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Varias personas corrían por las aceras y calles empedradas en el centro de Leiden, esa tarde de miercoles. Era poco más de las 5 pm y una Auto memories Doll había salido de su último trabajo.
Violet Evergarden hablaba con alguien en una esquina. Había querido caminar un rato, antes de ir de regreso a su habitación.
Algunas gotas de agua fría empezaron a caer sobre ella y la señora con la que conversaba. Ambas debieron seguir el ejemplo de los demás transeúntes, quienes corrían a resguardarse de la lluvia que empezaba a cernirse sobre la ciudad. Cada una tomó un rumbo diferente, mientras las gotas aumentaban y golpeaban con fuerza en el suelo.
La mujer de ojos azules había logrado refugiarse bajo el toldo de una cafetería. Se dispuso a arreglar su cabello, el cual se había humedecido un poco, al igual que su atuendo. La temperatura empezó a cambiar y hacía un poco de frío.
En una mesa cercana, en el exterior de esa cafetería, había un hombre disfrutando de su bebida caliente y hojeando un periódico. Estaba algo aburrido. Acababa de llegar a esa ciudad después de mucho tiempo y todo le pareció algo monótono.
Dietfried Bougainvillea era un hombre serio, pero le gustaba divertirse. Una gran parte del tiempo, rodeado de compañeros que le admiraban y con los cuales pasaba el rato cada vez que desembarcaban en algún sitio.
A veces recordaba con nostalgia esos días, un poco más joven. En la actualidad, no estaba del todo orgulloso de algunas de sus acciones pasadas, pero no se arrepentía. Todo lo que vivió lo hizo ser quien era ahora.
Los últimos años había tenido una sensación de vacío en su interior. Quizás era la falta de Gilbert y su madre. Había perdido conexión con sus hermanas, ni siquiera por medio de cartas sabía de ellas. Podría decirse que estaba completamente solo, si de familia se trataba.
No había guerras activas en las cuales luchar, aunque de vez en cuando aparecía algún alborotador. Nada complicado para él y sus hombres. Amaba la vida en la Armada, lanzarse al mar en un barco, conocer lugares y también servir a su patria, era lo único que lo llenaba un poco.
Era un hombre de mundo que había experimentado muchas cosas en su vida, pero no había sido suficiente.
...
Dietfried terminó su café y bajó su periódico, dando un profundo suspiro. Le agradaba que el caluroso clima estuviera refrescando con esa lluvia repentina. Giró su vista un poco hacia la derecha y vio a una mujer de pie, aguardando a que escampara.
Por un momento creyó estar viendo una alucinación. No estaba seguro, pero se parecía mucho a ella, a la doll.
Violet se había quedado admirando el paisaje, mientras el petricor se diluía en el aire. No había prestado atención a las personas que estaban a su alrededor, hasta que lo vio sentado allí con su café.
Dietfried trató de disimular, fingiendo que aún no la había notado. Ella lo miró por unos segundos y luego él lanzó su vista de vuelta, encontrando sus ojos.
Violet no sabía cómo reaccionar o qué más decir. Era algo incómodo, hacía mucho tiempo que no cruzaban palabras.
Dietfried estaba igual. No entendió el por qué, pero algo le impulsó a hablar
- Hay algo de frío, ¿No? - preguntó él.
Violet se sintió sorprendida de que le dirigiera la palabra y más, con un tema de conversación tan trivial como el clima. Aún así, decidió responderle.
- Sí, lo hay. - El hombre esbozó una leve sonrisa, algo no tan usual. No recuerda si en algún momento él llegó a brindarle ese tipo de expresiones precisamente a ella.
- Raro. - Pensó la doll.
- Adelante. - Dijo el hombre, mientras señalaba con su mano una silla frente a él.
Violet estaba algo confundida, no sabía cómo reaccionar ante eso. Sin embargo, pensó que rechazarlo sería algo descortés de su parte. Se acercó con cautela hasta la mesa y tomó asiento.
Dietfried llamó al mesero del lugar y pidió un café caliente para Violet y uno más para él.
El hombre deseaba hablar de alguna manera, aunque no tenía idea de qué tema podría tocar con ella.
- Ha pasado mucho desde la última vez que nos encontramos. Casi no has cambiado nada.
- Usted tampoco. - Violet lo miró más detalladamente, ahora que estaban más cerca. Fisicamente, le recordaba a Gilbert. - Quizás un par de arrugas extra.
- Los años no pasan en vano. Recuerdo que la última vez que nos encontramos, fue unos 3 años luego de la muerte de Gilbert... En su aniversario.
- Sí. - Violet aún estaba intrigada. Jamás imaginó encontrarse con un elocuente y hasta "simpático" Dietfried. Cualquiera diría que es un doble suplantándolo.
- Lo recuerdo. Desde ese entonces han pasado 3 años más.
Lo último que supe de usted, es que había sido ascendido y no se encontraba en Leiden.
- Sí, así fue. Luego de la muerte de mi madre, no tenía más motivos para estar aquí. Me habían ofrecido el ascenso a Contralmirante. Sabía que eso significaba más responsabilidades. Eso me distrajo un poco.
- Entiendo. - Violet tomó un sorbo de su humeante taza. La lluvia aún no amainaba y el frío viento erizaba un poco su piel.
- ¿Volvió aquí a restablecerse o está de paso?
- Aún no lo sé... Debo admitir que en muchas ocasiones llegué a extrañar este lugar. Puedo contar con mis manos las veces que he vuelto a Stimmer, a la casa de mi familia.
He vendido algunas propiedades, pero aún no he querido deshacerme de esa. Ahora prefiero pasar la mayor parte de mi tiempo en el mar.
- ¿Quiere dejarla a sus descendientes?
- Hmn... Pues, no tengo ninguno. Tan pronto decidí unirme a la Armada y no al Ejército, mi relación con los Bougainvillea se dañó y yo me alejé de la familia.
- Gilbert era el más indicado para ser el nuevo Jefe de la familia, no yo, aún siendo el mayor. Por eso cuando murió nuestro padre, toda la herencia quedó en sus manos.
Curiosamente , luego de la muerte de mi hermano, me enteré que él había dejado un testamento poniéndome a mí al frente de todo.
- No sabía eso. - Comentó Violet.
- Es curioso como todo volvió y es aún más irónico, que una de las familias más poderosas y acaudaladas del país, esté cerca de extinguirse. ¿De qué me sirve todo eso ahora?
Dietfried miró con nostalgia hacia otro lado... La lluvia hacia difícil poder ver el mar desde allí.
- ¿No le gustaría? - Las palabras de Violet lo hicieron salir de sus pensamientos. Dietfried alzó una ceja, estaba algo distraído.
- Tener una familia... - Continuó ella. - ¿No le gustaría que su apellido no muriera con usted?
- No lo sé. Ni siquiera me veo siendo un padre, mucho menos un esposo... Tampoco tuve el mejor de los ejemplos.
- Usted...
Por la manera en que ha actuado hoy, tan abierto, invitarme a sentarme en su mesa y ser tan 'afable', podría decirse que ha cambiado. - Violet suspiró, un poco insegura de continuar esa conversación. Aún así, decidió seguirla.
- Quizás el Capitán de hace unos 10 años atrás no podría ser un buen padre o esposo, pero el que hoy está en frente de mí es muy diferente al de ese entonces.
- Creo que en está época, podría intentarlo.
Dietfried quedó en silencio, un tanto asombrado. Era la mayor cantidad de frases juntas, que le había escuchado pronunciar a la doll en mucho tiempo.
De alguna manera, hablar con ella le resultaba cómodo. Violet lo conocía desde hace poco más de una década. Además de su manera directa de responder.
- ¿Eso crees? - La chica asintió.
La lluvia había cesado hacía un par de minutos y sólo quedaba el frío viento de la tarde. Los postes de la calle se encendían uno tras otro, haciendo que la luz se abriera paso entre la creciente oscuridad.
Violet pensó que ya era tarde y deseaba volver a su hogar. Mañana sería un largo día de trabajo y quería tener un buen descanso esa noche. Aunque, una parte de ella deseaba continuar esa charla.
Sin embargo, era Dietfried su acompañante. No podía esperar mucho más que ese corto rato de conversación.
- Fue un gusto hablar con usted... Contralmirante Dietfried. Es hora de irme.
- Igualmente. No fue una mala charla. Veo que sigues trabajando para CH...
- Sí. Estoy a su disposición si necesita de nuestros servicios. - Dijo la chica a modo de cortesía.
Violet tomó su maletín con su máquina de escribir y se puso de pie. Arregló un poco su falda negra y la blusa blanca que llevaba.
Esa imagen de ella no escapó de la mirada de Dietfried. Después de todos esos años, Violet había cambiado. Parecía más madura, no sólo físicamente. Incluso ese atuendo la hacía ver elegante y su largo cabello iba atado en una trenza prolijamente peinada.
Verla esa tarde fue indudablemente interesante.
Dietfried también se puso de pie y estrechó la mano de la doll a modo de despedida.
- Lo mismo digo.
La rubia sonrió amablemente y empezó a caminar por la acera. Dietfried tomó asiento y la observó, hasta que ya no era visible frente a él.
Hasta ahora, su viaje de regreso a Leiden había sido muy aburrido, sin más motivo que cumplir con sus responsabilidades. Aún así, ese corto encuentro había amenizado un poco su tarde.
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