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—¿Por qué estamos solos aquí, Kakashi-sensei? Falta Sasuke.
El profesor fue muy claro con sus instrucciones. Era domingo por la mañana y estaban en los campos de entrenamiento. Les extrañó que en su día libre Kakashi los citara con tanta exigencia, pero más les llamaba la atención el hecho de que no estaba Sasuke Uchiha entre ellos.
—Es que justo eso es de lo que quiero hablar — dijo el profesor —. El cumpleaños de Sasuke se acerca. Es en una semana, y me mandó algunas indirectas de que prefiere pasar ese día tranquilo y sin gente. No es algo que yo pueda evitar, pero sí entender. Sin embargo, la misión de hoy es buscarle a Sasuke aunque sea un detalle para obsequiarle cuando el día llegue.
No sabían que Kakashi era tan detallista. Les sorprendió. Sakura chilló y dio saltos en el lugar, festejando.
—¡Es mi oportunidad para darle a Sasuke algo que lo enamorará! ¡Verá lo mucho que lo amo y entonces cederá ante mis sentimientos! — fantaseó ella. Naruto soltó un quejido.
—No puede ser que tenga que regalarle algo a ese sujeto tan insoportable — murmuró. Sakura lo miró con mala cara ante ese comentario, haciéndolo retroceder y reír nerviosamente —. Bueno, tú sabes. No debería estar obligado a regalarle nada si no me sale del corazón.
—Tienes razón, Naruto. No tienes que hacerlo, sólo pensé que sí querrías — dijo Kakashi con un tono indescifrable. La máscara no le dejaba claro si estaba enojado.
—¿Y qué pasará si no lo hago?
—Nada.
—Hay un truco.
—Te juro que no.
—Pero es una misión y un ninja no puede negarse a una misión.
—Fue una forma de agregarle humor, pero si así quieres verlo supongo que está bien.
—¡Me ha desafiado! ¡No se eche para atrás, Kakashi-sensei! ¡Iré justo ahora a buscar algún regalo para el pelos necios!
Naruto saltó hacia la rama de un árbol, dispuesto a irse, pero antes miró hacia atrás y alzó el puño en su habitual gesto de promesa.
—¡Y te voy a ganar, Sakura! ¡De veras! — juró. Se refería a una competencia ficticia del mejor regalo, pero su compañera y profesor le entendieron otra cosa.
—Me gustan los triángulos amorosos — rio Kakashi.
—¡Váyase al diablo! — descartó Sakura. Naruto y su inocente forma de hablar.
Cuando Naruto llegó al mercado de la aldea, cayó en cuenta de que no tenía idea de qué darle a Sasuke. Decir que no conocía a Sasuke Uchiha era mentira. Podía decir que era el único que realmente tenía idea de lo que estaba hablando cuando su nombre y apellido prestigioso salían de su boca. Lo conocía de muchas formas: enojado, impotente, mal dormido, fastidiado, divertido por verlo atado de cabeza a la rama de un árbol, etcétera. Mas nunca lo vio feliz como decir feliz. Sasuke no sonreía ni expresaba que algo le gustaba. Naruto siempre le decía lo mismo.
—Tu comida favorita es el arroz. No puedes ser más soso. ¡Eres el chico más soso que conozco!
Las pocas cosas que sabía que le gustaban a Sasuke eran demasiado aburridas, como los pergaminos de Genjutsu, el arroz simple y la ropa oscura.
Se paseó por la feria y nada le convencía. Había calentadores para brazos en un puesto de indumentaria, pero eran rosados. Tuvo la tentación de comprárselos en broma, aunque se resistió al ver que eso sería un gasto de dinero sin sentido.
Ah, además no tenía que ser tan caro. Estaba sacrificando la salida del mes con Iruka a Ichiraku por eso.
Armas eran siempre buena idea, pero los diseños de aquellas no iban con el estilo de pelea de Sasuke. A él, que se movía con gracia y perfección, no le iban esas figuras contundentes y con tan poca utilidad.
Libros, pensó, pero ¿qué género le gustaba a Sasuke?
—¡Agh! ¡Me rindo! — no solía decir — El señor es tan fino y con gustos tan raros que no verá extraño que le pregunte qué quiere.
Ante esa buena idea, se dirigió hasta la casa de Sasuke para preguntarle en persona qué deseaba. Cuando llegó, tocó la puerta un par de veces. Lo llamó otras cuatro, pero nadie respondió. Era capaz de ignorarlo, así que trepó hasta la ventana de su habitación, hallándose con un cuarto ordenado y muy bonito que gritaba "soy Sasuke Uchiha y mi herencia podría alimentar una nación". O al menos así lo veía Naruto por tener una televisión.
—¡Sasuke! — llamó, sin respuesta — ¡Sasuke! ¡Para ser un ninja que duerme con un ojo abierto, tienes muy mala seguridad!
Supo que estaba solo. Sasuke no estaba en casa. Bajó las escaleras hasta la cocina, suponiendo que ahí estaría su horario. Porque sospechaba que Sasuke era así de organizado.
—Domingo, levantarse a las ocho... ducha y desayuno de nueve a nueve y media... compras a las diez... — leyó Naruto — ¿Se levanta a las ocho un día libre? ¿Y cómo desayuna y se baña en media hora? Tiene pinta de que tarda dos horas en lavarse el cabello y perfumarse.
Esa crítica le dio una idea. Considerando que podía regalarle el shampoo que usaba, se le ocurrió husmear en su hogar para buscar algo que le gustase y regalárselo. Era su casa. Se suponía que era un reflejo de su mente. Aunque, viéndola tan limpia y ordenada, supo que era más una proyección de cómo quería reparar su rota psiquis. La palabra consuelo quedaba mejor.
En el baño, el shampoo no olía de alguna manera especial. El aroma a jazmines que sentía de él seguramente era un perfume que no encontró, además asumió que no sería barato. Sasuke olía caro. No podía regalarle nada de ahí. Descartado.
En su cuarto el maldito tenía sólo pergaminos de teoría y estudio. Nada más. Ni juegos, ni cartas, ni algo lindo. Con tanto dinero, se esperaba menos minimalismo.
—Pero así eres tú — se respondió sólo. Sasuke era exactamente así —. Y si eres así, entonces hay algo bueno escondido por aquí que ni siquiera tú quieres ver.
Confiando en su básico conocimiento sobre el Uchiha, buscó en la única habitación que le quedaba. Dentro había ropas viejas, y no eran de Sasuke. Había muchas cajas y dos pares de sandalias de adulto al lado de la puerta, como si alguien hubiera entrado y nunca salido.
No era idiota como todos creían. Sabía de quiénes eran esas cosas al ver las telas manchadas con sangre seca. Por primera vez se preguntó si estaba bien lo que estaba haciendo, pero ya estaba ahí y tenía que apurarse. Si Sasuke lo descubría, definitivamente lo mataría. Fue cuidadoso y respetuoso con cada objeto. Una caja muy al fondo le llamó la atención. Al abrirla, se encontró con fotografías. En ellas, se veía a Sasuke de niño con su familia. Varias eran formales, de Uchiha, pero otras eran divertidas y de una familia normal.
—Vaya. ¿Esta es la madre de Sasuke? Es hermosa. Es idéntica a él — observó Naruto la fotografía de una mujer que parecía Sasuke de adulto y con cabello largo. Era impresionante el parecido. No tomó en cuenta el hecho de que le había dicho hermoso a Sasuke —. Nada que ver a su papá — rio al ver un retrato de su padre —, de él habrá sacado lo gruñón — y le sorprendió que hubieran fotos de Itachi también.
Se veía todo tan normal.
Sasuke sonreía. Era inocente, y la foto de él sosteniendo a un gato hasta le hacía pensar que tal vez fue hiperactivo y dulce. Naruto frunció el ceño. Sabía que Sasuke era así de reservado y frío por culpa de su hermano. La comparación era dolorosa.
Entonces lo vio. Era perfecto. Era el mejor regalo de todos los regalos.
El sonido de la puerta abriéndose le hizo guardar todo rápida y silenciosamente. Tomó la fotografía y se largó esperando que Sasuke no lo viera. Luego de correr por diez minutos, supo que estaba fuera de peligro.
Se detuvo a observar la foto de un pequeño Sasuke jugando con un peluche de dinosaurio verde, sonriente hacia la cámara. La miró un rato y se rio.
—Era muy tierno — admitió Naruto —. Si pusiera esos ojitos más seguido, me tendría a sus pies como a todas las niñas de esta aldea.
Y nuevamente no se fijaba en lo que decía.
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A la mañana siguiente, lunes, Sasuke apareció de malhumor. Sakura, a pesar de que Kakashi ya ke había dicho lo que Sasuke pensaba sobre las fiestas, se la pasó proponiéndole hacer una con todos sus amigos de la generación.
—Primero que nada, no son mis amigos. Son compañeros y les hablo cuando se trata del trabajo — dijo él sin mirarla —. Segundo, quiero pasar ese día tranquilo y como si fuera uno más, ¿queda claro?
Pero la pelirrosa le pidió que lo considerara. Creía que Sasuke sólo era tímido.
Naruto sabía que no había caso en decirle a Sasuke eso. No le gustaba la gente. Lo conocían desde hace un buen rato como para no saberlo. Pero Sasuke estaba de malhumor porque sabía que alguien se había metido en su casa, le molestaba que Naruto tuviera razón y su seguridad hogareña fuera realmente mala.
Naruto volvió al mercado con la foto y se dispuso a encontrar un peluche similar a ese. No podía ser muy difícil, pensó. Pronto se encontró con que los pocos peluches que habían eran osos del felpa. No había dinosaurios. Pero vio una tela parecida y muy barata. Miró la imagen, preguntándose si sería capaz. Lo poco que sabía sobre coser lo aprendió por necesidad para arreglar sus ropas y sábanas viejas. No sabía hacer muñecos, mas ya no sabía qué otra opción había.
Compró la tela y fue a ver a Iruka Umino. Su querido profesor siempre sabía hacer de todo, o eso era lo que Naruto pensaba.
—¿Un dinosaurio de felpa? ¿Para qué? — preguntó Iruka.
Naruto cayó en cuenta de lo que estaba pasando. ¿Qué estaba haciendo? ¿Un peluche para el pelos necios?
—Es que... Sasuke cumple años y... — creyó que lo mejor sería darle la foto para que lo viera por su cuenta.
Iruka miró bien la imagen. Al cabo de dos segundos estaba carcajeando.
—¡No se burle de mí, Iruka-sensei! — exclamó Naruto lleno de vergüenza.
—Lo siento, Naruto. No me rio de ti. Es que me diste ternura — justificó Iruka. El rubio se sentó de brazos cruzados en la cama de su sensei, encaprichado —. Te puedo ayudar. Tengo un libro de costura de mi madre que tiene muchos patrones y moldes. Debe haber alguno que nos sirva, y sino inventaremos uno.
—¿Moldes? — definitivamente necesitaba la ayuda de Iruka.
Pasaron dos días y el cumpleaños de Sasuke sería al siguiente. Esa mañana tenían reunión de equipo por una misión de bajo rango. A la anciana adinerada se le había vuelto a perder su gato, y esta vez el que llegaba tarde al punto de encuentro era Naruto.
—¿Dónde diablos está? — gruñó Sakura, queriendo terminar esa misión tan molesta.
—¿Sí somos conscientes de que no se necesitan tres ninjas para atrapar un gato? — lo defendió Sasuke. Pudieron haber empezado hace media hora.
—Naruto necesita el dinero de la misión, no lo vamos a sacar del plan — explicó Kakashi —. Pero llegó más tarde que yo y eso ya es mucho.
El rubio apareció corriendo y gritando que lo esperasen, con una mochila en la espalda. Luego del regaño de Sakura, Sasuke se fijó en lo que cargaba.
—¿Llegaste tarde por empacar? Naruto, no vamos a salir de la aldea. Estamos buscando a un gato — le dijo Sasuke con extrañeza. Se les avisaba si tenían que viajar.
—¿Eh? — se dio cuenta de su mochila — Ah. No, no. Es que estaba en la casa de Iruka-sensei haciendo algo. Esto no tiene nada que ver, de veras. Busquemos a ese gato del demonio.
Kakashi dio las indicaciones. Sakura por un extremo de la aldea, Kakashi desde la Roca Hokage y Naruto y Sasuke debían ir juntos a inspeccionar los campos. El azabache se fijó en cada movimiento de Naruto. El chico estaba muy raro esa semana. Evitaba pelear con él y parecía concentrado en algo. Cuando estuvieron juntos sobre la rama de un árbol para ver mejor, decidió hablar.
—¿Qué tienes? — soltó. Naruto parpadeó.
—¿Qué? — dijo él.
—Estás muy raro, no lo sé — dijo Sasuke, intentando que no se diera cuenta de que le importaba. Naruto se puso nervioso, y eso era señal de que algo ocurría.
—¿Yo? ¿Raro yo? No, claro que no. Yo siempre soy raro — fue rápido en decir —. ¿Dónde diablos está ese condenado gato?
Sasuke tenía dudas de si la mochila que Naruto carreaba tendría la respuesta. Se veía llena con algo, y era bastante grande para no ser pesada. Aunque se asustó cuando vio que algo se movía adentro.
—¿Qué tienes ahí? Se está moviendo — se alarmó el Uchiha. El rubio no entendió hasta que miró detrás.
—¡Ah! — abrió la mochila con miedo, desde donde el felino saltó hacia el rostro de Naruto para arañarlo. Al estar en el aire, Sasuke se apresuró en agarrarse de la rama con las piernas para tomar a Naruto del tobillo cuando se cayó para atrás. La mascota lo atacó con todo lo que pudo y luego se escabulló entre los arbustos. Naruto y Sasuke bajaron del árbol, pero el rubio se quedó viendo el estado de su bolso.
—¿Qué estás esperando? ¡Se escapó! Hay que ir tras él — dijo el azabache, pero no pudo seguir con el plan al ver que de la mochila había salido un muñeco de dinosaurio verde, y Naruto estaba inspeccionándolo.
—No puede ser, no puede ser, no puede ser — repetía entre susurros. Lo daba vueltas, lo analizaba, encontrándose con que tenía varios rasguños y suciedad por la tierra del suelo —. ¡Esto es perfecto! ¡Maldición! ¡Toda una semana preparando esto como un idiota y ahora está arruinado!
Sasuke no entendía para nada la situación. No se imaginaba lo que en verdad pasaba. Atinó a sonreír con una ceja arqueada.
—Espera. ¿Eso es lo que has estado haciendo? ¿Un peluche? — Naruto miró a Sasuke, siendo devuelto a la realidad. Quiso apurarse en esconderlo, aunque ya lo había visto — ¿Te gustan los muñecos?
—No es para mí — murmuró Naruto, avergonzado. Genial.
—¿Ah no? ¿Y para quién es? — Sasuke se agachó para quedar en cuclillas frente a Naruto.
—¡Eso no te importa! — reaccionó Naruto a la defensiva. Sasuke suspiró.
—A ver.
—¿Disculpa?
—Déjame verlo.
—¡No!
—Quiero ver qué tean grave es. No me voy a burlar, Naruto.
Naruto dudó, pero después de todo ese era su regalo, así que se lo entregó sin informarle ese detalle. Sasuke evaluó su estado, frunciendo el ceño.
—Sólo se rasgó la tela. Es como si estuviera gastada, pero lo importante es que no se rompió — dijo el Uchiha —. Y se puede lavar con un cepillo y jabón. Va a estar bien.
—Pero no puedo entregarlo así — se quejó Naruto. Los ojos negros se centraron en él. Pensó en sus palabras.
—Si esa persona es especial y te corresponde el sentimiento, no se fijará en algo así — respondió —. El saber que fue hecho por tus manos ya certifica el inconmesurable valor que tiene. Si es tan superficial, entonces será mejor que te lo quedes y esperes a la persona indicada para dárselo.
Sasuke pensaba que ese sería un intento de declaración a alguien, pero Naruto no entendió lo que Sasuke entendió. Así que asintió y lo volvió a guardar.
El gato fue encontrado por Sakura y la misión terminó muy rápido. Kakashi los dejó libres una vez dividió el dinero, quedando así los tres genin solos.
—Me voy — avisó Sasuke sin llegar a despedirse. Sakura, sin embargo, lo llamó antes de que se diera la vuelta.
—¡Sasuke! — exclamó — Kakashi me pidió que les dijera que mañana al mediodía tenemos que reunirnos en el campo de entrenamiento.
Sasuke no sabía por qué no se los había dicho él mismo hace un minuto, pero se hundió dd hombros y se largó luego de asentir.
—¿Para qué, Sakura? — preguntó Naruto a la niña. Ella le sonrió y le hizo un gesto de silencio.
—En realidad, le estoy organizando a Sasuke una fiesta — confesó —. Nuestros amigos vendrán y le organizaremos un almuerzo. Será algo pequeño, pero es una sorpresa.
—¿Estás segura de eso? Sasuke se veía muy serio en eso de que no quiere gente alrededor ese día — dijo Naruto. No sabía si eso a Sasuke le gustaría.
—¿Cómo no? Es imposible que quiera estar completamente solo en su día — dijo Sakura —. Lo dice porque es tímido y reservado. Necesita un empujón. Ya vas a ver que la va a pasar bien. Será el mejor regalo.
—Con que ese será tu regalo — murmuró Naruto. La chica sonrió, orgullosa.
—¿Y tú qué le darás, Naruto? — preguntó Sakura. Naruto se aferró a su mochila.
—También es una sorpresa — dijo.
Ni loco le daría el muñeco ese frente a Sakura.
Sasuke cumplió con su rutina. No vio el calendario. Sabía qué día era y no tenía sentido destacarlo. Aunque esa mañana había dormido más tiempo, no desayunó y fue directamente al punto de encuentro. En toda la noche, no había dejado de pensar en ese muñeco de Naruto. Le recordaba mucho al que tenía cuando era niño. Su mente nostálgica jugándole bromas por la cercanía de la fecha. Estaba curioso de su propósito, pero al asumir que se trataba de una confesión amorosa, Naruto no lo negó; o no lo entendió, lo cual no le sorprendería viniendo de ese pelmazo. En todo caso, debía admitir que le enterneció el hecho de que ese tonto había pasado una semana haciendo un muñeco.
Se rio al imaginarlo pinchándose con una aguja una y otra vez por su torpeza. Naruto tenía esas cosas que lo hacían difícil de alejar.
Al llegar, vaya que quería alejarse.
—¡Feliz cumpleaños, Sasuke!
Ese coro odioso, banderines de pesadilla y un pequeño pastel sin su nombre. Sus compañeros de generación estaban reunidos allí y Sakura fue la primera en recibirlo. Sasuke estaba petrificado. Ni el abrazo de Sakura lograba hacerlo reaccionar.
—¿Qué es esto? — llegó a formular.
—Es una fiesta sorpresa con todos tus amigos — le dijo Sakura.
No era así como se veía.
Buscó a Naruto con la mirada, siendo el único que se adhería a esa etiqueta de "amigos". El rubio estaba al fondo, debajo de un árbol y con su mochila en brazos. Sus ojos azules le comunicaron bien lo que sentía.
—Lo siento. No pude evitarlo.
Sasuke se soltó de la pelirrosa.
—Creo que fui muy claro cuando dije que no quería fiestas — gruñó. Sakura dejó de sonreír. Varios ya se esperaban esa reacción de su parte.
—Pero eso no tiene sentido...
—Mi cumpleaños no es una fecha especial, no para mí, y eso debería ser lo que decida si es digno de una celebración o no.
Naruto veía toda la situación con responsabilidad. Sentía que tenía que hacer algo. Sakura estaba a punto de llorar, sus amigos miraban mal a Sasuke y Sasuke estaba pasándola mal en su cumpleaños. Se fue acercando, esperando la oportunidad para intervenir, pero Sasuke estaba demasiado enojado.
—Esto es una falta de respeto, Sakura — dejó en claro Sasuke.
—Sasuke, no es normal que siempre te aísles — lo encaró Sakura con angustia —. Quería hacer esto para ayudarte, para que sepas que no estás solo y que hay gente que...
—¿Amigos? ¿Hablas de amigos? ¡Choji! — señaló al ninja que estaba comiendo todo lo de la mesa — Dime, ¿cuántas veces en la vida hablamos tú y yo?
El gordito lo pensó.
—Una vez te pedí un lápiz en la academia — recordó entre mordiscos —. Fuera de eso, nunca.
—Oh, qué vínculo tan profundo compartimos. Hinata — la niña tembló cuando el foco fue puesto sobre ella —, ¿qué hay de ti? ¿Alguna vez te hablé?
—Ah... no me acuerdo. Lo siento... — respondió.
—Kiba.
—Jamás te dirigí la palabra, viejo.
—Ino.
—Sólo para sacarme de encima...
—Shikamaru.
—Nunca me caíste bien.
Sasuke soltó una risa amarga.
—¿Lo ves, Sakura? Esto es lo que en verdad no tiene sentido — demostró Sasuke. Sakura se aguantó las lágrimas, sintiéndose humillada.
—Sasuke, ya fue suficiente. Ella tenía buenas intenciones — dijo Naruto. Sabía por qué actuaba así, pero no se imaginó que las cosas terminarían tan mal.
—Y tú — señaló Sasuke su pecho, acercándose peligrosamente —. Tú sabías.
—Me lo dijo ayer y... — se sintió acorralado.
—Como te lo dice Sakura, tú vas y le haces caso. Incluso si pensé que serías el único que me entendería, veo que te rebajas a seguir al rebaño para no quedarte solo.
Naruto no se defendió, lo cual era soprendente. Sus amigos ya estaban preparados para separarlos en una pelea, pero Sasuke se oía realmente herido y Naruto lo miraba con culpa.
—Sasuke, te juro que no. Yo sabía que esto no es lo que querrías, pero Sakura no lo hizo para lastimarte.
—Claro que sabías, pero eso no te importó. Me enferman los estúpidos que agachan la cabeza y ceden ante cualquier cosa que les digan sólo por pertenecer. ¿Crees que ella aceptará ese tonto muñeco porque actúes como un sirviente? Pues no lo hará.
Naruto frunció el ceño.
—¿Muñeco? — nadie entendía, aunque Sasuke estaba muy convencido de lo que decía — ¡Idiota! ¡El muñeco no era para ella!
Ya la situación tomó otro rumbo cuando Naruto reveló aquel peluche de dinosaurio y se lo extendió a Sasuke.
—¡Era para ti! Es un regalo — explicó.
La impresión de todos los equipos fue más por la forma en la que le cambió la expresión a Sasuke que por el obsequio. Naruto se mantenía firme sosteniéndolo, esperando que le dijera algo.
—Fui a tu casa y encontré esta foto entre tus cosas. — sacó de su bolsillo la fotografía del niño que fue —. Sé lo nostálgico que puedes ser. No se me ocurrió otra idea que hacerte uno idéntico. ¿Creíste que me le quería declarar a Sakura? ¡¿Y eso qué diablos tiene que ver?! ¡Claro que entiendo por qué odias tu cumpleaños, pero ya deja de sentirte culpable por no haber muerto junto a ellos!
Sasuke se quedó mirando al muñeco, escuchando atentamente lo que Naruto le decía.
—Si no moriste, fue porque no tenías que hacerlo. Se festejan los cumpleaños con nuestros seres queridos para celebrar que existimos, que estamos vivos. Sé que no te sientes feliz de estarlo, pero a mí sí me hace feliz el que hayas nacido — Naruto juntó al muñeco con el pecho de Sasuke —. Y tiene mucho sentido que no quieras perder el tiempo de tu preciada vida pasando este día con gente que no te conoce. Tan sólo... Sakura en cierto punto tiene razón. ¿Realmente la pasas bien estando solo? ¿Con quién quieres estar hoy?
Sasuke salió de su ensoñación. Sintió la textura de la tela arañada y perfumada con el aroma de Naruto y supo la respuesta.
—Contigo — dijo en un hilo de voz. Naruto emblandeció el ceño.
—¿Con nadie más?
—Sólo contigo...
Naruto sonrió y tomó la mano de Sasuke.
—Adiós, amigos. Nos vemos luego — se despidió, arrastrando a Sasuke hasta salir por los campos de entrenamiento.
La generación se quedó anonadada. Al ver lo que vieron, se conmovieron y se rieron a la vez. Pero Shino tenía una inquietud.
—Sasuke no me mencionó — se dio cuenta.
En el bosque, bien alejados del campo de entrenamiento, Sasuke y Naruto estaban sentados espalda contra espalda. El rubio no podía verlo, pero sabía que Sasuke estaba abrazando el muñeco bien pegado a su pecho.
—¿No te molesta que haya revisado tus cosas? — le preguntó finalmente mirando a los árboles.
—Sabía que eras tú.
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Y por qué no me dijiste nada?
Escuchó una de sus risas cortas. Sintió sus ojos sobre él, mirándolo por arriba del hombro.
—Pensé que era una de tus estupideces sobre ser rivales — le dijo —. Lo supe cuando te pusiste nervioso al decirlo el día siguiente.
—Es que iba a ser realmente humillante que te dieras cuenta de que te robé esa foto.
—No lo noté. No recordaba que entre las fotos estaba esa — Se separó un poco del peluche para contemplarlo con cariño —. Pero esto sí lo recuerdo.
Naruto sonrió para sí mismo, orgulloso por su elección. Había ganado el reto de Kakashi con honores.
—Naruto...
Sintió la espalda de Sasuke moverse. Naruto se dio la vuelta para verlo, sintiéndose privilegiado de poder ver al Uchiha en ese estado tembloroso y apenado.
—Gracias — le dijo Sasuke más bajo que de costumbre. Naruto se movió para quedar frente a él, de manera que el azabache vio cómo se le formaba una sonrisa gigante.
—Me alegro de que te haya gustado — le respondió sinceramente. Tenía ganas de decirle un pensamiento que tenía guardado durante toda la semana. Ese tal vez sería el único día en el que podrían hablar de eso —. En esa foto, te veías tan adorable... — Sasuke no llegó a reaccionar cuando Naruto lo miró con más tristeza que con ternura — Cuando nos conocimos, en el primer día de la Academia, pensé que eras presumido y serio.
—Sí, lo sé. Y yo pensé que eras un sopenco — el rubio le sacó la lengua en respuesta, haciendo reír al Uchiha.
—Pero me armé ese cuento porque le gustabas a las chicas y tenías las mejores notas. Ahora que estoy más grande me acuerdo de algo... — Sasuke se inclinó con curiosidad por esa reflexión — Tú no eras soberbio; en realidad, eras muy tímido. Cuando te felicitaban los profesores, tú bajabas la cabeza y a veces parecía que no estabas seguro de qué tan cierto era lo que te decían. Cuando las chicas te decían cosas lindas, no les contestabas porque creo que... — se interrumpió a sí mismo con una risa — creo que porque no las entendías tampoco. Parece que eras inseguro. Al menos, así era antes de que...
Ya sabían, no tenían que decirlo.
Sasuke abrazó nuevamente su peluche, juntando las rodillas como si creara una barrera con ellas.
—Un día, cambiaste. Al verte en esa foto — volvió a sonreírle —, vi en tus ojos la diferencia que no supe explicar. Siempre tienes esa mirada triste, pero el Sasuke pequeño tenía un brillo de inocencia y emoción que me da mucha ternura. Lo había olvidado.
—¿A dónde vas con esto? — cuestionó con bajos ánimos.
Creía que no iba a ningún lado, pero sí tenía un punto después de todo.
—Lo volví a ver hoy en ti — le reveló —. Me hubiera gustado retratar ese momento como en aquella fotografía. El como miraste tu peluche cuando te lo di... No pudimos ser amigos en la Academia por mis fantasías estúpidas. Me hubiera gustado estar ahí cuando todo pasó — Sasuke levantó la mirada con sorpresa ante el arrepentimiento en la voz de Naruto —. Haberte consolado y ser alguien en quien pudieras apoyarte. Lo siento tanto por todo.
Era él quien tenía que decir eso. Veía desde siempre cómo la aldea maltrataba a Naruto, cómo los otros niños se burlaban de él. Naruto admitía habérselas agarrado con él por envidia infantil, y él no tenía el valor para disculparse por su cobardía.
No era el momento para decirle eso. Estaba muy abrumado por todo lo que ese día conllevaba. Con las fuerzas que tenía, le sonrió a Naruto y buscó aliviar su corazón.
—Estás aquí ahora — le dijo —. Eso es más de lo que cualquiera puede decir.
Naruto volvió a reír, aunque Sasuke consideró su propia respuesta una débil confirmación de su amistad. Por un rato, el rubio se quedó mirándolo sin decir nada. No era propio de él quedarse callado. Siempre estaba retándolo a hacer alguna idiotez para ver quién era mejor, o contando anécdotas de sus misiones o diciendo sus sueños en voz alta. Los ojos de Naruto nunca lo incomodaban, le gustaba ser visto por él. No sabía si era toda la vergüenza de la que no podía desprenderse en el día, pero empezaba a ponerse nervioso por ser observado.
—¿Qué pasa? — por como se espabiló, el Uchiha tuvo la sensación de que lo había despertado de un sueño. Naruto se rio de repente, negando con la cabeza para alejar sus pensamientos.
—Disculpa. Realmente me gusta verte así, eso es todo.
Sasuke bajó la vista y se escondió en el peluche. No quería que Naruto lo viera rojo, aunque él ya lo había visto.
—Saca esa cara de bobo — con la mano golpeó su barbilla desde abajo para cerrarla. Era el turno del Uzumaki de sonrojarse —. Y no te acostumbres. Ya hice el ridículo con toda nuestra generación al verme con esto, pero lo guardaré en el armario de mi habitación muy lejos de la luz del sol.
—Sé que lo vas a cuidar bien — entendió que eso significaba que ese regalo especial era íntimo y muy preciado como para usarlo en el día a día. Aunque no se imaginaba a Sasuke jugando con él, pero le gustaba pensar que podía dejarlo sobre su cama como un compañero nocturno —. Dime, Sasuke, ¿él tiene nombre?
—Te estás pasando de confianza.
—¿Nunca le pusiste nombre al original?
Como Sasuke no respondía, Naruto supo que sí lo había hecho.
—¿Y cómo se llamaba? — seguía callado, mirando para un costado con tal de no ceder ante las súplicas del niño — ¡Oh, vamos! ¡Soy el padre del dinosaurio también! ¡Yo lo hice! Tengo parte de la custodia.
—Te lo diré si dejas de hablar como un idiota — hace dos años no imaginaría teniendo una conversación tal con Naruto. Suspiró al recordar bien —. Mi madre le puso... Señor Dinosaurio.
—¡Awww!
—¡Bueno, bueno!
—Entonces a este podemos ponerle...
—No hace falta.
—¡Sí! ¡Sí hace falta! Espera, espera. Tengo que pensar... ¿Qué te parece Señor Dino?
—Wow, tan original como el nombre del primero.
—¡Espera! También pensé Señor Verde o... ¡o Narudino! ¡O Dinosuke!
—Quedémonos con el primero. Debí saber que un sujeto que se llama como la masa del pescado no sería bueno nombrando nada.
—¡Oye!
Pero al final el muñeco quedó olvidado por cinco años en aquel armario.
Pisar ese piso abandonado, pero bien cuidado en su ausencia, una vez más le hacía sentir que volvía a ser un niño. Entonces, mucho había cambiado; estaba manco, entumecido por haber estado semanas retenido por un saco de fuerza y medio ciego por los efectos del sello que le habían sacado. Naruto, tan manco como él, lo guiaba del hombro en dirección a la cama. Sentó al azabache con cuidado de no hacerle doler nada. Naruto se había regenerado por el chakra del Kyubi, pero Sasuke sanaba de manera normal.
Se quedaron un rato sin decirse nada. Sasuke se quedó acostado, dándole la espalda, y Naruto estaba sentado en la misma cama, reflexivo. Después de lo que habían hablado en el Valle del Fin, no sabían de qué otra forma ponerse al día. Sasuke no se perdonaba. Sus ojos buscaban siempre el brazo perdido del rubio para castigarse, y éste ya empezaba a cansarse de su culpa.
Al pensarlo, distraídamente tanteó con una mano al Uchiha sin mirarlo. Acarició su espalda para darle un alivio que sabía que necesitaba recibir. Entonces sintió su cuerpo temblar. Los sollozos eran muy bajos y, al verlo esconderse para que no lo viera llorar, Naruto pensó que lo mejor era dejar de usar palabras que no lo ayudarían. En cambio, sufriendo en silencio el dolor de su amigo, buscó su única mano para darle un fuerte apretón.
Siguieron de espaldas, sin mirarse.
Pero Naruto notó que Sasuke subió sus rodillas a su pecho. Los temblores no cesaban, y Sasuke ya no podía abrazarse a sí mismo sin otro brazo.
—Sasuke...
—Es que tengo frío.
Le mintió descaradamente, pero esa cama no tenía sábanas hace mucho tiempo. Naruto se había encargado de la limpieza del lugar al regresar a la aldea, así que sabía dónde había guardado las mantas. No le quiso contradecir y pensó que estar cubierto lo haría sentir seguro.
Se separó lentamente de él para buscar en el armario el juego de sábanas. Creía haberlo puesto en el fondo, lejos de las perchas con trajes de entrenamiento de niño. Era una pena que Naruto estuviera muy cansado como para reír por la ternura que le causó recordar que Sasuke era así de pequeño.
Entonces lo vio, lleno de polvo y gastado. Algunas costuras estaban sueltas desde siempre por la falta de habilidad en su costura.
Cuando Sasuke sintió el rostro lo suficientemente seco como para voltear sobre su almohada, se encontró con Naruto sosteniendo el peluche de dinosaurio como si hubiera encontrado un tesoro.
Se miraron y sonrieron ante las memorias.
—Lo guardaste — rio Naruto con nostalgia. Sasuke se enderezó para que los dos se sentaran juntos a admirarlo. Era una reliquia para ambos.
—Claro que sí. Yo dormía con él.
—¿En serio?
—Sí, cada noche.
—No me imaginé que podrías admitirlo.
—No me queda mucho orgullo en el cuerpo, Naruto.
Los ojos negros y cansados miraban al muñeco con cariño, pero los azules miraban a Sasuke con una tristeza que se transformó en ternura.
Sasuke, de alguna forma, volvía a emanar la dulzura que transmitía en aquella foto.
—Ven, recuéstate aquí.
A las malas, descubrió que Sasuke le obedecía naturalmente a cualquier indicación. No cuestionaba sus decisiones, ya fuera por falta de energía o por haberse entregado por completo a él en son de arreglar las cosas.
Le hizo recostarse sobre su brazo bueno, dándole la espalda a Naruto cuando éste también se recostó en la cama. Le puso nervioso sentir cómo Naruto lo rodeaba con su único brazo. Pegaba el dinosaurio de felpa al pecho de Sasuke con la presión, como si les diera a los dos un abrazo.
—Durmamos, ¿te parece? Fue un día largo.
Sasuke se quedó muy impresionado como para pegar ojo. Eso debía ser un sueño, se dijo. No lo era, no cuando su peluche olía igual a como lo había dejado, ni cuando sentía la respiración de Naruto en la nuca.
Naruto estaba bien, estaba vivo, a su lado y conservando los mismos sentimientos de aquellos días.
—Fueron años largos — se le quebró la voz al entender.
La nariz de Naruto se enterraba en la brecha entre su hombro y cuello. La presión ejercida reemplazaba el alivio que cualquier manta podría darle.
—Te extrañé — lloró el Uchiha más fuerte al sentir las lágrimas ajenas en el cuello.
—Yo también. Te extrañé tanto...
Por primera vez en muchos años, Sasuke se durmió como un bebé. Naruto no quiso separarse de él, sólo quiso contemplar la imagen tan perfecta.
A veces no se entendía a él mismo. Todos pensaban que estaba loco por defender a Sasuke, mejor dicho, obsesionado. Podía ser, y a veces estaba tan metido en su argumento que se olvidaba de sentarse y recordar el Sasuke que defendía: justo en ese momento, dormido abrazado a su dinosaurio de peluche, Naruto recordaba que ese era el Sasuke que sólo él conocía. No le importaba si los demás no entendían aquel honor como él, mientras pudiera verlo cada mañana de esa misma forma, nada más importaba.
