Chapter Text
Louis caminaba lentamente por el estéril pasillo del hospital, vigilando sus pies con cuidado, para no pensar demasiado en por qué estaba allí. Después de cruzar lo que sabía que tenía que ser el pasillo más largo de la historia, encontró la habitación y atravesó el umbral, mordiéndose inconscientemente el labio mientras miraba la inmóvil figura en la cama.
Tragó con dificultad y entró lentamente a la habitación, deteniéndose junto a la cama y mirando hacia abajo. Harry tenía un aspecto horrible. Su piel, la que no estaba moteada de feos moratones, era de un color gris insalubre bajo la suave luz de la habitación del hospital. Louis luchó contra la necesidad de sentir lástima de sí mismo mientras se sentaba al lado de la cama y miraba la multitud de tubos y sueros que estaban atados a las manos y brazos de Harry.
Colocado, Harry no se había dado cuenta de que se había desgarrado las manos con fuerza con los ladrillos y el maltrato en su brazo roto había significado cirugía para repararlo. Las blancas vendas alrededor de sus palmas y dedos destacaban contra la bronceada piel.
Había estado en el hospital durante una semana y todavía se veía mal, como muerte recalentada. Y el cliché encajaba. La sobredosis le había dado todos los números. Cuando llegaron los paramédicos, Harry había estado en parada respiratoria total.
Pero estaba vivo, y eso era todo lo que a Louis le importaba. Se sentó en silencio, simplemente observando a Harry mientras dormía. Después de un tiempo, su visión se desenfocó y miró la manta del hospital que cubría el cuerpo de Harry mientras se sentaba a su lado.
—Hola.
Louis respondió al oír la palabra suave.
No había tenido la oportunidad de ver a Harry desde que le habían sacado de ese ascensor de servicio. Durante la semana pasada, no se le permitió ver a su compañero hasta que él mismo fue dado de alta oficialmente, y acababa de ser liberado. Apenas le habían dicho que Harry estaba vivo, y lo dejaron así. Durante el tiempo que había estado confinado en la cama de hospital, Louis había tenido mucho tiempo para pensar en lo que quería decirle. Sin embargo, siempre consciente de los oídos y ojos curiosos a su alrededor, se tragó las palabras más tiernas que podría haber dicho. De todos modos, no se sentían correctas en su lengua.
—Hola —repitió con voz hueca.
Los oscuros ojos de Harry estaban hundidos, pero abiertos, claros y centrados en su mayor parte.
—¿Cómo estás? —susurró.
—Horrible —logró responder Louis con una débil sonrisa—. Me dicen que no estoy autorizado a patearte el culo todavía.
Una ceja se arqueó lentamente a modo de pregunta.
—¿Besarme el culo, has dicho? —Los ojos de Harry brillaron y las comisuras de su boca se arquearon ligeramente.
Louis miró por encima del hombro rápidamente y se puso de pie para darle un beso en los labios.
—Creí que te había perdido —murmuró en tono acusador. Harry se animó un poco después del beso.
—Soy demasiado terco para morir cuando tengo una razón para vivir —murmuró, mirando a Louis con veneración.
—Mejor que sea así —murmuró Louis mientras se sentaba, retorciéndose las manos como si quisiera hacer algo más con ellas—. Porque voy a darte una paliza más tarde.
—Promesas, promesas —dijo Harry en voz baja—. Yo también te debo una paliza.
—Hizo una pausa por un momento mientras se miraban el uno al otro—. ¿Lo dejamos en empate?
Louis fingió pensar en la oferta y luego sonrió levemente. La sonrisa se desvaneció lentamente, y miró a Harry seriamente.
—Saldrás de aquí, ¿verdad? —preguntó en voz baja.
—Sí. Me esperarás, ¿verdad? —preguntó Harry.
Louis apretó los labios en una delgada línea y miró hacia otro lado ruborizándose con culpabilidad. Harry inclinó la cabeza hacia un lado, y su sonrisa se volvió un poco triste. Después de todo lo que habían pasado, incluso después de lo que acababa de decir, parecía que la mentalidad militar estaba demasiado arraigada en Louis para que se sintiera cómodo admitiendo que se había enamorado de su amante ahora que la grave situación había pasado. Harry se preguntó si sentía algo en absoluto.
—De cualquier manera —suspiró con cansancio Harry, dejando que sus ojos se cerraran—. Avísame.
—No van a dejar que me quede —dijo Louis suavemente mientras bajaba la cabeza.
Harry se calmó durante un largo momento, luego abrió los ojos para ver a Louis al lado de la cama, con la cabeza inclinada.
—Ellos son el FBI —dijo, sin dudas.
Louis se giró hacia él con abierta desesperación, como si le estuviera pidiendo que le dijera qué hacer.
Una alegría pura manó silenciosamente dentro de Harry.
—No quieres irte —se dio cuenta, levantando la mano con dificultad para rozar la mejilla de Louis.
—Ahora no —susurró Louis con algo parecido a la indignación—. ¿Qué, pensabas que iba a abandonar tu lamentable culo después de todo esto? —preguntó con incredulidad.
Harry sacudió la cabeza lentamente, reapareciendo la sonrisa.
—Lo siento. Un poco lento. Voy a culpar a los medicamentos que me dieron para contrarrestar las drogas —murmuró. No tenía por qué tener miedo. De repente era fácil de aceptar—. Te preocupas por mi lamentable culo —añadió en voz baja, volviendo unos ojos que hablaban en voz alta a Louis.
Louis se quedó en silencio, los nudillos se le pusieron blancos mientras apretaba las manos juntas.
—Sí —estuvo de acuerdo—. Y deja de olvidarlo —reprendió con suavidad.
En lugar de responder de inmediato, Harry volvió la cabeza completamente hacia un lado para poder descansar y ver a Louis al mismo tiempo. Estudió el cabello despeinado y la cara más delgada con rastros de barba. Se dio cuenta de que Louis debía haber venido directamente aquí después de ser liberado. Pero para Harry, era maravilloso.
—Está bien —estuvo de acuerdo, y luego se pasó la lengua por los labios—. ¿Así que te envían a algún sitio? —preguntó, de nuevo el "ellos".
—Circuito de charlas —respondió Louis amargamente—. Otra vez. —Apartó la mirada y bajó la cabeza, sonrojándose profundamente—. No me pueden poner en un caso hasta que… estén seguros de que no me voy a asustar de la oscuridad. — Suspiró y cerró los ojos, incapaz de levanta la mirada—. Tenían que dejarme una luz de noche —admitió con timidez.
—Vamos mírame, Louis —murmuró Harry.
Louis no respondió, aparte de abrir los ojos. Se quedó mirando la delgada manta sobre el cuerpo de Harry durante lo que pareció una eternidad hasta que poco a poco levantó los ojos para encontrarse con los de Harry.
—Eres un hombre valiente —gruñó Harry—. Espero que la próxima vez que esté contigo y esté oscuro, me dejes abrazarte —dijo Harry.
—Vas a tener que hacerlo —respondió Louis con una risa rota—, porque todas las pruebas apuntan actualmente a que voy a llorar como una niña.
—Eso está bien —murmuró Harry sin humor, levantando su brazo izquierdo para poder acariciar la mejilla de Louis suavemente con dedos temblorosos—. Aún te deseo.
Louis miró por encima del hombro, nervioso, y luego otra vez a Harry culpable. Harry sonrió. Sus ojos parpadearon a la puerta vacía y de nuevo a Louis.
—No te preocupes —dijo en voz baja—. No hay nadie mirando.
Una mirada de dolor apareció en el rostro de Louis antes de apartar la mirada de nuevo.
Harry asintió, relajándose un poco sobre las almohadas.
—Entiendo —dijo suavemente. Él no tenía años de hábito que romper. Bajó el brazo y lo apoyó en la cama otra vez—. ¿Cuándo te vas?
—Ahora —murmuró Louis, incapaz de alzar la mirada.
Harry se quedó sin respiración por un largo rato hasta que se vio obligado a exhalar. No había nada más que decir, entonces. Y nada más que hacer. Una vez más, tendría que ver a Louis alejarse y no podía hacer nada más al respecto que la última vez.
—¿Un rápido beso antes de irte? —pidió, sabiendo que sería difícil si Louis realmente estaba tan nervioso como actuaba.
Louis cerró los ojos y se estremeció.
—Te deseo —susurró—. Quiero que me encuentres, tan pronto como estés libre — murmuró mientras levantaba la mirada.
Harry asintió con la cabeza y observó la batalla interna en los expresivos ojos azules de Louis. Le dolió más de lo que jamás hubiera esperado.
—Cuídate —dijo, el agotamiento rompiendo su fachada audaz.
Louis alargó una mano impulsivamente y le apartó el pelo de la frente. Se puso de pie, se inclinó y le besó la frente.
—Todavía podemos retirarnos —susurró contra la piel caliente.
Tragando saliva, Harry se estremeció cuando la esperanza le atravesó. Esperanza por algo que no fuera el sobrevuelo ocasional mientras se juntaban para trabajar. Tenía que tratar de ignorar el vibrante sonido que sentía ante la idea de dejar su duramente ganado y muy querido trabajo atrás.
—Sólo di la palabra —dijo él con voz ronca.
Louis cerró los ojos, apretando los dedos en el cabello de Harry. Estaba proponiendo que renunciaran a un trabajo que amaban, que renunciaran a todo lo que cualquiera de ellos conocía.
—Podemos abrir una tienda de flores y vender orquídeas del mercado negro en la parte de atrás —ofreció con una ligera burla en la voz.
Harry sonrió ante el destello de humor, aunque sabía que era el mecanismo de defensa de Louis.
—Sólo di la palabra —repitió en voz baja, aunque sabía que Louis nunca la diría, y se preguntó qué haría él si llegaba a eso—. Adelante. Vete, estoy demasiado drogado para detenerte.
—Incluso si renuncio ahora, no podría quedarme aquí —respondió Louis casi a la defensiva, como si tratara de convencerse a sí mismo de irse—. No podría quedarme contigo.
Calma en medio de la lucha de Louis, Harry asintió.
—Tienes razón —dijo con tranquilidad.
Louis se movió rápidamente y le dio un beso en los labios.
—Ten cuidado, Harry —suspiró, luego se levantó y rápidamente se alejó de la cama de hospital, sin mirar atrás mientras desaparecía por la puerta.
****
La moto aceleró por la Interestatal 35 bajo la brillante luz del sol, hábilmente manejada por el conductor en cuero marrón y casco integral. La moto se movía con tranquilidad a través del tráfico. El conductor estiró una mano y pulsó un botón cuando el auricular en el casco sonó indicando una llamada telefónica.
—Styles —gritó por encima del rugido del motor.
—Agente especial Styles.
Harry parpadeó y miró de un lado a otro mientras aceleraba la moto.
—¿Qué quiere, Burns? Estoy de vacaciones.
—Sí, lo sé. Cinco meses en Miami te permiten tres semanas de vacaciones. ¿Cómo estás, Harry?
Aún más sorprendido al ser llamado por su nombre, Harry inclinó la cabeza.
—Estoy bien —respondió con cautela.
—¿Dónde estás? dímelo por favor.
—En casa —respondió Harry lentamente.
—¿Cómo está Texas? ¿Soleado? —preguntó cortésmente Burns.
—No, estamos en medio de una tormenta de nieve —dijo sin expresión Harry.
—Bien, tu ingenio sigue siendo tan agudo como un palillo de dientes rotos —dijo Burns con un suspiro—. Tus vacaciones terminan en cuatro días. Te quiero aquí en DC al quinto día.
Harry apretó los labios mientras guiaba la moto fuera de la interestatal a una carretera secundaria.
—Usted es el jefe —dijo.
—No vas a volver a Miami —respondió Burns conciliador.
—Miami es un pozo negro —murmuró Harry, repitiendo inconscientemente un sentimiento que parecía lejano.
—Estate aquí en cinco días. La Oficina pagará el transporte, si lo deseas. Dale vuelta a la idea de unos pocos trabajos sencillos y un compañero nuevo mientras estás en ello —indicó Burns.
El estómago de Harry se contrajo dolorosamente.
—Ya se lo he dicho. No quiero un nuevo compañero. ¿Qué le pasó a mi viejo compañero?
Generalmente Burns le ignoraba alegremente cuando le preguntaba sobre Louis, pero ahora se aclaró la garganta y dijo:
—Eso es clasificado. Nos vemos en cinco días, agente especial Styles. —Y el director adjunto colgó.
Harry tuvo que obligarse a prestar atención al tráfico mientras se le revolvía el estómago. No quería otro compañero. Sólo quería a Louis.
Dios. Louis. Casi habían pasado seis meses, y ni una palabra. Ni un mensaje. Nada más que ciega esperanza para seguir adelante. El trabajo había hecho más fácil olvidar. Pero después de la segunda vez que le hirieron en Miami, Harry salió del bajón depresivo y supuso que sería mejor escuchar la petición de Louis de que tuviera cuidado o reduciría a cero sus posibilidades de volver a verlo. Pidió vacaciones y un traslado, y por primera vez en cinco años, se fue a casa a Texas.
Las últimas tres semanas habían estado llenas de recuerdos, viejos y nuevos, buenos y malos. Louis estaba siempre allí, en el borde de su periferia, y Harry sentía como si una parte de sí mismo hubiera desaparecido. ¿Cuáles eran las probabilidades de que Burns le juntara de nuevo con Louis? Harry pensó que absolutamente ninguna y eso era optimista. Si Harry había sido enviado a trabajar de infiltrado, entonces Louis también. Después de todo esa era la especialidad del otro hombre, y la respuesta de clasificado casi lo confirmaba. Pero no podía evitar esperar. Al menos Burns podría estar dispuesto a decirle cómo ponerse en contacto con Louis cuando hablaran en cinco días.
La moto aceleró saliendo de la ciudad y en las llanuras, tuvo tiempo de pensar.
****
Louis estaba sentado en el extremo de la barra, mirando a los Orioles recibiendo una paliza otra vez y bebiendo una Sam Adams fresca de grifo. Conocía al camarero por su nombre. Conocía a la camarera por su nombre. Conocía al hombre borracho que lanzaba dardos al cartel de la salud pública en la esquina por su nombre. Había pasado mucho tiempo en este bar.
—¿Quieres otra cesta, cariño? —le preguntó Cindy mientras se apoyaba contra la barra junto a él con una bandeja de vasos sucios y botellas vacías de cerveza apoyada en la cadera.
Louis la miró y negó con la cabeza, ofreciendo una débil sonrisa. Deslizó la cesta vacía de papas hacia ella, y esta le sonrió mientras la tomaba y seguía su camino. Louis volvió a mirar la televisión, sin ver. Esta temporada, los Orioles daban pena. Finalmente, apuró su cerveza, dejó el vaso vacío con un ruido metálico y puso uno de cincuenta.
Se despidió de todos los que pensaban que le conocían y salió al nocturno aire cálido. Suspiró y dio la vuelta a la esquina, donde solía haber taxis, y empezó a caminar hacia su casa adosada cerca de Point Fell. Era un paseo largo, pero a Louis no le importaba. La caminata le ayudaría a suprimir la parte de él que rezaba porque uno de los coches que pasaban a toda velocidad por las estrechas carreteras le golpeara mientras arrastraba los pies al otro lado de la calle. La vida ya no era divertida. El trabajo no era divertido. Los malos seguían escapando y dispararles no valía la pena el papeleo. Ni siquiera podía ver el béisbol sin sentir la necesidad de cortarse las venas.
Jodidos estúpidos Orioles.
Había rastreado a Harry de vuelta a Miami, para trabajar infiltrado dónde Louis no podía contactar con él. No podrían haberlo enviado de vuelta allí a menos que él hubiera aceptado el trabajo y Louis se quedó sin nada más que preguntarse excepto por qué Harry haría eso.
El teléfono móvil en el bolsillo de atrás empezó a vibrar mientras caminaba lentamente detrás de una pareja que disfrutaba de la noche. Louis gruñó en voz baja y lo sacó, respondió con un negligente:
—¿Qué?
—Deja de caminar —dijo la voz en el otro extremo de la llamada—, y espera que tu transporte te recoja.
Louis se detuvo en seco y tragó pesadamente, resistiendo la tentación de mirar a su alrededor.
—¿Estás haciendo que me sigan? —preguntó con incredulidad.
—Sólo cuando estás pensando en desertar —respondió el director adjunto Burns con una sonrisa en su voz.
Louis estaba hirviendo cuando un Yukon Denali negro se detuvo junto a la fila de coches aparcados junto a la acera y esperó pacientemente.
—¿Y cuándo es eso? —preguntó con un gruñido.
—De medianoche a las cuatro —devolvió Burns con suficiencia—. ¿Cómo están los dedos rotos?
—Rotos —gruñó Louis en respuesta—. ¿Por qué estoy siendo seguido?
—Tienes una nueva misión.
—Pero…
—El señor de la Vega tuvo un desagradable accidente de avión en el Caribe —le informó Burns en voz baja—. Parece que el mecánico que trabajaba en su avión tenía algunos dedos rotos que nadie sabía, no apretó todas las tuercas y pernos lo suficiente. Entra en el maldito coche y deja que te lleve a casa. Te quiero en DC para el mediodía.
—Tú y tus nuevas misiones pueden irse a la mierda, Dick —gruñó Louis—. Me duelen los dedos. Y el más importante no se levanta por sí mismo.
—Entonces levanta todos y llama a una bandada —aconsejó Burns ligeramente divertido.
Louis soltó un bufido.
—Bandada de pájaros. Eso es gracioso —murmuró para sí desconsoladamente mientras miraba el vehículo del gobierno tercamente.
—Louis —suspiró Burns, su voz adquirió el tono del mentor que una vez había sido—. No tires todo lo que amas por la ventana, ¿de acuerdo? Has atado tus cabos sueltos y podrás torturar a tu nuevo compañero mañana. A mediodía. Te veré entonces —dijo antes de colgar.
Louis miró el teléfono como si le hubiera ofendido de alguna manera, luego al agente que esperaba pacientemente con la puerta trasera del Yukon abierta. Louis apretó la mandíbula mientras miraba por la calle. Finalmente, suspiró y caminó hacia el vehículo que le esperaba, deslizándose en la parte de atrás sin decir nada.
****
Harry ignoró la oferta de Burns de transporte, en vez de pasar un par de días más con sus padres subió a la moto y fue hacia el este. En realidad no le importaba cuanto tiempo tenía para llegar puntual el quinto día a Washington DC. Burns no había especificado una hora, después de todo. Se detuvo dos noches en el camino e intentó no pensar en lo que le esperaba. Un nuevo compañero.
Pasaban unos minutos del mediodía cuando entró en el aparcamiento del FBI y mostró su identificación. Una vez que aparcó recibió un golpe de déjà vu. Había llegado así la última vez. Misma moto, mismo cuero, diferente chaqueta. Su madre había insistido en que se cortara el pelo, por lo que lo llevaba corto y pulcro otra vez. Tenía algunas cicatrices nuevas. No se lo había contado a nadie. No había nadie a quien contárselo, la verdad, y en su mayoría se habían curado.
Frunciendo la nariz, Harry dejó caer el casco sobre el asiento y fue a zancadas al edificio, refunfuñando para sí mismo.
Con todos sus contactos, había conseguido averiguar que Louis había sido liberado del loquero del Walter Reed el día que Harry le había visto por última vez, pero luego era un callejón sin salida. No sabía cómo era posible que Louis se marchara del hospital y desapareciera, los agentes sin misiones por lo general eran bastante fáciles de encontrar a través de la Oficina. No había pasado por el circuito de charlas como había dicho, eso era seguro. Lo único que Harry pudo averiguar era que Louis estaba trabajando en algo fuera de los libros, ni siquiera infiltrado, sino alguna mierda de operaciones encubiertas y eso significaba que no encontraría nada en absoluto. Había sido frustrante en extremo mientras Harry le buscaba. Y ahora allí estaba, frente a un compañero que no quería, en un trabajo que rápidamente se estaba convirtiendo en más como trabajo y menos como algo que disfrutaba.
****
—Es bueno verle bien, agente especial Tomlinson —ofreció la secretaria con burla cuando Louis entró en la oficina exterior.
—Es bueno ver que el palo sigue todavía firmemente alojado, princesa — respondió Louis mientras iba directamente hacia ella y la saludaba con la mano para que le dijera a Burns que estaba allí. Ella resopló con rabia y golpeó el intercomunicador para anunciarlo.
Louis entró en la oficina del director adjunto y se detuvo en seco. En las últimas cinco o seis horas, se había permitido esperar que su nuevo compañero sería el antiguo. Que Burns por fin había sacado a Harry del infierno de Miami y lo había devuelto a la Unidad de Crímenes Especiales. Pero ahora, vio con una sensación de hundimiento que su nuevo compañero ya estaba allí, sentado en una de las sillas frente a Burns con una cartera de cuero en su regazo, tomando notas.
Santo Jesús, estaba tomando notas.
El joven levantó la mirada por encima del hombro para estudiar a Louis mientras Burns comenzaba a hablar.
—Agente especial Tomlinson, gracias por unirse a nosotros. Este es David Reese.
El hombre rubio se levantó, agarrando la carpeta contra el pecho. Unos ojos verdes brillaron a través de las gafas de montura metálica.
—Agente especial Tomlinson —dijo Reese—. Es genial conocerle.
Louis permaneció plantado donde estaba, mirando al chico. Miró a Burns con indignación brillando en sus ojos.
—¿Qué mierda es esto? —preguntó.
Reese parpadeó y volvió a mirar a Burns, que sonreía.
—David es un estudiante de Georgetown. Está haciendo prácticas conmigo este verano. Di hola, Louis —ordenó el director adjunto amablemente.
Louis miró, un poco perplejo mientras volvía a mirar al chico.
—Mierda —murmuró disculpándose mientras se acercaba y le estrechaba la mano—. Creí que eras mi nuevo compañero —dijo con una risa.
—Jesús —murmuró Reese mientras estrechaba la mano de Louis—. Lo siento por tu nuevo compañero, hombre. Se va a cagar en los pantalones.
Burns resopló.
—Sí, bueno, él tampoco tendrá aspecto de doce años así que estará bien — respondió Louis.
Reese sonrió ligeramente, pero no pareció divertido por el comentario sobre su edad.
—David, el agente especial Tomlinson es uno de los agentes más poco convencionales que puedes encontrar aquí en el FBI. No lo incluyas en tus resúmenes —advirtió Burns con una sonrisa mientras se reclinaba en su silla.
Reese asintió con la cabeza y sonrió con ironía.
—No lo haría, señor —respondió—. No sé cómo conseguiría nuevos reclutas.
—Alimentaríamos a los militares con ellos —gruñó Louis mientras se acercaba y se dejaba caer en la silla vacía—. Entonces, ¿dónde está ese cabrón, de todos modos? — preguntó con el ceño fruncido—. No puedes decirme que soy el único que llega puntual.
—En realidad, sí, aunque él no está muy lejos. Seguridad dijo que atravesó la puerta hace unos minutos —dijo Burns. Luego miró a Reese—. Ya ves, David, uno de los trabajos más arduos que tenemos aquí es averiguar cómo unir a los agentes que trabajan juntos de manera efectiva. El agente especial Tomlinson, aquí presente, representa un reto particularmente difícil, como estoy seguro que puedes imaginar. —El joven miró a Louis, obviamente, de acuerdo con el sentimiento.
Burns ladeó la cabeza cuando oyó que la puerta exterior se abría y luego unos pasos. La puerta del despacho se abrió y Reese se volvió para mirar con curiosidad. Louis casi tenía miedo de hacer lo mismo, pero la curiosidad pudo más que él.
Harry Styles estaba totalmente inmóvil en el umbral, sus ojos fijos en Louis de manera intensa.
—El agente especial Styles, que encantador de su parte unirse a nosotros —dijo Burns—. Este es David Reese, mi nuevo interno. Creo que ya conoce el agente especial Tomlinson.
Después de una breve pausa, Harry asintió levemente.
Louis se encontró luchando por decir algo mientras parpadeaba estúpidamente a Harry. La falta de reacción era desconcertante. Louis había intentado todos los trucos en su libro, tratar de encontrar una manera de ponerse en contacto con Harry después de que la baja médica terminara. Pero una operación encubierta ganaba a las falsas emergencias familiares y Louis no había podido llegar a ninguna parte antes de que sus propias misiones comenzaran. Se preguntó, no por primera vez, si Harry había aceptado a propósito una misión que sabía que le mantendría bajo el radar, sólo para mantenerse alejado de él después de que la bruma de las drogas se aclarara.
—Bueno, David, es hora de tu próxima cita —dijo Burns intencionadamente, acompañando al estudiante a la puerta. El director adjunto cerró la puerta detrás de él y se volvió hacia los dos hombres. La oficina estaba en silencio.
Louis por fin se tragó su sorpresa y miró de Burns a Harry con incertidumbre.
—Hola —ofreció.
Harry miró a Burns a su vez, y de nuevo a Louis.
—Hola —dijo en voz baja, abarcando los rasgos de Louis.
Y no parecía haber nada más que decir. Louis por fin bajó la mirada, incapaz de encontrarse con los ilegibles ojos de Harry.
—Bueno —dijo Burns mientras volvía a la silla detrás del escritorio—. Styles, si eliges mudarte de Arlington cerca de tu nueva misión, la Oficina pagará el alojamiento temporal hasta que puedas instalarte en DC. El papeleo está en el correo
—les dijo mientras agitaba su mano en el aire, aunque había el más ligero atisbo de sonrisa en los labios.
Harry parpadeó, sorprendido y con la esperanza asomando a sus ojos.
—¿Nos está… juntando de nuevo?
—Siempre y cuando no vueles nada otra vez o mates a alguien, sí —respondió Burns con cierto regocijo mientras Louis miraba a Harry, sorprendido—. Trabajarán en el área de DC, por ahora. Ningún trabajo encubierto, ningún caso grande hasta que ustedes estén… mentalmente estables —dijo con una sonrisa irónica.
—¿Eso significa que se trata de una asignación permanente? —preguntó Louis, en voz baja y ligeramente ronca. Burns simplemente se rió y se recostó en su silla.
Harry tuvo que apartar los ojos de Louis.
—Ninguna objeción —dijo en voz baja.
—¡Bien! —respondió Burns con una sonrisa—. Ahora lárguense de mi oficina —dijo, mientras la sonrisa volvía a ser su habitual ceño fruncido—. Y tomen una jodida ducha —ordenó—. Ambos.
Harry dio un incómodo paso atrás, mirando a Louis otra vez, y alargó la mano detrás de él para agarrar el pomo de la puerta. La abrió y esperó. Los labios de Burns temblaban mientras miraba, y sacudió la cabeza ligeramente.
Louis volvió a mirar al director adjunto vacilante y luego asintió obedientemente, mirando a Harry mientras pasaba a su lado por la puerta. Harry le observó todo el camino y luego le siguió, cerrando la puerta al salir. Era completamente ajeno a la secretaria que les miraba.
Louis se detuvo y se volvió para encontrarse con los ojos de Harry. Echó un vistazo a la secretaria y luego otra vez a Harry, se dio la vuelta y siguió moviéndose sin decir ni una palabra. Después de un momento de pausa, Harry parpadeó y se dirigió tras él, hacia el vestíbulo, alcanzándolo en el ascensor.
Louis tenía la cabeza baja, esperando que las puertas se abrieran.
—¿Cómo has estado? —preguntó en voz baja, sin levantar la vista.
Harry reflexionó sobre los cinco meses de infierno en Miami.
—De mierda —respondió en el mismo tono suave—. ¿Y tú?
Louis levantó un poco la mirada, pero no respondió. Las puertas se abrieron con suavidad y entró en la cabina del ascensor. Harry no dudó en seguirle. Pulsó el botón del parking y las puertas se cerraron.
—Traté de ponerme en contacto contigo —murmuró por fin Louis sin mirarle—. Dijeron que estabas ilocalizable. Volviste a Miami —dijo con amargura, su voz casi acusadora.
—No tuve mucha opción. Era eso o Nuevo México —dijo Harry. No trató de disculparse—. Yo… yo no sabía que me estabas buscando. Estábamos enterrados. — Se apoyó contra la pared—. Llamé un par de veces. No me contaron nada sobre ti — gruñó.
Louis miró de reojo a Harry, le miró realmente por primera vez.
—Te han disparado de nuevo, ¿verdad? —preguntó con resignación.
Harry no trató de mentir. Sólo dejó caer los ojos. Louis asintió con la cabeza y miró hacia otro lado, la agitación en el estómago casi insoportable.
—¿Tienes bien la cabeza? —preguntó Harry. El ascensor se detuvo y se abrieron las puertas.
Louis se quedó allí, mirando hacia el parking con una especie de distanciamiento en su expresión que era bastante común últimamente.
—No —respondió en voz baja.
Harry tragó, dolido. Extendió la mano, bloqueó la puerta e hizo señas a Louis.
Louis pasó a su lado con la cabeza baja otra vez, las manos en los bolsillos mientras se dirigía a su coche. De repente, se detuvo y levantó la mirada, inhalando profundamente.
—Tenías una opción —murmuró.
Harry se detuvo. Había considerado la otra opción. Una vez. Fugazmente.
—No —dijo con claridad—. No quería renunciar a verte de nuevo.
Los ojos de Louis vagaron al techo de cemento de la estructura del parking, todavía de espaldas mientras consideraba la respuesta de Harry.
—Pero no valía la pena dejarlo —murmuró, como si hablara consigo mismo.
Tragandose el dolor, Harry cerró los ojos durante un largo momento. Cuando habló, la voz salió ronca.
—Todavía podemos retirarnos. —Tensó los hombros—. Pero ahora no tenemos que hacerlo.
Louis se quedó allí por un momento antes de girar lentamente para mirarle. Miró el cuero y las cicatrices recientes, dejando que sus ojos vagaran sobre ellas intencionadamente.
—No escuchaste nada de nada de lo que te dije —dijo en voz baja—. ¿Verdad?
Harry se encogió, y el arrepentimiento fue evidente en su rostro.
—No —dijo él miserablemente—. No por un tiempo. No estaba… —resopló—. No estaba… aquí —dijo con voz débil, sacudiendo la cabeza.
—No tenías que estar allí para tener cuidado —gruñó en respuesta Louis—. ¡Es de puto sentido común, Styles! —gritó de repente, su voz haciendo eco a través de la estructura.
Harry se lamió nervioso el labio superior, dio un respingo y enderezó los hombros.
—¿Qué quieres que te diga, Louis? —preguntó—. No va a cambiar a nada.
—Quiero que digas que lo sientes —exigió Louis tercamente—. Y quiero que me digas lo cabreado que estás conmigo por marcharme como lo hice.
—Estaba tan cabreado que vi rojo durante semanas —admitió Harry—. Aunque sabía que no había absolutamente nada que pudiera hacer al respecto —continuó, la voz cada vez más fuerte mientras permitía que la emoción irrumpiera—. Estaba furioso con el FBI por arrojarme de vuelta al infierno y estaba cabreado conmigo mismo por permitírselo. Durante un tiempo, lo mejor que pude hacer fue esperar una herida que me llevara de vuelta al jodido hospital —gruñó, furioso, con los ojos brillantes—. Habría hecho cualquier cosa. Cualquier cosa con tal de volver contigo. No puedo decir que sienta eso.
Louis exhaló lentamente, calmándose.
—Mejor —dijo en voz baja con un asentimiento.
Temblando, Harry dio un par de pasos hacia Louis, puso una mano en su pecho y lo empujó con fuerza contra el pilar de hormigón detrás de él.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir? —preguntó, la furia todavía clara.
Louis se movió repentinamente, apartando a Harry antes de agarrarle la cara con ambas manos y besarle con fuerza, allí mismo, en el parking. Harry retrocedió un par de pasos cuando el peso de Louis le golpeó. Consiguió equilibrarse y se agarró a los brazos de Louis, dando esos pasos hacia adelante de nuevo y clavando a Louis contra la pared. Fue un beso gloriosamente violento en el que derramó toda su angustia y enojo.
Louis se aferró a él sin pensar, sin ni siquiera preocuparse por la posibilidad de que las cámaras de seguridad les atraparan mientras se descargaban los pasados últimos cinco meses de frustración entre sí. Por último, empujó a Harry bruscamente, respirando con dificultad. Cuando empujó, Harry se giró y se alejó unos pasos. Se quedó allí, tratando de recuperar el aliento y se limpió la boca con el dorso de la mano.
—No lo siento —murmuró mientras se pasó una mano por el pelo corto.
Louis apoyó la cabeza contra la pared de cemento y cerró los ojos.
—Yo sí —susurró.
Las emociones de Harry jugaron abiertamente en su rostro. Ni siquiera estaba tratando de ocultarlas. Estaba herido, estaba confundido y asustado.
—¿Por qué? —preguntó, la voz dolorida. No se atrevía a moverse de nuevo, a reunirse con Louis y dar esos cuatro pasos.
—Por marcharme —respondió Louis cuando abrió los ojos de nuevo.
La frustración y la ira se desvanecieron cuando Harry le echó una buena mirada. Parecía jodido. Estaba bronceado, lo bastante como para que hablara de algún lugar exótico, pero los últimos cinco meses arduos se aferraban a él. Sus ojos estaban sin vida y cansados, su rostro sin afeitar todavía se veía demacrado, aunque había dormido. Tres de los dedos de su mano derecha estaban rotos y vendados. El humo de los cigarros caros que fumaba era lo suficientemente fuerte como para que Harry los oliera sin proponérselo.
Harry consideró ladrarle por no cuidar de sí mismo, pero simplemente no estaba en él. Después de tanto tiempo separados, no quería hacerle más daño.
Lentamente, sus pies se movieron, llevándolo más cerca de Louis hasta que estuvo a menos de un brazo de distancia. Harry no pudo reprimir un suspiro y se resistió a la tentación de alargar la mano y tocarlo.
—Pensé que se suponía que tenías que mejorar en tu permiso de convalecencia — murmuró.
—Tal vez tenía algunos asuntos pendientes que atender primero —respondió Louis con ironía, con voz baja y ronca.
—Cristo —masculló Harry—. Los dos somos un desastre de mierda.
—Me preocupabas —admitió Louis.
Harry suspiró y bajó la cabeza, alzó la vista para mirar a Louis con el ceño fruncido. La proximidad solo estaba aliviando su dolor tanto como nada.
—No podía dejar de pensar en ti.
—¿Por qué no viniste a casa? —preguntó Louis, permitiendo que la angustia se liberara.
—La misma razón por la que te fuiste —susurró Harry.
—¿Porque no sabías nada sobre el mercado negro de orquídeas? —preguntó Louis débilmente.
La risa de Harry fue ahogada, pero un risa.
—¿Alergias? —ofreció, tratando de bajar la cabeza para encontrarse con la mirada de Louis.
Louis levantó la barbilla e hizo contacto visual.
—Todavía bebo —le espetó—. Y todavía fumo cubanos ilegales. Y todavía llevo camareras a casa para follarlas cuando empiezo a pensar demasiado en ti.
El ligero humor abandonó los ojos de Harry, reemplazado por una mirada cautelosa. No había tocado una gota. No había tocado una pastilla. No había tocado un cigarrillo, porque eso era lo que Louis había querido. Y no se había atrevido a tocar a nadie más. Era la única manera que tenía de permanecer conectado a Louis, de convencerse de que este todavía podría desearle cuando finalmente volvieran a encontrarse.
—¿Se supone que eso tiene que asustarme? —preguntó finalmente.
—Necesitaba que lo supieras —respondió Louis tranquilamente.
Harry asintió lentamente.
—Y ¿qué es lo que tú necesita saber?
—¿Todavía me quieres cerca? —preguntó Louis después de un momento de considerarlo.
—Sí —respondió Harry en voz baja, todavía sin tocar como quería—. ¿Todavía me deseas?
—Sí —susurró Louis, la palabra apenas audible.
Harry dejó escapar un suspiro reprimido y desvió la mirada.
—Vámonos de aquí —sugirió mientras alcanzaba a Louis. El sonido de una de las puertas del ascensor cerrándose hizo saltar a Louis imperceptiblemente. Harry apartó la mano, luego asintió con la cabeza y miró a su alrededor, había olvidado que estaban en el maldito parking—. Vas a tener que sacar un coche o tomar un taxi —dijo en tono de disculpa—. Tengo la moto.
—Conduje mi furgoneta —murmuró Louis—. Pensé que mi nuevo compañero no querría arrastrarme a casa —dijo con una sonrisa un tanto socarrona.
—Maldita sea. Quería subirte a la Valkiria —murmuró Harry.
—De ninguna jodida manera —respondió Louis al instante—. Me saqué esas cosas de mi organismo hace una década.
Harry puso los ojos en blanco y dio un paso atrás.
—Mierda, Tomlinson. He dejado de beber, las drogas y de fumar por ti. No voy a dejar mi moto.
Louis sonrió lentamente, y un dejo de su anterior picardía regresó a sus ojos. Harry se cruzó de brazos tercamente, de mal humor.
—Bueno, eso es impropio —murmuró Louis mientras extendía la mano y tomaba el codo de Harry—. Monta conmigo —sugirió con una mueca que se convirtió en una sonrisa—. Podemos ponernos al día camino a casa.
—Está bien. —Harry dio un suspiro y comenzó a caminar a su lado—. Pero volvemos a por la Valquiria.
—Lo que tú digas, Hoss —murmuró Louis agradablemente. La sonrisa de Harry fue grande y tonta.
—Así que. Baltimore, ¿eh? ¿Crees que puedo encontrar algo de acción por allí? — preguntó mientras Louis le guiaba a un viejo Ford Bronco verde y marrón.
—Tal vez —respondió Louis serio—. Cuando los Ravens pierden puedes encontrar a un montón de gente borracha vagando por las calles en busca de consuelo físico sin sentido. Y las dos veces que los Orioles ganaron el año pasado fueron bastante emocionantes.
—¿Eres fan de los Ravens? —preguntó Harry mientras abría la puerta del lado del pasajero. Hizo una pausa mientras miraba el asiento del copiloto y la puerta a la que se aferraba, acallando la chispa de miedo irracional que le atrapó. Era por eso que ahora montaba en moto casi exclusivamente. A la mierda la lógica, la moto se sentía más segura que un coche—. Quiero decir, ¿eres un fan del… f-fútbol americano? —se obligó a decir, frotándose inconscientemente su brazo derecho mientras se subía a la camioneta.
Louis le echó un vistazo al oír el tartamudeo.
—Los Ravens fueron llamados así por el cuento de Poe, ya lo sabes —dijo mientras observaba a Harry. Ambos tenían sus cicatrices por dentro y por fuera. Ahora podía verlo.
Harry le miró a los ojos y se relajó lentamente.
—No —dijo en voz baja—. No lo sabía.
—Apuesto a que hay mucho que no sabes —le dijo Louis con una pequeña sonrisa burlona.
Harry curvó las comisuras de la boca.
—Sí. Seguro —estuvo de acuerdo.
Una vez que estuvieron en la carretera, Louis se acercó y deslizó los dedos entre los de Harry tentativamente. Su pulgar frotó distraídamente sobre el anillo de bodas que Harry todavía llevaba, luego le apretó la mano y mantuvo los ojos en la carretera transitada, sin mencionar el anillo ni todas las complicaciones que su nueva asociación podría conllevar. Louis apartó sus ojos de la carretera el tiempo suficiente para echar un vistazo a Harry y sonreírle torcidamente.
—Debería ser más fácil dormir esta noche —dijo en voz baja.
—Sí. Lo será.
Fin…
