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Verdadero Heredero

Chapter 3: Saera

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

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Corlys vistió a su heredero de los colores de su casa. El azul marino y la plata se veían hermosos en Lucerys. No le puso una tiara porque llamaría la atención. Y aun no quería que Poniente supiera que su queridísimo nieto estaba vivo.

Si los rumores llegaban a su bastardo… Corlys no confiaba para nada en Alyn.

Si Addam hubiera sobrevivido Corlys no tendría problemas para que Lucerys se case con él. Pero era Alyn. Baela en un ataque de idiotez se casó con su bastardo. Un error colosal por parte de ella, Baela en ese tiempo era su heredera, no importaba con quién se hubiera casado. Pero se casó con Alyn y todas las buenas expectativas que tenía por ella cayeron por un barranco. Incluso antes de que se casara con ella, él ya tenía un pelotón de amantes e incontables bastardos. 

 


 

–¿Enserio tengo que vestirme con rojo y negro? –preguntó el príncipe Viserys.

–No, pero es común que te vistas con los colores de tu casa. Pero ahora puedes vestirte con cualquier color –le respondió Corlys.

–¿Entonces por qué Luce viste los colores de la casa Velaryon si quieres que se mantenga en secreto? –el niño lo miraba con los ojos entrecerrados. –Quiero vestir los mismos colores que mi hermano. 

Corlys no iba a decirle que su alfa que quería ver a su único nieto omega envuelto por su aroma y los colores de su casa. Como siempre debió de ser. Y cómo lo va a hacer a partir de ahora. 

–No, no quiero que se corra el rumor de que tengo otro bastardo escondido en las ciudades libres.

–¿Otro? –el joven príncipe tenía los mismos ojos juzgadores de su padre –Pero supongo que Luce seguirá siendo tu heredero. 

–Completamente –le respondió sin pensarlo Corlys.

Lucerys entró a la habitación, se veía resplandeciente, una túnica larga y azul sin mangas, la cual se abría desde el pecho y mostraba un poco de estómago cubierto con una camisa transparente azulada, las mangas transparentes caían a lo largo de sus brazos. Un pantalón blanco y de tela vaporosa, el cual estaba afirmado por un cinturón plateado y adornado con aguamarinas. Y unas lindas sandalias azules. Su cabello plateado y negro estaba tomado en una fina trenza, la cual estaba adornada con perlas.

Lucerys era hermoso. 

–¡Wow! –exclamó el príncipe Viserys –¡Te ves como antes! Quiero decir, siempre eres hermoso, pero ahora te veo con otros ojos.

Su nieto sonrió. 

El corazón de Corlys dolió, su dulce nieto se parecía a Rhaenys. Como se arrepentía de haber caído a las sábanas de Marilda e insultar a Rhaenys al concebir bastardos con ella, pero Marilda era una beta, no un alfa como su esposa, por eso nunca sintió el insulto a su vínculo sangrado. Por honrar a su esposa e insultarla después de su muerte al nombrar a Alyn como su posible heredero, prometió que en lo que le quedaba de vida ignorará a su ex amante y a cualquiera que quiera trepar a su cama. Corlys vivió en carne propia el famoso dicho, no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Primero con sus hijos, su perla, su ejemplar Jacaerys, su valiente Joffrey y su amada esposa. 

Miró a su nieto y vio como este era apresado por los flacuchos brazos de Viserys. Y las palabras del joven alfa golpearon con fuerza a Corlys. Pero ahora te veo con otros ojos

Targaryen. Gritó su mente, su nieto tenía mucha sangre Targaryen en él. Pero se calmó un poco al ver que Viserys apenas le llegaba a los hombros a Lucerys.

–Ustedes también se ven bien –dijo su nieto mientras aún tenía en sus brazos al joven príncipe Viserys. 

–Gracias –le respondió Corlys, él iba vestido también con los colores de su casa, pero sin las transparencias y la tela más pesada –Ayúdame a escoger un atuendo para tu hermano. 

–No necesito ayuda –respondió Viserys –No quiero ir de negro y rojo, asi que iré de rojo y blanco. 

Corlys hizo una mueca, pero desistió en oponerse al joven príncipe. 

El jubón rojo del príncipe, cortesía de Corlys al igual que todas sus telas y demás accesorios, poseía un acabado en plata, cosa que combinaba con el color de su cabello. Daba miedo el parecido que tenía Viserys a Daemon. Así como le incomodaba el parecido a Lucerys con Rhaenyra. 

Trato de no pensar en eso

 


 

Los esperaba un carruaje simple, pero hecho de excelentes materiales para pasar desapercibido y poder cruzar la muralla sin problemas. 

No escondió su sonrisa al ver que ambos príncipes se sentaron en las ventanas para poder observar la gran ciudad.  

–Amo y odio Volantis –dijo su dulce nieto. –Pero detesto con toda mi alma Lys.

Esto sorprendió a Corlys, Lys era lo más parecido que quedaba del gran y perdido imperio Valyrio.

–Me da asco el cómo cualquier persona o cualquier cosa puede ser un esclavo de cama –hablo Viserys –Había una alfa que le gustaba acostarse con bebés en Lys. Y los esclavistas le celebraban sus peculiares gustos. Aun sueño con cortarle la cabeza. 

Y para la consternación de Corlys, Lucerys asentía. Su nieto era el único de todos los hijos de Rhaenyra que nunca clamaba sangre.

Fue un viaje largo, el palacio de Saera estaba en una de las partes importantes de las facciones de los tigres. Era algo obvio si lo pensaba bien Corlys, los tigres respetaban la pureza de la sangre de la antigua Valyria. Y la sangre Targaryen era la última de las cuarentas grandes casas de los domadores de dragones. Aunque Saera Targaryen fuera una puta, su sangre era la más pura de los tigres actuales. 

Actualmente uno de los hijos de Saera y uno de los antiguos líderes de la facción de los tigres, era el Triarca. 

 

El Triarca que le dio protección a Lucerys y Viserys. Aerran Qoheros. 

 

Pasaron las grandes puertas y el gran puente. Subieron muchas colinas y pasaron grandes palacios y mansiones. 

Corlys quería reírse cuando vio el posible hogar de la última hija viva del conciliador. Un gran palacio con varios dragones de tres cabezas se posaban en las murallas o se envolvían en las diversas columnas de granito blanco.  

Afuera del palacio los esperaba una mujer con el cabello más gris que plata, pero aun así se veía mucho más joven que Corlys. Los ojos purpúreos llenos de burla lo miraban. Corlys reconocería en todos lados esos ojos, eran los mismos ojos que trataron de padre inútil al rey Jaehaerys, además de ser doblegado por la fe y señores trepadores frente a toda la corte. 

Corlys trató de pararse derecho, pero los diversos dolores en su cuerpo le hicieron recordar que ya era un hombre de siete y nueve años. Mientras que Saera ya tenía los seis y cinco. Tras ella estaba un hombre que Corlys solo había escuchado hablar de él. Pero Corlys nunca olvidaría los astutos ojos de la reina Alysane, los mismos ojos que poseía el actual Triarca. El famoso Aerran Qoheros. 

 

–Miren quien viene a mi guarida –Corlys no recordaba la voz de Saera, aún de vieja contenía un tono coqueto –El mejor marino que puede existir, pero lamentablemente me gusta más el famoso Kraken Rojo. 

–Saera… Ha pasado mucho tiempo.

–Mucho tiempo –hablo la Targaryen –Tan así que antes la casa Targaryen poseía demasiados miembros, tantos que padre no sabia que hacer para deshacerse de ellos. Ahora solo quedan tres niños. perdón, tus nietas también son Targaryen, eso los haría cinco. Cinco Targaryen y sin dragones. 

–Nube aún está viva, lo sé –la voz de Viserys resonó.

–¿Y a quién tenemos aquí? –pregunto Saera –¿Acaso eres el último engendro de Daemon? 

–¿Y que si lo fuera? –respondió este. 

–Es bueno ver que al menos uno arde como el lema de nuestra casa –Saera chasqueo los dedos a unos sirvientes que estaban tras ella –Entremos, este calor me está matando más rápido que la sífilis. 

Fueron llevados por Saera, la cual iba del brazo de su hijo.

–Te ves decrépito Corlys –dijo mientras lo miraba como si fuera una molestia –Nunca debiste de casarte con Rhaenys, ella era mucha mujer para alguien como tú. Una alfa y además de ser buena con la espada. 

Corlys solo resoplo, no caería en los juegos de Saera. 

–Ella debió casarse con Gael o Viserra. No contigo –Corlys se mordía tratando de no responderle a Saera, sin saber que ésta miraba fijamente a Lucerys –Y la sigues insultando al poner a tu bastardo como heredero del trono de pecios.

–Él no es mi heredero –respondió con la verdad Corlys –Lucerys siempre lo fue y siempre lo será.

–Oh ¿Entonces quién se sienta en tu señorío ahora? 

–Mi nieta Baela.

–La que está casada con tu bastardo.

–Es temporal, ella tampoco es mi heredera –Corlys sentía que hablaba con una pared –Lucerys es mi heredero.

–También te equivocas en eso. Ese lindo muchacho no es tu heredero. 

–No hables estupideces Saera –gruño enojado, pensado que estaba insultando a Lucerys sobre las habladurías de su supuesta bastardía –Él es mi sangre, hijo de mi hijo, así como la sangre de Rhaenys.

–Y por ende el verdadero rey de ese horrible trono –Corlys sentía que se mareaba. No había pensado en eso.

Lucerys era el hijo mayor de Rhaenyra vivo. Y el de su hijo Laenor, ambos contendientes al trono, y de esa unión aún quedaba un vástago, su querido nieto. A pesar de ser un omega, era un varón

–Pero no los llame aquí para hablar sobre eso. –dijo la vieja mujer mientras se sentaba en un gran sofá.

–Niño –dijo Saera refiriéndose a Lucerys –Siéntate a mi lado, somos los únicos omegas vivos de la casa Targaryen, te voy a dar unos consejos muy sabios.

Corlys y Viserys iban a refutar, no querían que el joven omega se sentara al lado de la mujer.

Lucerys agarrando la cola de su túnica se sentó al lado de Saera.

La mujer lo miró con sorpresa, como si no esperaba que Lucerys acotará sus órdenes. Saera soltó una gruesa carcajada. 

–Tiene la belleza de Daella, pero definitivamente no es como ella –y estiró sus delgadas manos para acariciar los rizos de Lucerys con cariño –Siempre quise un hijo o nieto omega. Te pareces a Aemon. 

–Uh. Gracias princesa –dijo Lucerys sonrojándose por la atención de la omega mayor. 

–Dime tía, muchacho –miró por la habitación y le hizo señas a Aerran, el cual se perdió entre los pasillos –Actualmente no existen princesa, niño. Las princesas son las primeras en morir durante las guerras, querido. ¿Cómo está tu pierna viejo?

Corlys sintiéndose aludido la miró con desprecio, pero de todas formas respondió.

–Como si la hubieran atravesado con una lanza, vieja.

–Puff. Dolores mínimos –se burló –No es como si hubieras dado a luz ocho veces. 

–Acostarse sobre una cama de parto y dar a luz no tiene nada que ver en comandar una guerra –le respondió Corlys con soberbia.

–La cama de parto es el campo de guerra para las mujeres y los omegas –habló Lucerys. –Nunca sabes si volverás de aquella cama o solo será un lecho de muerte ya sea para ti o para tu cachorro.

–O ambos –completo Viserys –La reina Visenya era una omega que luchó en ambas guerras y salió victoriosa.

–¡Mira a estos niños! Padre moriría del hígado rebentado por la rabia al ver el futuro de la casa Targaryen.

–Tu padre era un idiota –dijo Viserys.

–Lo sé, por eso la mayoría de sus hijos perecieron antes que él.

Aerran volvió con unos esclavos tras él, llevaban varios paquetes, una pequeña caja con material elaborado destacaba en las manos de Aerran.

–Unos regalos para el verdadero rey –dijo la voz profunda el hijo de Saera. Puso la caja delicadamente sobre las piernas de Lucerys.

Su dulce nieto miraba con duda a Corlys.

–Vamos muchacho –habló Saera –Estoy segura que te gustara.

Lucerys con duda abrió la caja y soltó un jadeo sorprendido. 

–Es una corona muy fea –dijo su nieto y sacó la corona de Viserys. La que Rhaenyra vendió a cambio de oro.

–La corona de mamá –dijo Viserys con pena –Pensé… pensé que la había comprado un mercader de Pentos.

–Lo hizo, pero unos piratas familiares atacaron el barco –se rió Saera –Ahora está en tus manos. Puedes hacer lo que quieras con ella.

–No puedo aceptarlo –dijo su nieto mientras le devolvía la corona a Saera. –Es mucho su valor, no puedo pagarla.

–Lo harás niño, no es un regalo, ni te la estoy intercambiando, la estoy devolviendo a su verdadero dueño. Ya que no me costó nada.

Lucerys miraba la corona como si fuera un gran castigo impuesto.

–Muchas gracias –susurro Lucerys.

–Pero no es el único regalo –chasqueo los dedos y unos esclavos entraron al salón con una gran caja.

–Se los entregó ya que tanto yo, como mis descendientes no pudimos hacer nada con ellos –dijo Saera mientras miraba sus uñas. –No logramos que nacieran.

El corazón de Corlys latía con ímpetu. No creía que fuera eso. 

–Creemos que son los tres que robó Elissa Farman o mejor conocida en Essos como Alys Westhill. –hablo Aerran –Pero estos no son regalos de mi madre. Son un pequeño tratado.

–¡Mi nieto no se casará! –Corlys bramó indignado. Lucerys no valía unos huevos petrificados. 

La risa de Saera y Aerran resonó por el salón. 

–¡Mi hermano es muy joven para alguien como tú! –Viserys sacó una pequeña daga de su bota. Haciendo que los inmaculados de Saera mostraran sus lanzas preparados para la agresión.

Aerran levantó su mano y detuvo a sus esclavos.

–No me quiero casar con el príncipe Lucerys, ya estoy casado y mis hijos son mayores que él. Hablo de una alianza comercial, la casa Targaryen quedó muy golpeada por los engendros verdes. 

–Acepto –hablo Lucerys. 

Viserys iba a negarse, pero Lucerys lo observó como una madre regaña a su hijo.

–Ellos no han dado más de lo que merecemos. –Lucerys miraba a Corlys mientras hablaba –Una alianza comercial es lo mínimo que podemos darle. 

–Escucha al joven rey, Corlys –Saera hablaba seriamente –Y la casa Targaryen volverá de las cenizas más fuerte que nunca.




 

Cuando salieron del palacio de Saera, el joven príncipe Viserys llevaba la corona que su madre vendió. La corona de Viserys el insulso, según Saera. Para Corlys, Viserys era un inútil, pero entendía a Saera.

Corlys iba pensando en las palabras de la última hija viva de Jaehaerys y el acuerdo comercial que beneficia a ambos. Y en los sueños de Daella. 

Daella que vio todo, desde su muerte a la de su hija, ambas en el lecho. De dos dragones enfrentándose y gracias a eso matando a los pequeños, uno color negro semejante a Balerion y el otro verde, parecido a Vaghar. 

Esas palabras lo dejaron pensado. 

–Cuando lleguemos a Poniente ambos debemos de ir con negro y rojo –el joven príncipe Viserys no solamente tenia los ojos de Daemon, si no que hablaba con la misma soberbia que su padre. La sorpresa llenó a Corlys cuando Viserys largó feromonas tristes. –Y como Jacaerys está muerto, tú eres el heredero al trono Lucerys. Esta corona tiene que ir en tu cabeza. 

Y para sorpresa de Corlys, el príncipe Viserys, le puso la corona a Lucerys, para después arrodillarse frente a su sorprendido nieto. 

–Yo, Viserys Targaryen, hijo de la verdadera heredera y reina del trono de hierro Rhaenyra Targaryen, me arrodillo ante ti, te juro mi fidelidad, mi espada, mi vida. A ti mi rey. –El corazón de Corlys latía a un ritmo alarmante, porque no salían más que puras verdades de los labios de Viserys. 

Según la sucesión, Lucerys debería de ser el rey. 

 

Notes:

Le dedico este Fanfic a JulchenAwesome... Por un simple motivo "There is a ghost in your eyes (a promise from a better tomorrow)".
Vayan a leerlo 100% recomendado!

Notes:

Omegaverse, pero no creo que tenga smut.
O quizás si.