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A Makarov le gustaba decir que a había sido salvado por Imran Zakhaev, normalmente la gente usaría frases como “
«Él me ayudó a salir adelante» o «Él fue un gran apoyo para mí» seguido de bastantes halagos hacia la persona que los auxilió en sus peores momentos.
Pero Makarov podía hablar horas sobre como el héroe de Rusia lo salvó.
Fue así que Makarov ya había conocido a Zakhaev, vivía en su casa y era el chófer de la familia. Un trabajo aburrido a sus ojos, normalmente Victor prefería conducir por sí mismo su propio auto y la esposa adoraba ir a lugares que hacían esperar a Makarov horas y horas en el auto.
Pero a pesar de todo era un trabajo que agradecía, no ganaba mucho con ello y la mayoría del tiempo se la pasaba leyendo libros en el auto mientras los demás se ocupaban de sus asuntos, estaba feliz de poder pasar tiempo con Imran Zakhaev para llevarlo al trabajo. A veces eran caminos largos a lugares lejanos, otras veces no salían de la ciudad pero les tomaba todo el día ir y venir haciendo recados.
Para Makarov eran los días más felices.
«¿Cómo ha dormido, señor Zakhaev?»
«Pero qué calor hace, ¿verdad? No se preocupe, aquí tengo botellas de agua si tiene sed. Y también tengo sus botanas favoritas.»
«No me molesta cargar sus compras por usted. La verdad es que me aburro un poco en el carro, me gusta más acompañarlo al centro comercial que simplemente esperar.»
Eran frases que se repetían como un bucle de dicha infinita, en la tranquila vida de un humano que en el pasado no había tenido ni una sola hora de tranquilidad como esta.
Decir que simplemente respetaba y quería a Zakhaev era menospreciar sus sentimientos por él.
Makarov lo amaba, se había enamorado de él y en lugar de rechazar esos sentimientos los había guardado en el cofre de su corazón como el precioso tesoro que eran.
—Así que, ¿qué significa esa calavera que tienes en el brazo? —preguntó Victor mientras Makarov sacaba del auto las compras del día.
—Nada en realidad, solo quería causar terror a los idiotas en prisión —Makarov respondió con franqueza con su excéntrica voz de rana—. Pero me gusta lucir mis tatuajes y ver las reacciones de la gente “normal”.
—¡Padre! —Victor llamó la atención de Imran que de estaba tomando un descanso en el jardín—. ¿Crees que me quedaría bien tatuarme un cráneo en la cara? —bromeó Victor solo para molestar a su padre.
Imran se acercó tratando de poner un rostro sereno y colocó su mano en el hombro de su hijo.
—Solo la gente vulgar e indeseable haría tal cosa. Dime, si el novio de tu futura hija tuviera el cuerpo rayado, ¿te haría feliz? Ten respeto para esta familia, para tu futura familia y para ti mismo y nunca te hagas una de esas cosas tan feas. Son asquerosas, nunca querría, de ninguna forma, a nadie tan vulgar; la gente normal no se hace eso.
—Acabas de darme todo un sermón solo por una broma, papá.
El joven Victor solo rió e Imran le siguió en el festival de carcajadas hasta que Imran se dio cuenta de lo que había hecho.
«Dije todas esas cosas y ni siquiera me puse a pensar que Vladimir estaba frente a mí.»
Y sí, Makarov estaba ahí con las manos llenas de verduras y leche para la cena de esa noche, simplemente mirándolo, mudo. Cuando Imran le devolvió la mirada el joven se dispuso a continuar con su trabajo.
Zakhaev lo alcanzó en la cocina, se quedó unos segundos ahí y suspiró mirando al suelo con vergüenza.
—Tú sabes bien que incluso si Victor decidiera hacerse el garabato más feo en la frente yo lo seguiría queriendo, queriéndolo mucho. Lo sabes, ¿verdad?
Makarov asintió, con la cabeza mientras acomodaba las verduras en el refrigerador, una tarea habitual de las sirvientas que terminó siendo suya.
—No me molesta lo que piense de mis tatuajes, señor Zakhaev. No tiene ninguna obligación de quererme, yo no soy su hijo. Y yo ya sabía la clase de imagen que dan a los demás, ya sabía que la gente normal no se hace esto.
En todos esos años en prisión, incluso en todos esos años cometiendo delitos nunca se había sentido tan avergonzado de sí mismo como en ese momento, él ya sabía que Imran nunca le correspondería, estaba casado y era miembro de una familia tradicional pero en su corazón albergaba esa pequeña y estúpida esperanza que lo invitaba a fantasear por las noches. Incluso ahora esa fantasía infantil se sentía aún más sucia. Se arrepentía de cada gota de tinta que adornaba su cuerpo mientras intentaba concentrarse en hacer espacio para los alimentos nuevos en la parte más baja del refrigerador.
—Hablé sin pensar, perdoname por favor.
Tan inesperado, tan dulce y cálido. Imran el hombre al que amaba, el hombre que muchos otros admiraban se había arrodillado a la altura de Makarov para darle un abrazo.
—No pienso en ti como alguien vulgar, mucho menos como alguien feo. Pienso en ti como el joven trabajador y amable que además es muy inteligente. Al muchacho al que estoy abrazando es muy querido por mí, ¿sabías? Aunque tengas esos tatuajes que no me gustan, aún si no los tuvieras yo te querría igual de mucho que ahora. Incluso creo que a ti te quedan bien.
Makarov se dejó llevar por esa breve fantasía que había sido llevada al terreno de la realidad y lo abrazó de vuelta.
A partir de ese momento uno podría creer que Makarov había aceptado esa parte de su pasado, que seguiría luciendo sus tatuajes con orgullo. Pero poco a poco su vestimenta fue cambiando a una que cubierta su cuerpo por completo, incluso utilizando guantes para esconder los tatuajes en esa zona.
«Quiero proteger a este hombre, incluso quiero proteger su orgullo. No deseo que nadie sienta disgusto al verlo junto a mí. Quiero que todo lo que lo rodee sea impoluto y perfecto como él merece.»
Eso fue lo que pensó Vladimir Makarov cuando correspondió el abrazo de Imran. Ahora ya no trabaja más para la casa de los Zakhaev, ahora la gente ya no lo mira como ese joven delincuente que Imran ayudó por lástima e ingenuidad.
Ahora puede caminar con su elegante traje negro y su posición de poder sabiendo que su distinguida presencia le agrega incluso más prestigio al hombre que ama.
