Chapter Text
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El tiempo trascurrió de forma tranquila, había trascurrido un año después del golpe interno en los reinos de Athena. Los santos que fueron desterrados a las islas Kanon, habían solicitado el perdón del santuario, pero fue rechazado con dureza alegando que deberían cumplir el castigo divino.
Muchos de los guerreros de bronce ascendieron a santos de plata por la lealtad mostrada en su antiguo patriarca. A aquellos que eran guardianes o protectores del santuario tuvieron la misma oportunidad para aplicar a los entrenamientos de bronce.
Mientras algunos ansiaban subir, Otros decidieron permanecer con sus rangos normales, como lo fue Yato quien mantuvo la constelación de unicornio junto a su esposa Yuzuriha.
Los protegidos de Aldebaran hicieron sus exámenes para ser los próximos caballeros, pero solo Teneo logro obtener un título Alto en toda la orden, nombrándolo suplente al manto de Tauro. Las felicitaciones no se hicieron esperar llegando a ser presumido por el mismo Aldebaran, quien le aseguraba que muy pronto podría tomar el cargo de santo dorado. Tenía intenciones de abandonar su puesto como guerrero para buscar al espectro del fuego.
Recordó las palabras que le había susurrado aquel fatídico día "Espero que nuestros caminos puedan volver a unirse Hasgard"
– Perdí la oportunidad de preguntarle muchas cosas, ¿Cómo sabia mi verdadero nombre? ese mocoso me pone de nervios – cerro sus ojos imaginando el momento en el que haya revelado su nombre.
– ¿Que tanto susurras Aldebaran? –
La voz de Sísifo desconcentro los pensamientos del santo de tauro, llegando a sentir un leve rubor en sus mejillas. Ahora que su amigo había abandonado el manto de Sagitario se paseaba con muchas libertades por sus dominios sin tener que anunciarse.
– Solo cosas sin importancia
– Tu color me dice que eran temas de adultos – sonrió con diversión, observando nuevamente el rubor en su rostro – Me alegra que pienses en tu futuro, eres demasiado bueno para ser un padre soltero.
– Podría decir lo mismo de ti. Desde tu matrimonio con Cid, Muchos de los niños en las villas se les acercan esperando ser los Próximos santos dorados.
– Me alegra saber que tendremos muchos aspirantes. Aunque a Cid le incomoda un poco jugar con ellos, pero a su manera se preocupa por su bienestar –
Cuando pasaron dos meses desde la muerte de su amigo, Sisifo había solicitado el permiso del patriarca para contraer nupcias con el santo de capricornio y ser la primera pareja del santuario. Su petición fue aprobada llegando a organizar el evento junto con los preparativos necesarios para hacer oficial la celebración. Todos los guerreros del santuario asistieron, incluyendo algunas personas de las villas cercanas quienes querían estar presentes en el momento más importante de su salvador.
Como una voluntad personal, Sísifo solicito a Deuteros como su testigo esperando que pudiese estar a su lado el día más importante de su vida. No obstante, el geminiano se angustio un poco al sospechar que probablemente Cid no lo querría en su ceremonia, pero la insistencia de su amigo finalmente logro convérselo.
El momento de su unión fue algo único, Cid mostraba una autentica sonrisa de felicidad llegando a sorprender a sus compañeros. Mientras que Sisifo se encontraba algo ansioso para consumar su relación. Todos los felicitaron en el momento que aceptaron la unión por parte del patriarca. Las risas y el regocijo finalmente habían regresado santuario.
Deuteros agradeció la invitación del guerrero de capricornio, deseando que ambos fuesen felices en el futuro que les aguardaba. Finalmente, podía apreciar su relación sin el dolor o la envidia que antes lo aquejaba. Tenia la compañía de Asmita y eso era todo lo que necesitaba.
– Recordar el momento de mi boda es algo único – una sonrisa adorno su rostro cuando aprecio el anillo dorado en su dedo anular – Aprecio que todos nos apoyaran con su presencia. Aun que me hubiese gustado ver nuevamente Albafica.
– Desde la muerte de Manigoldo el nunca volvió a poner un pie en santuario. Debe tener sus razones para mantenerse alejado –
La nostalgia en volvió ambos guerreros, desviando sus miradas a los templos vacíos de Cáncer y Piscis. Aun cuando las armaduras fueron reparadas en su totalidad nadie poder hacer uso de ellas. En un comienzo se sospechaba que era por el bajo nivel de poder de los aspirantes, pero la razón que explico Shion, era que las mismas armaduras rechazaban a los portadores.
Debido al riesgo, los entrenamientos para las armaduras quedaran suspendidos hasta nuevo aviso. No necesitaban que más guerreros salieran lastimados en tratar de pórtalas.
– Cambiando de tema ¿has descubierto el paradero de Regulus? – Guio a Sisifo por escaleras de las casas zodiacales para reunirse con los demás guerreros en el templo principal – Han pasado meses desde su desaparición
– Ahora que poseo más libertad inicie una búsqueda por los alrededores de Grecia, pero no he logrado localizarlo – Suspiro en resignación pensando en el bienestar de su sobrino – Le prometí a Ilias que lo protegería
Poco después de haber asistido a su boda, Regulus abandono su armadura en su casa zodiacal, dejando una nota con un mensaje para su tío. "Necesito tiempo para pensar en algunas cosas, les pido que no me busquen. Yo regresare cuando sea el momento adecuado" Leer esa carta fue un golpe duro, Pensaba que el confinamiento lo ayudaría a sanar su culpa, pero se había equivocado.
Había perdido al pequeño.
– Tal vez deberías hacer caso a su petición, El desea arreglar sus problemas y no puede hacerlo aquí – sujeto su hombro en señal de camaradería – Cuando se recupere estoy seguro de que volverá con nosotros. Solo debemos ser pacientes hasta que eso suceda.
– Realmente tienes cariño paterno – Rio con gracia, sintiéndose mejor por sus palabras – Espero que lo haga, realmente lo extraño
El transcurso de su camino fue con tranquilidad, dialogaban acerca de los entrenamientos y exámenes a los que eran sometidos los nuevos reclutas. Incluso los momentos en los que habían convivido al lado de sus amigos.
Cuando arribaron al templo principal, anunciaron su llegada ingresaron con calma para arrodillándose ante el nuevo patriarca.
– Me da gusto verte otra vez querido amigo – Respondió con tranquilidad, levantándose de su trono para aproximarse a sus invitados - Pensé que continuaras tu búsqueda durante unas semanas mas
– Tenía planeado hacerlo, pero creo que Regulus prefiere soledad para pensar mejor las cosas –
– Entiendo – Permitió que sus compañeros se levantaran para felicitarlo por su regreso – Todos los guerreros me han hecho preguntas de ti, desean que vuelvas a entrenarlos para repetir el examen de sagitario.
– Seria un placer hacerlo, pero me gustaría aprovechar el tiempo restante al lado de mi esposo. – Su expresión se suavizo al ver nuevamente a su amigo
Debido a los enfrentamientos contra a Aspros, Sísifo sugirió que fuese Shion el nuevo patriarca del santuario, poseía una bondad con todos los habitantes y una habilidad única de escuchar y reparar las armaduras dañas. Aun que en su momento rechazo la oferta, el joven carnero opto por asumir el cargo al lado de su pareja Dohko de Libra, quien rápidamente se convirtió en el consejero y mano derecha.
Todos lo aceptaron con gusto. Sage fue el responsable de asesorarlo en todas las respectivas tareas y secretos que se encontraban en es Star Gill antes de abandonar el santuario. El inicio de su mandato fue aprobado por los líderes en los que el santuario poseía una alianza. Como Italia, Grecia y Asgart ofreciéndose en ayudar al nuevo patriarca.
– Te queda el cambio, Las ropas de patriarca lucen mejor en tus manos –
– Agradezco tu sinceridad, aun sigo sin creer que realmente esto esté pasando – jugo con sus propios cabellos tratando de ocultar su emoción – Todos me han ayudado mucho en este nuevo camino, incluso Dohko me ha invitado a una cita para tratar de despejar mi mente en el trabajo.
– Deberías aceptarlo, debe ser estresante quedarte en un solo lugar – alego Aldebarán sonriendo por su felicidad – No diremos nada respecto a tu ausencia, aprovecha el momento
– Tal vez sera en otro momento, se acerca el aniversario de Manigoldo y me gustaría ofrecer una ceremonia en la casa de Cáncer. Aun que ya ha pasado un año desde su partida sigo extrañándolo
La ausencia de su amigo era un momento difícil para todos los santos dorados. Para bien o mal, el canceriano toco puntos importantes en los corazones de todos, Una amistad, hermandad o compañerismo. Siempre fue alguien indispensable del cual muchos le tenían aprecio y deseaban expresar sus condolencias.
Por esa razón Shion sugirió un pequeño evento en el cual solo asistirán sus amigos más cercanos.
– Degel y kardia regresaran dentro de un par de días, la misión que les otorgue se ubicó en las lejanías de Asgart. Cuando eso pase iniciaremos la ceremonia en compañía del resto de nuestros amigos, me gustaría tener tu presencia con Cid.
– Por supuesto, cuanta con nosotros.
El tiempo avanzo sin mayores problemas. Llego el día en el que el resto de la orden dorada finalmente se reunía como en los inicios de la guerra santa. Todos bajaron a la cuarta casa zodiacal sintiendo la bienvenida de los espíritus que custodiaban la entrada.
Al ingresar, el ambiente cambio de forma radical profesando una nostalgia que afligía sus corazones. Afrontar la ausencia del custodio risueño y burlón, era una clara tristeza que cada uno afrontaba a su manera.
Shion dio un paso adelante colocando una pequeña ofrenda a un costado de la armadura dorada de Cáncer. Su reparación fue un momento único para el joven carnero, todos entregaron parte de su sangre para lograr una restauración exitosa. Era la única armadura que fue bañada con la sangre de 9 santos dorados otorgando un juramento de no dañarla por el resto de su existencia.
– Discúlpanos por tardar tanto – expresó con desolación permitiendo que las almas se acercaran a ellos – Ha pasado un año desde el momento que dejaste en este mundo. Quiero que sepas que, pese al tiempo y el dolor, seguimos orando por tu bienestar. Sin tu ayuda muchos de nosotros no estaríamos presentes, sacrificaste muchas cosas por nosotros y es algo de lo que siempre estaremos agradecidos.
Sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a bajar por su rostro llegando a preocupar a Dohko quien rápidamente lo abrazo para tratar de consolarlo. Verlo quebrarse era algo que le dolía, no solo por ser el nuevo patriarca si no por el lazo que compartían.
Todos sus amigos lo ayudaron a sostenerse, entendiendo el pesar que lo fatigaba. En instantes, las flamas del templo comenzaron a iluminarse con intensidad anunciado la llegada de un extraño cosmos que comenzaba a inundar la casa zodiacal.
– Por favor Shion no quiero verte llorar por mi – respondió el nuevo invitado acompañado por otra presencia con un alto nivel de poder – Verte sonreír es más divertido
Las llamas azules se dispersaron mostrando la llegada de Manigoldo y Albafica quienes portaban armaduras Similares a sus antiguas constelaciones; con la diferencia de estar bendecidas por el poder de una nueva diosa y tener un color similar a las sapuris.
Con rapidez el santo de Aries se aproximó a su amigo verificando que realmente fuese el ser que lo había cuidado desde pequeño. Cuando se cercioro que era el auténtico, no dudo en golpearlo con fuerza en su cabeza como castigo.
El golpe lo dejo sorprendido que pudo escuchar como Albafica se burlaba de él.
– ¡No puedo creerlo! ¿Sabes cuánto tiempo llore por ti? ¡Maldito idiota! – Grito con fuerza sorprendiendo a todos por el cambio de actitud – Realmente pensé que te había perdido...
– No fue decisión mía, estuve castigado un año entero por desobedecer las ordenes de mi señora – abrazo con fuerza al pequeño carnero, permitiendo que siguiera maldiciéndolo – Lamento haberlos preocupado, en verdad extrañaba regresar.
Sin perder la oportunidad, todos los santos se unieron al abrazo exclamando su felicidad de tenerlo devuelta.
Aldebaran pregunto por sus aventuras en el inframundo; Kardia deseaba saber cómo había cambiado tanto su apariencia. Degel le coloco sus lentes en agradecimiento, mientras que Cid se mantenía inmóvil por la fuerza del abrazo de Sísifo, quien preguntaba cómo se había vuelto tan poderoso.
En un descuido de los guerreros, el canceriano se liberó de ellos tratando de escapar, pero nuevamente fue aprisionado por Deuteros quien al igual que los demás comenzó a preguntar por el castigo que le fue impuesto. Albafica solo jugo con sus cabellos dejando que Asmita se uniera al abrazo mientras Dohko le proponía ir a un bar a beber como en los viejos tiempos.
No negaría que se sentía Feliz. Después de haber sufrido tanto a manos de sus enemigos, finalmente tenía lo que siempre había anhelado. El santuario le demostraba lo mucho que era amado.
– Ya basta...agradezco mucho su cariño, pero enserio necesito respirar – a pesar de su queja, todos lo ignoraron prosiguiendo con sus dudas – No te quedes ahí y ayúdame
– Tendrás que acostumbrarte, dudo mucho que deseen soltarte – respondió con diversión Albafica mirando con cariño la escena –
TIERRAS DE POSEIDON
En las lejanías del santuario, ubicado en una de las islas abandonas cerca de los territorios de Cabo Sunion, se encontraba Regulus, mirando con tranquilidad el horizonte.
Después de abandonar el santuario de Athena el joven leonino decidió emprender una búsqueda de paz, por las nuevas dudas que aquejaban su cabeza.
Con cuidado descubrió su brazo derecho apreciando el nombre que poco a poco comenzaba a desgastarse. En letras oscuras se podía apreciar la caligrafía ASPROS, manifestando que el santo de Géminis siempre fue su pareja destinada.
Pensaba que todo pudo ser diferente si Manigoldo no hubiese interferido en su destino, él era culpable de su soulmate perdiera el sentido de justicia y la moralidad. Antes de haberlo conocido era alguien perfecto.
Recordó como fue el instante en el que tomo su vida. Aunque en un comienzo estaba asustado por su crimen, poco a poco comprendido que verdaderamente disfruto haberlo asesinado. Se había desecho del villano que le quito la oportunidad de ser feliz.
Estaba tan regocijado de su victoria que no podía ocultarlo a todo el santuario quien aún lloraba la pérdida del guerrero, por esa razón decido dejar el manto de santo dorado esperando el momento oportuno para regresar y tomar su venganza.
Siendo la pareja de un dios, era seguro que no permitirían su muerte y buscarían la forma de resucitarlo.
– Manigoldo...No importa cuánto tiempo me tome, ten por seguro que te hare pagar la muerte de mi pareja – sonrió con diversión – después de todo, el tiempo nos reunirá una vez mas.
De sus bolsillos tomo un pequeño frasco con la sangre de Athena asegurando su fuerza e inmortalidad por los siguientes siglos.
CAMPOS ELISEOS – TEMPLO DE THANATOS
ADVERTENCIA: Esta parte de la historia contiene LEMON. si no te gusta por favor sáltalo
Agradezco a @SailorFighter por ayudarme a escribir esta parte (aun soy muy mala para escribir R18)
La normalidad retornaba de a poco, sus amigos estaban tranquilos, disfrutando su tiempo junto a sus parejas, liberados del peligro inminente que había significado Aspros y sus ansias de poder enfermizas.
Manigoldo ya podía vislumbrar una vida tranquila en el inframundo, siendo Perséfone su nueva diosa, a quién le entregaba su lealtad sin reservas; ella le había dado una nueva oportunidad y no la desperdiciaría. Sin embargo, existía una cláusula la cual debía respetar y esa era regresar con ella en el momento de la primavera.
Existiendo el tratado de su madre con Zeus, Perséfone solo podía permanecer medio año al lado de su esposo esperando el momento indicado para rencontrarse de nuevo. Condición que también debería cumplir al ser uno de sus guerreros junto con Albafica.
Pese a todo, ya había hecho las paces con Thanatos pero aún se sentía abrumado por la culpa y, aunque en su interior a veces deseaba recriminarle, sabía que no todo había sido su error llegando a perdonarlo por todo lo acontecido entre ellos.
Claro que aún había algo que no le permitía ser completo. No podía disfrutar su libertad, su nueva vida era golpeada por las pesadillas que no le daba tregua.
El trauma causado por Aspros, la humillación que aún sentía en cada fibra de su cuerpo, el dolor que se renovaba día a día a pesar de haber sido sanado y no tener marca alguna. Mínima prueba de ese acto atroz cometido contra su voluntad.
¿Cómo podía explicarle a su alma gemela que deseaba estar a su lado? darle el cariño que implícitamente le pedía y él también anhelaba pero que, al tenerlo cerca, su mente le jugaba malas pasadas y todo lo vivido regresaba en horrorosas imágenes.
Sólo tenerlo cerca despertaba el anhelo de estar por primera vez junto a la persona que clamaba su alma, pero también lo hacía el tormento de saberse poca cosa para un Dios. Él se lo había prometido, lo tendría siempre a su lado y le sería fiel, pero... las ninfas estaban hechas a su medida y vivían para complacerlo, mientras él poseía un cuerpo mundano, sin mayores gracias y encima había sido profanado por un extraño.
¿Quién aceptaría ese cuerpo cuando podía tener a las bellezas que deseara con sólo chasquear los dedos? Ni siquiera eso, ellas se le ofrecían gustosas... a pesar de la advertencia que Leuca comunico a sus hermanas. "Nuestro señor ya está comprometido con una sola persona"
La mente de Manigoldo era un torbellino de dudas, miedos y desesperanza. Deseaba volver a nacer en un cuerpo nuevo sin marcas, sin recuerdos ni temores. Toda la felicidad que le había sido devuelta por la diosa de la primavera y el rencuentro con sus amigos se veía empañada por sus inseguridades.
Como si Perséfone hubiese leído su mente, apareció delante suyo para calmar su ánimo y darle un poco de su cosmos para aliviar su corazón.
-No debes llevar a cabo esta batalla tú solo, tu soulmate debe entender tu sentir... no temas al exteriorizar lo que sientes, fuiste humano y te lastimaron terriblemente. Pero ahora eres parte de mi ejército y yo te protejo, nadie te dañara de ese vil modo otra vez.
-Un soldado puede morir en la guerra, no en manos de un ser sin corazón. Y tú ahora tienes la protección de tu compañero, no lo olvides nunca...
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El siguiente amanecer había despertado de mejor humor, hablar con su diosa le había dado la calma suficiente para poder descansar.
Buscaría a Thanatos tratando de acercarse ya que, últimamente lo único que hacía era evadir su compañía. Podía sentir el dolor que lo atormentaba al creer que aún no le perdonaba su pasado, la falta de tacto, su menosprecio y todo lo sucedido a consecuencia de su arrogancia.
Necesitaba mostrarle que no le guardaba rencor, todo era producto de su inseguridad y miedo a estar íntimamente con él.
Se dio un baño relajante, vistiendo con sus nuevos atuendos para salir en busca del dios guiado por sus instintos. Cuando llego al templo, Ignoro las miradas celosas de las Ninfas quienes aún no aceptaban al santo como dueño del corazón de su señor.
"Perdedoras" pensó para sí mismo, dedicándoles una sonrisa de burla, la cual las hizo enojar.
Ingreso al cuarto principal, encontrando a un dios pensativo. Tenía un tablero de ajedrez con una partida muy avanzada hecha por el mismo. Su mente estaba lejos de allí, tal vez cavilando algo relacionado con su hermano.
-Te estaba buscando...
-He estado aquí todo este tiempo – suspiro con calma, tomando un peón oscuro -
-Necesito que hablemos... es sobre nosotros
-Te arrepientes de haber evitado mi castigo? – Su respuesta detonaba culpa – ¿No quieres mi presencia a tu lado? – presiono con fuerza dañando la figura en su manos -
Le parecía irónico que el mismo peón en sus manos, fuese el objeto que lastimo por primera vez a su fuego fatuo.
Desde su resurrección, Manigoldo fue confinando a estar un año entero con su señora como castigo por haber desobedecido sus órdenes, en esos momentos se sentía feliz de saber que se encontraba bien, pero triste por haberse separado.
Cuando el castigo fue levantado, el dios inmediatamente bajo al inframundo para buscar a su pareja. Pero él había partido al santuario con la compañía del guerrero de Piscis para ver nuevamente a sus amigos.
Saber que su prioridad eran los santos de Athena le pareció doloroso ¿Tal vez aun no lo perdonaba? ¿Le temía?
Pensó que solo se debía a la necesidad de cerciorase que estuviesen bien, Aunque su regreso no fue lo esperado. Su fuego lo evitaba de forma consecutiva, rechazaba sus besos y caricias cada que intentaba consentirlo. Incluso cuando dormían juntos, aun se quejaba en pesadillas.
-¿Qué? ¡No! No es eso... solo... tengo miedo, todo lo acontecido me ha dejado miedos, inseguridades y no sé cómo actuar cuando estoy cerca de ti... siento cosas, pero no lo puedo manejar.
-Sabes que no me atreveré a lastimarte, no fue una promesa para ti solamente, fue un juramento que me hice a mí mismo, nunca volverás a sufrir por mi culpa. Y creo que entiendes que tampoco te forzaría a hacer algo que no desees – dejo las piezas de su juego aun lado. Extendiendo sus brazos para abrazarlo por su cintura, acercándolo contra su cuerpo – yo te amo Manigoldo, entiendo si ya no crees en mi palabra, pero no me alejes de tu vida.
-Necesito que me demuestres lo mucho que te importo, que me ayudes a superar los miedos y me enseñes que se puede amar sin lastimar.
Thanatos se sintió la peor persona al entender el daño que le habían hecho entre Aspros y él mismo. Se suponía que él era su soulmate, quién debía cuidarlo y atesorarlo, no destruirlo psicológicamente.
-Déjame remediar mi estupidez, borrar las marcas del alma con mi amor... no pido que te entregues, sólo que me permitas cuidarte y demostrarte lo mucho que vales.
Manigoldo aún no se encontraba a gusto y mucho menos seguro, pero necesitaba dejar atrás ese dolor que le corroía el alma.
Con una media sonrisa permitió que el dios acariciara su rostro llegando apreciar sus facciones masculinas con más detalle. Sin embargo, no pudo evitar que su cuerpo temblara, pero se sobrepuso a ese primer instinto de querer salir corriendo y permitió que continuara.
Thanatos se deleitó en la sensación de tan sólo tocarlo con cariño, viendo que se relajaba bajo la caricia y se atrevía a devolver el gesto.
-Tranquilo solo deseo abrazarte, que sientas mi calor sin ninguna otra intención.
El abrazo se sentía tan bien, las palabras suaves de su soulmate a su oído le hablaban de amor, de pasar la eternidad a su lado... sus manos se movían suaves a lo largo de su espalda y todo se sentía muy bien.
Thanatos movió su rostro y quedó frente a frente con el santo de Athena. Sus miradas se encontraron y ya no hicieron falta las palabras. Fue tan lento el acercamiento, que Manigoldo lo vio como en cámara lenta hasta que lo sintió sobre sus labios.
La sensación primera, volver a sentir ese roce que sabía a gloria, que no cargaba maldad ni lujuria, le provocó un temblor involuntario que asustó al dios, pero rápidamente fue profundizado por el humano. Pasó sus brazos por sobre los hombros contrarios y lo rodeó, acercándolo a su cuerpo.
Ese cambio de actitud en Manigoldo fue más que bien recibido y ambos pares de manos se atrevieron a más, explorando, conociendo aún temerosos, pero ya sin pudor.
Llevaron lo que estaban cocinando a la habitación privada del dios, donde se fueron quitando las prendas lentamente y gozaron de conocer el cuerpo ajeno, con caricias, besos y promesas de cuidarse por siempre.
El canceriano entendió que lo que había sufrido a manos de Aspros no tenía nada que ver con el amor o la pasión, mucho menos con el placer... todo había sido locura y obsesión.
Thanatos veneraba su cuerpo, rendía culto a su piel, le hacía sentir querido, valorado, protegido... todo de él respondía al toque de su soulmate ya no tenía voluntad sobre su anatomía.
Besos cargados de pasión y deseo, la lujuria despertando por primera vez en todo su ser, queriendo más, deseando más.
Las manos del dios viajaban por su cuerpo, acompañando a su boca que besaba todo a su paso y dejaba rastros de fuego en esa piel pálida, enloqueciéndolo, haciendo que sus puños se enredaran entre las sábanas y elevara sus caderas en busca de mayor contacto.
La traviesa lengua recorría su abdomen, sus dedos jugaban con sus pezones y pronto sintió el calor de la boca en su miembro ya duro como piedra. Se olvidó de respirar cuando la húmeda cavidad se cerró sobre la cabeza y una mano bajó a sus testículos inflamando su excitación, su mente volando, pero se obligó a abrir los ojos y focalizar en el dios, no, en el hombre, SU hombre y pareja, que estaba absorto en darle placer.
-Manigoldo... ¿quieres que me detenga? Puedo hacerlo, sólo complacerte con mis manos y boca... ¿quieres continuar?
-Yo... yo te quiero... yo quiero más... que me reclames como tuyo por toda la eternidad, Borra lo que no pedí, el dolor... el abuso... sigue por favor, pero ve lento...
-Sí, mi hermoso fuego fatuo, te daré placer ahora, pero debes entender algo... en lo que a mí respecta, yo seré tu primer hombre... el primero que conquiste tu cuerpo, con amor y ante todo, con tu consentimiento, porque tú así lo quieres...
Manigoldo se incorporó y atrajo al dios a un beso lleno de deseo, sus manos acariciando el fuerte pecho, recorriendo todo lo que estaba a su alcance, dejando en claro que no sería un amante pasivo, no del todo.
Thanatos sonrió ante el cambio de actitud. De su buro sacó un tubo de lubricante, el que dejó sobre la cama y volvió a colocarse sobre el cuerpo de su amado cangrejo, buscando su boca, saboreando su sonrisa, bajando por su cuello, lamiendo, dejando marcas notorias a lo largo de su clavícula.
Se movía con delicadeza bajando por su anatomía, tomando nuevamente su sexo en su boca y sus manos alcanzando sus glúteos, sintiendo la agitación y el temblor en sus piernas; supuso que era temor, pero al levantar la mirada, vio la sonrisa abierta en Manigoldo.
Ya sin los nervios previos, se dio a la tarea de empezar a prepararlo, dedos muy lubricados y besos se dieron a la tarea de complacer ese cuerpo que pronto lo recibiría por primera vez. Hundido en su cuerpo, sus dedos buscaban ese manojo de nervios que acabarían por derribar las barreras y podría tomarlo a gusto.
-¿Estás bien? Tal vez necesitas más tiempo...
El pecho de Manigoldo se expandía con dificultad, pero abría sus piernas en invitación
-¿Acaso me dejarías así, necesitado y urgido de tí? Ya te quiero dentro de mí...
Una sonrisa genuina iluminó el rostro del dios que, aprovechando la distracción de su amante, insertó otro digito dentro de él y lo expandió aún más, su lengua jugando nuevamente con el falo que se erguía orgulloso delante suyo. Lo engulló de una y lo succionó con entusiasmo, sacando gemidos de placer, mientras los dedos tocaban una y otra vez su próstata.
Estalló en un orgasmo potente y sintió que su cuerpo se elevaba, Thanatos observando con adoración a su soulmate, mientras cabalgaba en olas de placer.
Aprovechando ese instante de relajación, quitó suavemente los dedos y se posicionó entre sus piernas, elevándolas y alineando su miembro con la entrada que latía ansiosa.
Jamás en todas sus vidas, en todas sus reencarnaciones, con cada ninfa, espectro que había estado, había sentido la felicidad, la ansiedad de la anticipación de entrar y conectarse con alguien... todo era por él, por su fuego fatuo, su soulmate, por el amor que le tenía, lo que jamás había sentido por nadie.
Sintió más que ver, que ya estaba completamente dentro de él y la vista que lo recibió al abrir sus ojos fue gloriosa... Manigoldo lo miraba con lujuria, el amor en cada célula de su ser y todo era para él, cada gesto, sonrisa, cada gemido que sacaba era sólo suyo.
Se movía lento y profundo, doblaba su cuerpo casi en dos para poder besarlo y acariciarlo, siempre observando si estaba bien, viendo que devolvía sus besos, lo abrazaba y rodeaba su cintura con sus largas piernas.
Thanatos se incorporó y con su fuerza inhumana levantó a Manigodo junto a él, cambiando la posición, dejando que fuera su pareja quién tuviera el control de sus movimientos, cosa que su fuego fatuo no desaprovechó, porque se sentía pleno, feliz, disfrutaba de estar siendo amado por primera vez, sentía la ternura del dios, todo lo que le entregaba en cada embestida y deseaba retribuirle ese momento sublime.
Con energías y alegría renovadas, lo cabalgó, saltando sobre el enorme miembro que lo llenaba, abrazado a su cuello, besándolo brutalmente, pero con sonrisas que le dejaban saber que estaba bien y feliz, que se entregaba por completo y lo recibía en su vida para siempre.
Ambos orgasmos llegaron con la fuerza de un huracán, golpeándolos, pero se apoyaron uno en el otro, abrazados, dejando que las convulsiones pasaran y la tierra dejara de moverse.
Manigoldo fue el primero en separarse y mirar a Thanatos directo a los ojos, su sonrisa enorme, sarcástica
-Sabía que si había alguien que podía hacer esto conmigo eras tú y sólo tú...
-Perdóname por entender tan tarde todo lo que significabas para mí, pero desde hoy no existe ni existirá nadie en todos los mundos más que tú... es una promesa que pienso cumplir por toda la eternidad, mi amado fuego fatuo.
Manigoldo, tras sentirse unido a su soulmate, el saberse amado y aceptado, destruyó toda mala memoria pasada.
Su cuerpo estaba hecho a la medida de Thanatos, respondía con fuego, llamas llenas de lujuria, de todo ese sentimiento que había enterrado en el fondo de su ser bajo pesadas capas de dolor.
Y gozó, disfrutó y se entregó por fin, nuevamente, a todo lo que sentía por ese hombre, ese dios y sintió que le retribuía del mismo modo, que lo amaba no sólo con palabras sino con su cuerpo y su alma.
FIN DEL LEMON----------------------------------------------------
INFRAMUNDO – PRIMERA PRISIÓN
Después de visitar a sus antiguos camaradas y regresar al inframundo, Albafica a provecho el tiempo que les restaba para permanecer al lado de su soulmate antes de volver a los reinos de Perséfone. Procuraba su bienestar protegiéndolo de los ojos del segundo juez del inframundo quien se mostraba celoso de su felicidad.
Radamantis y Aiacos habían sido absueltos de sus castigos, con muchas condiciones de por medio. El primero era que perderían las marcas en sus manos por no haber valorados a sus parejas destinadas, lo segundo seria mantenerse alejado de Minos de grifo hasta que recibieran su perdón, y el tercer punto seria permanecer en sus puestos hasta la próxima guerra santa.
Como su deber era cuidarlo en todo momento. Observo con atención las tareas que realizaba en el inframundo, una de ellas era enjuiciar a toda alma que llegaba a esos reinos sin importar si era un humano o un guerrero al servicio de un Dios.
Le parecía admirable su sentido de justicia. Con algunos aplicaba castigos fuertes como ser devorados por Cerbero, trabajos forzados o el lago de fuego. Otras almas eran llevadas a un lugar especial esperando recibir un segundo juicio en donde serian purificadas.
Aunque existían ocasiones en las que su pareja se divertía al jugar con los cuerpos de algunos que se atrevían a desafiar su mandato. Una imagen cruel a los ojos de alguien externo, pero al santo le gustaba verlo sonreír y si eso significaba mostrar un lado sanguinario la aceptaría sin problemas.
Como costumbre, una vez que Minos terminaba sus deberes. Solicitaba que lo consintiera como era debido por la fatiga de escuchar tantas lamentaciones, a lo cual Albafica no ponía objeción. Lo tomaba en brazos para llevarlo a los jardines de la tercera prisión, recostándolo en los verdes pastizales para sentir la paz y vida que profesaba.
Cuando estaban solos, adoraba tocar las extensas alas del Juez quienes, al ser una parte externa de su cuerpo, lograban hacerlo estremecer como si se tratara de un suave masaje. Unió sus labios en un beso profundo pidiendo su permiso para continuar.
Habían compartido muchas veces el calor de sus cuerpos desde su llegada al inframundo, pero para el Pisciano, era algo se había vuelto su propia adicción. Ansiaba permanecer a su lado tanto como le fuera posible, llegando a ser algo posesivo cuando se atrevían a interrumpirlo.
Como si hubiese pensado en voz alta, la risa de su hermano lo hizo enfurecer que invoco unas raíces del suelo para someterlo.
– Creo haberte dicho que no me molestes cuando estoy ocupado – aun que sonaba calmado, por dentro estaba molesto – ¿Que necesitas?
– Vamos no vine por gusto, ¿realmente crees que me gusta ver como sometes al pobre de Minos? – Sonrió divertido al ver como había incomodado al juez del inframundo – Solo quería informarte que daré un paseo por la tierra
– ¿Que has dicho? ¿Tienes el permiso de la señorita Perséfone? – Observo con duda a su hermano, pensando en lo extraño de sus palabras. Tenían pocos días antes de separarse de sus parejas ¿Por qué necesitaba salir?
– Claro que sí, incluso deje un recado con Leuca para notificarle a Thanatos mi ausencia – cuando fue liberado, sacudió los escombros de su ropa pasando a un costado de ellos – Quiero evitar la discusión de su deseo por acompañarme
Invoco su cosmos para vestir su armadura y abrir un portal que lo llevaría directamente a una villa.
– Regresare tan pronto como pueda
MUNDO HUMANO
Al momento de cruzar, el canceriano diviso con curiosidad el entorno al que lo había llevado su técnica. Era el mismo territorio donde antes existía su hogar, Tan solo habían pasado un par de años, pero todo era diferente. Había nuevas personas ocupando las casas y la vegetación había vuelto a crecer. Era increíble que el lugar que antes le provocaba tristeza haya vuelto a tener vida.
Con calma camino entre algunas personas que ignoraban su presencia. No podían ver o sentir su cosmos aun que pasara cerca de ellos, como si fuese un espíritu.
Su instinto lo llevo a una de las casas rusticas la cual tenía un grupo de personas en la entrada, rezando por la salvación de su sanador.
Atravesó sin problemas los cuerpos de los aldeanos ingresando en la habitación principal donde se encontraba un individuo agonizando. Era claro que su final estaba cerca, respiraba con dificultad y las medicinas ya no surtían efecto para salvarlo. Con cuidado se acercó a la cabecera de la cama tocando su rostro logrando que se despertara.
– A pasado tanto tiempo – respondió con dolor, reflejando una sonrisa tranquila – no has envejecido... sigues siendo igual de apuesto
– Lamento haber tardado tanto – tomo asiento a un costado de su cama, para sujetar sus manos – Padre, tenía tantos deseos de verte otra vez – le devolvió el gesto mostrando felicidad de ver nuevamente a su maestro – Me hubiese gustado venir antes...pero las ordenes de mis nuevos regentes me lo tenían prohibido. Deseaban que lloraras lo más posible para pagar el castigo de haber entregado mi soulmate.
Sage solo cerro sus ojos, sintiendo como las lágrimas volvían a bañar su rostro. Durante el tiempo que estuvo en el santuario, no podía evitar recordar como sus acciones habían provocado la perdida de todos sus seres queridos, dejándolo solo en un puesto del cual ya no se sentía digno. Tan pronto como pudo Inicio los preparativos para instruir a Shion y Dohko sobre el cargo que tendrían que manejar, resolviendo las dudas posibles. Cuando finalmente termino, abandono los reinos de Athena regresando a la villa de su hijo para iniciar una nueva vida esperando su final.
Ayudaba a toda persona que presentara un malestar o alguna herida llegando a ser conocido como un gran sanador. La popularidad de sus curaciones había provocado que más personas comenzaran a habitar la villa, regresándole su vitalidad como fue en años pasados.
Pero su tiempo no era prolongado y cuando llego el momento de morir solicito que nadie ingresara a su habitación hasta que haya dejado de respirar, porque presentía la visita de su amado hijo.
– ¿Recibirás... algún castigo por venir a verme? – su voz se apagaba a medida que pasaban los minutos –
– No lo hare, recibí la autorización de la diosa Perséfone para llevarte conmigo – Aferro sus manos con más fuerza, uniendo sus frentes como cuando era más pequeño –
– Tengo miedo... no quiero perderte – con esfuerzo llevo una de sus manos al rostro del canceriano –
– No debe temer, solo cierre sus ojos y descanse un poco. Le prometo que cuando vuelva abrirlos me tendrá a su lado para guiarlo a su descanso– recargo su rostro contra su mano, sintiendo su dolor –
Con sus últimas palabras, las fuerzas de Sage finalmente cedieron dejando que su vida se apagara junto con el brillo de su cosmos. El santo limpio las lágrimas de su rostro susurrando unas palabras que le permitieron extraer el alma de su cuerpo.
Al tenerla pudo ver como su espirito tomaba forma de un pequeño niño quien descansaba plácidamente en sus brazos. Finalmente, después de cientos de años el alma de su padre podía volver a su estado más puro dejándolo libre de todas sus ataduras terrenales.
– Ahora yo cuidare de usted – abrió un portal que lo llevaría directamente a los elíseos para vivir al lado de todos sus seres queridos. Su esposo, Hermano y padre.
Todo estaba en paz y deseaba que se mantuviese así por el resto de su eternidad.
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