Chapter Text
-¿Y ora? ¿Quién era ese chato de bonitos ojos Don Benja? – Dijo un guitarrista de cabellos rubios, de nombre Riley, sonriendo al ver como Parker salía de la cantina hecho un rayo.
-A mi me llamas por mi apellido chamaco igualado – Benjamin dijo con una mirada molesta y a punto de darle un zape al guitarrista.
-Ora, no se enoje Don Ben... digo, Don Noir- Riley dijo intentando cubrirse la cabeza con su instrumento -Pero ya enserio, ¿quién era ese chato y esa chamaca?
Benjamin suspiró y se cruzó de brazos. -Son una familia que se mudaron acá a Rancho Alto apenas hace dos años.
-Uy no, ese polluelo ya tiene gallinero – Riley dijo maldiciendo y sentándose a un lado de Benjamín
-Yo escuché que es viudo y que cuida solo a sus tres chamacos allá en la hacienda cerca de Las Huertas – Una chica de cabello corto y con gafas en forma de corazón habló sentándose a un lado de Riley mientras afinaba su violín.
-¿Las Huertas? ¡Uuuta! ¡esas tierras están rete bonitas pa’ cuidar los animales! Creí que esa hacienda estaba abandonada cuando se murieron los hacendados de allá…
-Pues que te crees que escuché que ese chato es sobrino de los Parker – Lyla contestó al rubio con una sonrisa mirando de reojo a Miguel quien seguía en silencio pero que se tensó al escuchar el apellido. Miguel no dijo nada. Se le hizo extraño que ese hombre haya estado en el pueblo por dos años y que en ese tiempo nunca le hubiese visto ni una sola vez, aunque sea para pasearse en la plaza.
-Y.. ¿Tiene nombre? – Esta vez el que habló fue el cantante de cabellos castaños quien miraba en la dirección a donde se había ido el hombre.
–Su nombre es Peter, Peter Parker. ¿Por qué? ¿Es que acaso Miguel O’Hara, el charro estrella, planea conquistarle? – Benjamín dijo mientras se levantaba de la silla de donde estaba sentado y comenzaba a limpiar la mesa con los vasos y la botella de agua mineral vacía de la cual él y Peter habían estado bebiendo.
Miguel se quedó pensativo un momento mientras una pequeña sonrisa se asomaba por las comisuras de sus labios.
Miguel O’Hara, perteneciente a una familia dedicada a la charrería siempre ha sido conocido por ser bastante gavilán pollero. ¿Qué que es? Significa en pocas palabras que le encanta andar de gallina en gallina, o sea, le encanta enamorar a cualquiera que le llame su atención. Tanto en belleza, como en qué tan adinerados eran. Y Miguel, juzgando solamente por lo que ha visto y escuchado de los Parker y ahora de ese tal Peter, llenaba todos los requisitos para ser la próxima víctima del de piel canela.
-Uy, al parecer el jefe ya puso nombre a su próxima conquista – Riley habló riendo, haciendo reír de igual manera al resto de integrantes del Mariachi.
Benjamin se acercó a Miguel suspirando.
-Sea lo que sea que tengas en mente, quiero que tengas cuidado Miguel, Peter se ve que es alguien que puede causar impacto en la gente- Dijo esta vez algo más serio y palmeando el hombro del más alto para luego decirle a su hija que le ayudara a acomodar las cosas de la cantina para dejar todo limpio para abrir mañana.
Aquellas palabras dejaron pensativo a Miguel por un rato, pero decidió no tomarle importancia y solo sonrió para sí mismo.
-Lyla, Riley, Jess, vamos a llevarle una serenata de bienvenida – Miguel dijo sonriendo discretamente mientras comenzaba a caminar fuera de la cantina y los mariachis le seguían entre gritos y vitoreos a su cantante favorito.
Benjamin miró como se iban y negó suspirando, apoyándose un momento en la barra de madera que dividía donde se estaban los productos de las mesas y sillas del lugar.
-¿Apá, tú crees que el señor Parker si caiga en las redes de Miguel? – Peni habló terminando de guardar y limpiar algunas de las mesas vacías del establecimiento. Su padre solo volvió a suspirar pesado y miró a su hija.
-No lo sé chamaca, pero lo que sí se es que alguien va a terminar pagando los platos rotos de todo esto…
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Peter se encontraba casi dormido de no ser por que cuando estaba a punto de hacerlo, la imagen de aquel mariachi cantándole esa canción hacía que su corazón se alborotara.
-¡Maldita sea Parker, eres un hombre adulto, no un adolescente hormonal! – Peter se dijo a sí mismo gritando contra la almohada para evitar despertar a sus hijos quienes dormían plácidamente.
Justo se iba a levantar cuando el sonar de unas guitarras le hicieron detenerse en medio de la oscuridad. Después le siguieron violines…
Parecían estar sonando justo afuera de su ventana. ¿Será que se habían metido a su casa?
Aún a oscuras se acercó con mucho cuidado a la ventana y de pronto…
Corazón, buenas noches
He deseado mirarte
Y te vengo a cantar
He buscado los versos
Con palabras bonitas
Que te puedan gustar
Peter se quedó helado al escuchar aquella voz que no le había dejado pegar el ojo en lo que llevaba de la madrugada. Sintió su boca secarse de pronto y se asomó un poco más a su ventana de su habitación, la cual estaba en segundo piso y que daba a un bonito balcón, aún sin encender las luces, nada más para confirmar que no estuviese alucinando aquello.
Al hacerlo, sintió su corazón estremecerse al ver a aquel Mariachi de piel canela estarle cantando frente a su casa.
Éste tenía una suave sonrisa mientras entonaba aquella melodía con su suave y melodiosa voz.
Estoy junto a tu reja
Con mis brazos inquietos
Voy formando una cruz
La ansiedad no me deja
Ya quieren ver mis ojos
Que tu enciendas la luz
Peter se sentía hipnotizado por la voz de aquel hombre y no podía apartar la mirada de aquellos ojos color miel que parecían observar en su dirección a pesar de que estaba todo a oscuras y no se veía nada desde afuera.
Corazón, buenas noches
No me niegues la dicha
De poderte mirar
Ven a abrir la ventana
Por que ya la mañana
No tardará en llegar
Una mano se apoyó en la manija de aquella ventana abriendo un poco esta con mucho cuidado de no hacer notar su presencia aún.
Necesito escucharte
Aunque sea algún reproche
Y en un beso me digas
Corazón, buenas noches…
Aquellas líneas parecieron hacer efecto en Peter por que ya se encontraba abriendo por completo su ventana y encendiendo la luz de su habitación.
La canción terminó y Miguel se giró a ver a los músicos.
-Bueno, ya se la saben, ahuequen el ala y no estorben- dijo el de ojos miel a lo que los músicos solo asintieron entre risas y salieron del campo visual del cantante.
O’Hara se aclaró la garganta y sonriendo encantadoramente se acercó lo suficiente para que pudiera conversar ameno y que el otro castaño le escuchara sin tener la necesidad de gritar.
Se inclinó el sombrero que llevaba en la cabeza y se acomodó la elegante capa de algodón que le cubría del frío, antes de hablar.
-Buenas noches- dijo sonriéndole al dueño de aquella hacienda.
-Buenas noches – contestó Peter devolviéndole la sonrisa al charro.
Ambos hombres se quedaron un momento en silencio mirándose el uno al otro hasta que el cantante rompió esa burbuja.
-¿Usted es Peter Parker verdad?
Peter sintió su corazón latir desbocado cuando aquel charro dijo su nombre y debió tener una enorme fuerza de voluntad para no hacer notar su nerviosismo.
-Ah, sí, lo soy
-Miguel O’Hara para servirle, ¿Es acaso usted nuevo en el pueblo? Nunca lo había visto antes. Además, esa sonrisa tan chula que tiene no la hubiese olvidado por nada del mundo.- Miguel dijo de manera coqueta esperando que causara algún efecto en el mayor.
Y vaya que si había causado efecto en Peter. Sintió un ligero calor atravesar su rostro, tornándolo rojizo suavemente. Agradecía a las deidades que fuese de noche y que él se encontrara en el segundo piso por que sino el contrario lo hubiese notado.
El hacendado aclaró su garganta antes de responderle.
-Bueno, llegué hace dos años, pero por llevar las labores de la casa y arreglar los terrenos no he salido mucho. Mis hijos son los que más salen para ir a la escuela y hacer los mandados.
-Ah, ¿es usted casado entonces? – Miguel dijo fingiendo algo de decepción.
-Era, mi esposa falleció cuando dio a luz a mi niña… -Peter dijo con un tanto de nostalgia y mirando a otro lado... Ya había pasado su año de luto y aún así no podía evitar sentirse triste al recordar a su fallecida esposa.
Miguel entonces supo que había tocado un tema algo sensible y entonces se aclaró la garganta, intentando cambiar el tema y que el cálido ambiente no se tornara lúgubre.
-¿Le gustan los caballos? – El charro dijo intentando que Peter le mirara de nuevo. El de tez clara volteó de nuevo a ver al charro sonriendo suavemente y asintió. – Entonces para que no se me achicopale, lo veo en el lienzo charro mañana a las 11, se hará un evento de charrería en honor al patrón de Rancho Alto. ¿Qué le parece?
-Yo... mira eres muy amable, pero… - Peter intentó negarse pues desde que había llegado al pueblo, no le gustaba mucho salir de la hacienda pues se había encerrado en su propio confort.
-Ándele, no pierde nada con salir un rato de acá, prometo que no se va a arrepentir -Miguel siguió insistiendo con esa sonrisa tan coqueta que poseía.
Peter suspiró y solo sonrió, asintiendo.
-Buenas noches, señor O’Hara. – Dijo simplemente para cerrar su ventana y volver al interior de su habitación apagando las luces nuevamente.
Miguel mantuvo su sonrisa y acomodó mejo la capa sobre sus hombros comenzando a caminar fuera de la hacienda. Antes de irse, volteó a ver una última vez la hacienda y rio por la bajo.
-Ya verás como si caes chiquitito… - Dijo para si mismo y caminó de regreso al pueblo, perdiéndose entre las sombras mientras cantaba una canción.
Ya se va perdiendo el sol
Entre cerros y montañas
La noche queda dormida
Esperando la mañana
Caminero, caminero,
Caminero del camino
Su paso era lento pero constante y mientras más avanzaba, su canto se volvía más fuerte y lleno de sentimiento, casi como si le cantara a la naturaleza que le rodeaba.
Caminero del camino
Del camino de mi tierra
Caminito que de niño
Yo jugaba con tu arena
Caminito que de niño
Yo jugaba con tu arena
Al alborear la mañana
El coyote sube al cerro
El ganado baja al llano
Lo va siguiendo el ranchero
Una sonrisa se plasmó en los labios de Miguel mientras seguía atravesando el camino que llevaba rumbo al pueblo. En su canto plasmaba sus sentimientos, siempre había sido así. Era más fácil para él expresar como se sentía, más que con meras palabras.
Ya faltaba poco para llegar al pueblo, pero su canto no cesó en absoluto.
Viene ya rayando el sol
Por lo azul de la montaña
Se divisa ya el pueblito
Arribita de la playa
Caminero del camino
¿Quién caminará mañana?
Al alborear la mañana
El coyote sube al cerro
El ganado baja al llano
Lo va siguiendo el ranchero
Caminero, caminero
Caminero del camino
Sin duda alguna, para muchos, Miguel O’Hara era un don Juan, parrandero y rompecorazones. Muchos lo atribuían a que siempre se le veía en la cantina cantando y yendo de mujer en mujer, de hombre en hombre. Que no tenía llenadera. Sin embargo, eran momentos como este, en que él dejaba ver su verdadero ser...
Su sonrisa genuina mientras le cantaba con su alma a la naturaleza y observaba la enorme luna que alumbraba su camino.
