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The little angel and her big new world

Summary:

Raf es una ángel normal, que ahora debe enfrentarse a los desafíos de todos los ángeles guardianes, sin saber que un mal acecha

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

Los ángeles no nacen como los humanos.
Nacen de la risa.

Cada vez que un bebé ríe por primera vez, esa alegría asciende al cielo.

Raf nació de la risa de Andrea, y catorce años después —que pasaron como un parpadeo en el tiempo celestial— ya estaba lista para convertirse en su guardiana.

¿Y dónde aprendería a ser una guardiana justa?
En la Golden School, la escuela para ángeles y demonios.

El sol comenzaba a asomar sobre la ciudad paradisíaca de Angie Town, mientras Raf dormía profundamente.

—¿Quieres llegar tarde el primer día, Raf? —preguntó su madre con voz suave, sacándola del mundo de los sueños.

—Cinco minutos más, ma... —murmuró Raf, con voz cansada y ojos aún cerrados.

Luna, su madre, soltó un suspiro. Con un movimiento casi imperceptible, le quitó las sábanas de golpe, obligando a Raf a incorporarse con un quejido.

—No quiero ir... —murmuró Raf, deprimida—. Voy a estar completamente sola.

—¡Pero podrás hacer nuevos amigos! —le animó Luna con una sonrisa.

—No quiero nuevos amigos... quiero a Blondie.

—Mira, puedes escribirle una carta a Blondie cuando quieras —respondió su madre, sentándose a su lado—, pero ahora céntrate en estudiar y en disfrutar tu experiencia en la Golden School.

Raf suspiró largo.

—Está bien... lo intentaré.

Con paciencia, Luna la ayudó a elegir qué ponerse para su primer día.

Y así, minutos después, Raf salió rumbo a la estación.

-o-

Raf subió al tren y se acomodó en uno de los vagones resplandecientes que flotaban entre nubes doradas. A través de las ventanas, el cielo parecía un océano de luz. A su alrededor, otros jóvenes pasajeros —también futuros estudiantes de la Golden School— hablaban entre ellos con entusiasmo, nervios o pura curiosidad.

Raf, en cambio, evitó el contacto visual y caminó en silencio por el pasillo hasta encontrar un asiento libre. Se dejó caer con suavidad y fijó la mirada en el suelo, esperando que nadie le hablara.

A su lado, una ángel morena de cabello rizado le dedicó una sonrisa cálida y se presentó con entusiasmo.

—¡Hola! Soy Urié —dijo con una energía contagiosa.

—Raf —respondió ella, apenas levantando la mirada.

—¿Nerviosa por el primer día?

Raf asintió en silencio.

—Miki dice que es más sencillo de lo que parece —comentó Urié, como si quisiera tranquilizarla.

—¿Quién es Miki? —preguntó Raf con un leve interés.

Una voz se alzó desde el asiento de atrás.

—¡Yo soy Miki! —dijo una chica de cabello azul, apoyando los brazos en el respaldo—. Y ella es Dolce.

Otra chica, de cabello rosa pastel, alzó la mano en un saludo amistoso.

—Miki es de segundo, así que sabe cómo funcionan las cosas.

—Demasiado bien —añadió Miki con una sonrisa ladeada—. No te preocupes, Raf. Sobrevivirás.

-o-

El tren llegó a la estación celestial con un leve silbido y una suave sacudida. Las puertas se abrieron, y una brisa cálida —cargada de fragancias dulces y luz dorada— acarició a los estudiantes mientras descendían.

Raf se apresuró a bajar junto a Urié, Miki y Dolce, tratando de no perderlas de vista entre la multitud de alas, risas y pasos apurados. Pero en medio del apuro, chocó de lleno con alguien.

—¡Oh! —exclamó, retrocediendo un paso.

Frente a ella, un ángel de cabello castaño y ojos verdes la miraba, sorprendido. Se quedaron en silencio unos segundos, ambos inmóviles, como si el tiempo se hubiera congelado entre ellos.

—Oye… ¿estás bien? —preguntó Raf, arruinando el momento.

—Yo… eh, sí, lo siento. No estaba viendo a… dónde iba —respondió él, aún un poco aturdido.

Sus miradas volvieron a encontrarse por un instante más largo del necesario, hasta que una voz los sacó del trance:

—¡Amigo! ¡Apúrate! —gritó alguien más adelante.

El chico desvió la vista hacia su grupo.

—¡Ah, ya voy, Ang-Li! —respondió, agachándose rápidamente para recoger sus cosas del suelo.

Raf lo observó mientras se alejaba, sin moverse del lugar.

—¡Raf! —la llamó Urié, jalándola del brazo—. ¡Tenemos que apurarnos o nos perderemos la ceremonia de iniciación!

—¡Voy! —dijo ella, sacudiéndose el hechizo del momento.

Juntas, las cuatro ángeles se apresuraron por el sendero flotante que conectaba la estación con las puertas resplandecientes de la Golden School.

-o-

Las puertas doradas se abrieron con un suave resplandor, y las cuatro ángeles cruzaron juntas el umbral.

Sus ojos recorrían cada rincón, admirando la arquitectura flotante, los arcos que parecían hechos de luz sólida y los cristales suspendidos en el aire. Pero lo que más le llamó la atención fue algo que no esperaba tan pronto:

Los diablos.

Era la primera vez que los veía en persona. Se distinguían fácilmente: alas de murciélago, cuernos curvos, vestimentas oscuras… pero no daban miedo. En realidad, no se veían tan distintos de los ángeles. Algunos hablaban entre ellos, otros se reían. Algunos lucían inseguros. Como ella.

"Es un poco triste que nazcan de las lágrimas de los niños", pensó Raf, recordando lo que siempre le enseñaron, "mientras que nosotras nacemos de sus risas más puras..."

Pero aun así, no parecían monstruos. Solo... diferentes.

Una voz poderosa rompió el murmullo del lugar. En el centro del gran salón flotante, el director Arkhan —alto, majestuoso, de alas doradas— caminó hacia el podio, acompañado por su contraparte: una diablesa elegante de ojos rojos y porte firme. Era la directora Temptel.

Ambos se colocaron frente a los estudiantes, y Arkhan alzó la voz:

—¡Bienvenidos, nuevos guardianes! Hoy comienza un camino de aprendizaje, responsabilidad y, sobre todo, equilibrio...

Raf intentó prestar atención, pero Miki, a su lado, comenzó a hablar en voz baja:

—Dan el mismo discurso todos los años —murmuró con tono aburrido—. "Los ángeles son entrenados para guiar a los humanos hacia decisiones meditadas, mientras que los diablos los impulsan a actuar por instinto o deseo. Cuando un ángel y un diablo nacen de las emociones del mismo humano, serán emparejados como sus guías", y blah, blah, blah...

Urié la miró con el ceño fruncido.

—Eso suena importante de escuchar.

—Sí, pero yo lo digo mejor —replicó Miki, encogiéndose de hombros.

El discurso continuó hasta que Temptel anunció con solemnidad:

—¡Llamaremos ahora a los primeros emparejamientos!

Un brillo cruzó el aire, y los nombres se proyectaron en el cielo, escritos en letras de luz.

—Nacidos de la risa y las lágrimas de Sara: Mefisto y Ang-Li.

Dos figuras subieron al escenario. Ang-Li, un ángel de gafas y alas amarillas, sonreía alegremente. Mefisto, su contraparte demoníaca, tenía el cabello castaño oscuro y una risa algo nerviosa.

Raf observó la escena en silencio.

—Da algo de miedo, ¿no? —susurró Dolce, cruzando los brazos.

—No cuando ya conoces a tu diablo —respondió Miki, poniéndose en pie—. Debo ir con los de segundo año. Confío en que van a estar bien. ¡Las veo luego!

Raf apenas tuvo tiempo de procesar la ceremonia cuando otro anuncio brilló en el aire:

—Nacidos de las lágrimas y la risa de Alessia: Gabi y Blu.

El chico del tren —el de ojos verdes— caminó al escenario con torpeza, recogiendo sus cosas por el camino. Allí lo esperaba su contraparte: una diablesa de cabello azul brillante y mirada intensa. Se saludaron con cierta cautela.

Raf apenas tuvo tiempo de desviar la mirada cuando escuchó lo impensado:

—Nacidos de la risa y las lágrimas de Andrea: Raf y Sulfus.

El corazón de Raf dio un brinco.

Subió al podio lentamente, con las alas algo tensas por los nervios. Al frente, flotaba el retrato de su humano: Andrea, un niño de sonrisa pícara. Raf lo reconoció de inmediato. Esa era su razón de ser.

Y entonces lo vio.

Sulfus.
Alto, cabello negro desordenado, mirada astuta.
Y esa sonrisa.

¿Le… acababa de guiñar un ojo?

Raf se quedó inmóvil por un segundo.

"Los diablos son raros" pensó.