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Franco está nervioso, ese día tiene que mostrar su valor en la pista. Es Interlagos, es su casa, o al menos lo será hasta el año próximo, que Argentina volverá a tener un circuito en el calendario. Será un acuerdo de una carrera cada tres años, pero le sirve. No puede esperar a por fin ir a su país, a que el mundo vuelva a ver la pasión del argentino por el automovilismo.
Es un día difícil en Interlagos, el viernes había llovido lo suficiente como para frenar las prácticas libres, el sábado ha sido un buen día, pero hoy es una tormenta instalada en el circuito. Lando y él han podido obtener buenos puestos en la clasificación, han logrado estar entre los primeros cinco lugares. La lluvia no es tan intensa aún, está previsto que empeore en la vuelta cuatro, por lo que todos tienen neumáticos intermedios.
—Se viene un frente de lluvia fuerte entre la vuelta 6 y 10, vuelta 6 y 10.
—Chicos, si esto sigue así tendrán que pedir bandera roja.
La carrera había iniciado con normalidad, Franco mantuvo su quinto puesto. La idea es aprovechar cada bandera amarilla o auto de seguridad para acercarse a sus rivales y pasarlos ni bien se reanude la acción. Sin embargo, el argentino tiene un mal presentimiento, algo que le dice que maneje con cuidado, que no empuje al máximo. Un escalofrío que recorre su espina dorsal desde la mañana.
Llega a la mitad de la carrera sin agarre, pero sobrevive. No ha podido adelantar a nadie, a pesar de haberse acercado lo suficiente a George. El británico se defendió bien de su ataque después de que el auto de seguridad frenara la carrera por el accidente de Alex. El temblor en sus manos aumenta, es algo involuntario, no puede dejar de pensar que tiene que salir de la pista y abandonar la carrera.
—Otro frente de lluvia fuerte entre la vuelta 41 y 46, vuelta 41 y 46.
—Pongamos full wet chicos, las inter no sirven.
—Estás muy bien, es buen ritmo, Franco.
—No, no, no tengo agarre.
—Copiado. Vamos a informar.
La lluvia aumenta su intensidad de a poco y por sectores de la pista, no puede controlar del todo su monoplaza y cada vez que lo siente irse, baja la velocidad.
—Franco, empuja lo más que puedas.
—Esto es peligroso, chicos, no… No puedo.
—Si puedes, estás haciéndolo muy bien.
Franco está muy frustrado, su equipo no lo está escuchando, le exige más de lo que debería y, aunque intenten hablarle bien, están molestos con su insistencia. La visibilidad se reduce casi por completo en algunos sectores, al punto de no ver qué botones está tocando en su volante. Su respiración se acelera, tiene pánico, pánico real.
—Chicos, cambiemos a full wet.
—Los neumáticos están bien, casi todos tienen intermedios.
—Si es por la posición, no importa, la recupero.
—Mantén el izquierdo delantero en temperatura, usa los frenos.
—Chicos, ¿no me entienden?
—Sí, todos los equipos estamos en modo supervivencia, sé que está difícil en la pista, pero lo estás haciendo bien.
—Saben que puedo recuperarme después, pero…
—Confiá en nosotros, Franco. Dejá que hagamos nuestro trabajo, vos hacé el tuyo.
Franco resopla, harto de la situación, está a punto de ir a boxes y bajarse del auto como ha hecho Alonso el año anterior. El miedo cierra su garganta en lo que intenta seguir la línea del circuito, una línea que casi no puede ver. Sabe que no está cerca de ningún monoplaza porque todos han disminuído la velocidad.
—Alonso detrás tuyo a cinco segundos —le dice su ingeniero por la radio en el inicio de la vuelta cuarenta y dos.
—Chicos, no veo nada, no sé cuándo va a llegar —les responde, mordiéndose la lengua para no seguir hablando. Si siguen así, habrá un accidente grave.
—Estás haciéndolo bien, Franco, nosotros te avisaremos.
—Hablen con la FIA, hagan algo, esto es muy peligroso —insiste y casi sale de pista por lo poco que puede ver la línea, logra mantener el coche cuando la parte trasera se le va. —Estoy tratando de no morir, chicos.
—Copiado. Estamos en eso.
Está iniciando la vuelta cuarenta y tres de carrera, la lluvia ya lo tiene histérico, sabe que está en la recta principal porque su ingeniero le acaba de decir. Pisa un charco que se formó en el circuito y pierde el control total del monoplaza. El golpe contra la pared es duro, pero su entrenamiento le permite soportarlo.
Su coche da un trompo luego del impacto y queda sobre el medio de la recta. Quiere abrir la radio y pedir que frenen todo, que no lo van a ver. Sin embargo, el auto de Alonso llega antes de que pueda decir algo.
