Actions

Work Header

Operación AguTrot

Chapter 2: Epílogo

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Ya llevaban casi seis meses casados cuando decidieron realizar el viaje. Por supuesto, la proeza de encaminarse al otro lado del planeta les había tomado preparación. No solo debían encontrar una niñera para Gapi, a quien no podrían darle la atención necesaria mientras estuviesen recorriendo hasta el último museo, zoológico, acuario, invernadero y librería que se cruzase en su camino. Sino que, además, debían tratarse de alguien lo suficientemente responsable como para mantener viva y sana hasta la última planta de Manuel, lo que no era una tarea para nada fácil. Por fortuna, los contactos de Francisco no eran tan escasos como los de su ahora esposo, y tras asistir a un par de clases del taller de jardinería, ya se había hecho con un ejército de mujeres mayores más que dispuestas a turnarse en el cuidado de sus criaturas, siempre y cuando les trajeran algún engañito desde Europa.

Tras su rápida reconciliación, no les había tomado más que un par de horas solucionar el problema de vivienda del señor González. La empresa de mudanza solo le había cobrado una acotada cantidad por la cancelación de sus servicios, marchándose sin mayor problema por donde habían venido. Con respecto a la venta de su hogar y la subsecuente compra del nuevo apartamento, había tenido la sensatez de no firmar nada hasta no terminar su mudanza; por lo que pudo finiquitar los trámites sin mayor problema. Y tras redirigir a su comprador a la que iba a ser su futura casa, logró cerrar el asunto sin remordimientos de por medio. 

Con eso despejado, solo fue necesario ponerse de acuerdo entre ellos para elegir donde vivirían; lo que en la práctica había resultado incluso más sencillo. Habiendo ya pasado la tormenta, resultaba que el señor González, un hombre de costumbres, no tenía ningún deseo honesto de separarse del apartamento en el que había vivido casi toda su vida, aun cuando su nuevo hogar solo lo estuviese esperando unos metros más abajo. Caso completamente distinto al del señor Burgos, quien no sentía lazo alguno con un departamento en el que solo llevaba viviendo algunos meses. Además, no había cosa que le causara mayor ilusión a Francisco que contar con una excusa para redecorar un lugar desde cero. Así lo había demostrado la misma mañana en que habían comenzado a subir sus cosas, cuando se había aparecido con muestras de papeles murales, y catálogos de alfombras y cortinas para elegir. Por fortuna, el acto de tener que desempacar todas las pertenencias de Manuel les ayudó bastante a reorganizar los espacios; y en menos tiempo de lo que habían pensado, ya se encontraban viviendo en la perfecta mezcla de ambos mundos.

Un cambio de aires que tanto a Manuel como a sus plantas les había sentado de maravilla.

De la venta del apartamento del señor Burgos habían conseguidos los fondos para el tour de dos meses por toda Europa; y para muchos otros viajes más, si así lo deseaban. La vecina del señor González, se había encargado de recomendarles a todos sus contactos, lo que les había terminado por conseguir una más que cuantiosa oferta por el inmueble. Manuel lehabía agarrado un nuevo cariño a la mujer tras descubrir que había sido su benefactora en todo el asunto, haciendo recapacitar al señor Burgos sobre sus resentimientos pasados. Según le había explicado en sus propias palabras, había afirmado a su actual marido de los brazos tras oír sus penas, la tarde en que había ido a interrogarle sobre el chisme que había quedado pendiente, y le había dicho: “Sé que tienes razón en que nada de lo qué pasó fue normal ni sensato, pero Francisco Burgos, tú sabías que ese hombre no era ninguna de esas cosas cuando decidiste conquistarlo (sin ofender).” Y por primera vez desde el tiempo que la conocía Manuel no se había ofendido. Luego de ello, y tras hacerle caer en la cuenta que nadie en el mundo haría un gesto tan dulce (dentro de toda su rareza) por él, le había advertido de su pronta partida; lo que había desencadenado en su repentina visita. El resto era historia.

Manuel cargó las maletas hasta la puerta de entrada, revisando por duodécima vez que lleva los pasaportes, tickets y el dinero encima. Luego echó un vistazo a su reloj, impaciente, pero decidió seguir aguantarse sus apuros mientras se sentaba junto a Gapi en el sillón. “Ahora quedas de dueña de casa,” le señaló, logrando que alargara el cuello hacia él, “cuidadoso con hacer fiestas mientras no estamos, señorita. Lo mismo va para ustedes,” añadió mirando a sus plantas.

Ante ello la tortuga se escondió dentro de su caparazón, ignorando sus advertencias. Ya no estaba en edad para recibir reprimendas, no después de todo lo vivido juntos.

“Por favor, cuídenme la casa y a las niñas,” añadió mirando a las fotos de su madre y el anterior esposo de Francisco, “y yo cuidaré de él mientras tanto, y él de mí.” Desde el otro lado del vidrio, ambos retratos parecieron sonreírle en respuesta, asintiendo a su petición.

“¿A quién le hablas?” Preguntó Francisco, apareciendo por fin en la sala de estar, quizás demasiado bien vestido para un viaje de 20 horas. Pero en ello Manuel no era quién para opinar, la moda nunca había sido lo suyo.

“A las fotos,” respondió Manuel, tomando a Gapi y poniéndose de pie con algo de esfuerzo.

Francisco tomó a la tortuga de sus manos, dándole un beso de despedida. Y luego le lanzo besos a ambas fotos. “Ya nos vamos,” canturreó. “Apúrate que vamos retrasados,” le apremió tomando dos de las maletas y dirigiéndose al ascensor, como si no fuera la razón de su retraso.

Manuel negó con la cabeza, demasiado feliz como para reprochárselo, y echando un último vistazo a su hogar cerró la puerta con lleva. Por fin listo para lanzarse a la aventura.

Notes:

Y colorín colorado, este cuento ha terminado.
¡Nos vemos mañana con otra historia para el Ecuchifinde 2023!

Notes:

Espero que les haya gustado esta caótica historia que en un punto se me llegó a salir de control. Aún queda pendiente un pequeño epílogo que estaré terminando ahora mismo. ¡Feliz ecuchifinde 2023!