Actions

Work Header

Dulces de calabaza

Chapter 4: Dentro del bosque

Summary:

Parte 2 de (?

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Mikasa

 

 

 

El tiempo que estuvo huyendo con Levi fue suficiente hasta que él desapareció un día. Y ella se cansó de buscarlo, tal vez ya estaba muerto.

Se negó a creer que era de las últimas Ackerman junto con su tía Kiyomi. Ella no podría estar muerta, ya se habría enterado, los rumores vuelan muy rápido.

Mikasa se mantuvo en el bosque, en una cabaña que pudo proteger con su magia haciéndola invisible a los ojos de los demás. No quería morir y precisamente ahora era el objetivo de muchas personas.

No le era justo que la quisieran muerta, ella no hizo nada malo, solo nacer bajo el apellido Ackerman. Gracias a eso, desde la muerte de sus padres estuvo destinada a la soledad. En los pueblos que estuvo escondiéndose con Levi, no pudo hacer amigos, solo intercambiaba una cuántas palabras con personas, aunque hubo una chica que rompió la regla.

No le fue suficiente, Mikasa quería una vida normal, ya no quería huir.

Tuvo un sueño en donde estaba Eren diciéndole que la odiaba, no era para menos, estaba segura que después de esas palabras él la iba atravesar con su espada, gracias a los cielos despertó antes.

Aquel día que se encontraron, estuvo rara desde la mañana, tuvo una sensación algo extraña en su cuerpo, se sentía ansiosa y con ganas de terminar todo. Leyó en un libro que esos son síntomas que provoca el hechizo de la promesa cuando ve que no se va a cumplir por voluntad propia. Por más que investigó, nunca encontró una manera de romperla.

La muerte lo haría, pero ella no quería matar a Eren. No ensuciaría sus manos.

Algo le decía que debía entrar al lago y aunque se resistió a la idea en un principio, terminó cediendo. Se desnudó por completo, cosa que nunca hacía al tomar un baño en un lugar tan público como ese. Mikasa lo supo. Se estaba preparando para la llegada de Eren. Si él tenía oportunidad la mataría y lo que menos quería era estar desnuda por ahí, ni que él la viera de esa manera. Sin embargo, una cosa era lo que ella quería y lo que la promesa estaba dispuesta hacer para llevarse acabo.

Sintió su presencia. Eren ya estaba ahí y solo había dos opciones, él podría asesinarla, pero si Mikasa que era una bruja no pudo evitar caer bajo el llamado de la promesa ¿por qué un simple humano lo haría?

Lo ha visto en sueños, este chico está lleno de rencor, ira y oh por cielos, Mikasa tiene miedo de que en el acto la lastime. Aún así, no pudo evitar verlo de frente y en sus ojos turquesa vio solo un destello de deseo y una mirada completamente perdida de sus sentidos.

Ella le invito a entrar, ni siquiera se percató en qué momento levantó su mano. Tal vez debían terminar con esto de una vez y después, solo tal vez ella podría huir. Escuchó varias veces que los hombres después del acto caen completamente rendidos, puede aprovechar ese momento para irse. Tomará un té de hierbas para evitar el embarazo y continuar con su vida. Lo peor que puede pasarle ahora es tener un niño cuando su vida peligra.

Eren hizo su camino al agua y ella no evitó verlo por completo, dejarse deleitar con su cuerpo. Ya no es el niño que solía conocer, este es un hombre, de espalda ancha, abdomen marcado, alto, su cabello castaño está atado en un ridículo moño. Y aunque  no quiso ver su miembro necesitaba saber para darse una idea de cuanto sería el daño.

Mikasa nunca había visto uno en su vida así que, en realidad, no sabía si el tamaño era muy grande, solo que estaba un poco grueso ¿debían ser delgados?

Cuando estuvieron frente a frente a unos escasos centímetros, no quiso mirarlo, se sintió algo avergonzada.

Él hizo todo el trabajo, se inclinó para buscar su rostro, sus labios y los atrapó en un beso. Al principio fue lento y de ahí pasó a un ritmo rápido, brusco, desesperado por algo que no tenía. Sus manos le rodearon la espalda así que Mikasa hizo lo mismo. Inconsistentemente se pegó más a él, sintiendo al instante su pene.

Se puso más nerviosa, quizás si la va a lastimar. Eren cortó el beso y a pesar de que le miraba con enojo, él le tomó de la mano y la guió fuera del agua, no se alejaron mucho, fue atrás de árbol hacia la izquierda del lado contrario a donde Eren había llegado. Mikasa tenía su ropa y una manta extendida en el lugar, ella sabía lo que pasaría, fue como si el hechizo de promesa le dijera "lleva algo sobre donde puedan acostarse". Él no perdió el tiempo. La recostó sobre esta y se instaló sobre ella.

Le abrió las piernas. Mikasa sintió la presión en su entrada, se tensó cuando Eren empujó en su entrada.

Él lo notó al instante, tuvo sentimientos encontrados. Eren se alejó y mantuvo sus piernas dobladas y abiertas dejándola más expuesta. Mikasa notó que el castaño no se movió ni un centímetro, ella levantó su vista y lo vio viéndola fijamente, tragando saliva, el movimiento en su garganta fue claro.

Sin más, Eren se acercó de nuevo e insertó un dedo dentro de ella, la intromisión le hizo jadear. Él comenzó rápido, sin ninguna consideración. Pero Mikasa no quiso decirle que parara, en parte porque quería demostrar que era fuerte y en segunda porque de una forma extraña empezaba a disfrutarlo. Pero cuando estaba apunto de venir, Eren retiro su dedo para probar con su miembro, la diferencia fue que esta vez entró de un solo golpe.

Mikasa en serio trató de reprimir su grito, no lo logró y menos cuando él comenzó a empujar de la misma forma que con su dedo. Fue un toque apresurado. Ella sintió sus pechos rebotar por lo mismo.

Tampoco mantuvo la boca cerrada, él le estaba haciendo sentir cosas . El movimiento en sus caderas, entrando y saliendo de ella. No se percató de la mirada que él tenía sobre su boca, ya que cerró los ojos dejándose llevar por la situación. Hasta que Eren le mordió el labio, estaba segura que le sacó sangre.

Estaba enojado, frustrado pero ¿qué culpa tenía ella? Él fue al que se le ocurrió toda esa tontería de vivir juntos. Eren no podía tratarla así. Así que, para darse su lugar Mikasa hizo lo mismo, lo mordió hasta sangrar y él gruñó pero en ningún momento dejó de penetrarla. El juego siguió, Eren mordiendo su cuerpo, su piel en el cuello y hombros, apretando el agarre entre sus muslos, probablemente dejando huellas de sus dedos también.

Su cuerpo iba quedar con muchos moretones. El consuelo que le quedaba es que el de él no se quedaría atrás, Mikasa lo mordió cuanto pudo y le rasguñó la espalda encargándose de enterrar muy bien sus uñas.

Para entonces, Eren la tomó por las caderas sosteniéndola bien, Mikasa pensó que ya estaba terminando. Se equivocó. Él tomó una mejor posición para seguir con sus estocadas, y el vaivén fue distinto. Casi como si Eren quisiera mostrarle todo lo que llevaba guardado. Ella chilló, cuando su  entrepierna tocó un punto en específico.

Ya había sido lo suficientemente ruidosa pero no pudo evitarlo. Algo  estaba haciendo bien porque lo disfrutó. Los dedos de sus pies se arrugaron sobre la manta, arrastrando tierra por debajo. Eren metió la lengua en su boca distrayéndola lo suficiente hasta que por fin pudo venirse. Seguido, él gimió, vaciándose sobre ella. Algo calientito se sintió entre sus piernas.

Eren no se quitó de su cuerpo hasta varios minutos después, estaba recobrando el aliento. Mikasa quedó ahí, entendida y pensó que sería el momento perfecto para irse. Pero cuando hizo sus movimientos, Eren la detuvo devolviéndola a su lugar, instalándose de nuevo en su entrada.

Hasta donde ella sabía, los hombres no duraban mucho en el acto ¿qué es lo qué pasó con Eren? ¿Fue la promesa acaso?

Su mano le apretó la cintura, atrayéndola de nuevo a él. Volviendo a ser uno solo. El bosque fue testigo de ello.

Él no la dejó irse por el resto de día, ni en la noche. Cada vez que trataba de levantarse, Eren la detenía y el vaivén de sus caderas regresaba, aunque cada vez probaban diferente posiciones. Cuando Eren quiso irse, Mikasa tampoco lo dejó, su mano ya estaba sobre el brazo del contrario, pidiéndole en silencio consumar lo que fuera que los motivaba, tenía que ser la promesa.

               •~•~•~•

Ya era mediodía, Mikasa tenía que irse. Debía alejarse de este hombre, pero cuando quiso levantarse el cuerpo y su entrepierna le dolieron.

—Sabes que ahora no te puedo dejar ir ¿verdad?

En todo el día que llevaban acostados, solo había escuchado sus gruñidos y jadeos, fue extraño por fin escucharle a Eren decir algo. Un tono mucho más grave del que usaba en su niñez.

Mikasa lo ignoró, estaba levantándose cuando él la tomó de la cadera.

—Mikasa.

Que él dijera su nombre provocó algo en ella ¿qué fue exactamente?

—Después de lo de anoche, quizás puedas quedar embarazada.

Puede que ella solo lo conoció durante un año, pero pudo notar en su tono de voz que también tenía miedo.

Obvio que él tampoco quería esto.

—¿Y eso qué? —preguntó Mikasa de forma indiferente—. Planeabas matarme de todos modos.

No lo estaba viendo directo a la cara y aún así  sintió la tensión a su alrededor.

—No si estás esperando un hijo mío.

El estómago de Mikasa dio un vuelco al escuchar esas palabras.

—Es muy rápido para saber si estoy esperando —dijo ella.

—De todos modos, tengo que mantenerte cerca hasta asegurarme.

Era obvio. Sabía que no iba a matarla, si es que lo está, compró su tiempo de vida por nueve meses.

—¿Aunque estuviera involucrada en la muerte de tu padre?

Su pregunta fue muy imprudente, pero tenía que presionarlo con algo. Lo encaró. Eren estaba apretando los puños sobre la manta.

—Aunque estuvieras ahí. Aunque hayas hecho algo, ahora no importa —habló Eren con dificultad.

—No hice nada —confesó Mikasa mientras regresaba su vista al frente—. No estoy segura de que me creas cuando te diga que quise detener a mi familia de lastimar a tus padres.

Eren no dijo nada, ella supuso que no lo hizo.

—No he practicado muy bien la magia desde entonces —continuó Mikasa, sintió que le debía un breve explicación por lo de sus padres—. Odie el hecho de lo que se puede hacer cuando uno es malo, lastimar así. Me quede con la magia que solo aprendí de niña.

No era mentira. El evento fue tan traumático que no quiso saber nada de hechizos después de varios meses. El silencio siguió, tenía que irse de ahí. Intentó levantarse por segunda ocasión, le seguía doliendo igual pero no le importó, como pudo se puso su ropa y antes de que pudiera alejarse aunque sea un poco, Eren la tomó del brazo.

—No puedo dejarte ir —repitió Eren con un tono de voz frío.

¿Entonces qué? ¿Ahora estarían juntos? Eso no era bueno, ni siquiera se conocen. Han pasado diez años desde la última vez que se vieron, los dos han cambiado por completo.

—Puedo buscar unas hierbas para no tener al bebé —dijo Mikasa. Si algo había hecho en estos años después de huir tanto, fue escuchar a través de las personas. Como resultado, sabe mucho sobre plantas curativas y flores—. No me crees con lo de tus padres y tampoco quiero una vida atada a ti solo por los niños, eso sería un infierno.

Era cierto. Eren la vio con mucha ira mientras consumaban la promesa, por eso fue que la mordió tanto. Estaba enojado por estar haciendo cosas que no quería. Mikasa no puede imaginarse aquello repitiéndose muchas veces hasta que tengan a sus cinco niños.

—Puedo irme muy lejos, como lo he estado haciendo —Mikasa alejó su brazo del de él—. Me lo debes, Eren. Todo esto del hechizo de promesa fue porque tú querías que nos encontráramos de nuevo. No merezco que me estén acechando, cazando y ser obligada a esta vida por tu idea.

Se giró para verlo, los ojos del contrario mostraron un poco de culpabilidad.

—Bien, te acompañare a buscar las hierbas —la convicción de él no desapareció.

—Puedo hacerlo sola.

—No me interesa que puedas hacerlo sola, tengo que cerciorarme que las tomarás —sus palabras fueron frías y vacías.

Si le quedaban dudas, ya no era el niño que conoció.

               •~•~•~•



 

Eren

 

 

Sabe que fue muy brusco en el acto.

Pero es que él nunca tuvo experiencia con mujeres, siempre estuvo ocupado en matar brujos que aquello fue el menor de sus problemas. Tanto Zeke como Hannes, otro cazador importante de su comunidad, le dijeron qué debía estar con una para quitar tanto enojo de sí mismo.

Por supuesto que no. Él no era así. Después de todo el fue criado por una mujer ¿por qué debía tratarlas como un objeto?

La cosa con Mikasa fue distinta. El enojo no fue hacia ella, si no hacía él. Enojo porque estaba casi seguro de que la promesa no tuvo mucho que hacer, él quería matarla antes de pasar mucho tiempo juntos porque sabía que Mikasa era una tentación andando. Mandaría sus ideales al caño por ella. Lo único que hizo el hechizo fue darle un empujón hacia el río.

Estaba enojado, sabía como se lleva el acto acabo pero también sabía que podía lastimarla si no lo hacía bien y cuando Mikasa se tensó al momento de presionar la cabeza de su miembro en su entrada, supo que no lo estaba haciendo bien.

Claro que quería lastimarla, pero no así.

Estuvo agradecido de que todos aquellos cazadores hablaran sobre sus experiencias con mujeres porque así supo lo que hacía falta para que Mikasa se relajara un poco.

Pero de igual forma la dejó adolorida. Solo bastó al verla caminar por su ropa, su cuerpo delató dolor. Después de echar todo por la borda no podía dejarla ir, si Zeke la encontraba la iba a matar sin hacer preguntas. Y con la posibilidad de que hayan engendrado uno de sus hijos anoche, menos podía dejar que eso pasara.

A pesar de que sintió honestas las palabras de ella cuando admitió haber estado presente en la muerte de su padre, necesitaba comprobarlo, porque se sentiría como un estúpido por haberle guardo desprecio todos esos años en que juro que la asesinaría.

Se sintió sucio.

—Las tomaré —aseguró Mikasa.

—Te dije que iré contigo.

Ella estaba claramente molesta, no la culpa.

—No quiero estar más tiempo a tu lado —Mikasa camino hacia el frente con dificultad.

—Ni siquiera puedes andar bien —le dijo Eren como observación.

Mikasa se detuvo y lo miró entrecerrando los ojos, casi como si le estuviera preguntado que de quién es la culpa. A él no le quedó de otra que explicar el peligro de encontrarse a Zeke.

—Si mi hermano te encuentra despídete de tu vida, él no va dudar como yo en cuento te vea.

Ella lo ignoró y siguió caminando. Le siguió el paso.

—Mikasa —le llamó—. No puedo dejar que él...

—Por eso tomaré las hierbas —le interrumpió.

—Eres la última Ackerman. Todos te están buscando, por eso tengo que estar seguro de que te tomes esas hierbas.

—Sería terrible morir con tu hijo en mi vientre.

Claro que sonaba horrible.

—Yo tampoco quiero eso —dijo ella.

Después de aquello, Eren la acompañó y Mikasa no dijo nada al respecto.

La sorpresa y la angustia fue mucha cuando por más que buscaron las hierbas, no las encontraron. En Mikasa fue más notorio, estaba muy nerviosa pellizcando la piel de sus brazos al ver que su salida se estaba cerrando. Ella cayó al suelo, colapsando.

Esto no podía ser coincidencia.

Podía agotar su último recurso, su madre, también sabe de plantas. No quería llevar a Mikasa con ella. Carla le dijo en muchas ocasiones que ya había superado aquel trauma pero no iba a ponerla aprueba con la presencia de la bruja.

Se distrajo en sus pensamientos y Mikasa aprovechó para echarse a correr.

Lo bueno es que él es rápido, ha mejorado con los años desde que inició en el mundo de la caza. Solo le bastaron unos segundos para recordar cuando jugaban a las atrapadas, Eren siempre tras Mikasa porque ella era muy buena en ello. Justo antes de atraparla, la azabache desapareció de su vista, se había caído en un hueco sobre la tierra. Él se acercó para ver qué no era muy profundo, podría sacarla con facilidad pero al verla lamentarse se percató que se lastimó.

Era notorio que Mikasa no se lo haría fácil. Cuando él se metió para ayudarla a salir, ella se resistió.

—Puedo hacer esto sola —dijo y cuando trató de levantarse soltó un quejido, más bien una maldición.

Eren podía jurar que se lastimó el tobillo.

—Déjame revisar.

Él le tomó el pie y Mikasa lo jaló con brusquedad.

—Te lastimarás más —habló Eren.

Ella estaba enojada, frustrada como hace rato. Él también, pero lo disimuló bien o eso creyó. Le tomó el pie derecho de nuevo, estaba sucio por haber corrido descalza entre las hojas y la tierra.

—No llegarás muy lejos con el tobillo así. Serás una presa fácil para Zeke o cualquier cazador.

—Sabré esconderme.

—Conozco a alguien de confianza, sabe mucho sobre plantas —comenzó él sin haberlo pensado mucho—. Quizás pueda ayudarnos con la hierba que buscas.

—No confió en ti.

—Ya te dijo que no te voy a matar —se asomó su tono de voz severo—. Y ella tampoco, la verdad es que estarás a salvo y si te quieres esconder, perder, matarte o lo que sea después de que encuentres las hierbas será asunto tuyo. Mientras no estés embarazada me da igual lo que hagas de tu vida.

Tal vez fue algo duro, pero tuvo efecto. La cara de Mikasa lo delató y sin rechistar se subió a su espalda cuando él se puso de cuclillas para poder subirla.

Eren se encaminó a casa de su madre, iría por la parte de atrás para no llamar la atención. Estaba oscureciendo, tenía que darse prisa. Los cazadores aprovechan la noche porque nadie espera los ataques a esa hora. Mikasa se durmió en su espalda, se dio cuenta porque de un momento a otro se recargó de lleno sobre si, su cabeza se instaló en su cuello. Él evitó rodar los ojos, ella estaba tan cerca que casi podía sentir su aliento, su aroma.

Si su madre confirmaba que Mikasa si tuvo algo que ver con su sufrimiento y la muerte de su padre, no habría escapatoria para ella.

Cuando estaban a escasos metros, aprovechó para descansar un poco sobre una casita que tenían para los animales destinados a ser comida. La acomodó sobre el techo, ella seguía dormida, así que su cuerpo se fue hacia adelante. Eren la atrapó a tiempo, la recargó sobre el árbol que estaba tras la casita. Le dió una mirada rápida. Su camisón blanco estaba sucio por haberse caído. Traía un corsé azul oscuro que le dejaba ver con claridad lo apretados que estaban sus pechos.

¿Qué no se pudo vestir de otra forma?

También le dio un aire de esas personas que duermen en la calle porque no tienen una casa.

Tenía que despertarla, explicarle que él entraría primero y que ella esperaría afuera en lo que preguntaba a su madre por las hierbas y desde la ventana, ella podría decirle si Mikasa la lastimó. Después del último comentario que le hizo la chica, no pensaba que tratara de huir de nuevo.

La tomó de las mejillas con una sola mano, su cara también tenía rastros de tierra. Todo en ella iba mal. Sus labios rosados se veían tan tentadores.

¿Por qué tuvo que crecer tan hermosa?

Él negó.
Mikasa siempre fue linda.

En ese instante, despertó y se espantó por el como la tenía sujeta él. Pataleó aún con su tobillo malo y comenzó hacer muchos ruidos.

—Mikasa cállate.

Pero ella no hizo caso.

Tenía que hacer algo, si no, su madre se daría cuenta o aún peor, llamarían la atención de los demás.

Le tapó la boca pero Mikasa lo mordió. Enojado, se abrió paso entre sus piernas colgadas y le dio un fuerte cabezazo. Se quedó sobre su frente, le sostuvo los brazos. Ella se veía aturdida.

—Te dije que guardarás silencio, no quiero lastimarte.

Pero si matarte

—Haz lo que te diga.

Le observó la frente cuando vio que una gota de sangre le escurría, no pensó que el golpe fuera tan fuerte. Mikasa se percató de esto. Y él de forma rápida y torpe le limpio la sangre con sus dos pulgares mientras le sostenía el rostro. O bueno, trato de limpiarla pero solo consiguió esparcirla más.

Ahora tenía sangre de ella en sus manos. Tragó saliva, estaban muy cerca. Hacía años en que no tenía el deleite de una mujer bella como ella.

Le recorrió el rostro con los pulgares manchándola en el proceso, no lo hizo con la intención de limpiarse, lo hizo porque su rostro era muy bonito.

¿Por qué no paraba de admirarla?

Su vista fue a sus labios queriendo probarlos una vez más porque no le fue suficiente toda la noche anterior.

La besó.

Fue un beso distinto, ahora sus movimientos iban con un extraño sentimiento que quemaba en su pecho. Profundizó el beso hundiendo la lengua contra la de ella, quien no puso resistencia.

¿Es que acaso podrían resistirse?

Esto era lo que le molestaba. Saber que en parte, solo una pequeña, esto era la promesa. Sacando sus instintos de hombre pero él siempre la quiso, no así de esa forma salvaje pero sentía algo por Mikasa.

Le levantó su pierna derecha para tener mejor acceso a ella. Comenzó haber fricción entre los dos, Eren deseó más.

Antes de ir más lejos, Mikasa cortó el beso dejando la frente contra la suya.

—Ni siquiera me quieres.

Eso no era del todo verdad.

Algo le pasa con ella.

—Si sabes que es la promesa ¿verdad?

Eren necesita que alguien que en verdad sepa de magia le diga que en realidad si es la promesa obligándolo a tener relaciones.

O es él perdiendo los estribos con una mujer muy hermosa.

Su mano fue al muslo de ella, acariciando y queriendo más.

—Mikasa.

Aquello salió como un lamento (o un gemido, más bien) adolorido. Se fue a su oreja para besar y mordisquear su lóbulo.

—Eren —jadeó.

¿Por qué tuvo que decir su nombre?

Se pegó más a ella, buscando desesperadamente su calor.

—Está bien, Eren —le susurró Mikasa al oído mientras enredaba los dedos en sus cabellos castaños—. Está bien.

Aquel tono le decía que le creyera, pero él la conoció mejor y aún así quiso cruzar la línea. Ella solía decir eso cuando él se lastimaba las piernas con algún raspón, aunque enseguida lo componía con un buen hechizo.

—Está bien —repitió.

—Mikasa.

—Eren.

Y ahora fue ella quien le sostuvo de la cara.

Si seguían así, sus cinco niños no serían un misterio.

No sabía que era peor, si descubrir que Mikasa si lastimó a su madre o que solo haya sido una víctima más y que él haya crecido con mucho odio por tener la idea equivocada. Al final, ella era una bruja y de igual forma alguien acabaría con su vida, pero él la desea, quiere estar dentro de ella.

Se repitió en su mente que si era la promesa.

Se mintió. Eren desde niño la quiso, por eso le dijo de irse a vivir juntos. Dentro del bosque para que nadie fuera a lastimarla.

La beso una vez más porque esto le carcomía. La beso porque estaba tan confundido.

Notes:

¡Hola! Buenas noches 💤
Contra todo pronóstico alcance a pulir mejor este cap y bueno aquí está 🌙

Empiezo a creer que esta historia será larga, espero equivocarme jaja
Y bueno, en este quise avanzar más la trama pero me enfoqué mucho en los sentimientos de ambos y sus ganas de alejarse pero no poder hacerlo, ya sea por la promesa o por algo más.

Gracias por los votos y comentarios n.n

Notes:

¡Hola!😜
Este es mi primer one shot con esta temática. Pensé que para comenzar, este estaría bien.
Algo tranquilo y desde la perspectiva de Mikasa chiquita🧡 queriendo tener su propio lobo.

Me emociona compartir estas historias uwu

El siguiente lo subiré el viernes o igual puede ser el sábado. Depende que me encuentre haciendo.
En la próxima historia acompañen a los ex amigos Eren y Mikasa en una peculiar caminata a casa.

Nos leemos pronto 🎃