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Satoru no podía determinar qué significaba la presencia de Yuuji para él. Si tuviera que actuar tal y como se esperaría de un adulto diría que, le preocupaba cómo pudiera afectarle está situación a un adolescente. Como hechicero diría que, le alegraba que los planes de Kenjaku hayan sido exitosamente frustrados. Y si no tuviera que ser la persona menos emocional en el cubo diría que la compañía de Yuuji era buena para su salud mental. Mantendría la cordura por Yuuji.
"¿Qué está pensando, Sensei?" y su mundo se sacudió nuevamente, solo para darse cuenta de que su estudiante seguía recostado en su regazo después de la siesta.
Antes de que siquiera pudiera articular una respuesta tenía manos esbeltas y cálidas alrededor de su rostro, tanteando sus mejillas como territorio no explorado y deteniéndose en los bordes de la venda, como si Yuuji quisiera apartarla en un segundo pero se arrepintiera al siguiente.
"Lo siento, Sensei... Quería asegurarme de que fuera real".
Satoru Gojo no era tomado por sorpresa a menudo, ni mucho menos descolocado por la fina oración de un adolescente, pero la sensación era distinta a cualquiera que hubiera enfrentado en el pasado, tal vez ya estaba perdiendo la cordura o tal vez solo se trataba de Yuuji. Le sostuvo la muñeca antes de que abandonara su rostro y dejó un suave beso en su palma, como un capricho que obtuvo sin saber por qué, entonces guío sus finos dedos a la oscura venda que el chico había tratado de remover sin éxito.
"Soy real, Yuuji. No estás solo y no me iré a ninguna parte" Satoru solo quería hacerle sentir a salvo, aún cuando la situación actual fuera desalentadora. Estaban mejor juntos.
El chico removió el trozo de tela finalmente y el cabello blanco cubrió parcialmente los ojos de Satoru pero a él no pareció molestarle.
"No tienes que preocuparte. A donde Yuuji vaya, yo iré a protegerlo". No era una mentira, no pensaba dejar que lo ejecutaran de todos modos.
Tenía esa sensación de impotencia cuando miraba a Yuuji, la misma sensación agria que experimentó al sostener el cuerpo inerte de Riko, la misma que le quemó de dentro hacia afuera cuando mató a su mejor amigo. La rabia e impotencia de ser el más fuerte y aún así no haber podido salvarlos. No pudo salvarlos.
Tal vez en otra vida...
"Sensei, ¿qué está pensando?".
"Que Yuuji es muy lindo cuando duerme".
Las pálidas mejillas del adolescente se tiñeron de carmín y una brillante risa salió de su boca.
Satoru pensaba que aún si el mundo terminaba de cabeza, estar encerrado con Yuuji era lo mejor que le había pasado. El mundo podía volverse loco, pero Yuuji estaba a salvo.
Yuuji se levantó de su regazo con una sonrisa encantadora que mostraba todos sus dientes, acomodó su regazo y lo palpeó notariamente.
"Ahora es el turno de sensei".
"Estaré encantado".
Tal vez lo que Satoru necesitaba era una pequeña siesta... Incluso si el tiempo pasaba más lento en el interior del cubo, la mente de Satoru no tenía razón para volverse loca.
Esto era nuevo para él de muchas formas, pero la calidad de Yuuji era algo a lo que estaba acostumbrado. De alguna manera tiernamente retorcida le alegraba haberlo conocido, aunque eso conllevaba todo lo malo que trataba de ignorar.
"Yuuji es bueno" salió de los labios de Satoru mientras se recostaba en el regazo del joven chico.
Quizás ese era el problema. Yuuji era demasiado bueno.
