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Language:
Español
Stats:
Published:
2015-12-15
Completed:
2015-12-15
Words:
87,004
Chapters:
11/11
Comments:
14
Kudos:
83
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9
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1,693

te tengo y no

Chapter Text

Pronto llegó el momento de los discursos emotivos, y Joonmyun pudo librarse por fin de las preguntas, porque como hermano del novio que era, le tocaba pronunciar algunas palabras. Su madre, facilitándole la vida como siempre, había tenido la delicadeza de notificárselo justo el día anterior; con lo que Joonmyun tuvo que sacarse unas cuantas ideas y anécdotas de la manga para escribir un par de notas apresuradas. Todas le sonaban vanas, no eran dignas de un amor como el de su hermano por Sunyoung, pero ya estaba en el pequeño atril blanco, junto a la tarta que los recién casados habían cortado ante la mirada emocionada de los invitados. Por alguna razón, mientras los observaban, Joonmyun no había podido soltar la mano de Jongdae. Jongdae tampoco había hecho nada al respecto, solo acariciar su mano con suavidad, como tantas otras veces, como si Joonmyun siempre necesitara una presencia segura a su lado.

Tocó el micrófono para asegurarse de que funcionaba y empezó a hablar, siguiendo sus notas, con las manos temblorosas como la primera vez que presentó Inkigayo y Jongdae lo abrazó en público. Describió a su hermano, todo lo que había hecho por él a lo largo de su vida, incluyendo algunas anécdotas graciosas, y entonces vio a Sunyoung. 

Ni siquiera sabía si lo habría estado escuchando, porque no lo miraba a él, sino a su ahora marido, como si fuera la única persona en la habitación. Vio tanto amor en sus ojos, tanta felicidad por tenerlo junto a ella, por la promesa que acababan de hacerse de amarse tanto como duraran sus vidas, que Joonmyun supo que era injusto que les dedicara palabras vacías. Hizo una pausa, respiró hondo y plegó las notas antes de guardárselas en el bolsillo. No pudo evitar buscar a Jongdae con la mirada, y descubrió que Jongdae estaba observándolo con las cejas arqueadas, en una terrible muestra de lo bien que lo conocía. Sabía perfectamente cuánto odiaba Joonmyun salirse del guión. Aunque ya lo había hecho enamorándose de él. Esperaba que esto saliera un poco mejor.

—Cuando mi hermano conoció a Sunyoung, hace cinco años, yo estaba demasiado ocupado para pensar en el amor —comenzó a decir, tocándose nerviosamente el pelo—. El amor tal y como ellos lo sienten era algo que solo estaba presente en mi vida en forma de papeles que representar en mi módulo de interpretación: te das la mano con alguien, le sonríes, le dices que le quieres, practicas cualquier cosa para que los espectadores se crean tus sentimientos. Esas muestras eran las únicas que yo concebía, como demostración de lo que es amar. Muestras ficticias.

Ahora sí tenía la atención del público, Sunyoung incluida. Se sintió igual que cuando Purple Night empezó a tener éxito, que cuando presentó la gala de premios de MelOn, igual que cuando una fan lo reconoció por primera vez. Extraño, valiente. Cuando uno se siente valiente, tiende a hablar más y pensar menos. Quizá iba a decir una estupidez, pero quizá esa estupidez lo sería siempre, y este era el único momento adecuado para soltarla. 

—Después, empecé a concebir cosas distintas. Empecé a pensar que el amor podía ser un abrazo que te hace sentir como en casa. —Joonmyun, aunque desviaba la vista de vez en cuando para mirar a los novios, no podía despegar los ojos de Jongdae. El chico le devolvía la mirada, y su rostro, siempre tan expresivo, tan vivo, parecía esculpido en piedra. Sabía que había elegido el peor momento de todos los posibles para sincerarse, pero ya no servía de nada parar. La tirantez que tanto tiempo había albergado en el pecho se abría ahora paso por su garganta de forma inexorable, y Joonmyun tenía que liberarla por fin antes de que lo asfixiara—. También pensé que el amor es una simple mirada que basta para comprender lo que le pasa por la cabeza al otro, pasar una noche entera con la luz encendida porque la idea de separarte de los brazos de quien amas aunque solo sea para apagar la lámpara es insoportable. Una mano que te acaricia el pelo cuando te anclas en el pasado y una sonrisa que te hace volver al presente. Creí que el amor podrían ser unos dedos que se entrelazan con los tuyos cuando miras hacia el futuro. Hoy, sin embargo, me doy cuenta de que estaba equivocado. Todo eso también han resultado ser muestras ficticias. —Miró a Jongdae, y notó que le temblaban los labios. Respiró hondo y continuó—: El amor de verdad se puede ver en la forma en que Sunyoung mira a mi hermano. Siempre ve lo mismo, pero es como si cada vez le mostrara algo diferente. Da igual cuánto lo mire, nunca deja de encontrar algo nuevo, algo que ama, y eso no se puede representar en la ficción. Aunque tengan todo lo anterior y mucho más, el amor real está simplemente en esa mirada. Y quiero felicitarles, por tenerse el uno al otro. Los verdaderos afortunados son los que convierten todas esas muestras ficticias en su realidad. 

Su madre estaba llorando, y Joonmyun también estaba peligrosamente cerca de las lágrimas cuando se separó del atril para ir a darle un fuerte abrazo a su hermano. Sunyoung le sonreía, pero su mirada tenía un brillo intrigado, inteligente. Jongdae, por su parte, se miraba el regazo. Tenía las manos apretadas en puños sobre las rodillas, y los nudillos blancos. Joonmyun sintió que le faltaba el aire, mientras se acercaba a él, porque aunque se había sentido muy valiente subido en el diminuto escenario, cada paso que le acercaba ahora a Jongdae lo hacía sentirse más y más pequeño. Cuando llegó junto a él, Jongdae se puso de pie de repente. Joonmyun contuvo la respiración, pero cuando el idol por fin levantó la cabeza, le dirigió una mirada extraña, tan fugaz que Joonmyun asumió que se la había imaginado. Después se alejó de él para ir hasta el atril, y cogió el micrófono, mirando a los novios.

—Querría pedirles a los recién casados que se pongan en pie para bailar su primera canción como marido y mujer —dijo, con una sonrisa— Juraría que es una canción especial para ellos, y espero que la acepten como mi regalo. 

Sunyoung lo miró, sorprendida por un momento, pero el hermano de Joonmyun le puso una mano en la cintura y ella llevó las suyas a sus hombros, como si la gravedad la empujara naturalmente a hacerlo. Entonces la música empezó a sonar, y tanto Sunyoung como Joonmyun abrieron los ojos como platos. Se trataba de The Last Time, la canción favorita de Sunyoung. La chica se rió por la sorpresa, y empezó a moverse al compás de la melodía, pero sus ojos brillaban, húmedos de emoción. Joonmyun la comprendía. No podía creer que Jongdae hubiera recordado algo que le había dicho hacía meses, cuando estaba medio dormido en el coche. No podía creer que Jongdae llevara una semana practicándola sin cesar solo para que la boda de Sunyoung fuera un poco más especial. Jongdae empezó a cantar, con ambas manos en el micrófono y los ojos cerrados, y su voz llenó el pequeño salón igual que había llenado el estadio de su concierto, igual que llenaría el Tokyo Dome. Emocionó a Joonmyun tanto como la primera vez, como cada vez, y con la primera nota alta, Joonmyun se puso de pie y salió del banquete.

No consiguió llegar a su habitación antes de empezar a llorar, y cuando llegó, cerró la puerta y se apoyó en ella para dejarse caer al suelo. Todavía no había llorado por Jongdae, en todos los meses que habían pasado «juntos». Jongdae solo le había hecho reír y sonrojarse más allá de lo médicamente aceptable, pero no le había dado motivos para llorar; los motivos se los había buscado él solo.

Respiró hondo para calmarse, y se frotó la cara para limpiarse las lágrimas. Se puso en pie y empezó a sacar la ropa de la maleta, arrugada y hecha un lío, para ponerla en el armario y así mantener su mente ocupada un rato, hasta que se tranquilizara y pudiera volver al banquete y seguir fingiendo que no ocurría nada. Su hermano tenía razón cuando le había dicho que era irónico que precisamente él le hablara de organización. Ya había sacado la ropa y todo lo que había metido en la maleta, pero al levantarla, seguía notando un peso extraño. Abrió el bolsillo exterior de la maleta, donde encontró un sobre rosa chicle, la firma inconfundible de Baekhyun. Recordó de repente su encuentro en el piso de Jongin, cuando le había dado las pruebas de maquetación del reportaje en ese sobre, y él lo había guardado para olvidarse inmediatamente de él, porque no se sentía preparado para leer sus palabras sobre Jongdae. Ahora tampoco se sentía preparado, y aun así, pasó un dedo por debajo de la solapa para abrirlo, pero entonces llamaron a la puerta. Joonmyun dejó el sobre encima de la cama para ir a abrir. 

Era Sunyoung, con su vaporoso vestido blanco y los brazos en jarras. Se le habían empezado a soltar algunos mechones castaños del recogido bajo que llevaba, y tenía las mejillas enrojecidas, del baile y la emoción, pero con todo, estaba incluso más guapa que al principio de la ceremonia.

—¿Qué haces aquí? Tendrías que estar abajo, disfrutando de tu marido —le dijo Joonmyun, rezando porque sus ojos irritados no fueran demasiado evidentes. 

—Tengo toda mi vida por delante para disfrutar de mi marido —le dijo Sunyoung, que pasó a la habitación sin dejar de estudiarlo con la mirada—. ¿Qué haces  aquí? ¿Qué te ocurre?

—No pasa nada —mintió Joonmyun, y Sunyoung le dedicó su mejor expresión escéptica—. De verdad. Me he emocionado un poco, y no quería aguar la fiesta, eso es todo.

Sunyoung estrechó los ojos, se sentó en la cama y el vestido se hinchó a su alrededor. El sobre rosa chicle que había sobre el edredón le llamó la atención de inmediato, desde luego, porque como a Jongdae, le atraía todo lo que fuera vivaz, brillante. Se lo puso sobre el regazo, y empezó a repiquetear sobre el papel con las uñas.

—Entonces, ahora que ya estás mejor, quizá quieras bajar a salvar a tu novio de la tía abuela Seohyun. Ha conseguido sacarle dos bailes porque es todo un caballero, pero yo no me descuidaría mucho más —le advirtió, e intentó volver a colocarse algunos de los mechones en el moño—. Está convencida de que puede conquistarlo y arrebatártelo.

—Podría, quizá, si fuera un poco menos mujer —dijo Joonmyun, con una risa que sonó más a resoplido, y fue a sentarse en la cama junto a ella. Se sentía diseccionado bajo su mirada, sabía que Sunyoung sospechaba que algo iba mal y que tenía que ver con Jongdae. También sabía que no iba a parar hasta que consiguiera sacárselo, así que supuso que era mejor no alargarlo más—. Y yo no soy un obstáculo.

—¿Por qué dices eso?

—No somos pareja de verdad, Sunyoung —admitió, y no quiso mirar cuando oyó a Sunyoung tomar aire, atónita—. Nunca lo hemos sido. Durante todo este tiempo hemos fingido serlo, para el público y para los medios de comunicación, porque eso nos podía dar publicidad. Por eso he empezado a tener más trabajo. Pensé que si conseguía que fingiera también para mi madre, ella me dejaría en paz un tiempo, pero...

—Pero tú sí estás enamorado de él —terminó Sunyoung por él, poniéndole una mano sobre el muslo—. Sabía que el setenta por ciento de ese discurso no tenía que ver con tu hermano y conmigo, pero esto...

—Porque he sido un estúpido, Sunyoung-ah. ¡Soy un idiota! Solo tenía que verlo lo justo para escribir ese maldito reportaje —Joonmyun señaló el sobre rosa que Sunyoung tenía en el regazo— que marcaría el final de nuestra farsa, y ya está, eso era todo. Tenía que actuar como si estuviera enamorado, no enamorarme de verdad. 

Sunyoung cogió el sobre y sacó el delgado fajo de folios que contenía para hojearlo.

—¿Y él? —preguntó con voz suave.

—Él solo está fingiendo.

La chica no dijo nada durante unos minutos, en los que Joonmyun se presionó los ojos, porque no quería llorar otra vez. Solo se oía su respiración profunda y las hojas que Sunyoung llevaba en las manos al moverse.

—Joonmyun... ¿Estás seguro de eso? —dijo por fin, y en su voz sonaba una especie de emoción contenida que hizo que Joonmyun alzara la vista. Sunyoung le pasó las hojas—. ¿Has visto estas fotos?

«Mirar con los ojos de quien ama», era el título que habían escrito sobre una impresionante foto tomada en el Starbucks del edificio Tsutaya, donde se veía a Joonmyun girado, mirando por la ventana, observando a los transeúntes atravesar el cruce de Shibuya, y Jongdae lo estaba mirando... a él, con una sonrisa honesta, con una mirada clara. Muy parecida a la de Sunyoung, cuando estaba mirando a su hermano mientras él daba el discurso. De repente, Joonmyun sintió que tenía la boca muy seca, y dejó el folio a un lado para ver el siguiente.

Estaban en la tienda Pokémon de Ikebukuro, a él también se le veía de espaldas en esta, y Jongdae tenía un brazo sobre sus hombros. Joonmyun recordaba aquel momento, se estaba riendo de él porque su Pokémon favorito era Bulbasaur, pero el rostro de Jongdae que podía ver en la foto no mostraba diversión; mostraba cariño, adoración, como si realmente, entre tanto Pokémon, Jongdae solo tuviera ojos para él.

—Tú mismo lo has dicho en tu discurso, Joonmyun —dijo Sunyoung, con una ceja arqueada y una media sonrisa—. Hay cosas que no pueden fingirse. Y por Dios, estas fotos son más románticas que mis fotos de boda.

Había más fotos: en la tienda de Akihabara, Jongdae reía ante la idea de que Joonmyun llevara un traje de maid (cosa que, afortunadamente, no se veía en la foto ya que Joonmyun volvía a estar de espaldas). Chanyeol se las había ingeniado para que ninguna foto fuera sobre Joonmyun, que siempre salía girado, con el rostro agachado o borroso; sino sobre cómo actuaba Jongdae con él. Cómo lo miraba.

La última foto era la que Chanyeol había hecho frente al Tokyo Dome, desde detrás de ellos. Se veían sus manos entrelazadas, mientras Joonmyun miraba al Tokyo Dome porque lo consideraba el futuro de Jongdae, y Jongdae lo miraba a él. Como si lo considerara su futuro. Joonmyun sintió un incómodo peso en la garganta.

Era como si quisieran mostrar cuánto lo amaba Joonmyun a través de sus palabras, y cuánto lo amaba Jongdae a él a través de sus miradas. Cualquiera que viera este reportaje se lo creería.

El propio Joonmyun estaba empezando a creérselo, a pesar de que su lado más cobarde y Magikarp le avisaba del peligro. «Si es así, ¿por qué quiso dar por finalizado el trato? Si es así, ¿por qué no te diste cuenta antes?».

—¿Has hablado con él de esto? —preguntó Sunyoung—. Por favor, por favor, no niegues con la cabeza.

Joonmyun, por supuesto, negó con la cabeza, y Sunyoung se llevó una mano a la cara, exasperada.

—Sabía que podías ser denso, Joonmyun, pero hasta este punto... —Joonmyun estaba paralizado, mirando las fotos. ¿Y qué si Jongdae había querido finalizar el trato? ¿Y qué si en realidad no significaba nada? Desde que se lesionó la pierna, parece que también se había lesionado la capacidad de pensar que algo podía salirle bien, pero quizá Jongdae la había contagiado algo de ese optimismo suyo. Iba a intentarlo. Iba a ponerse cara a cara con Jongdae, con rechazo o sin él, y le iba a decir lo que sentía. Iba a...—. ¿Qué haces ahí, pensando tanto? ¡Mueve el culo, y baja corriendo a acabar con esta farsa, pero esta vez de verdad!

Joonmyun se levantó de un salto, como accionado por un resorte, y Sunyoung se rió, agarrándose el vestido como podía para levantarse de la mullida cama. Joonmyun le tendió la mano para ayudarla, y ambos salieron corriendo hacia la puerta. Cuando Joonmyun la abrió de un tirón, se encontró de bruces con Jongdae, que tenía una mano levantada para tocar y la forma de unos labios dibujados con carmín rosa en la mejilla.

—Me he escapado —musitó, sin aliento, con una sonrisa, y Joonmyun podría haberse caído redondo ahí mismo, con cómo le flaquearon las rodillas al verlo.

Tras mirarlos a ambos, Sunyoung le apretó la mano a Joonmyun para expresarle su ánimo y luego se soltó.

—Yo vuelvo al salón, chicos. Una boda no es nada sin la novia, ¿sabéis? No tengáis prisa —dijo, y les guiñó un ojo. 

Joonmyun estaba completamente rojo, notaba el corazón en la garganta, y cuando la puerta se cerró, por fin miró a los ojos a Jongdae, que empezó a hablar de inmediato.

—Hyung. Sé que soy yo quien te debe favores. Todavía uno, para ser más concretos, pero ¿puedo pedirte un favor? ¿Solo uno? —pidió el chico, con gesto suplicante y voz suave. Joonmyun asintió, y se pasó la lengua por los labios, histérico—. ¿Podemos acabar con esta farsa de ser novios de una vez?

Lo sabía. Joonmyun lo sabía. Sabía que la tía abuela Seohyun lo espantaría, incluso aunque tuviera alguna posibilidad con él... Asintió. No podía obligarlo a seguir soportándola. Al ver su rostro súbitamente pálido y su expresión preocupada, Jongdae lo cogió de las manos y le sonrió.

—Ahora, ¿quieres hacerme el favor de ser mi novio de verdad? Ni por el futuro, ni por la fama, ni por los medios, sino por nuestro futuro. ¿Por ti y por mí?

Cuando Joonmyun dejó el peluche de Jolteon como regalo para Jongdae en su habitación compartida en Tokyo, había dejado una nota, una nota que después había arrugado y había dejado olvidada en el bolsillo de algún pantalón que ahora estaría tirado por su habitación, con toda seguridad. En esa nota, Joonmyun había escrito «Por nuestro futuro», como recuerdo del primer regalo que le había hecho y de cuánto habían cambiado sus sentimientos desde entonces. Joonmyun, al escuchar esas palabras de boca de Jongdae, agradeció que lo tuviera cogido de las manos. Oír eso le hizo sentirse ligero, muy ligero, como si se hubiera quitado todo el peso del mundo de encima, como si de repente no lo atara ningún tipo de gravedad al suelo y pudiera flotar. Volvió a asentir, aún con gesto incrédulo, pero con mucho más entusiasmo.

—Perfecto —dijo Jongdae, acercándose más a él con una amplia sonrisa que alzaba sus pómulos y estrechaba sus ojos y era la persona más hermosa del planeta. Le puso una mano cálida en la mejilla que Joonmyun agradeció, como siempre agradecía su calor—. Y ahora, un último favor. ¿Puedo besarte de una maldita vez? ¿Sin cámaras, sin explicaciones, sin nadie mirando, solo porque te quiero y llevo semanas, meses volviéndome loco por hacerlo?

Joonmyun respiró hondo, alargando el momento, mirándolo a los ojos antes de responder aunque tenía la respuesta más que clara.

—Eso son tres favores, Kim Jongdae —replicó, antes de hundir los dedos en su pelo y atraerlo hacia él.

Besar a Jongdae sin nadie alrededor, en la intimidad de la habitación que iban a compartir esa misma noche, sin límite de tiempo, era una experiencia totalmente nueva. Joonmyun podía acariciar su pelo, podía explorar su boca con calma, podía gemir cuando la lengua de Jongdae rozaba la suya, cuando el brazo de Jongdae en su cintura quiso que sus cuerpos se acercaran todavía más, hasta que solo percibía a Jongdae, con todos sus sentidos. Joonmyun sabía que no era cosa de memoria sensorial, la sensación de que las manos de Jongdae, la boca de Jongdae y su piel estaban justo donde debían estar. Simplemente lo deseaba. Todas sus terminaciones nerviosas vibraban con el deseo que lo incendiaba por dentro. 

—Odio darle la razón a Baekhyun —murmuró Jongdae, contra sus labios—; pero hemos sido muy idiotas. 

—Sé por qué yo soy idiota... Pero ¿y tú? Si me... —Joonmyun todavía no se sentía capaz de decirlo en voz alta, como si hacerlo fuera a romper el encantamiento—. Si me querías, ¿por qué no...?

—No estaba seguro, hyung. Me gustaste desde el primer momento, me atraías mucho, no mentía cuando lo dije en el programa con Jaehwan. Pero no estaba del todo seguro de lo que sentía, de si de verdad te quería o si solo estaba confuso por esa atracción y por tenerque quererte. Yo... me sentía muy solo, y no quería utilizarte, pero a la vez... —Nunca había oído a Jongdae hablar de forma tan entrecortada, tan insegura. Joonmyun lo besó de nuevo, porque podía—. Era verdad. Contigo dejé de estar solo, incluso cuando no podíamos vernos en semanas ya no me sentía solo nunca, aunque yo inventaba porqués para escaparme... Y empecé a aclarar mis sentimientos. Te habría besado si Jongin no nos hubiera interrumpido aquel día. Pero tú insistías tanto en negar que éramos novios, en recordarme todo el tiempo que no había nada verdadero entre nosotros... No puedes culparme por asumir que no tenía ninguna posibilidad.

Joonmyun se preguntó cuántas puertas se habría cerrado de aquella manera, dando por sentado que estaban cerradas a cal y canto desde el principio.

—Yo... No quería creer... Me lo estaba recordando a mí. Pensaba que tú solo estabas actuando y que yo estaba cometiendo un error, que eso no entraba en el plan y que no podía... —Joonmyun balbuceó, y Jongdae sonreía, comprensivo, como si no le importara que Joonmyun fuera tan espeso.

—Lo sé —le dijo, presionando la frente contra la suya—. Sé cuánto odias separarte del guión. Pero ¿te das cuenta ya, de lo bien que vienen a veces un par de ad libs?

Joonmyun lo besó otra vez, y no dejaba de darle vueltas a la idea de que podría besarlo toda la noche si quería, abrazarlo, disfrutar sin tener que reprimir nada. De repente, toda la noche le pareció muy poco tiempo. Jongdae le puso ambas manos en la cara y se separó de él, para darle un beso suave en los labios, la nariz, la frente.

—Te quiero —murmuró, y Joonmyun sintió que se derretía—. Te quiero, pero tenemos que bajar. Tu madre no dudará en subir a buscarnos, y si no lo hace ella, te aseguro que tu tía abuela Seohyun no tendrá ningún miramiento.

—Que suba —dijo Joonmyun, frunciendo el ceño e intentando besarlo otra vez. Jongdae se dejó—. La retaré en duelo.

Jongdae empezó a reír, y le tomó de la mano para ir hacia la puerta.

—Venga —dijo, cuando salieron al pasillo, con una sonrisa traviesa—. Tenemos toda la noche por delante.

A Joonmyun seguía pareciéndole muy poco tiempo, pero tenían más que toda la noche. Tenían mucho más que eso.


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Tenía una tarea pendiente. En cuanto entraron en el salón de banquetes, donde la mitad de los invitados estaba bailando y la otra mitad estaba en el bar, Joonmyun fue corriendo hasta su madre y le puso a Jongdae delante. Ambos lo miraron, sorprendidos.

—Mamá —dijo Joonmyun, con voz solemne, porque era el mayor deseo de su madre y por fin podía decirlo, por fin era verdad—. Este es mi novio, Kim Jongdae.

Su madre arqueó las cejas y Jongdae le devolvió una mirada de igual sorpresa, aunque Joonmyun sabía por el temblor en su labio inferior y la forma en que sus cejas se inclinaron que se estaba aguantando la risa.

—Hijo, ¿vas bebido? —preguntó su madre, con gesto preocupado—. Llevo todo el día con él, sé perfectamente quién es. ¿Por qué...?

No la dejó terminar. Joonmyun tiró de la mano de Jongdae, consiguió dos copas de champán y se bebió ambas. 

—Estoy muy feliz —le dijo a Jongdae, que se había quedado con la mano extendida, esperando que le cediera una de las copas—. Pero no tanto como para poder bailar en público sin una gota de alcohol en mi cuerpo.

Por suerte, Jongdae tampoco era un buen bailarín, pero a ninguno de los dos les importó. Bailaron, bailaron hasta que no quedó nadie en la pista más que los novios y ellos, moviéndose despacio, con algo de torpeza, al compás de una canción lenta, con los brazos alrededor de la cintura del otro.

—¿Sabes? Esto me recuerda a un fanfiction que leí —dijo Jongdae de repente, y Joonmyun levantó la frente de donde la tenía apoyada en su hombro—. Estábamos bailando al final de una fiesta, y me besabas —acercó los labios a la mejilla de Joonmyun, un leve roce, para después separarse y dedicarle una mirada que Joonmyun ya conocía muy bien, la mirada que indicaba que estaba a punto de decir algo para que se pusiera de color berenjena—; y entonces, me subías a tu limusina y nos íbamos a tu casa. Con eróticos resultados. 

Se quedó ahí, mirándolo, provocándolo con el movimiento de sus cejas, esperando que el torrente de sangre llegara a su rostro. Joonmyun, esta vez, estaba preparado.

—Aquí no hay ninguna limusina, Jongdae —respondió, y se acercó para susurrarle al oído, dejando que sus labios rozaran el lóbulo de su oreja—. Pero cuando subamos, puedes mostrarme qué más recuerdas de esos fanfictions que me leíste.

Por primera vez, fue Joonmyun el que vio un rubor en las mejillas de Jongdae, y por un momento, pensó que lo había dejado sin palabras.

—Eso es lo más sensual que me has dicho desde que me pediste que te enseñara mis Pokémon, tortuguita —respondió, porque Jongdaesiempre tenía que soltar la última broma. 

Joonmyun, que le había acabado cogiendo algo de aprecio (que mantendría en secreto para siempre) al mote de tortuguita, no pudo hacer otra cosa que reír.


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Empezaron a caer finos copos de nieve cuando estaba en el taxi a mitad de camino hacia casa. Joonmyun contempló por la ventanilla cómo las gotas se deslizaban por los paneles publicitarios que cercaban las aceras y anunciaban un festival inminente en Gangnam, con SHINee y el solista Chen entre las cabezas de cartel. 

Minho, con quien había empezado a mandarse mensajes antes de viajar a Japón, ya le había dicho que compartiría escenario con su novio. «Espero que estés allí, hyung. Tienes que ponerme al día de muchas cosas, por lo que veo, y no voy a aceptar un no por respuesta». Sus mensajes habían sido tímidos al principio, Joonmyun aún tenía sus reservas; pero Minho se mostraba tan cercano como siempre, como si nunca hubiera ocurrido nada entre ellos, como si no hubiera habido siete años de silencio por parte de Joonmyun. A Joonmyun no se le habría ocurrido rechazar esa oportunidad de recuperar algo que él mismo se había forzado a perder.

Con una sonrisa, desvió la mirada a la mano que estaba posada en su regazo. La mano de una «estrella en ciernes», de «la nueva promesa del rock», como él mismo lo había definido en el programa en que se conocieron hacía meses, a pesar de que todavía no había escuchado ni una canción de dicho álbum. Uprising, de Chen, sí resultó ser el disco más innovador del año, y sus temas todavía se escuchaban con frecuencia en tiendas y centros comerciales.

Todos querían saber más sobre él, por lo que la editorial de la revista donde aparecería su reportaje, dos semanas después, tenía planeado imprimir una tirada más numerosa de lo habitual. Jongdae había resultado ser mucho más que una simple promesa. Jongdae había llegado para quedarse. 

La audiencia del programa de Joonmyun había subido como la espuma, así como la de su drama y el volumen de guiones y propuestas para audiciones que Yixing y Minseok gestionaban. Aún se martirizaba a veces, pensando que no lo veían por su trabajo, que solo lo veían por de quién estaba enamorado, pero el optimismo de Jongdae sí se le había acabado contagiando un poco: siempre concluía que ahora veían su trabajo donde antes era invisible. Solo les había dado una excusa para mirar. Su plan también le había dado una excusa para salirse del guión, una excusa para enamorarse.

Joonmyun soltó el aire con fuerza por la nariz y se puso la mano delante de la boca, para ocultar su sonrisa estúpida. 

—¿Qué te pasa? — le preguntó Jongdae, con una sonrisa similar.

—¿Crees que los deseos que se piden en Cheonggyecheon se cumplen?

—¿Por qué? ¿Acabas de ver a Baekhyun y está calvo?

Con una carcajada, Joonmyun negó con la cabeza.

—No, no. Me refería al último deseo que pedimos. Nunca supimos si nuestras monedas habían entrado o no. 

Jongdae estudió su rostro, con una sonrisa plácida.

—¿Importa eso ahora? Yo no sé si entró o si mi deseo está perdido para siempre en ese arroyo, con otros miles de deseos. Pero en lo que a mí respecta, está más que cumplido.

Mirándolo a los ojos, Joonmyun levantó sus manos unidas y besó la mano de Jongdae.

—Para mí también.

—¿Estás feliz?

Joonmyun asintió, y Jongdae apretó su mano con más fuerza.

El taxista se detuvo frente a su edificio, y Joonmyun le tendió su tarjeta para que se cobrase el viaje, agradecido por llegar a casa por fin tras un fin de semana demasiado intenso, por llegar con Jongdae a su lado. Jongdae también había llegado a su vida para quedarse.

—Pues yo no estoy tan feliz, ¿sabes? Podríamos habernos quedado en Jeju, habernos cambiado el nombre para hacernos... agricultores de mandarinas, o algo así —dijo Jongdae en el ascensor, revolviéndose un poco el pelo mientras bostezaba, y todo parecía doméstico, cotidiano. Joonmyun podría acostumbrarse a esto sin ninguna dificultad—. Ahora que estoy de vuelta, Baekhyun me pondrá las zarpas encima y no me dejará salir de la empresa hasta que vuelva a estar al borde del raquitismo por falta de sol.

Salieron del ascensor, Joonmyun soltó una risita y sacó la llave para abrir su piso.

—Bueno, piénsalo así. —En cuanto entró, se giró y atrapó a Jongdae contra la puerta, para empezar a besarle el cuello—. Siempre puedes escaparte, como todas las demás veces...

Joonmyun sintió un estremecimiento en la garganta de Jongdae, como un gemido que quedó ahogado cuando miró tras Joonmyun.

—Hyung —dijo, con voz tensa—. Creo que se te ha colado una especie de... mini-aquelarre en el salón.

—¿Qué? —dijo Joonmyun, con el ceño fruncido, y encendió la luz. 

Efectivamente, había un pequeño círculo de grandes flores rosas en el suelo, y cuando Joonmyun se acercó, se dio cuenta de que eran figuras de Bulbasaur, que contenían en un hueco de la espalda, donde estaría el bulbo, un macetero con un cactus como el que le había regalado él a Jongdae en septiembre. 

—¿Esto es cosa tuya? —preguntó Joonmyun, perplejo y cautivado a partes iguales. ¿Un macetero con forma de Bulbasaur? Hacía falta mucha menos genialidad para conquistarlo, desde luego. 

Jongdae, que se había agachado también, tenía los labios blancos.

—No —dijo de inmediato—. O sea, sí. Yo mandé a Baekhyun a Ikebukuro, a comprar esto mientras estaba en el ensayo de mi showcase en Japón. —De modo que por eso estaba allí, cuando Joonmyun se lo encontró—. Pensaba usarlo para conquistarte si nada más funcionaba cuando...

El samgyetang está servido —dijo una voz justo detrás de la puerta del piso de Joonmyun, en el rellano, que se las apañó para hablar con tono de secretismo a un volumen perfectamente audible.

—¿Quieres dejar de usar ese estúpido código? —siseó otra voz—. Y cállate, no oigo nada.

—Todo va sobre ruedas, estoy seguro. Jongdae cuida de ese cactus que le regaló Joonmyun casi más que de su propia carrera, así que tiene que tener algún significado especial —volvió a hablar la primera voz—. Jongin, estás seguro de que Joonmyun siempre se emociona con ese capítulo de la reunión secreta de los Bulbasaur para evolucionar, ¿no?

—Segurísimo. Siempre llora como una tortuga vieja.

—¿Lo veis? Suficiente para dejarlo vulnerable y enamoradizo. Seguro que mi plan de conquista ha funcionado como la seda y ya están f...

Jongdae se levantó de un salto, con cara de no creerse su vida en esos momentos. Joonmyun sacó un papel de color rosa chicle del macetero Bulbasaur que estaba en el centro del círculo junto a un cactus sin flor, en el que había pegada una imagen de dicho Pokémon y unas letras impresas en Comic Sans:

¿Quieres evolucionar conmigo? 
De: Jongdae 
Para: Joonmyun


Jongdae llegó en dos zancadas a la puerta y la abrió de par en par. Jongin y Kyungsoo lo miraron, no muy impresionados, y Baekhyun se cayó al suelo con un dramático grito de sorpresa. 

—Byun Baekhyun —dijo Jongdae, con la voz temblorosa porque no podía aguantar la risa. Joonmyun seguía intentando no ahogarse en carcajadas cada vez que miraba la tarjeta—. Sé que te enorgulleces de tu talento para organizarle la vida a todo el mundo, pero te informo de que, esta vez, me las he apañado yo solito. Una prueba más de que debería ser mi propio mánager.

—¡Admite que sin mí y mi plan infalible no estarías donde estás hoy, ni siquiera conocerías a Joonmyun, y no serías nada de no ser por mi innegable...! Espera —se interrumpió, y miró a Joonmyun—. ¿Eso es que estáis juntos? ¿Y sin ningún tipo de ayuda? Vaya, había subestimado vuestra inteligencia emocional...

—Disculpa —dijo Joonmyun, todavía sin aliento de tanto reír, pero no por ello menos ofendido.

—Muchas gracias por vuestra inestimable ayuda, Jongin, Kyungsoo, futuro desempleado —dijo, mirando a Baekhyun—. Si tienes tanto tiempo libre significa que yo también lo tengo, así que no te importará que me quede aquí a pasar la noche, ¿verdad? ¡Hasta mañana! —dijo, y les cerró la puerta en las narices antes de darse la vuelta y apoyarse en ella—. ¿Por dónde íbamos?

Abrió los brazos, y Joonmyun se acercó a él con una sonrisa deslumbrante, mientras oía a Baekhyun chillar en el rellano: «¿Pero y el comeback? ¡Está a la vuelta de la esquina! ¡Piensa en tus fans! ¡No permitas que Joonmyun sea tu Yoko Ono!». Todo esto de los maceteros Bulbasaur le había puesto de un repentino buen humor. 

Llegó hasta él y Jongdae le puso las manos en las caderas para atraerlo hacia su cuerpo. La voz de Baekhyun se alejaba por el pasillo, todavía audible (siempre audible). 

—¡Voy a llamar a Yixing, para decirle que el plan ha salido a la perfección! De todas formas, os lo dije; esa declaración era demasiado frígida. Tendríamos que haber usado mi propuesta, la del encantador doble sentido sexual, «Hyung, ¿me regalas tu flor?»...

La risa de ambos se mezcló en su beso. Jongdae lo abrazó con fuerza, y todos los sentidos de Joonmyun se relajaron: fue como estar en casa. De hecho, lo estaban, aunque ahora estaba llena de cactus. Joonmyun recordó que eran las únicas plantas que soportaban el ritmo de trabajo que ambos llevaban, que no iba a ser sino más y más frenético a partir de ese momento. Esperó que su relación, ahora que por fin había pasado de ficción a realidad, fuera también como un cactus. De todas formas, cuando no pudieran verse, podían recordar,evocar. Para algo habían ejercitado tanto su memoria sensorial. Joonmyun recordaría los labios de Jongdae rozando su mandíbula, sus dedos acariciando el dorso de su mano, y sería como si él estuviera ahí. Joonmyun le devolvió el abrazo con más cariño todavía, susurrándole al oído que ya no volvería a sentirse solo.

fin. http://masqueradeforums.b1.jcink.com/uploads/masqueradeforums/emoticons/Bulbasaur.gifhttp://masqueradeforums.b1.jcink.com/uploads/masqueradeforums/emoticons/Jolteon_icon.gif

Notes:

se puede leer la side story kaisoo aquí