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Seis meses había pasado desde la desaparición del ómnico, durante los primero meses su rostro se encontraba en cada noticiero al igual que en cada panfleto pegado en las paredes. Genji llevaba días sin dormir bien, varios ya habían abandonado la búsqueda, pero el ciborg no se rendía, estaba completamente empeñado en encontrar a su maestro.
Una alerta sonó por los altavoces y se mostró en la pantalla en la cual él estaba revisando anteriormente. Una gran explosión había ocurrido en King’s Row. Esto estaba siendo transmitido en directo por las grandes televisoras, la imagen de gente huyendo era bastante fuerte, se lograba ver algunos que eran aplastados por los grandes escombros de la estructura.
Ya todos al tanto, varios agente se encontraban en la sala viendo la transmisión, mientras otros fueron ayudar. Era bastante triste ver gente muerta, pero ese sentimiento fue totalmente opacado por la sorpresa y la preocupación al ver ómnicos teñidos de púrpura, o más bien, unidades Devastador saliendo del gran edificio.
— ¡¿Pero qué mierda?! — Gritó de sorpresa el vaquero al ver esas unidades dispersas por el terreno en grandes números y acabando con la vida de los sobreviviente que corrían del derrumbamiento.
— ¡¿Unidades Devastador?! ¡¿De dónde salieron?! ¡Solo quedaba uno de ellos, además, acabamos por el líder de Null Sector! — Sin poder creer lo que sus ojos veían, Jack se acercó a la pantalla e inspeccionó cada detalle.
— Esto… No puede ser posible… — Genji estaba con la boca abierta, nada tenía sentido absolutamente nada de la situación.
Totalmente aterrorizados y desesperados. Los agentes de Overwatch que se encontraban en la zona, no tuvieron de otra más que tomar medidas desesperadas. Los Devastadores le disparaban a cualquier ser vivo que sus “ojos” analizaran. La sangre y los gritos eran un horroroso cántico, pero para quien se encontraba tras bambalinas, era el mejor espectáculo.
Los agentes hicieron lo que pudieron, rescataron a unos pocos y crearon una barricada. La resistencia duró unos minutos hasta que de la nada los Devastadores se detuvieron y comenzaron con una nueva formación; tomaron los cadáveres del suelo y los arrastraron a la parte con más espacio, con la sangre dibujaron en el suelo “Tendremos paz a cualquier costo”.
Los agente en el campo, en la base e incluso los mismo espectadores desde sus casas, veían con horror y espanto las imágenes. A los segundos, la transmisión de cada televisor, radio y dispositivo móvil u electrónico se vio interrumpida, mostrando una imagen, un ómnico parado frente a sus pantallas.
— Unidad seta guion tres ene (Z-3N) al habla — Especificando su “nombre”, el ómnico de apariencia extraña; totalmente planco, con retoques morados y un único ojo dorado en el centro, le habló a sus espectadores.
— Este es un llamado a todos los ómnicos y una advertencia para los humanos. Yo, Z-3N terminaré lo que mi predecesor no llegó a concluir. Conocido como Ramattra, el único modelo Devastador existente, un ómnico que fue juzgado por sus métodos, pero nunca comprendido. Alguien que buscó la paz, pero que no halló lugar para nosotros. Los mismos humanos decidieron este final, su felicidad y reinado se acabó, solo uno de nosotros habitará este planeta y ese, seremos nosotros. Bajaron la guardia, pensaron que todo había acabado, pero no fue así. Miles y millones de unidades Devastador se encuentran bajo mi mando, ¿cien mil soldados comandado por mi pierden contra ustedes? No importa, millones más se levantaran y acabaran con sus miserables vidas. Recuerden esto: ¡Ramattra es el nuevo “Aurora”, alaben a su nuevo Dios, a quien le quitó sus grilletes! ¡LOS HUMANOS PERECERÁN, SUFRIRÁN AL IGUAL QUE LO HICIMOS NOSOTROS! — Su voz se holló fuerte, tanto que la comunicación se entrecortó y dejó ver una mirada macabra.
Cada humano que vio la transmisión se le heló la sangre. Ni el anterior líder de Null Sector fue tan cruel con sus palabras como lo había hecho ese ómnico. Sus acciones fueron muchos más crueles, desde acabar con cientos de vidas humanas en un ataque, hasta utilizar los cadáveres para dar un mensaje sangriento.
De entre los escombros una pequeña silueta caminó hasta revelarse, era el ómnico que dio el comunicado. Caminando lentamente, uniéndose a las demás unidades Devastador, Zenyatta se colocó en medio.
— Esto les abrirá los ojos… Vean, admiren mi poder y témanme — Alzando el bastón que se encontraba en su poder, elevó los orbes que rodeaban su cuello y los colocó sobre los humanos que habían sido rescatados y se encontraban detrás de la barricada creada por los agente de Overwatch. Esos orbes se tornaron completamente violetas y de la absoluta nada, comenzaron a atacar a otros humanos que allí se encontraban.
— Que la Discordia los engulla… — Su voz se escuchó en lo alto. Loa agente retuvieron a los que se atacaban entre sí, pudieron calmar la situación, pero les costó tanto.
— A penas pudieron con esos… y tan solo era una pequeña demostración… — Una risa macabra se holló. El terror que estaban viviendo era indescriptible.
En la base de Gibraltar, los agentes que especteaban todo desde la sala, estaban horrorizados, temblando y totalmente estupefactos. Pero para Genji era diferente, podía sentir como su interior quemaba, sus ojos se tornaban borrosos y su corazón parecía explotar.
— Maestro… — Susurró al aire. Esa voz, esa apariencia, que aún a pesar de ser tan diferente, encontraba familiar, esa última acción… esos orbes que tanto miedo les tenía.
— ¿Zenyatta…? — Murmuró Mei al ver todas las similitudes con el agente desaparecido. — No puede ser él… Él no sería capaz de hacer eso… no él… — La joven científica estaba perpleja, ya que conocía la naturaleza bondadosa del ómnico.
— Ahora tiene sentido… Esa no era la solución… ¡NO TENDRÍAMOS QUE HABER ACABADO CON LA VIDA DE RAMATTRA! ¡SABÍAMOS LO QUE SIGNIFICABA ESE ÓMNICO PARA MI MAESTRO, PERO FUIMOS CRUELES! — Genji estaba destrozado, sus lágrimas caían y solo se limitó a sacar su espada y clavarla en la pantalla, partiendo por la mitad la mesa.
Los agente del campo no lograban creer lo que veían y mucho menos mantener la calma, querían atacar, pero serían acribillados. Con lentitud, dos Devastadores sostuvieron al pequeño ómnico y lo llevaron entre sus brazos, las demás unidades los rodearon y escoltaron hasta un lugar en específico, donde una nave aterrizó y los llevó.
Ya dentro de la nave, Zenyatta se sentó a una de las sillas y llamó a uno de sus soldados, pidiéndole que hable como habitualmente lo hace.
— Señor… ¿Desea algo? — El Devastador habló y se arrodilló junto al ómnico mas pequeño.
— Querido… Que me llames “Señor”, es muy frio de tu parte… Sabes que ODIO que me digas así… — Zenyatta tomó el mentón del Devastador y lo obligó a observarlo. Esas unidades no poseían “alma” solo seguían órdenes. — No te programe para que me desobedecieras… Te di sus recuerdos, compórtate como él — El antiguo monje soltó a la unidad y se bajó de la silla, obligando a su contrario a sentarse en su lugar para luego él utilizar sus piernas como silla. Ahí, se puso en modo reposo y comandó al Devastador revivir las conversaciones que se le habían implementado en su memoria.
Realmente extrañaba a su Luna.
