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Había pasado más de una semana desde aquello cuando Camilla recibió la llamada.
Era un miércoles por la noche y la señora Parker Bowles estaba sola en el salón de su casa disfrutando de una buena novela mientras se fumaba un cigarro. Andrew estaba en Londres trabajando, como sucedía siempre los días entre semana.
Cuando sonó el teléfono, Camilla se sobresaltó. A aquellas horas de la noche no solía llamar nadie… A no ser que sea él. Camilla sacudió la cabeza antes de levantarse a coger el teléfono. No podía tratarse de Carlos. No podía tratarse de él teniendo en cuenta su última conversación.
La señora Parker Bowles descolgó el auricular del teléfono que había en el salón. Estaba de pie junto a la mesilla donde reposaba el teléfono, descalza. Inhaló una vaharada de humo antes de contestar.
Camilla: ¿Si?
Nadie contestó al otro lado del teléfono. Camilla insistió.
Camilla: ¿Hola?
Su interlocutor seguía en silencio mientras la señora Parker Bowles se desesperaba.
Camilla: ¿Quién es?
Ante la falta de respuesta, Camilla colgó el teléfono. Disgustada, volvió a su rincón de lectura para tratar de volver a concentrarse en la novela.
No habían pasado ni dos minutos, cuando el teléfono volvió a sonar. Esta vez, la señora Parker Bowles se levantó a toda prisa, dispuesta a enfrentarse a la persona misteriosa de nuevo.
Camilla: ¿Si?
De nuevo, el silencio reinaba al otro lado de la línea. La señora Parker Bowles empezaba a hartarse de esa situación.
Camilla: ¿Qué quiere? Si me llama, por lo menos dígnese a contestar. Me parece una falta de respeto que llame a estas horas de la noche y no me diga ni de qué asunto se trata.
Camilla oyó un ruido al otro lado del teléfono.
Camilla: Sea quien sea, sé que está ahí. Si esto es una broma, no me hace ninguna gracia.
El interlocutor de la señora Parker Bowles farfulló una disculpa. Al reconocer su voz, Camilla notó como su cuerpo se tensaba.
Camilla: Carlos, ¿eres tú?
Carlos: Sí, soy yo…
La señora Parker Bowles permaneció en silencio. No sabía qué decir.
Carlos: ¿Cómo estás?
Camilla no entendía que el Príncipe la estuviera llamando para preguntarle aquello después de su conversación, pero intentó ser amable.
Camilla: Bien…
Carlos se sentía tan dichoso de volver a oír la voz de su amada Camilla que no podía evitar sonreír. En su cabeza rondaba una frase que no se atrevía a pronunciar: Te echo de menos.
Carlos: ¿Sigues enfadada?
La señora Parker Bowles no sabía cómo responder a esa pregunta. Ni siquiera sabía si seguía enfadada con el Príncipe… Optó por no responder.
El Príncipe esperó pacientemente durante varios segundos la respuesta de Camilla. Pero no llegaba.
Carlos: ¿Eso es que sí?
Camilla dudó.
Camilla: ¿Tú estás enfadado?
Carlos no se esperaba esa pregunta, pero trató de responderla lo más sinceramente posible dadas las circunstancias.
Carlos: Estoy… triste.
La señora Parker Bowles cerró los ojos mientras recordaba todo lo que Carlos le había confesado la noche que cenaron juntos. Camilla podía percibir la tristeza del Príncipe a través del teléfono. Era como si volviera a tenerlo delante.
Camilla: Créeme, que no quiero que estés triste. Me sigo sintiendo muy culpable por haberte hecho tanto daño…
El Príncipe cortó la frase de Camilla. No quería volver a tratar ese asunto tan doloroso para él.
Carlos: Quiero disculparme por cómo te traté, por lo que te dije…
Camilla: No hace falta…
Carlos: Sí que hace falta. Fui descortés contigo y yo no soy así. Yo no quiero ser así, Milla. Por muy mal que hayan ido las cosas entre nosotros… Mi intención no era faltarte al respeto, pero lo hice. Y me odio por ello.
Camilla sonrió. La disculpa de Carlos era sincera.
Camilla: Te perdono, Carlos.
Carlos: ¿De verdad?
Camilla: Sí… Claro que sí.
El Príncipe suspiró, aliviado. Uno de los motivos de la llamada era que Camilla lo perdonara. Necesitaba saber que ella no estaba enfadada con él. El otro motivo era volver a oír su voz, poder hablar con ella. Para el Príncipe, saber que no la había perdido por completo era un bálsamo para su pobre corazón roto.
Carlos: No sabes cuánto me alegro…
Camilla seguía nerviosa.
Camilla: Carlos… ¿Crees que podrás perdonarme tú a mí? Por haberme casado con Andrew…
El Príncipe había reflexionado durante mucho tiempo esa semana. En el fondo de su corazón, tenía la certeza de que siempre amaría a Camilla, pero el pasado no se podía deshacer, ya no era posible impedir su boda con Andrew. Sin embargo, el amor que sentía por ella era tan grande que no podía soportar la idea de no verla más. Prefería mil veces ser su amigo que perderla del todo.
Carlos: Lo estoy intentando y sé que lo voy a hacer. No quiero perderte. Como amiga, quiero decir. ¿Sigue en pie lo de ser amigos?
La señora Parker Bowles suspiró, aliviada.
Camilla: Por supuesto que sí. Nada me gustaría más en el mundo que ser tu amiga.
Carlos: Entonces, ¿te puedo llamar como antes?
Camilla: Claro que sí.
Carlos: Dios, me acabo de quitar un peso de encima…
Camilla sonrió.
Camilla: Ya somos dos, pues. No podía soportar la idea de que estuviéramos enfadados… He estado pensando en esto toda la semana.
Carlos: Yo también. Dios, te necesito, Camilla, no puedo vivir sin ti.
La señora Parker Bowles no respondió a ese comentario. Apreciaba mucho a Carlos, pero no quería darle falsas esperanzas.
Carlos: Perdona, espero no haberte incomodado.
Camilla: Necesito que entiendas que nuestra relación no va a ser como antes… No puede serlo.
Carlos: Créeme que lo sé. Necesito tiempo para adaptarme a la nueva situación, pero lo haré, no te preocupes.
Camilla: Me gustaría que salieras y conocieras a nuevas chicas. Que te ilusionaras, que te volvieras a enamorar.
Carlos: Creo que es demasiado pronto…
Camilla: Nunca es pronto si la chica es suficientemente interesante.
Carlos: ¿Crees que haya alguien más interesante que tú?
Camilla: Por supuesto que sí. No digas tonterías…
Carlos: Pues ya me la presentarás.
Camilla: Estaré alerta.
Carlos: Pero tengo otro problema…
Camilla: ¿Cuál?
Carlos: ¿Crees que alguna otra chica me podrá soportar como me soportas tú?
Camilla sonrió. Luego dio una calada a su cigarillo. El humo inundaba la estancia.
Camilla: Eso ya es más difícil. No te lo puedo asegurar…
Carlos se echó a reír y Camilla notó que el ambiente se relajaba. Una broma siguió a la otra y así acabaron hablando y riendo toda la noche.
Como en los viejos tiempos.
