Chapter Text
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Después de la discusión que el guerrero de géminis tuvo con Hakurei, el patriarca dio la indicación de que almenos por esa noche todos descaran y se liberaran de las responsabilidades habituales. No deseaba que más problemas comenzaran a surgir.
A la mañana siguiente Aldebarán y Regulus se despidieron de sus compañeros, partiendo en los navíos del santuario a las tierras nórdicas en el reino de Asgart. El viaje había durado 2 días en el que el pequeño león se refugió en su habitación. Pensaba sobre los acontecimientos que ocurrieron antes de partir del santuario.
Su alfa estuvo a punto de iniciar una pelea con el maestro Hakurei para protegerlo de las decisiones de su señora, y aunque eso lo hacía sentirse amado, también temía por las consecuencias que le costaría a su pareja. Nadie se había atrevido a levantarle la voz a su santidad por el respeto que este tenía con todos los guerreros, ni siquiera su padre fue capaz de hacerlo. Pero Aspros era el primer santo dorado en revelarse sin el temor que de nuevo fuese castigado por algo relacionado a sus descuidos.
Incluso la muerte de Albafica lo hacía sentirse culpable, inconscientemente pensaba que sería mucho mejor si Manigoldo apreciara el mismo dolor que padecía cuando su alfa no le prestaba atención. Sin embargo, ahora uno de sus hermanos omega ya no volvería y era muy probable que su alfa sufriera a tal punto de querer morir.
"Nunca desee que eso pasara, perdóname Albafica" – cubrió su rostro para llorar en silencio, juzgando que era una mala persona por dejar que sus emociones inmaduras tomaran control de sus acciones – Solo deseo que todos podamos tener una vida normal.
El suave golpeteo en su puerta lo hizo levantar la mirada mientras limpiaba sus ojos llorosos para no llamar la atención, probablemente eran los guardias queriendo anunciar la llegada en Asgart. No obstante, cuando les dio el permiso de ingresar a su habitación se sorprendió de ver Aldebarán con una sonrisa en su rostro.
– ¿Te importa si te hago compañía un rato?
– Claro, adelante – Trato de fingir una de sus sonrisas radiantes, permitiéndole sentarse a su lado
– No sé qué está pasando por tu cabeza ahora Regulus, pero no necesito oler tus feromonas para darme cuenta de que te sientes triste – toco su cabeza con suavidad, notando la rigidez en su cuerpo – Todos nosotros nos sentimos de la misma forma por la partida de Albafica, fue un guerrero formidable que probablemente lucho hasta el final por la justicia verdadera. Llorar en silencio no lo traerá de vuelta y mucho menos te ayudará asentirte mejor. Si tienes miedo de nuestra misión o lo que puede pasarle a Aspros por su rechazo, no es necesario que lo enfrentes solo. Recuerda que tu padre me hizo prometer que te cuidaría.
Al escuchar las palabras de su compañero, el joven leonino no pudo evitar soltar en llanto tratado de ocultar su rostro con sus manos. A veces olvidaba que el santo de Tauro fue su segunda imagen paterna en el santuario.
– Señor Aldebarán ¿Cree que soy una mala persona?
– ¿Por qué lo preguntas?
– Cuando el patriarca Sage dio el permiso a los omegas de elegir a nuestros protectores, me sentí muy orgulloso de tomar a Aspros como mi pareja de vida, y que el me aceptara sin rechazo alguno me hizo más feliz. La persona que hace años me había salvado, finalmente se convertiría en mi Alfa, Pero al mismo tiempo experimenté celos de aquellos que se le acercaban para para llamar su atención. Las pitonisas, doncellas... Manigoldo.
Cubrió su propia boca, abrazándose al santo de tauro para ocultar su vergüenza y culpa
– Me da miedo admitir que llegue a desear que algo malo le ocurriría para alejarlo de mi Alfa, tal vez yo provoque la muerte de su omega ocasionando su dolor... preferí mi propio bienestar en lugar de pensar en la felicidad de mis amigos – lloro con más fuerza sujetando las ropas de su primer maestro en busca de consuelo – ¿soy alguien malvado?
Antes de poder formular otra pregunta, un suave toque en sus cabellos lo hizo calmarse de inmediato. Las feromonas de Aldebaran eran tan suaves que fácilmente se podrían mezclar con cualquier casta sin provocar algún malestar. Después de todo entre los doce santos dorados, solo tauro era el único alfa que podía congeniar con sus pares sin intenciones malignas.
– No pienso que seas malvado, solo eres un pequeño que trata de asumir responsabilidades de adultos – continuo con sus mimos pensando en todo lo que un joven como Regulus tenía que asumir a tan corta edad – algo que no debes olvidar es que nadie puede ser perfecto, somos humanos y como tal, pensaremos cosas tontas la mayor parte del tiempo. Tienes derecho a desear cosas para ti mismo porque eres un niño, tu naturaleza debería ser la de alguien que solo se preocupe por estudiar, jugar con sus amigos y tener la dicha del primer amor. Pero por cuestiones del destino tuviste que madurar muy pronto para formar parte de una guerra, el que sientas culpa por tus pensamientos solo demuestra el alma inocente que posees.
Con sus palabras reconfortantes, el joven león pudo calmar su llanto permitiendo descansar un poco sobre el regazo de su primer maestro. Escuchar de alguien más que no era una mala persona, lograba hacer que sus pensamientos guardaran silencio.
– La muerte de Albafica fue una perdida dolorosa para todos. El único culpable es Avido de altar. Estoy seguro de que Manigoldo hizo su mayor esfuerzo para proteger a su omega, aun si sacrificaba su propia vida. Por eso se siente tan dolido que probablemente necesite de nuestra ayuda para salir adelante, así que cuando regresemos al santuario puedes disculparte con él.
Régulos asintió con la cabeza, limpiando el rastro de sus propias lágrimas. Comprendía que, si deseaba sentirse mejor, el primer paso sería tratar de socializar con su camarada.
Antes de regresar a sus deberes, el estruendo del mar y los gritos de los guardias advirtieron de la llegada del dios de los mares quien apenas emergió del océano, toda el agua comenzó a elevarse anunciado la pelea que se avecinaba.
•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°• SANTUARIO DE ATHENA
Al cabo de unos días de viaje, el canceriano finalmente había regresado al santuario siendo recibido por algunos guardias, quienes le avisaron que la señorita Athena requería su presencia en el su templo principal. No obstante, el santo los ignoro pasando a un costado de ellos a pesar de los llamados que recibía. Su semblante era frio y sin emociones que no tenía el deseo de hablar con nadie.
Cuando tuvo que pasar por Aires, Shion inmediatamente salió a recibirlo junto con Dohko tratando de verificar si tenía heridas que aún no habían sido tratadas, pero debido a una advertencia de su cosmos, tuvieron que detenerse a una distancia prudente. Manigoldo no quería que nadie lo tocara y mucho menos responder a preguntas, simplemente deseaba estar solo y descansar, por lo que continuo su travesía por Tauro, el cual agradeció que estuviese vacía para evitar un encuentro incómodo.
Cruzar géminis fue casi la misma sensación que Aries. Deuteros, y Asmita se encontraban en el templo, que en cuanto lo vieron llegar trataron de llamar su atención gritando su nombre. Sin embargo, no hubo nada más que un movimiento en sus manos en señal de saludo.
Deuteros quiso correr a su lado para obligarlo a detenerse, pero fue impedido por su pareja quien negó con la mirada. Comprendía que en esos momentos su amigo era peligroso por el odio y tristeza que padecía, los espíritus a su alrededor estaban molestos que no dudarían en atacar a cualquiera que le pusiera un dedo a su portador. Lo único que podían hacer era darle su espacio.
En el momento que ingreso a su templo, el santo de cáncer levanto una barrera que impediría el ingreso de cualquier santo dorado, incluyendo a su maestro o el anciano Hakurei. Le daba igual ser reprendido por su diosa o incluso ser degrado a rango de palta, solo quería dejar de sentir el dolor de haber perdido a su omega.
Los días pasaron con lentitud y Manigoldo aún se reusaba a salir de su templo. Muchos de sus compañeros trataron de destruir su barrera para obligarlo a salir, pero nadie tuvo éxito. Incluso Sage se abstenía en querer molestarlo porque entendía el luto que un Alfa debía de soportar, pero ya había trascurrido una semana completa en el que su estudiante no quería salir y atender los llamados de Athena. Si continuaba así podría cometer el pecado del suicidio, por lo que tuvo que pedir la ayuda de Aspros en tratar de razonar con él.
Al principio el santo de géminis quería abstenerse de visitar a su amigo por los problemas que tenía en esos momentos, ¿Cómo alguien que estaba en condiciones peores podría serle de ayuda?, su mente estaba ocupada pensando en la seguridad de Regulus al no tener noticias de su misión, no habían recibido alguna carta de la regente Hilda y mucho menos alguna señal de que se encontraran a salvo. Ahora debía obligar a su amigo a ponerse de pie. Maldecía su suerte por ser el recadero del patriarca y tener que escuchar a sus compañeros para salvar a su amigo.
Cuando llego al cuarto templo, pudo sentir un gran poder acumulado advirtiendo que todo aquel que lo molestara sufriría un castigo. "¿Tan mal estas que no deseas ver si quiera al patriarca?"
Cerró sus ojos concentrando su poder para usar la otra dimensión y evitar la barrera. Con recorrer los pasillos pudo sentir el cambio de temperatura a medida que se acercaba a la habitación, el clima descendía tanto que se asemejaba mucho al templo de acuario.
Una vez llego al cuarto, pudo ver el cuerpo de su amigo hecho un ovillo en el suelo quien aún portaba sus ropas de viaje, dando veracidad de que jamás se movió cuando regreso de Italia. Podía notar el rastro de sus lágrimas y su cosmos casi apagado.
– ¿No crees que ya es hora de intentar salir? – Trato de suavizar su voz, manteniendo su distancia – todos están preocupados por ti, sobre todo Shion y mi hermano.
– No recuerdo haberte permitido estar aquí – su mirada se mantenía fija en las paredes ignorando su pregunta – ¿Acaso me llevaras en presencia de Athena?
– ¿Me veo como el recadero de esa niña? – respondió con diversión arrodillándose – una mujer que nunca ha padecido el dolor de la perdida, jamás comprenderá por lo que estás pasando. Debe dolerte mucho si ya no deseas moverte, en mi opinión estas mejor aquí.
– ¿Entonces porque viniste?
– Eres importante para mí – respondió de forma automática, logrando ver un cambio en expresión de su amigo - te di tu espacio porque sabía que era bueno que te desahogaras lo suficiente para apaciguar tu dolor, pero ha pasado más de una semana y continuas sin querer moverte – se acercó lo suficiente para estirar su mano y tocar sus cabellos - Lo que paso en Italia no fue tu culpa, hiciste todo lo que estuvo a tu alcance para proteger Albafica que no sabías...
– ¡Cierra la boca! – grito con odio, golpeando su mano para alejarlo – cállate, solo cállate... no quiero que me sermones con lo mismo que llevo escuchando todos los días – la furia en su interior provoco que la temperatura del templo bajara haciendo que la luz de las antorchas comenzara a parpadear – claro que fue mi culpa, yo lo descuide un momento y permití que Avido lo asesinara frente a mi... no pude salvarlo... le falle como Alfa.
Poco a poco la luz comenzó a extinguirse dejando en la habitación en completa oscuridad. La furia del guardián no solo provocaba frio a sus alrededores, también llamaba a los espíritus esperando el momento en el que debiese usarlas.
– Lamentarte en la oscuridad no lo traerá de regreso – se levantó del suelo pensando que tal vez debería tomarlo por la fuerza para sacarlo del templo – y si continúas negándote en seguir adelante, tendré que obligarte.
– No quiero verte –
Con sus últimas palabras los espíritus explotaron directamente en contra el geminiano, provocando que saliera disparado a los pasillos del templo. "Realmente está muy molesto, me golpeo con la intención de matarme" pensó con inquietud, tocando la herida en donde recibió la explosión. "Si no estuviese usando la armadura dorada probablemente me habría derrotado". Abandonar el templo ya no era una opción, los siguientes que trataran de razonar con cáncer podrían terminar heridos, así que tendría que calmarlo antes de que eso pasara.
– Si quieres pelear al menos ten la decencia de salir – encendió su cosmos al máximo, encerrando una gran cantidad de almas en su técnica ARCMENGA. Sabía que estaba en desventaja por encontrarse en un lugar donde los espíritus podían llegar con facilidad, pero no abandonaría a su amigo – Manigoldo, no vine aquí a pelear contigo.
– Entonces lárgate de mis dominios – respondió con furia, caminando en su dirección para quemar las almas de su alrededor encerrándolo en un círculo de fuego, podía escuchar los lamentos de sus sirvientes al estar quemándose, pero eso no le importaba solo quería alejarlo – te doy la última oportunidad de retirarte antes de que incinere tu maldita alma.
– Si desquitarte conmigo te ayuda a sentirte mejor entonces hazlo, golpéame tanto como quieras – al estirar su mano para salir del círculo, su armadura comenzó a quemarse provocando que lastimara su cuerpo físico, también su alma – ¿tanto es tu rencor que no te importa desobedecer tu juramento? ¿Acaso no las escuchas gritar?
Su mirada titubeo por unos segundos al recordar la promesa que hizo con su maestro "toda alma que llega con nosotros es una persona pidiendo ayuda, nuestro deber será protegerlas y guiarlas al camino del yomotsu esperando que pueden trascender. Recuerda que las llamas demoniacas jamás deben ser usadas en almas puras, al hacerlo su esencia desaparecería y jamás encontraran el descanso eterno"
– ¡Cállate!– cubrió sus propios oídos apagando las llamas azules para liberar a sus espíritus – no quiero que estés aquí, de todos los que pudieron venir a hablar conmigo eres al que menos deseo ver.
– Acaso sigues sin confiar en mi – chisto con molestia, sujetando la herida en su brazo – creí que ya habíamos dejado las peleas en el pasado.
– Imbécil, es porque eres la representación del Alfa en el que me quería convertir – grito con fuerza, golpeando uno de sus pilares – el que me veas llorando me hace sentir débil, que clase de ejemplo seré para los aspirantes si no puedo superar este obstaculo. No me siento bien, jamás pensé que amaría tanto Albafica al punto de desear morirme por su ausencia... solo quiero verlo una vez mas así que ayúdame en hacer mi deseo realidad, solo mátame.
Preocupado por su respuesta, Aspros corrió a su lado abrazándolo con fuerza. Sabía que el dolor de la perdida del omega era algo insoportable que muchos alfas morían de tristeza, pero jamás creyó que la depresión podría orillarlo al suicidio.
No quería verlo así, odiaba a la maldita de Athena y al viejo Hakurei por haber ignorado su petición, si tan solo lo hubiesen enviado a él en lugar de Albafica, Manigoldo no estaría tan destrozado.
– Todo estará bien – susurro sobre su oído atrayendo su cuerpo para abrazarlo con más fuerza – No eres alguien débil, el que estés tratando de vivir me demuestra tu fortaleza como Alfa. Toma el tiempo que necesites para mejorar, me asegurare de que nadie te moleste y todos los demás harán lo mismo. Deja pensar de esa forma... nosotros te necesitamos.
– No hagas esto por lastima, el que seas amable conmigo se siente extraño.
– Al menos estamos de acuerdo en eso – sonrió levemente disfrutando de la calma que ahora gozaban – pero como tus acompañantes de lastimaron sin la oportunidad de defenderme, estas en deuda conmigo. No deseo que se corra el rumor de que fui derrotado por un cangrejo.
Ante sus palabras pudo escuchar levemente la risa de su compañero quien solo afirmaba su propuesta para corresponder a su abrazo. Sentirlo más calmado le ayudo a relajarse lo suficiente para ocultar su rostro en su hombro aspirando levemente la esencia que desprendía.
Nunca se había preguntado que aroma tenía su compañero debido a sus antiguas peleas, pero tenerlo tan cerca lo hizo intentarlo para saciar sus dudas.
Tan pronto el aroma a lluvia inundo sus fosas nasales, los ojos de Aspros cambiaron a un tono dorado anunciando el despertar de su animal interior quien rápidamente tomo el control de su mente. En toda su vida como Alfa jamás se obsesiono con ningún aroma ya fuese dulce o amargo, ni siquiera Regulus logró cautivarlo cuando comenzó su celo llegando a pensar que realmente era alguien defectuoso.
Pero ahora eso no tenía sentido, su amigo era un Alfa y no pesia un aroma dulce del cual pudiese quedar prendado. Aun así, sus instintos le anunciaban que ese individuo era el indicado. Necesitaba marcarlo como suyo, obligarlo a permanecer a su lado el resto de su vida y convertirlo en el recipiente perfecto de sus futuras crías.
"Finalmente he encontrado a mi destinado"
– Oye creo que ya es hora de que me sueltes – trato de empujar su cuerpo para liberarse del abrazo, pero con solo intentarlo el agarre de su amigo se volvía más fuerte – Aspros esto se está volviendo incómodo.
Manigoldo estaba dispuesto en golpearlo con otra explosión para obligarlo a soltarlo, aunque rápidamente desecho la idea al saber que ya lo había lastimado cuando trato de ayudarlo. Tal vez solo quería cerciorarse de que todo estuviese bien y simplemente demostrar a su manera que estaba preocupado.
Le permitió abrazarlo por unos segundos más pensando en que pronto se casaría, aunque las acciones de su compañero lo dejaron sin palabras. Pudo percibir las feromonas de Aspros inundar los alrededores de su templo como una clara señal de marcar su dominio, ningún alfa de los doce santos dorados tenía permitido hacer eso debido a que sus compañeros necesitaban cruzar el camino de las doce casas y las feromonas provocaban reacciones diferentes en cada casta. La sensación de malestar no tardó mucho en manifestarse al canceriano, sentía deseos de vomitar por percibir el aroma de otro alfa y no sabía si su amigo estaba loco por hacerlo sufrir de esa manera ¿Acaso Aspros no sufría con percibir su propia esencia?
Su cuerpo comenzó a debilitarse, perdiendo la fuerza en sus piernas y brazos provocando que el geminiano lo sujetara dejando que su cuerpo quedara recostado en el suelo. Aprovechando la debilidad de su presa, subió encima de él sujetando sus brazos a sus costados y usando su propio peso para inmovilizar. Su animal interno estaba entusiasmado pensando que pronto se enlazaría con su pareja destinada, todos los años de espera finalmente valdrían la pena cuando lo mordiera.
En un intento desesperado, Manigoldo invoco a sus sirvientes ordenando que mordieran las muñecas de su compañero dando el tiempo suficiente para liberarse y golpear su rostro con furia.
– ¡¿Que demonios te pasa?! – grito molesto, cubriendo su propia boca para voltear a otro y vomitar lo poco en su estómago.
Tan pronto sintió el dolor del golpe, la mente de Aspros volvió a reaccionar palpando la marca que dejo su rostro. Nunca había permitido que su instinto lo dominara a pesar de estar cerca de un Omega, ni siquiera cuando las doncellas aprovechaban el fuerte aroma de su celo para obligarlo a tomarlas, siempre se mantuvo al margen controlando sus deseos. Pero ahora comprendía que su amigo no era como los demás, aunque fuesen de la misma casta estuvo a punto de marcarlo.
– Lo lamento – con rapidez se levantó del suelo cubriendo su nariz – No volveré a molestarte
Como pudo se obligó a salir del templo de cáncer para bajar a Géminis y distraer sus pensamientos. Estaba asustado de sí mismo por haber perdido la moralidad con una simple olfateada. Su amigo estaba dolido por la muerte de su pareja y ahora probablemente lo odiaba por haberlo hecho pasar un mal rato.
Ni siquiera pudo detenerse por voluntad propia, si no lo hubiese golpeado probablemente habría terminado matándolo con el veneno de su marca. Golpeo su propia frente haciéndose recordar que ya tenia una pareja a la cual amar y proteger, el pequeño Regulus era su omega y nunca se atrevería a mancillar su honor con una traición.
– Realmente soy un alfa defectuoso – sonrió para sí mismo deteniéndose a centímetros de la entrada a su templo por la presencia de un santo de plata – si no es algo de vital importancia no me molesten.
– Lamento interrumpirlo señor Aspros, pero es algo muy importante, se trata sobre el señor Aldebarán y el joven Regulus
Con escuchar el nombre de su pareja la respiración del santo dorado se detuvo por unos segundos volteando a ver al santo de plata quien mantenía la mirada agachada.
– ¿Donde están?
– El señor Aldebarán se encuentra en estado crítico, recibe los medicamentos necesarios para salvar su vida... Pero lamento informarle que – su voz se bloqueó tratando de controlar los temblores de su cuerpo por el reaccionar del santo dorado – la condición del joven Régulus es muy inestable, su pecho fue atravesado con el tridente del dios de los mares expandiendo un veneno incurable...tenemos que solo le queden unos..
Antes de que pudiese terminar, el santo de Géminis ignoro las palabras caballero de plata para bajar las escaleras en dirección al templo de los sanadores. Era imposible lo que había escuchado, su pareja era un guerrero de alto calibre, casi tan poderoso como él o incluso más que Sísifo, era inimaginable que estuviese tan herido.
Cuando llego al final de las escaleras, uso sus poderes para teletransportarse directamente a la entrada del templo de sanación, ignorando los llamados de los doctores quienes le pedían esperar a fuera.
Tan pronto cruzo la última puerta pudo observar la presencia de Cid, Deuteros, Asmita y Sísifo. El santo de sagitario acariciaba con afecto los cabellos del joven santo tratando de contener su llanto por verlo tan herido. Su aspecto era pálido y su cosmos apenas podía ser percibido por los presentes, mantenía sus ojos cerrados tratando de soportar el dolor que lo aquejaba.
Con temor, el geminiano mayor se aproximó a la cabecera de la cama, rozando la mejilla de su pareja con su mano logrando que abriera sus ojos.
– ¿Regulus? ¿Te duele mucho? – expreso con suavidad, hincándose a su costado para sujetar su mano.
– No tanto... verte me hace sentir mejor – sonrió levemente, tratando de sujetar la mano de su alfa – estoy un poco cansado, eso es todo.
– Ya veo, mi pequeño león se esforzó mucho en esta misión – dejo un beso en sus manos, cubriendo mas su cuerpo con las frazadas de la cama al apreciar los temblores en su cuerpo – Necesito hacer algo importante con el patriarca Sage, solo me tomara unos minutos por lo que necesito que seas buen chico y duermas una pequeña siesta. Tu tío se quedará contigo hasta que yo regrese ¿puedes hacerlo?
– Claro... – creyó con inocencia, dejando libre las manos de su alfa para permitirle abandonar la habitación con su tío Sísifo – yo esperare...
Con una señal, Aspros ordeno a sus compañeros salir de la habitación para tener una discusión lejos de su omega.
Tan pronto llegaron a la sala principal donde se encontraban los sanadores, Aspros libero una ráfaga de su cosmos haciendo que muchos de los jarrones terminaran por destruirse. Estaba tan molesto que si pudiera asesinaría a todos los habitantes de esa habitación.
Sabia que su omega estaba en peligro al ser enviado a esa misión, pero de nuevo la maldita de Athena había cometido un error imperdonable.
– ¡Quiero saber porque demonios no lo han curado de sus heridas! ¡Ustedes son los sabios en el manejo de cosmos!, ¡¿Cómo es posible que no puedan hacer nada por mi omega?!
– Señor Aspros... por favor le pedimos que guarde la calma. Entendemos su molestia y la razón de su frustración pero no debe perder la calma
– ¿Cómo puede alguien como tu comprender mi dolor? – Sin problemas, golpeo el cuerpo de uno de los ancianos, haciendo que chocara contra la pared – ¡no quiero oír sus malditas excusas, necesito que salven a mi pareja!
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