Chapter Text
Estaba cansada.
A pesar de que en Desembarco aún no tenía tantos deberes como en Rocadragón, el estrés por sus nuevos deberes en la capital, el embarazo de Daemon, el cual estaba siendo complicado, y la futura fiesta de compromiso de sus primogénitos la tenía algo ansiosa.
--Madre.
Y pensando en él.
--Jacaerys -respondió a su saludo con una sonrisa-, ¿A dónde vas tan temprano?
Su hijo se sonrojó ligeramente, lo que hizo que ella enarcara una ceja, curiosa de saber su respuesta.
--Iré a ver a Aegon.
Ah ... por supuesto.
Jacaerys había estado nervioso con el viaje a Desembarco, no lo negaba, pero a su vez siempre se había mostrado algo ansioso y emocionado por regresar.
Y ahora entendía el por qué.
No le molestaba que su hijo pareciese llevarse bien con Aegon. Realmente, nunca le había molestado el compromiso con su hermano.
--¿No se vieron recién ayer?
Jacaerys pareció algo confuso por las palabras de su madre, sin entender si era realmente una pregunta genuina.
--Sí, pero ... le prometí que iríamos a dar otro paseo hoy.
O si sospechaba algo.
Rhaenyra asintió, comprendiendo sus palabras, realmente no le molestaba.
Es sólo que ...
--Pareces demasiado emocionado con respecto a tu futuro matrimonio -comentó, viendo a su hijo pararse aún más recto-. No estoy queriendo decir que esté mal, es sólo ...
--Aegon no es malo.
La princesa enarcó una de sus finas cejas. --No estoy diciendo que lo sea -explicó de forma pausada-. Sólo, no creo que sea lo suficientemente bueno para ti.
Luego de esas palabras, la habitación se quedó en silencio.
--Madre.
--Entiendo que esta situación se te impuso por un pequeño conflicto de cuando aún eras un niño -la heredera interrumpió a su hijo-. Jacaerys, no puedo evitar preguntarme si de verdad estás bien con este compromiso.
El príncipe de cabellos marrones suspiró, elevándose en toda si altura antes de hablar. --Sí -contestó, antes de que un pequeño sonrojo invadiera su rostro-, yo realmente ... como que me gusta demasiado este compromiso.
Entendiendo que la palabra "compromiso", realmente no tenía el mismo significado, Rhaenyra parpadeó con algo se incredulidad, pero tratando de formar una sonrisa.
--No olvides que hoy tenemos una reunión en el consejo.
El príncipe se relajó notablemente, acercándose a su madre y dejando un pequeño beso en sus manos. --No te preocupes, estaré en la sala del consejo a la hora acordada.
La princesa suspiró, formando una pequeña sonrisa para su hijo mayor. --Se cuidadoso, Jace.
Jacaerys le correspondió la sonrisa, tranquilizándola antes de salir al encuentro de su prometido.
Rhaenyra volvió a suspirar, luchando contra el impulso de pedirle a un guardia que siga a su hijo y la mantenga al tanto de lo que hace. Jacaerys ya estaba grande, él es su hijo más sabio.
Por supuesto que no haría nada malo.
Pero el deseo de querer protegerlo nunca la abandonaba.
Era así con todos sus hijos, a pesar de lo que en algún momento le había dicho a su madre acerca de la maternidad, ella realmente amaba a sus niños con todo su corazón.
Y eso a veces la llevaba a tomar decisiones precipitadas.
Como proponerse en matrimonio en lugar de su hijo.
Ahora es consciente de que no fue la propuesta más adecuada, pero en ese momento ella lo vio como la solución más rápida y menos riesgosa para su hijo.
Con Daemon rechazando momentáneamente su oferta de matrimonio a favor de la tranquilidad de sus hijas, luego del comentario de Aegon, sus tres niños golpeados y la consorte de su padre exigiendo que le entregara a su hijo para ser mordido. No se le ocurrió otra alternativa más para tratar de que su hijo no se viera envuelto hasta el fondo de aquel problema, en ese momento realmente creyó que era la mejor opción.
Sin embargo, ahora agradecía internamente el que Alicent haya rechazado la propuesta.
No podía, ni quería imaginarse como hubiese sido su vida si llegaba a convertir a Aegon en su segundo consorte.
Sobre todo ahora, que se daba cuenta que su hijo parecía estar muy interesado en él.
--¿Puedo saber en qué estás pensando?
La voz de Daemon la sacó de sus pensamientos.
--En nada realmente importante. -le respondió con tranquilidad, levantándose para ayudar a su esposo a ponerse cómodo en el sillón.
--Tienes esa mueca que haces con los labios siempre que estás preocupada -respondió el omega, enarcando una rubia ceja-.
Rhaenyra sonrió, acercando su mano al vientre hinchado de su esposo, dándole una pequeña caricia, tratando de sentir a su hija. --¿Irás a ver hoy al maestre?
Daemon le sonrió de vuelta, su mirada aún mostraba algo de incredulidad. --¿Estás preocupada por esto? -preguntó señalándose a sí mismo-. Ya te he dicho que no hay nada de qué preocuparse, tu hija y yo estaremos bien. Esos maestres sólo están subestimándome.
La princesa soltó una pequeña carcajada, negando con su cabeza a lo dicho por su esposo.
Sí, a veces realmente agradecía el que su vieja amiga se hubiese opuesto a ese matrimonio.
*****
Lucerys estaba perdido.
Tal vez haya vivido en la fortaleza antes, pero eso fue cuando aún era un niño.
Tan acostumbrado como estaba a Rocadragón, ahora no podía ni reconocer bien en dónde se encontraba, y sinceramente le daba un poco de vergüenza pedirle instrucciones a algún guardia o sirviente.
Suspiró derrotado.
Él sólo quería encontrar la biblioteca, recoger un libro y regresar a su habitación.
--Príncipe.
Levantó la mirada, creyendo aquel saludo estaba destinado a él, dándose cuenta de inmediato que no era así. La voz provenía de un par de metros más allá, una de las sirvientas le hacía una reverencia a una figura alta y de lacio cabello Targaryen.
Aemond.
Quien correspondió el corto saludo, apresurándose a ingresar a la habitación a su izquierda.
Lucerys no logró darse cuenta a tiempo, así que ya era demasiado tarde para cuando sus pies se detuvieron frente a la gran habitación, quedándose sorprendido al caer en cuenta de que había llegado a la biblioteca de la Fortaleza.
Pero no viniste por un libro.
Sacudió la cabeza, tratando de que sus ideas, y pensamientos, dejaran de jugarle en contra.
El libro sobre la historia valirya, sí, ese había sido su objetivo desde el principio. No tenía por qué perder la hilación.
Sin embargo, lo hizo.
Cuando esos dos ojos amatistas y ese pálido rostro se posaron en su figura, no pudo hacer más que respirar, por unos segundos.
Hasta que se armó de valor.
--Tío, que ... agradable sorpresa -pronunció el menor, tratando de fingir que no sentía nervios en su interior-.
--Lo mismo digo, ... sobrino.
Lucerys le dio un asentimiento con la cabeza, y tratando de que sus pasos no se vean muy tiesos, se adentró en la habitación, perdiéndose entre los numerosos estantes llenos de libros y pergaminos.
Una vez hubo estado lo suficientemente lejos, suspiró. Sintiendo su rostro calentarse.
Calmado, muchacho, te vas a casar con Rhaena.
Pero el sonrojo de sus mejillas era porque hace mucho que no lo había visto, y también porque extrañaba su rara amistad de cuando eran niños, no por otra cosa, ¿Verdad?
¿¡Verdad!?
Trató de relajarse, olvidar que había alguien más allí y seguir con su objetivo principal de encontrar el libro, sí, eso era lo mejor. Así que ni corto ni perezoso, empezó a revisar los estantes, obligando a su mente a ignorar la presencia de su tío.
Pero claro, él falló.
Se engañaba, pensando de manera obligatoria que el libro que buscaba debería estar por donde había visto a Aemond, él no estaba siendo atraído hacia el rubio de larga cabellera, por supuesto que no.
Sin embargo, no podía engañarse a sí mismo, así que después de unos minutos se encontró buscando descaradamente la misma cabellera platinada de hace unos instantes, el segundo hijo de la princesa Rhaenyra se puso en marcha, volviéndose a perder entre los grandes estantes con libros y pergaminos.
Hasta que lo encontró.
Aemond estaba allí, sentado mientras leía un libro, totalmente concentrado y con la luz del sol resaltando sus rasgos.
Se veía ... lindo.
Muy lindo.
--¿Se te perdió algo, sobrino? -la voz ligeramente grave del rubio lo sobresaltó-.
Aemond no se movió, ni siquiera parpadeo o dirigió su mirada a él, sin embargo, reconoció su presencia.
--Yo ... sólo vine por un libro -contestó el menor-, para estudiar.
--Mmmn ...
El Targaryen no dijo nada más, dándole vuelta a la página del libro que leía.
Lucerys no pudo evitar fijarse en la delicadeza que usaba aquel omega, quien hace sólo unos días había estado luchando contra otros alfas mientras entrenaba.
Sus manos de dedos finos y pálidos, de hecho, todo él era pálido, ni siquiera tenía ese ligero rubor en las mejillas que portaban sus hermanos, Aegon y Helaena. Su cabello de igual manera, parecía ser más claro, totalmente lacio, muy diferente a las ligeras ondas que recordaba haberle visto cuando eran niños y se llevaban ... medianamente bien.
Sus labios de un rosa pálido, su nariz aguileña, algo parecida a la de su propia madre y sus ojos violeta ... aquellos que ahora lo estaban mirando.
Oh ...
--¿El libro que buscas es el que estoy leyendo?
La pregunta tomó por sorpresa al segundo hijo de la futura reina, quien negó apresurado.
--¿Entonces por qué me miras? ¿Tengo algo en la cara, taoba?
--Yo ... no, sólo ... ya me iba -tartamudeó un poco el príncipe más joven-. Nos vemos luego, tío.
Con los pasos algo tiesos y estando algo sonrojado de las mejillas, Lucerys se precipitó a abandonar la habitación, tratando de tomar respiraciones lentas y profundas.
No ayudaban demasiado.
Una vez fuera y ya algo alejado de la gran biblioteca del palacio fue que cayó en cuenta.
No había conseguido el libro.
*****
Aegon volteó los ojos por tercera vez, su abuelo estaba siendo insufrible con el tema de seducir a Rhaenyra.
Le tenía harto.
Bien sabía que podía acusarlo, exponer sus planes y tratar de dejarlo como traidor a la corona. Pero también sabía que ese viejo Hightower era astuto, se inventaría algo lo suficientemente convincente para librarse de cualquier cargo.
O al menos, estaba casi seguro que su madre elegiría creerle a su padre por sobre él.
Tenía que actuar a sus espaldas, hacerle creer que estaba de su lado, y acercarse lo suficiente para luego clavarle la daga en la espalda.
Si tan sólo no fuera tan complicado.
--Aegon, ¿Estás poniéndome atención? -la voz junto al fuerte apretón en sus mejillas hicieron que dirija su vista de manera directa hacia el Lord Mano-.
--Por supuesto que sí, abuelo -contestó, tratando de apartarse del hombre mayor-. Pero ya te he dicho que no es nada fácil.
El ceño de su abuelo se frunció, dispuesto a replicar su vago argumento.
--Rhaenyra está demasiado ocupada, si no es el consejo es con Daemon o alguno de sus hijos -siguió hablando el príncipe, tratando de darle forma a su excusa-. Si me acercase de un momento a otro se volvería sospechoso -finalizó con una sonrisa conciliadora-.
Los ojos de Otto Hightower se estrecharon, parecía considerar las palabras de su nieto mayor.
--Busca el momento adecuado, y que sea ya.
Fue con ese par de palabras que la Mano del Rey dio por terminada su conversación, saliendo de su habitación para dejarlo solo con sus pensamientos.
¿Por qué tenía que escuchar sus estúpidos planes?
Estaba harto.
Era consciente de que su abuelo siempre lo quiso como heredero, que hizo de todo porque su padre lo nombrara su sucesor, pero no le funcionó. Y como no le salió de la manera más civilizada, ahora necesitaba de que él hiciera sacrificios.
O al menos así los llamaba.
"--Entiende que es por el bien de nuestra familia, muchacho. Si no lo haces, ella nos matará a todos."
Pero Rhaenyra no sería capaz, ¿Verdad?
No tenía muchos recuerdos de su hermana, y los pocos que tenía no eran del todo agradables. Nunca fueron unidos, ni siquiera en el tiempo cuando aún era alfa y se llevaba bien con sus sobrinos. Nunca pasaron de un par de sonrisas de cordialidad.
Pero ella no era una matasangre.
Rhaenyra podría ser de todo, un puta, sin conciencia de la responsabilidad, grosera, mimada, como solía decir su abuelo e incluso su madre. Pero estaba seguro de que ella no atentaría contra sus vidas.
Tal vez contra la de su abuelo sí, pero si era lo suficientemente sincero consigo mismo, le traía sin cuidado alguno.
Ella no los mataría, como le dijo una vez a su madre, ellos no la desafiarían, no representarían obstáculo alguno para su reinado. Mucho menos ahora, que los cuatro eran omegas.
Tal vez los casaría con casas leales a la corona, viendo que la visita del Extraño estaba cada vez más cerca de su padre, era muy probable que fuese ella como monarca y única alfa quien se encargase de aceptar los futuros matrimonios de sus hermanos.
Tal vez ella podría ayudarlos.
--Mi príncipe -la voz, junto con el sonido del guardia llamando a la puerta, lo sacaron de sus pensamientos-.
--¿Qué sucede? -respondió, lo suficientemente alto como para que pueda hacerse escuchar al otro lado de la gran puerta de madera-.
--Su alteza, el príncipe Jacaerys está aquí.
Y sólo fueron necesarias ese par de palabras para hacer que su mal humor abandonara su cuerpo, siendo reemplazado por una gran sonrisa en su rostro.
--Déjelo pasar, Ser.
Jacaerys ingresó a su habitación un poco sonrojado de la mejillas, con los ojos brillando y una sonrisa. --Te ves precioso -le comentó.
--Hola a ti también -saludó Aegon, sonriendo un poco mientras luchaba contra el color en sus mejillas, y se acercaba hasta su sobrino, dejando un pequeño beso en sus mejillas-. Te ves muy guapo -concedió, haciendo que el sonrojo en las mejillas de Jacaerys se intensificara-.
Salieron del interior de la Fortaleza tomados del brazo, nuevamente dirigiéndose hacia los jardines en los alrededores, conversando alegremente mientras buscaban algo de privacidad, lejos de la corte y sus familias. Ya que aún no se les permitía ir demasiado lejos, al menos no solos.
Aunque tal vez eso cambien luego del anuncio oficial.
--Tal vez luego podríamos ir a volar juntos.
Las palabras del príncipe de cabellos marrones hizo crecer un sonrisa en el rostro del príncipe mayor.
--Es una idea maravillosa, estoy seguro que ningún guardia podría seguirnos sobre las nubes.
Entendiendo su pequeña broma, Jacaerys sonrío, divertido ante la insinuación de que podría haber alguien siguiéndolos para cuidar de sus "purezas".
Enganchando más fuerte su brazo al de su prometido, Aegon se acercó a él, inclinándose hacia arriba, pudiendo susurrar en su oído. --Creo que sería mejor si nos perdemos más a fondo entre los árboles, mi príncipe.
Jacaerys volteó su rostro hacia su prometido, encontrándose con esa sonrisa traviesas que siempre tenía cuando eran niños y estaban a punto se cometer alguna travesura, sintiéndose curioso por lo que pensaba hacer, abrió la boca dispuesto a preguntar, sin embargo, antes de que alguna palabra pudiese salir de él, Aegon empezó a correr, con sus brazos aún enganchados, haciendo que, aunque algo incómodo, él también siguiese la carrera.
El príncipe de cabellera rubia platinada, reía mientras jalaba a su prometido para correr y se esconderse entre los árboles, alejándose de quién sea que haya mandado su madre para escoltarlos de lejos.
Ahhh ... ella realmente lo subestimaba.
Girando entre arbustos frondosos y árboles poco cuidados pero bastante tupidos, Aegon se dejó caer en la tierra, haciendo que Jacaerys cayera encima suyo, casi sacándole un gélido de dolor por el peso del menor sobre él, pero silenciándose inmediatamente al escuchar una armadura cerca.
--Aegon, ¿Qué-?
El nombrado le puso un dedo sobre los labios, haciendo una mueca de silencio que su sobrino obedeció.
Se quedaron en esa posición, mirándose por un rato mientras escuchaban los pasos de la pesada armadura alejándose. Aegon se permitió reír un poco cuando ya no lo escuchó cerca.
--¿Qué? ... ¿Cómo es que- ?
El príncipe Velaryon estaba sorprendido de no haber escuchado al guardia seguirlos, frunció su ceño, empezando a molestarse cuando la idea de que en lugar de un guardia pudo haber sido alguien que amenazara sus vida, empezó a surgir en su cabeza.
Y él sin darse cuenta.
--No hagas eso, te vas a arrugar -dijo el príncipe mayor, alisando su entrecejo con uno de sus dedos-.
--Pudo haber sido alguien peligroso, y no estuve lo suficientemente atento -refutó el heredero de la princesa Rhaenyra-.
--Pero no lo fue.
--Pero pudo haber sido.
--Pero ... no ... lo ... fue -repitió Aegon, dando énfasis en cada palabra-. No te sientas mal, Jace, estoy seguro que si hubiese sido alguien peligroso, me habrías protegido.
Acariciando las mejillas del menor, Aegon inclinó su rostro hacia arriba, dejando un casto beso en los labios de Jacaerys. --Sé que estoy seguro a tu lado.
Pasando saliva y armándose de valor, el príncipe menor volvió a besarlo, moviendo lento sus labios contra los suyos, relajando su cuerpo mientras sus manos se dirigían a la cintura del mayor, apretando ligeramente sobre la ropa.
Aegon sentía que se derretía bajo Jacaerys.
A pesar de no haber besado a nadie en lunas, aún recordaba como se hacía bien. Y maldita sea, podría jurar que Jacaerys besaba jodidamente perfecto.
Agradecía a quien quiera que le haya enseñado, porque ahora él podría disfrutar los resultados.
Aegon soltó un pequeño quejido cuando Jacaerys le mordió un poco el labio, logrando adentrar su lengua en su boca, mientras sentía como una de las manos del príncipe menor bajaban de su cintura a sus piernas, mismas que en un acto instintivo, se abrieron para recibir a su prometido en medio, empezando a temblar ligeramente cuando este comenzó a acariciar sus muslos por sobre la ropa. Aegon frunció un poco el entrecejo, se sentía raro.
Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para pensarlo cuando sintió que la otra mano de su príncipe Velaryon dejaba su cintura, esta vez subiendo hacia el cuello de su túnica, jalándola un poco, consiguiendo dejar libre la parte de su cuello y clavícula. Ahí donde se encontraba su marca.
--Ngh ... ¡Ah!
El príncipe Targaryen jadeó, llevando sus manos a la nuca de su prometido Velaryon, cuando este dejó de besar sus labios y empezó a besar y dejar chupetones en su cuello.
--Hueles tan bien ...
La voz de Jacaerys se escuchaba aún más gruesa de lo normal, haciendo las piernas de Aegon temblaran aún más.
De verdad, de verdad ... se sentía tan raro.
--Mío ... mi omega.
El platinado finalmente gimió cuando, luego de esas palabras, Jacaerys beso y chupó su marca, logrando que sus piernas trataran de cerrarse. Y sintiendo algo húmedo entre estas deslizarse.
Confundido y sin mentir, algo temeroso, el príncipe Aegon se encontró alejando sus manos de la nuca de sus sobrino, posicionándolas ahora en sus hombros, tratando de separarlo de él.
--Espera ... Jace ... ¡Jacaerys!
El nombrado se separó de él en un salto, asustado de haber lastimado a su querido omega.
--Perdón ... perdón, Egg. Lo siento, me dejé llevar ... ¿Te hice daño? -empezó a balbucear, tratando de acercarse al platinado para revisarlo-.
Aegon se incorporó hasta sentarse, sonriéndole, un poco enternecido por su preocupación. --Estoy bien, Jace, sólo ... creo que me picó un insecto -se excusó, diciendo la primera cosa que se le vino a la mente-.
Jacaerys se le quedó observando por unos segundos, empezando a reír luego, acercándose hasta poder acariciar las mejillas de su omega, dejando un pequeño beso en su frente.
--Perdón, si te asustó.
Entendiendo que su prometido no se refería exactamente al insecto, Aegon sonrió, sonrojándose mientras Jacaerys lo ayudaba a ponerse de pie, con algo de dificultad ya que sentía sus piernas temblar como un cervatillo recién nacido.
--Será mejor que regresemos.
Comentó el príncipe menor, mientras terminaba de acomodar la túnica y cabello de su prometido, quien se quedó estático, dejando que su príncipe Velaryon se ocupe de él.
Una vez listos, y mejor arreglados, empezaron su camino de regreso a la fortaleza, esta vez caminando de la mano y en un agradable silencio.
--Sabes ... también sería bueno regresar a la ciudad.
La sugerencia de Jacaerys le hizo soltar una carcajada, asintiendo a su pedido, mientras recargaba su cabeza en el hombro de su prometido, apretando más sus manos juntas. Tratando de diluir los pensamientos que venían a su cabeza.
No debería estar asustado, sabía que pasaría, los maestres y si madre se lo habían advertido.
Sin embargo, una cosa era saber y otra cosa muy distinta era saber.
Suspiró, tratando de ignorar la incomodidad en su parte baja.
Había lubricado.
Por los dioses valyrios.
