Chapter Text
⚠ El siguiente capítulo contiene escenas sexuales explícitas y lenguaje verbal explícito. Se recomienda leer bajo discreción. ⚠
Megumi se encontraba atentamente haciendo los deberes de la universidad, leía y analizaba en silencio, con Sukuna recostado en la cama de su habitación. Sukuna de vez en cuando observaba a Megumi, que le enamoraba más y más verlo esforzarse en sus estudios.
De vez en cuando Sukuna comentaba algún disparate para hacer reír a Megumi, lo que funcionaba. La habitación se encontraba silenciosa, siendo relajante para ambos, pero llegó un punto en el que Sukuna ya no soportó tanto silencio por lo que decidió que era momento de que Megumi tomara un descanso.
Sukuna se levantó de la cama y caminó tranquilamente hacia Megumi, luego terminó por rodear la silla en la que su novio estaba sentado.
—Ay, me caigo en tu verga, papasito —dijo al tiempo que se sentaba sobre las piernas de Megumi, quien abrió sus brazos y luego rodeó la cintura de Sukuna con estos.
Megumi soltó una pequeña risa ante lo dicho por Sukuna, apoyó su mentón en el hombro ancho y desde ahí siguió revisando lo que estaba haciendo. Sukuna observaba superficialmente las hojas que Megumi tenía en mano y decidió preguntar de qué eran.
—Tenemos que realizar un análisis sobre un caso no resuelto y determinar al posible culpable —contestó.
Sukuna removió sus caderas, rozando a propósito la entrepierna de Megumi, quien omite reacción alguna.
Sukuna sonríe con travesura y vuelve a preguntar—: ¿Y de qué trata el caso que escogiste?
—Sobre-
Megumi se interrumpió momentáneamente cuando Sukuna volvió a rozar con el culo su entrepierna, estaba aguantando terriblemente el ponerse duro.
—Ajá —incitó Sukuna mientras recargaba su codo sobre el escritorio pero sin dejar de mover sus caderas.
—Sobre una mujer que desapareció… —suspiró y tensó su mandíbula y apretó sus manos en forma de puños.
Sukuna lo estaba torturando.
—Sukuna… —pronuncia Megumi.
—Continúa, Megumin, te estoy escuchando.
—No es- no es eso —respira profundamente, intentando calmarse, pero fue inútil, su pene se levantó.
—Vaya, Megumin, se te paró —comentó con fingida sorpresa.
Megumi oscureció su mirada y llevó una de sus manos a la entrepierna de Sukuna y apretó. Sukuna ya estaba erecto
—Eres una perra molesta —gruñó Megumi.
Sukuna sintió un escalofrío recorrer su espalda con fervor y soltó un pequeño gemido.
—¿En qué momento se te paró? —cuestionó mientras daba otro apretón a la erección—. ¿Acaso estás en celo, como una perra? —vuelve a preguntar con dureza.
El aliento golpeaba la piel descubierta de Sukuna, causando que esta se erice con cada palabra que salía de su boca. Que Megumi le hablara de esta forma y tan cerca de su piel era suficiente para que Sukuna se sintiera drogado de tanta excitación.
Era increíble lo excitado que se ponía cuando se trataba de Megumi.
—Es hora de que te tomes un descanso, Megumin —comentó Sukuna con dificultad, ahora era Megumi quien movía sus caderas.
—¿Es así? —cuestionó.
En un movimiento rápido, Megumi hizo que Sukuna se recargara sobre su escritorio y lo inmovilizó de ambos brazos tomando ambas muñecas con una de sus manos. Intencionalmente, Sukuna arqueó su espalda, levantando su trasero y después restregó su culo en la entrepierna erecta de su novio.
—Te encanta ofrecerte a mí como la puta que eres, ¿verdad? —preguntó Megumi con dureza mientras desabrochaba su pantalón con la otra mano, liberando su palpitante erección que pedía por el agujero de su novio.
—Me encanta —contestó en un canturreo mientras sonreía lascivamente. Sukuna veía de reojo a Megumi, quien permanecía con esa dura expresión excitante, sentía su interior y entrepierna palpitar descaradamente.
Sukuna ansiaba sentir el pene de su novio en su culo, follándolo intensamente como siempre lo hacía mientras lo insultaba.
—Megumin… —Sukuna le llamó en un canturreo mientras movía sus caderas de una lado a otro, incitando a que se apure.
Obediente, Megumi bajó los pantalones y bóxer de Sukuna, descubriendo su culo y ano rosado que palpitaba y se humedece cada vez más. Pero aún era pronto para que se introdujera en él, debía prepararlo.
Sin previo aviso, Megumi introduce dos dedos en el interior con facilidad y comienza a simular embestidas con ellos mientras la habitación se inunda con los estruendosos gemidos agudos de su pareja, que ya comenzaba a lagrimear de placer.
—Mierda… se siente muy bien… Megumin —gimió Sukuna mientras un hilo de saliva se le escapaba por la comisura de la boca.
Megumi introduce un tercer dedo en el interior y se mantiene estimulando continuamente, acariciando la próstata suavemente y expandiendo sus dedos. Las pequeñas corrientes de placer recorrían el cuerpo de Sukuna, que no dejaba de maldecir ni gemir por lo bien que se sentía.
Quería soltarse y sostenerse de algo, sus piernas ya comenzaban a flaquear y sentía que en cualquier momento podría eyacular.
—Agh, puta madre —maldijo Sukuna por lo bajo mientras jadeaba—. Más, Megumin, más… —pidió entre gemidos.
Megumi presionó la próstata con sus dedos y acarició en círculos la zona, provocando que Sukuna arqueara su espalda a pesar de sus piernas temblorosas que luchaban por sostenerlo.
—¿La perrita quiere más? —preguntó Megumi al oído, provocando que su aliento erice la piel de Sukuna y que este suelte un gemido.
—Sí, quiero más… —contestó entre gemidos. Megumi endereza su espalda y saca sus dedos del interior de Sukuna para después llevar la punta del pene al ano rosado que palpitaba y pedía a gritos por su pene.
Sin darle tiempo a reaccionar, Megumi se introdujo en él de una sola estocada bruscamente. Sukuna dejó salir un quejido y tan pronto como el vaivén comenzó, los gemidos de ambos resonaron por la habitación.
—Mierda… aún sigue estrecho —comentó entre jadeos mientras tomaba la cintura de su novio por debajo de su camiseta.
—¡Ah, sí… tan bueno! —gimió Sukuna mientras sonreía lascivamente.
El chapoteo del vaivén se escuchaba por la habitación en acompañamiento del golpeteo que causaba el escritorio al chocar con la pared con cada dura embestida.
—¡Joder- Sukuna! —maldijo Megumi por lo alto cuando sintió que Sukuna apretó su interior, haciéndole difícil moverse—. Afloja tu maldito culo —pidió en un jadeo mientras le soltaba una nalgada que dejó marca. Sentía que su verga se asfixiaba.
Sukuna gimió por la acción de Megumi e inmediatamente aflojó su interior, entonces las embestidas comenzaron nuevamente, con más brusquedad.
Megumi soltó los brazos de Sukuna y llevó su mano a la cintura. Agarró firmemente la piel bronceada y comenzó a mover las caderas de este de igual manera en que se mueve él.
—¡MEGUMIN! —chilló Sukuna al apoyar sus manos sobre el escritorio para erguir su postura, sintiendo que el pene entraba más profundo en él, golpeando su próstata continuamente con violencia.
Su cuerpo se estremecía ante cada golpe de las caderas de su novio y cómo su pene expandía su interior continuamente. Su cabeza podría nublarse en cualquier momento por la masiva excitación que estaba sintiendo ahora mismo.
Sukuna gemía sin reparo y lloraba de placer por las estocadas bruscas. Se sentía en el maldito paraíso. Megumi eleva una de sus manos por dentro de la camiseta y comienza a acariciar el pecho de Sukuna y sus pezones erguidos de forma tortuosa.
Después de un momento, Sukuna finalmente se corre, manchando el escritorio y un poco de lo que había encima con su semen. Seguido, Megumi también se corre en el interior de Sukuna, llenándolo de su semen.
Sin tiempo de retomar el aliento, Megumi se sienta en su silla con Sukuna sobre su regazo y comienza nuevamente con las embestidas, creando un desastre con el semen que se escurría del culo palpitante.
—¡Mierda! —gimió Sukuna mientras tensaba su mandíbula y arqueaba su espalda por lo profundo de las estocadas.
Megumi ayudaba a Sukuna a subir y bajar sus caderas continuamente con su brazo, deleitándose con los gemidos y lloriqueos de su novio y los crecientes espasmos en el interior cálido de este.
—Tu culo es una puta, Sukuna —dijo Megumi entre jadeos—, solo succiona mi pene —agregó mientras sacaba su pene por completo para después introducirlo en una sola embestida.
—AGH, MEGUMIN —gimió mientras apretaba sus puños sobre el escritorio.
Los gemidos y el chapoteo de las embestidas continuaban igual de estruendosas. Megumi lleva sus labios al cuello de Sukuna y besa y lame, después abre ligeramente la cavidad y muerde lo suficiente para dejar marca.
Sukuna cae rendido sobre Megumi, quien lo rodea con sus brazos y acaricia la piel desnuda de su espalda con sus dedos, sintiendo las marcas de mordidas que le dejó.
—Me dejaste seco, Megumin —dijo Sukuna mientras besaba el mentón de Megumi.
Megumi le regaló una sonrisa ligera.
—Eso debería decirlo yo —contestó con una risita.
Sukuna se enderezó y se colocó sobre Megumi, observando el rostro apacible atentamente mientras Megumi llevaba una de sus manos a su rostro, el cual acarició con ternura. Ambos se regalaron sonrisas llenas de cariño que solo eso bastaba para coquetear entre ellos.
Sukuna cortó la distancia entre sus rostros y besó los labios de Megumi por un segundo. Sus ojos se encontraron y antes de que Sukuna alejara su rostro, Megumi atrapa los labios de este con los suyos y los besa lentamente, después, Sukuna introduce su lengua en la cavidad y comienza a juguetear con la lengua del contrario.
Megumi toma las riendas del beso y de repente muerde ligeramente el labio inferior de Sukuna o succiona su lengua encantado de sentir aquel frío metal incrustado en la lengua de su novio. El beso se intensifica y las caricias en sus cuerpos no se hacen esperar.
