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Futuro Incierto

Summary:

Con la muerte de Young-mi atormentándola y lo que un futuro incierto les depara, Hyun-ju y Gyeong-seok se permiten consolarse mutuamente por lo menos un instante.

Notes:

Ha pasado mucho tiempo desde que escribí algo y recientemente volvió mi obsesión por "el juego del calamar", así que aquí estoy nuevamente con un intento de fanfic que espero que sea de su agrado.

La nueva temporada ha sido tan emocionante y con personajes tan entrañables, pero Hyun-Ju se robó mi corazón desde incluso antes del estreno de la serie.

El futuro es incierto para mi dulce Hyun-ju, pero al menos por ahora me quiero permitir darle un poco de amor a través de esta historia que, lamentablemente, me temo que será la única que escribiré para este fandom.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

"Gira y gira sin parar. Gira y gira sin parar.

Demos vuelta sin pausa por todo el lugar.

Hay que aplaudir y también cantar. 

¡Qué divertido es bailar!"

La música resonaba en la enorme sala, con el carrusel girando una y otra vez mientras su centro se iluminaba antes de volver a la tenue oscuridad. 

"Juntos de la mano, todos al fin, saltamos riendo sin parar. 

Gira y gira sin parar. Gira y gira sin parar…"

Hyun-ju empujó la puerta verde y miró el reloj en el interior. La cuenta regresiva estaba casi en ceros, no había tiempo que perder. 

— ¡Young-mi, aquí! — gritó, agitando su mano para llamar su atención, pero no hubo respuesta alguna por parte de la chica. Ella solo seguía ahí de pie y girando junto al carrusel, inmóvil y con la mirada perdida. ¿Por qué no corría hacia ella? El tiempo estaba a punto de terminar... — ¡Young-mi! — insistió, optando está vez por abandonar aquel diminuto cuarto para ir a buscarla cuando el carrusel se detuvo y el soldado rosa comenzó a acercarse a ella, pero una fuerte punzada de dolor en el pecho la detuvo. 

— ¡Young-mi! — sollozó con un hilo de voz al despertar de aquel horrible sueño, antes de que el soldado rosa le arrebatara nuevamente la vida. La oscuridad de aquel enorme lugar le dio la bienvenida y un nudo cerró su garganta. Todo había sido un sueño. — Young-mi... 

Hyun-ju esperó que la dueña de aquel nombre respondiera a su llamado, pero no provino respuesta alguna de la cama vacía que alguna vez había ocupado aquella chica tímida. 

Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas y se llevó las manos al rostro, percatándose de que estaba recubierto de un sudor frío. Tras sus párpados visualizó nuevamente a Young-mi en el piso, rogando con un grito acallado por una ayuda que jamás llegó. 

Un sollozo agitó el cuerpo de Hyun-ju y la culpa e impotencia inundaron nuevamente su cabeza, por lo menos hasta que la voz de Geum-ja atrajo su atención. Hyun-ju descubrió su rostro y guió la mirada hacia la mujer mayor y aquella joven embarazada de pie frente a Gi-hun. 

Alejarse del fuerte improvisado para su salvedad era casi una misión suicida entre aquel ambiente hostil creado por los jugadores, ¿pero cómo se les podía privar de algo tan necesario como ir al baño? 

— Gi-hun — llamó al jugador, atrayendo la atención de los tres hacia ella. El silencio que guardaron ante su presencia le recordó su rostro cubierto en lágrimas. No quería que nadie la viera así. Con aquello en mente se apartó las lágrimas con el dorso de la mano. — Yo puedo ir con ellas... — sugirió y casi podría jurar que sintió el alivio de ambas mujeres, quienes miraron nuevamente a Gi-Hun en busca de su aprobación. 

Gi-Hun miró a su alrededor, después a Hyun-ju. Sin palabra alguna, el ex-ganador asintió. No era un secreto para nadie que Gi-hun confiaba en ella ciegamente tras haber arriesgado su vida para salvar a aquel desafortunado hombre en el primer juego. 

Geum-ja lideraba el camino hacia el baño, caminando temerosa y mirando de un lado a otro junto a Jun-hee, casi como un par de ciervos en un inmenso bosque lleno de cazadores. Hyun-ju les seguía los pasos, consciente de la división entre los jugadores y cómo aquello convertía el lugar en un campo de batalla en el que la guerra podría iniciar en un solo instante. Sin embargo, aquello ya no parecía importarle. 

¿Era por ese temple de acero que la había llevado a ocupar su puesto en el ejército? Ella decidió atribuirlo a ello aunque, muy en el fondo, sabía que su nula preocupación provenía del vacío que dejó en ella la muerte de Young-mi. Ya no temía morir. Lo supo mientras el carrusel giraba y al detenerse, cuando en lugar de correr a buscar a otro jugador para sobrevivir, ella simplemente se quedó quieta. De no ser por Gyeong-seok, ella habría muerto en ese juego. 

— ¡Por favor, déjenos ir al baño! — suplicó Geum-ja, sacándola de sus pensamientos y atrayendo su atención hacia la puerta frente a ellas, tras la que un soldado rosa las miraba inmóvil a través de la ventanilla. — Soy una mujer mayor, no puedo controlar mi vejiga, ¡por favor! — insistió la mujer, con Jun-hee secundando su petición. 

Hyun-ju pensó en suplicar junto a ellas, pero no fue necesario hacerlo cuando el soldado rosa abrió la puerta. Hyun-ju observó a ambas mujeres adentrarse al pasillo, pero cuando fue su turno sus pasos se vieron interrumpidos por el soldado rosa, obstruyendo su paso con su rifle. Hyun-ju esperó escuchar una estúpida regla sobre el número de personas que tenían permitido ir al baño, pero no hubo palabra alguna por parte del soldado. 

— Oye, ¿qué haces? — reclamó Geum-ja al soldado rosa, pero éste ni siquiera se inmutó. — Déjala pasar, ¡ella viene con nosotras! —. El soldado permaneció inmóvil y Hyun-ju entendió la situación. ¿En qué momento había olvidado que solo un par de personas en aquel lugar la veían como la mujer que era? Un cansado suspiro abandonó sus labios.

— Está bien. No se preocupe — le pidió a la mujer mayor, forzándose a sonreír en un intento por convencer a la mujer de que aquello no le afectaba, aunque muy en el fondo punzó nuevamente ese dolor al ser llamada pervertida la primera vez que intentó entrar a un baño de mujeres. Al menos el soldado estaba obligado a guardar silencio. — Vayan, por favor. Estaré aquí cuando regresen, ¿de acuerdo?

Geum-ja la miró con tristeza, casi como si realmente pudiera comprender el dolor que aquella simple acción podría ocasionar a alguien como ella. Hyun-ju solo se limitó a pensar en cómo habría sido tener una madre como ella y ser amada de la misma forma en que aquella mujer amaba a su hijo.   

Cuando Geum-ja y Jun-hee desaparecieron de su vista, Hyun-ju no tuvo más remedio que emprender su camino hacia el baño de hombres. Pensó en volver a la cama ya que realmente no tenía ganas de ir al baño, pero no podía dejar solas a Geum-ja y Jun-hee. La posibilidad de estar sola por al menos un instante fue el único incentivo para seguir con sus pasos hasta el baño. 

Al abrir la puerta deseó, por primera vez en su vida, que aquellos horribles orinales fueran lo único dándole la bienvenida en lugar de aquel par de imbéciles. 

— Oye, ¿qué miras, eh? ¿Extrañas el tuyo? — le preguntó Thanos, tocándose la polla por encima del pantalón deportivo. Nam-gyu se rió, empujando con el hombro a Min-su entre ellos como una invitación a unirse a su regocijo. El pobre chico temblaba de pies a cabeza. 

Hyun-ju sólo pudo sentir repudio por ellos, recordando su tiempo en el ejército y la crueldad de algunos de sus compañeros con aquellos a quienes consideraban más débiles o inferiores. Ella sabía que hacerles frente a ambos no supondría problema alguno, pero no quería hacerlo. No valían la pena y ella se sentía tan agotada. Para su fortuna y alivio, de uno de los cubículos emergió Hwang In-ho, a quien le bastó una sola mirada y un silencio sepulcral para obligar a Thanos y su perro faldero a abandonar a Min-su y marcharse, no sin antes pasar junto a Hyun-ju y hacer un inútil intento por intimidarla. 

Hyun-ju e In-ho se miraron por un instante, pero no hubo intercambio de palabras entre ellos, solo un breve asentimiento por parte de Hyun-ju como alguna clase de pacto silencioso entre ellos. No es que ella estuviera realmente agradecida con él, pero toda ayuda en un lugar como aquel era bienvenida. Un instante después, así como había aparecido, In-ho se marchó sin palabra alguna. 

El silencio inundó el ambiente y Hyun-ju sintió un nudo en el estómago cuando la música de aquel infernal juego comenzó a resonar nuevamente en su cabeza. ¿Algún día la olvidaría? No tener una respuesta hizo que el llanto amenazara con volver, pero ella no se lo permitió. En un intento por distraer su mente, dejó que el agua fluyera en el lavamanos y acunó un poco en sus manos para lavarse el rostro. Se miró al espejo y un reflejo agotado le devolvió la mirada; era como si hubiera envejecido diez años en una sola noche. No, no una noche; apenas un par de horas después de… 

“Unnie…” 

Sus labios temblaron y el llanto se desató en ella, obligándola a retroceder hasta la pared de uno de los cubículos cuando sus piernas amenazaron con ceder y hacerla caer. Se deslizó contra la pared hasta el suelo y contrajo sus piernas contra su pecho, abrazándose a sí misma en un intento por conseguir algún consuelo. Su cuerpo se agitó con cada sollozo y deseó haber sido ella quien muriera en aquel juego, pero ni siquiera el mayor de los deseos haría volver a Young-mi. 

Ocultó su rostro contra sus rodillas y se permitió llorar, hasta que una cálida mano se posó sobre su hombro. Todas las alarmas en ella se activaron y en un acto reflejo sujetó la mano de aquel frente a ella. 

— ¿G-Gyeong-seok? — preguntó, mirándolo fijamente. El hombre le regresó la mirada sorprendido, pero no hizo intento alguno por zafarse de su agarre. — Lo siento… — musitó, liberándolo y sintiéndose avergonzada por su reacción cuando Gyeong-seok se frotó ligeramente la muñeca. 

— No quise asustarte, lo siento… — se disculpó. Cómo podría culparla por una reacción como aquella en un lugar donde solo eras una cifra más acumulándose a un gran premio. — ¿Estás bien? — preguntó con genuina preocupación. 

Hyun-ju asintió y agradeció que Gyeong-seok mantuviera la distancia suficiente para hacerla sentir a salvo y reconfortada al mismo tiempo. Aunque en realidad su presencia nunca se hubiera sentido como una posible amenaza. 

— ¿Qué haces aquí? — preguntó ella, aunque la respuesta parecía lo suficientemente obvia al encontrarse en el baño. 

— Fui a buscarte a tu cama, pero no estabas ahí… — reveló, sentándose junto a ella contra la pared. — Gi-hun me dijo que estabas aquí. 

Hyun-ju solo asintió, pero aquello no respondía del todo su pregunta. 

— ¿Por qué estabas buscándome? — preguntó, mirando el perfil del hombre y aquella suave pero perceptible sonrisa cuando inclinó la cabeza, como si repentinamente estuviera avergonzado por algún motivo. 

— Quería asegurarme de que estás bien, y… — hubo una pausa, después miró a Hyun-ju. — … supongo que pensé que te gustaría tener alguien con quién hablar. 

Por primera vez desde que habían regresado al dormitorio, Hyun-ju se permitió sonreír suavemente. 

— Gracias, pero me temo que realmente no tengo mucho qué decir ahora mismo… — admitió aunque mentía, pero qué sentido tenía volver a revivir aquella pesadilla una y otra vez. 

Gyeong-seok asintió y guardó silencio, reclinándose contra la pared del cubículo. Hyun-ju deseó poder quedarse ahí, disfrutando de la compañía de alguien más que no buscase dar fin a su vida, pero quizá Geum-ja y Jun-hee ya estaban esperándola para regresar. 

— Hyun-ju… — la voz de Gyeong-seok rompió el apacible silencio, atrayendo su atención nuevamente. — Sé que apenas nos conocemos pero… ¿podría pedirte un favor? 

Hyun-ju lo miró con desconcierto. Era verdad que lo único que sabían el uno del otro eran sus respectivos nombres, pero él le había salvado la vida en dos ocasiones. Era justo ser recíproca de algún modo. 

— Por supuesto… 

— Tengo una hija pequeña que está esperando por mí allá afuera — murmuró Gyeong-seok, pero se detuvo de nuevo, como si se preguntaste si debía continuar o no. — Ella tiene leucemia y morirá si no pago su tratamiento… —. Su voz se rompió al decirlo y Hyun-ju pudo sentir a la perfección el dolor en cada una de esas palabras. 

Al principio dudó en hacerlo. No conocía a Gyeong-seok lo suficiente, pero en aquel momento no había palabras que pudieran ofrecer consuelo alguno. Por ello, con el temor presente del rechazo que en tantas ocasiones había recibido, Hyun-ju posó su mano sobre la de él y la apretó con suavidad. 

Para sorpresa de la ex-militar, Gyeong-seok miró su mano y la tomó con fuerza. La miró a los ojos y Hyun-ju pudo ver la gratitud en su mirada. 

— Sé que no voy a salir vivo de aquí… — murmuró y ésta vez sus ojos se llenaron de lágrimas. — Pero sé que tú lo harás. Sé que lo harás…

— Gyeong-seok… — ella lo interrumpió, sintiendo su corazón contraerse. — Yo no… 

— Por favor, solo… — él tomó su mano entre las suyas y suplicó: — Solo visítala y dile… Dile que la amo y que ella ha sido lo mejor que me ha pasado… 

Hyun-ju no pudo evitar llevar su mano hacia su rostro y apartar sus lágrimas. 

— Haré lo que pueda… Yo… Voy a hacer lo que pueda… — prometió, acariciando su mejilla y permitiéndose disfrutar del consuelo mutuo que ambos se brindaron cuando él posó su mano sobre la suya en su mejilla. 

— Ella va a estar tan feliz cuando te vea — murmuró, desconcertando a Hyun-ju. — Ella siempre me preguntó cuándo me casaría con una mujer hermosa para pasear juntos por el parque como todos los demás…

Hyun-ju sintió el calor acentuarse en sus mejillas aunque sabía que aquello era solo un comentario amable por parte de él. Después de todo Geum-ja no mentía cuando dijo que él era como un príncipe. Sin embargo, aquel gesto de amabilidad tuvo un nuevo significado cuando Hyun-ju sintió una cálida caricia en el dorso de su mano unida a la de él. 

Ambos se miraron a los ojos por un instante, hasta que Gyeong-seok se acercó cuidadosamente, dándole la oportunidad de alejarse si ella así lo deseaba. Hyun-ju permaneció en su lugar, cerrando únicamente los ojos cuando la distancia entre ellos fue nula y los labios de Gyeong-seok se encontraron con los suyos. 

Fue un beso casto, casi un simple roce de labios, pero fue suficiente para hacerla sentir un escalofrío recorriendo su cuerpo. Se miraron mutuamente y esta vez ya no hubo duda alguna. Sus labios se unieron de nuevo en un beso lento que escaló a un beso necesitado en un instante, con ambos buscando aquel cálido contacto que tanto parecían haber estado deseando. 

Hyun-ju deslizó sus dedos entre el cabello de Gyeong-seok y él la tomó por la cintura, acercándola más a él y filtrando su mano por debajo de su camisa. Su cálido y gentil toque sobre la piel de Hyun-ju la hizo gemir suavemente contra sus labios y deseó tener más; deseó sentir las manos de Gyeong-seok por todo su cuerpo, pero el fuerte golpeteo contra la puerta del baño los obligó a separarse. 

— ¡Jugadores ciento veinte y doscientos cuarenta y seis, vuelvan al dormitorio! — exclamó el soldado rosa al otro lado de la puerta. 

Hyun-ju y Gyeong-seok se miraron nuevamente al ser arrastrados de regreso a aquella realidad de un futuro incierto. Sus corazones latían con fuerza contra el pecho del otro y lamentaron haberse conocido en aquel lugar. 

Contra su mutuo deseo, ambos se pusieron de pie y caminaron hacia la puerta, pero Hyun-ju tomó su mano para detenerlo. Él miró la unión de sus manos, después a ella. 

— Gyeong-seok, no mueras allá afuera, por favor… — rogó. Él la miró a los ojos y una fugaz tristeza ensombreció su rostro. Ambos sabían que una promesa no servía de nada en un lugar como aquel. 

— Entonces mantengámonos juntos y sobrevivamos… — respondió, permitiéndose besarla una última vez. — Dibujaré tu hermoso rostro cuando salgamos de aquí, Hyun-ju. Lo prometo…

Ella asintió y con aquella última promesa abandonaron el baño. Geum-ja y Jun-hee los recibieron en el pasillo y Hyun-ju no pudo evitar sonreír cuando la mujer mayor delató su emoción abrazando a ambos. 

— ¡Oh, ustedes dos se ven tan lindos juntos! ¿No es así, Jun-hee? — preguntó, a lo que la chica solamente asintió. 

Hyun-ju se sonrojó sutilmente y, para su sorpresa, Gyeong-seok tomó su mano para emprender el camino de regreso al dormitorio. 

Un día más de vida era incierto y ambos lo sabían, pero en aquel momento, con ambos recostados en la misma cama y sus manos unidas, se permitieron creer en la posibilidad de sobrevivir y salir de ahí juntos.

Notes:

Bueno, eso ha sido todo :) Espero que esta pequeña lectura haya sido de su agrado y me lo hagan saber por medio de un kudo o incluso un comentario que apreciaré muchísimo.

Blue ~