Chapter Text
Johnny suspiró, mirando al cielo. El viento de un otoño que estaba a punto de arrancar acarició sus mejillas y meció suavemente los mechones rojizos de pelo que se escapaban de su gorro de punto. Desde aquel primer día las cosas habían cambiado mucho: a pesar de que su amistad comenzó de forma un tanto abrupta, ahora pasaban tanto tiempo juntos que lo raro era ver a uno sin el otro a su lado.
—¿Se puede saber cuánto tiempo va a tardar en venir este dichoso autobús? Llevamos ya más de veinte minutos esperando. — Dijo, refunfuñando para sus adentros.
—Eh, Johnny, se me acaba de ocurrir una canción. Con letra y todo, eh. ¿Quieres oírla? —Comentó Gyro de repente, para cambiar de tema.
—¿Pero y esto a qué viene? —Respondió el otro, confuso.
—¿Tú quieres que la cante o no? No voy a cantarla dos veces.
—Venga, entonces sí quiero oírla.
[…]
—¿Eh? ¿Qué te parece? La letra y la melodía son mías, que lo sepas. Propiedad intelectual de Gyro Zeppeli. —Dijo, hinchando el pecho de orgullo.
—¡Es muy buena! La melodía me mola, la parte esa de «rella, rella, rella» es muy pegadiza. En cuanto a la letra…es muy «tú».
Según el tono con el que lo había dicho, Gyro no podía distinguir si realmente le había gustado o estaba siendo irónico. Este se giró hacia Johnny con cara de pocos amigos, formándose una mueca en su rostro que hacía que mostrase los dientes. Un gesto que a Johnny le parecía algo más propio de un caballo que de un humano. Entrecerró los ojos, la luz del sol que se reflejaba en los dientes de oro de su amigo le estaba dando directamente en la cara.
—Eh, eh, eh, Johnny, ¿qué se supone que significa eso?
Johnny se aguantó la risa, pero no pudo evitar que se le escapase una sonrisa.
—Nada, nada. Por cierto, ¿sabes que yo de pequeño tocaba la guitarra? Podríamos montar una banda y todo. —bromeó, desviando la mirada.
Gyro parecía estar a punto de decir algo, pero fue interrumpido por la llegada del vehículo, su rótulo de último destino leía «hospital provincial». Johnny se marchó subido en él y la conversación se quedó ahí.
Sin embargo, pasados unos días, Gyro no podía quitarse de la cabeza aquello que le mencionó Johnny. Aunque lo había dicho en broma, en realidad le intrigaba la idea de formar una banda de música.
Su padre siempre había querido que fuese médico cirujano, y de hecho estaba terminando la carrera de Medicina, solo le faltaba el trabajo de fin de carrera. La carrera en sí no le disgustaba, pero ese trabajo se le estaba atragantando a más no poder. Solo de pensar en él le quitaba años de vida, así que cualquier cosa que pudiera ayudarle a despejarse y olvidar su existencia le vendría bien. Además, siempre le habían dicho que tenía una voz muy bonita.
—Pues he estado pensado lo que dijiste el otro día...Y la verdad es que me encantaría que hiciésemos algo así. Imagínate: tú y yo en el escenario —dijo, haciendo un gesto amplio con la mano, como si estuviera frente a un gran público— Los focos, los gritos de nuestros fans…
Tras oír su propuesta, Johnny se quitó el gorro y se rascó la cabeza, pensativo. No se esperaba que ese comentario se lo fuera a tomar tan en serio.
—Uf, a ver, es que no tengo ni idea de donde estará esa guitarra de la que te hablé. Cogiendo polvo en un rincón, seguro…sé que tirarla no la tiré, pero a saber. Además, estoy oxidado, hace mucho tiempo que no toco. Lo de la música fue un capítulo de mi vida que cerré hace tiempo.
—Bueno, pero no estarías tú solo. Yo haría de cantante, ya encontraremos más gente para montar el grupo. O si no, ¡también podríamos ser un dúo! Mira a Simon y Garfunkel lo bien que les fue. Seguro que con tu habilidad con la guitarra y mi canto nos haremos famosos y nos iremos por ahí de gira a todas partes.
Gyro no sabía a ciencia cierta qué le había pasado a Johnny que lo había hecho dejar la música, pero la idea ya se le había metido entre ceja y ceja, no iba a dejarla ir tan fácilmente. Y no estaría de más animar a Johnny a que recuperase una antigua afición.
—Va, venga, voy a buscarla, aunque no prometo nada. Por cierto, si al final vamos a ir en serio con lo del grupo deberíamos buscar gente. Desde Simon y Garfunkel no se me viene a la cabeza ningún otro dúo famoso, eso se ha pasado de moda ya.
Como fan de la música de las décadas pasadas, Gyro frunció el ceño en total desacuerdo, pero debía aceptar que tenía razón: una banda de música no se puede montar con solo dos personas.
—Cuando dijiste que tocabas la guitarra, me había imaginado que iba a ser la típica guitarra española, no…
Un agudo chirrido lo interrumpió, retumbado en los oídos de ambos.
—Lo siento. Aún estoy ajustándola. —añadió Johnny mientras afinaba el instrumento. Era una guitarra eléctrica, de color azul intenso. Estaba decorada con pegatinas de todo tipo, muchas ya desgastadas, y estrellas blancas pintadas a mano. Pese a que se notaba que se le había dado mucho uso, estaba aún en buenas condiciones.
—Digamos que hubo un tiempo en el que me tiraba mucho la idea de ser una estrella del rock. Todos hemos tenido una época así, ¿no? —Sonrió, al recordar momentos felices de cuando apenas había comenzado a tocar, con la cabeza llena de pájaros y sueños. Luego, el brillo de sus ojos se volvió a apagar de nuevo.
Gyro observó embelesado cómo Johnny deslizaba con mimo las puntas de sus dedos por el instrumento, rasgueando con su propia uña las cuerdas lentamente. Había perdido la púa, pero Johnny afirmaba que no era para tanto, y que sus uñas eran tan resistentes que hasta podría usarlas para cepillarse los dientes.
Tan pronto empezaron a salir las primeras notas Gyro cerró los ojos y afinó su oído, tratando de averiguar de qué canción se trataba y siguió el ritmo con su pie. A pesar de estar tocada con una guitarra eléctrica, la canción era lenta, como la de una balada. En cuanto la reconoció, Gyro no pudo evitar ponerse a cantarla, su melosa y clara voz llenó la habitación: —If we’d go again, all the way from the start, i would try to change things that killed our love— Johnny esbozó una sonrisa sincera, centrándose por completo en la música. Desde que Gyro lo conocía, Johnny se había caracterizado por tener unos ojos celestes preciosos, pero sin brillo, vacíos en cierta manera; y una media sonrisa que le daba un aire melancólico. Sin embargo, en cuanto se quedó enfrascado en la música, la luz regresó a sus ojos, como las llamas de un fuego vivo, y Gyro al verlo percibió una presión en el pecho que no había sentido nunca antes.
Cuando terminó de tocar, Gyro lo felicitó con un potente silbido, lo que hizo que Johnny se avergonzara un poco, sus mejillas tiñéndose ligeramente.
—No sabía que eras fan de Scorpions, tío. Tienes muy buen gusto.
—La toqué tanto que ya me la sé prácticamente de memoria. De todas formas, aún no me siento a la altura como para volver a tocar.
Johnny estaba enumerando en su cabeza todos los fallos que había cometido al tocar cuando sintió el brazo de Gyro rodeándolo, apretándole el hombro suavemente.
—A ver, sé que el otro día me flipé mucho con lo que dije de hacernos famosos y tal. La verdad, yo solo quiero pasar el rato; nos lo tomaremos como un hobby, ¿sí? No tiene por qué ser perfecto. Además, no sé tanto de música como tú, pero a mí me ha sonado bien.
Johnny dio un profundo suspiro, apoyando la cabeza en el hombro del otro y cerró los ojos, las comisuras de sus labios formaron una leve sonrisa. No podía negar que, durante ese rato, a pesar de (según su criterio) haber tocado fatal, sintió que se había divertido como no hacía desde hace mucho tiempo.
