Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Categories:
Fandom:
Relationship:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-04-14
Completed:
2026-04-14
Words:
12,973
Chapters:
7/7
Comments:
2
Kudos:
6
Bookmarks:
1
Hits:
114

Secreto en Wano

Summary:

Al estar obligados a separarse por un tiempo, los mugiwara viajan a distintos lugares para mantenerse lejos de la piratería por órdenes de su capitán.

Roronoa Zoro eligió quedarse en Wano, viviendo en el castillo del shogun junto a la princesa Hiyori.

Poco se sabe que Kuroashu No Sanji también se quedó en Wano al casarse con una habitante del mismo lugar.

Cuando las casualidades de la vida los llevan a reencontrarse, la alegría de ver constantemente a su nakama y mayor rival de la vida inunda sus corazones.

Aunque existan responsabilidades y vidas individuales la tensión que ha crecido entre ellos por más de media década explota en sus caras demasiado tarde... ¿O no?

Chapter 1: Cacería.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El sonido de las aves cantando en el árbol fuera de la ventana de su habitación marcó para Sanji la hora de levantarse a preparar el desayuno.

Con una rutina casi tatuada en la piel, se levantó a ducharse, se vistió y comenzó a poner los ingredientes necesarios sobre la encimera.

Omelette con extra champiñones” se recordó a sí mismo, ya que había sido la petición que su esposa le hizo la noche anterior, se puso manos a la obra.

Al terminar notó que le sobraban unos minutos, así que decidió salir a fumar ya que a su esposa le disgustaba que el olor a humo se impregnara en los muebles y cortinas.

Habían pasado un par de meses desde que se filtró la noticia de la boda de su capitán. Sin embargo, por diversas cuestiones le pidió a cada uno de sus nakamas que tuvieran sus propias aventuras por un año y era imposible negarse. 

Dos meses sin ver a sus nakamas, a sus queridas señoritas. Dos meses viviendo en Wano. 

Sin embargo, al mes de estar en Wano decidió contraer matrimonio.

En diez meses volveré a mi cocina en el Sunny”.

Saliendo de sus pensamientos, soltó el humo lentamente, forzando una sonrisa ante el contar de los días.

Escuchó una dulce voz provenir dentro de la casa, era su señal para apagar el cigarro y entrar a desayunar.

Sirviendo la mesa, una hermosa dama de cabello rosado y ojos redondos lo miró brindándole una sonrisa acompañada de un ligero sonrojo.

– Buenos días, Sangoro.

– Buenos días, mi hermosa Some – se acercó al borde de la mesa, dando una suave caricia a un pequeño ratón. – Buenos días, Chuji.

Desayunaron casi en completo silencio. Some mencionó que tendría que dormir en la casa de Geishas por la enorme cantidad de papeleo que debía ayudar a hacer a la vieja dueña del lugar.

Al casarse, Some abandonó su posición como Geisha cuando desposó a Sanji (el cual tuvo que dar una gran dote para lograrlo) pero, necesitada de un trabajo, la dueña de la casa le dio un puesto como su asistente por el gran cariño que le tenía.

Sanji abrió un restaurante en el centro de la capital con lo que le sobró del dinero que Nami les repartió a cada uno para sobrevivir el tiempo que estarían sin verse.

Juntos lavaron los trastes sucios, riendo suavemente al salpicarse sin querer un poco de agua. Luego se despidieron con un beso casto y breve en los labios, tomando cada uno su camino.

De regreso del trabajo, a Sanji le parecía absurdo volver a su casa sabiendo que su esposa no estaría en ella. 

Caminó por las calles de la capital con la mirada perdida, deseando una conversación o un minimo enfrentamiento. 

Conversó con los vendedores ambulantes, regañó a un grupo de niños que acosaban a uno de menor tamaño, compró unas cuantas botellas de lícor a pesar de que no acostumbraba beber y no, nada le entretenía.

Pensó en vagar por las calles por un rato más pero, al hacer caso a esa punzada de necesidad de peligro, decidió ir a cazar algún animal en el bosque Udon para la comida del día siguiente.

El bosque Udon se ubicaba entre las fronteras de la capital y el camino que llevaba a la prisión más grande de Wano. Era un lugar habitado por animales salvajes considerados de alto peligro, por eso mismo no era común ver a personas merodeando por la zona.

Al no tener prisa de volver a casa, Sanji se sentó recostando su espalda contra el tronco de un árbol y se dispuso a fumar con calma, sintiendo lejanos aquellos días de emocionantes aventuras.

Por muchos años pensó en el momento en el que la tripulación se disolvería, él desposaría a una bella dama, abriría su restaurante y comenzarían una familia en el momento que ella lo deseara. Estaba viviendo el “vivieron felices para siempre” que anheló desde que se convirtió en pirata. Tristemente, no sentía una alegría desbordante como lo creyó.

Tal vez esa sensación de insatisfacción provenía de la idea de que esa tranquilidad sólo debía durar un año, puesto que volvería con sus nakamas al terminar el lapso que su capitán ordenó, llevando a Some junto a ellos.

Quizá el saber que no podían establecerse como una familia común era lo que le dejaba aquel mal sabor de boca que tanto le disgustaba.

El momento agradable de reflexión de Sanji se cortó abruptamente cuando escuchó un animal moverse entre los arbustos a corta distancia.

Suena a un maldito oso. Prepararé un delicioso estofado para mi hermosa esposa”, pensó, poniéndose de pie y sacudiendo la tierra de su pantalón con una sonrisa ligera.

Se puso en posición de pelea, preparado para atestarle una patada al oso en cuanto saliera de entre los arbustos. Cuando la criatura hizo aparición su movimiento se detuvo a medio camino.

No era un oso, era Zoro, su tonto nakama espadachín.

– Idiota, ¿qué mierdas haces aquí? ¿No deberías estar al lado de Hiyori-chan? – cuestionó el rubio inmediatamente, resoplando al observar fijamente ese cabello verde que se camuflaba con el verde del bosque.

Zoro alzó su sonrisa, casi pareció alegrarse de verlo.

– ¿Y tú, pervertido de mierda? ¿No deberías estar besando el suelo por el que camina tu mujer? – se cruzó de brazos, ladeando su cabeza.

– Some-chan no es una princesa inundada de dinero como Hiyori-chan. No podemos darnos el gusto de vagar por Wano perdiéndonos a cada momento como otro musgo por ahí.

– ¡¿Quién mierdas se pierde, imbécil?!

Sanji suspiró. No podía negar lo mucho que extrañaba una buena pelea y discusión con el peliverde pero, aunque le pesara admitirlo, extrañaba más una charla amena con uno de sus nakamas.

– El sol va a caer. ¿Ya cenaste algo, marimo?

Apretando su mandíbula, Zoro negó con la cabeza parpadeando lentamente.

– ¿Cazamos algo para la cena? – añadió Sanji, comenzando a hacer estiramientos de pierna.

– Ya verás que el mío será más grande, cejitas – retó Zoro, imitando los estiramientos.

– ¿Puedes jurarlo, epazote?

Creo que tuve un dejá vu”, pensó el rubio, sonriendo en sus adentros.

15 minutos les bastó para conseguir una presa, una hora para tener la comida lista.

Entre peleas por descubrir cuál presa era la más grande y cuál era más deliciosa, la plática se fue suavizando paulatinamente.

El fuego que marcaba la mitad de la distancia entre ambos crepitaba mientras los sonidos tétricos de los búhos resonaban entre las ramas.

– Aún no puedo creer que te hayas casado con la hermana de Momonosuke, creí que alguien como tú no tenía sentimientos – comentó Sanji, dando un trago a la botella de sake que Zoro traía escondida en su obi.

– No estoy casado con ella – aclaró, frunciendo el ceño ligeramente.

Obviamente alguien como el marimo no se ataría a otra persona. Lo que me sorprende es que Luffy… Bueno, no importa

– Es una mujer inteligente y hermosa, debes estar feliz de tenerla a tu lado – añadió el cocinero, sin entender por qué se forzaba para seguir hablando de Hiyori.

– Ella no me importa en lo absoluto – confesó, tomando la botella y dando un largo trago.

“¿Tanto le cuesta admitir que quiere a su pareja? Claro… Un espadachín tan delicado como una maldita piedra de kairoseki”.

– Habla con Luffy si no quieres separarte de ella, estoy seguro que la dejaría viajar con nosotros – el rubio forzó una sonrisa, viendo al espadachín que solamente rodó los ojos.

– ¿Tu esposa se unirá a nosotros o te esperará aquí como Kaya con Usopp? – dijo Zoro por fin, mirándolo de reojo. 

– Faltan muchos meses para eso, tiene tiempo para que tome su decisión, espero que quiera ir con nosotros – la voz del rubio salió neutral, como si dijera lo que tiene la obligación de decir.

Asintiendo, Zoro se puso de pie para añadir más leña a la fogata.

– He escuchado que es considerada la segunda mujer más hermosa de Wano después de Hiyori – comentó el espadachín, sentándose al lado de Sanji. – Hasta en eso gano.

– Imbécil de mierda – le respondió, pateandolo con poca fuerza. Apenas logró moverlo unos centímetros.

Después de aquellas palabras, ambos se acostaron sobre la maleza apenas crecida, observando el cielo estrellado entre las hojas de los árboles.

El silencio entre ambos era tranquilizante, los transportaba a esos momentos en los que, después de una batalla triunfal, podían ceder ante sus heridas para esperar a ser atendidos por su fantástico médico. 

Tristemente, ni las pequeñas patitas hábiles de Chopper podrían cuidar las heridas que intentaban sanar en esos momentos.

– Kokuen Enshin no había estado tan tranquila desde que la recibí – confesó Zoro, después de un par de horas que se sintieron como diez minutos.

Sanji se levantó ligeramente, apoyando su antebrazo contra la maleza. Su mirada se fijó en las tres espadas de su nakama. Enma, Sandai Kitetsu y Kokuen Enshin se veían perfectamente cuidadas. 

Es bueno volver a verlo con tres espadas. No parecía él mismo desde que regresó a Wado Ichimonji a la tumba de Kuina-chan

– Kokuen Enshin… Buen nombre – pensó Sanji en voz alta. “ ¿Se la habrá regalado Hiyori-chan?” – ¿Cómo la conseguiste?

– Es una larga historia – respondió, usando un tono cortante que no había escuchado en mucho tiempo. – ¿Ha pasado algo interesante en tu vida en estos dos meses?

– Además de casarme con Some-chan y manejar mi propio restaurante, no. Nada que valga la pena contar.

– Estar sin Luffy es como…

– Como si la vida no tuviera sentido – completó Sanji, fijando de nuevo su mirada al cielo.

Zoro giró la cabeza para ver a su nakama. Su perfil era el mismo de siempre: ese cabello rubio caía revelando mayor parte de su rostro, el arco de su nariz era perfecto, sus labios sobresalían en la silueta y las pestañas que acompañaban ese par de ojos azules lucían rizadas. 

Nunca me había detenido a pensarlo. ¿Será así de lindo porque su genética fue  modificada?... No, ni de broma. He visto a sus hermanos y ninguno le llega ni a la suela de los zapatos”, reflexionó el espadachín, alzando involuntariamente las comisuras de sus labios.

Intentó ver más allá de su máscara de caballero perfecto que siempre se enfocaba en mantener. Quiso leer tras su mirada, sentía que toda esa felicidad de ser hombre casado no era genuina. ¿O acaso eso era lo que deseaba que sucediera?

Sanji volteó, descubriendo el ojo analizador de su nakama. Ambos se sobresaltaron pero ninguno de los dos desvió la mirada.

Suavizándose, el cocinero notó ese brillo en el rostro de Zoro. Uno tan resplandeciente como el día que se inundó en llanto al comprender que había cumplido su promesa, su sueño. 

El espadachín separó sus labios unos milímetros uno del otro, provocando que ese par de ojos azules se posaran sobre ellos.

Sanji se relamió. Zoro tragó saliva.

Sin embargo, ninguno se atrevió a obedecer al susurro de sus instintos. Rompieron la conexión entre sus miradas para volver a prestar atención al cielo.

– Tu esposa debe estarte esperando en casa – murmuró Zoro, sentándose, dando la espalda al rubio.

– Volverá a casa hasta mañana, por eso vine a cazar al bosque – explicó, acomodando sus manos bajo su cabeza.

– Que patético.

– ¿Y tu, marimo? – le dio una patada en la cadera, con fuerza suficiente para mover a una persona normal pero al ser Zoro, ni siquiera se movió.

– Buscaba un lugar para entrenar, ya me cansé de derrotar a los espadachines del palacio.

– Eres el máximo idiota, ¿de qué sirve enfrentar a otros? 

– Tsk, como si fueras el mejor en algo – rió, acostándose de nuevo. – Hasta en ser pervertido te ganan.

Sanji frunció el ceño, no se movió de su lugar.

– ¿A qué te refieres? – su tono bajó un poco, casi como un susurro, sonando más serio.

Zoro giró un poco el rostro, la oscuridad del bosque no permitía ver sus gestos.

– Al fin te enamoraste de una mujer que te corresponde sin estar loca… o eso espero – rió bajo, sin gracia. – La pobre debe estar abrumada con tus tonterías cursis pero tu debes ser el hombre más feliz de Wano en este momento.

El silencio que obtuvo como respuesta le puso incómodo.

¿Dije algo malo? ¿Será que todavía piensa en la hija de Big Mom?

Un bostezo salió del espadachín, intentando disimular la tensión que sentía.

– Deberías volver al castillo. Yo apagaré la fogata y limpiaré todo – murmuró Sanji, viendo una estrella fugaz cruzar el cielo. Cerró los ojos por un momento, al peliverde le dio la sensación de que pedía un deseo. – Quizá me quede a dormir aquí.

Zoro se puso de pie, sacudiendo su pantalón. 

Quiso hablar pero algo dentro de él le decía que no decir nada era más adecuado. Dio un par de pasos para retirarse cuando la voz del cocinero le hizo detenerse.

– Los miércoles cierro temprano, supongo que vendré a cazar cada semana – Sanji seguía con la mirada fija en el cielo, un cigarro entre sus labios. – No dudo que la comida del castillo sea buena, pero nunca será como la mía.

Zoro contuvo el aliento, alzó las comisuras de sus labios sin girarse.

– Podría aprovechar para pelear con alguien que resista más de cinco minutos contra mi, bueno, aún así seguiré ganando.

– Claro, musgo. Ya veremos si lo consigues.

– Hasta entonces – se despidió el espadachín, alzando una mano al aire.

– Hm – hizo sin más. 

Al sentir que ya estaba solo, Sanji se sentó, escondiendo su rostro entre sus manos.

Se siente tan bien volver a verlo. ¿Será que no puedo vivir sin mis nakamas? O… Nah”.

– ¿Qué locuras estoy pensando? – dijo en voz alta para sí mismo. Rió, mirando en la dirección por donde su nakama se fue.

Se acomodó en su lugar, durmiendo con una tranquilidad que le había sido ajena por un tiempo.

Notes:

Holis, ¿qué les pareció este primer capítulo?
¡Disfruten de la historia, no olviden dejar sus kudos y comentarios!