Chapter Text
GUS POV
_Reconozco que fue buena idea hablar con Brian lo mínimo. Me hubiera pillado enseguida.
Justin manifiesta esta gran verdad sirviéndose más patatas fritas sobre su hamburguesa. Solemos aprovechar las ausencias de papá para regodearnos en orgías de carbohidratos en la cena, además de para desgraciar el corvette y arreglarlo de extranjis. Esto último, como hecho excepcional.
_Pfu pfu. _Mi boca hinchada con mi refresco preferido, montañas de gominolas convertidas en burbujas. _Te lo dije.
No quiero ser impertinente, pero es que lo dije. Papá y Justin no son eficaces ocultándose cosas. Siempre se captan mutuamente. Eso dice algo positivo de su relación, pero es un inconveniente para intrigas y contubernios.
_Me di cuenta en la primera conversación _confiesa Justin_. Yo sonaba rarísimo. Y cuanto más raro sonaba, más me esforzaba por ser natural y menos lo conseguía. Un desastre. Intenté neutralizar sus neuronas con sexo telefónico, pero…
_No quiero saberlo.
Tengo suficiente con oírlos en vivo y en directo. Normalmente me refugio en la música, pero el volumen de mis auriculares no es infinito. Encima me tachan de exagerado porque sugiero insonorizar su dormitorio. Y no es que tengan la deferencia de limitarse a él. Mi retina aún se resiente de un par de escenas, tras las que me aterra entrar en cualquier habitación sin tocar a la puerta. Es un milagro que no esté traumatizado.
_Disculpe, sor Gus. No esperaba tanto puritanismo, dado el porno que encontramos en tu ordenador.
Bromea. ¿Bromea?
_No registráis mi ordenador, ¿verdad?
_Si lo hiciéramos, no buscaríamos porno.
_Mi porno es privado y, gracias a Dios, no tiene nada que ver con mi padre.
_Porque no has rastreado bien. Me extraña que no haya algún vídeo en Internet.
Suelta esa risita de cuando me pincha y le encanta. Exhibo mi excelente puntería con una pelotilla de pan directa a su entrecejo. Ríe más y ambos amasamos los siguientes proyectiles. Casi puedo escuchar los rezongues de papá, fingiendo lo mucho que le molesta cuando le cae una miguita de refilón.
_Vale, vale. Hay tarta de chocolate _claudica Justin señalando la nevera.
_No estrujas tus bolitas de pan lo suficiente, por eso no cogen velocidad.
Chasqueo la lengua paladeando mi victoria, con los platos de postre en la mano.
_Mañana querré la revancha.
Me apunta con la paleta de cortar la tarta, con la que sirve dos generosas raciones. Mmmmm…
_Volviendo al corvette... _No sólo de dulces vive el adolescente._ ¿Estás convencido de que papá no sospecha nada?
_Convencido. Estará mosqueado porque no le llamo, pero supondrá que me ha abducido un arrebato de inspiración artística o algo así. A pesar de ello… _eleva las pupilas hacia mí, manteniendo la cabeza inclinada sobre su plato_. No olvides tu promesa.
No caerá esa breva.
_En un mes tendré las notas y las espero bastante buenas. Será el momento perfecto para contárselo. El único peligro es que se entere antes de tiempo.
_Tranquilo. Los del taller aseguran que el coche estará listo para la fecha prevista. Cuando Brian regrese, lo encontrará niquelado y dormitando en el garaje.
Chocamos dos pedacitos de bizcocho chocolateado a modo de brindis.
¿Qué es ese ruido? Sí, ese. Ese que suena tan similar a una llave girando en la cerradura.
BRIAN POV
Todas las casas tienen un aroma característico. Ataca al traspasar el umbral y se percibe durante unos minutos, hasta que la pituitaria se acostumbra y lo relega al inconsciente. El olor de esta casa es balsámico para mí. O lo era. Significa paz, portazo a la locura exterior y bienvenida al refugio. Un olor con historia. Cambió cuando Justin y yo nos mudamos aquí, en lugar de pasar sólo vacaciones y fines de semana, y volvió a cambiar cuando se sumó Gus.
El próximo cambio será cuando Justin se marche.
Por eso retengo cada partícula como información privilegiada. Inspirar, expirar. El aire dilata las paredes de mi nariz y… entre tanta poesía al perfume doméstico, una peste aún más doméstica a fritanga y bollo horneado. Una de esas odas al colesterol que celebran cuando no ceno con ellos.
_Buenas noches.
_¿Papá? _balbucea Gus, cuya cara me hace temer que vomite esa mierda calórica recién engullida._ ¿Qué, qué, qué haces aquí?
_¿Por qué tartamudeas? Me recuerdas a Ted cuando le aborda un tío bueno.
Asumo que le sorprende mi llegada anticipada, pero esos ojos desorbitados y ese tembleque de manos son excesivos. Me giro hacia Justin, mudo y petrificado en su asiento, y lo entiendo todo. Gus no es idiota. Se habrá percatado del doble juego de Justin e intuye la tormenta. Un punto humillante. No es agradable que mi hijo me vea como un hombre abandonado. Al fin, Justin reacciona:
_Nos encanta que estés en casa. Es sólo que… _¿Que no maquinabas darme la patada tan pronto, Sunshine?_ …No te esperábamos hoy.
Mi más mordaz sonrisa.
_Es evidente. _Aparto el tema para cuando estemos a solas. De pronto, un malestar ilocalizable. Mi cuerpo comprimiéndose como preludio a la crisis. Y estos cúmulos de aceite y patatas fritas reblandecidas no ayudan con mis nauseas._ Parece que os he pillado en una pequeña travesura.
Ambos pálidos como la cal. Quizás estas porquerías estuvieran en mal estado.
_¿Cómo? ¿Qué qué qué travesura?
_Sé a qué os dedicáis en mis ausencias.
_¿Eh? Ni idea de qué hablas. Porque aquí no no no pasa nada... Nada de nada. ¿Verdad, Justin?
_Exacto. Todo es normal. Normalísimo.
_Supernormal.
La hipótesis de intoxicación por grasas y/o azúcares podridos toma solidez.
_Esta comida no es supernormal. Sé de los festines que os pegáis en cuanto me doy la vuelta, pero será vuestro problema si os ponéis gordos como focas.
Exhalan un ¿aliviado? suspiro. Muy extraño. Puede que no hubiera alimentos adulterados, pero Justin haya confundido orégano con marihuana.
_¿Tomas café con nosotros?
_No. _Cortante. Conozco el tonito de Justin haciéndose el inocente. Prefiero desaparecer de este bucólico e hipócrita retablo familiar hasta que pueda hablar con él._ Voy a dar una vuelta.
_¿Sales al jardín?
Justo. No puedo reprimir el impulso de plantar un geranio.
_Conduciré hasta Woody´s.
_¡No! _Gus brinca cual jaguar para apostarse en la puerta de la cocina._ No puedes salir.
_¿Por qué?
_Porque… acabas de llegar, papá. Cuéntanos el viaje.
_No tengo nada que contar. _Le comprendo. Piensa que si me quedo, arreglaré las cosas con Justin. Una lástima que no tenga razón._ Déjame pasar.
_Déjale. Si tu padre quiere salir, nos somos nadie para impedírselo. _Lo que me faltaba: Justin en modo víctima._ Pediré un taxi.
_Iré en el corvette.
_¡Noooo!
_Gus, ¿podrías parar de chillar como una niña caprichosa y quitar tu culo de la puerta?
_Gus quiere decir que es preferible que vayas en taxi, ya que consumirás alcohol.
_Deja el puto papel de anuncio de salud pública, Justin. _Este cabreo que incubo acabará fatal si fisiona con la amargura que arrastro desde Nueva York._ No finjas que te preocupas por mí.
_¿Qué te pasa?
Su desconcierto casi parece real.
_Buena interpretación. Si te falla la pintura, puedes probar como actor.
_¿Terminamos los acertijos y explicas por qué pinchas más que un cactus?
La tensión aumenta. Mi fisión interior en marcha y la implosión irremediable.
_Vaya… El pobre Sunshine no sabe de qué va todo esto… Tan cándido y angelical.
_Gracias por el sarcasmo gratuito.
_¡¿Gratuito?! ¡Es muy comedido en comparación a los calificativos que se me ocurren!
_¿Qué?
_¡Que me estás engañando, joder! _No era consciente de lo corrosivo que sería decirlo. Como lamer azufre._ ¡Eso es lo que pasa!
_Relájate. No es un engaño tan grave.
Cruzo los brazos sobre mi pecho y me esfuerzo por respirar. Anhelo un próximo rato de soledad para llorar.
_¿No es grave que estés con otro hombre a mis espaldas?
Sus párpados se ensanchan hasta que las pupilas azules amenazan con saltar disparadas. Cuando alcanzan su tope físico, caen y pestañean como despertando de un profundo letargo.
_No puedo creerlo_ musita.
_Sé que el otro día no estuviste con tu madre. Me mientes. Evitas hablar conmigo. ¿Y esos telegráficos e-mails? ¿Pensabas que no sumaría dos y dos?
_Tengo algo que decir_ interviene una versión apocada de la voz de Gus.
Sigue en el dintel de la puerta. Esto no debería estar sucediendo en su presencia, pero no he podido controlarme. No he podido.
_Esto no es asunto tuyo. Déjanos solos, por favor.
_Es que yo…
_Tu padre tiene razón. Esto ya no tiene que ver contigo. _Justin remarca la palabra “ya” y me clava las pupilas hasta el tuétano._ Es una cuestión de confianza.
_¡Confianza! ¡Un chiste viniendo de ti!
_¡Eres un capullo!
_¡Prefiero ser capullo a farsante!
_Papá, hay un detalle que…
_¡Aplaudo tu preferencia, porque es lo que eres!
_Ejem… Justin, papá… Si me escucháis…
_¡Farsante!
_¡Capullo!
_¡EstampéelcorvettecontraunafarolayJustinmeestácubriendo!
¿Qué? Un par de segundos para salir del shock y reitero: ¿qué?
_¿Qué cojones dices?
_Cogí tu coche y choqué contra una farola. Acudí a Justin y decidimos arreglarlo antes de que regresaras, para que no vieras la avería. Iba a contártelo más adelante, en el momento adecuado. Supusimos que si Justin hablaba demasiado contigo, le pillarías. Por eso no te cogía el teléfono, por eso los mails y por eso las excusas cuando llamabas a casa.
Mi cerebro digiriendo.
_¿No hay amante?
_No _aclara Justin, aún mascando el enfado. Mi reino por algo que decirle, algo que borre todo el despropósito. Fracaso._ Soy yo quien dará una vuelta hasta Woody´s. Necesito airearme.
Gus se aparta para permitirle salir. Después se desploma agotado, en la silla donde le encontré compartiendo ese amasijo de carbohidratos con Justin. Enciendo un cigarrillo para paliar la incomodidad. No sé si me siento más imbécil o aliviado.
_Lo siento, papá.
_Yo también.
_Si hubiera sabido que se montaría este lío…
_Si lo hubieras sabido, serías adivino y te harías rico de feria en feria. Eso da igual. Tú responsabilidad sería la misma si vuestra treta hubiera salido bien.
_Habéis discutido por mi culpa.
_No. La bronca ha sido entre Justin y yo. Nuestra culpa. Tú tienes tu parte, pero no es esa. _Me siento frente a él._ Tu culpa fue coger mi coche sin consultarme e intentar tapar el problema. La culpa de Justin fue colaborar en ello. La mía, sacar conclusiones precipitadas. Cada uno lo suyo.
_Iba a contártelo. Sólo esperaba la ocasión apropiada.
_Ya, pero las buenas intenciones no garantizan buenos resultados.
Encajaría un discurso sobre lo feo que es tomar propiedades ajenas sin permiso, las ingentes ventajas de conducir con cuidado y blablablá. Pero ya sabe todo eso. La experiencia se lo ha enseñado, haciendo superfluo cualquier comentario por mi parte. La paternidad es una carrera contrarreloj. Me descuido un segundo y ¡zas!, llego tarde: la vida se adelanta a mis consejos.
Apago la colilla entre restos de ketchup y hamburguesa fría.
_¿Sólo bebéis refrescos bazofia?_ pregunto escudriñando entre envases fluorescentes.
Me levanto a por un par de cervezas. Tantas emociones secan el gaznate a cualquiera. Saboreamos, callados durante un rato. Cuando los botellines están por la mitad, Gus me mira expectante.
_¿No me interrogas sobre los daños del corvette?
Oh. En otras circunstancias estaría exigiendo un parte detallado, pero el pánico a un mal mayor ha relegado la avería del corvette. Como si me hubiera preparado para un terremoto que resultó suave movimiento sísmico. Teniendo en cuenta que hace unos minutos pensaba que Justin me abandonaría por otro tipo (otra vez), y viendo que Gus no salió herido del accidente…, ¿qué es un coche comparado con eso?
_Tampoco es un coche nuevo_ justifico.
_El frontal bastante abollado y un faro desaparecido en combate, pero el motor indemne.
_Mañana pasaré por el taller a supervisar.
Una cosa es que un coche no sea pilar fundamental de mi existencia, y otra que lo abandone en manos de cualquier mecánico desaprensivo y/o inepto.
_¿Quieres que te acompañe?
_Sí, pero no mañana. Irás a recogerlo, para admirar un clásico meticulosamente abrillantado. Así tendrás un ejemplo sobre cómo lavarlo cada sábado de aquí a… no sé, los próximos cien años. _Pone cara de fastidio, pero no replica. Supongo que es menos malo de lo que preveía._ No hace falta que mencione la factura del taller, ¿verdad?
_Eso gastará todos mis ahorros para tener mi propio coche _gruñe, aunque tampoco parece sorprendido.
_Sería peligroso que tuvieras coche, dada la pericia que has demostrado al volante.
_No perfeccionaré mi conducción si no puedo practicar.
_Es verdad. _Él sonríe._ Pero con supervisión.
_Con supervisión… al principio.
_Con supervisión y punto.
Fijo que piensa que acabaré prestándole el corvette. Yo también lo pienso, pero previa confirmación de que puede mantenerse en la calzada sin tragarse farolas y demás mobiliario urbano. Precavido que es uno. Él levanta su cerveza hacia mí y le correspondo, antes del trago de gracia. Luego, ese ceño enigmático de que suele fruncir cuando cavila algo.
_Pensaba que me enviarías de vuelta a Toronto, por el desastre del corvette.
Lo dice tan casual que tardo en acusar la sacudida, vibrante de incredulidad y decepción. No decepción hacia él, sino hacia a mí. Si mi hijo creía que le echaría de casa por un coche abollado, es que mi labor como padre ha sido pésima.
_Imagino que te habré dado motivos para llegar a esa conclusión. _Me oigo tan dolido como estoy._ Aunque, sinceramente, no sé cuáles.
_Me lo he inventado. Nunca pensaría que pudieras deshacerte de mí.
Ahora sí que no entiendo una mierda.
_¿Alguien con mis genes está borracho con una cerveza?
_¿Cómo te has sentido cuando he dicho lo de Toronto? Es duro descubrir que alguien a quien demuestras afecto y lealtad cada día, considera que puedes largarle a la primera de cambio. _No malgasto saliva en obviedades._ Así es como probablemente se siente Justin, después de que le acuses de planear abandonarte porque no te llamaba por teléfono. Admite que es ridículo.
Lo admito, pero en mi malsana mente, mi solitario hotel y con mi consejero el whisky, tenía sentido.
_Lo que pase entre Justin y yo no es de tu incumbencia.
_Ni lo pretendo. Sería como introducirme en una telenovela de las que ve la abuela. _Intento protestar, pero él es más rápido._ Me remito a tus palabras: cada uno tenemos nuestra parte de responsabilidad en este embrollo. Yo acepto la mía, por eso me arruinaré pagando el arreglo del corvette y me encargaré de lavarlo por los siglos de los siglos. Tu parte es haber desconfiado de Justin. ¿Qué harás al respecto?
Juro que me ha noqueado. No sólo por la apabullante lógica de su argumento, sino porque me golpea el hecho de que ya no es un niño. Una de esas verdades larvadas, que nos acompañan sigilosas hasta que una evidencia las eclosiona de repente. Gus es un hombre que, sentado frente a mí, me habla de hombre a hombre.
Me doy cuenta de que tiene la misma edad que Justin cuando le conocí y, de pronto, un trillón de nuevas preocupaciones. Sé que conoce el sexo pero, ¿y el amor? Pienso si habrá conocido a esa persona que le cambiará para siempre. Esa persona que dura una noche, un mes o toda la vida, pero que igualmente trastoca nuestro mundo. Esa persona en cuya mano está la felicidad o el más perro de los sufrimientos.
¿Qué ocurrirá entonces, si Gus viene a mí en busca de opinión o desahogo? No tengo problema para tratar sobre sexo, pero, ¿estaré a la altura cuando quiera hablar sobre emociones? Querido Satán, no hace falta que contestes. Me salva la certeza de que Gus será más valiente que yo en esto, que no arrastra mis lastres. Apto para bregar en caminos en los no podré protegerle. El amor tiene recovecos espinosos. La boca que daña es también la que cura. Un putada, pero es la sal de la vida.
JUSTIN POV
No necesito indagar para saber que Brian está despierto. Esperándome. Un resplandor trémulo me guía hasta el salón, y ahí está. Las luces apagadas. Sentado en el sofá, con los ojos fijos en el vaivén de la chimenea y un copete de colillas en el cenicero. No veo botella alrededor y lo interpreto como buena señal.
Él tampoco necesita girarse para saber que he llegado. Por eso no hay sobresaltos cuando me siento a su lado y enciendo mi propio cigarrillo.
_Lo siento _dice sin apartar la vista de las llamas.
_Yo también. Yo propuse a Gus arreglar el coche antes de que te enteraras. Ese fue el comienzo del barullo.
_Esa es tu parte de responsabilidad, pero no justifica que yo haya sospechado... Ya sabes.
_Sospechaste que tengo un amante e iba a dejarte. _Escuece oírlo, pero las cosas por sus nombres._ No quiero que te justifiques. _¿Debe alguien justificarse por sentirse traicionado, aunque esté equivocado?_ Sólo quiero entenderlo.
Se encoge de hombros, como si enredara en ese mismo pensamiento sin alcanzar respuesta.
_Evitabas hablar conmigo, me dabas excusas falsas. Era obvio que pasaba algo.
_Y de todos los “algo” que podrían pasar, tú elegiste la peor alternativa. La más dolorosa y destructiva.
_Ya sabes con quien tratas.
Por supuesto. Él: en constante alerta para la catástrofe suprema.
_Mi pregunta es por qué ahora, o por qué aún. Por qué tras diecisiete años repletos de… no sé cómo definirlo…, repletos de todo eso que el resto del mundo califica como excesos, locuras, relación adictiva… ¿Por qué sigues considerando que debes protegerte de mí?
_No me protejo.
Pero vuelve su cara hacia mí y leo los matices de la contradicción.
_Unos días sin llamarte y elevas las defensas a pie de guerra. Eso es protegerse. _La angustia horada su expresión. Intento diluirla acariciando la mejilla que él frota contra mi mano._ Sé que intentas evitarlo.
Cubre mi mano libre con las suyas y aprieta. Sus dedos largos llegan por encima de mis muñecas, creando un hueco suave y cálido entre las palmas. Desearía convertirme en gnomo para anidar en ese hueco.
_Cuando te conocí, me admiraba tu testarudez. Por mucho que te apartara, tú seguías. Como esa plaga de hormigas que han poseído el sótano.
_Qué metáfora tan romántica.
_En esa época, si pasaba un tiempo sin noticias tuyas, pensaba: “Ya está. Se ha dado cuenta de que puede tener a cualquier tío. ¿Para qué aguantarme a mí?”. Pero volvías.
_Porque era consciente de lo mucho que me necesitabas.
Él responde con una sonrisa vulnerable que no puedo resistir besar. Rozo su lengua, pero no tardo en liberarla. Quiero aprovechar la conjunción astral que impulsa a Brian a confesiones íntimas.
_Vino todo ese infierno de Hobbs y el bate. Y yo pensaba: “Ya está. Cuando se recupere se dará cuenta de que no le conviene un tipo como yo”.
_¿Cuántas veces hemos hablado de que tú no tuviste la culpa de…
Su dedo índice silencia mis labios.
_Ese no es el tema de esta noche. _Asiento, para que el dedo y la mano aneja regresen a su lugar en torno a la mía. Ha hecho frío durante los treinta segundos que se ha separado._ Te recuperaste y seguiste conmigo. También sucedió lo de Ian. Y yo pensaba: “Ya está. Se ha dado cuenta de que otro puede darle lo que a mí me cuesta tanto. Jamás volverá.” Pero sí volviste.
_Habría vuelto antes, si me lo hubieras puesto más fácil.
_¿Incluso más fácil? ¿Un rótulo con letras de neón en mi despacho? _Enmarca las cejas y yo medio me río._ Luego, me visitó el cáncer. Y yo pensaba: “Ya está. Se dará cuenta de que no merece la pena malgastar su tiempo con un enfermo.”
_Como dije aquella vez, tendría miles de motivos mejores para abandonarte.
Ahora es él quien me besa. Un poco más lento y penetrante. Un poco más Brian. Sus labios se deslizan hasta mi oreja y susurra:
_Gracias por no utilizar esos motivos. _De nada, aunque en este instante no recuerdo ninguno. Las cosquillas de su aliento los borran de mi mente._ Surgió el viaje a Los Ángeles. Y yo pensaba: “Ya está. Se dará cuenta de que hay muchas oportunidades del mundo exterior. ¿Para qué anclarse a Pittsburgh y a mí?”. Pero regresaste. Más tarde, te mudaste a Nueva York. Y yo pensaba: “Ya está. Ésta es la definitiva”.
_Sigo aquí. Y todas las batallas que has relatado, deberían darte una pista sobre dónde pienso quedarme. Es una cuestión de confianza.
_Confío en ti.
_Lo sé. Pero no en ti.
Él entorna los párpados hacia abajo, seguramente abrumado por haber dicho tanto. Nada que yo no supiera, pero es bueno airear los fantasmas. Pego mi mejilla a la suya y empujo para colocar su cabeza al frente otra vez. Me separo los centímetros suficientes para conectar con sus pupilas. Yo le conozco. Conozco sus conflictos íntimos. Su temor a perderme.
Por mucho que yo haga o demuestre, por mucho que le ame y él lo sepa, el temor perdura. Ha amainado con los años, se ha retirado de nuestro día a día. Ya no es un enemigo poderoso. No le hacemos demasiado caso, como a un mueble obsoleto, encerrado en el desván pero no desaparecido. No es un temor lógico ni razonable. Habita la materia oscura intrínseca a Brian. Está en él. Podemos vencerlo, pero no eliminarlo.
_Es que me cuesta creer que toda esta suerte sea para mí _dice mientras apoyo mi cabeza en su hombro. Me acerco más, pegando tanta superficie de mi cuerpo como la postura lo permite. Sincerarse es más cómodo para él si no le miro, pero necesita contacto, piel, un aroma familiar en sus fosas nasales._ Vivir aquí, contigo y con Gus. Nuestra rutina. A veces pienso que esta felicidad no me corresponde, que ha recaído en mí por error y que, en cualquier momento, pasará algo que la estropeará y me pondrá en mi sitio.
Estrecho sus costados y él se amolda al abrazo.
_Éste es tu sitio.
_Es un sitio genial. No quiero irme nunca.
