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No sabes cuántas noches contigo soñé, no sabes cuántas noches yo me desvelé... todas las mañanas te necesité.
Se había quedado dormido en el sillón de la sala. Estuvo despierto hasta las tres de la madrugada decorando el salón principal de su casa. Lucerys le había insistido que la temática para la fiesta del primer año de los gemelos podría ser del mismo personaje. Pero no, Aemond testarudo como es, quería complacer a sus hijos. Daenys le gusta los ponnys y los unicornios y a Aenys le gusta Mickey mouse así que decidió decorar la mitad con los unicornios y la otra mitad con el famoso ratón.
Lucerys estaba en ese momento con Rhaenyra. Querían que todo fuera sorpresa para sus hijos.
Había pasado un año del nacimiento de sus hijos y prácticamente un año desde que Luke empezó a vivir con ellos. Aún siente que vive en un sueño. No fué fácil, eso es cierto. A pesar del amor que profesaba su sobrino, había cierto recelo en cuanto a ellos dos. Aemond no había dicho absolutamente nada con respecto a sus sentimientos, no encontraba las palabras o quizás la forma de expresarle que, de verdad, lo necesitaba. Pero no como la madre de sus hijos. Lo necesitaba como si el aire que respiraba fuera el aliento de Luke. Pero tardó, tardó en decírselo.
Lucerys había acostado a los niños. Ambos habían tomado leche directamente de su pecho y se quedaron dormidos. Ya estaban por cumplir tres meses en ese momento. Y ellos ya llevaban casi dos meses viviendo en la misma casa. Aemond le instó a Luke para que se sentaran a comer. Había preparado la cena, una cena especial, especial porque lo que le dirá por fin, lo que siente.
Lucerys lo mira expectante, su olor se había tornado sutil, pero aún así el dulzón aroma de fresas y chocolate lo tranquilizaba y a su vez lo pone nervioso.
- ¿Quieres que te ayude? – pregunta el omega y Aemond solo niega con la cabeza. Se apresura a servir la lasaña y el pan con ajo y mantequilla que había hecho. Coloca dos copas en la mesa y luego vierte el vino. – Wow, ¿es alguna ocasión especial? – vuelve a preguntar el castaño, mientras degusta el vino. – Quería cocinarte, quería hacer algo mediamente decente, para lo que tengo que decirte. – Toma varias respiraciones y continúa hablando, la penetrante mirada de su sobrino, ciertamente no le deja pensar claramente en las palabras correctas, pero espera hacer su mejor intento. – Soy un imbécil, un cabron realmente. Me has ayudado estos meses con nuestros hijos, has estado para mí, incluso alternas tu día para estudiar a distancia… no te merezco si somos sinceros, pero soy egoísta. Te quiero conmigo, te quiero para mí, te necesito. Te amo Lucerys. –
Luke dejó la copa de vino a un lado, sus manos se movían nerviosas, pero jamás dejó de mirarlo fijamente.
- ¿Me estás viendo la cara? Sé que has actuado como el padre maravilloso que eres, incluso has sido considerado y dejas todo a mi disposición para cuidar de los bebés mientras no estás en casa. Me he adaptado a ti, pero – Luke se secó rápidamente las lágrimas que se le estaban formando. – pero no me has dado una muestra de amor, no solo amor fraternal, no; del amor que me acabas de profesar, me he sentido miserable y he cayado todo por nuestros hijos, no he querido arruinar las cosas… - Aemond por supuesto se sentía como un maldito imbécil. También empezó a llorar, porque últimamente no puede dejar de hacerlo, atrajo al castaño hasta su regazo. Lucerys coloco resistencia, pero el platinando dejo salir su olor, quería reconfortar a su sobrino.
El omega se acomodó mejor en sus piernas, pero no lo miraba – lo siento, lo siento tanto. Te he hecho pasar, por tanto. Prometo ser de ahora en adelante tu más fiel esclavo y prometo recompensar cada lágrima que has derramado y el dolor en tu corazón- Aemond coloco sus manos en el rostro de Luke. Limpió algunas lágrimas que se habían derramado y antes de aspirar ese olor que se tornaba agrio, Aemond se acercó para darle un beso a la madre de sus hijos. No fué despacio, ni mucho menos pidió permiso, solo se dejó llevar por sus instintos. Su boca se abrió para acariciar con lengua la dulce cavidad de Lucerys mientras saboreaba las lágrimas de ambos. Un precioso gemido salió del castaño, mientras éste se balanceaba sobre su pierna. - ¿De verdad me amas? – le preguntó Lucerys mientras se separaba del beso. Un hilo de saliva brillaba en su barbilla. – más que a mi vida- le contestó.
- Entonces fóllame, fóllame aquí mismo. Tuve a tus hijos; pero jamás me has tocado. Te necesito… ha pasado tanto tiempo desde que…- Aemond no le dejó terminar. Le instó a Lucerys a agarrarse de su cuello y que sus piernas abrazaran su cintura. Lo cargó hasta el sillón de la sala y lo arrojo allí. Su boca fue directamente a la glándula del omega. Sus colmillos empezaron a picar, mientras su lengua se enfocaba en saborear el sabor del sudor que se empezaba a formar en el cuello de Luke. – Tócame – le susurro Lucerys. Aemond le dio un beso antes de levantarse bajo los pantalones de seda del castaño y arrancó la blusa que hacia juego. – dioses, amaba esa blusa. -
- Te puedo comprar otra. – Aemond también le arranco las bonitas bragas y dejó el pecho ahora lleno de leche, desnudo. Quería saborear los pezones, quería succionar aquella leche. Él también se desvistió lo más apresurado que pudo, lanzó su ropa y luego se abalanzo sobre Lucerys. Su lengua volvió a probar la glándula del castaño, con el pensamiento de marcarlo, pero no lo haría así; lo haría justo cuando su nudo se formara.
Siguió bajando, hasta que su cara y lengua se posó en los hinchados pechos de Lucerys - ¿Puedo? – le pregunto – Por favor … - Aemond pasó tentativamente su lengua por los pezones, alternando en ambos. Los más dulces gemidos salían de Lucerys y sus piernas se abrían aún más para él. Aemond empezó a succionar uno de los pechos sacando un poco la leche, sus dedos bajaron al coño hinchado y lubricado del omega, jugando un poco con su clítoris. La leche salía a chorros contra su garganta y añadiendo el olor espeso de Lucerys, se sentía una bruma interminable de éxtasis.
- Mierda Aem… si si así, más por favor – su boca probó el otro seno de Luke, mientras sus dedos se deslizaban por los pliegues del dulce coño del castaño. Más leche llenó su garganta, sus dedos tocaron de manera desesperada el bulto rosáceo, haciendo que la madre de sus hijos se corriera a chorros. – te necesito dentro de mí, Aemond… ahora. - Luke había utilizado una voz de mando, una que no sabía que los omegas podrían tener. Los ojos esmeraldas de Luke se tornaron en tono púrpura casi negro. El platinado acarició su polla, para luego frotarla con el espeso lubricante que salía de Luke.
Poco a poco fue entrando, pero Lucerys se levantó, para luego caer sobre él de un solo sentón. Las bonitas manos del omega se aferraron a su pecho, para luego empezar a mover sus caderas. Era un hermoso espectáculo. Boca jadeante, sus pechos rebotaban mientras seguían saliendo hilos de leche. Aemond le ayudó a acelerar sus movimientos, con sus dos manos en las bonitas caderas de Lucerys. – eres tan hermoso, increíble… perfecto- Lucerys seguía jadeando y rebotando sobre él. Aemond se dejó llevar por la sensación del coño estrecho del castaño, de la forma en que lo apretaba, que justo cuando su nudo se formó, atrajo al omega, para enterrar sus colmillos en la glándula de Lucerys. El castaño siseo, pero se quedó quieto.
Aemond por fin sentía que los Dioses le sonreían; la felicidad había llegado a su vida.
“te amo”, le susurro al castaño y este le respondió con un beso.
- Pensé que tú le habías dado tu mordida a Floris- le cuestiona Luke – No, nunca pude en realidad, si teníamos intimidad era para concebir. Quizás eso contribuyo a que mi Alfa la rechazara. Se sentía como obligación. – Luke solo asintió y le dejo un beso en la barbilla.
Después que el nudo bajó, Aemond se encargó de limpiar a Lucerys, cuidar de su mordida y por supuesto, fue atender a sus niños, porque luego de los cuidados posteriores de su ahora omega, había quedado profundamente dormido, y sus niños despertaron.
Una nueva rutina se formó entre ellos. Aemond Trabajaba en su horario de oficina, en las mañanas Lucerys tomaba sus clases online, mientras que su madre o Rhaenyra les ayudaba con sus niños. Las noches eran de los cuatro.
Y las madrugadas por supuesto, eran de ellos dos.
Cada cierto tiempo viajaban a Driftmark, para que Lucerys presente sus exámenes. Ya cursaba su último año de la carrera, luego de aprobar las materias; tendría que empezar hacer la tesis para que pueda graduarse. Daeron también ha sido un gran apoyo, todos en realidad y agradece a los Dioses por su familia.
Se levanta para tomar un café, piensa en llamar a Lucerys; pero el timbre de su casa sonó y dejó de lado el teléfono. Creyó que era Aegon o Daeron que le ayudaría a traer algunas cosas que necesitaba para terminar de decorar su casa. Pero para su sorpresa, quién estaba al otro lado de la puerta, era Floris. Aemond dudó en dejarla entrar, pero la omega le aseguró que solo quería hablar.
- Sera rápido – le dijo Floris – está bien, te escucho. – Floris se quedó mirando sus manos, respiro profundamente y continuó hablando. – Estoy aquí para decirte que lo lamento mucho. Lamento haberte dejado con los bebés, pero lo que más lamento es haberte arrastrado a mis ambiciones. Bueno más bien a las de mi padre. El me insistía que debía darle un nieto, ya que tendría sangre Targaryen y sería el indicado en heredar su empresa. Pero nunca pensé en lo que querías y tampoco lo que yo quería. Sólo nos hice daño –
Aemond la miró con tristeza. Sabía que Floris no tenía la culpa de que ambos no fueran compatibles. La mujer se esforzó, pero simplemente no había futuro en ellos. – No te preocupes, ambos tuvimos la culpa. Solo deseo que ahora estés tranquila y estés felíz.
- Me iré, quizás iré a Braavos. Allí quiero empezar de cero, incluso estudiar –
- Eso está bien. Espero de corazón que te vaya muy bien. -
Floris le sonrió y luego miró alrededor de su casa. Sus ojos se posaron en una fotografía que había en la sala. - ¿Lucerys vive ahora contigo? – Aemond miro también la fotografía y asintió a la pregunta. – me alegra mucho eso. Sabía que no podría cuidar de los gemelos. Ellos necesitaban a su madre y sé que también tú lo necesitabas. –
Floris no le dejó responder y salió de la casa y con un Adiós, desapareció de su vista.
Estaba toda su familia reunida en su casa, para celebrar a sus niños. Sus hermosos hijos.
Justo en el momento que debían soplar las velas Lucerys cargaba a Aenys y él a su dulce niña. Rhaenyra tomaría la foto de los cuatro, Aemond miró por unos segundos a sus niños y su omega.
Amaba su vida, amaba cada aspecto y detalle y por supuesto jamás lo cambiaria. Unas horas después, Aemond llevó a Lucerys al balcón de su habitación. Mientras el castaño miraba el cielo estrellado, el platinado se acercó para abrazarlo y darle un beso en la sien.
“¿Te quieres casar conmigo?” le susurró.
Lucerys solo pudo reír, y se abrazó aún más a Aemond.
“Te habías tardado en pedirlo. Por supuesto que acepto”.
