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Querer Perdonar

Chapter 3: Ojos café

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Bajo el implacable sol de Cola, cinco sombras se movían con velocidad frenética, dejando una estela de polvo a su paso. Después de un largo tiempo de engaños y señuelos, finalmente encontraron una pista fresca de Raya. Sabían que la fugitiva era astuta lo que dificultaba aún más su persecución. Lo más seguro es que Raya supiera que alguien la seguía, y si no era el caso, entonces solo era demasiado desconfiada.

La imagen de una linda niña sonriente en un vestido verde se repetía una y otra vez en la mente de Namaari, causándole una punzada de culpa. Hay pocas personas que podrían confiar sin ningún problema después de un evento así. Ella no podría.

El sudor se deslizaba por el rostro de Namari, humedeciendo el paño con el que se protegía de la ardiente arena, que en aquella velocidad amenazaba con cortar su piel, y ella sabía muy bien cuanto ardían las heridas con sudor y arena.

El viento sonaba con fuerza en sus oídos, pero eso no evitó que escuchara a uno de sus guerreros llamando su atención. El guerrero de manga larga, Rithy, llevaba consigo un ave mensajera. Una Saht endémica de Colmillo que se caracterizaba por volar grandes distancias y poseer gran resistencia y vitalidad. Y, como en ese momento se presentaba, también una gran ave de caza. 

—Tenemos una pista, —dijo Rithy con voz grave. —Al parecer la fugitiva se dirige más arriba del río. 

El corazón de Namaari se agitó tanto que hasta lo escuchaba. La persecución tras las pistas de Raya había llevado a Namaari a un estado de nerviosismo creciente. ¿Cómo se enfrentaría a Raya? Cada vez que se acercaban más, la incertidumbre se apoderaba de ella. Pero no había tiempo para dudas. La misión debía cumplirse.

Finalmente, siguiendo las últimas pistas, Namaari y su grupo de guerreros llegaron al último río en Cola, el lugar donde supuestamente encontrarían a Raya. El paisaje mostraba los vestigios de lo que alguna vez fue un majestuoso río, ahora rodeado por un cañón imponente y un barco abandonado.

Se adentraron en las ruinas de la embarcación, envueltos en una nube de polvo. Sin embargo, las huellas frescas en el suelo dejaban claro que alguien había estado allí hace poco. Tal vez tan solo unas horas atrás.

—Lo más probable es que haya seguido por el cañón. —declaró Namaari, consciente de los peligros que podrían aguardar en ese lugar. —Sabemos quién se rumorea que vivía aquí, y hay una alta probabilidad de que esté lleno de trampas. Procedamos con precaución.

—Sinceramente, esta misión será más fácil de lo que imaginaba, —comentó el guerrero Sovann con una sonrisa confiada. —Una ladrona escurridiza no es rival para los guerreros de Colmillo.

El resto de los guerreros se rió en complicidad, pero Namaari guardó silencio. No sabía cuánto había cambiado Raya en todos esos años, pero en lo más profundo de su ser, deseaba que no pudieran atraparla con tanta facilidad.

Avanzaron por un laberinto interno en el cañón, siguiendo los pequeños rastros que Raya había dejado en su camino. El Saht volaba por encima, liberado de las opresivas paredes. Namaari comprendía ese sentimiento, ya que tampoco le agradaba estar en espacios tan angostos. Le recordaba demasiado a la cueva donde Raya le había mostrado la gema tantos años atrás.

El corazón de Namaari latía con una intensidad desbordante mientras se adentraban en el angosto cañón. El aire estaba cargado de tensión, y todos avanzaban en silencio, aprovechando el elemento sorpresa en caso de que lo necesitaran.

Pronto llegaron al centro del intrincado laberinto, y vieron hacia el centro de lo que parecía una plataforma natural. Y ahí estaba ella. Raya, de pie en la plataforma de roca. Parecía más distante y diferente de cómo Namaari la recordaba. Su cabello antes entrelazado, ahora le caía suavemente sobre su espalda hasta la media espalda. Era surreal, tantos años y ahora estaba ahí, frente a Namaari. Observó con curiosidad a la chica extraña que la acompañaba, preguntándose qué había ocurrido para que se unieran. Por un breve momento, sintió una punzada en el corazón. Estaba segura de que Raya estaría sola. Dian, sin duda, se mofaría de ella y sus pensamientos.

La atmósfera estaba cargada de electricidad, y Namaari sabía que el enfrentamiento era inminente. Raya y compañía todavía no los habían visto, y cuando divisó que su compañero alzó su arco, Namaari se movió casi por instinto. Su pie pateo una piedra diminuta, que rodó lo suficiente para hacer un ruido perceptible. Raya volteó hacia ellos. Las miradas se cruzaron, chispas de rivalidad y resentimiento volaron entre ellas. No había tiempo para palabras, solo para acción.

La batalla comenzó con una ferocidad desenfrenada. Los movimientos eran rápidos y precisos, los golpes resonaban en el cañón como truenos. Namaari y Raya se enfrentaban cuerpo a cuerpo, intercambiando golpes y bloqueos con una destreza y agilidad que solo la experiencia en batalla te podía dar. Pero estaba claro que el objetivo de Raya no estaba en luchar, sino escapar. 

El enfrentamiento pronto se convirtió en una persecución por el laberinto. Raya era rápida, considerando lo torpe que su compañera había demostrado, sin embargo, en un momento en que estaban a punto de atraparla, Raya utilizó a los insectos del cañón para volar el pasadizo. Pedazos de roca gigantes caían por todos lados. 

—¡Dispérsense! —Namaari ordenó con urgencia, consciente del peligro inminente. —Tenemos que salir de aquí antes de que más de esos insectos se prendan en cadena.

—Puedo alcanzarla, —contestó Kosal, el más joven de los guerreros. —Ellas estarán distraídas…

—¡He dicho que no! —interrumpió con fuerza en su voz. Las explosiones regresando, el estruendo sacudiendo las paredes del laberinto dentro del cañón. 

Con una mirada desafiante, Kosal se lanzó tras Raya, ignorando las advertencias de Namaari. Namaari apretó los dientes y escuchó maldecir a otro de sus guerreros.  

—Salgan ya. —instruyó Namaari, su voz tensa pero decidida. —Rithy, deja a el Saht en nuestra marca.— Miró a su alrededor, evaluando la situación. —Hemos recorrido demasiado, lo más probable es que un río más prominente esté cerca. Iré por Kosal y nos reuniremos a mi señal.

Los guerreros asintieron, montados cada uno en sus Kucing, partieron en busca de una salida directa entre los escombros.

Antes de partir a toda velocidad tras Kosal, Namaari acarició suavemente a Serlot, su fiel compañero. Necesitaba concentrarse, pero no podía evitar pensar que si fuera una líder y princesa más apta, tal vez Kosal no sentiría la necesidad de desafiar sus órdenes. Con Serlot ágilmente esquivando los escombros que caían y sorteando los callejones sin salida, Namaari seguía las marcas de garras dejadas por el Kucing de Kosal.

Mientras avanzaba, rezaba en silencio a los antiguos dragones que una vez escucharon sus súplicas. Rogaba para que tanto Raya como Kosal estuvieran a salvo en medio de aquel caos.

Después de unos minutos de una carrera frenética, un grito resonó en el aire, seguido por un estruendo. Namaari giró bruscamente hacia la derecha, guiada por el sonido. Sabía que Kosal también debía estar cerca. Al llegar a una abertura del cañón, se encontró con un espectáculo impresionante: un rugido ensordecedor provenía del río impetuoso que fluía bajo el precipicio. Justo a tiempo, pudo avistar a Kosal unos pasos más adelante, su espalda hacia Namaari, disparando flechas sin cesar hacia Raya, quien se encontraba en una plataforma rocosa más abajo. Con gran habilidad, Raya desviaba cada flecha con su espada, desafiante y determinada.

En medio del frenesí de la situación, el suelo bajo Kosal comenzó a colapsar. Sin pensarlo dos veces, Namaari se lanzó hacia él.

—¡Kosal, debajo de ti! —gritó Namaari, empujándolo con todas sus fuerzas hacia un terreno más sólido antes de que fuera demasiado tarde.

En medio de la conmoción, Raya desapareció misteriosamente. Namaari y Kosal se encontraban a salvo, y un suspiro de alivio escapó de los labios de Namaari. Kosal permanecía en silencio, pero se negaba a voltear hacia ella.

En ese preciso instante, una nueva explosión resonó cerca, haciendo temblar aún más el suelo ya debilitado. En un rápido movimiento, una roca desprendida hizo perder el equilibrio a Serlot, el fiel compañero de Namaari.

—¡Princesa!

Namaari cayó con Serlot hacia el río antes de que pudiera reaccionar. El impacto fue brutal, desorientándola por completo. La corriente se apoderó de ellos, separándolos inexorablemente del grupo.

La lucha por sobrevivir se convirtió en su única prioridad. Namaari luchaba contra la fuerza del agua, nadando desesperadamente para mantenerse a flote y buscar una salida. No podía ver donde estaba Serlot. El río rugía a su alrededor, amenazando con arrastrarla hacia la oscuridad.

Mientras tanto, Serlot luchaba con todas sus fuerzas para seguir el ritmo, sus garras raspando contra las rocas y su instinto de supervivencia impulsandolo a mantenerse junto a su compañera.

Después de un rato, en medio de la turbulencia y la incertidumbre, Namaari se agarró a un saliente rocoso, apenas logrando mantenerse a salvo. El agua seguía rugiendo a su alrededor, pero encontró un árbol caído con el que pudo arrastrarse hacia la orilla, buscando un respiro. Serlot, exhausto pero valiente, nadó hacia ella logrando también salir de la corriente. 

El cuerpo de Namaari estaba marcado por heridas, arañazos y moretones producto de las rocas que bailaban en el torrente. Sus manos mostraban profundas cortadas, resultado de su aferramiento desesperado al saliente y al tronco. Afortunadamente, el ligero equipaje que Serlot llevaba consigo había resistido el desafío.

Sacando una venda de la bolsa que pendía de la montura de Serlot, Namaari exprimió todo lo posible para tratar de cubrir sus heridas. Sería suficiente por el momento. Con el sol descendiendo lentamente en el horizonte, Namaari comprendió que no podría reunirse con sus compañeros en el corto plazo. Con Serlot a su lado, comenzó a buscar los elementos necesarios para encender un fuego. Aunque estaban junto a un río, sabía que sería imprudente confiarse por completo ante la presencia de los Druun. Después de todo, en un bosque, los Druun no eran la única amenaza a tener en cuenta.

Un suspiro pesado escapó de los labios de Namaari. Había dejado atrás el desierto de Cola y el agotamiento la envolvía por completo. Mañana vería la forma de reagruparse.

Una vez que arreglaron su improvisado refugio para descansar, Namaari se recostó sobre el suave y ahora seco pelaje de Serlot. Con la mirada fija en las estrellas y el reconfortante crepitar de la fogata, finalmente tuvo tiempo para reflexionar sobre lo ocurrido. Debería estar pensando en cómo regresar, en cómo mejorar su liderazgo y trazar un nuevo plan ahora que conocían las habilidades de Raya, pero su mente no se enfocaba en nada de eso.

Seis largos años habían transcurrido desde el último encuentro entre Raya y Namaari. Al pensar en esos ojos café oscuro, desafiantes y llenos de fortaleza, el corazón de Namaari latió con fuerza. Trataba de imaginar cómo se sentiría Raya en medio de todo esto. Sabía que no fue el reencuentro que había esperado, pero dadas las circunstancias, ¿cómo podría haber sido diferente?

Cansada, cerró los ojos con resignación. Esperaba que las pesadillas la dejaran en paz, al menos esa noche.

Notes:

¿Me he tomado ciertas libertades? Absolutamente. ¿Es mi primera vez escribiendo algo remotamente con acción? Lo han adivinado.
¡Gracias por su paciencia! Trataré de ser lo más consistente posible, pero si por ahí ven que algo que no tiene mucho sentido, y tienen una buena sugerencia, dejenlo en los comentarios <3 -🍯
PD: Este cap está sin editar, lo haré más tarde. Los capítulos anteriores ya estan editados✨

Notes:

Me falta volver a ver la película, por lo que editaré ligeramente los caps cuando lo haga 🤠 Puedo tener errores en la gramática (no esta editado), son libres de comentar y los arreglaré lo más pronto posible -🍯