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Segunda Opción

Summary:

Ichiji Vinsmoke está en contra de las bodas arregladas así que decide ausentarse de la boda de su hermano Sanji para pasar un buen rato con el hermano de la novia. Solo serán unos minutos ¿Qué podría salir mal?

Notes:

Este es un pequeño one shot de un crack ship del que los personajes no tienen nada que ver pero del que hay tantos fanarts que me convencieron de escribir. No quería hacer un fanfic completo porque pienso que esos dos solo se quieren para un rato.

Work Text:

Ese espacio gris entre la vigilia y el dulce mundo del sueño, lo mantenía aturdido como si se tratara de una prisión, un sedante del que era difícil salir de sus efectos. No le gustaba sentirse así, fuera de control, en especial de su propio cuerpo, era frustrante.

No sabía porqué lo obligaban a despertar temprano si la ceremonia sería ya entrada la tarde y la fiesta de té, se llevaría a cabo hasta el anochecer. Levantarse temprano era una estupidez, pero escuchaba los insistentes golpes de su bruto hermano en la puerta gritando cosas como “¡Ichiji, levántate, ya es hora! ¡Llegarás tarde al desayuno y papá se va a molestar!”

A él que le importaba ese estúpido viejo que estaba a punto de cometer el peor error de su vida.

La familia real Vinsmoke estaba consolidada con siglos de autosuficiencia y excelentes decisiones por parte de sus regentes. Habían llevado el país de Germa a la gloria con méritos propios sin ayuda de ningún otro reino, quizá con algunas excepciones a través de las eras, pero ¿Doblegarse ante un emporio económico? Era simplemente repudiable e inconcebible.

El orgullo de toda la familia Vinsmoke y todo lo que habían logrado estaba en juego pero claro que al viejo solo le importaba su estúpido dinero y hacer más riquezas como si no fuera suficiente el hecho de pertenecer a la realeza. De todos los príncipes, Ichiji era el que estaba más en desacuerdo con la idea, como heredero del reino y futuro rey, su opinión debía ser tomada en cuenta pero Judge, su padre y actual monarca, insistía en que una unión política por medio de las nupcias era buena idea y lo mejor para el futuro de su poderío.

Qué estupidez.

Cuando él fuera rey, serían más poderosos que cualquier otro reino en el mundo y no necesitarían ayuda ni matrimonios arreglados para conseguir dinero.

La ceremonia que se llevaría a cabo esa tarde sería la boda de su hermano Sanji, con una de las tantas hijas de la familia Charlotte, Pudding. Una chica aficionada por la repostería que no tenía interés en las uniones políticas ni en la diligencia de un reino, ya fuera geográfico o económico pero que había nacido con una belleza deslumbrante y era el mejor prospecto para el mujeriego de su hermano.

La familia Charlotte poseía una de las líneas de exportación de postres más influyentes e importantes del país vecino. Su riqueza había sido amasada por generaciones completas de artesanos dulceros hábiles en muchos tipos de dulces y pasteles, su familia y su industria eran un importante ingreso para el país, con la actual cabeza de la organización Charlotte Lingling, quién habían logrado expandir el negocio en más de ochenta países, casi equiparable con el número de hijos que tenía.

Muchos de ellos, en matrimonios arreglados para fortalecer el imperio de dulces. Ahora la ocasión requería una alianza entre esa empresa poderosa con la realeza de Germa principalmente por el beneficio económico que la unión traería. Significaría dinero para las inversiones de los Charlotte y más dinero para los negocios de Germa. Era un ganar-ganar.

Era un trato que en la actualidad se podría resolver con un contrato, una inversión o literalmente cualquier cosa más civilizada que obligar a uno de los príncipes a casarse con alguien. Esos métodos del siglo pasado sacaban de quicio a Ichiji que por fortuna no había sido elegido.

La principal heredera al trono era su hermana mayor, Reiju pero desde que había salido del clóset presentando a su novia, Tashigi, su padre la había descartado de inmediato, lo que era un milagro porque Judge Vinsmoke nunca había tenido compasión por ninguno de sus hijos y si uno no cumplía sus expectativas, recibiría un trato deplorable, pero con ella siempre había sido un poco más indulgente.

Cuando Reiju se negó a terminar con Tashigi por el bien del reino, su castigo fue ser completamente ignorada en la línea de sucesión al trono lo que para su padre representaba una pérdida pues, de los cinco, ella era la más hábil en cuanto a estrategia militar y economía. Pero para ella realmente fue una recompensa pues no tendría que preocuparse por procrear descendencia o esforzarse en ser una excelente reina, viviría una vida “tranquila” al lado de quién quisiera mientras pudiera servir al reino con sus conocimientos.

La verdadera definición de “premio o premio”.

Suertuda. Pensaba Ichiji quien era ahora el sucesor al trono.

El elegido para casarse fue su hermano Sanji pues él había decepcionado a su padre en varias ocasiones debido a su pasión por la cocina y corazón de oro, nunca estuvo a la altura de lo que su padre quería y lo consideraba un desperdicio absoluto, pero seguía siendo un príncipe así que lo mantuvo cerca en caso de necesitarlo, como ahora.

La otra excusa fue que Ichiji tenía que concentrarse en su objetivo y obligación de ser el futuro rey como para preocuparse por algo tan vano como un matrimonio.

En fin, por culpa de eso, ahora tenía que levantarse temprano, arreglarse para una boda real y soportar una tarde de apariencias y estúpidos modales que ya nadie ocupaba. Convivir con gente de la realeza o gente increíblemente rica que no conocía y no tenía interés en conocer, comer insípidos platillos y hablar con esa tonta formalidad antigua y reservar lo que verdaderamente pensaba de todo eso.

Se puso el traje que ya estaba listo en su vestidor después de tomar una rápida ducha, peinó su largo cabello rojizo como siempre lo hacía, sin exagerar esta vez en el flequillo que le gustaba alto sobre su frente. Examinó su apariencia en el espejo esperando no encontrar alguna imperfección.

Su madre había sido extraordinariamente hermosa, por lo que todos sus hijos habían heredado un poco de esa belleza. Habían nacido como los príncipes y princesa que estaban destinados a ser y a verse como tal.

Ichiji no se consideraba especialmente guapo, contrario a lo que todas las revistas de chismes reales decían, su rostro era simétrico, labios y nariz finos, ojos azules al igual que todos sus hermanos y cabello rojo vibrante, el cuál había dejado crecer un poco para resaltar lo delicado de su cuello que según muchas personas, era bello. Además de eso, era solo él, Ichiji, el príncipe heredero.

Claro que su complicada vestimenta le daba puntos a su apariencia. Un elegante smoking de diseñador, ajustado perfectamente a su esbelta figura, con varias medallas y cadenas brillantes en la solapa, debajo un chaleco carmesí ajustado y sobre sus hombros una pesada pero imponente capa roja, con hombreras doradas que le brindaban una apariencia completamente perteneciente a la realeza. Todo tenía un patrón de elegantes flores aterciopeladas y era realmente agotador usar eso, todo el día.

Era incómodo, pesado y caliente pero claro que se veía increíble.

Sus hermanos estaban ataviados de la misma manera, cada uno con el color que le asignaron como representativo. A veces eso le daba un poco de pena pero se amortiguaba un poco cuando veía a sus hermanos lucir como todos unos reyes y reina con esos elegantes atuendos igual de imponentes que el suyo.

Hasta su padre se veía decente en su ropa de rey, con su corona y símbolos reales. Era viejo pero ser de la realeza aliviaba un poco su cansada y despiadada figura.

A la ceremonia también asistió Tashigi como toda una princesa, acompañando a Reiju y si le preguntaban a Ichiji, ambas se veían bastante capaces de dirigir el reino ellas solas y lograr más cosas que cualquiera de ellos. Su padre la miraba con recelo pero había aprendido a respetar su relación por los beneficios que su primogénita le daba con su inteligencia estratégica.

Por el momento, ni él, ni Niji ni Yonji, tenían pareja pero tampoco tenían derecho de escoger después de lo sucedido con su hermana mayor. Él sabía que su destino era casarse con una princesa de algún otro reino que su padre considerara apropiada y sobre todo, conveniente. Sus hermanos estaban destinados a casarse si no con una princesa, si con una heredera de algún imperio económico.

Eso tampoco le importaba, nunca se había interesado en nadie y cuando llegara el momento de su boda, simplemente haría lo que todos esperaban de él y cumpliría con sus deberes reales, nada más. No pensaba en cosas estúpidas como enamorarse y menos de una chica que no conocía.

Eso era lo de menos, mientras su objetivo siguiera claro.

La ceremonia sería llevada a cabo en uno de sus terrenos. Una pradera verde, con hectáreas de áreas naturales que usualmente eran utilizadas para simples paseos matutinos o para cabalgatas al atardecer.

Los Charlotte habían hecho un pastel tan grande para la fiesta que no cabría en ningún lugar cerrado, las puertas no eran lo suficientemente anchas para dejar entrar a semejante pastel monstruoso, así que tuvieron que improvisar un recinto al aire libre que de pequeño e improvisado no tenía nada.

Eran pabellones hechos de madera desmontable, decorados con focos y luces por doquier, hermosas flores en enormes jarrones y mesas bellamente decoradas. Era un espacio grande porque los invitados no eran pocos y una boda de la realeza, por más al aire libre que fuera, tenía que ser impresionante.

Ichiji estaba muerto del aburrimiento esperando a que todo estuviera listo, ellos arribaron al lugar antes que el resto de invitados para supervisar de cerca que todo se estuviera llevando a cabo como estaba planeado, pero principalmente se trataba de su padre dando órdenes mientras ellos se aburrían sentados en una mesa con copas y mantel listos. Reiju tenía a Tashigi para platicar,Yonji y Niji se entretenían jugando juntos en sus consolas portátiles y Sanji seguía encerrado en el palacio impidiendo que hiciera alguna locura como escaparse antes de la boda o algo así, ya que obviamente seguía reacio a la decisión y la refutaba cada que podía.

Así que él se pudría aburrido en la mesa. Al tiempo comenzaban a llegar los hijos de Lingling, arreglados como si ellos mismos pertenecieran a la realeza.

No era un secreto que todos eran de diferente padre por lo que no se parecían en nada pero al menos, se veían más unidos que los Vinsmoke quienes nunca habían sido una familia especialmente amorosa. Ichiji apreciaba a sus hermanos pero no estaba seguro si amaba a alguno de ellos.

Mientras tanto, la otra familia arribaban felices, charlando y algunos tomados de las manos. Los más pequeños eran sostenidos por sus hermanos mayores, algunos de los jóvenes iban de la mano y los más adultos también platicaban amenamente, claro que había algunos más serios como ese viejo gruñón con un ridículo traje azul acompañado con el que suponía que era su sirviente que lo seguía a todos lados, que tenía una cara insufrible y seria.

Seguramente él mismo se veía igual de apático en ese momento.

A Ichiji se le pasaban miles de preguntas en la cabeza, sobre todo las edades de los hermanos y hermanas pues unos de veían muy adultos, aunque quizá fuera por los elegantes trajes, pero si ellos lucían así ¿Cuántos años en realidad tendría Charlotte Lingling?

Estaba tan embelesado con una mano en la barbilla viendo al mar de gente que se iba presentando, que casi no nota cuando una voz grave y desconocía llamó su atención.

—¿Príncipe Ichiji?—

Un hombre muy alto de exótico cabello magenta, se dirigía a él con lo que parecía una sonrisa. Su voz era muy gruesa y eso le causó interés al joven príncipe, también los tatuajes rosa neón en su brazo izquierdo que dibujaban líneas en la piel morena y que se escondían detrás de la ropa negra ajustada que usaba.

Un chaleco estilo corset y un pantalón ajustado, era una elección curiosa para una boda pero Ichiji no iba a negar que se veía increíble con ese alto y musculoso cuerpo que tenía. También llevaba una elegante bufanda gris, idénticas a las que él había visto en aparadores de tiendas solamente caras por su prestigio, alrededor de la mitad de su rostro.

Sus enigmáticos ojos rubí parecidos al color de su cabello, se clavaban en él con insistencia, esperando casi impacientemente una respuesta.

—¿Si?— concedió Ichiji quien se sentía lo suficientemente curioso para evadir su lado más egocéntrico que hubiera mandado a volar a cualquiera que intentara hablarle con ese mal humor que tenía.

—Mi nombre es Charlotte Katakuri, mucho gusto— le ofreció una mano, que llevaba un guante de cuero cubriéndola.

Si que lo conocía, al menos a su imagen mediática. Su familia había estado investigando a los Charlotte pues no bastaba su inconmensurable cantidad de dinero para comprar a una familia real, se necesitaba liderazgo, planes a futuro y sobre todo, despiadados líderes que dejaran la moralidad en segundo plano por sus objetivos.

Su padre no se confirmaría con menos, incluso si se tratara de otra familia real.

Por esa razón, todos los príncipes participaron activamente en la recopilación de información sobre el imperio de los Charlotte y como funcionaba, eso incluía a sus principales cabezas que hacían tener el negocio a flote.

Uno de los más importantes, después de Perospero, era Katakuri, director de logística. Él se encargaba de planificar y gestionar el almacenamiento y envío de los bienes que su empresa ofrecía, su trabajo estaba estrechamente relacionado con los envíos y exportaciones internacionales, un ámbito de sumo interés para Judge.

A primera vista y según la prensa, era un hombre perfecto. No tenía nada sombrío en su historial, llevaba la empresa por buen camino, sus estudios llegaban al nivel de maestría y era tan reservado con su vida personal que todo el mundo pensaba que vivía por y para la empresa exclusivamente.

Así que al no tener más información, ni nada malo que criticar, el mundo lo colocó en un pedestal de mármol con la placa “Hombre perfecto” a sus pies.

A Ichiji le causó curiosidad de inmediato pues era precisamente eso lo que se esperaba de él, el heredero del reino. Tenía que ser el príncipe perfecto y se esforzaba por serlo pero nunca había conocido o sabido de alguien a quien le reconocieran el mérito, conocer a Charlotte Katakuri sería una buena oportunidad para él y desde entonces, no separó su vista de los movimientos del hombre, al menos los que los medios mostraban.

Al principio decidió que fuera una riña auto impuesta para alcanzar la meta que el otro heredero ya había logrado, pero después, se convirtió en una especie de pasatiempo y poco a poco, el segundo hijo de los Charlotte se encontraba frecuentemente en sus pensamientos. Él se justificaba pensando que lo que buscaba era algún defecto en esa armadura de perfección.

Ichiji decidió tomar su mano y no esperaba el fuerte agarre que le proporcionó pero aún así, permitió que ese hombre, invitado de honor a la boda, se sentara a un lado suyo para conversar.

Resultó ser un sujeto verdaderamente interesante. Era el segundo hijo de la familia Charlotte, eso ya era un privilegio en sí mismo, tenía el mismo rango que Ichiji en su familia, no el primogénito pero sí el heredero.

Se decía admirado por muchos de sus hermanos pues lo consideraban el hijo y hermano perfecto, siendo que hacía muy bien lo que hacía además de la personalidad calmada y fría que alegaba tener, lo que le hizo pensar al príncipe, por un momento, que en serio era la personificación de la perfección pues incluso sus propios hermanos lo decían.

Encontrar algo que no fuera ideal en él, iba a ser una tarea difícil que honestamente ya daba por imposible, no valía la pena desgastarse pensando en encontrar fallas, si no las tenía, bien y si las tenía, entonces Ichiji no tenía porqué sentirse acomplejado.

Fuera de todo ello, se sorprendió al entender que tenían muchas cosas en común. Por ejemplo, varios hermanos. Al ser los mayores tuvieron que hacerse cargo de ellos en algún momento si sus padres no tenían tiempo y no era novedad que sus padres nunca tenían tiempo.

Además, ambos poseían un especial gusto por los deportes, siendo el básquetbol el favorito de Katakuri y el bádminton, el predilecto de Ichiji, coincidían también en algunas formas de pensamiento y opiniones y por si fuera poco, sus pasatiempos más tranquilos se complementaban entre sí. A Ichiji le interesaban los instrumentos de cuerda, mientras que a Katakuri, los de viento.

Ser un príncipe no era exactamente igual que ser heredero de la compañía de tus padres, pero era muy similar, parecía que lo único diferente era el título de nobleza y quizá la carga de trabajo.

Le contó que su hermana Pudding tampoco estaba de acuerdo con el matrimonio arreglado, pues su sueño era abrir su propia sucursal de pasteles y arte en chocolate, pensaba que eso también ayudaría a su madre a fortalecer su imperio pero cuando mamá tenía la última palabra, ninguna súplica haría alguna diferencia.

—¿Tú estás casado?— preguntó Ichiji suponiendo que si estaban por casar a una de las hijas de en medio, los primeros hermanos ya estarían ocupados.

—No, yo no, aún. Mamá dice que aún no sabe a quién sería bueno entregarle a uno de sus mejores hijos—

—Mi papá piensa igual— ambos rieron ante la turbia coincidencia.

Ser parte de un proyecto familiar no era fácil, todos esperaban cosas de ellos y se veían obligados a no decepcionar a su familia. Eran cargas pesadas que ambos compartían.

Ambos ya se habían relajado lo suficiente pues en un momento dado, el príncipe había ordenado que les trajeran copas de champagne, a pesar de las negativas del personal quienes alegaban que era muy temprano para tomar, pero ellos no daban las órdenes.

Quizá estaba muy estresado, pero Ichiji bajó la guardia desde el primer trago, hablando más casual de lo que debería con un invitado o un socio de negocios en este caso.

Se dio cuenta de que a su compañero le afectó igual cuando Katakuri dejó de usar el título de nobleza y lo llamaba solamente por su nombre. Después, la plática se desvío a temas ligeramente más personales y la confianza escaló a distancias más cercanas .

Ya casi no había espacio entre una silla y otra, las copas de champagne eran depositadas en la mesa cada vez más juntas y los roces furtivos de sus manos, cada vez más evidentes.

Katakuri comenzó a tocar sus dedos por aparente accidente, en un intento por tomar la copa y beber, después fue obvio que buscaba el contacto con sus manos, entonces Ichiji hizo lo mismo pero más descarado.

Le siguió el juego pero sin buscar alguna excusa para hacerlo, si sentía que debía, el príncipe acercaba su mano a la contraria y acariciaba suavemente el dorso.

Con algunas señoritas había funcionado en el pasado, se preguntaba si con este hombre también lo haría.

Incluso le dedicó su sonrisa más encantadora, ladina y sin mostrar los dientes. No sabía por qué pero siempre funcionaba.

Llegó un punto en el que ni siquiera se molestó en retirar su mano, suavemente acariciaba el dorso de la mano de Katakuri, reposaba y tomaba su champagne con la otra mano. Si al contrario no le molestaba, por él estaba bien.

El problema fue cuando su cuerpo comenzó a sentir la tensión y su mente reprodujo escenarios peligrosos respecto a la cercanía del otro. Tuvo que soltar su mano antes de ponerse peor.

Era una tarde cálida y a Ichiji comenzaba a molestarle su ostentoso atuendo, mientras tomaba otro trago de su copa se aflojó un poco la corbata, incómodo por el bochorno. Su acompañante no debía sentir calor pues no parecía que llevara algo más bajo el chaleco.

Una vez más, el príncipe no pudo evitar fijarse en su musculoso cuerpo mientras flexionaba sus brazos cruzados sobre su pecho y repentinamente, el calor que sentía, aumentó.

—¿Te sientes bien?— preguntó el mayor preocupado por las mejillas un poco coloreadas del príncipe quien hacía un nulo esfuerzo por cubrirlo.

—Si, es solo que, hace mucho calor—

Katakuri levantó su ceja, inquisitivo pues no sentía el clima particularmente caluroso pero aún así ofreció su ayuda.

—¿Quieres un vaso de agua? ¿Por qué no te quitas la capa?—

Era cierto, los príncipes, la princesa y el rey usaban varias prendas debido a una antigua tradición de mostrar superioridad viéndose más grandes o adornados. Era tan tonto pero su padre insistía en mantener las “buenas costumbres”.

—No creo que sea eso, pero si me ve mi padre, me mata— Ichiji se había acabado de un sorbo el resto de su octava copa de champagne y si bien, no era ni de cerca lo suficiente para ponerlo ebrio, si comenzaba a sentir la cabeza un poco ligera.

—Entonces, vayamos a un lugar más privado— ofreció el más alto, disimuladamente rosando sus largos y delgados dedos por la pierna del príncipe, mientras se levantaba de la silla.

Ofreció su mano para ayudar a su anfitrión pero éste la rechazó, Ichiji era capaz de levantarse completamente solo. Lo que no era capaz de hacer era racionalizar lo que acaba de pasar, fue tan rápido y furtivo que bien pudo haber sido un sucio juego de su aún más sucia imaginación.

Se levantó creyendo pensando en que había pasado y los guió a ambos dentro del castillo, pasando por la mesa en donde estaban sus hermanos y asegurando que no tardaría.

—Yo creo que si te vas a tardar— se rió Yonji viendo a su acompañante.

—Imbécil— le recriminó Ichiji rodando los ojos. Sus hermanos a veces podían ser unos idiotas pero le molestaba que lo fueran frente a otras personas.

—La ceremonia ya casi empieza, papá te estará buscando— le recordó Niji.

—Lo sé, si pregunta solo díganle que no tardo—

Se llevó a Katakuri de ahí antes de que sus imprudentes hermanos dijeran algo que ofendiera a las visitas, después de todo, los Charlotte eran invitados en la casa de los Vinsmoke y sería poco prudente hacer algo que los molestara.

El castillo había pertenecido a su familia por generaciones, a lo largo de su estancia ahí varios ancestros y ellos mismos, habían realizado modificaciones a la estructura para acomodarse mejor a sus necesidades. Por ejemplo, su padre, había implementado una nueva ala como laboratorio pues uno de sus intereses era el desarrollo científico, específicamente en el cuerpo humano, así que su padre se dedicaba principalmente a la genética además de sus deberes como rey.

Lo que pocos sabían, quizá solamente él y un par de empleados, es que había partes del castillo inutilizadas que fueron modificaciones de antigüos Vinsmoke. Ichiji, cuando era lo suficientemente pequeño para perderse en su propio hogar, se separó de sus hermanos jugando y comenzó a vagar por los pasillos del enorme castillo. No tenía miedo, él nunca lo había tenido, pero sí curiosidad y dando un giro en uno de los lugares menos transitados de la residencia, se topó con un pequeño cuarto de servicio que seguramente era utilizado para guardar herramientas de limpieza.

Era un lugar compacto, más alto que ancho y era evidente que ya no se utilizaba así que él decidió que sería su nuevo lugar secreto, no le diría a nadie de su existencia y no permitiría que nadie entrara sin su permiso.

Con el tiempo lo limpió y arregló hasta convertirlo en una especie de lugar seguro y terapéutico al que acudía siempre que la presión que imponía su padre sobre él era demasiada para soportar. Aquí podía relajarse, sentarse en su cojín asiento en el suelo y estirar las piernas un rato, ahora que había crecido, ya no podía estirar por completo sus piernas pero seguía siendo cómodo acostarse en la pequeña alfombra que ocupaba todo el suelo o sentarse en su cojín asiento.

No sabía porqué pero llevó a Katakuri hasta ese sitio en donde consideró que sería buena idea si se quitaba la capa y aflojaba un poco el chaleco y la corbata en ese lugar, descansaba un momento y volvía a acomodar sus pertenencias.

Era evidente que el más alto apenas cabía en el reducido espacio por lo que Ichiji le recomendó que se sentara. Éste obedeció expresando su extrañeza respecto al lugar.

El príncipe le contó acerca de su especial significado y aseguró que no había necesidad de ir a su cuarto pues aquí podía descansar lo suficiente, además era un lugar como Katakuri había descrito “más privado”.

El príncipe le dio un momento la espalda a su invitado quien lo observaba desde el pequeño y nada firme asiento.

Ichiji comenzó por desatar las hombreras que sostenían la pesada capa y optó por simplemente descartarla en el piso, después continuó con el abrigo, el cual desabotonó lentamente esperando calmar su calor pero no fue suficiente y también se deshizo de él.

—Creo que ahora entiendo a qué te referías, yo también comienzo a tener calor— escuchó a Katakuri detrás de sí.

Se escuchaba nervioso e impaciente, hablaba con su grave voz de manera sugestiva. La tensión que se sentía en el ambiente casi podía cortarse con un cuchillo entonces Ichiji decidió que sí se iba a tardar un poco más de lo previsto.

Se dio la vuelta y encontró a Katakuri con un sonrojo que se extendía por todo su rostro, al menos lo que no estaba cubierto por la bufanda que no se había quitado en todo ese tiempo. Estaba sentado, casi acostado en el cojín, con sus largas piernas flexionadas y abiertas, se había desabrochado dos botones del elegante chaleco que usaba dejando ver un poco de su clavícula y el inicio de su bien trabajado pecho. Algunas líneas, más reveladoras del misterioso tatuaje asomaban por su lado izquierdo e Ichiji despertó una furiosa curiosidad por saber cómo se veía.

Esas marcadas facciones de su rostro, relajadas en una expresión parecida al deseo comenzaban a deshacer su cordura y su sentido común. Debía recordarse constantemente que afuera estaban a punto de celebrar la boda de su hermano y que este hombre frente a él pronto sería su cuñado.

Y es una regla no escrita que no debes acostarte con tu cuñado.

Aún así, sus dedos se movieron por sí solos y comenzó a desabrocharse el chaleco y a quitarse la corbata, quedando solamente en su camisa de diseñador, la cual también estaba siendo lentamente desabotonada.

Con cada prenda menos, se acercaba un paso más a Katakuri, quien lo veía como si fuera la octava maravilla del mundo.

Ichiji sonreía porque le gustaba la sensación de control. Sus hermanos siempre le decían que era un manipulador de lo peor pero nada de eso le importaba mientras pudiera tener lo que quisiera y lo que ahora quería era a Katakuri, todo de él.

—¿Esto está bien?— preguntó el mayor mientras contenía las ganas de poner las manos sobre las caderas del príncipe, estaba ahora tan cerca como para tocarlo, con mover un centímetro más sus manos, lo tendría todo para él.

—No puedes acobardarte ahora— ordenó Ichiji sin un ápice de duda y tampoco de cordura, no razonaba, se estaba dejando llevar por el deseo.

Ya había pasado un buen tiempo desde la última vez que tuvo acción con alguien y no se iba a quejar si el afortunado en turno era un alto y musculoso hombre, con la belleza de un Adonis y la voz de una estrella de radio, además de que era rico, inteligente y amable. ¿Qué más podía pedir?

Sin miedo, comenzó a acercarse a su regazo, abriendo las piernas para sentarse justo ahí, ambas manos en el cuarto botón de su camisa, dándose a desear mostrando todo por partes.

Katakuri se congeló un momento ante tal acción, pero cuando salió de su estupor, no dudó en posar sus manos en las caderas de Ichiji para darle soporte y que pudiera sentarse en su regazo.

—¿Por qué no te quitas esto?— Ichiji acercó sus manos a la bufanda que cubría medio rostro de su compañero pero éste lo detuvo en un movimiento.

—Vamos, no podemos hacer nada realmente bueno si no te lo quitas— insistió Ichiji.

El mayor se mostraba muy reacio a la sugerencia, era obvio que la bufanda la llevaba para cubrir buena parte de su rostro pero si estaba a punto de hacer cosas indebidas con un alguien como él, no había tiempo para excusas.

—Entonces lo haré yo mismo— Un príncipe no pedía las cosas dos veces además, Ichiji comenzaba a desesperarse, la paciencia nunca había sido una de sus virtudes.

Katakuri decidió no pelear, si al hermoso y perfecto rostro del príncipe no le gustaba lo que viera, entonces todo podía quedarse como una incómoda anécdota de la que ninguno hablaría nunca.

El menor, con impaciencia, comenzó a desenredar la compleja bufanda que le resultaba un impedimento para ver el rostro de su amante. Por lo que se dejaba ver, era alguien muy apuesto, no entendía cuál era el problema, pero cuando terminó, supo porque un hombre tan imponente como Charlotte Katakuri era tan inseguro con esa parte de su cuerpo.

La mirada del hombre hacía una expresión seria, a modo de defensa como seguramente había aprendido a lo largo de los años pues Ichiji no dudaba que alguien, por lo menos una sola persona, se había burlado de él.

Su rostro era hermoso, con facciones duras, cejas altas y una nariz delgada y fina, sus pómulos también eran altos y sus labios inusualmente delicados, pero lo que llama la atención, eran las dos cicatrices que se extendían desde las comisuras de su boca hasta sus pómulos. Ya no eran prominentes ni recientes, ahora se veían más bien como finas líneas más claras que el resto del tono de la piel.

Tenían puntadas pero los vestigios de las mismas eran apenas perceptibles, no se veían para nada grotescas, ni siquiera lucían fuera de lugar, a los ojos de Ichiji éstas acentuaban su angular rostro.

—¿Por esto te preocupabas? No seas tonto, eres tan apuesto como para ser un príncipe—

El pelirrojo no lo dudó más y tomó las mejillas del contrario entre sus manos. Él no era alguien afectuoso, cariñoso ni delicado pero algo dentro de sí, lo impulsó a ser gentil solo por esta vez, se tomó un segundo para admirar el perfecto rostro que tenía a su merced y besó cada lado de las cicatrices.

Katakuri estaba perplejo, nadie nunca había hecho un cumplido sobre su rostro descubierto y mucho menos besado lo que más le molestaba de su persona, ni siquiera su madre quién había ordenado que usara siempre algo que cubriera su “horrendo rostro” según ella.

Pero aquí estaba, con una hermosura de príncipe sentado en su regazo, acariciándolo y besándolo diciendo que era guapo. Era una situación confusa pero reconfortante, nunca se había sentido así.

El mayor tomó la iniciativa sabiendo que la ceremonia comenzaría pronto y no les quedaba mucho tiempo, así que cerró sus brazos alrededor de la cintura contraria, que era muy pequeña a comparación de su gran tamaño y besó al hermoso príncipe en los labios.

Ichiji sonrió en medio del beso, contento con obtener por fin lo que quería, pasó ambos brazos por detrás del cuello de Katakuri y profundizó más el beso.

Sus labios eran suaves contrario a lo que podía parecer, además tenían un sabor dulce, como a fresa o sandía, la textura y sabor de esos labios le recordaba a los mochis, uno de sus dulces favoritos. Se sintió hambriento de más, quería probar cada centímetro de este hombre.

Ahora él quería el control y acercó las manos a su cabello, encontrando que era muy suave mientras sentía las grandes manos del contrario explorar su espalda, tentativamente pasándolas bajo su camisa que ya estaba casi completamente desabotonada.

Sintió una corriente eléctrica recorrer su cuerpo cuando los largos dedos de Katakuri trazaron el camino de su columna mientras que con la otra mano acariciaba su costado.

En vez de aliviar el calor, su cuerpo se calentaba más a cada segundo, de repente toda la ridícula ropa que llevaba puesta, era un estorbo y luchaba por quitarla de en medio. Terminó de abrir su camisa y bajarla hasta sus codos mostrando su pecho y su abdomen, oportunidad que Katakuri no tardó en aprovechar para intentar pasar sus manos por todo su delgado cuerpo pero el príncipe lo impidió de un manotazo.

—No toques hasta que te quites los guantes— ordenó con una voz severa a lo que el mayor obedeció sin chistar y al instante.
Una vez que tenía las manos desnudas se dispuso a pasarlas lentamente por los pectorales de Ichiji y por su firme abdomen, todo su cuerpo de príncipe era perfecto, incluso tenía un tatuaje del que solo su familia sabía.

En su brazo derecho llevaba el número uno tatuado rodeado de una complicada formación de engranes que rodeaban al número, así como una serie de patrones más orgánicos que se extendían por su brazo casi hasta llegar al codo, solo el número estaba hecho con tinta roja y el resto del complejo diseño, con tinta negra.

Ichiji vio como Katakuri hacía una pausa en su tatuaje y decidió explicarle brevemente.

—Mi padre nos trata como vacas, todos mis hermanos tienen su número tatuado— su respiración ya era entrecortada y hablar no le resultaba fácil así que decidió ocuparse de nuevo y comenzó a desvestir a su compañero.

Comenzó por desabotonar el chaleco con el deseo ferviente de ver el tatuaje completo, aunque la prenda era más complicada de lo que parecía ya que no solamente había que quitar botones, sino también, unos listones a los lados que eran los que cernían para dar figura a la cintura del hombre.

A Ichiji le bastó con dejar al descubierto el torso de Katakuri para lanzarse de nuevo y besarlo apasionadamente mientras sus manos recorrían ese fuerte pecho y la increíble musculatura del abdomen. El tatuaje tampoco fue decepción pues recorría buena parte de su brazo en un patrón que daba la suerte de dibujar una calavera mientras líneas rectas se extendían por su torso hasta la parte baja de su abdomen, todo en un rosa neón increíble y atractivo a la vista.

Ambos estaban sudando y sus pieles estaban cubiertas de una fina capa húmeda que hacía más fácil que sus manos resbalaran por toda la superficie, era fácil tocar cualquier parte del cuerpo contrario pues la camisa que llevaba Ichiji ya estaba arrugada contra su cintura dejando todo lo demás al descubierto y Katakuri se había deshecho casi por completo de su chaleco, las demás prendas que ambos usaban estaban regadas en el suelo del pequeño cuarto.

Ya no sabía en dónde ponía las manos de lo apresurado que estaba, en algún momento Katakuri había comenzado a besar su cuello y a lamer algunas zonas bajo su mandíbula. El cálido aliento del mayor y su húmeda lengua recorriendo su piel, lo hacían perder la cabeza, se sentía tan bien.

Después, Katakuri comenzó a darle ligeras mordidas en donde había lamido antes e Ichiji no pudo soportarlo más a pesar de buscar no hacer ruido, soltó un leve gemido ronco que sorprendió a su compañero invitándolo a seguir.

El príncipe volvió a buscar la boca del mayor para besarlo con todo lo que tenía y callar su traicionera boca, las manos del contrario comenzaban a jugar con el borde de su pantalón, las intenciones de deslizarlas dentro eran evidentes pero la ropa que ambos usaban en las piernas, era incluso más compleja que sus camisas.

Ichiji comenzó a explorar la boca de Katakuri con su lengua, profundizando el beso, pasando las manos por su pecho y sus brazos, no le dejaba de sorprender lo grande y espectacular que era el cuerpo del contrario. Por más entrenamiento que él hiciera, jamás conseguiría un físico así.

Sentirse de alguna manera inferior, despertaba en él un extraño sentimiento visceral que lo excitaba, no tener que ser el más fuerte, grande o hábil por una vez, le brindaba una relajación dirigida a su deseo por el otro hombre.

Ni siquiera sabía cuántos años tenía pero su cuerpo hablaba con experiencia haciéndolo sentirse deseoso de más, mucho más.

El mayor lo sujetó firmemente por la cintura, que parecía diminuta entre esas grandes manos, agachó su cabeza al nivel de su pecho y posicionó su boca en uno de los pezones del príncipe. Ichiji movió su cabeza hacia atrás en éxtasis, la lengua cálida del mayor jugando con su pecho y la otra acariciando su abdomen y su espalda, lo estaban llevando al límite.

Él se encargaba de acariciar su suave cabello y sostenerse de sus fuertes brazos para no perder el equilibrio porque su pequeño sillón cojín no hacía maravillas para sostener a los dos, en cualquier momento se caerían.

Ya había pasado algún tiempo desde que empezaron su pequeña sesión de besos apasionados y el príncipe sintió que era hora de pasar al siguiente nivel. Separó un momento al contrario de sí y puso ambas manos en su pecho.

—¿Qué estamos esperando?— se quejó mientras pasaba sus manos al cinturón del contrario. Quitarlo sería difícil pero no había tiempo que perder.

Resulta que Katakuri no usaba unos simples pantalones ajustados, el cinturón que envolvía su cintura llevaba una gran hebilla cuadrangular muy bien cerrada, además, en su pierna izquierda llevaba varias correas de cuero atadas al cinturón.

En cualquier otra situación diría que se veían geniales pero ahora estaban resultando ser un verdadero dolor de cabeza para el príncipe que solo quería una cosa.

Katakuri ofreció su ayuda pero Ichiji se negó, él podía hacer esto, nunca había necesitado ayuda de nadie y no lo haría ahora, era perfectamente capaz de desvestir a este sujeto a la velocidad de la luz.

Llevó ambas manos a la hebilla y comenzó con el complicado proceso de deshacerse de ella, una vez que estuvo suelta, se dispuso a remover el cinturón completamente aunque realmente no había necesidad de hacerlo, con que la cremallera estuviera a la vista, era suficiente.

En ese acalorado momento, la puerta se abrió de golpe asustándolo y haciendo que se separará de Katakuri en el acto. Él también estaba asustado y sorprendido, tanto que de inmediato levantó las manos en señal de rendición y lo más lejos del príncipe que podía.

—¡Ichiji qué carajos!— le gritó Niji desde el otro lado de la puerta, los veía hacia abajo con una mueca entre sorpresa y repudio. Parecía que sus ojos se saldrían de sus órbitas.

—Te lo dije— aseguró Yonji con una sonrisa ladina.

Ichiji y Katakuri estaban mudos en su lugar, se miraron sin saber qué sucedía pero ante el shock no se movieron de dónde estaban, eso quiere decir que Katakuri estaba sentado, casi acostado, en el pequeño cojín mientras Ichiji estaba encima suyo abrazándolo con las piernas y con sus manos aún en los pantalones del contrario.

—¡Vamos! ¡Papá te está buscando, todo es un terrible caos y al parecer nosotros tenemos que solucionarlo!—

A pesar de estar sorprendidos, ambos hermanos se veían agitados como si hubieran estado corriendo, aún conservaban sus pesados atuendos y gotas de sudor escurrían por sus frentes.

—¿Cómo nos encontraron?— reclamó Ichiji como si eso fuera lo más importante, mientras se ponía de pie e intentaba torpemente abotonar su camisa.

—Ay por favor, como si no supiéramos que vienes a lloriquear aquí de vez en cuando— se burló Niji cruzando los brazos.

Entonces el lugar no era tan secreto después de todo.

—¿Qué está sucediendo?— preguntó el mayor de los príncipes. Su rojizo cabello estaba despeinado apuntando en todas direcciones, sus labios hinchados por besar tanto y rojos con una pequeña mordida que Katakuri le había dado. También tenía las marcas de los mordiscos en el cuello y algún chupetón en las clavículas que sus hermanos veían sin disimulo y bastante disgustados.

Sus pantalones y camisa estaban completamente arruinados con arrugas por todos lados. Al menos había conservado los zapatos.

—Los amigos de Sanji interrumpieron la boda—

Ante ésto, Ichiji y Katakuri se pusieron tensos y terminaron de tomar su ropa del suelo, saliendo como estaban al lugar de los hechos.

Katakuri también era un desastre, aunque su cabello no era tan largo, si estaba lo suficientemente despeinado para notarse, tenía marcas rojizas en el cuello y un par de rasguños en los brazos producto del fuerte agarre de Ichiji en los mismos, también tenía una mordida en el labio inferior pero ésta era más notoria pues el príncipe era rudo en todo lo que hacía.

Los cuatro arribaron a la improvisada construcción donde la ceremonia se estaba llevando a cabo, porque sí, el príncipe y su amante, no midieron bien el tiempo y la boda ya había comenzado.

Todo era, como habían dicho, un desastre.

Los invitados corrían de un lado a otro, algunas mesas estaban volcadas, las luces, un desastre y prácticamente todo estaba destruido. Algunos de los hermanos de Katakuri corrían en el campo abierto persiguiendo algo que ninguno de ellos alcanzaba a ver.

Charlotte Lingling gritaba órdenes, enfadada como pocas veces lo había estado y gritando el nombre de Katakuri para que alguien lo fuera a buscar de inmediato.

Judge no estaba en un mejor estado, gritando órdenes a los trabajadores que hacían lo que podían para intentar calmar la situación. Reiju y Tashigi ayudaban con el desastre, Yonji y Niji habían sido los encargados de buscar a su hermano mayor, los hijos más pequeños de Lingling lloraban asustados en una mesa al cuidado de su hermana Brulee y prácticamente todos los demás habían salido en busca de los perpetradores.

—¿Qué pasó?— preguntó Ichiji asombrado por el desastre que se desató en apenas algunos minutos.

—Un chico con sombrero de paja se coló en la fiesta con el resto de sus amigos, él y un tipo alto y delgado se encargaron de entretener a Lingling mientras los demás peleaban con sus hijos, luego un hombre de cabello verde y un solo ojo, tomó a Sanji y lo besó en el altar enfrente de Pudding, lo tomó y se lo llevó, todos escaparon— Yonji ni siquiera parecía sorprendido.

Asombrados, Katakuri e Ichiji se miraron, justamente cuando ellos dos no estaban alerta, pasó todo lo que no debía pasar.

El segundo hijo de los Charlotte se acercó a su madre quién lo cuestionó severamente sobre su paradero, pero notando rápidamente el estado en el que estaba, apenas llevaba la bufanda medio colgada alrededor del cuello, no traía los guantes y los dos primeros botones de su chaleco estaban desabrochados. Por suerte mientras corrían hacia allá, alcanzó a reacomodar su pantalón y su hebilla.

—¿Dónde estabas?— preguntó enojada.

Katakuri, siendo uno de los líderes de la familia Charlotte, debía estar siempre atendiendo los asuntos oficiales, asegurándose que todo saliera bien, pero no era mentira que no planeaba tardarse tanto.

—Perdón, fue mi culpa—

Ichiji se acercó a la discusión dando la cara por Katakuri, en el tono más diplomático que podía hacer, con una expresión seria pero arrepentida, incluso hizo una pequeña reverencia delante de la mujer a modo de disculpa.

Cosa que hubiera funcionado si no fuera porque había abotonado mal su camisa, por debajo del apenas acomodado chaleco y la suelta corbata alrededor de su cuello, se podía ver cómo en alguna parte del proceso para cerrarla había omitido un botón y ahora estaban disparejos.

Sin contar que el resto de su apariencia era un poco desastrosa.

Charlotte Lingling estaba atónita y poco convencida, su mirada inquisitiva se movía entre los dos muchachos, de pie firmemente frente a ella como si no hubieran hecho nada malo.

—¡Ichiji! ¿Dónde diablos estabas?— intervino Judge acercándose a la escena con un ceño fruncido y agitando los brazos en el aire.

—Te hemos estado buscando, era tu responsabilidad…— ni siquiera tuvo el valor de terminar cuando observó la escena.

Ni su hijo, ni el hijo de Lingling, se encontraban presentables, era bastante obvia la razón por la que ambos estuvieron indispuestos.

De repente, el escape de Sanji ya no era tan importante. Mientras ambos líderes meditaban la situación, no tardaron mucho en identificar una solución.

Pudding no se encontraba especialmente molesta, ni siquiera celosa, solamente confundida ante el repentino asalto. Pero nadie la culpaba, ella realmente no conocía a Sanji, apenas les dieron oportunidad de entablar una breve conversación antes de prepararlos para la boda.

La chica estaba haciéndolo por su madre, por intereses ajenos, entre sus planes a corto plazo, no estaba una boda. Hasta cierto punto, esos chicos la habían salvado de una vida triste, encadenada a un hombre del que quizá se hubiera enamorado o no.

Ichiji le dirigió una mirada rápida a la novia y honestamente se veía aliviada.

—Bueno, no parece que sea necesario cancelar la boda después de todo— sugirió Lingling.

—Supongo que se hace lo que se puede con lo que se tiene— confirmó Judge.

Si bien, el rey buscaba una familia perfecta, libre de escándalos, al menos ninguno más que el que se había formado alrededor de Reiju; ahora parecía sumamente resignado a qué su línea de sucesión quizá debía esperar más para continuar.

No tenía tiempo para sentirse decepcionado por qué su hijo heredero al trono, tuviera preferencias por el mismo sexo, en ese momento, le importaba más cerrar el trato con los Charlotte.

El príncipe sabía que su padre encontraría una solución para esos problemas en algún momento, pero ya habían gastado en una boda y en una fiesta, además de que estaban a minutos de cerrar un trato importante, no se echaría para atrás tan fácil.

Y, si había algo que Ichiji no haría, era acostarse con su cuñado y mucho menos casarse con él en el mismo día, pero definitivamente de lo que estaba más en contra era del estúpido matrimonio arreglado y como seguía adelante a pesar de perder a la pareja principal.

Él, como futuro rey y diplomático, podría cerrar el trato con la familia Charlotte con un contrato, un convenio, un acuerdo, con lo que fuera excepto con un matrimonio arreglado como se hacía en el siglo pasado.

Aún así, aquí estaba, parado en un altar, con su ropa apenas arreglada, frente a todas las personas que conocía y algunas que tendría el placer de conocer.

Sus padres habían hecho el numerito de darles una charla prenupcial ahí mismo en las sillas de una mesa destrozada. Se sentaron los cuatro y hablaron de aparentes negocios ocultando el hecho de que casarían a sus dos hijos.

Para Lingling, tener un príncipe en su familia era una ganancia, independientemente del beneficio económico que esto contrajera, la realeza era algo de lo que siempre había querido formar parte.

Para Judge, el dinero asegurado por la participación de mercado de una exportadora importante, era más que suficiente motivo para entregar a su hijo.

Al principio Katakuri no objetó ni aprobó la decisión, estaba sentado en su silla con una pierna cruzada como si se tratara de una conversación casual. Mantenía su semblante serio escondido bajo la desordenada bufanda, escuchando atentamente.

Eso desorientó a Ichiji, quien estaba profundamente en contra pero por alguna embarazosa razón, le importaba lo que él fuera a pensar.

Nunca le había pasado, las opiniones de los demás le valían menos de lo que valía la unidad monetaria más baja. Sus decisiones eran la palabra final sin considerar a nadie, ni a sus hermanos y casi ni siquiera a su padre.

Pero con Katakuri, era diferente y algo molesto para él. Temía que si se quejaba, lastimaría al otro hombre ¿Por qué le importaba tanto?

Cuando sus padres terminaron de deliberar, esperaban algún tipo de respuesta de su parte. Claro que sus opiniones no importarían tanto como para tomarlas en cuenta pero sería bueno escucharlas.

Ichiji le dirigía miradas furtivas a Katakuri, pero su expresión no daba nada de información.

—Bien, hagámoslo— fue todo lo que dijo mientras retiraba las manos de su pecho y las posaba en sus rodillas.

¿Lo había hecho por lástima? ¿Obediencia?

Después, todos los presentes voltearon sus miradas hacia él, expectantes. No podía descifrar qué era lo que buscaban a excepción de su padre quién inequívocamente daba por sentada su completa cooperación.

La temible Charlotte Lingling se veía hambrienta, no precisamente de hambre pero su ambición era abrumadora, tanto que sus penetrantes ojos amenazaban con doblegar la voluntad del príncipe.

Mientras tanto, Katakuri, lo veía con una mezcla de añoranza e indecisión. Si Ichiji no hubiera sido testigo de esa mirada hace unos momentos, no hubiera podido distinguirla.

Así lucía el hombre, antes de perder el miedo y comenzar su impropia danza. Le gustaba y mucho, entendía que Katakuri quería hacer ésto y a pesar de ser un salto de fé, creía que Ichiji pensaría lo mismo.

El secreto a voces trajo consecuencias desmesuradas al acto. Un pequeño desliz que ni siquiera se había consumado, concluiría en una unión de por vida que estaba en ellos hacer un infierno o un paraíso.

Ichiji mentiría si dijera que no le parecía atractiva la idea, después de tener tanto tiempo el ojo en Charlotte Katakuri, ahora por fin tendría la oportunidad de estar lo suficientemente cerca para comprobar su presunta perfección.

Además, por algo había accedido a hacer lo que estaba a punto de hacer. El tiempo dirá si solo fue calentura o realmente una decisión consciente que llevara a un buen matrimonio.

Estaba en contra, pero pensó que tal vez no sería tan malo tener de esposo al hombre perfecto.

—Si, hagámoslo— confirmó a fin de cuentas.

Y así, en el altar, con todas esas personas confundidas y un recinto destruido, pero sobre todo, frente a un hombre ideal que sostenía sus manos con delicadeza pesar de su enorme tamaño, con esa mirada esperanzada que hacía cuando lo veía.

En ese lugar, Ichiji Vinsmoke, al final dijo:

—Acepto—