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rendezvous in paris

Chapter 4: | DÍA 38: RIJEKA |

Notes:

Odié escribir este capítulo. Sin embargo... es mi favorito.

Chapter Text

El día en Zagreb estaba nublado y frío. Había poco movimiento en las calles y las pocas personas con las que se cruzaba Marlene parecían tristes. Quizás Marlene reflejaba su tristeza en ellas, pero no estaba lista para admitirlo. Había disfrutado todos los lugares que había visitado en las últimas dos semanas, pero una sensación de vacío y culpa la envolvía todo el tiempo. No entendía qué había hecho para provocar que Dorcas se marchara sin una despedida.

Cuando llegó a la estación de autobuses, Marlene compró un boleto a Rijeka y en la espera decidió llamar a James. Se acercó a un teléfono público, marcó el número y esperó ansiosamente mientras el teléfono sonaba al otro lado de la línea. Finalmente, James respondió: “¿Hola?”

"James, soy yo", comenzó Marlene, su voz temblorosa.

“¡Marlene! ¿Estás bien? ¿Dónde estás? ¿Necesitas que te busque?”

Ella suspiró riendo. “Estoy bien, James. Estoy en Zagreb, esperando que llegue el autobús a Rijeka.”

“Bien, ¿qué tal estuvo Vienna?”

“Vienna me gustó.”

“Ajá…”

“No sé qué más decir. Los lugares que estuve visitando fueron muy lindos.”

“¿Marls?”

“¿Sí?”

”¿Volviste a encontrarte a Dorcas?”

“No desde Múnich, no.”

“Quizás estaba apre-”

“No quiero hablar de ella.”

“Está bien.”

“¿Cuándo volverás a ver a Regulus?”

“Cuando salga de bañarse”

“¿Regulus está en Londres?”

“Sip.”

“¿Conoció a tus padres?”

“Todavía no, pero sí conoció a Lily. Se llevan bien.”

“¿Cómo está Lily?”

“Muy bien. Quiere conocer a la mejor amiga de Reg.”

“¿Por qué?”

“Regulus le dijo que a Pandora le encantan las pelirrojas. Pandora es la mejor a-”

“Entendí,” Marlene lo interrumpió. “¿Y sabes algo de Mary?”

“Sí, la semana pasada fue- espera… ¿dijiste que irás a Rijeka?”

“¿Sí?”

“¡Pandora vive en Rijeka!”

“¿Bien por ella?”

“No… digo que la puedes conocer.”

“James… no puedo ir por Rijeka y buscar a Pandora y decir: ¡Hola! Soy la mejor amiga del novio de tu mejor amigo…”

“¿Por qué no?”

“No lo sé. Es… extraño.”

“Bueno…”

“¿Qué hay de nuevo?”

“¡Ah, Marlene!

“¡Auch! ¡James!” 

“¡En veinte días volveré a Francia y conoceré al hermano de Regulus!”

“¿Quiere presentarte a su hermano? Entonces realmente quiere algo serio contigo…”

“¿Lo dudabas?”

“No lo sé. Es muy reservado, no esperaba eso de él tan pronto.”

“Ni yo, pero quiere hacerlo. Quiere que yo conozca a la persona más importante en su vida. Y yo también quiero que él conozco a todos mis seres queridos y que mis seres queridos conozcan al hombre que amo-”

¿El hombre que qué?

“¿Ese fue Regulus?” Marlene preguntó al oír una nueva voz alejada en la otra línea.

¿James?

“Yo-eh… no es que-es decir, yo no quería decir-eh no me refería a-”

“Hablamos luego, James. Adiós,” Con un suspiro, Marlene colgó el teléfono y se dirigió hacia el autobús que la llevaría a Rijeka. Eligió un asiento junto a la ventana y se instaló cómodamente.

Campos verdes, colinas ondulantes y pequeños pueblos se desenvolvieron frente a ella, pero nada le importaba. Su mente siempre volvía a Dorcas. A su sonrisa, a su perfume, a su piel, a sus labios, a su pulsera…

A mitad de camino el autobús hizo una breve parada en un pueblo pintoresco, donde alguien ocupó el asiento junto a ella. Al girar la cabeza, se encontró con la inconfundible sonrisa de Dorcas. Marlene, asombrada, inclinó su cabeza hacia adelante y se cubrió la cara con ambas manos. 

"No puedo creerlo..." Dorcas rió. “Por favor, dime que vas a Rijeka.”

“Sí,” Marlene contestó aunque no haya querido hacerlo. Se acomodó en su asiento, subió sus piernas en él para llevarlas contra su pecho. No quería ver a Dorcas, así que se concentró en el paisaje.

“¿Por dónde anduviste?”

“Varios lugares.”

“Y… ¿Cuánto tiempo estarás en Rijeka?” 

“Dos días.”

“¡¿Solo dos días?!”

“Eso dije.”

“¿Me puedes mirar?”

“¿Para qué?”

“Porque estamos teniendo una conversación y es de mala educación no mirar a las personas cuando hablas con ellas.”

Marlene frunció el ceño y se volteó para mirar a Dorcas. “También es de mala educación no despedirse de alguien cuando te vas, pero eso no te detuvo en Múnich.”

“Touché,” Dorcas respondió. Marlene rodeó los ojos y volvió su mirada a la ventana. “Entré en pánico. Perdón. No supe qué hacer. No quería lastimarte.”

“Solo fue un error entre dos desconocidas, ¿por qué me lastimaría?”

“¿Desconocidas? Hoy eres la persona que más me conoce. No somos desconocidas.”

“No creo que eso sea cierto.”

“Si solo fue un error entre desconocidas… ¿Por qué estás tan molesta conmigo por haberme ido sin saludarte?”

“Porque hasta ese momento estaba segura de que te conocía.”

“Marlene…”

“Ya no importa. Desde un principio dejaste en claro quién eras. Y ahora lo entiendo.”

“Por favor, no es así. Necesito que me-”

“Dorcas,” Marlene la interrumpió. “No quiero oírlo. No importa.”

“¿Me puedes mirar?” Marlene le hizo caso. “Perdón.”

“¿Podemos hablar de otra cosa?”

“Por supuesto. Así que… te quedarás dos días en Rijeka.”

Marlene asintió. “Y dos noches,” agregó. “¿Tú?”

“No lo sé, pero te aseguro que más de dos días,” respondió mientras buscaba algo en su mochila.

“Y dos noches,” Marlene repitió.

“¿Dónde te hospedarás?” Preguntó Dorcas, partiendo por la mitad un chocolate y ofreciéndole una mitad a Marlene.

Marlene aceptó el chocolate. “Aún no lo sé,” respondió antes de darle un mordisco al mismo. 

“Mi mejor amiga vive en Rijeka. Es por eso que estoy yendo.”

“Me alegro.”

“¿Te gustaría quedarte con nosotras?”

“La verdad que no.”

“A ella no le va a molestar. Su casa es muy espaciosa y la zona donde se encuentra es muy linda, te va a encantar.”

“No, gracias.”

“Por favor. Podemos pasar dos días juntas.”

“Nos quedan alrededor de dos horas de viaje. Yo creo que eso es suficiente.”

Dorcas no volvió a hablar. El resto del viaje fue, mayormente, en silencio.

Rijeka las recibió con aire fresco y sol brillante. La estación estaba casi vacía. Marlene esperó a que Dorcas bajara del autobús para levantarse de su asiento y salir sin despedirse.

Se acomodó la mochila en su espalda y empezó a caminar, ignorando a Dorcas, quien estaba abrazando a una rubia.

“¡Marlene!” La llamó, pero ella siguió caminando. Podía escuchar unos pasos rápidos acercándose a ella. “Marlene,” Dorcas repitió, ya al lado de ella. “¿Puedes dejar de caminar? Marlene,” Dorcas la tomó suavemente del brazo para detenerla.

“¿Si?” Volteó para mirarla y pudo notar que la rubia estaba detrás de ella. 

“Pandora, ella es Marlene. Marlene, ella es Pandora, mi mejor amiga.” 

“La famosa Marlene.”

“Pandora de Rijeka…”

La rubia se acercó y la saludó con un beso en cada cachete. Marlene pudo notar que su pelo era en realidad blanco.

“No soy de Rijeka, pero vivo aquí.”

Marlene sacudió su cabeza. “Me refiero… ¿Conoces a Regulus Black?”

“Reggie es uno de mis mejores amigos.”

“¿Tú conoces a Regulus?” Dorcas le preguntó sorprendida a Marlene.

“Sí,” le respondió sin mirarla, su atención puesta en Pandora. “Mi mejor amigo, James, lo conoce.”

“¡¿Tu eres la mejor amiga de James?! ¡No puedo creerlo!”

“El mundo es muy pequeño.”

“Todo este tiempo estuvimos conectadas,” observó Dorcas.

“Qué lindas,” Pandora las miraba con ternura. “Dime, Marlene, ¿Dónde te hospedarás? Tengo auto, puedo llevarte.”

“Dímelo tú, ¿cuál es el mejor lugar?”

“No puedo ser objetiva con esa pregunta. El mejor lugar es mi casa. Varias veces en el año vengo a la estación para encontrar personas sin hospedaje y les ofrezco la habitación de invitados. Tengo muy buenas reseñas escritas en la libreta que dejé en el tocador.”

Marlene sonrió tímidamente, esperando que siga hablando.

“Esa fue su manera de invitarte a su casa,” Dorcas le explicó.

“Lo siento, pensé que había quedado claro,” Pandora se disculpó. “¿Te gustaría quedarte con nosotras? Por supuesto que no tendrás que pagar nada. La novia de mi mejor amiga y la mejor amiga del novio de mi mejor amigo es mi amiga. Te puedes quedar el tiempo que quieras y/o necesites.”

“Gracias, Pandora. Pero prefiero ir a algún hotel.”

Dorcas la agarró de los hombros. “Por favor, ven con nosotras.”

Marlene no quería. No quería ver a Dorcas nunca más. Marlene quería ir a un hotel y explorar la ciudad sola. No tenía ganas de compartir su tiempo con Dorcas. Ya no. No tenía sentido.

James pasó por su mente. No podía quedar mal frente a Pandora y arriesgar que ella hable con Regulus sobre la situación y que eso pueda afectar de alguna manera la relación de James.

“Está bien. Gracias, Pandora.”

El trayecto hacia la casa de Pandora transcurrió en silencio, interrumpido solo por el murmullo de la conversación entre Dorcas y su amiga. Marlene se sentía ajena a la situación, desconectada de la realidad que la rodeaba.

Al llegar a la casa de Pandora, Marlene fue recibida por una atmósfera hogareña y acogedora. Las paredes estaban adornadas con cuadros coloridos, estanterías repletas de libros y plantas, y grandes ventanales.

Pandora la guió hacia la habitación de invitados, donde Marlene se instaló con cautela, sintiéndose como una intrusa en un lugar desconocido.

“¿Tú dónde dormirás?” Marlene le preguntó a Dorcas.

“¿No dormirán-”

Dorcas interrumpió a su amiga. “Con Pandora.”

“De acuerdo…” Pandora empezó. “¿Qué les gustaría cenar? Yo cocinaré. Podemos ir al mercado y comprar lo que ustedes deseen.”

Pasaron toda la tarde explorando el mercado, deteniéndose para curiosear entre los puestos de artesanías y productos frescos. Pandora les daba opciones de comida y, después de una larga lista, optaron por la pasta istriana con salsa de carne. Compraron todos los ingredientes y regresaron a la casa de Pandora, donde ayudaron a la anfitriona a cocinar.

Esa noche, después de la cena, Marlene se retiró a la terraza para disfrutar del aire fresco y las vistas de la ciudad iluminada.

“¿Puedo sentarme?”

Marlene miró a Dorcas, quien estaba parada en la puerta sin saber qué hacer, y asintió.

Se sentaron juntas en silencio durante un momento, hasta que Dorcas rompió el silencio. "Perdóname. Me desperté y entré en pánico y me fuí sin pensarlo. No quería lastimarte. No quería que te molestaras conmigo," comenzó Dorcas con sinceridad.

Marlene sintió un nudo en la garganta. "Sé que solo fue un beso, pero-” tragó fuerte. “¿Te arrepientes?"

Dorcas negó con la cabeza rápidamente y colocó una mano sobre la de Marlene. "No. Por supuesto que no."

“¿Entonces, cuál fue el problema?”

“El problema es que no me arrepentí. El problema es que quería hacerlo de nuevo. Quiero hacerlo de nuevo.”

“¿Quieres que seamos amigas?”

“Pensé que ya lo éramos…”

Solo amigas.”

“Ah,” Dorcas suspiró y corrió su mirada hacia la ciudad. “No…” susurró.

“¿Qué?” Marlene se acercó para escucharla mejor y Dorcas volteó para mirarla.

“No.”

“No quieres ser mi amiga y no me puedes ofrecer nada más. No sé qué esperas de mí.”

“¿Podemos ser solo tú y yo disfrutando el ahora?” Dorcas le preguntó con ojos suplicantes.

“¿Podrás disfrutar el ahora sin enamorarte?”

Dorcas rió para sí misma. “No creo ser capaz de enamorarme.”

Marlene no le creía. Podía ver en sus ojos lo que realmente pensaba… lo que realmente quería. Marlene bajó su mirada a los labios de Dorcas. “¿Solo tú y yo?”

Dorcas asintió lentamente y Marlene la besó.

Se quedaron en la terraza por horas, disfrutando de la compañía de la otra, de los besos bajo las estrellas, y de las largas charlas en la madrugada.

”Me gustan tus ojos marrones.”

“¿Si fueran de otro color no te gustarían?” Dorcas enarcó las cejas.

“Incluso aunque fueran rojos me gustarías… tus ojos.”

“El rojo es tu color favorito, por supuesto que te gustarían mis ojos si fueran de ese color.”

“Es mi favorito, pero no como color de ojos.”

“¿Pero en mi, sí te gustarían?”

“Un poco.”

“¿Poco?”

“Poco mucho… un poco bastante.”

Dorcas rió. “A mi me gustan tus ojos azules.”

“¿Azules como el mar?”

“Azules como la profundidad del océano y brillosos como las estrellas en el cielo nocturno.”

“Pensé que era negra la profundidad del océano.”

“No critiques mi poema…”

 

(***)

 

“Es extraño que no te haya hecho esta pregunta antes, pero ¿a dónde tienes planeado ir después de Croacia?”

“Daré una gran vuelta por Italia”

“Creo que ese es mi siguiente destino,” Marlene confesó.

“Si no tienes nada de tu viaje planeado, ¿por qué no te quedas unos días más aquí? Podemos ir a Italia juntas.”

“No puedo.”

“¿Por qué?”

“Porque yo sí soy capaz de enamorarme.”

 

(***)

 

“¿Estás segura que no te puedes quedar un tiempo más?” Pandora le preguntó a Marlene por quinta vez, mientras la abrazaba.

“No puedo, Panda.”

“Está bien. Recuerda que siempre serás bienvenida. ¡Y tu amiga Lily también!”

Marlene soltó una carcajada. “Se lo haré saber. Gracias por todo, Pandora.”

Se abrazaron una última vez y Pandora entró a su casa para darles privacidad.

“Te voy a extrañar,” admitió Dorcas. “Me acostumbré a tu presencia… y a tus besos.”

Marlene la besó. “No creo que esto sea realmente un adiós.”

“No lo sabemos…”

“Yo lo sé,” aseguró Marlene. En ese momento pudo ver al señor que ofreció llevarla, haciéndole señas para que cruzara la calle. “Te veo la próxima vez que el destino decida cruzarnos,” Marlene le guiño un ojo y sin esperar respuesta, cruzó la calle y subió al auto.

 

UDINE

 

VENECIA

 

Notes:

Lo que está en francés me lo tradujo una amiga. Si está bien o no... no sé. La intención es lo que cuenta.

- Bonjour mon amour. Tu m'as manqué. (Hola, mi amor. Te extrañé).

Ana, si estás leyendo esto... gracias por tanto y perdón por tan poco. XD