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Heridas del tiempo

Summary:

"...Mikey está enojado. Haruchiyo trata de pensar en cuándo fue la última vez que lo vio así. Sus recuerdos están confusos..."

Work Text:

Heridas del tiempo


...Padre de los dioses y los hombres, de múltiples consejos,
inmaculado, de gran fuerza,
valiente Titán, tú que consumes todas las cosas y las haces crecer de nuevo;
que habitas en las moradas eternas del vasto Olimpo...

Himnos Órficos (Himno a Cronos)


Mikey está enojado. Haruchiyo trata de pensar en cuándo fue la última vez que lo vio así. Sus recuerdos están confusos.

La Toman nunca tuvo un enfrentamiento en un patio de cargas ferroviario. Pero Haru se ve a sí mismo con su espada como en un sueño.

Y sí, allí, Mikey lo golpeó hasta dejarlo inconsciente. Así de molesto estaba.

Pero es la fiesta nupcial de Takemichi Hanagaki. Están festejando y Haruchiyo bebió de más, tomó de su receta psiquiátrica y tal vez...

—¿Qué le dijiste a Takemitchy, Sanzu? —pregunta Mikey, tajante, ante Haru.

Haruchiyo busca con la mirada a Senju. Su hermana es su otra mitad, Haru normalmente intercambia palabras con ella en silencio, no necesitará más que hacerlo un instante para pedir ayuda y ella irá, interponiéndose entre él y Mikey.

Pero Senju está distraída ese día. Habla con Takeomi, South se le acerca, llevaban bastante sin ir a un evento con sus amistades de la infancia y adolescencia. Es lógico que la conexión de ambos se bloquee, además...

Cuando Haru bebe y mezcla alcohol con ansiolíticos o analgésicos, es como si perdiera lo que lo une a Senju. Todo dolor y también amor.

Así que es su culpa que...

—¿Haruchiyo? ¡Sanzu!

Mikey luce tan amenazante y con su apellido en los labios, cerca, sosteniendo su muñeca, clavándole sus ojos oscuros y fríos, arrugando la manga del traje nuevo de Haru.

Haruchiyo solo niega con la cabeza. Es curioso. Como si nadie los estuviera viendo entonces. Como si hubieran sido tragados por un remolino negro y el resto de los invitados felices estuvieran totalmente ajenos al miedo de Haruchiyo Sanzu y las actitudes inadecuadas de Manjiro Sano.

—Yo...perdón...es que...

—¡Ahora!

Y aunque Haruchiyo busca las palabras en su garganta, palabras viejas y guardadas, una confesión que lo ha quemado por años, al decirla en un susurro parece no solo de mal gusto sino profana.

Porque para Mikey lo es.

Y Haruchiyo se pregunta cuándo, cómo es que aprendió a predecir los caprichos de Mikey, el ex líder de la pandilla en la que estaban de adolescentes.

Las escenas que desfilan por sus ojos parecen alucinaciones de drogas. Recuerda tener un traje del mismo diseñador que ahora, pero solo uno de muchos en un armario pulido, mientras que seguia a Mikey por pasillos negros, manchados de rojos y se llenaba su nariz de un aroma inconfundible.

A muerte.

Y lo dice. Fuera de sí. Pero lo hace.

—Le dije que...ha-hace mu-mucho...tiempo...Mikey...él...¡Él! Me...me...¡Mikey!

—Dilo...

Mikey sostiene con una mano la muñeca de Haruchiyo y con la otra su copa del brindis. Pero el agarre es tan fuerte...

Va a quebrar ambas, piensa Haruchiyo, con lágrimas corriendo por las mejillas.

Y lo dice.

Porque no importa. No puede cambiar nada. Así que cierra los ojos, porque no soporta que Mikey lo observe así, como si quisiera cortarlo en pedazos y arrojar sus restos en el patio de carga.

No.

Porque...

—Takemichi Hanagaki me gustaba cuando éramos jóvenes —susurró, casi sonriendo.

Haruchiyo Sanzu mantuvo los ojos cerrados, no vio a Mikey colapsar de ira ni romper su muñeca, lo mismo que la copa que se hizo añicos derramando restos de champán; tampoco hizo nada para apartarse cuando el que en algún mundo fue su mejor amigo usó el vidrio para abrirle dos heridas extendidas desde sus labios. Como una sonrisa macabra.

Reconoció el grito de Shinichiro. Lo que Senju soltó parecía más bien un aullido. Pero estuvo bien.

—Ríete, Haruchiyo —susurró Mikey en su oído y Sanzu soltó una carcajada antes de desmayarse, sin saber bien en qué línea de tiempo estaba o por qué importaba.

Si siempre lo arruinaba y nunca era suficiente.