lo perdió de vista, corrió para revisar todos los cuartos de la casa. Los únicos dos que eran habitables eran él suyo y el de su padre. El resto se encontraba en terribles condiciones, principalmente porque no los necesitaba. Por otra parte, la habitación de su padre, aunque habitable, aun sería difícil de limpiar, mientras que la suya… bueno, se podía arreglar con más facilidad.
Como pudo, y a una velocidad que ni el entendía, cambió las sabanas, las almohadas, arrojó toda la basura al patio y fregó el suelo con tanta fuerza, como si quisiera hacerlo relucir de nuevo. Al final, aun no le parecía digno de Giorno, pero por lo menos podía ser considerado habitable.
En ningún momento se tomó la molestia de llevar la cuenta del tiempo. Él suponía que no debió de ser mucho, pero al regresar a la sala, casi se le cae el alma al pie. Era prácticamente irreconocible. O él estaba soñando, o Giorno era demasiado rápido, más que cualquier otra persona, o poseía algún poder desconocido —no debía de ser sorpresa si se trataba de alguien emparentado con los Joestar—, pero en definitiva ya no se encontraba en la misma sala de estar. No solo estaba limpio, si no que relucía como nunca, incluso varias masetas que tenían muchos años de muertas, en ese momento relucían de verde, con arbustos vivos y alegres, sacados de quien sabe dónde.
Luego encontró a Giorno en la cocina, mientras preparaba la cena, ¿También sabía cocinar? Al verlo, Giorno le sonrió, y Okuyasu podía jurar que su corazón se derritió ante su sonrisa tan hermosa.
—Disculpa que me haya entrometido de esta forma con tu casa, pero es lo menos que podía hacer luego de que me permitieras quedarme aquí. También me he tomado la molestia de preparar la cena.
Okuyasu quiso decirle que no era necesario algo así, pues no pretendía cobrarle o molestarlo de alguna manera, aunque luego supuso que igual podía tratarse de otro motivo. Tal vez Giorno no soportaba estar en un lugar así y se vio obligado a limpiar. Si se trataba de eso, no pensaba en discutirlo. Incluso estaba dispuesto a mantener el mayor orden posible, con tal de darle a Giorno una estancia agradable.
Lo único que era capaz de hacer, era sentarse en la mesa y ver como Giorno picaba verduras que depositaba en la olla que hervía a fuego lento. Estaba tan concentrado en su trabajo, que parecía no pensar en cualquier otra cosa. Solo se podía describir como una imagen hipnótica. Quería decir algo, alabar sus habilidades, generar una conversación, pero por primera vez, se quedaba sin palabras.
—No soy el mejor chef que podrías conocer —admitió, luego de servirle un plato—, pero al menos te puedo asegurar que no es desagradable.
Al probar la pasta, Okuyasu entendía a lo que se refería, y compartía el sentimiento. Su comida no era la mejor que hubiese probado, no estaba ni cerca de lo que Tonio les preparaba, pero era buena comida, al fin y al cabo, por lo que no tenía ningún motivo para quejarse. Esa era la primera vez que usaba el comedor para cenar con alguien más, era la primera vez que comía allí en realidad, la primera vez en mucho tiempo. Casi siempre, comería fuera de casa, con sus amigos en la sala de estar o en su habitación, y no siempre sería comida del todo saludable. Ya fuese por flojera o falta de tiempo, optaría por comida que no tuviese que preparar él mismo.
No sabía dónde se encontraba su padre en ese momento, y prefería que no se apareciera. Se sentía bien al estar solo con Giorno, y tampoco sabía cómo reaccionaría ante la figura de su padre. Incomodarlo era lo último que deseaba. Aunque la comida transcurrió en silencio, fue bastante placentera. A cada momento, Okuyasu posaba su vista sobre el muchacho a su lado, quien le parecía más radiante entre más lo miraba.
—Bueno, he terminado por mi parte, si ya has terminado también —señalo el plato vació de Okuyasu—, permíteme que limpie lo que he ensuciado.
Su actitud era directa. Daba órdenes de la forma más amable y disimulada posible, sin que uno notara que recibía una orden siquiera. Por lo que Okuyasu obedeció sin protestar, pero al poco tiempo se dio cuenta de su error y trató de corregirse.
—Ni hablar —exclamó con entusiasmo, para hacerse notar—, me has preparado la cena, así que yo limpiare.
—Pero yo soy un invitado —razonó—, no debo ser un inconveniente para ti, por lo tanto, debes permitir que haga esta tarea.
—Pero yo soy el dueño de esta casa.
—Tu padre es el dueño de la casa —aquello lo dijo con tanta naturalidad—, estoy seguro de que a él no le molesta. Se miraba bastante contento cuando decidí ayudar. Pero para no hacer más larga esta discusión, que tal si ambos hacemos el trabajo. Uno puede enjabonar y el otro enjuagar.
¿Es que acaso era posible llevarle la contraria de alguna forma? Si era capaz de proponer una solución mucho antes de que el propio Okuyasu hablara. Al final, no pudo negarse a su proposición. Era increíble, como una actividad tan simple y cotidiana como lavar los platos, se sentía diferente junto a Giorno. Tal vez era debido a la forma tan elegante en que movía sus manos, o la tranquilidad que le transmitía. A diferencia de cualquier otra persona con la que hubiese interactuado, con Giorno no parecía existir la necesidad de ser ruidoso. Claro, era parte de su persona y deseaba expresar mil cosas; sin embargo, de alguna manera lograba tranquilizarlo.
Más tarde, cuando él se preparaba para dormir en el sofá, Giorno se acercó con mucha seriedad en el rostro. En su cara se reflejaba esa firmeza intimidante, con la cual planeaba impedirle cualquier tipo de discusión.
—No puedo creer que hayas considerado dormir aquí. No tienes por qué cederme tu cama. En todo caso, soy yo quien debería pasar la noche en el sofá, ya que soy el invitado. Además, eres un mentiroso terrible. Has olvidado quitar tus fotografías de los estantes, claramente no se trata de una habitación sin utilizar.
—¿Estás enojado?
—Si te quedas aquí… no me sentiré precisamente contento.
—Pero tampoco deberías de dormir aquí, hermano, me refiero a que eres el jefe de la mafia.
—¿Eso me hace diferente?
—Sí…
—¿Qué tengo de diferente?
—Bueno… si tu gente se entera que no te he tratado bien… no sé lo que me harán.
—No tienen por qué saber acerca de las cosas que hagamos.
—Además… tú me haces sentir… espera… ¿Qué? Oye —comenzó reír nerviosamente, al suponer que probablemente había escuchado mal—, no hemos hecho nada, ¿a que te refieres con eso?
—¿Qué te hago sentir Okuyasu?
Hasta ese momento, estuvo concentrado principalmente en su rostro intimidante y demandante, como para darle importancia a otros detalles. Sin embargo, Giorno se acercó más. Okuyasu estaba recostado sobre el sofá, incluso acobijado con una manta, mientras que Giorno inclinaba medio cuerpo para encararlo, lo que le permitía verlo a mayor detalle. Tenía el cabello suelto, ¿Cómo no lo notó antes? Le daba un aire coqueto; y su pijama, blanca, tan pulcra como el algodón, era demasiado delgada y ajustada, por lo que le permitía ver su piel pálida a través de la tela. Era capaz de ver el contorno de su cuerpo, sus caderas, sus pechos… Giorno era tan hermoso, y delicado, pero sin llegar a ser débil o pequeño.
—Nervioso…
—¿Por qué te hago sentir nervioso Okuyasu? —su voz tenía un tono bastante coqueto— ¿Qué parte de mi te hace sentir nervioso?
Quería decirle que todo lo ponía nervioso, quería decirle que la forma en la que hablaba, la forma en que lo miraba, su cuerpo, y la aparente provocación, aunque, igual no se atrevía, por temor a ofenderlo. Lo que él no sabía, era que Giorno quería escuchar todo eso. Intentaba provocarlo sin conseguir nada, por lo que comenzaba a frustrarse. Pero, al mismo tiempo, se sentía aún más interesado en él.
Okuyasu le parecía un tipo raro, aunque en un buen sentido. Lo podía describir como lindo. Era un tanto torpe, al hablar o actuar, pero también demostraba buenas intenciones. Apenas se conocieron, fijó su atención en él, y se tomó la molestia de observar la forma en que reaccionaba a todo. Desde el primer momento se mostró amable y amistoso con él. Sin embargo, cuando supo su verdadera naturaleza, su posición en la mafia, más allá de volverse un adulador típico, se mostró asombrado, a la vez que poseía un interés genuino. Y cuando su mente conectó finalmente los puntos “a” y “b”, más allá de intentar ganarse su simpatía, decidió mostrarse respetuoso, incluso algo distante. Detectaba la honestidad en él cuando le decía que temía a su gente, pero también, Okuyasu sentía algo más por él. No se iba a aventurar a algo como sentimientos complejos, pero era claro que se trataba de una obvia atracción: sin embargo, si Giorno no hacía nada, Okuyasu no sería capaz de tomar la iniciativa por su propia cuenta.
A pesar de ello, se debatía si él debía de ser directo o “ayudar un poco” para que Okuyasu tomara la iniciativa. Al final, se decidió por lo segundo y puso su plan en marcha. En parte, creía en lo que decía, y por lo tanto actuaba tan amable como debía de ser, pero detrás de toda esa ayuda, detrás de todos esos gestos, había segundas intenciones, que el chico era incapaz de ver.
Para la llegada de la noche, simplemente quiso cortar toda distancia con él y acercarse tanto como pudiese. El miedo y el deseo se reflejaban en los ojos de Okuyasu… si tan solo se atreviera… pero apresurarse podría resultar contraproducente. Tendría que buscar en su mente por paciencia. Como en ese momento no conseguiría nada si lo forzaba, decidió retirarse temporalmente.
—Está bien —admitió, con falso tono de derrota—, aunque creó que te vez algo cansado, no deberías de dormir aquí, pero si insistes, me retirare.
En ocasiones podía llegar a ser algo pasivo-agresivo, y eso fue algo que Okuyasu notó. Luego de esa conversación se sentía mucho más confundido. Por alguna razón, le parecía que Giorno trataba de coquetear con él, luego de tantas miradas furtivas, o su tono de voz tan seductor. ¿Era su imaginación o realmente le gustaba a Giorno? ¿Tendría esa fortuna? Y de ser real ¿Qué debía de hacer a continuación?
Al día siguiente se reunieron con el resto de sus amigos. Aun les quedaba un mes de vacaciones, pero no habían aprovechado para nada los anteriores. En general sus actividades se limitaban a jugar videojuegos o ir de aquí para allá. Luego de vivir toda su vida en el pueblo, lo conocían de pies a cabeza, por lo que no consideraban que pudiera tener nada de interesante, sin embargo, para Giorno era algo totalmente nuevo y, por lo tanto, Josuke quería que conociera tanto como fuese posible mientras aun permaneciera con ellos.
Entonces, luego de tomar el desayuno en el café de siempre, decidieron visitar el campo de girasoles cerca de la torre de Toyohiro. Aunque, la realidad era que ellos no decidieron visitarlo por cuenta propia. Originalmente deseaban ir a la playa, pero a su grupo se unió Yukako, quien deseaba saber más acerca de las actividades de Koichi. Luego de eso, sugirió/obligo al grupo a ir hasta allí, debido a que era perfecto para pasar un momento romántico junto a su novio. Ya que nadie quería llevarle la contraria, aceptaron la sugerencia.
En realidad, Okuyasu no estaba tan molesto con ella. Tenía razón al decir que era bastante romántico, incluso podría encantarle a Giorno, sería perfecto para que pudiera dar un paso o dos, y tal vez conseguir llamar su atención. Sin embargo, apenas unos cuantos minutos luego de llegar, una voz irritada los interrumpió.
—¿Qué hacen ustedes aquí? ¿Por qué los has traído Koichi? No te dije específicamente que este era el último lugar al que deberían de venir.
Incluso si era el único amigo que tenía, Rohan podía llegar a ser bastante rudo con Koichi. Observaba al grupo con mucha molestia en los ojos, y su enojo se incrementaba entre más recorría su mirada por los presentes, hasta llegar a Josuke, con quien, en lugar de mostrarse molesto, simplemente reflejo un claro desagradó. Estaba a punto de realizar uno de sus típicos comentarios venenosos, hasta que sus ojos se posaron en Giorno.
—Supongo que tú debes de ser el tío del señor Joestar que menciono Koichi.
—Giorno Giovanna, un gusto —Giorno se adelantó para ofrecerle la mano, y sorprendentemente Rohan la acepto—. Usted claramente es Kishibe Rohan. Su trabajo es bastante conocido, mis amigos son fanáticos suyos.
—¿Y cuál es tu opinión de mi trabajo? Giorno Giovanna.
—Con el temor de ofenderlo, lamento decir que nunca he tenido la oportunidad de hojear su obra.
Apenas escuchó eso, Okuyasu se preparó para lo peor. Rohan podía ser más temperamental de lo que aparentaba, y estaba dispuesto a defender a Giorno de cualquier cosa que Rohan intentara en ese momento. Sin embargo, y para sorpresa de la mayoría, lo tomó bastante bien, al menos solo se limitó a un comentario serenamente pasivo-agresivo.
—Entiendo que mi obra no siempre sea para todos. Así que seré sincero contigo. Hoy estoy aquí en búsqueda de material que me inspire, pero creo que lo he encontrado.
Rohan quería que Giorno posara para él y ver si con eso lograba conseguir algo de inspiración. Pero para consternación de Okuyasu, Rohan se tomó más tiempo del que normalmente debía, no solo eso, si no que ni si quiera uso la ayuda de su stand, que generalmente solía facilitar su trabajo y hacerlo increíblemente rápido. Se tomó la molestia de hacer el trabajo de manera tradicional, trazo por trazo.
—¿Es en serio? —se quejó Okuyasu sonoramente— ¿no se suponía que puedes hacer un dibujo en menos de un segundo?
Rohan no se tomó la molestia de verlo, pero si le respondió de la forma más insultante posible.
—Por supuesto que puedo —exclamó sin despegar la vista del lienzo—, pero eso no significa que de hacerlo consiga la inspiración que buscó. Es necesario analizar cada detalle posible, hasta la más minúscula arruga de la ropa. Pero eso es algo que alguien con una mente tan pequeña como la tuya no podrá entender. Ni si quiera debería de tomarme la molestia en explicarte, eres tan tonto que me sorprende el que puedas hablar si quiera.
Giorno estaba a punto de protestar, pero Rohan le advirtió.
—No te muevas. ¡Koichi! —ordenó sin que le importará si sonaba grosero o no—, ve a ponerte de pie a un lado de Giorno. Hay algo en la composición que hace falta.
En ese momento, el resto del grupo se encontraban animados con el almuerzo. A la vez, Koichi era alimentado por Yokako, y parecía que prefería obedecer a Rohan, antes que atragantarse con la cuchara que su novia forzaba en su boca. Al final, tanto Okuyasu como Yukako observaban impotentes como Rohan acaparaba la atención de sus intereses, sin poder quejarse mucho, debido que fueron ellos quienes aceptaron voluntariamente.
Casi una hora más tarde, Rohan le pidió al resto que posaran también, pues aun sentía que algo necesitaba. Okuyasu se puso feliz al saber que finalmente podría ir con Giorno, sin embargo, Rohan le dio indicaciones del lugar donde debía de posicionarse. Primero estaba al lado de Giorno, pero luego en su lugar pusieron a Yukako, quien se quejó por no poder estar al lado de Koichi. Posteriormente pusieron a Josuke al frente junto a Giorno y enviaron a Okuyaso hasta el fondo, aunque Rohan se arrepintió al instante e hizo que intercambiaran lugares. En realidad, seguían como al principio, pero nadie se atrevió a decir nada.
Okuyasu explotaba de felicidad, pues podría pasar un largo rato junto a Giorno, bastante junto en realidad. De hecho, sus manos solo estaban a unos cuantos centímetros de distancia, que fácilmente podrían tocarse. Sin embargo, tan pronto como iniciaban, Rohan concluía. Al final, decidió que haría su boceto en menos de cinco segundos, pues el resto de personas le parecía irrelevante, por lo que no pudieron estar juntos ni si quiera un minuto.
Para su sorpresa, Giorno lo tomó de la mano y lo hizo ir a donde los demás.
—Hey, estabas algo distraído. Vamos a almorzar.
Aunque el gesto parecía que era bastante inocente, el pulso de Okuyasu se disparó como bala al entrar en contacto directo de la mano de Giorno. Al instante e instintivamente, también se aferró a su mano, como si temiera dejarlo ir. El gesto no pasó desapercibido, por lo que Giorno giró su rostro para ver a Okuyasu con ojos brillantes y una sonrisa cálida… bueno, no se desmayó en ese momento, pero de hacerlo, se hubiera tratado de una reacción natural.
Luego de tantas distracciones, el día pasó como un visaje sin que pudieran percatarse, por lo que no pudieron explorar el pueblo como hubiesen deseado. Aún tenían muchos días por delante, por lo que, para el atardecer cada quien se fue por su camino. Okuyasu y Giorno aún no llegaban a casa, cuando la oscuridad de la noche los tomó por sorpresa, y con ello, el clima fresco. De repente, a Okuyasu se le ocurrió una idea, aunque más bien, solo quiso imitar lo que observaba en las películas.
Se quitó la chaqueta y se la ofreció a Giorno. Él lo vio con cara de “¿no es una noche particularmente fría?”, después de todo era verano, y más que ser un clima helado, el cambio de temperatura resultaba refrescante. Sin embargo, Giorno capto al instante sus intenciones, por lo que cambió la expresión de su rostro en apenas un segundo y acepto el gesto de Okuyasu.
—Pensé que podrías resfriarte ¿sabes? Porque tu ropa deja tu pecho al descubierto.
Giorno quiso responder: “¿estabas al pendiente de mi pecho?”, pero se arrepintió al instante y trató de llevarle la corriente.
—No era necesario, pero gracias.
Luego, estiró su brazo apenas un poco e hizo que las puntas de sus dedos rozaran.
—Mis manos están algo heladas —murmuró—, ¿te importa si sujeto la tuya?
—¡Sí, sí, adelante! —se emocionó al instante—, las mías también están heladas, parecen dos cubos de hielo. Si las juntamos podremos calentarnos.
Okuyasu realmente tenía manos heladas, pero al mismo tiempo húmedas, debido al sudor frío que lo cubría, y luego de un vistazo, también descubrió que otras partes de su cuerpo estaban llenas de sudor.
Al regresar a casa, Giorno olvido regresarle la chaqueta, pero, incluso si solo tenía que bajar las escaleras para entregárselo, prefirió quedarse con ella para usarla de abrigo durante el resto de la noche. Tenía el olor de Okuyasu, y le encantaba el saber que se impregnaría en su cuerpo.
Una semana después, una mañana, despertó bastante tarde. En general, no solía ser del tipo que se retrasara, ni despertar tan tarde. Despertar con el alba era una costumbre que tenía desde mucho tiempo atrás, y que cobró mucha más importancia al convertirse en la cabeza de la mafia. Por lo que no se sentía del todo bien al seguir en la cama a las nueve de la mañana. Y es que, contrario a lo que uno hubiese imaginado, realmente se enfermó durante la noche, pues resultaba que estaba algo resfriado. Y eso era algo que ni sus habilidades o la de Josuke podrían curar.
—Si no es una herida física —explicó—, no hay mucho que pueda hacer. Pero le he preguntado a mi madre y he traído algunas cosas que pueden serte de utilidad. Y Okuyasu ha salido al restaurante de Tonio por algo que pueda hacerte sentir mejor. Seguramente no tardará mucho en regresar.
—No tenía por qué molestarse —se quejó Giorno, incapaz de ver a su sobrino, debido a los ojos irritados que tenía.
—Pero así sanaras mucho más rápido. Su comida es bastante buena en ese asunto.
—Ese es el punto. Preferiría seguir así, si es él quien se encarga de mí. Esta mañana ha sido muy atento conmigo.
Josuke no pudo evitar reír a carcajadas al oírlo, y el propio Giorno notó lo tonto que probablemente sonó, por lo que él también sonrió en lugar de tomarlo a mal.
—Y hablando de eso, ¿Qué tal van las cosas? ¿algún progreso?
—Bastante lento, a decir verdad. Creó que, a este paso, terminare por irme al final del verano y entre él y yo no ocurrirá nada.
—Debes de tenerle paciencia. Conozco a mi amigo bastante bien, así que te puedo asegurar que le gustas. Es bastante obvio de hecho, solo que él no lo nota.
Justo en ese momento, Okuyasu entro a la habitación y les informo que Tonio no se encontraba en el restaurante, por lo que no logró cumplir con su misión.
—Pero no deben de preocuparse, yo me encargare de cuidar de ti Giorno, hasta que hayas recuperado la salud.
Por supuesto, la verdad detrás era la misma que todos suponemos. Okuyasu logró escuchar las ultimas partes de la conversación, por lo que, en su interior, saltaba de la alegría, y se propuso a cumplir con el deseo de Giorno. Por lo tanto, mintió y dejo la comida de lado para poder hacerse cargo de la recuperación de Giorno. Josuke y Giorno tampoco eran tan tontos, pero decidieron que mientras no fuera a peor, eso estaba bien.
Okuyasu resultó ser un buen enfermero. Le preparó sopa y té, le cambio las almohadas y sabanas, incluso se tomó la molestia de ajustar la cantidad de luz que entraba por las cortinas, si llegaba a ser necesario, aun así, Giorno trataba de no abusar de su amabilidad y solo lo molestaba si era realmente necesario.
Llegó, un momento, en el que Giorno se sentía realmente agotado y lo único que deseaba era cerrar los ojos para poder descansar un momento. Sin que él lo esperara, Okuyasu entró al momento para recoger los platos sucios, pero lo encontró aparentemente dormido. Verlo en un estado de supuesta paz lo hizo sentirse conmovido.
—Si tan solo pudiera decirte lo mucho que me gustas… —murmuró.
—Entonces hazlo.
Como era de esperarse, Giorno fue capaz de escucharlo con mucha claridad, a pesar de que él otro habló apenas en un susurro. En ese punto sentía que esperó más de lo debido, así que, si tenía a Okuyasu frente a él, confesándole su interés por él, no tenía por qué desperdiciar la oportunidad.
—Tú también me gustas, aunque esperaba que tú lo dijeras primero.
La expresión en el rostro de Okuyasu era difícil de describir. ¿Estaba nervioso? ¿apenado? ¿asustado? Una vez más, sudaba abundantemente y con un simple vistazo le quedaba en claro que deseaba que la tierra se lo tragara vivo. Inmediatamente Giorno se sintió mal por él, y luego de reflexionar por unos segundos, admitió.
—Quizá debí ser yo quien diera el primer paso, si de todos modos sabía que te gustaba. Perdón por torturarte de esta forma, realmente…
Giorno estaba demasiado distraído mientras reflexionaba sus acciones y escogía las palabras más adecuadas para disculparse, por lo que nunca notó como Okuyasu rompió la distancia entre ellos y fue directo a sus labios. Era un poco tosco a la hora de besar, pero aún le gustaba así, le parecía incluso tierno. Sin embargo, antes de que se dejara llevar demasiado, lo apartó tan rápido como pudo.
—¡Okuyasu! ¡No puedes! ¡No debes! ¡Te vas a enfermar!
—No me importa —exclamó con indiferencia.
Y una vez más, sus labios se unieron con mucho cariño. En esa ocasión, Giorno incluso se aferró a él para que nada los separara. Pensó que podrían arrepentirse más tarde, y vaya que realmente se arrepintieron más tarde, pues tal y como predijo Giorno, Okuyasu realmente terminó enfermo. Al menos podían estar ambos en la cama, mientras esperaban a que se recuperaran. Lo más curioso fue, que, en realidad, Tonio se vio en la obligación de salir, por lo que no pudieron recurrir a él, y tendrían que recuperarse por los métodos tradicionales.
—¿Qué clase de primera cita es está? —se burló Giorno.
Ambos estaban acurrucados en la cama, incapaces de ver el uno al otro, debido a que la irritación de sus ojos les impedía abrirlos siquiera. Afortunadamente, la enfermedad no les duró mucho tiempo, siendo Giorno el primero en recuperarse. A partir de ese punto, fue el quien se dedicó a cuidar de Okuyasu, como una forma de devolverle la amabilidad. Pero, el otro accidentalmente le confeso lo que hizo al no darle la comida. Aunque pudo enojarse, Giorno entendió que lo hacía con tal de “complacerlo”.
Para cuando Okuyasu se recuperó del todo, finalmente pudieron salir a citas, como una pareja normal. Fueron al cine, visitaron la casa de Rohan, a petición de Giorno, donde este les permitió ver algunos adelantos de su manga, muy a la fuerza. Pero, en realidad, contrario a lo que esperaba, no logró encontrar en Giorno la inspiración inicial que alguna vez supuso. Aunque igual les mostro su dibujo, el cual había corregido y perfeccionado con mayor calma.
—¿¡Por qué me has cambiado hasta el fondo!? —se quejó Okuyasu.
Pues resultaba que ya no se encontraba junto a Giorno, como lo fue inicialmente. En cambio, fue movido hasta una esquina, lo más lejos del centro, al igual que el resto, los cuales habían cambiado en general de posición, aunque a Okuyasu poco le importaba los demás.
—No me gustaba como se veía en ese momento, así que hice muchos más cambios de lo que parece.
—Pues no me gusta como se ve ahora.
—¡Nunca pregunte por tu opinión!
Y luego de eso los sacó de su casa antes de que comenzara a salirse de quicio.
También dieron algunas vueltas por el muelle y la playa. Disfrutaron sobre todo esto último, pues con el clima, el agua y la arena, parecía que Giorno se trataba de una criatura marina salida de un cuento de hadas. Cerca del atardecer, sus compañeros aún se entretenían en el agua mientras jugaban. Giorno en cambio, prefirió regresar a las sombras para descansar mientras observaba a sus amigos a lo lejos. Al poco tiempo, Okuyasu se le unió para acompañarlo. Al principio ninguno dijo nada. En general, estar con Giorno requería de muy pocas palabras, pero él estaba dispuesto a continuar cualquier conversación que se le presentara, como si realmente estuviera interesado.
Okuyasu se recostó sobre la arena para poder observar el cielo, y al poco tiempo, Giorno imitó el gesto, solo que decidió abrazarlo, permitiéndole a su rostro descansar sobre el pecho de Okuyasu. Lo hizo justo cuando estaba a punto de hablar, por lo que las palabras se atoraron en su garganta y solo pudo murmurar algo sin sentido. Su corazón comenzó a acelerarse a tal punto, en que seguramente Giorno fue capaz de notarlo con mucha facilidad, debido a que a lo poco le dijo:
—No hay necesidad de estar nervioso.
Desde ese momento, aquella se convirtió en su posición favorita para todo el tiempo. Si iban al cine, Giorno se recostaría muy cerca de su corazón, al dormir, en ocasiones compartían la cama y se acomodaban de tal manera, que los latidos de Okuyasu pudieran arrullarlo.
De repente, la casa Nijimura comenzó a experimentar un cambio gradual bastante notable. Cada día se notaba mucho más alegre, más cálida, más hogareña. Era como si se viviera una alegría familiar que hacía mucho tiempo perdió. Por su parte, Giorno cada día conocía a nuevas personas a las que unía a su círculo de amigos o simples conocidos. Su relación con Okuyasu fue tan repentina y evoluciono con tanta rapidez, que para cuando fue capaz de notarlo, el verano estaba por acabar.
Un día simplemente recordó que tenía maletas que empacar para partir a Italia, y fue entonces que descubrió lo que eso significaba. Okuyasu también notó el problema, pero más allá de detenerlo, se resignó a lo inevitable, después de todo, estaba implícito desde un principio. Ninguno de los dos quería que se acabara, o se resumiera en una simple aventura de verano. Ese mismo miedo evitó que fueran capaces de hablar acerca de lo que debía de continuar, hasta que finalmente, llego la noche previa para que Giorno partiera a casa.
Esa noche, se sentó frente a Okuyasu para serle sincero y hablarle con claridad:
—Se supone que este debería ser el fin… pero, aún hay algo de tiempo antes de que regreses a la escuela. ¿Tú qué opinas? ¿Te gustaría venir a Italia por una ultimas semana?
La respuesta era tan simple como obvia, por lo que al día siguiente, ambos partían de Japón para ver que les esperaba en ese última semana juntos.
