Work Text:
"Hoy, aunque me cuesta admitirlo, nuevamente estuviste excelente en el entrenamiento. No te sientas especial, sólo estoy reconociendo el increíble trabajo que el maestro Lilia ha hecho con alguien como tú, al menos sabes valorar sus esfuerzos dando tu mejor aunque sigue sin ser suficiente para sorprenderme; sí, quizá hoy tampoco te pude vencer ¡Pero eso cambiará pronto!
Sería bueno que te grabaras ésto en esa cabeza hueca que tienes: pronto yo seré el ganador en nuestros enfrentamientos ¡No lo dudes!
Por otra parte, creí estar cerca de decirte... Ciertas cosas, sin embargo no lo conseguí. La culpa obviamente es tuya, si no te hubieses quedado dormido seguramente lo habría dicho pero claro, tuviste que ceder a tu tonto sueño una vez más.
Eres tan molesto y aún así no consigo alejarme de tí, lo peor de todo es que no importa si estás dormido o despierto pues siempre es difícil exponer la verdad y termino diciendo cosas que quizá no debería. De nuevo es tu culpa, las ideas están perfectamente armadas en mi cabeza pero tu siempre haces que todo salga mal.
¡Sí es tu culpa! Parece que lo haces a propósito, mirarme con aquellas auroras tan brillantes sólo provoca que olvide lo que intento decir y al final no me doy a entender. Por eso creo que las cartas son mejores, me evito tener que mirar tu tonta y linda cara y puedo exponer fácilmente todo lo que he querido decir...
...Al menos eso pensé pero la realidad es otra. Aún sin tenerte delante me siento nervioso mientras escribo ésto, pero debo intentarlo pues un verdadero guerrero no se rinde delante de nada ¡Mucho menos delante de un humano como tú!
En fin lo que quiero decir es... Que he pensado mucho en tí, tanto en el bueno como en el mal sentido. No ha cambiado mi impresión sobre tu nefasta pereza al cumplir tus deberes, dudo que eso cambie alguna vez, pero reconozco que tienes la intención de superarte y eso es un punto bueno (pero no te emociones).
He reprimido mucho, desde hace mucho tiempo, pero quizá sea momento de exponer la verdad. Sí eres molesto, lento y tonto pero también eres valiente, fuerte y decidido lo cual me hace respetarte un poco ¡Sólo un poco! Pero además de respeto y una ligera admiración, yo... Me siento algo atraído por tí.
No es algo de lo que me sienta orgulloso pero no lo puedo evitar y eso es frustrante, al menos para mí. No sé cuál sería tu respuesta al saberlo, y quizá por eso me niego a hablar, pero me he planteado sólo decirlo para que dejes de estorbar en mi mente como has estado haciendo.
Aunque tal vez no sea buena idea y escribir esto fue un error, ahora estoy confundido ¡Y de nuevo es culpa tuya!
¡¿Porqué tienes que ser tan irritante Silver?! Aún así... Te am"
Sebek soltó la pluma y arrugó la hoja, se levantó de su escritorio con el papel en mano y, con mucho coraje, metió aquella carta en una caja que escondía debajo de su cama. Sería bueno decir que este fue un lapsus de inconsciencia pero esa excusa ya no sería válida considerando la gran cantidad de hojas arrugadas que había ahí.
¿Cuántos intentos de carta ya había escrito? Sebek ya había perdido la cuenta pero eran tantas que aquella caja había comenzado a ser pequeña para las nuevas hojas que llegaban cada cierto tiempo. Incluso llegó a considerar romperlas todas y quemar los restos sólo para liberarse de todo, sin embargo sabía que eso no haría nada con lo que había en su corazón; por más que eliminara todas aquellas hojas eso no borraría el sentimiento con el que fueron escritas.
Era una especie de terapia para Sebek, escribir lo que sentía aliviaba los constantes pensamientos y deseos que no hacían más que irrumpir en su labor y siempre se sentía mejor luego de escribir, y probablemente era justo por eso que no podía deshacerse de todas aquellas hojas sin sentir una opresión en el pecho.
La verdad es que, muy en el fondo, Sebek no quería deshacerse de ninguna carta. Sabía que sonaba cursi y detestaba eso pero no podía hacerlo; sentía que quizá, algún día, podría tener el valor suficiente para dárselas a quien iban dirigidas. Pero al parecer hoy no era el día así que todo lo que quedaba era guardarlas y esconderlas, del mismo modo que escondía su corazón.
Con un suspiro acongojado Sebek se sentó en la cama con la caja en sus manos y la miró.
¿Será que algún día estas cartas llegarán a su destino? Fue la pregunta que hizo Sebek para sí mismo y la respuesta fue la misma de siempre.
No, no saldrán de aquí, al menos no por ahora.
Con tal decisión Sebek cerró la caja y la volvió a esconder, luego salió de su habitación a reunirse con los demás para la cena.
Y así, un día más, aquellas cartas quedaban escondidas, a la espera de que el remitente se diera valor de enviarlas a su destinatario. Sebek seguía indeciso pero quizá, sólo quizá, el momento llegaría. Tarde o temprano, y de alguna manera, llegaría.
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