Actions

Work Header

Saint Seiya Collection

Chapter 2: Asgard - Lazos

Summary:

Prompt: "Un encuentro (casual, amistoso o romántico). Cita o un viaje a tierras Asgardianas. O, como paso en la saga de Alma de Oro, que por obra (de los dioses), los 12 Santos Dorados, después de su mu3rt3, terminan en Asgard. Cualquier manera será bien recibida, siempre y cuando esté ambientada en Asgard."

Personajes: Hilda de Polaris, Freiya, Dégel de Acuario, Camus de Acuario. Sasha, Saori, Hyōga.

Sinopsis: Para él, esas tierras eran un sitio extrañamente familiar. Bluegraad, la tierra en que recibiera su Armadura Dorada, tenía un ambiente tan inhóspito como aquel. Pronto descubriría que eso no era lo único que tenían en común.

Advertencias: AU. Saltos Temporales (o cruce de generaciones). Dioses. Alusión a hechos ocurridos en las Anécdotas (Saint Seiya – The Lost Canvas)

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Asgard

La mujer de larga y lacia cabellera violácea y ojos apenas más oscuros observaba a través de la ventana la nieve caer incesantemente. La paz había regresado a su tierra y, aunque ya no tenía a su lado a sus Dioses Guerreros, sabía perfectamente que sus almas la protegerían allí donde estuvieran. Por lo pronto, había recibido de uno de sus mensajeros la noticia de que Atenea le visitaría con fines diplomáticos, en compañía de uno de sus Santos Dorados. Sonrió, imaginando de quien podría tratarse. Desde que la paz regresara también al Santuario en Grecia, al punto que los tres Dioses mayores –Atenea y sus tíos, Poseidón y Hades- se habían convertido en aliados, Saori Kido acostumbraba salir a sus misiones diplomáticas escoltada o por Camus de Acuario o por Shun de Andrómeda. Seiya de Pegaso, su Santo de Bronce más fiel, había regresado al orfanato en el que crecieran él y su hermana Seika junto a sus viejos amigos. Shiryu de Dragon se encontraba en China, en los Cinco Antiguos Picos de Rozan junto a su maestro y Santo de Libra, Dokho y su actual esposa, Shunrei. Finalmente, Hyōga, el Santo siberiano de Cygnus se encontraba aun en la mansión Kido junto a la mano derecha de la joven Atenea, Tatsumi. Aunque, ocasionalmente, regresaba a Siberia a visitar a su viejo amigo allí.

Mientras tanto, dos mujeres de similar apariencia, e incluso vestidas en túnicas similares voltearon apenas el rostro al semblante por demás imperturbable de sus custodios de turno. Aunque, tanto Sasha como Saori Kido y su escolta galo, Camus de Acuario, podían percibir que el cuarto miembro de la pequeña comitiva lucía cuanto menos confundido. Además de maravillado, o sorprendido; lo cual, por el contrario, era poco habitual en el hombre de cabello lacio color carmesí y ojos rubíes. Al cabo de un instante, el hombre de larga y lacia cabellera verdosa, piel nívea y ojos amatistas apenas ocultos tras un par de gafas pequeñas alzó la mirada al inmenso palacio frente a él y sonrió sutil, pero aun así notoriamente. Como si aquella estructura le hubiera recordado en cierto modo a alguna escena de su pasado. Y esta vez fue el turno de Camus y Saori de dirigirles miradas atónitas a sus acompañantes. La diosa del siglo XVIII, de larga y lacia cabellera castaña y ojos verde-azulados sonrió antes de hablar:

—Este lugar, exactamente como se ve ahora, no existía en nuestra era. Sin embargo, Dégel recibió su entrenamiento y su Armadura en un sitio similar a este... Al norte de Rusia, su tierra natal...

—Aunque... —intervino, cortésmente, el peliverde —Fue muy poco el tiempo que estuve en Rusia. Tenía solo siete años cuando llegué a Bluegraad y 10 años cuando me convertí en Santo Dorado de Acuario y fui llevado a Atenas. Mi maestro, el antiguo Santo Dorado de Acuario aun vivía para entonces. Sin embargo...

Sasha se aferró sutilmente a su brazo, como pidiéndole que se detuviera. Luego volvió la mirada a la diosa y el guerrero del siglo XX y les ofreció una leve sonrisa a modo de disculpa, admitiendo que el hecho en cuestión había significado un golpe muy fuerte no solo para su Santo de Acuario, sino también para el Patriarca de su era. Un Santo Dorado de Cáncer, antiguo maestro del guerrero actualmente a sus órdenes.

—No se preocupe... —dijo Camus alzando una mano frente al rostro de la mujer —Todos tenemos un secreto que ocultar...

Sasha y Dégel asintieron. Acto seguido, decidieron retomar su camino aunque, antes de llegar a la entrada del Palacio de Valhala, divisaron dos figuras femeninas aguardándoles allí. Una vez que estuvieron frente a frente, los dos Santos Dorados se adelantaron, inclinándose respetuosamente.

—Hilda-sama...

Comenzó Camus, tomando gentilmente la mano derecha de la mujer y dejando un beso sutil en ella. Luego se dirigió a su hermana Freiya, repitiendo la acción anterior. Ambas princesas asgardianas respondieron inclinando ligeramente sus cabezas. La mujer junto a Hilda, de cabellos rubios en parte recogidos en dos trenzas que caían sobre sus hombros mientras que el resto caía suelto a la altura de su cintura volvió brevemente la mirada a Camus y preguntó por su discípulo, Hyōga. El francés de ojos rubíes no pareció sorprendido ante la pregunta, por lo que simplemente replicó:

—Está en Japón, en la residencia de la señorita Kido ahora. Sin embargo, regresara a Atenas junto a Shiryu y Seiya en breve...

—Comprendo. ¿Sería descortés de mi parte pedirle que...?

Camus negó, ofreciéndole una sonrisa leve pero sincera, antes de afirmar que le haría llegar su mensaje al muchacho siberiano.

 

Palacio de Valhala

—El invierno ha sido más crudo este año. Me preocupa que la gente en la aldea no pueda sobrevivir solo con lo obtenido en la temporada cálida...

Comentó Freiya mientras serbia el té para su hermana y sus invitados. Dégel bebió un par de sorbos de su taza y se puso de pie, dirigiéndose a la amplia ventana de la sala. Miró hacia afuera por algunos minutos, hasta que divisó a lo lejos aquello a lo que se refería la mujer de cabellos rubios. No solo la aldea, sino sus escasos habitantes intentando cargar con enorme esfuerzo los leños y otros materiales. Algunos entre sus brazos, otros a cuestas, mientras que algunos incluso los arrastraban. Volvió la mirada hacia su sucesor y las cuatro mujeres y se excusó:

—Con su permiso, Princesa. Debe haber algo que pueda hacer por ellos. Quizá no sea demasiado, pero espero sea de ayuda...

Para sorpresa de las mujeres, el pelirrojo también se puso de pie y preguntó a Freiya si podría preparar más té para llevar a la gente en la aldea. Dudaba que su trabajo les permitiese un instante para pensar en ello, apuntó con una mueca apenas perceptible de preocupación en su rostro. O quizá algunos no tenían siquiera los medios para obtener al menos una taza de té caliente al día. La mujer rubia asintió en primer lugar a su insinuación más que afirmación y luego nuevamente a su petición, dirigiéndose hacia la chimenea para calentar más agua en un anafe sobre la leña.

Horas después...

Los aldeanos, en su mayoría ancianos y mujeres, observaban con miradas curiosas a los dos hombres vestidos en aquellas imponentes Armaduras Doradas, extrañamente similares –por no decir idénticas- en aspecto. Los propios desconocidos guardaban ciertas similitudes entre ambos. Principalmente, en su esbeltez y facciones juveniles, además de la casi perfecta blancura de su piel. De hecho, muchos de ellos se preguntaban si serían acaso originarios de alguna región nórdica cercana a Asgard. Cuando los dos acuarianos pasaron junto a un pequeño puesto de frutas, finalmente, una mujer de alrededor de 50 años cuyas primeras canas asomaban en su cabello café oscuro alzó su mano, esperando llamar su atención con ese sencillo gesto, al desconocer su identidad. Efectivamente, y sin comprender como, logró su cometido, puesto que el hombre de gafas y ojos violáceos se acercó a ella rápidamente, seguido de su acompañante pelirrojo:

—Perdóneme, no... No era mi intención interrumpir su recorrido, joven...

—Dégel, madame... —declaró cortésmente el peliverde, inclinando su cuerpo ligeramente, a modo de saludo —Santo Dorado de Acuario, a su servicio...

Su acompañante luego se detuvo a su altura y, repitiendo el mismo gesto, se presentó. Para sorpresa de ambos, la mujer no pareció sorprendida de hallarse ante dos guerreros de la misma Orden y, especialmente, de la misma constelación. Extrañado, Camus decidió cuestionar a la dama al respecto, sin perder su acostumbrada amabilidad. Esta sonrió, señalando que, en primer lugar, su nombre era Sonja y que, por otra parte, recordaba que uno de sus antepasados le había mencionado que había conocido a un Santo de Acuario. Aunque no fue allí en Asgard, sino en Grecia, mientras servía como doncella personal del Patriarca Sage.

—Su nombre era Krest... —replicó Dégel, sorprendido, e incluso confundido ante la confesión —Él fue mi maestro. Sin embargo... Murió después de casi 300 años...

—Sí; escuché que sobrevivió a una Guerra Santa. Lo mismo Shion de Aries y Dokho de Libra...

Camus y Dégel se miraron fijamente uno al otro por varios segundos. El de ojos rubíes desconocía el pasado, o la historia, de su predecesor; el peliverde era, por el contrario, plenamente consciente de que quien fuera Santo de Aries en su era había tomado el lugar que en ella ocupara el antiguo maestro de su camarada de Cáncer, Manigoldo. ¿Acaso de alguna manera desconocida se habían encontrado en Asgard con el solo propósito de descubrir que sería de su futuro, en el caso de Dégel, y que había sido de su pasado, en el caso de Camus? Pero, si ese era el caso, ¿Por qué en Asgard?

—Veo que lo has descubierto...

Llegó de pronto la voz de Saori Kido, provocando que el hombre de ojos amatistas volteara con algo de violencia hacia ella. Jadeó producto del esfuerzo y perdió brevemente el equilibrio, siendo sostenido por su sucesor. La mujer de cabellos castaños y ojos azulados le sonrió amable, casi maternalmente, al tiempo que se acercaba y posaba su mano en el frío rostro del ruso.

—No podía simplemente traerlos aquí y confesarte la verdad de una vez... —se excusó la diosa del siglo XX —Precisamente fue Dokho quien me pidió hacerlo. Ambos sabemos que, entre todos los Santos, tú y Géminis son quienes tienen quizá un pasado más difícil de comprender. Sé lo que sucedió con Krest de Acuario; Shion me lo dijo. También sé que este lugar guarda una cierta similitud con tu tierra de origen... En cuanto a Camus, el permaneció durante algunos años aquí. Antes de convertirse en Santo Dorado...

Dégel asintió. Volvió la mirada a los aldeanos, luego una última vez a la mujer a quien servía su sucesor y simplemente declaró que quizá fuera momento de que él y Sasha regresaran a su era. Aunque desconocía el método por el cual habían sido llevados allí en primer lugar. Saori sonrió, pidiéndole simplemente que la acompañara a Valhala, donde lo esperaba su diosa. Allí, ella –o mejor dicho, el responsable de llevarlos allí- los trasportaría de regreso a su era. El acuariano asintió, mientras se inclinaba despidiéndose de la aldeana, seguido del pelirrojo. Mientras daba la espalda a la aldea, sonrió apenas sutilmente y musitó:

—Gracias, Shion...

Notes:

Aquí, con tremendo retraso, el one-shot (nuevamente breve), correspondiente al segundo día de la #SaintSeiyaWeek2022.

Para mi bella amiga y colaboradora prikauchiha0609

Notes:

Hola! Aquí esta este primer -y breve- one-shot de #SaintSeiya!

Lamento justamente la brevedad, pero apenas estoy retomando este fandom, aunque quería revivirlo, aprovechando el evento de #MultiWeeks.

Obvio, una especialísima mención a mi compañera organizadora de esta Week, #UchihaPrikayara.

Series this work belongs to: