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El compromiso de Itachi Uchiha y Deidara Kamizuru, fue toda una primicia no solo en Iwagakure y Konoha también en otras aldeas. Sorpresa, incredulidad y molestia, las tres reacciones que fueron las más notorias en varios Shinobis y civiles. Nadie creía que dicho par algún día se fuera a casar.
Cuando Itachi regreso de Iwagakure junto a Deidara, su recibimiento fue con uno de sus ex-novios de otra aldea que hasta ahora, ni idea como se entero tan rápido del compromiso. Itachi entendió el llanto de su madre al partir a Iwagakure, era porque ya sabía sobre la propuesta de matrimonio.
La boda fue realizada en su cuarto año de novios, teniendo un poco más de un año para la preparación. Itachi tuvo que medirse miles de Kimonos para no elegir ninguno y al final fue la misma Mikoto que le hizo uno muy bonito, todo ajustándose a las medidas y gustos de su hijo. Deidara sí fue más complicado que Itachi, a toda Yukata le sacaba peros o días después no le gustaban, faltando un mes para la boda pudo encontrar un Yukata adecuado a su gusto.
Aquel día memorable llego en donde los dos dieron sus votos y aceptación de estar al lado del otro por el resto de la vida, jurándose fidelidad en todos los sentidos.
Al pasar dos semanas en luna de miel, llegaron a Konoha. Itachi y Deidara compraron una casa en un punto neutro de la aldea(un barrio, sin propiedad de ningún Clan), pero lo suficiente alejado que brindaba esa tranquilidad y vista buena de la naturaleza que tanto a la pareja les gusta. La casa en donde vivía Itachi antes, la puso en venta ya que Sasuke se fue a vivir con Shisui, pase el grito en el cielo que metió Fugaku cuando se enteró. Y ahora Mikoto esta en la expectativa de que Shisui vaya a pedirle la mano de Sasuke.
—¿Qué es lo que tanto tienes? —preguntó Itachi al tropezarse con una enorme caja.
—Arte, puro arte mío, hum —contesto orgulloso de sus cosas, ante la mueca de su ahora esposo.
Dos semanas antes de la boda, ocuparon la casa con muebles y cajas, cosa que iban a organizar cuando llegarán de la luna de miel. Itachi suspiro al ver el desastre, se arrepentía de no haber dejado todo organizado antes de proseguir con la boda y demás arreglos.
—Esto lo organizamos en un dos por tres. —Sonrió Deidara cargando una caja para llevarla a la segunda planta de la casa.
La casa consistía en dos plantas. En el primer piso se ubica; cocina, lavadero, sala, comedor, un baño y un cuarto para guardar chécheres. En el segundo piso se encuentra; tres habitaciones y una cuenta con baño privado que es donde ocupa la pareja de recién casados y un baño extra. El diseño es sencillo, es amplia-mucho para dos personas según Itachi-, cómoda y bonita.
Seis meses antes de la boda a Deidara le dieron los papeles y permisos adecuados para ser un ciudadano de Konoha oficialmente. Primero tuvo que completar misiones sencillas, jugó intermedias y a finalizar empezaron las misiones al nivel de sus habilidades, en conclusión Deidara Kamizuru es un Shinobi activo de Konoha. Muchos en Iwagakure se pusieron sentimentales por su partida, pero sabían que Deidara es muy flexibles con los cambios y además el artista prometió visitarlos cuando pudiera. Lo cierto es que Deidara fue bien recibido en Konoha, cosa que no paso al principio con varios de los antiguos del Clan Uchiha, más con el tiempo lo fueron aceptando por esa misma razón Itachi sugirió vivir su propio espacio y vida a metros del Clan, una propuesta que el varón acepto sin dudarlo.
—Aquí nos tomará toda una vida. —Itachi suspiro agachándose tomando una caja.
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Itachi solo quería que su esposo le dijera algo o tan solo soltará alguna de sus absurdas bromas para meterlo en un Genjutsu. Eran las dos de la madrugada y ni siquiera iban por la mitad en terminar de organizar, estaba molesto por no seguir su línea de orden y hacerle caso a Deidara.
—Me voy a dormir y mañana sigo, no se tú. —Se puso de pie, echando un largo bostezo mientras se soltaba sus cabellos azabaches que tanto le gustan a su esposo.
—Perdón. —Soltó una risa nervioso al sentir la mirada carmesí encima suyo—. Pensé que… no nos íbamos a demorar mucho, hum.
—Es la última vez que te sigo la corriente en tus bobadas —diciendo eso, se retiro antes de iniciar una discusión sin sentido y sin ningún fin.
En definitiva no arreglarían eso tan rápido como Deidara lo predijo, afortunadamente les dieron dos semanas de libres, omitiendo la semana de la luna de miel junto a los tres días antes de la boda.
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Muchos dicen que después de la boda viene la verdadera tortura y es donde muchas parejas conocen una faceta nueva en ellos. Deidara puede confirma esos mitos, primero es que Itachi después de la luna de miel esta muy malhumorado y se irrita por todo, segundo saco a relucir su casi obsesión por el orden y limpieza, y tercera jamás dejar a Itachi solo en la cocina.
Por muy irreal que parezca, pero Itachi es bueno en casi todo menos en la cocina. Lo de su malhumor lo entiende, Deidara se echa la culpa por eso. El orden y limpieza, en realidad no le molesta él también es así muchas veces. En organizar toda la casa, les tomo casi toda la primera semana libre que les dieron y eso también le frustró un poco.
—Cuatro días —repitió Itachi soltando un suspiro cansado.
Deidara es un idiota al pensar que todo lo iba arreglar en menos de un día, pero Itachi se considera más idiota por seguirle la corriente. Es que esos ojos azules y brillantes, sumándole la hermosa sonrisa que dibuja en sus labios mostrando sus blancos dientes, le fue imposible no negarse y posponer ese hecho. En parte se arrepiente y al tiempo no tanto, pero eso no quita su malhumor.
—No, no, no, no —repitió Deidara de manera dramática, mientras le quitaba el sartén de las manos a Itachi.
—¿Qué pasa? —preguntó confundido por la actitud de su esposo.
—Nada, solo que la cocina y tú, no son amigos, hum —recordó soltando una risa, recibiendo una mala mirada por parte del doncel.
—Exageraciones tuyas, yo cocinó muy bien y tengo hambre. —Alzo una ceja y se cruzo de brazos por aquella “ofensa” a su persona.
Deidara soltar una fuerte carcajada, sin importar como los ojos de su amado esposo se tornaban rojos. Es que Itachi sí cocina, pero siempre busca el “plato perfecto” y en lo que dura esa creación, siempre destruye la cocina. Al principio Deidara pensó que eran puras exageraciones de Sasuke y Shisui, pero lo comprobó en más de una ocasión cuando se quedó en casa del doncel, Itachi es un desastre en la cocina y solo por conseguir la perfección en un plato sencillo.
—Entonces, nos morimos de hambre porque eres pésimo en la cocina —acusó Itachi, sin dejarle ningún opción.
Por poco Deidara se da por vencido ante Itachi, pero recordó que cada día se aprende algo nuevo y él aprendería a cocinar.
—Enséñame, hum —propuso decidido.
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Itachi no mentía al decir que Deidara tiene mucho más tacto que él. Ahora ambos estaban en la cocina, Itachi dándole indicaciones a Deidara y este las seguía sin chistar. El varón cuando vivía solo, comía Ramen instantáneo o cápsulas de comidas, a veces en restaurantes, pero jamás le intereso aprender a cocinar.
Ahora Deidara es consciente que su vida ya no es sólo él, también es Itachi; los dos juntos, todo debe ser equitativo y complementarse. Por ejemplo Deidara es organizado y limpio, pero en ocasiones se da el lujo de ser un desastre, en cambio Itachi no hay chico sobre algún tipo de desorden.
—Debes mezclarlo todo junto y revolver a fuego bajo hasta que lo veas espeso —decía Itachi mientras picaba unas verduras.
Mientras que uno picaba algunas verduras y dictaba órdenes, el otro se ocupaba del resto de la cocina. El varón llego a pensar que la cocina iba a ser lo peor del mundo, pero no es tan complicado y entretenido, lo mejor de todo es que comparte tiempo con su esposo. Una vez que terminaron de hacer una parte de su almuerzo, prosiguieron en preparar las salsas y algunas cosas para acompañar.
Terminado de preparar todo, los dos acomodaron la mesa para comer, no si antes limpiar la cocina, aunque aquello fue más por Itachi ya que Deidara insistió en hacerlo cuando comieran, claramente el doncel se negó.
—Gracias por nuestros alimentos —agradecieron al unisonó y luego dedicarse una sonrisa.
Empezando a comer, cada uno llegaron a un pensamiento en común o más bien un cuestionamiento:
«¿Por qué antes huían del matrimonio.»
Itachi siempre asociaba el matrimonio como de las peores cosas, pase que sus padres tiene uno sólido. Tal vez era por el hecho de cohibirse y que la prohibieran muchas cosas. Pero conoció a Deidara, un varón que nunca crítico su formar de ser, ni pensar. Un varón que le apoya, le da mucho amor y compresión, además ahora en lo poco que llevaban conviviendo como esposos se sentía en paz consigo, pase al malhumor. Nunca llego a pensar que tan dichoso se sintió al despertar y sentir los brazos del rubio rodeándolo por la cintura, los besos sorpresas que le brinda por las mañanas en su cuello y mejillas, las risas al recordar cosas graciosas el día de su boda.
Deidara por su parte, asociaba el matrimonio como la peor tortura y prisión en la faz de la tierra. No quería que otra persona dependiera mucho de él-refiriéndose a una pareja sentimental-, quería huir como sea de esa responsabilidad que solo considera válida cuando tenga un hijo. Luego conoció a Itachi un doncel totalmente independiente y con una ideología algo particular, cada cosa de Itachi lo enamoró. Así como a veces Itachi es paz también es tormenta y esta bien con ambos polos de su doncel, sobretodo le respeta y admira su arte. Ahora fascinaba abrazarlo por las mañanas, darle besos cuando lo ve removerse y ama recordar los sucesos antes de la boda y del mismo día entre risas.
Todo fue gracias a la dichosa cita a ciegas, en donde ninguno de los dos quería ir realmente. Quien iba a imaginar que ahora estuvieran casados.
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—Felicidades por su unión —escucharon decir por décima vez en el trascurso de regreso a casa.
Faltaba dos días para terminar sus dos semanas libres por la boda. En ese lazo recibieron felicitaciones verbales y materiales sobre su recién matrimonio. Ahora Deidara e Itachi volvían del mercado de hacer las compras, su despensa le faltaban algunas cosas y saben que cuando vuelvan ser activos, las misiones vendrían sin darles respiro por una temporada larga, sin tener tiempo en comprar cosas.
Al llegar a la casa, se quitaron los zapatos dejándolos en la entrada y fue Deidara quien se dirigió a la cocina a dejar las bolsas mientras Itachi dejaba algunas en la sala que no eran nada relacionado con la cocina. En estos días, todo era muy tranquilo entre los dos a excepción por la obsesión de Itachi en organizar las cosas de manera clasificada y ahí es donde tenían sus discusiones.
Otra cosa que Deidara descubrió de Itachi, es sobre su afán de organizar todo según marquen un orden. La ropa la clasifica por color, pase que ele color más vivo que tiene Itachi entre sus ropas; es azul claro y rojo tinto. Los zapatos los organiza según antigüedad, las sabanas por textura. Deidara es alguien que organiza las cosas según como caigan en sus manos, pero tampoco le abruma mucho esa faceta de Itachi, igualmente en el closet cada uno tiene su lado y lo acomoda a su gusto. Esa es otra cosa que ama de Itachi, es que él nunca obliga al contrario en adaptarse a su estilo, solo respeta y ya. Lo único que si o si defieren mucho, es sobre la comida y limpieza algo excesiva de Itachi.
Así como Deidara se adapta a cosas de Itachi, de la misma manera este ultimo igual lo hace. Como por ejemplo, Deidara en días así que no tiene misiones, al levantarse solo se lava los dientes y se baña luego de hacer miles de cosas, todo lo contrario a Itachi quien se baña y cepilla los dientes apenas se levanta. Son cosas contradictoras entre ellos, pero igual se respetan la manera de cada uno.
—Compraste un libro de recetas —susurró Itachi al oído del varón. Se acerco por la espalda de su esposo y descanso su mentón en el hombro del varón mirando como afilaba un cuchillo.
—Quiero aprender más —contestó con una sonrisa.
—La comida de sal, no es taaaan importante, Dei —decía alargando la letra “a” alejándose un poco también sonriendo.
Deidara no entendió eso, pero de inmediato lo comprendió al sacar una bandeja de fresas y luego crema de leche, no supo en que momento Itachi metió ingredientes para postres en su bolsa.
—Quiero comer algo dulce y sí estoy en la cocina sólo, meterás el grito al cielo. —Suspiro, blanqueando sus ojos.
—Tu picas y yo hago el resto. —Le paso el cuchillo a un feliz Itachi por salirse con la suya, sin hacer mayor esfuerzo—. Y yo queriendo hacer un rico curry para ti —agrego con fingido pesar.
—El dulce es lo mejor. —Siendo rápido, le planto un beso en la mejilla la varón quien protesto al no recibirlo en sus labios.
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Por la tarde, Deidara sí estuvo de acuerdo en limpiar la casa. Itachi estaba leyendo un libro cuando vio la ventana con algo de polvo, dejando su actividad a un lado se dispuso a limpiar los vidrios y Deidara sin que su esposo le dijera algo, tomo la escoba para hacer lo suyo. Cada uno se dedico a limpiar algo, luego fue Deidara quien cambio las sabanas por una nuevas, Itachi recibió las sucias para lavarlas.
Cada uno se ocupo de algo, sin la necesidad de hacer pausa y darse tareas. Más que comunicación, fue una perfecta sincronización en ese aspecto. Cambiaron cortinas, seleccionaron algunas cosas para donar y otras para tirar. Cuando terminaron su tarde de limpieza, se fueron a descansar en su habitación. Itachi tenía su cabeza encima del pecho de Deidara quien cada cuento le acariciaba sus largos cabellos, desviando a veces sus caricias por el rostro del doncel. Los dos llevan sus largos cabellos sueltos, algo en común que tienen es su amor por cultivar esos mechones azabaches y rubios.
—¿Te gustaría ser padre? —pregunta Itachi luego de un breve silencio entre ambos.
—Tal vez, pero no ahora —confesó, acomodándose mejor para quedar cara a cara con su esposo.
Los dos se removieron un poco, hasta que cada uno se hizo de lado para quedar al frente del otro, mirándose con profundo y sincero amor.
—Me alegra haber ido a esa cita —dice Deidara dejándose hipnotizar por ese doncel que le robo su corazón.
—A mí también. —corresponde con una sonrisa, cerrando los ojos dejándose relajar por las caricias que le daba su esposo.
Esos eran los momentos que más amaban. Los dos juntos, sin afán de irse a otra aldea, solo relajándose mientras que manifiestan su amor como ellos mismos saben hacer, sin presiones. Poco a poco las caricias de Deidara fueron como arrullando a Itachi, dándole su sueño. Deidara sonrió con ternura al ver como las facciones de Itachi se relajaban hasta que la mano que estaba encima de la suya, fue perdiendo fuerza hasta que cayó a un lado; Itachi se había dormido.
—Te amo, mi doncel. — Le dio un beso en la frente, apartándole unos cabellos de su rostro.
Se le quedo mira do unos segundos más hasta que también cerró sus ojos, siguiéndole a Itachi en dormir un rato. Una nueva etapa en sus vidas llegaban, un amor que posiblemente no tendrían fin hasta el día que sus vidas decidieran partir en el campo de batalla como Shinobis que son, pero por ele momento cada día iba a profesar su amor.
Fin.
