Actions

Work Header

Buzo Amarillo

Chapter 2: 2

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Suspiraste en el momento en que entraron al ascensor con destino, por fin, al departamento. No te molestaba llevar a los compañeros de tu novio a sus casa pero tener la mano de él, durante todo el trayecto en tu pierna no era algo que podías ignorar. 

Se había despedido de sus compañeros con efusividad: Primero de Pablo y Matías y después de Roberto. Los tres agradecieron el viaje a casa y después de la última parada, pusiste rumbo al último punto del viaje.

—¿Qué querés comer? —preguntaste, abriendo la puerta mientras él iba a dejar sus cosas a la habitación y vos a la cocina para ver qué podían cenar esa noche.

—A vos te quiero comer, ¿Está disponible el plato? —bromeó Lionel, abrazándote por la espalda, con sus brazos por tu cintura. Los labios de tu novio empezaron un camino por tus hombros, por tu cuello y en un segundo, estaban frente a frente. Gemiste de sorpresa cuando Lionel levantó una de tus piernas para que quede en su cintura. Aprovechaste a pasar tus manos por cuello y con su ayuda, ahora tus dos piernas rodeaban su cintura y sus centros, aún cubiertos por su ropa, estaban en constante roce. 

—No sabes cuánto te extrañé —comentaste entre besos. La casi invisible barba de Lionel raspaba tu cuello cada con cada beso que el pelinegro te daba de camino al living. Sin dejar de estar en contacto y casi sin dejar de besarse, Lionel se sentó con vos sobre su regazo. 

—Yo también, esa boquita, tus manos, todo extrañe. Vas a tener que empezar a venir conmigo, me parece porque esto de estar tanto tiempo separados cada vez me gusta menos.

—Vos solo querés que vaya con vos para esto, para coger —retrucaste. Lionel sonrió de costado y negó con su cabeza, mientras deslizaba sus manos por dentro de tu remera con el afán de deshacerse de ella. Volvieron a besarse pero decidiste tomar las riendas por algunos minutos y bajaste una de tus manos a su bulto—. Me parece que vamos a tener que hacer algo con esto, ¿no? 

Hace lo que quieras, mi amor —te arrodillaste en el piso y tiraste del elástico del jogging de Lionel, haciendo que baje por sus piernas hasta tocar el suelo. 

—Mira si vas a tener semejantes piernas, hijo de puta.

Lionel río por tu comentario y automáticamente gimió cuando pasaste una de tus manos por sobre su bóxer blanco, delineando la longitud que ahí escondía. Sonreíste coqueta por su reacción y bajaste su ropa interior con bastante apuro. 

—Que bien se porta mi nena —atinó a decir Scaloni antes de llevar su glande a tu boca, subiendo y bajando, empezando a marcar un ritmo. Él llevó una de sus manos a tu cabeza, sin hacer mucha presión para no lastimarte pero sabiendo que no te molestaba en lo absoluto. 

Las vistas de Lionel eran magníficas: tus manos apoyadas en sus carnosas piernas, su pija desapareciendo en su boca una y otra vez y vos, tratando de tomar su longitud por completo. Suspiraste cuando, con sus dos manos, te alejó de su miembro, murmurando que no quería acabar en tu boca por más ganas que tuviese.

Te volvió a sentar sobre sus piernas y sin mediar palabra te devoró a besos, paseó tus manos por tu pecho y espalda, llegando a tu corpiño para desabrocharlo. Con unos cuantos besos, llegó a tus pechos y no pudiste controlar los gemidos cuando se dedicó a besar y morderlos, a la par de una fricción entre sus centros casi insoportable.

Le sacaste el buzo amarillo de los Lakers, la remera negra para por desnudarlo por completo. Lio te ayudó a sacarte el short que tenías puesto y la última prenda que te vestía. Cerraste los ojos con fuerza y gemiste cuando dos de sus dedos empezaron a tantear tu entrada, empezando a marcar un ritmo. 

—Lio, por favor —rogaste, cuando sus dedos tomaron más ritmo y su pulgar tanteaba la zona, tocando ese botón de nervios que te volvía loca. 

Con su mano libre, en tu espalda baja, te empujó más hacia él, sin dejar de mover sus dedos y ahora, dándote besos en el cuello, hombros y tus labios, con un orgasmo golpeando la puerta. Apretaste sus hombros, mordiste sus labios y un gemido lastimero salió de tus labios en el momento exacto.

—Ah… ¿Te gustó? —preguntó el DT, tu pecho subiendo y bajando, completamente alterada por el orgasmo que acababas de tener.

—Mira lo que me preguntas, obvio que si —los dos rieron con tu respuesta. 

—Vos sabes que… el otro día me apareció el vídeo de cuando te preguntaron si arriba o abajo … y claro, ni respondiste…

—A esta altura… ¿No sabes lo que prefiero en la cama? —reiste por lo estúpida que estaba siendo esa interacción durante el sexo y Lionel pareció reírse por lo mismo.

—Mhm, dejame adivinar —levantaste lo justo y necesario tu cuerpo para alinear tu entrada con su erección. Scaloni te ayudo y de una estocada entro en vos. 

—Así me gusta —subiste y bajaste, al principio lento para acostumbrarte al tamaño de tu chico, que no era un detalle menor. De a poco y con las manos de él en tus caderas, apretando aquella carne, fueron aumentando la velocidad.

Abrazaste a Lio por el cuello y él, ni lento ni perezoso, empezó a besarte, chuparte y morderte cuánto pedazo de piel tuyo tuviera a su alcance. Realmente se habían extrañado y esto era solo una prueba de ello, los dedos de Lionel apretaban tus caderas cada vez más fuerte y cada vez te empujaban más abajo y vos cada vez te deshacías un poco más en sus brazos.

—Dale mi amor, un poquito más —pidió él, casi en un susurro en tu oído, sintiendo como tus paredes lo apretaban con cada estocada un poco más. Bajo su pulgar, una vez más, a tu punto nervioso y ni siquiera pudiste contar las veces que su dedo giró sobre él porque quedaste embobada cuando la presión en la parte baja de tu estómago, desapareció. 

Tu cabeza cayó en el hueco entre su hombro y cuello, Lionel embistió dos tres veces más hasta vaciarse por completo dentro tuyo. Sus manos acariciaron tu espalda y dejó un casto beso en tu sien, mientras se paraba (con vos entre sus brazos) para ir a la habitación que compartían. Los dos se acostaron sobre el colchón, abrazados, con tu cabeza en tu pecho, sin importar el desastre de ropa que había quedado en el living.

—Me voy a ir más seguido si me vas a recibir así siempre.

—No das más de pajero vos, eh —Lio se rió por tu comentario y escondiste tu cabeza en su cuello, mientras él te abrazaba y acariciaba la espalda suavemente.

—¿Querés que te muestre los chats donde me pedís que use las calzas ajustadas? —ahora los dos se fueron y negaste con tu cabeza—. Ah, viste que no somos tan cocoritas cuando queremos…

—¿Qué vamos a comer? 

—Yo ya comí, no sé vos…



Notes:

bueno no es mi mejor escritura pero espero les haya gustado

Notes:

NO DESESPEREN ya estoy trabajando en la segunda parte :)