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Te amo (me haz enseñado cómo hacerlo)

Summary:

Los Monkey D eran una familia peculiar. Conformado solo por omegas con conexiones peculiaridades y una forma de amar que para cualquier otro podría ser extraña o hasta excesiva. Y sus tradiciones no se quedaban atrás, demostrando que el amor sin filtro que podían dar a sus parejas podía ser tan intenso como el lazo que los une, incluso si ya no están entre ellos.

Para Monkey D Luffy, criado bajo estas costumbres y absorbiendo los métodos para demostrar amor tan singular de sus familiares como si fuese algo normal, el amor y búsqueda de una pareja no dejaba ser un concepto extraño para él. Nunca sintió esa conexión única de la que su abuelo o su padre le habían hablado. Tampoco ha sentido la atracción de la que sus hermanos habían hablado tantas veces a lo largo de su adolescencia. Pensó que eso no era para él, que debería conformarse con lo que tenía y seguir adelante.

Eso es hasta que un día se topa con un doctor de aspecto peculiar y un olor extrañamente familiar que lo deja paralizado.

Notes:

Por favor lean las etiquetas. Va a ser un poco más pesado que la primera parte porque esta vez es el punto de vista de Luffy. También digo que me costó tratar de explicar el personaje en la historia, pero creo que hice algo decente. También, Crocodile es madre de Luffy, no lo puse porque no iban en el foco de la historia más allá de un par de menciones así que no tenía sentido etiquetarlo.

También al final habrá una lista con los olores de cada personaje que haya estado presente en esta historia (salvo unos cuantos que solo han sido apenas menciones esporádicas). No sé, por si les interesa saber a qué huelen cada uno y el porqué.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

[1]

 

Para Trafalgar Law, la aparición de Monkey D Luffy en su vida fue algo que no se esperaba. Fue repentino, una casualidad que luego descubriría que fue planificada por el mismo omega que había tachado de ingenuo e inconsciente. Para el alfa, esa fue la primera vez que lo conoció y marcó el inicio de la espiral descendente de una locura compartida entre ambos.

Para Luffy, la historia entre ambos data desde años atrás. No comenzó de manera maravillosa, y está seguro que en ese entonces no sentía como si su corazón estuviese dispuesto a sangrar por él, pero sabe que ese fue el inicio de lo que estaba por venir.

Sin embargo, el inicio de su amor incondicional sucedió tiempo después a su primer encuentro, en circunstancias que si bien podrían llamarse casualidades, para Luffy eso fue mucho más importante que una mera coincidencia. 

Marco era un conocido de la familia. Un amigo cercano de Ace y, en muchos casos, probablemente un cómplice. Luffy siempre le ha tenido cariño, desde pequeño el alfa lo ha cuidado y curado cuando se lastimaba (cosa que ocurría con regularidad a esa edad) y solía pasar el tiempo en su oficina hasta que sus hermanos fueran a recogerlo. 

Ahora bien, desde que Marco dejó la clínica de Drum para empezar a gestionar en el Hospital de Flevance como director principal, no había podido verlo seguido. Drum le quedaba más cerca a casa y también tenía gente que conocía ahí, como la madre de Chopper por ejemplo. ¡Hongo también trabajaba ahí! A veces se toma su tiempo para almorzar con Luffy y hablarle de lo que estaba haciendo Shanks en donde quiera que esté. Eso le daba puntos a la clínica como uno de sus lugares favoritos para visitar. Y si bien ir a Flevance tenía sus aspectos positivos (que se resumen en poder ver a Marco), había más ventajas elegir Drum en su lugar.

Caminar por los pasillos de Flevance después de casi dos años desde su cirugía no fue completamente decisión suya. Ace le pidió que recogiera un encargo, ya que estaría algo ocupado con Deuce como para tomarse el tiempo en ir a hacerlo él mismo. Solo aceptó porque le había prometido que lo llevaría a comer a cambio, pero no iba a mentir. Tener una excusa para alejarse de casa para librarse del olor a cerdo cocinado que no podía comer siempre sería bienvenido. Estúpido Ace, como el hermano egoísta que era no le pensaba compartir ni un bocado de esa carne.

Ignorando sus razones principales, él no iba a negar que visitar a Marco tras no verlo en un tiempo también era motivación suficiente como para tomar el autobús hasta el centro de Goa. 

Esa era otra diferencia entre Drum y Flevance. Flevance era un hospital de alto prestigio ubicado en el centro de la ciudad, cerca de la zona comercial y los distritos de la clase alta (como Sabo escupiría con evidente resentimiento). Era imposible no encontrarlo, decía mucho que hasta Zoro supiese llegar a él. No quitaba que era, como mínimo, casi una hora en autobús de viaje. El omega odiaba tener que esperar tanto tiempo sentado, ¿saben? ¡Es muy aburrido! Casi se arrepiente de haber aceptado el trato con Ace por ello.

En especial ahora, debido a que se había perdido de camino a la oficina de Marco. Se había olvidado lo gigante que era el lugar, ¿cómo se les hacía tan fácil ubicarse? Eran muchos bloques y edificios, y cada uno constaba de más de dos pisos para explorar. ¡Qué molesto! ¿No podrían tener un mapa donde señale la oficina del director del hospital? Lo único que consiguió fueron las señalizaciones que indican para qué servía cada lugar, ¡pero nada sobre Marco!

A este punto, Luffy estaba frustrado. Estaba cansado de preguntar a las enfermeras que merodeaban por los pasillos de las instalaciones para pedir instrucciones, cada una más confusa que la anterior. ¿Por qué no podían ser más claras?

Al menos, la última enfermera a la que le preguntó fue un poco más explicativa al dar direcciones. Según le explicó, el director Marco estaba justo al lado del centro quirúrgico del hospital. Como a veces ha llegado a cumplir con funciones como médico cirujano desde que obtuvo la especialización hace unos años, fue una decisión por practicidad lo que lo hizo instalarse ahí. Debido a que Flevance siempre estaba abarrotado de pacientes, no era de sorprender que requieren mucho personal médico en todas las áreas, especialmente en el ala de emergencias, el pabellón y el quirófano mismo. Luffy tenía que admirar a Marco, tener tantas responsabilidades lo hubiese agobiado en poco tiempo, pero él lo hacía sonar tan fácil.

Dicho esto, encontrar el centro quirúrgico no fue tan difícil como había esperado una vez sabía a dónde ir con claridad. De hecho, se hubiese ahorrado todo su recorrido por el hospital si le hubiesen indicado que debía ir al centro quirúrgico en vez de mandarlo a ir de izquierda a derecha por diversos pasillos en primer lugar. Desde afuera, puede ver al personal médico caminando de un lugar a otro, algunos llevando camillas con ellos así como otros descansando fuera del quirófano. 

Algunos se detuvieron a mirarlo, probablemente atraídos por el butterblume de sus feromonas que se habían espesado un poco debido a su agitación. Sabe que su aroma no es sutil, en el peor de los casos se confundía con la miel (tan dulce y espesa que era muy molesto el poder quitarse la fragancia aceitosa de sus glándulas olfativas), y el no haberse puesto los parches de olor tampoco lo estaban ayudando. Pero, si era honesto, no podría importarle menos a este punto. Iba a conseguir el tonto encargo de Ace y se iría a buscar algo para comer. Se lo ha ganado por tener que lidiar con esto.

Una de las puertas cerca de él se abre, dejando entrar una voz molesta que parecía discutir con alguien por teléfono. Al principio, pensó en ignorarlo para seguir con su búsqueda, pero algo lo llamaba para voltear y averiguar de quién se trataba. No sabe por qué, pero siente un escalofrío recorrer todo su cuerpo. Su nariz le picaba por el nuevo aroma que se había filtrado en el pasillo donde estaba, calentándolo desde sus pulmones hasta llegar a los dedos de sus pies. Su curiosidad, esa cualidad que siempre lo ha caracterizado, le dice que algo interesante lo esperaba detrás suyo, ese algo que hizo que sus instintos se volvieran exigentes. Y le hace caso a esa parte más primitiva de él, atiende la necesidad extraña que burbujea en su pecho y sus ojos buscan esa voz profunda y cansada. 

Es ahí que ve a alguien en particular. 

Ve a un doctor lleno de tatuajes y cabello desordenado saliendo por las escaleras al lado del pasillo blanco. Su rostro tenía vello facial, no en abundancia, y parecía haber sido recortado con diligencia para darle un aspecto de pulcritud. También notó las visibles ojeras producto del agotamiento por debajo de ojos dorados (ojos que juraba haberlos visto antes, mirándolo solo a él en medio de una habitación oscura), lo que lo hacía atractivo a su manera. Sus dedos con uñas pintadas de negro sostenían una taza de café, y Luffy se quedó cautivado por las letras impresas en cada una de sus falanges. De no ser por la bata de médico que llevaba puesta, no hubiese imaginado que era uno.

A simple vista, era un hombre visiblemente guapo. El omega es consciente de la belleza de las personas que lo rodean, no se avergüenza en señalar que alguien se ve hermoso porque tampoco significaba mucho para él. Sin embargo, el olor era otra cosa. Café tostado, un tipo diferente a la bebida que él llevaba. Uno nostálgico y agradable de una manera indescriptible. Su cerebro se derritió por un momento, fue como un cortocircuito que detuvo su funcionamiento con solo haber respirado ese aroma.

Eso nunca le había pasado antes.

El médico no lo vio, no vio como Luffy detenía su andar y se quedaba paralizado, tampoco vio cómo su cerebro parecía procesar esas feromonas embriagadoras que estaba seguro de haber olido en algún momento antes. Este parecía estar más ocupado discutiendo con una de las enfermeras sobre términos médicos que al omega no podría importarle menos como para prestarle atención. Caminó hasta otra puerta, una sala del personal por lo que vio, sin siquiera notar su presencia o tan siquiera arrugar la nariz en su dirección. 

Para cuando sus piernas volvieron a responder, la figura del médico ya había desaparecido tras esa puerta y, con ello, también la extraña parálisis en la que lo había atrapado. Luffy parpadeó momentos después, confundido por el extraño intercambio unilateral. El aroma a café aún se sentía atascado en sus fosas nasales, como si de un vestigio de la presencia del hombre que acababa de conocer. Aún así, el omega juraba que esa esencia le era familiar. Solo que no descubre del todo el porqué. 

¿Cómo sería capaz de olvidar el exquisito aroma? Se le hacía boca agua, como si fuese un trozo de carne recién servido para degustar. Luffy frunce el ceño tratando de recordarlo, buscando en su memoria la figura de ese mismo médico, esos tatuajes tan singulares, pero sentía que le dolía la cabeza tratando de descubrirlo.

Su aturdimiento no duró mucho. Casi como una broma o como si hubiese sido cronometrado, escucha la voz de Marco detrás suyo, sacándolo de su trance. 

—Oh, Luffy, ahí estabas— el alfa saludó—. Ace me ha estado llamando porque no le respondías sus mensajes.

—¿Eh?— Luffy, tratando de recordar dónde estaba parado, miró a Marco por unos momentos antes de responder— Oh, creo que dejé silenciado mi teléfono. 

Probablemente no quiera ver su teléfono ahora, piensa. Si Ace llegó al extremo de llamar a Marco debía de estar bastante molesto. Prefiere lidiar con las consecuencias después.

—¿Estás bien?— pregunta ahora, notando algo raro en el omega— No te ves bien. ¿Quieres que te revise?

—No, estoy bien. ¿Podemos buscar el encargo de Ace? Me va a seguir molestando como no regrese a casa con el ácido fluridico. 

—Ácido fluorhídrico— le corrige con una sonrisa exasperada—. Sí, vamos a por las cajas. Tiene suerte de que pude conseguir del abastecimiento en el bloque de odontología. 

Luffy se encogió de hombros, siguiendo al hombre por los pasillos del hospital. 

Sin embargo, el aroma a café seguía estancado en sus pulmones, pidiéndole no ser olvidado. Y seguiría así tras horas de haber abandonado el hospital.

 

[2]

 

El entrenamiento físico durante su formación en el cuerpo de bomberos de Goa era tan habitual para Luffy como las simulaciones de rescate que preparaban cada cierto tiempo. No quitaba que podía ser agotador a veces, pero como su hermano Sabo le había dicho, valdría la pena cuando aprobase el programa. Estaba descansando en una de las bancas tras una carrera de resistencia. El instructor Jinbe le había felicitado por haber sido el primero en hacer todo el largo recorrido las cinco vueltas consecutivas, y el omega no pudo evitar sentirse orgulloso por su logro frente al resto de reclutas que seguían corriendo alrededor del circuito. 

Su buen humor, sin embargo, murió cuando escuchó la notificación en su teléfono. Era un sonido particular que había puesto para poder identificar a alguien en específico, por lo que no necesitaba revisar la pantalla para saber quién era. Aún así, se obligó a mirar para poder ver qué le había escrito.

Koby [ 8:45 am ]:

Hey Luffy, ¿cómo vas?

Suspiró.

Koby era un buen chico. Luffy lo conoció cuando era joven y lo consideró un amigo incluso después de graduarse de su escuela. Estuvo a su lado en las buenas y en las malas. Incluso se ofreció a acompañarlo en sus sesiones de terapia cuando su hermano Sabo estaba ocupado. Su abuelo, el jefe de policía en Goa, siempre tenía buenas cosas que decir sobre él desde que se alistó a las fuerzas policiales a los dieciocho años. Y era muy extraño en el omega más viejo tener cosas positivas que decir de alguien que no sea su propia familia. 

En resumen, era un prospecto de alfa ideal para cualquiera.

No para Luffy.

No le malentiendan. Entendía el atractivo, el porqué podía llegar a ser deseable. Luffy lo comprendía. Pero no se sentía atraído hacia Koby. Al menos, no de la misma manera que este lo estaba por él. 

Ni siquiera el olor a pólvora quemada le era atractivo. No le era desagradable, pero como muchos alfas que había conocido desde que salió del seno de su familia, le era indiferente. Era como un aroma más. No le calentaba el pecho ni sentía que enterraba raíces en sus pulmones, así como tampoco lo dejaba embelesado ni tampoco tenía esa atracción de la que sus hermanos tanto les gustaba hablar cuando preguntaba qué era enamorarse. 

Aún así, la realidad era una historia diferente. Los veían como una linda pareja, Koby tan servicial y Luffy que siempre lo había animado para ser mejor persona. Él le propuso que lo intentaran. Se le confesó y le pidió una oportunidad, un tiempo para demostrarle que era un buen partido y que podían ser una buena pareja. Luffy (sea porque estaba aburrido o porque no había pensado en las implicaciones a futuro) aceptó y ahí estaban ahora, intentando hacer que funcione. Es por eso que el omega podía entender el porqué pensaron que a él le gustaba el alfa de pelo rosa, pero eso distaba mucho de la realidad.

Se sentía un poco mal por haber aceptado. Realmente apreciaba a Koby, pero no cree que pueda hacerlo al nivel de las expectativas del alfa. Pero le dijo que sí, dejó que el chico pensara que existía esa oportunidad y permitió que siguiera soñando en que estaban en la misma página al respecto.

Y eso les llevó a su actualidad. 

Tú [ 8:57 am ]:

Estoy teniendo un descanso ahora mismo. Pero el instructor Jinbe me dijo que en un par de minutos íbamos a seguir.

Koby [9 :00 am ]:

Oh. ¡Disculpa por interrumpir entonces!

Suerte con el entrenamiento, siempre lo haces increíble pero no está de más decirlo.

¿Quizás quieras salir a comer después?

Encontré un restaurante que vende carne a la parrilla, ¡yo invito!

Tú [ 9:04 am ]:

¿Carne a la parrilla? ¡Claro! Te veo después entonces .

—¿Planeando una cita con tu novio?

Luffy pudo oler el aroma a sidra de manzana antes de escuchar a Ace hablar con curiosidad. Apagó su teléfono, ignorando que le había llegado otro último mensaje de Koby para dirigirse a su hermano y a su amigo, Yamato, que se encontraba siguiéndolo desde atrás. Podías ver cómo el alfa colgaba del cuello del omega como si siempre hubiese pertenecido ahí. Y Ace no parecía importarle en lo absoluto por cómo permitió el contacto en vez de empujarlo como lo haría con cualquier otra persona.

—¿No te ha dicho mamá que es de mala educación revisar el teléfono de tus hermanos sin preguntar?— Luffy preguntó. 

—¿Y no te dijo mamá que no deberías sacar tu teléfono en una zona donde cualquiera pueda ver lo que estás escribiendo?— Ace respondió con otra pregunta— Además, me preocupas, ¿sabes? Necesito asegurarme de que a mi hermano le esté yendo bien para no seguir los pasos de Sabo en el amor. 

—Ace, no es como si fueses mejor— el omega menor sonrió divertido, encontrando gracioso la mueca de indignación de su hermano.

—¿Pasa algo con Koby?— ahora fue Yamato quien parecía curioso, interrumpiendo la conversación de forma oportuna. Luffy contuvo una mueca cuando vio que el más alto apoyaba su barbilla en el hombro de su hermano. Con la naturalidad con la que lo hacía, daba a entender que era ya una práctica común entre ellos.

—Vamos a salir a comer después. No es nada.

—Aw, eso es lindo— el alfa comenta—. Y siempre viene a recogerte, me da un poco de envidia la relación entre ustedes dos.

Luffy y Ace se miran por un momento, pero no dicen nada. Las palabras entre los hermanos nunca fueron necesarias en este tipo de ocasiones.

Quizás, de las pocas personas que eran conscientes del poco o nulo entusiasmo por seguir con esa relación eran Ace y Sabo. Ace, como no podía ser menos, no tardó en reírse de Luffy por acabar en una situación tan incómoda. Sabo, por lo menos, intentó ser más amable y le dijo que al menos habían puesto un tiempo límite para que pudiera darle una respuesta, por lo que no sería algo permanente. No quitaba que fuese agotador, porque en ocasiones, a Luffy se le olvidaba que se suponía que estaban saliendo y no solo estaban siendo amigos pasando el rato a solas en diversos lugares. La falta de afecto del omega era tan dolorosamente evidente que le sorprendía que Koby aún quisiera seguir adelante pese a todo.

Eso era un poco masoquista, diría Ace para el descontento de Sabo ese día que hablaron de ello. Es solo el amor cegándolo, le diría el omega rubio a cambio. 

Amor.

Luffy se pregunta si amar te hace estúpido. Si te hace querer buscar el contacto ajeno tanto que duele.

Por un momento, la imagen de un doctor con tatuajes y aroma a café tostado apareció por su mente. Esas feromonas paralizantes, esa mirada de oro líquido que nunca fue dirigida a él pero que aún así lo hizo sentirse pequeño en su sombra. Pensó, con vergüenza, cuán tentador había sido el querer perseguirlo a él y su fragancia embriagadora, enterrarse en su cuello y...

—¿Hola? Luffy, ¡despierta!

Luffy sintió la ligera sacudida que Ace le propinó en el hombro, regresando en sí. No se había percatado que se había quedado mucho tiempo en silencio, algo poco típico de él. 

—¿Estás bien? ¿Crees que necesites ir a enfermería?— Yamato se mostró preocupado, algo que el omega más joven desestimó negando con la cabeza.

—Disculpa, estaba pensando, eso es todo.

—Eso es nuevo viniendo de ti— Ace sonrió—. Apuesto a que estabas pensando en alguien.

Si se sonrojó porque su hermano dio en el clavo, debió ser suficiente respuesta porque Ace parecía visiblemente sorprendido. Le tomó unos segundos recomponerse, como si la idea de Luffy y un "alguien" fuese una idea lejana, y exclamó. 

—¿Oh? ¡Le estoy contando a Sabo de esto! ¡Quiero saberlo todo!

—¡No es la gran cosa, estúpido Ace!— ¡No lo era! Solo era curiosidad, ¿cierto? ¡Solo vio a ese doctor con buen aroma y le pareció interesante! ¡Siempre ha sido así cuando quiere hacer amigos, nada más!

—Hey Ace, deja a tu hermano en paz— Yamato salió en su defensa al mismo tiempo—. No tienes por qué molestarlo.

—¡No lo estoy molestando!— el omega mayor casi se sintió ofendido por ser atacado, como si él no hubiese empezado a armar escándalo por una tontería.

—¿No? Está un poco fuera de lugar insinuar ese tipo de cosas cuando tiene novio, ¿sabes?

Ace rodó los ojos pero no dijo nada para defenderse.

Esto era muy vergonzoso. Que tu hermano mayor descubra qué estabas pensando en alguien. Y que se malinterprete como si lo viese de una forma que iba más allá de su simple interés por el hombre. ¿Cómo no lo haría? Era demasiado llamativo como para no notarlo. ¿Es raro pensar en él después de días sin haberlo visto de nuevo?

(Irónicamente, nunca lo hace cuando se trata de Koby, la persona a la que debería dedicarle sus pensamientos, ¿eh?)

—Bien, ¿pero si estabas pensando en alguien?

—Solo un tipo que vi cuando fui al hospital la semana pasada— respondió finalmente, esperando apaciguar el interés de Ace con eso—. Tenía tatuajes geniales y me llamó la atención, es todo.

Eso pareció ser suficiente por el momento, porque la curiosidad de Ace se atenuó en sus ojos.

—Ah... Un chico interesante, supongo.

—¡Tenía la palabra "muerte" escrita en sus dedos!— señaló, levantando sus manos para tratar de enfatizar dónde había visto los tatuajes— ¿No suena increíble?

—¿Quién se tatúa la palabra muerte en sus dedos?— Yamato parecía algo escéptico con la emoción del omega.

—No sé, pero no quita que se veía genial— no va a dejar de insistir en ello. ¿Un médico con tatuajes y con un olor atractivo? ¡Sonaba muy increíble si se lo preguntaban!

... Claro, decidió omitir la parte en la que su cerebro quería decirle que, de hecho, ese médico en particular le era conocido de alguna parte. Pero como no pensó que eso pudiera aportar a la conversación, no lo dijo. No es como si pudiera asegurarlo, ya había pasado ocasiones en las que Luffy confundía personas con otras solo por su apariencia. ¿No podría ser este el mismo caso?

De todas formas, no es como si pudiese averiguarlo, ¿cierto?

O tal vez sí...

—Tal vez pueda preguntarle a Marco si sabe su nombre— dice para sí mismo que para los otros dos presentes. Quizás si sabe su nombre podría recordarlo, ¿no?

—¿No sería eso un poco invasivo?— Yamato le cuestiona, a diferencia de su hermano que se veía indiferente a su razonamiento. 

—Es Luffy. ¿Qué es lo peor que podría pasar? 

 

[3]

 

Había muchas cosas que Luffy amaba hacer. Una de ellas era pasar tiempo con su manada. Cada uno de ellos conseguido en circunstancias peculiares, pero como siempre le habían dicho, no podrían esperar algo normal de él. 

Hoy estaban celebrando el regreso de Robin y Franky tras un viaje de negocios Alabasta. En realidad fue Robin, que trabajaba junto a su madre, y Franky la acompañaba como su pareja. Decidieron que sería en casa de Sanji tras discutirlo un poco, quedaba en un punto medio de los hogares de los demás y el alfa siempre tenía el lugar ordenado como para reunirse. Que fuese en casa de Sanji siempre emocionaba al omega porque eso implicaba que habría un gran festín a cambio. ¡Y así fue!

Amaba la comida de Sanji. Es la mejor, supera incluso la de su madre, y él tuvo el primer lugar durante casi toda su vida. Pero tenía sentido: el alfa rubio ha estado metido en la cocina desde que Zeff, su padre adoptivo, le permitió hacer algo más allá que limpiar la cocina de su restaurante. Ahora estaba estudiando gastronomía, sus platos han mejorado con el paso de los años y Luffy estaba muy feliz de verlo siendo feliz de lo que le gusta hacer. Su pasión y dedicación a la comida era algo incomparable. Por supuesto, hablaba como un comensal frecuente, pero no quitaba la veracidad de sus palabras. Sanji era el mejor cocinando y eso era absoluto. 

—¿Cómo puedes perderte en un juego de carreras? ¡No es tan difícil!

—¡La pista se mueve sola! ¡¿Cómo rayos puedes seguir el mapa?!

—¡¿Y cómo conseguiste retroceder en un juego donde solo te permite avanzar?!

También era divertido verlo discutir con Zoro. No importaba de qué se tratara, siempre encontrarán algo de lo que quejarse del otro. Como ahora, que parecían pelear por el primer puesto en un juego de carreras que Franky trajo del viaje. No entiende cómo golpear con la consola al otro logrará hacer que obtengan el primer lugar, pero es tan entretenido de ver que no se molesta en decir nada al respecto. De todas formas estaban jugando, el olor de las mimosas con sal marina y el aceite de trufa no parecían volverse agresivos pese a que ambos alfas habían llevado su competición a una pelea física.

Estar rodeado de tantos olores familiares siempre lo ponían de buen humor. Ya sabes, el poder tener un momento para acurrucarse en el nido improvisado que se dispuso a construir en el sofá de Sanji y tener tantos abrazos de cada miembro de su manada (estén dispuestos o no) como quisiera. Como omega, el contacto físico con su manada era tan gratificante como caricias en su cabeza, nunca se cansará de ello. 

También es genial estar rodeado de feromonas que no fuesen de otros omegas para variar. Pero eso es algo que no le dirá a su familia.

—No han cambiado en lo absoluto, ¿eh?— el olor del papel y petricor de Robin inundó sus fosas nasales— Me alegra saber que siguen llevándose tan bien como siempre.

—Me siguen generando dinero, no es que me queje— Nami sonrió cuando el marcador en la pantalla dio como ganador a Sanji, para disgusto de un Usopp derrotado—. Paga.

—¿Cómo haces para seguir ganando?— se quejó el beta mientras buscaba en sus bolsillos.

—Nunca dudes en mis habilidades para ganar dinero— la fragancia de mandarinas ahora olían más dulces, como cada vez que Nami sabe que va a conseguir una recompensa—. Ahora Usopp, paga.

—... Bruja.

—¡Te oí Zoro! ¡No me hagas aumentar tu deuda!

—¡¿Deuda de qué?!

Luffy solo veía felizmente el intercambio mientras seguía comiendo. Nami nunca ha dudado de reprender a otros alfas incluso si eran más fuertes que ella. En especial de Zoro. Pero ese era el tipo de trato que tenían entre ellos. Que, para ser justos, a veces el otro alfa se lo buscaba.

—A todo esto, ¿pensé que Koby vendría hoy?— Franky miró confundido el espacio vacío al lado de Luffy, donde usualmente verías a un alfa de pelo rosa acomodado junto al omega. 

—¿Otra vez dijo que no podía venir?— Chopper preguntó.

—A veces se siente como si no nos soportara, siempre parece encontrar una excusa para no venir— Usopp no lo expresó, pero el aroma sutil a mucílago decía lo mucho que le disgustaba para este punto hablar del alfa—. No sé porqué nos molestamos en invitarlo. 

Sintió que su teléfono vibraba después de un momento, lo que interrumpió su comida. Bastó con mirar el nombre del remitente para dejar olvidado su festín y poner atención al mensaje que había recibido.

Resulta que (tal vez) sí había terminado contactando con Marco. Y puede que, a lo mejor, se tomó la molestia de darle una descripción bastante detallada sobre su médico misterioso con la esperanza de que el alfa mayor lo ayudara. Quizás, solo quizás, le escribió durante la madrugada, después de estar un buen rato debatiéndose sobre si era buena idea hacerlo o no. Sabiendo los horarios bastante preocupantes del director de Flevance, supuso que tardaría un poco en responderle, pero aparentemente no fue así. De hecho, Marco tardó poco más de un par de mensajes para poder brindarle un nombre con una descripción tan peculiar. 

Marco [ 2:33 pm ]:

Sí, conozco a alguien que tiene tatuajes muy específicos como los que describes.

¿A qué se debe la pregunta?

Luffy [ 2:35 pm ]:

¡Solo curiosidad! Se veía muy genial cuando lo vi y pensé que podría intentar conocerlo un poco.

Si Marco estaba escéptico a su penosa respuesta, Luffy no estaba ahí para verlo. Pero podía imaginarlo suspirar con resignación antes de seguir escribiendo.

Marco [ 2:47 pm ]:

Si lo viste en el quirófano y se veía más como un tatuador que un médico, entonces viste a Trafalgar Law. 

Trafalgar. Era un nombre complicado, ¿eh? 

Notó que Robin había dejado de mirar al resto de la manada discutir, pero decidió ignorarla para poder responder.

Luffy [ 2:48 pm ]:

¡Gracias Marco! ¡Eres el mejor!

Marco [ 2:50 pm ]:

Solo, por el amor a dios, no hagas nada raro. Tengo suficiente lidiando con Ace como para tener más problemas.

Luffy [ 2:51 pm ]:

¡No prometo nada!

—¿Ocurrió algo Luffy?— la alfa mayor decide preguntarle al ver que estaba siendo demasiado discreto para lo que solía ser al respecto.

—¡No, nada! Solo es algo tonto que Marco me estaba ayudando a resolver— eso dijo él, pero no tardó en formular su respuesta para abrir la aplicación de búsqueda y pegar el nombre del médico para ver si conseguía algo.

No es como si fuese la primera vez que Luffy ignoraba lo que hiciera su manada para enfocarse en sus propios asuntos, sin importar si ellos estaban delante suyo. La mayoría de veces se encogen de hombros porque era algo que Luffy hace, y siguen adelante. Esta vez no fue diferente, solo con la pequeña diferencia de haber captado el interés de Robin, pero ella tampoco lo detuvo con lo que estaba haciendo. 

No es como si estuviera haciendo nada malo de todas formas, ¿cierto? Era solo curiosidad, nada más.

... Pero tampoco es como si el médico le hiciera el trabajo más fácil.

Resulta que una búsqueda rápida sobre Trafalgar Law por Internet dio resultados inútiles.

Para empezar, el tipo parecía carecer de redes sociales. No había cuentas, ni posts donde lo mencionan, ni haciendo búsqueda por nombre salía alguna referencia del médico. Más allá de la página del hospital de Flevance que lo acredita como médico cirujano, parecía que su vida de ocio era una incógnita. Si servía de algo, había un par de artículos de periódico que hablaban de algunos de sus casos, en específico, uno que realizó a un paciente de pecho abierto. ¿Entendió algo de lo que decía? En lo absoluto, muchas palabras complicadas. Sí, le salvó la vida a alguien metiendo su mano entre sus costillas, ¿y nada más? No es nada que no haya visto antes. 

¡Y no quería solo saber de la vida profesional del doctor Trafalgar! ¡Quería ver algo más allá de eso! ¡Y no había nada!

¡Incluso intentó la búsqueda inversa por imagen usando la que tenía en la página de Flevance y los artículos periodísticos! ¡Nada! Casi como si quisiera mantenerse en el anonimato.

Luffy suspiró dramáticamente mientras se recostaba en su nido.

¿Cómo hacían sus hermanos para que encontrar información de los demás fuese tan fácil? ¿Quizás deba recurrir a su padre? Está muy seguro que Ace lo hizo una vez para conseguir información de Yamato hace unas semanas. ¿O debería preguntarle a su madre primero? Era más probable encontrarlo a él antes que a su padre. Y si su madre estaba de acuerdo (cosa que haría) su padre accedería de inmediato. 

Pero, si era honesto, pensar en pedirle ayuda a sus padres para algo tan estúpido como saber mas de un médico que apenas y conoció una vez en su vida no lo entusiasmaba mucho que digamos...

—Pareces preocupado.

La voz de Robin lo regresó a la realidad de nuevo. Eh, había estado tan concentrado en su búsqueda que olvidó que ella estaba curiosa por su comportamiento. 

De hecho, eso le permitió mirar su pantalla sin ningún tipo de vergüenza por invadir su espacio personal. Algo que no le importaba en la mayoría de los casos en realidad. Robin incluso sabía su contraseña por las veces que se lo había dado cuando sus manos estaban ocupadas para responder a Ace o Sabo. Es ahora que se arrepentía de la confianza que le había dado, sintiendo su cara enrojecer al ver que ella estaba observando el rostro del doctor Trafalgar en su teléfono. 

—¿Un médico? ¿Es alguien que conoces?

—Uh... ¿tal vez?- y técnicamente no estaba mintiendo— Lo vi en Flevance cuando fui por un recado de Ace.

—¿Ace? Oh— la mujer no tardó en entender lo que quiso decir. Claro que lo haría, teniendo a su madre como su jefe y, por consiguiente, tener a su padre cerca pese a que no trabajaban juntos.

Quizás, ella podía agruparse como esos otros pocos que sabían sobre sus costumbres familiares. Aunque para este punto, Luffy consideraba a Robin como parte de la familia, una abiertamente interesada en aprender de ellos por lo peculiar de su linaje.

—¿Y dices que conociste al... doctor Trafalgar mientras estabas en el hospital?— Luffy asintió— Tienes un buen ojo Luffy, tiene bonitos tatuajes. 

—¿Verdad?— el omega se iluminó cuando su amiga le dio la razón— Pero no pude hablarle, o tan siquiera saludar. Estaba ocupado y para cuando me di cuenta, se había ido.

Por un momento, el recordarlo lo frustró aún más de lo que ya lo estaba minutos atrás. Quiere gritarle a su yo de hace semanas por haberse quedado paralizado como un idiota y no haberse acercado al doctor Trafalgar. ¡No estaría haciendo tanto esfuerzo por encontrar información de él si hubiese satisfecho su curiosidad en ese entonces! Pero no, su estúpido cuerpo decidió dejar de moverse y su nariz solo se le ocurrió aspirar ese aroma a café tostado hasta que se imprimió en su cerebro y se negaba a dejarlo ir.

Esa sensación de familiaridad, sus instintos que le decían que el doctor Trafalgar era más que solo un tipo al azar que encontró en el quirófano de Flevance, lo estaban matando. Y odiaba sentirse así.

Por un momento, miró a su alrededor. Ahora había una especie de concurso de bebida donde Nami estaba venciendo a Zoro con una diferencia bastante vergonzosa, con Franky, Sanji y Usopp animando a la ganadora mientras Chopper parecía circular alrededor de ellos con preocupación para que no se pasasen con el alcohol. Debieron suponer que tanto él como la alfa mayor estaban sumidos en una conversación privada, por lo que los dejaron en el nido para no incomodarlos. Robin se mantuvo paciente, esperando a que Luffy pudiera resolver lo que tenía revuelto en su cabeza antes de continuar con su conversación. Le agradece su amabilidad, sabiendo que ella podía entenderlo y ayudarlo cuando lo necesitaba. 

—... No lo entiendo Robin— decide confesarle a la alfa con un suspiro derrotado—. Esto nunca me había pasado, ¿bien? Es molesto. Quiero saber más de él, ¡pero no hay nada! ¿Por qué es tan difícil?

La mujer dejó que se desquitara a gusto, escuchando atentamente cada palabra suya con atención. Tarareó, como si entendiera lo que Luffy estaba tratando de decirle, comprendiendo que el problema del omega era algo nuevo para él y no sabía cómo solucionarlo.

Entonces, Robin tenía esa mirada que le decía que ella había descubierto algo. Brillaron con oscura diversión antes de sonreírle con dulzura y acariciar su cabeza como sabe que a Luffy le gustaba para hacerlo sentirse mejor.

—Creo que el problema es que estás tratando de resolver el problema desde afuera en vez de intentar ir a la raíz del asunto— dice, el petricor disminuye para que el olor a hojas de un libro recién abierto se volviese más intenso y relajante—. El Internet no siempre tendrá todas las respuestas que buscas, Luffy. Hay personas que prefieren solo mostrar la parte que necesita que el resto conozcan de él. Como tu madre por ejemplo.

—¿Mamá?

—Crocodile, de forma oficial, trabaja en un casino en Alabasta, ¿cierto?— Luffy asiente— Pero de forma extraoficial sabemos que eso no es todo lo que hace, ¿verdad?— Luffy asiente de nuevo, empezando a entender lo que quería decir Robin— Quizás no sea lo mismo con el doctor Trafalgar, al menos al nivel profesional. Pero siento que es la mejor comparación que tengo. De cara al público solo desea que su vida laboral sea vista y, por el contrario, prefiere mantener su privacidad fuera de línea. Si es así, no vas a obtener lo que buscas sobre él solo haciendo una búsqueda por Internet. 

—Oh... supongo que tiene sentido— en realidad, ¿por qué no lo había pensado? Se siente un poco tonto por no contemplarlo—. Entonces, significa que si quiero saber más del doctor Tralf... Torao, ¿tendría que acercarme más a él?

—¿Te refieres al doctor Trafalgar?

—Sí, eso dije.

Robin no lo contradijo, más bien, rió con cariño mientras sus dedos seguían raspando con ternura su cuero cabelludo, dejándolo adormilado.

—Entonces sí, si quieres conocer al doctor Torao real, tienes que ir a por él. Conociéndote, seguramente será como una gran aventura.

Luffy sonrió. Ahora las cosas se veían mucho más fáciles que antes gracias a su amiga. El butterblume de su aroma se endulzó, oliendo a miel mientras su cuerpo vibraba con un ronroneo que no pudo evitar controlar.

—Gracias Robin, ya sé que hacer ahora...

Escucha a Robin murmurar algo, pero no lo entiende bien. Estaba tan cómodo en su regazo, protegido en el nido lleno de las feromonas de su manada y satisfecho tras haber encontrado una respuesta a sus problemas que su cuerpo se sentía agotado.

Aparentemente su pequeña reunión de bienvenida se volvió una pijamada. Ama mucho a su manada, ¿lo sabían?

 

[4]

 

Entonces, si conocer al doctor Trafalgar implicaba ir directo a la raíz del problema, ¿qué mejor forma de iniciar desde el sitio donde comenzó todo?

¿Se había tomado el día libre solo para tomar un autobús hasta el hospital de Flevance? Sí, ¿y?

Es por lógica: si logró encontrar al doctor Trafalgar ese día que fue a buscar a Marco, ¿no significaba que si iba durante esos días de la semana debería poder encontrarlo? Claro, cabía la posibilidad de que sus horarios roten por semana (Marco una vez le dijo que muchas veces contratan personal con días libres rotativos), pero por algo tenía que empezar. Con suerte, su cirujano misterioso no sería de esos. Y si lo era, sólo tendría que volver a intentarlo. Nada serio. Aún podía mantenerse positivo.

Ahora bien, el problema es que Marco le pidió de forma muy explícita que no se atraviese a meterse en problemas que pudieran involucrar la credibilidad de su hospital. No sabe con exactitud qué podría considerar problemático, pero teniendo en cuenta que siempre señala cada una de las manías de Ace (costumbres familiares, se defendería el omega) como tal, supone que esto sería una de ellas. Así que, en pos de mantenerse en el lado bueno del director de Flevance, prefirió no ingresar al hospital sino solo rodear todo el establecimiento hasta llegar al edificio que daba al quirófano. Y no fue muy difícil si este estaba cerca al ala de emergencias, lo que también le permitió escabullirse sin ser señalado como un intruso por el constante ingreso de pacientes y familiares. Fácil, ¿cierto?

El área del quirófano constaba de varios pisos. Según recuerda, vio al doctor Trafalgar bajar por las escaleras junto al pasillo designado al pase del personal del hospital. Eso significa que su oficina debía estar pisos arriba, ¿cierto? Eran muchas ventanas, para su desgracia. Tendría que contar con la suerte de que, al menos, una de las que están abiertas sea el consultorio de su médico. 

De no ser así, ¿esperaría? ¡Odia esperar! No es precisamente la persona más paciente del mundo, ¿saben?

Aunque, por mucho que en cualquier otro contexto le hubiese irritado hacerlo, por alguna razón tampoco le pareció mala idea. De igual forma iba a tener que hacerlo hasta que el cirujano terminara su jornada para poder seguirlo si se paraba a pensarlo. Pero, ya saben, poder ver el rostro del doctor que le hizo estar escondido detrás de la arboleda que rodeaba el hospital en primer lugar sería un gran incentivo para no sentir que estaba perdiendo el tiempo. No es mucho pedir, ¿cierto? Sus hermanos le darían la razón, toda su familia de hecho.

Para su desgracia, no encontró al doctor Trafalgar por ninguna de las ventanas. Se enojó, era obvio que lo haría, infló las mejillas con molestia mientras maldecía por su mala suerte. 

Incluso contempló por un momento ingresar al edificio. Era muy tentador intentarlo y buscar la oficina del doctor Trafalgar por medio de las placas en las puertas. Pero las palabras de Marco le hicieron recordar que no era muy buena idea intentar poner un pie adentro a menos que quisiera enojarlo. Y si bien en muchos (todos) los casos no podría importarle menos, estaba la posibilidad de que lo llegase a vetar temporalmente del hospital como reprimenda (algo que, de hecho, sí ocurrió una vez cuando era más joven. Ese día se escabulló por la sala de radiografía cuando nadie lo había visto y rompió un equipo de rayos X bastante costoso). Y no, ¡se niega a perder la oportunidad de estar cerca del doctor Trafalgar por mucho tiempo! ¡La última vez tardó meses en perdonarlo!

Entonces, para su mala suerte, sí. Le tocó esperar.

Desde su pequeño escondite detrás de la arboleda, se posicionó delante de la entrada del quirófano. Sus ojos vieron entrar y salir a un montón de manchas blancas de diferentes estaturas, olores y contexturas. Solo personajes irrelevantes, un conjunto de figuras que no captaba su atención. Ningún hombre alto (más alto que él, un poco más robusto y piernas alargadas que le daban un aire de elegancia), con tatuajes (espirales que se podían ver gracias a que la iluminación de aquel pasillo hacia que su camiseta amarilla no pudiera ocultar la tinta negra que lo llamaba a tocar esa piel dibujaba con patrones y letras impresas en esos dedos de aspecto suave) y cabello desordenado (oscuro, con un brillo que mostraba lo bien cuidado que estaba pese a no estar peinado, casi dándole ganas de enterrar sus dedos y pasarlos entre esos mechones con reverencia). El doctor Trafalgar decidió no aparecer ni asomarse por la entrada. Y Luffy estaba enojado por ello. ¿Qué tan difícil era mostrar su cara aunque sea un poco? Al menos así podría saber si todo su esfuerzo había sido en vano o no.

¡Incluso tuvo que ponerse parches de olor para mantenerse oculto! ¡Odia usarlos! Son incómodos y restrictivos, no le gusta el contacto contra sus glándulas y se siente como una maldita correa en el cuello.

Estúpido doctor, ¿por qué no podía al menos darle un pequeño respiro? 

Claro, nada lo detenía de rendirse y abandonar su estrategia, pero Luffy había nacido igual de terco que su abuelo y fue criado de pies a cabeza a la semejanza de su caótica familia como para dar marcha atrás ahora. ¿Podía ser orgullo? Sí, ¿y qué? Ya había llegado hasta ahí y se rehusaba a hacer que su viaje y tiempo se volvieran en vano. 

No todo era tan malo. Hacía un muy buen clima, piensa. Soleado pero no demasiado fuerte como para ser agotador. La sombra de los árboles de la arboleda le brindaba cierta frescura sobre el ligero calor que los rayos solares dejaban caer por el asfalto. Bien podría haber sido de esos días que le hubiese gustado caminar hasta la zona boscosa a las afueras de Goa y explorar como siempre hacía. Casi lo hizo pensar en que estar ahí era un desperdicio si no fuese porque tenía las metas demasiado claras. 

El doctor Trafalgar debía ser un hombre ocupado, ¿cierto? De esos que se ocultaban en su oficina y se dedicaban a rellenar papeles aburridos aparte de salvar vidas (eso hace un cirujano, ¿cierto?). Tenía toda la pinta, esas ojeras prominentes le hacían pensar en que necesitaba dormir mucho más que las siestas esporádicas de Zoro. ¿Dormirá siquiera? ¿Esa será la razón por la que el aroma a café era tan prominente? No es que se queje del café tostado de su fragancia. Luffy cree que es lo que más le gustaría volver a oler, incluso más que un pedazo de carne recién hecha. Esa incomodidad de haberlo sentido antes también es un incentivo suficiente como para mantenerse quieto y enfocado en su objetivo.

El tiempo pasaba y las sombras se fueron moviendo conforme el sol iba cruzando el cielo.

Para su desgracia, las cosas ese día no estaban saliendo como le hubiese gustado. En especial porque no tenía contemplado que nadie empezara a llenar de mensajes su teléfono esa tarde.

¡Qué molestos! ¿No podían dejarlo en paz aunque sea una vez en su vida? Mandó a silenciar sus mensajes y notificaciones, ya cansado por tener que lidiar con tanto estrés. ¿Cómo mantenerse escondido se estaba volviendo más estresante que cualquier entrenamiento físico al que se haya sometido? Dios sabrá cómo. Él no lo sabía, solo lo estaba sintiendo y le ponía de los nervios.

No se percató al principio, pero habían pasado horas sin darse cuenta.

Lo notó al poner su teléfono en silencio. Había llegado a la una de la tarde y su teléfono marcó las seis cuando lo volvió a mirar para comprobar la hora. El tiempo seguía avanzando pese a que Luffy lo encontraba terriblemente lento. Sus piernas pedían circulación de tanto estar flexionadas, también otra advertencia del flujo de las horas que había dejado pasar pero que, en un momento de concentración, no lo sintió. El omega empezaba a preguntarse si se estaba volviendo loco, habiendo perdido la percepción de la realidad solo por enfocar sus ojos hacia el edificio. Sea como fuese, se encogió de hombros y prefirió aceptarlo, como casi cualquier cosa que llegaba a su vida y no le encontraba un porqué. Si con eso ayudaba a que las horas avanzaran, que así sea.

El sol cayó en el horizonte. El cielo se oscureció y las luces artificiales opacaban las estrellas.

Marcaron las diez y media cuando vio una figura salir por la puerta del área del quirófano junto a ese aroma que había estado persiguiendo. Sus zapatos claramente costosos hacían ruido con el tacón cuando pisaba las baldosas, lo que ayudó a Luffy a salir de su estupor producto del aburrimiento. El doctor Trafalgar lucía tal y como su memoria recordaba: alto, cansado y con el olor a café que esperarías de un hombre que vive de la cafeína para poder permanecer en pie. Aún usaba esa bata blanca de hospital pero, también, había un sombrero esponjoso que pretendía mantener en orden su cabello sin éxito. Era, por alguna razón, adorable.

Por un momento, la realidad de haber encontrado a su objetivo lo abrumó. El cirujano, que era tan inconsciente de su presencia como la primera vez, caminaba hacia la salida sin inmutarse por la pequeña crisis que el omega estaba sintiendo.

Lo tenía ahí cerca, justo al lado de él.

¿Ahora qué?

No lo había pensado demasiado. Pensó que, lógicamente, solo tenía que aparecer y saludarlo. ¿Cierto? Sería como un encuentro casual, ignorando que estuvo esperando desde su escondite para conseguir el momento idóneo. Algo que siempre hacía y que se le daba muy bien. 

Esa era su idea general: aprovechar que había terminado su trabajo para sorprenderlo. No molestaría el espacio laboral de Marco, conseguiría hablar con el médico que ha estado hostigando su mente y sería su amigo como siempre solía pasar con mucha insistencia si se lo proponía. Porque eso quería, ser amigo del doctor Trafalgar, por algo se había tomado las molestias de llegar hasta ahí.

Pero su cuerpo no parecía estar en sintonía con su mente.

Sus piernas se quedaron paralizadas. Todo su cuerpo lo hizo, justo como en su primer encuentro. Su cuello se tensó, solo consiguiendo poder moverlo lo suficiente como para poder ver al doctor Trafalgar caminar y alejarse de nuevo. El sonido de pasos pasó a un segundo plano y los latidos de su corazón se volvieron frenéticos, como tambores que buscaban salir del pequeño espacio entre sus costillas y vibrar con fuerza. La mezcla de sensaciones y emociones encontradas (feliz por verlo, una nostalgia que no entiende porqué existe, una desesperación por el paso del tiempo que se volvió difuso para este punto) inundaron su cabeza y le provocó malestar y náuseas. Solo justo antes de que su figura se volviese un punto a la distancia, cuando el olor ya no estaba tan cerca, todo se detuvo. Pudo recuperar el control. 

Volvió a pasar.

Así como ese primer encuentro, no pudo moverse. No pudo hablar, no pudo hacer nada más que mirarlo desde la distancia. Era como si su subconsciente le dijera que aún no era el momento. Aún no estaba listo para encararlo por más que quisiera, había algo que aún no estaba comprendiendo. Algo que lo volvía cohibido, intimidado por las feromonas del hombre tanto como cautivado. Un calor que lo quemaba desde dentro hacia afuera, enterrados en su pecho como si fueran caricias fantasmales. Extraño pero familiar, y no entendía su razón de ser.

No perdió tiempo pensando el porqué. Movió los pies y siguió desde la distancia a la figura del médico. Al contrario de como habría hecho en cualquier circunstancia normal, ocultó su presencia en las sombras, a una distancia donde el cirujano no pudiera percibirlo. 

De una figura se sumaron dos, luego cuatro y finalmente la multitud se hizo presente como una noche casual en el centro de Goa. Solo que esta noche no era normal en lo absoluto. No para Luffy. No cuando estaba persiguiendo un aroma como una polilla a una llama de una vela en movimiento. Su cuerpo permaneció lejos de la luz de los faroles y lo siguió, acechando, al hombre que iba caminando hacia un sendero menos concurrido. De calles y avenidas aglomeradas pasó a una acera sin gente y solo las luces amarillentas guiando su camino de regreso.

Su corazón nunca dejó de golpear. Se hizo hiperconsciente de que sus latidos se habían vuelto tan locos como él. No sabía cómo describirlo correctamente, pero si pudiera poner lo que estaba sintiendo en una palabra, sería emocionado.

Se sentía como un niño otra vez. En medio del bosque junto a sus hermanos buscando cualquier animal para cazar. Solo que esta vez estaba solo. Esta vez no había un animal salvaje al que perseguir, sino a una persona. Más cercano a un ser domesticado que a una bestia salvaje, sin saber que Luffy le pisaba los talones, persiguiendo su olor como un experto. Ocultó los sonidos de sus pasos como su abuelo le había enseñado cuando los llevaba a cazar, aprovechó la oscuridad de la noche para fusionarse con ella. Sus ojos nunca abandonaron su objetivo, el premio del que hace tantos días había reclamado como suyo. El doctor Trafalgar había abierto una nueva puerta de él mismo que no pensó conocer, pero ahí estaba, disfrutándolo tanto que no se le pasó por la cabeza lo extraña que era toda la situación. 

Y cuando lo vio ingresar a un edificio, el límite empezó a desdibujarse. Luffy se dio cuenta de que esto no se suponía que debía estar haciendo. Se detuvo antes de intentar cruzar el umbral. Esa emoción pasajera desapareció por completo y dio paso a la confusión y la incertidumbre. Y de eso, a la vergüenza. 

Actuando como un perro, cautivado por las feromonas como un maldito adolescente. Algo que lo distancia de su yo que había construido. Tan pesado como una correa en su cuello, se volvía tonto y necesitado. Todo por culpa de un estúpido doctor y su estúpida fragancia. Ni siquiera podía acercarse sin sentir que iba a estallar y su rostro empezar a enrojecer y acalorarse.

—¿Qué diablos me está pasando?

Eran las diez y quince de la noche. El autobús hacia su casa ya no saldría hasta mucho más tarde. Había llamadas perdidas y mensajes de una persona en particular esperándolo en su pantalla. 

Y, pese a ello, Luffy solo podía revolcarse en su propia vergüenza. Por supuesto, las cosas se volvieron extrañas. Las decisiones que tomó hasta llegar aquí, en la dirección de un completo extraño (uno que no quería que lo fuese), se sentía cada vez más enrevesada que la anterior. Casi como excusas para convencerse a sí mismo en vez de afirmaciones válidas. Tan fácil que pudo haber sido haber dado marcha atrás, dejar al doctor Trafalgar en paz y regresar a casa para reflexionar lo que estaba haciendo. Pero no lo hizo. Siguió, insistió, hizo lo que siempre ha hecho pero ahora estaba notando que la situación era extremadamente diferente a ocasiones anteriores. Su mente estaba decidida a mantenerse cerca del médico, pero su cuerpo también quería mantener una distancia física entre ambos. Tan contradictorio que se volvió molesto.

Pero tan molesto que seguía pegado como un parásito en sus pensamientos. Se volvió un problema del que ya no se veía capaz de dar marcha atrás, no con lo lejos que había llegado. Ese algo dentro suyo le decía que no podía detenerse.

Guardó la dirección en su teléfono, ignorando los mensajes de Koby que se habían acumulado en la bandeja de entrada. 

 

[5]

 

El doctor Trafalgar salía a las seis y media de la mañana del edificio donde vivía. Iba a tomar café expreso en una cafetería popular cerca del centro comercial de Goa a las siete y se quedaba ahí por veinte minutos exactos hasta que tuviese que irse a trabajar. Trabajaba prácticamente todo el día, como un hombre adicto a su profesión, y salía de ahí a las diez en punto al finalizar la jornada. Tenía descansos los fines de semana y solía dejar el edificio del quirófano para ir a la cafetería del hospital entre las dos y dos y media de la tarde. 

Luffy aprendió su rutina en poco más de un par de semanas. Se quedó una noche, entre la noche de un domingo y el lunes por la mañana, cerca de su edificio solo para poder calcular cuándo solía despertar. Calculó que vivía en un cuarto piso, el único cuyas ventanas de uno de los apartamentos se iluminaban por la noche minutos después de que el doctor Trafalgar subiera por el ascensor. Eso es algo que también aprendió del hombre: era una persona muy apegada a la rutina. Tenía una agenda que seguir y rara vez salía de ésta, por lo que fue fácil perseguirlo o solo saber dónde podría estar a determinada hora.

Luffy se apegó a esa rutina. Se adaptó a ella como un religioso y siguió de cerca los pasos de Trafalgar cuando el tiempo se lo permitía. ¿Y si no hubiera tiempo? Se lo creaba. Hasta las salidas con su manada se redujeron drásticamente con la excusa de que debía estudiar para las pruebas escritas. No es como si les fuese a decir lo que en realidad estaba haciendo. No lo entenderían.

Para Luffy, esto era una inversión. Tener el tiempo para admirar la figura del doctor Trafalgar le hacía algo en su pecho que, pese a que no lo entendía del todo, le gustaba. Le bastaba verlo desde la distancia, la fragancia de sus feromonas que su nariz reconocía entre un océano de olores insípidos se sentía como si sus pulmones por fin tuviesen aire para poder respirar.

Quizás, se volvió dependiente .

Pensar estar atado a algo debería hacerlo sentirse enfermo. Él, quien siempre despreció la sumisión ante cualquier otro, no se sentía incómodo ni inferior a este. Por muy contradictorio que pudiera sonar, cuando su cuerpo se congelaba por tener al médico cerca, se sentía liberado. Siente que el mundo se vuelve insignificante alrededor de Trafalgar Law y es como si estuviese flotando en una nube. Le gusta la sensación. La anhela. Quiere saber qué se sentirá estar tan cerca de la fuente. Tocar esa piel manchada de tinta, deslizar sus dedos hacia esa glándula en la parte posterior de su cuello y presionar la zona hinchada para poder ver su reacción.

Quiere ese aroma en su nido. Ahogarse en él y tener buenos sueños. ¿Es eso mucho pedir?

Esta noche el doctor Trafalgar dejó las persianas abiertas. Luffy podía verlo moverse desde donde se encontraba, apoyado en el poste de luz al frente del edificio. No era una vista perfecta, a lo mucho notaba un borrón que aparecía y desaparecía en el poco espacio que la ventana podría mostrarle. Aún así, no era tan exigente, al menos no por ahora. Tomaría todo lo que le diesen por el momento. 

No va a admitir la cantidad de fotografías que ha guardado del cirujano en su galería de fotos. Aunque dirá que sus favoritas siempre serán esas borrosas debido al zoom de la cámara hacia su apartamento. Son las que capturan una visión más humana y realista del doctor Trafalgar, ¿cómo no iba a amarlas? Podría iniciar una colección con ellas.

¿Cómo será tener una imagen de él más de cerca? Su cuerpo se estremece por la mera idea. Sería genial poder mapear y aprender todos los tatuajes geniales que tenía en su cuerpo. No estaría mal capturar un par de fotografías si ocurriera esa ocasión especial.

Las luces del apartamento se apagaron a las once de la noche. Luffy suspiró, aparentemente el tiempo se le había agotado de nuevo. Regresar a casa podía demorar horas. A veces se quedaba dormido dentro del autobús hasta que lo despertasen para bajar. Por suerte, vivir en la zona más alejada de Goa hace que sea la última parada disponible, por lo que al menos no tenía que preocuparse por perderse en el regreso.

Tenía suerte de que sus hermanos lo respalden en sus decisiones impulsivas en los últimos días. Regresar y encontrar a Sabo junto a su cena en la cocina siempre sería bienvenido. No es que pudieran confiar en Ace usando el horno, no con la facilidad que tenía en quemar las cosas por accidente. O no tanto, teniendo en cuenta su fascinación por el fuego, el omega rubio ha tenido que detenerlo desde jóvenes cuando a Ace se le daba por provocar pequeños incendios cuando salían a acampar con el abuelo. Bien podría ser intencional, nunca se sabía con él.

Aunque verlo sentado en uno de los sofás con un teléfono que claramente no era suyo sin duda fue un acto intencional. Solo Ace tratando de presumir su nueva captura. 

—¿A quién le robaste esta vez?— fue lo primero que preguntó al llegar a casa. Sabo hizo una mueca, viéndose bastante resignado al comportamiento de su hermano mayor, Ace se encogió de hombros mientras uno de sus dedos jugaba con el accesorio que colgaba de la carcasa.

No es como si fuese la primera vez que Ace hiciera algo así. Al menos, suele comportarse a menos que lo viese necesario. 

—Yamato. Lo dejó tirado en el camión y no se dio cuenta.

Cuando se trata de sus parejas potenciales, suele considerarlo necesario. No tardó mucho en darse cuenta del tono soñador que usaba cuando pronunciaba el nombre de su amigo alfa.

—¿Los camiones de bomberos no cuentan con cámaras de seguridad frente al espejo del conductor?— Sabo parecía sufrir de dolor de cabeza solo por imaginarlo. La flor de lis en sus feromonas se había marchitado un poco por la irritación. 

—Si la cámara no apunta al asiento entonces nadie podrá culparme de nada. Lo tengo cubierto— el omega mayor trata de tranquilizarlo (buen intento teniendo en cuenta a quien se estaba dirigiendo)—. Tuve cuidado de coger el teléfono sin que me grabaran de forma sospechosa, lo prometo.

Era obvio que Sabo no le creía, pero tampoco es que pudiese hacer nada ya. Estaba a dos pasos de ahorcar a su hermano y pedirle ayuda para poder deshacerse del cuerpo. Luffy está seguro que ya se lo ha planteado en más de una ocasión durante el tiempo en el que estuvo ocupado con su nuevo pasatiempo nocturno. También está seguro que si Ace no fuese tan descuidado no le importaría tanto como ahora.

—¿A Ace le interesa Yamao ahora?— Luffy se acercó al omega mayor, lo suficiente como para ver que este parecía muy interesado en una conversación privada con el padre del alfa— Pensé que habías dicho que habías acabado con el romance desde Deuce.

—Yamato es diferente— afirma Ace—. Me ama, solo es algo tímido, ¿sabes? ¿No has visto lo bien que nos vemos juntos?

—En realidad no me importa.

—Tampoco es que te importe la opinión de Luffy al respecto— Sabo concuerda con él.

El omega sonríe, dándole una última mirada al teléfono antes de apagarlo y dejarlo a un lado. Lo que fuese a hacer con la información personal del alfa sería algo en lo que Luffy no querría meterse si es honesto. Deuce decía que podía ser intenso a veces, y quizás era lo único en lo que estaría de acuerdo con él. Lo sabe por experiencia, el cómo el omega pecoso toma del amor de otros para llenarse y sentirse satisfecho, requiriendo que se lo digas para que pudiera creerlo. Pero era lo que hacía a Ace tan Ace, lo ama pese a lo excéntrico que era y su necesidad de buscar ser amado. 

Supone que es por eso que pudo acoplarse a la familia sin problemas, esa intensidad era el pan de cada día entre ellos.

—Oh cierto— el omega rubio se dirigió a Luffy después de un momento de silencio—. Koby vino hoy a verte.

—¿Koby?— Ace tarareó en reconocimiento. 

—Sigue creyendo que tus horarios son los mismos así que pensó en darte una sorpresa o algo así. ¿No le comentaste que los habías cambiado?

Eh...

Luffy miró hacia otro lado, tratando de no hacer contacto visual con ninguno de sus hermanos para no decir lo obvio. Tampoco había que ser un genio para saber que se había olvidado. Así como muy probablemente se había olvidado en responderle los últimos mensajes. En su defensa, no se sentía de ánimos como para escribirle. ¿Desde cuándo hacer lo mínimo para comunicarse con su novio se volvió indeseable? No está seguro. Pero de lo que sí puede asegurar es que se sentía una obligación en toda regla. Y cómo odia Luffy sentirse obligado a hacer algo.

—Se lo diré luego...— o tal vez no. De alguna forma encontrará tiempo para ir a recogerlo como siempre. Y él no quería eso.

Ace pareció notar su malestar, porque aprovechó su cercanía para liberar feromonas calmantes en un intento de consuelo.

—Podrías simplemente decirle que no quieres pasar tiempo con él. O... bueno, terminarlo ya.

—Sabes que no suelo estar de acuerdo con Ace en muchas cosas— se escuchó un "ey" de parte del otro omega antes de que Sabo pudiera proseguir—, pero tiene razón. ¿No crees que seguir con una relación que no deseas te hace más mal que bien a la larga? En especial por Koby.

A Luffy nunca se le pasó por la cabeza ser honesto.

Era una salida sencilla, ¿no es así? Pero pensar en ello le revolvía el estómago. 

¿Por qué aceptó salir con ese alfa para empezar? No por lástima, puede decirlo. La lástima nunca lo ha motivado en sus acciones y, de haber sido solo eso, no hubiese dudado en rechazar a Koby inmediatamente. 

¿Estaba bien seguir con una relación que lo tenía tan agotado? Porque el omega no sentía que quisiera terminarlo tampoco. Era confuso. O quizás solo era su terquedad jugándole en contra.

—En realidad, yo lo decía por el nuevo chico al que Luffy ha estado persiguiendo— Ace comentó, sacándolo de sus pensamientos—. Si fuese él me pondría celoso de que mi omega tuviese a otro.

—¿Por qué no me sorprende viniendo de ti?— Sabo suspiró, nada nuevo en la dinámica entre ellos dos— En todo caso, tampoco puedes opinar mucho teniendo a Deuce en tu nido.

—Oye, hay diferencias— se quejó—. El viejo dice que no hay nada de malo presumir de vez en cuando. ¿El abuelo de mierda no tenía su propia colección de trofeos en su nido también?

—¡Hey! Ni siquiera me gusta Koby— Luffy, habiendo procesado lo que su hermano mayor le había dicho, trató de defenderse—. Además, el doctor Torao no se ve como alguien celoso.

Ace resopló ante esto, dejando de lado su discusión con Sabo sobre Deuce.

—¿Pero te gustaría que él tuviese a alguien más?

Luffy se detuvo antes de responder.

Pensar en el doctor Trafalgar con alguien, alguien que no fuese el propio Luffy a su lado, no le gustaba. Sintió su pecho doler y su estómago dolía mucho peor que cuando tenía hambre. ¿Por qué estaría con otra persona cuando Luffy ya estaba dedicando tanto tiempo para él? Se sentiría insultado, como si sus esfuerzos no fueran tomados en cuenta y solo ignorados. Y eso no era algo que el omega fuese a aceptar, de ninguna forma.

—Torao no puede tener a alguien— dice después de un momento, demasiado seguro como si fuese un hecho lógico como si el cielo es azul y el agua transparente—. No seas estúpido.

—Entonces deja de serlo tú también— el omega mayor se encogió de hombros—. Termina ya con Koby, se está volviendo un problema. Ni siquiera entiendo por qué están juntos, pero es tan doloroso que me incomoda verlos juntos.

—¡Bien! ¡Lo haré!— exclamó, ya cansado por la conversación sin sentido— No necesitas ser molesto.

Se lo dirá a Koby, claro. Pero será cuando él quiera. ¡No cuando Ace le diga! Incluso si tiene razón. Tendrá que soportarlo un poco más, pero solo un poco, se lo promete a sí mismo.

¿Tanto era pedir tiempo para poder pasarlo con el doctor Trafalgar? Empieza a creer que el mundo estaba en su contra.

 

[6]

 

Su abuelo le enseñó que, muchas veces, las cámaras solo eran usadas como una forma de ahuyentar a posibles ladrones. No significaba que alguien estuviese siempre atento a ellas, en especial en edificios privados que se ubicaban en las zonas más seguras de la ciudad. A lo mucho, serían revisadas en caso de robo o si algún inquilino lo pedía. 

El doctor Trafalgar vivía en una zona bastante acomodada. Supone que eso era gracias a su trabajo como cirujano. De tantas veces que ha visitado su edificio, ha podido notar varias cosas. Entre ellas, que la cámara en la entrada parecía ser la única medida de seguridad que existía, apuntando la puerta principal que estaba cerrada con una reja. Eso significaba que si, de forma hipotética, alguien quisiera ingresar, este podría hacerlo sin ser detectado.

Luffy para este punto se sentía un poco más valiente que otros días. En vez de esperar afuera de Flevance como era usual, estaba parado frente al portón del edificio vestido con una sudadera oscura y una mascarilla que cubría su rostro casi por completo. Como Ace diría, si una cámara te está mirando, al menos tenía que intentar hacerse lo menos reconocible posible. Eso, para su desgracia, también implicaba abandonar su amado sombrero de paja, pero estaba bien, eran pequeños sacrificios que estaba dispuesto a cometer por un bien mayor.

Abrir cerrojos era fácil. Su padre les enseñó cuando eran jóvenes pensando que podría serles de utilidad en algún momento. Sabo (el más apegado a Dragon, por supuesto) era al que se le daba mejor, pero Luffy logró dominarlo con la práctica. Demoraría un poco, pero mientras no pudiese parecer sospechoso, eso no importaba. Teniendo en cuenta que la calle donde vivía el médico era tan poco transitada, nadie estaría mirándolo para poder detenerlo. Y cuando escuchó el click de la cerradura tras un momento jugando con un par de clips para el pelo que tomó prestado de Nami la semana pasada, Luffy agradeció haber estado atento a algo por una vez.

El edificio se veía limpio, con apenas una cámara al final del pasillo y otra en el ascensor por lo que pudo ver. Debido a ello, prefirió usar las escaleras de emergencia para llegar al cuarto piso. Era mejor evitar estar tan a la vista de las cámaras, su madre siempre le decía que nunca estaba de más ser precavido. Además, gracias a que estas tienen una puerta en cada planta, podía mantenerse oculto detrás de esta mientras esperaba al doctor Trafalgar, sin necesidad de preocuparse por ser atrapado. El omega se aplaudió a sí mismo por haber pensado en todo. ¡Qué listo era!

Ahora solo era cuestión de esperar a que el médico llegara. Que según su reloj, no debería pasar mucho tiempo a menos que haya quedado atrapado en una cirugía de emergencia. Odiaba esos días porque eso le impedía el poder verlo dentro de su horario habitual. A veces incluso tenía que rendirse y tomar ese día como tiempo desperdiciado. Con suerte, no sería de esos días.

La puerta del ascensor abriéndose poco después de las diez y quince y su olor favorito filtrándose desde el pequeño espacio que hizo al abrir un poco la puerta de emergencia le dijo que el mundo estaba con él por una vez. Acercó sus ojos por la abertura, mirando al doctor Trafalgar mucho más cerca de lo que en otras ocasiones se pudo permitir. El hombre visiblemente cansado ni siquiera se imaginaba que Luffy lo estaba mirando desde el final del pasillo, atento a sus movimientos, hacia qué puerta era a la que iba a ingresar. El omega sintió que su corazón volvía a retumbar con fuerza de la emoción, verlo sacar una llave de su bolso, abrir la cerradura e ingresar a su vivienda poco después de desbloquearla. Ver sus ojeras pronunciadas, las letras impresas en sus largos dedos y oler el café tostado atenuarse por el agotamiento. Era una mezcla intoxicante que tenía a Luffy dando vueltas en su cabeza.

Quería más.

Luffy miró la puerta. Contuvo los temblores y la necesidad impulsiva de su cuerpo de salir de su escondite y forzar esa puerta. Fue paciente por su recompensa como un perro mirando una golosina delante de sus narices. 

Contó los minutos. Susurró los segundos para distraer su mente ansiosa de su objetivo, al menos por un momento. Podía ver la luz filtrarse debajo de la puerta, llamándolo, instándole a acercarse. Ya había llegado tan lejos, no podía permitirse arruinarlo. Esta vez no. Luffy podía aguantar, podía jugar al papel de cazador y esperar a por su presa. 

Después de que la luz se apagara detrás de la puerta, el omega decidió aguantar otros minutos más, solo para estar seguro de que la actividad dentro del apartamento había cesado por completo. Quien sabe, quizás el doctor Trafalgar sea de esos que tienen dificultades para dormir. Para lo prominentes que son sus ojeras, bien podría ser el caso. El omega se siente un poco mal por él de tan solo imaginarlo, luego es un dolor de cabeza tratar de levantarse a su hora ya que no consiguió descansar lo suficiente. Sabo es el mejor ejemplo de ello, solo tenías que mirarlo por las mañanas, apoyándose sobre el primer sofá con el que se tope mientras espera que su café termine de pasarse por la cafetera.

Quizás esperó mucho más tiempo del que había anticipado en un principio, pero para cuando su cuerpo reunió las fuerzas como para salir de su escondite en las escaleras de emergencia, su teléfono dio las once y media. Más de una hora, casi quería aplaudirse por su autocontrol, pero tenía algo más en lo qué enfocarse. Ignoró la cámara que lo miraba convencido de que, si para este punto nadie lo había atrapado, nada tendría porqué detenerlo ahora. Que lo grabase, que capture la imagen de Luffy acercando las pinzas para el cabello en la cerradura en lo que intentaba forzar la entrada al hogar del médico. Ya había cruzado la línea estando ahí, ¿qué podría empeorarlo ya?

Desbloquear la puerta del apartamento del doctor Trafalgar fue tan fácil que pensó que se había equivocado. Pero no fue así. Cedió tras darle un pequeño empujón y le permitió ingresar, mostrando una sala minimalista y ordenada. No había decoración ni siquiera un cuadro colgado en las paredes. Pero el fuerte olor a café tostado dejaba muy en claro que esta era la casa de alguien.

Luffy nunca se sintió tan emocionado por algo en mucho tiempo. La idea de no ser descubierto era lo que lo seguía animando a caminar por dentro del apartamento, cerrando la puerta tras de sí con cuidado de no hacer mucho ruido. Caminó como si fuese un mundo totalmente nuevo (y lo era en cierto modo), mirando por todas partes y memorizando cada detalle en la casa. Como los tonos neutros de las paredes que contrastan con los muebles oscuros en la sala de estar, o un par peculiar de llaves que colgaban cerca de la puerta. La tentación de llevárselas estaba ahí, pero viendo lo diligente que era en el orden, sin ningún objeto fuera de lugar, supuso que el médico se daría cuenta si le faltase algo al día siguiente. Tendrá la oportunidad en otro momento, piensa para sí, por ahora tendrá que contentarse con lo que tiene en sus manos.

Tal y como había pensado, el apartamento era espacioso. Tres habitaciones más allá de la cocina, el baño para invitados y la sala de estar. La habitación principal fue fácil de reconocer, era de donde el olor a café era más potente. No había ruido detrás de esta, por lo que el dueño del lugar debía estar durmiendo. Era la primera vez que estaba tan cerca de la fuente, se da cuenta. Las feromonas eran indudablemente las de un alfa, profundas y embriagadoras, incluso más de lo que de por sí su olor le hacía a la distancia. Bueno, tener todo el lugar marcado debió ser señal suficiente. Su abuelo les enseñó que los alfas tenían la manía de marcar su territorio de forma inconsciente, diferente a los omegas que no son tan obsesivos con demostrar dominancia hacia los intrusos. Incluso el doctor Trafalgar parecía ser susceptible a sus impulsos, dejando que cada esquina oliera a él y haciendo que Luffy se sintiera pequeño en comparación. En un buen sentido, si es que eso es posible. Le hace preguntarse si dentro de la habitación del médico sus feromonas serían incluso más potentes que el resto de su hogar.

Tiene ganas de averiguarlo.

Agarró el pomo de la puerta, el metal frío empezaba a calentarse en su palma. Giró lento y pausado, con la posibilidad de hacer demasiado ruido invadiendo su cabeza. No pasó, cuando abrió la puerta y reveló la habitación del alfa, este seguía dormido e inconsciente del omega agitado que lo miraba como si hubiese obtenido su recompensa después de tanto tiempo. Trafalgar yacía arropado debajo de las sábanas, el olor de sus feromonas golpeando a Luffy con fuerza tras inhalar sin haberse preparado para lo que iba a encontrarse. Un rico olor a café y la matiz de algo más, como pan recién sacado del horno, fue lo que su cerebro registró con recojo. El café parecía ser más prominente que lo conseguía opacar un poco, pero estancado en la guarida del doctor este salía a la superficie. Y él no pensó que podía intoxicarse más de lo que ya lo hacía con su fragancia, pero descubrió que estaba equivocado.

Estando inconsciente, su cuerpo parecía no tener problemas en moverse alrededor del alfa. No había nadie que lo juzgara, no tenía los ojos del doctor Trafalgar emitiendo juicio sobre él. ¿Y no era eso maravilloso? Por fin tenía la capacidad de acercarse sin sentir que sus músculos se tensaban y lo traicionaban. El omega aprovechó está oportunidad para arrodillarse frente a la cama, su rostro demasiado cerca del cirujano que bien sería imposible en cualquier otra circunstancia. 

Tenía pestañas largas, cejas abundantes y labios con un brillo natural que cualquier mujer envidiaría. Su bello facial estaba bien recortado como lo había supuesto, casi simétrico si lo veías a detalle. Pero con lo que el omega quedó fascinado fue con las manchas apenas visibles en su rostro. Eran de una pigmentación más clara que su tono de piel, pero se veían tan bien que le hubiese gustado tocarlas con sus dedos. Una imagen etérea que lo hacía sentirse bendecido por estar en primera fila para admirarlo. Ahí, mirando al alfa dormir, sintió que todo su esfuerzo había valido la pena. Podía ser partícipe de un momento íntimo del que nadie más que él se había ganado el derecho a contemplarlo.

Jura que hay algo en esta situación, viendo el rostro del médico en medio de la oscuridad, que se le hace familiar. Algo que su memoria cree que debería recordarlo pero aún no sabe cómo descubrirlo.

Sus dedos temblaban mientras sacaba su teléfono. Solo una foto, una capturando la belleza del doctor Trafalgar durmiendo. Eso no haría daño, ¿cierto? Se lo merece después de todo su esfuerzo.

Frunce el ceño, sin embargo, cuando mira a Koby llenando su bandeja de notificaciones de nuevo. Era como si su mera presencia pudiera ahogar todo el júbilo que tenía, haciéndolo sentirse agotado.

Koby [ 10:17 pm ]:

¡Hey Luffy!

Hace tiempo que no te veo.

Debes estar ocupado con tu entrenamiento, ¿no es así?

Eso es lo que Ace me dijo cuando fui a buscarte hoy. 

¡Espero que te vaya bien con eso! Sé que conseguirás superarlo. Siempre lo haces.

... En realidad te escribía porque me preguntaba si tendrías tiempo libre el fin de semana.

¿Qué te parece? Podemos ir a donde tú quieras.

Te extraño.

Koby [ 11:44 pm ]:

Sé que puedo estar molestando un poco con esto, no deberías sobreponer mis deseos sobre tus responsabilidades. 

Pero considéralo, ¿sí?

¡Te quiero! ¡Pasa una linda noche!

Ace le dijo que tenía que terminarle tarde o temprano por algo, ¿no es así? Él realmente no lo entendía. ¿Por qué seguía insistiendo con Luffy cuando no mostraba signos de querer estar con él? A este punto, no sabía si sentir pena o fastidio cada que leía a Koby insistiendo en verse, como si no tuviese nada mejor que hacer. 

Sus pensamientos quedan en segundo plano cuando siente una respiración ajena rozando su mano. Mira hacia abajo y ve la nariz de Trafalgar buscando la glándula odorífera que había en sus muñecas, olfateando como un perro ansioso pese a estar dormido. Se le calienta el pecho con la vista, mirarlo tan necesitado. No necesita hacer nada, una mano más grande sostiene la suya más pequeña (oh, la diferencia de tamaño era exquisita si se lo preguntan), y la jala hasta que su muñeca queda debajo de las fosas nasales del alfa. Luffy hace lo mejor de sí para contener un ronroneo e ignorar la picazón extraña en su pecho, pero el olor del pan empezando a sobreponerse al café tostado se le estaba empezando a hacer difícil el resistirse.

—Te gusta mi aroma, ¿eh?— murmura hacia la nada, sus mejillas enrojecieron con tan solo observar un acto tan íntimo. Hambriento de una manera nueva de la que no era capaz de describir apropiadamente— Qué lindo.

¿Es en eso lo que se vuelve una persona enamorada? ¿Tan exigente de afecto y cariño de su pareja? ¿Tan irracional y dependiente?

Luffy no es idiota. Sabe en lo que se ha convertido. Lo ha escuchado tanto en su familia como para no haber captado las señales. Había sido tan distante del concepto de la atracción que ahora, viendo lo lejos que había llegado por tan solo un momento de privacidad con el doctor Trafalgar, se pregunta si su yo del pasado se burlaría de sí mismo por haberse vuelto tan estúpido. Sentía su corazón derretirse al verlo relajarse por sus feromonas, soltando un ronroneo profundo por el butterblume azucarado que Luffy desprendía. Parecía gustarle su olor, correspondiendo a la atracción magnética que el omega había sentido desde que lo conoció. Y cómo no lo haría, si sus aromas mezclados olían tan bien juntos que quería llorar. Su cabeza daba vueltas y creía que iba a estallar en cualquier momento.

¿Y no era eso estar enamorado?

Un aroma familiar. Lo traía a su tierna infancia, con su madre preparando el desayuno mientras hacía pasar café tostado, su favorito. El pan y miel de butterblume podía saborearlos en su paladar. Era perfecto, Trafalgar Law era perfecto. Luffy podía afirmarlo.

Había algo más allá de eso, su cerebro registra. Pero no quitaba que la ineludible atracción hacia el alfa estaba ahí, diciéndole que era este su compañero, el que había creído imposible de encontrar por mucho tiempo. Luffy, quién se creía ajeno al amor, flechado por un aroma atrayente y una figura hermosa condensada en el hombre que olía sus glándulas de aroma azucarado como un cachorro complacido. No podía ser menos que adorable, y qué adjetivo tan raro para describir a alguien estaba usando. 

Se pregunta si es así como Koby se siente hacia Luffy. Si él desea también esa cercanía, poder olfatearlo y demostrarle una devoción tan pura y animal como el doctor Trafalgar lo estaba haciendo.

¿Es culpa entera de Luffy por permitirle creer que lo veía como un compañero? Quizás lo era. Tampoco se había molestado en ponerle un alto. Aún no pensaba ponerle un alto. La idea de romper con el otro alfa era un concepto extraño. Casi imposible. Sabe que es lo correcto, poner distancia y decirle que no lo desea, por mucho que haya intentado en un inicio hacerlo funcionar. Sin embargo, su lengua se atasca y le impide decirlo. Pese a que ya no quiere seguir con esto, no puede evitar dejarlo fluir hasta que se vuelva en un problema ineludible. 

Luffy se siente mal por Koby, siente lastima por haberse apegado a alguien tan egoísta como él. Que consume su afecto porque, al igual que el alfa que tiernamente busca su calor y feromonas, el omega adora sentirse amado. Porque esa fue la razón por la que aceptó salir con él en primer lugar, ¿no es así? Se sintió cautivado por un sentimiento que no comprendía y decidió acaparar para sí mismo hasta que se aburrió de él, dejando las brasas del aburrimiento sobre lo que alguna vez fue curiosidad. Y pese a ello, se niega a soltarlo, porque sigue siendo suyo y como un Monkey D que es, Luffy es un maldito acaparador que se alimenta de un amor tan puro como el de Koby. Lo hace sentirse importante, lleno, le hace saber que hay alguien que pese a lo que haga, no lo dejará solo.

(Y cómo odia el sentimiento de la soledad, como odió pensar que nunca alcanzaría la plenitud de la que su familia tanto le había enseñado).

¿Qué tan diferente habría sido su vida si hubiese podido corresponder los sentimientos de Koby? No estaría lastimando a un alfa inocente para poder intentar comprender qué era el amor del que tanto hablaban. Quizás no estaría ahí, mirando al doctor Trafalgar dormir mientras lo perfumaba con sus feromonas. No estaría tomando fotos de su rostro relajado y de la belleza de un alfa sumiso ante el olor de un omega.

¿Lo peor? Era que Luffy no se sentía culpable por lo que estaba haciendo. No creía poder hacerlo a este punto. Tan glotón como era, devoraría todo hasta que estuviera satisfecho.

 

[7]

 

Luffy estaba en la habitación de Ace. El omega mayor estaba a una semana de pasar por su celo, lo que lo hace más pegajoso de lo normal. Esta vez, le tocó ayudarlo a perfumar sus mantas mientras armaba su nido, ya que su hermano solía buscar el consuelo de sus feromonas en su momento más vulnerable. Sabo ya había dejado su propia pila de ropa, pero debido a que tenía que trabajar no pudo quedarse mucho tiempo. Entonces eso los dejó a los dos, una montaña de cobijas, cojines y prendas (y algunas probablemente robadas del casillero de Yamato) con las que trabajar.

—Estoy seguro que estos pantalones son los que usó Yamao ayer— Luffy arrugó la nariz por el olor a almizcle y feromonas alfa concentradas—. ¿Pensé que se habían peleado?

—Sí, ¿y? Eso no significa que no pueda seguir quitándole su ropa— Ace parecía un poco gruñón mientras le arrebataba la prenda—. Será un idiota, pero es mi alfa idiota.

—Si tu lo dices...

Honestamente no comprendía muy bien qué pasó entre ellos. Yamato y Ace, desde que se conocen, se han llevado de maravilla y nunca han llegado a tener alguna pelea como la de ahora. Pero lo que sea que haya ocurrido, debió tocar una fibra sensible en su hermano, porque se ha negado a dirigirle la palabra desde entonces.

Es decir, no es como si Ace no fuese fácil de enojar. Luffy ha sido víctima de ello cuando eran jóvenes y Ace apenas estaba empezando a adaptarse a su nueva familia. Así como para él era tan fácil de amar una vez confiaba en ti, era mucho más fácil provocarlo y volverlo irascible. El problema radica en que su hermano era una persona reactiva. Respondía con palabras, con golpes si las cosas eran particularmente malas. ¿Pero el silencio? Eso no era típico de Ace en lo absoluto. Demasiado mezquino hasta para él. 

—Marco te ha estado llamando Luffy, ¿has mirado tu historial de llamadas últimamente?

Debió de esperar el cambio de tema, viendo la incomodidad de su hermano. Aún así, fue demasiado repentino que no pudo evitar arrugar la cara con confusión.

—¿De verdad?— si era honesto, no habría estado muy atento a su teléfono si no giraba alrededor de Trafalgar últimamente. Si acaso, la última vez que lo usó fue para decirle a sus amigos que Koby no lo estaría acompañado a su salida grupal como lo habían planeado (otra vez, Luffy se había olvidado de preguntarle).

—Sí, me comentó que quería hablar contigo, pero le dije que lo verás después de que me ayudes. Si es que te acuerdas— comentó, descartando un par de camisas tras palparlas un poco y no estar conforme con su textura—. ¿Puedes dejar de mirar a Deuce? No te ha hecho nada.

Deuce también estaba ahí, pero no es como si importase mucho en realidad. A Ace le importaba, porque por algo parecía decidido en dejarlo en su cama, pero no era asunto de Luffy. Su aroma hace tiempo que se había ido y ahora ni siquiera tenía un olor con el cual reconocerlo. Algo del líquido misterioso que Marco le recomendó. No estaba muy seguro. 

Estaba acostumbrado a ver a alfas como Deuce. Si bien su padre sólo tuvo a una persona en su vida (y dios perdone a su madre por ello), su abuelo sin duda tenía una curiosa colección que le gustaba mostrar. Ace parecía haberlo copiado, prefiriendo mostrar a Deuce que simplemente entretejerlo con el resto de mantas como le habían enseñado que solía ser la tradición en la familia. También puede ser por su curiosa elección de recuerdos. Era demasiado grande como para poder tenerlo enredado en el nido. 

—¿Realmente lo quieres aquí?— Luffy estaba confundido— Él pensaba dejarte, ¿sabes?

Una verdadera lástima, teniendo en cuenta que el alfa había estado al lado de Ace por años. 

Y estuvo bien hasta que empezó a decir que Ace lo hostigaba. Fue el principio del fin que lo llevó a decirle a su hermano que planeaba irse de Goa a estudiar al extranjero. No hay que ser un genio para saber que Ace no se lo tomó bien. ¿Cómo lo haría? El omega mayor se sintió destrozado por días, preguntándose si no merecía ser amado porque quien pensó que era su alma gemela prefirió dejarlo antes de seguir con él. 

En lo que respecta a Luffy, Deuce buscó lo que le terminó pasando. También puede haber un poco de resentimiento hablando por él, pero no es como si importara ya.

—Aún así, sigue siendo mío— la respuesta de Ace fue tan sencilla como confusa para él—. Estoy seguro que algún día lo entenderás. El abuelo de mierda siempre decía eso. 

—El abuelo también decía que deberíamos ser parte de la policía y yo no te veo teniendo la placa de oficial. 

—Bueno, a veces dice cosas estúpidas, es la edad la que hablaba en ese entonces— su hermano se encogió de hombros.

—Bien... ¿sabes siquiera qué quiere Marco conmigo?

—¿No? No le pregunté. Parecía desconcertado. Pero es Marco, siempre necesita estar preocupado por algo porque de lo contrario empieza a sentir que podría dejar de respirar... o algo así.

Eso no era de mucha ayuda, pero supone que ya le preguntará después, si se acuerda.

El olor a umeboshi llenó su nariz cuando sostuvo una sudadera que reconoció como la que usó Yamato la semana pasada para correr. Miró a Ace por un momento, como si no pudiese entender cómo era capaz de conseguir una colección considerable de ropa del alfa sin que este se diese cuenta. O Yamato tenía demasiadas prendas o era muy despistado. También podría ser que Ace consiguió pedirlas y nunca más se las devolvió. Porque lo ha visto usar ropa de su amigo en casa en más de una ocasión como para no darse cuenta de que no pensaba devolver nada de lo que se llevó. La última opción que pasó por su cabeza fue que esto era un intento bastante patético de Yamato por tratar de apaciguar la ira de Ace, que de ser este el caso no le iba a funcionar de ninguna forma.

Qué envidia tiene, piensa para sí. También le gustaría usar ropa del doctor Trafalgar por muy grande que pueda quedarle. ¿Quizás pueda encontrar algo en su armario que el alfa no extrañaría? No es como si fuese a decirle algo, tal vez incluso se sienta contento de ver a su omega con algo suyo puesto.

El doctor Trafalgar era extraño. Este podría pasar toda la noche con Luffy a su lado, viendo cómo el alfa le olfateaba las muñecas hasta estar satisfecho y luego a la mañana siguiente despertar y actuar como si no pasara nada. Como si su habitación no hubiese dejado de oler solo a él y ahora se haya vuelto una mezcla homogénea de café y pan bañado en butterblume. O no parecía reconocerlo o no le importaba la obvia intromisión de un omega en su territorio. Ambas opciones funcionan para Luffy de todas formas.

Para la segunda vez que invadió su hogar sin su consentimiento, se llevó las llaves que colgaban en la entrada y sacó copias después de comprobar que eran del edificio. Lo hizo durante una tarde, a sabiendas que el alfa no estaba en casa porque seguía trabajando como el hombre responsable que era. Fue una jugada arriesgada también, porque había una diferencia entre ingresar en mitad de la noche cuando nadie estaba despierto y hacerlo en una hora donde cualquiera pudiera aparecer por los pasillos, pero la adrenalina nubló su juicio y eso lo hizo aún más emocionante. Ahora podía ingresar y salir sin preocupaciones, caminando hacia el ascensor como si viviera ahí y sin temor a que las cámaras lo vean con sospecha.

Debido a que el alfa parecía gustarle su olor pese a su fachada de indiferencia, poco a poco llenó el apartamento con sus feromonas. Mapeó su guarida hasta en las esquinas y se aseguró de dejar su olor donde las feromonas eran más prominentes, sabiendo que esos eran posiblemente los lugares más concurridos del alfa. Sus fragancias mezcladas eran adictivas, si se lo preguntan, podía comprender porqué el alfa parecía ponerse de mejor humor cuando lo olía. Poco a poco, con el paso de los días, el lugar dejó de predominar el café tostado y el pan recién hecho también comenzó a tomar su lugar como si por fin hubiese encontrado el equilibrio entre ellos. El omega estaba más que feliz por ese progreso, provocado con tan solo su aroma en el espacio seguro de su compañero. No había mejor halago que eso.

Entonces, decidió ir un poco más allá. ¿Qué mejor para un alfa que perfumar su ropa para que pueda tenerlo presente incluso afuera de su propia casa? Además, eso también le dejaba tomarse la libertad de tomar la ropa del armario del doctor Trafalgar, palpar la textura de las diversas prendas y fundirse en ellas. Era el paraíso, ronroneaba como un gato feliz mientras restregaba su glándula de apareamiento por el cuello de algunas camisas y otros conjuntos que iba encontrando. Mientras más concentrado el aroma mejor, ¿no es así? ¡Qué listo era!

Incluso había visto desde su escondite favorito del hospital cómo las enfermeras se alejaban del alfa con tan solo olerlo un poco. Y era bueno, porque cada una de ellas estaba entendiendo que su alfa ya estaba siendo reclamado. El doctor Trafalgar era solo suyo y podía pavonearse sobre cómo su pareja lo estaba aceptando sin réplicas. ¿No tenía la mejor suerte?

Sería aún más feliz si tan solo pudiera llevarse aunque sea una camisa...

—Luffy, no te llamé para que te quedes mirando a la nada— su hermano se quejó—. ¿No vas a ayudarme con esto?

—Ah, ¡no me distraje!

—¡Lo estabas haciendo!— Ace se quejó— Seguro pensabas con tu doctor favorito. Últimamente solo haces eso.

—¿Y qué? ¿Celoso?

—¿De él? Para nada, es más, cuando lo vea le diré las gracias por mantenerte tan ocupado.

—Lo dices como si me odiaras— Luffy refunfuñó, golpeando la cara del omega mayor con la sudadera de Yamato que tenía en sus manos.

—Te amo, pero también quiero tiempo para mí, esa es la diferencia. 

Ace no se sintió afectado por los pucheros de Luffy. Estaba mucho más ocupado en olfatear una de las prendas con olor a umeboshi de su pila considerablemente grande que consiguió de su alfa. Luffy sin duda era el más celoso entre los dos y el omega mayor lo sabía, sonriendo con suficiencia por la mirada enojada de su hermano menor.

—Eres malo, voy a decirle a Sabo que me has estado intimidando.

—¡No te atreverías!

 

[8]

 

Marco no tenía muy buena cara cuando Luffy finalmente se dignó a ir a verlo. En su oficina, el alfa lo miraba como si estuviera lidiando con un niño (o Ace para un ejemplo más práctico), cansado y resignado a tener que pasar por esta conversación.

—¿Estoy en problemas?— se atrevió a preguntar tras un momento de silencio.

—¿Cuándo no lo estás?— Marco suspiró, no sabe cuántas veces lo ha hecho hasta ahora si se lo preguntan— Mira, sabes que entre los tres nietos de Garp, tú eres mi favorito, ¿cierto?

—¡Lo sabía!— el omega sonrió— Ace sigue creyendo que es él. 

—Eso no está pasando, ¿sabe cuántos problemas me trae tener que lidiar con él?— el alfa parece arrugar la cara por imaginarlo— Muchos, muchísimos. Lo amo, pero es el peor de ustedes... De todas formas, me estoy saliendo del punto. Como mi casi sobrino favorito, suelo ser muy permisivo con las cosas que haces, ¿sabes? Te he cuidado desde niño y esas cosas...— se detuvo cuando vio que el omega estaba empezando a despegarse de la conversación, para nada impresionado— La cosa es que voy a tener que marcar un límite cuando empieza a afectar mi trabajo. Y por eso te llamé.

—¿Y no podías solo decirlo por mensaje?— Luffy se quejó. 

—¿Me hubieras prestado atención?

—No...

—Entonces ahí está tu respuesta— Marco ignora de forma deliberada la mueca de molestia de Luffy y prosiguió—. He recibido múltiples quejas del área del quirófano últimamente. Uno de los médicos del edificio ha estado incomodando a mi personal porque, en palabras de las enfermeras, apestaba a un omega marcando territorio. Un olor que, oh vaya, conozco muy bien y sé que se trata del omega que tengo al frente ahora mismo.

El omega se tensó al darse cuenta de a qué se estaba refiriendo.

—¿Tienes algo que decirme Luffy?

—¿Ups?— Marco lo miró como si no estuviese impresionado— ¿Tal vez me excedí un poco?

—¿Solo un poco?

—¡Había una enfermera estúpida que coqueteaba con el doctor Torao!— Luffy se defendió, haciendo un puchero por ser regañado— Solo cuando empecé a perfumar su ropa dejó de intentar acercarse.

¡Y no mentía! El doctor Trafalgar era demasiado atractivo para su propio bien. Y si bien este sabía poner una barrera en su vida profesional y privada (como su madre, diría Robin), ¡eso no quitaba que había personas que no entendían que él no estaba disponible! Enfermeras tocando de más sobre todo. Hasta el cirujano parecía incómodo en algunas ocasiones. ¿No podían dejarlo en paz?

Sólo cuando empezó a impregnar su aroma en su ropa, empezaron a volverse reacios a hablarle. Luffy lo vio, notó que mientras más restregaba sus glándulas de olor en la tela, más parecía espantarlos. Ponía a su alfa feliz y les demostraba a los demás que él tenía pareja, ¿por qué iría a pensar que eso sería malo? 

Aparentemente, Marco lo hacía.

—¿Trafalgar?— el rubio parecía cansado para lidiar con esto— ¿De todas las personas?

—¿Qué tiene de malo Torao? 

—No es que él tenga algo de malo, sino que tu... fijación hacia Trafalgar está afectando a su trabajo en el hospital, por ende, también al mío. 

—¡Pero no he hecho nada malo!— espetó— Todos están exagerando, ¿por qué debería importar la opinión de los demás?

—Porque, te guste o no, las feromonas pueden llegar a ser un distractor en áreas destinadas al trabajo. Y es mucho peor cuando es obvio que es de alguien marcando territorio. El hospital tiene una norma estricta sobre mantener el ambiente lo más neutro de olores posible por algo— Marco trataba de explicarle—. Tienes que dejar de hacer eso, detesto tener que lidiar con los múltiples reportes que han estado mandando en contra de él. Solo lo estás perjudicando.

Luffy ciertamente no parecía muy convencido con ello. 

—Pero Torao no parecía molestarle lo que estaba haciendo...— murmuró, todavía resentido por ser regañado por algo que consideraba inocente.

—¿Sabe siquiera que lo has estado perfumando?— Luffy asintió— ¿Te ha visto hacerlo?

—Uh... No realmente. Pero puede olerme, ¿no? Siempre está de buen humor cuando dejé su casa con mi olor.

Está seguro de que Marco estaba pasando por las cinco etapas del duelo en ese minuto de silencio que quedó entre ambos después de decirle eso. También cree haber escuchado un "siempre es la maldita familia de Garp" con resignación, no es que pudiera entender a lo que se refería.

—Mira Luffy, puedo decirte que Trafalgar no es ni siquiera consciente de que estás esparciendo feromonas por toda su casa... o que has estado ingresando a ella para empezar— el alfa rubio parecía haberse vuelto varios años más viejo mientras trataba de explicarle. Eso o estaba empezando a dolerle la cabeza —. Es información confidencial, ¿bien? Su nariz no se ha desarrollado y es incapaz de percibir olores.

—Eso no tiene sentido— el omega frunce el ceño, tan confundido con lo que le estaba diciendo Marco como fastidiado por la situación en general—. Lo he visto reaccionar a mi olor. Le gusta olfatear mis muñecas, ¿eso no es señal de que me reconoce?

—Es un alfa—dice Marco, el cansancio era muy evidente en su voz—. Incluso si no puede discernirlo, feromonas son feromonas. Obviamente se sentirá atraído por ellas incluso si no sabe que están ahí, es una cuestión biológica. Su interés en ti bien podría ser o por exposición prolongada o por tu misma condición de omega que te percibió como una pareja potencial.

Solo entendió eso último, si era honesto. A cualquiera le haría feliz saber que su pareja lo ve de forma inconsciente como su compañero. Pero teniendo en cuenta que Marco no lo había traído aquí para felicitarlo, se ahorró sus comentarios por el momento.

—A lo que voy es que él no sabe que huele a ti, solo son sus instintos los que se sienten cómodos por tener las feromonas de un omega interesado en él. Créeme, si fuese consciente de ello, te habría pedido que pararas porque podrías ponerlo en una mala situación— Marco suspiró (¿cuántas veces iba ya haciéndolo?)—. Tienes mucha suerte de que yo sea su jefe, cualquier otro lo hubiese despedido porque podría considerarse acoso.

Escuchar eso quizás le hizo darse cuenta de su error. No se había percatado de la suerte que tenía que Marco dirigiera el hospital en el que el cirujano trabajaba hasta que se lo tuvieron que decir en la cara. ¡Él no quería perjudicar la vida de su alfa, al contrario! Pero tenía razón ahora que se daba cuenta, de haber sido otro contexto, el doctor Trafalgar pudo haber acabado mal. Y Luffy tendría la culpa, convirtiéndose en un mal compañero. ¡Y en eso no quería convertirse!

Odiaba sentirse culpable, ¿había hecho mal el seguir sus instintos esta vez? Estúpidas normas y estúpidas políticas de higiene que Marco usó para argumentar en contra de Luffy. Ahora parecía que él estaba haciendo algo malo.

—No te estoy diciendo que dejes de hacer lo que estás haciendo— el alfa lo miró compasivo, sabiendo que a Luffy no le sentó bien reconocer el mal que estaba haciendo, así como sabe que negarle a hacer algo era como hablarle a una pared—. No es que pueda detenerte de seguir con los extraños rituales de cortejo que tu familia te metió a la cabeza. Pero intenta reducir la intensidad solo un poco. Al menos dentro de mi establecimiento, ¿de acuerdo?

El omega asintió sin oponer más resistencia. Era una causa perdida a este punto. ¿Qué habría dicho su madre? Cuando hay una ley de por medio, no vale la pena ponerse en contra si ya fuiste descubierto. 

—¿Estás molesto?

—¿Contigo? No, no podría estarlo— Marco negó con la cabeza—. Me sorprendió un poco que te hayas fijado en Trafalgar de todas las personas, pero supongo que tiene sentido.

No tiene ni la menor idea de a qué se refería con esto último, pero siendo Marco tampoco esperaba entenderlo del todo. Aunque lo notó. Había una pizca de nostalgia en sus ojos, como si hubiese recordado algo. También había dolor, arrepentimiento. Es raro que Marco se sienta arrepentido con algo. Pero no lo resaltó, pensando que estaría bien dejarlo en paz con sus pensamientos. Si él quisiera decirle se lo dirá eventualmente. 

Ahora mismo tiene cosas con las qué lidiar. Detesta la idea de ponerse un límite a este punto, pero si es por un bien mayor tendrá que hacerlo. El doctor Trafalgar no merece salir afectado por la estupidez del omega. Había algo que le revolvía el estómago solo de imaginarlo, casi como la sensación de inutilidad e impotencia que suele aplastar sus pulmones cuando no hace algo bien. Tendrá que conversar con Sabo para que le de una ayuda, su hermano mayor siempre sabe qué hacer incluso en los casos más excéntricos.

De repente, la nube de pensamientos se detiene cuando la conversación con el alfa delante suyo parecía asentarse en su cabeza. Levantó la mirada hacia Marco tan rápido que bien pudo haberle dolido el cuello, pero no lo sintió mucho. Marco le devolvió la mirada, confundido sobre el porqué del cambio tan repentino. Pero Luffy ya tenía una cosa en mente y que quería ahora. 

Si iba a tener que dejar a Flevance en paz por el bien de Marco, él puede conseguir algo a cambio, ¿cierto?

—¿Dijiste que lo de la nariz de Torao era información confidencial?— notó al alfa tensarse cuando se dio cuenta de a dónde estaba yendo su pregunta.

—Luffy, ¿me estás pidiendo el historial médico de uno de mis trabajadores?

—También quería todo lo que puedas conseguir de Torao, ¿por qué me conformaría solo con el historial?

No es que no fuese importante saber más sobre la condición médica del alfa. Pero si también podía aprender más cosas del doctor Trafalgar, ¿por qué no aprovecharlo?

—¿Qué...?

—Quiero decir, a Ace le das parte del abastecimiento del hospital sin problemas, ¿cierto?— y sabe que no puede negarlo, no cuando meses atrás Luffy mismo vino a recoger una caja llena de ácido a petición del omega mayor— No veo cuál sería el problema. Si nadie lo sabe, será como si nada hubiese pasado.

Ahora sí que está seguro de que Marco estaba gritando internamente, sintiendo un dolor de cabeza por tener que lidiar con otro problema relacionado a Luffy. Una lástima, porque él no estaba retrocediendo con esto. Y Marco sabía que podía ser incluso peor que Ace cuando quería algo, porque empezó a frotarse la sien en un vago intento de persuadir la migraña que estaba por asentarse. Para ser justos, su hermano mayor le ha pedido cosas peores, esto era nada más que lo que Ace le habrá obligado a ayudarle.

—Es ilegal, ¿no te estás escuchando?— no sonaba muy convincente, más bien, parecía que estaba empezando a hacerse la idea de que Luffy no va a aceptar un no por respuesta. Si tuviera que describirlo, diría que sonaba derrotado.

¿Cuándo Luffy aceptaba un no rotundo por respuesta?

—¿Y? Lo de mi hermano también lo es y, ¿cómo le dijiste? Si lo atrapan simplemente le echarás la culpa y listo. ¿No puedes hacer lo mismo conmigo? El abuelo te ayudará a eliminar la evidencia en tu contra como siempre.

Marco debe estar preguntándose qué ha sido de su vida hasta este punto. De hecho, soltó aún más improperios en contra de su familia como cada vez que se ve involucrado en asuntos familiares en los que (quisiera o no) terminaba involucrado. Pero como Luffy pudo salir de Flevance no solo con el historial médico del doctor Trafalgar, sino que también con la carpeta completa de su trabajo en el hospital, al omega no podría importarle menos.

 

[9]

 

Luffy recuerda el primer artículo periodístico que encontró sobre Trafalgar después de saber su nombre. El cómo había conseguido salvarle la vida a una persona tras una cirugía a pecho abierto, detalles omitidos e información reservada debido a su carácter confidencial, pero resaltando lo milagroso que había sido pese a que no se le tenía muchas esperanzas cuando tuvieron al paciente en su sala de operaciones. Eso fue hace dos años atrás. Leyendo la carpeta que consiguió de Marco, sintió que todo empezaba a tener sentido. 

El olor, lo que atrajo su mirada hacia el alfa de ojos dorados en primer lugar, hizo click en su memoria finalmente. La última pieza del rompecabezas que era Trafalgar Law que tenía a Luffy comiendo de su palma sin este siquiera saberlo. Su nombre escrito registrado en un informe médico a nombre de Trafalgar Law fue todo lo que necesitó para recordarlo. 

Conoció al doctor Trafalgar dos años atrás.

El cómo y porqué se resumía en un conjunto de eventos desastrosos e inesperados que lo llevaron tanto a él como a su hermano mayor Ace al hospital. Fue un accidente: un automóvil chocó contra ellos cuando Ace conducía con Luffy de camino a casa. El conductor estaba tan borracho que se desvió de la autopista y, para cuando se dio cuenta de que estaba pisando el acelerador, fue demasiado tarde. Luffy no recuerda mucho de ese día. Sabe que le dolió muchísimo. Le dolió más ver a Ace desangrándose al ser atravesado por un trozo de vidrio gigante que salió del parabrisas. Olía a gasolina. Percibió el olor familiar de la sangre a la que fue acostumbrado de ver desde pequeño. Oyó las sirenas de las ambulancias y el resto solo fue un borrón de incoherencias que le cuesta mucho comprender. Probablemente fue sedado para entonces.

Si se concentra lo suficiente, recordará abrir los ojos y cegarse por la luz de una lámpara en el quirófano. Todo su cuerpo adormecido pero aún sintiendo los pinchazos de dolor por todas partes. Ve manos borrosas a contraluz tocando su pecho, abriéndose paso entre sus costillas. Ve mucha sangre. Ve un par de ojos dorados mirándolo y una expresión oculta tras la mascarilla. Pero Luffy no se recuerda entrando en pánico, solo fascinado porque es la mano del que reconoce como un médico la que estaba tocando sus órganos en ese momento. Luego, solo hubo oscuridad.

Él no lo supo hasta después, pero se mantuvo inconsciente por días. Entubado a una máquina y siendo nutrido a base de sueros colgando al lado de su cama. También se enteraría de que solo él y su hermano sobrevivieron al accidente. El conductor murió por el impacto, rompiéndose el cuello debido a que la bolsa de aire frontal no funcionó como debería. 

Recuerda ver a Sabo después de despertar del coma. Le dijo, con voz temblorosa, que Ace y él estuvieron al borde de la muerte en varias ocasiones. Que Luffy dejó de responder por unos largos dos minutos antes de que su corazón volviese a funcionar. Algo que para él fue un mal sueño para su hermano y familia fue real. Recuerda que sus ojos ardían por llorar, no porque le dolía todo pese a los analgésicos que le habían suministrado, sino por la idea de haber podido morir en una sala oscura, solo y sin sus seres queridos cerca. Con el pecho abierto y su corazón dejando de palpitar con el contacto del aire frío. Su vida desvaneciéndose sin que él pudiera hacer algo al respecto.

Sabo debió notar su malestar, porque apretó su mano con fuerza, liberando sus propias feromonas para darle algo de consuelo sabiendo que no podía abrazarlo sin abrir alguna herida. El aroma a flor de lis de su hermano fue suficiente como para hacerlo pasar como una manta protectora, ofreciéndole el suficiente ánimo para detener las lágrimas. Hubiese sido mucho mejor si Ace y la sidra que lo caracterizaba estuviesen ahí también, pero el otro omega estaba en otra habitación en ese momento por, recuerda con amargura, casi morir. Culpa de alguien de quién ya no podrían obtener justicia por lo que les hicieron.

Fue ahí que apareció su doctor. Él recuerda los ojos dorados y los tatuajes llamativos en sus manos con uñas pintadas de negro. Un alfa, notó de inmediato. Reconoció el aroma a café tostado que inundó su nariz como el mejor calmante que había olido en su vida. ¿Cómo era capaz de hacerlo? Luffy apenas y puede contener un chirrido y fue en gran parte gracias a que todo su cuerpo estaba adolorido.

Es entonces el alfa se tomó el tiempo de informarle su situación. Luffy terminó con una quemadura desagradable en el pecho y varios fragmentos del pilar incrustados en sus costillas. Fue una operación complicada. Casi llegaban al corazón. Tuvo mala suerte, aunque no tanto como Ace que, por su parte, se rompió la columna vertebral y uno de sus pulmones había colapsado en plena operación. Ambos sobrevivieron milagrosamente tras una dura noche de cirugía con el pecho abierto. El doctor Trafalgar incluso le dijo a Sabo (porque Luffy estaba demasiado agotado como para prestar la debida atención) que ambos hermanos debían tener una voluntad grande para haber soportado todo el procedimiento. Que hayan sobrevivido en sí era increíble. 

—Son muy afortunados— fue lo que dijo. Aún recuerda su rostro impresionado mientras escaneaba al omega más joven, asegurándose de verificar que se encontraba bien—. La pérdida de sangre era suficiente como para considerarse una causa perdida, y aún así lo lograron de alguna forma. Estoy impresionado.

Sus amigos aparecieron después, todos felices de verlo con vida. Recuerda a Zoro manteniéndose lo más cerca posible de la cama como si pensara que fuese a desaparecer en cualquier momento y a Chopper como a Usopp y Nami llorar desconsoladamente. Sanji había traído una variedad de comida líquida ya que aún tenía prohibido intentar consumir cosas sólidas (para su desgracia). Robin y Franky se tomaron el día libre de sus respectivos trabajos para verlo. Fue un día alegre si ignorabas que seguía en una camilla de hospital. Hasta sus padres le habían llamado para decirle que estaban viajando de regreso a Goa para poder verlo. Todo eso le recordó lo amado que era.

Aún así, su mente seguía divagando hacia la figura de su doctor quien, en el momento en el que terminó de hacerle el chequeo, decidió desaparecer tras la puerta y no regresar hasta el día siguiente.

Para el doctor Trafalgar, eso fue todo. Él y su equipo salvaron las vidas de los hermanos a tiempo. Estuvo siguiendo su recuperación y la terapia posterior, llenó papeles y documentos y listo, seguía adelante. No lo visitó a menos que fuese necesario. Ni siquiera se despidió del omega cuando sus padres vinieron a llevárselo una vez fue dado de alta. El nombre de Monkey D Luffy había quedado archivado en su carpeta de trabajo y el registro acabó en el historial médico del omega (uno bastante extenso para el gusto se su madre y la diversión de su abuelo) y con el tiempo, era probable que se haya olvidado de él por completo. Para cuando pasó el año, Luffy no era más solo era una mancha borrosa en su memoria, lo sabe. 

Le molestó al principio. No estaba acostumbrado a no obtener reacción alguna de alguien que conociera. El doctor Trafalgar se mantuvo estoico y profesional en su tiempo hospitalizado, casi aburrido. De no ser por el aroma a café tostado bien podría pensar que estaba muerto. Eso mató cualquier intención en querer hacerlo amigo suyo después de abandonar el hospital de Flevance. Luffy aprendió a dejar de pensar en él. Eso debió haber sido todo. Lo que había ocurrido en su primer encuentro no debió ser más que solo su omega intrigado por la aparición repentina de un alfa con un buen aroma. Era algo raro de encontrar hoy en día, su abuelo se lo había enseñado. Le enseñó que los omegas suelen sentirse atraídos por las feromonas de un alfa, pero que eso no significaba nada necesariamente.

Luffy creía que era esa la respuesta de su interés por sus feromonas. Olían bien y ya, pero el omega no se sentía atraído por el alfa en lo absoluto. Agradecido por haberle salvado la vida, por supuesto. Más allá de ello, Trafalgar Law y su existencia dejó de tener importancia.

Luffy casi quería reír por la ironía de todo aquello. Mira los papeles en sus manos, ve su nombre grabado en tinta y las anotaciones que el doctor Trafalgar decía de él, de su recuperación. Era una prueba irrefutable de que era real. De que se conocieron de forma distinta a la que el omega recuerda. Que esa era la razón por la que reconocía ese aroma a café tostado, por la que se quedaba paralizado ante su cercanía. Su cuerpo le estaba diciendo que era él todo este tiempo, ese doctor que alguna vez abrió su pecho y tocó sus entrañas, tocó lugares que nadie más lo habría hecho. Ese que lo miró con indiferencia clínica y que derritió su cerebro con su olor sin siquiera darse cuenta. El que Luffy descartó y que ahora no podía dejar de pensar en él. 

Se pregunta si el doctor Trafalgar entendería lo que estaba sintiendo ahora mismo. Su pecho palpitaba, un calor recorría su cuerpo mientras creía haber recibido una epifanía, la recompensa de toda su búsqueda alrededor de todos estos meses.

Estaban predestinados, esa fue su revelación. Abrazó su cuerpo y dejó que el calor punzante en su pecho le recordara a esas manos tatuadas vestidas con guantes tocándolo, haciéndolo suyo sin saberlo. Y oh, que hermoso era pensar en lo mucho que el doctor Trafalgar lo había desentrañado en ese quirófano, el esfuerzo que habrá tenido que dar por mantener su corazón latiendo. ¿Qué habrá pensado al verlo? Latiendo gracias a él. Ahora latiendo por él en un infinito mar rojo de agradecimiento y devoción. 

Si Trafalgar se lo pidiera, Luffy se dejaría abrir las costillas para enseñarselo. Una parte morbosa de él estaría complacida por ello. Por pertenecer en cuerpo y alma de una forma completamente diferente a lo que muchos entenderían que era estar enamorado. 

Nadie entendería que ellos estaban destinados a amarse. Que Trafalgar recordaba a Luffy de forma instintiva, eligiendo sus feromonas incluso si no es capaz de discernir la fragancia. Que Luffy recordó a Trafalgar con tal solo una pizca de su aroma pese a no reconocerlo. Sus cuerpos se habían grabado sobre el otro y eran capaces de recordarlo aunque sus mentes no estuviesen en la misma sintonía. Y estaba bien, el omega no necesitaba que nadie más que ellos mismos comprendieran que su amor era el destino.

No era solo por haberle salvado de morir. De ser así, bien podría haberse enamorado de cualquier otra persona a lo largo de su vida. Eso sólo hizo que Luffy lo amase más, pensar que el médico lo sacó de los brazos de la muerte, que lo desnudó y se preocupó porque viviera lo hacía sentirse mucho más amado que solo palabras que el viento se lleva. Su experiencia en el hospital de Flevance solo fue el principio de lo que se convertiría años más tarde. Fue una atracción momentánea que después lo golpearía con fuerza, lo dejaría sin aliento y le exigiría nunca más abandonarlo.

Ahora más que nunca se niega a dejarlo ir, eso es seguro. No cuando lleva su huella, la cicatriz en su pecho como su marca de reclamo en su piel. La única que alguien le habrá hecho y la que siempre había expuesto con orgullo. Ahora no podía estar más feliz de saber que su alfa se lo había hecho, que se estaba jactando de pertenecerle. La idea de pertenencia no sonaba sofocante si era Trafalgar Law de quien hablaba. Liberador, como parte de su propósito, eso era. 

Porque si Trafalgar era su dueño, él era dueño de Trafalgar. Luffy se aseguraría de ello. Le demostraría al alfa lo increíble que eran los dos juntos y lo haría arrodillarse ante él en devoción absoluta. 

Deseaba con ansías llegar a ese día.

 

[10]

 

Casi se cumplían seis meses desde aquel reencuentro en Flevance. 

Luffy disminuyó el tiempo que le dedicaba al doctor Trafalgar. No porque le gustara, odiaba muchísimo la idea, sino porque había empezado a sentirse con malestar los últimos días. Después de su hermano, él era el siguiente en pasar por su celo. Cada cuatro meses, en los que tendía a pasar una semana encerrado en su habitación, pero no dejaba de ser insoportable. También aprovechó estos días para tomarse un descanso e intentar centrarse en sus cosas. Su nido era un desastre, mucho más de lo que era razonable a soportar, y sus suministros de alimentos se habían agotado al utilizarlos durante esos días que pasaba horas frente a la ventana del alfa en el hospital de Flevance. 

Estaba bastante satisfecho por haber obtenido un par de objetos con el olor de Trafalgar en él. Una sudadera desgastada que estaba al fondo de su armario que supo que no se daría cuenta si desapareciera y una toalla de mano de uno de los gabinetes del baño que conecta a su habitación. No sabía cuánto durarán los olores, pero tendrá que conformarse por el momento con ello. Intentar ir a casa del alfa apestando a butterblume azucarado no era una buena idea, al menos eso le decía su experiencia. Las feromonas de un omega en celo solían ser más difíciles de quitar que en cualquier otro día, y eran tan empalagosas que podría ser incómodo apestar a ellas por horas hasta que disminuyera su intensidad. Ya recibió suficiente regaño por parte de Marco como para arriesgarse, gracias.

Aún así, siguió con su entrenamiento en la estación como de costumbre. Usando spray neutralizador y parches incómodos en sus glándulas por seguridad, pero era eso o perderse un día de prácticas. Y necesitaba moverse porque quedarse encerrado en casa lo mataba por dentro. Podían quedarse mirando su figura agotada o hacer muecas por el olor que inevitablemente se filtraba pese a todas sus precauciones, pero le daba igual. Les daría una paliza si trataban de hacerle algo. O iría con Jinbe para presentar una queja en el peor de los casos, su instructor lo comprendería.

Sintió el aroma a umeboshi antes de que pudiera ver a Yamato acercarse y no pudo evitar arrugar la nariz con disgusto. Últimamente los olores de otros alfas habían empezado a parecer insoportables a menos que fuese el del doctor Trafalgar. Aún así, contuvo su expresión y trató de sonreírle al hombre más alto cuando este lo saludó con algo de nerviosismo en la salida de la estación. 

—¡Yamao!— saludó, recibiendo un gesto con la mano en respuesta— ¿Y Ace? Pensé que estaría contigo.

La mirada de Yamato brilló de forma extraña tras mencionar a su hermano. Sus mejillas se oscurecieron un poco, un marcado contraste con su piel pálida, y desvió los ojos de Luffy como si se sintiera avergonzado de verlo. No se veía intimidante pese a ser un alfa mucho más grande que él, sino que parecía pequeño y nervioso ante la mención de su hermano. 

Visto así, podía entender porqué el omega mayor se había enamorado del alfa. No era su tipo en lo absoluto, pero Yamato sin duda se veía lindo avergonzado de su nueva relación con Ace. La marca de dientes en su cuello que sobresalía como un reclamo vinculante decía mucho más que cualquier tipo de palabrería. Y se alegra por ellos, porque tener que lidiar con un Ace gruñón que decidió que era buena idea repudiar la existencia de su pareja no fue muy agradable que digamos. No cuando tenía que intentar apaciguar la angustia y el estrés del alfa que venía a buscarlo durante sus tiempos libres como si él tuviese la respuesta al comportamiento volátil de su hermano mayor (no lo hacía). 

Ahora que se habían reconciliado y formalizado como compañeros, Ace estaba mucho más feliz que lo usual, y Yamato parecía aún hacerse a la idea de que estaba atado de por vida al omega que marcó como suyo. No en el mal sentido, por lo que pudo entender con tan solo observarlos interactuar, el alfa a veces parecía preguntarse qué hizo para merecerlo. Miraba a Ace como si tuviera miedo de que desapareciera y se escapara de sus manos. Un pensamiento que de seguro a su hermano lo ponía de buen humor.

—Salió por una llamada de emergencia con su equipo. Deberían regresar pronto, si es que no ocurre algo más.

—¿Incendio?

—Hmm— asintió el alfa—. Pero parece que no es tan grave, solo alguien que se olvidó apagar la cocina. Seguro que le irá bien.

—Suena como algo aburrido— no puede evitar pensar en voz alta, para diversión del más alto.

—Mejor que sea aburrido a que sea algo grave, ¿no crees?— el alfa se encoge de hombros, restándole importancia— Me pidió que te acompañara a casa ya que no podría regresar a tiempo, si no te molesta.

Ciertamente le molesta un poco, pero no por culpa del alfa, que solo estaba haciéndole un favor a su pareja. Ace suele ponerse sobreprotector cuando sabe que Luffy está cerca de su celo. Y si bien hay momentos en los que puede ser agradable, en especial cuando solo quiere estar acostado en su casa y ser mimado, ahora mismo era un incordio. Luffy sabía defenderse, ¿bien? No necesitaba tener a alguien a su lado para mantenerse seguro.

Eso no hizo que le impidiera a Yamato acompañarlo en su camino a casa. Su amigo podía ser muy insistente si quería y Luffy no estaba de humor para quejarse. Eso y que los calambres tampoco estaban ayudando con su mal humor, solo quería llegar a casa y dormir un poco. Preferiblemente con la ropa del doctor Trafalgar puesta. ¿Era mucho pedir?

Lo único bueno era que Yamato tenía auto propio, por lo que no iba a tener que lidiar el ir en autobús como siempre. Le dejó acurrucarse en el asiento del copiloto y le brindó una de las compresas que su hermano le dejó para él. El calor en su abdomen aliviaba un poco el dolor y tener un asiento cómodo para sentarse era bienvenido. Sí, no iba a quejarse si podía tener esta clase de lujos a cambio. Aunque eso significaba soportar el olor mezclado de la sidra de manzana y el umeboshi en cada rincón. Que no se notase que Ace pasaba mucho tiempo con el alfa.

Se pregunta entonces si en algún momento podrá tener momentos íntimos con el doctor Trafalgar. Acurrucarse juntos, abrazarse y compartir sus feromonas en un capullo de olores donde solo existían ellos dos. Ambos construyendo un nido y el alfa preguntando si podía ingresar para poder abrazarlo como el cachorro ansioso que le ha demostrado que era. Sonaba agradable. Eso o era su cerebro nublado por las hormonas hablando por él. No sonaba del todo mal tener unas manos más grandes que las suyas acariciando su abdomen, masajeando de forma circular la zona donde le dolía por culpa de los calambres. Oler el pan y el café tostado mezclados con el butterblume, como un buen desayuno recién hecho. Era tan tentador que se le hacía boca agua de tan solo imaginarlo.

Sus ensoñaciones, sin embargo, tenían que terminar tarde o temprano. El cómodo silencio del recorrido a casa fue interrumpido por la voz confundida del alfa que iba manejando, señalándole a Luffy un punto al lado de la puerta de su casa.

—Hey, ¿ese no es Koby?

Algo en Luffy decayó cuando pudo verlo.

En efecto, se trataba de Koby parado al lado de su casa, mirando su teléfono como si estuviera esperando algo. Y cuando lo vio arrugó el ceño, pareciendo en conflicto con su presencia. Y eso se le hizo extraño porque, ¿cuando Koby lo había visto de otra forma que no fuese con una sonrisa y mirada cariñosa? Era casi un presagio de que algo malo estaba por pasar.

Para su desgracia, no podía evitarlo. No cuando estaba impidiendo el paso hacia su casa y su nido que tanto ansiaba en esos momentos. A sabiendas de ello, bajó del vehículo. Yamato parecía tener un mal presentimiento, porque tenía una mirada preocupada hacia Luffy.

—¿Estás seguro de que quieres hablar con él ahora?— preguntó— Puedes pedirle que venga a buscarte en otro momento, no es que te veas muy bien como para lidiar con lo que sea que esté pasando por su cabeza.

—Estaré bien— el omega insistió, cerrando la puerta del copiloto con una sonrisa tranquilizadora—. Es solo Koby, es inofensivo. 

No estaba muy contento de tener que lidiar con él en realidad. Pero cree poder hacerse una idea del porqué estaba molesto. Ignorarlo por más tiempo no haría nada más que agravar la tensa situación que ya tenían ambos.

El alfa de pelo rosa esperó hasta que el auto de Yamato se fuera para acercarse. Luffy ya se estaba moviendo, prefiriendo llevar el problema a un lugar más privado que en plena calle, por muy calmado que fuese su vecindario. El alfa entendió, porque no emitió palabra mientras él le daba espacio para que pudiese ingresar a su hogar, vacío a estas horas ya que tanto Ace como Sabo estaban ocupados con sus propios empleos como para ayudar como mediadores en esta ocasión. Muy mala suerte tenía el día de hoy, lamenta en silencio. Al menos, y con suerte, esto acabaría rápido.

—Hace tiempo que no te veo— fue lo primero que Luffy dice. Y quizás fue una mala elección de palabras, porque Koby arrugó más la cara si era posible.

—Como me has estado evitando, no deberías sorprenderte.

Ah, parecía que iría directo al grano en esta ocasión. 

Tampoco es que estuviese mintiendo, era un punto válido que Luffy era capaz de reconocer. Pero se sintió ofendido por alguna razón. Quizás por la forma en la que lo dijo, sarcástico y acusador. ¿A quién le gustaba cuando era señalado por algo?

—¿No contestar tus mensajes es evitarte?— el omega no pudo evitar mofarse de ello— Eso es estúpido, ¿sabes? ¿Por eso tienes esa cara?

—Lo hubiese entendido si solo era una vez, quizás dos o tres veces— Koby señaló—. ¿Pero casi un mes y medio sin recibir respuesta tuya? Ni siquiera leías mis mensajes como antes.

—Estaba ocupado.

—¿En qué? ¿Tu entrenamiento?— el alfa no sonaba convencido— Te cambiaste el horario y ni siquiera fuiste capaz de decírmelo. Tuve que ir varias veces a intentar recogerte en la estación,  el único momento que tenía para poder verte, para enterarme por tu instructor que ahora tenías un horario que se superpone al mío. ¿Tan difícil era avisarme?

—¿Es culpa mía acaso?— Luffy estaba empezando a irritarse— Debiste darte cuenta después de la tercera vez que no iba a estar ahí cuando venías. O, no sé, preguntarme por teléfono.

—¿Habrías siquiera respondido?

—¡Por supuesto!— no lo hubiese hecho— ¿Acaso crees que sería tan mala persona como para hacerte perder el tiempo de esa manera?

Oh, pero lo era, una voz le susurraba al oído. Porque seguía discutiendo con su novio. No con Koby. Seguía estando atado a un alfa que no quería en lo absoluto solo porque este le predicaba palabras de amor y eso lo hacía dejar de sentirse solo. Un maldito egoísta que no era capaz de disculparse.

Cómo si quisiera disculparse, los calambres estaban empezando a empeorar. Lo obligaron a sostener su abdomen para intentar mantenerlo cálido y así apaciguar el dolor.

—¿Cómo puedes seguir mintiendo delante de mí cara? ¿Crees que soy idiota?

Lo eres, pensó. 

—No te creo estúpido, solo estoy diciendo que estás armando un escándalo por tonterías sin sentido.

—Ni siquiera eres capaz de entender porqué estoy molesto— Koby bufó—. No sé ni porqué lo sigo intentando.

Luffy miró a Koby con sorpresa.

—Se que no sentías nada por mi desde el inicio. Pero fui yo quien insistió en intentarlo— Koby suspira, había dolor en sus palabras, arrepentimiento—. Se ve que eso no ha cambiado por mucho que lo intenté. 

Algo en su estómago empezó a retorcerse, y su respiración se entrecortaba de forma repentina, quitándole el aire. La sensación de malestar tras escuchar esas palabras calaron en su cuerpo, viendo a Koby, esperando haber escuchado mal. No lo hizo. Y no le gustaba escuchar hacia donde iba esto.

—Ni siquiera debería estar tan molesto, ¿no es así? Porque tú me lo dijiste cuando empezamos a salir— Luffy lo deja seguir desahogando sus penas, paralizado y sintiendo el pánico sobreponerse a su dolor—. Creo que deberíamos dejarlo.

Casi quería reírse.

—¿Discúlpame?— Luffy dice, casi como si no creyera nada de lo que estaba pasando— ¿Vas a terminar conmigo?

—¿Para qué seguir en una relación en la que ni siquiera mi pareja se esfuerza en mantener a flote?— Koby sonaba triste, toda ira se había esfumado— No tienes que intentar consolarme. Sé que te molestaba tener que salir conmigo.

Lo hacía.

Odiaba tener que fingir que le importaba. Detestaba obligarse a dedicarle tiempo, pretender que no lo veía como un amigo en vez que como una pareja. Nunca lo vio de la misma forma en la que ve al doctor Trafalgar y nunca iba a suceder.

Y aún así, Luffy estaba destrozado. Su pecho dolió como si realmente le hubiese importado tanto. Su garganta se atascó y el butterblume de su aroma se redució a flores podridas que por los parches sería incapaz de oler. Sus ojos empezaron a arder y tenía tantas ganas de vomitar delante del alfa, demostrarle cuánto lo estaba lastimando. 

¿A quién le importaba si eso era lo mejor? Ace se lo dijo, Sabo se lo dijo. Pero Luffy no lo vio así. Koby no podía irse. No podía dejar de amarlo. No podía dejarlo solo. Si había algo que odiaba, era la sensación de estar solo. Escuchar a Koby decirle que se había rendido con él era lo mismo que abandonarlo a la nada. Y dolía. Dolía tanto que quería morirse.

—¿Luffy?

¡Lo prometió! 

¡Luffy aceptó esta farsa porque Koby se lo prometió!

¡Aceptó ser su estúpido novio porque Koby le dijo que no lo dejaría de amar nunca! ¡Y le creyó! Se aferró a ese amor que creyó incondicional y lo consumió como la persona avariciosa que era. ¡Porque Koby le dijo que estaba bien!

¿Y ahora se había aburrido y decidió que ya no valía la pena? ¿Que Luffy no merecía su amor? ¿Merecía estar solo?

—Hey, Luffy. ¿Qué ocurre? 

¿Quién se creía que era Koby? ¿Creía que Luffy era menos que él por ser un hombre hambriento de amor? ¿Decidió alejarse para burlarse de él? ¿Cómo podía hablarle ahora usando palabras amables cuando él decidió condenarlo a estar solo ?

¡Odiaba estar solo, Koby lo sabía!

¡Alfa estúpido, creyendo que podía decidir si se quedaba o no al lado de Luffy! ¡Luffy se lo advirtió!

Sintió las manos de Koby sosteniéndolo. Escuchó su voz llena de pánico y lo vio marcar un número, vio el nombre de Sabo en la pantalla como contacto de emergencia. Pobre alfa, no sabía que hacer, miraba a Luffy como si no hubiese hecho algo malo, y lo había hecho. Dolía tanto, los calambres, su pecho, las náuseas que ya no sabía discernir si eran porque su celo se había adelantado o si era por el rechazo del alfa delante suyo. El olor de la pólvora quemada estaba frente suyo, la fuente tan cerca de sus labios y de sus colmillos omega que gritaban por castigo.

Koby lo había insultado. Pobre alfa, creyendo que podía dejar solo a Luffy, humillarlo y dejar de amarlo.

Abrió la boca y expuso sus colmillos.

Luffy no lo pensó. 

 

[11]

 

Conservar a un alfa que te ha rechazado era la mejor forma de humillación que su familia había desarrollado por generaciones. Huesos entre los tejidos del nido para unirlos en cuerpo, el sabor de la carne para unirlos en alma. Nunca más podría abandonarlo, jamás podrá descansar en paz sabiendo que, después de la muerte, este seguía siendo pertenencia del omega. Un trofeo de caza que conservará para siempre.

Su abuelo se los enseñó. Ace siempre parecía muy entusiasmado con la idea, Sabo era el más escéptico pero nunca en contra. A Luffy no le importaba, no le vio el sentido y hasta le resultó aburrido.

Ahora lo entendía.

Su paladar asoció el sabor como el de la carne de un cerdo. Quizás una serpiente, como las que una vez su madre les dejó probar durante unas vacaciones a Alabasta. Un poco más grasiento pero no desagradable. Líquido rojo resbalaba de las comisuras de sus labios y teñía su nido en tímidas gotas. No se sintió asqueado por ello, al contrario, encontró euforia al fusionarse aún más con el alfa. Gimió complacido por la mezcla nauseabunda de olores, el cobre, la pólvora desvaneciéndose y el butterblume. Los calambres se volvieron soportables mientras su alma se llenaba con el ser del alfa que ahora ya no podría abandonarlo.

El tiempo se volvía borroso cuando estaba en celo. El sabor perduró, la satisfacción estaba ahí y la humillación de Koby nunca se iría de esas paredes. Recuerda que Sabo fue el primero en llegar, miró el desastre en el que Luffy se había convertido y lo ayudó a limpiarse y a ir a su habitación después de darle pastillas para aliviar el dolor. Sabe que, en algún momento, vino Ace junto con Marco, porque sintió el olor de la sidra de manzana y el tepache. Abrió la puerta para escuchar, debido a que cada pared de la casa fue insonorizada por petición de sus padres, y escuchó al alfa quejarse con resignación, casi como una rutina que no tenía porqué gustarle del todo.

—Debí suponer que así iba a terminar en el momento que Luffy empezó a interesarse en Trafalgar— dijo Marco. Ace reía de fondo y Sabo no sonaba muy contento con ello.

—El viejo no va a estar muy contento por esto— dijo el omega rubio—. Era su favorito.

—¿Importa?— Ace le restó importancia— Yo digo que estará bien, tradición es tradición. En todo caso fue culpa de Koby por querer salir con nuestro hermano pequeño.

—Eres el menos indicado para decir eso. Seguro estuviste alentando a Luffy para que lo hiciera.

—¿Perdón? Sabo, sé que me odias, pero esta vez no hice nada. ¡Lo juro!

Desconectó la conversación después de eso. Sus piernas temblorosas lo arrastraron de vuelta a su nido y se recostó en él, aspirando el aroma en este. El café y pan recién horneado concentrado en sus pulmones, su nariz enterrada en la tela de la tela vieja que había robado. Lo mantuvo cuerdo mientras el peso de lo que hizo empezaba a asentarse en su cabeza.

No se sintió culpable. Era un castigo adecuado, eso siempre le dijeron. Pero masticó la carne fibrosa del corazón y pensó en su alfa, el doctor Trafalgar. Se preguntó, en medio del nido a medio reconstruir, si él hubiese podido entenderlo.

Un Alfa será un alfa y no hay nada que pueda cambiarlo. Ellos no son capaces de entender el dolor de un omega al perder a su pareja, el calor de su cariño y el vacío que dejaban atrás. Pero por un momento, Luffy quiso creer que Trafalgar lo comprendería. Abrazaría a Luffy y le diría que no sería como Koby, que entregaría todo su ser para amarlo y quererlo sin importar lo que ocurriera. Pensó entonces cuán romántico sería intercambiar sus corazones, para poder pertenecerse en alma por completo. Un pedazo de cada uno en el otro, como el compromiso perfecto.

Sería una lástima si las cosas terminaran como Koby. Trafalgar Law no debería ser convertido en un trofeo, por mucho que Luffy lo aceche como una presa apetecible. No se veía haciendo eso, porque su alfa era perfecto en cada sentido de la palabra. Era su propia persona, su propiedad de forma voluntaria así como lo era Luffy para él. En eso debía convertirse. Porque Luffy prefería morirse antes de que Trafalgar pensara dejarlo solo. Se abriría las costillas, arrancaría su corazón, y se lo daría para que lo consumiera de ser necesario. De todas formas, era suyo en el momento en el que lo salvó de dejar de latir. 

Pero si las cosas acaban como Koby, quizás eso signifique que Luffy no debería creer en el amor de todas formas. Porque el amor te hace estúpido, Sabo tenía razón. Y Luffy no cree poder amar a alguien más que Trafalgar en su vida. 

Quizás era su celo quién lo estaba volviendo loco, el que lo hacía reflexionar de esta forma. Pero, ¿no tenía algo de verdad sus delirios?

Trafalgar debería sentir lo mismo que Luffy, era lo justo, ¿cierto? Porque perseguía sus feromonas, porque su cuerpo lo recordaba, porque Luffy lo había elegido sobre cualquier otra persona. Porque destrozó la mentalidad que Luffy tenía sobre el amor y la reconstruyó a su antojo. Un hombre que vivía solo, que pasaba la mayor parte de su tiempo libre solo, que estaba completamente solo. Era un alfa que gritaba querer ser amado, justo como Luffy también quería. Solo necesitaba un empujón hacia la dirección correcta. Enseñarle cuánto lo necesitaba. Cuán perfectos eran los dos juntos.

Volverlo desesperado por su presencia. Volverlo dependiente justo como Luffy se había vuelto hacia él. Hacerlo sería un desastre que Luffy gustoso se encargaría de reensamblar. Su alfa perfecto. Solo suyo.

El butterblume se volvió tan empalagoso como la miel, pero a Luffy no podría importarle menos. No cuando sostenía la prenda con olor a café tostado y pan para acompañarlo, llenando ese vacío que esperaba dejar de sentir por completo algún día.

 

[×]

 

Koby obtuvo un ascenso y fue transferido a Loguetown, eso fue lo que su abuelo Garp dijo al resto tras su desaparición. Nadie se extrañó por eso, su manada parecía disgustada por haber abandonado a Luffy cuando más lo necesitaba. Al propio omega no podría importarle menos. Los días siguieron transcurriendo en Goa, las estaciones avanzaron y ocho meses se cumplieron desde que conoció a su alfa por primera vez. Luffy estaba feliz, no dejaba de pensar en Trafalgar y las cosas parecían ir bien en su vida por primera vez en mucho tiempo.

Pasó la entrevista de trabajo para la cafetería favorita de su alfa y hoy era su primer día. No es que necesitara el dinero, pero si quería empezar las cosas bien, ¿qué mejor que presentarse a Trafalgar de forma casual como lo era esta? Y sus esfuerzos rindieron frutos cuando, a las siete de la mañana, el olor a café tostado pasó por la puerta y la figura de su alfa ingresó a la cafetería tal y como había anticipado. 

No pudo evitar sonreír. Se había preparado, se había propuesto verse bonito y se arregló lo suficiente como para estar presentable. El delantal se ceñía muy bien a su cintura, se aseguró de ello, y aprovechó que eran sólo ellos dos en ese momento para liberar sus feromonas. Lo vio, vio la pizca de interés de un alfa al olfatear el cortejo de un omega. Pero también vio genuino interés. Lo vio quedarse embobado al verlo y tuvo que poner todo de sí para evitar pavonearse ante el halago. En cambio, rió, porque todo esto le resultaba divertido. Era tan irreal verse ahí, encarando al hombre que lo había mantenido suspirando por meses, igual que como él lo vio la primera vez que lo volvió a ver en Flevance.

—¿Vas a pedir algo o solo te quedarás ahí parado?

Oh, que lindo se veía el alfa avergonzado. Sus mejillas se oscurecieron tras escuchar las palabras de Luffy, saliendo de su estupor y acercándose al mostrador con pasos torpes y casi tímido por ser descubierto.

¿Cómo no podría no enamorarse de Trafalgar Law cuando demostraba cada vez más que era tan perfecto para él? 

Su primer encuentro fue tan perfecto como lo había planeado. Podía oler el pan recién horneado untarse con butterblume y acompañado con café tostado. El alfa no lo sabía, pero ya estaban unidos, estaba correspondiendo al omega ahí mismo, en la cafetería que tanto gustaba visitar por las mañanas. Luffy sonreiría más de ser posible, feliz por ser colmado del afecto que tanto ansiaba y este siendo mutuo. 

—¿Eres nuevo?— la voz del alfa fue dirigida hacia él por primera vez. Profunda pero no áspera como lo había escuchado hacía otras personas. Había un matiz suave, como si aún no supiera cómo actuar ante su presencia.

Y Luffy se derritió ante ello. Quería abrazarlo, decirle cuánto lo amaba, repetirlo hasta que se quedara grabado en su cabeza. Marcarlo, hacerlo suyo en cuerpo. Pero resistió. Su alfa ahora mismo era ignorante del amor que le prodigaba, se recuerda. No necesitaba asustarlo habiendo llegado tan lejos.

En cambio, lo miró de vuelta, miró esos ojos del color del oro fundido y volvió a reír. 

—¡Acabo de empezar hoy! Un gusto. Tus tatuajes son geniales por cierto.

Notes:

Luffy huele a Butterblume (botón de oro en alemán o girasol falso). Sonaba a mantequilla, así que estaba chistoso y muy Luffy. De hecho, se supone que huele como a miel según he investigado. Si bien poner que olía a girasoles podría haberle quedado igual de bien, quería que el aroma en sí pudiera también ser asociado a Law ya que, en palabras de Luffy, sus aromas combinaban muy bien. El butterblume de hecho es una flor muy común en Alemania, teniendo un significado similar al del girasol. Por eso lo terminé escogiendo.

Sabo huele a flor de lis. Se ha usado mucho para representar a la aristocracia en el pasado, en especial en francia. De hecho se ha usado como escudo de armas hasta 1831 (es decir, después de la revolución francesa). También simboliza, entre muchas cosas, la hermandad, la lealtad y la resurrección. En la masonería la iluminación y la virtud. Creo yo que todo en conjunto le quedaba a Sabo perfectamente. También porque era gracioso que fuese francés en vez de británico.

Ace huele a sidra de manzana. No voy a argumentar en esto. Mi amiga creyó que le quedaba bien un aroma fuerte y frutal pese a ser un omega y decidí dejarlo.

Zoro: Aceite de trufa (usualmente usados en espadas samurai). No creo necesitar explicar el porqué.

Sanji: Sal marina y mimosas (flor francesa que suele ser relacionado a las mujeres y energía femenina, significa sensibilidad, elegancia y seguridad).

Nami: Mandarinas (no necesito argumentar).

Robin: Hojas de libros y petricor (olor asociado a los árboles o tierra mojada después de la lluvia).

Yamato: Umeboshi (también llamado ume o ciruela, sus flores significan fuerza y resistencia). Es una fruta similar al albaricoque, en este caso está encurtido. Es muy común en Japón y tiene varias formas de prepararlo y servirlo en comidas.

Marco: Tepache (bebida fermentada oriunda de México elaborada a partir de la cáscara de piña, piloncillo y especias). Estaba entre esta y la piña colada, solo porque me causa gracia el apodo que Luffy le ha dado a Marco en el anime. No hay mucho significado más allá de eso.

Koby: Pólvora quemada. La pólvora es usada en balas de cañón, depende del material de este y puede llegar a tener un olor similar a la azúcar quemada.

Ni Franky, ni Chopper ni Usopp cuentan con feromonas fuertes al ser betas, pero aún así tienen su propio aroma. Chopper huele a campanillas de invierno (flor medicinal), Franky a agua carbonatada y Usopp a mucílago azucarado (es un fluido que tienen las plantas carnívoras, para atraer insectos. En específico, Usopp tendría el mucílago de una flor rocío de sol). Como expliqué, si bien cada uno de ellos tienen olores propios, no son tan densos o muy especiados como los de un alfa o un omega. Para poder olerlo tendrías que estar cerca de sus glándulas olfativas subdesarrolladas o, para el nido de los omegas, conseguir prendas que estos suelen usar con frecuencia. Los betas en sí, al no haber desarrollado su olfato, no son capaces de percibirlos.

No lo puse en el anterior básicamente porque Law no puede discernir los olores en las feromonas a diferencia de Luffy, así que no tenía sentido buscarle a qué podía oler cada uno si no iba a poder mencionarlo.

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