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Efecto Mariposa—Jegulus

Chapter 4: Capitulo 4

Summary:

Regulus cuestionándose sobre confiar en Evan.

Pandora tiene una visión.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Regulus conoció a Evan a sus cinco años.

Hasta ese momento, no había tenido contacto con nadie fuera de su círculo familiar cercano. Lo cual es irónicamente ridículo si consideramos su extenso árbol genealógico.

En realidad, 0Evan y Pandora son sus primos terceros, técnicamente eran familia, pero el parentesco era tan lejano que no los veía como tales. Aun así, desde el primer momento en que los conoció, se convirtieron en algo más.

Se convirtieron en su familia elegida.

El primer encuentro fue con Pandora, por supuesto. Sirius, siempre protector, no había querido dejarlo solo en la fiesta, pero como primogénito y supuesto heredero Black, tenía que mezclarse con los adultos, dejando a Regulus más libre de responsabilidades. Su madre, Walburga, fue inusualmente comprensiva al permitirle jugar con sus primas Narcissa y Andrómeda. Ellas, siempre interesadas en las flores del jardín, lo llevaron con ellas.

Regulus se entretuvo observando las flores, hasta que una en particular, de un color morado intenso, llamó su atención. Al acariciarla, un pequeño pinchazo lo sorprendió, y una gota de sangre cayó de su dedo. Instintivamente, se llevó el pulgar a la boca para detener el dolor, un hábito que su madre siempre le había recriminado por ser antihigiénico.

—Estúpida flor —murmuró con enojo, aprovechando la ausencia de adultos para usar una de las palabras prohibidas que Sirius le había enseñado.

—Mi mamá dice que los niños no deben decir malas palabras —dijo una voz infantil detrás de él.

Regulus se giró y vio a una niña rubia, de sonrisa amplia y cálida, tan fuera de lugar que lo desconcertó. Los Black no solían sonreír así, al menos no en público.

—No me importa —respondió él, rodando los ojos.

La niña ignoró su actitud y señaló su dedo herido.

—Oh, te lastimaste. Déjame ayudarte.

Sacó de una bolsa qué se encontraba dentro de los bolsillos del vestido, una crema sanadora y una pequeña curita que colocó con cuidado alrededor de el dedo de Regulus.

—¿Por qué llevas eso a todos lados? —preguntó él, escéptico.

—No lo hago. Supe que lo necesitaría hoy —respondió ella con naturalidad, como si fuera lo más obvio del mundo.

Regulus arqueó una ceja, convencido de que la niña estaba loca. Quizá una de esas videntes de las que su madre siempre hablaba con desprecio.

—Eres Regulus, ¿no?

La certeza en su voz lo puso incómodo. Regulus no era la persona que siempre reconocían los familiares, en realidad la mayoría de las veces lo confundían con Sirius, lo cuál era entendible por su gran parecido.

—Sí. ¿Y tú quién eres?

—Pandora Rosier.

Regulus asintió, la familia Rosier era bastante cercana.

—Entiendo.

Pandora sonrió aún más, como si acabara de resolver un gran misterio.

—Tengo un hermano. Ven, creo que serán buenos amigos.

—¿Es algún tipo de corazonada?

Pandora chasqueó la lengua y negó con la cabeza

—Simplemente lo sé.

Antes de que pudiera protestar, Pandora lo tomó de la mano y lo llevó corriendo hacia un árbol cercano, donde un niño rubio estaba trepado en una de las ramas más bajas.

—¿Es Regulus? —preguntó el niño desde arriba, ladeó la cabeza, observándolo con curiosidad.

—¡Sí! —exclamó Pandora, dando un pequeño salto de emoción. —Seremos muy buenos amigos los tres.

Regulus no vio la necesidad de contradecirla. Después de todo, sus padres siempre decían que tener un buen círculo de conocidos era importante. Aún era pequeño y no entendía el porqué, pero hacer caso nunca venía mal.

Además, por primera vez en mucho tiempo, se sintió como un niño.

—Está bien. Seamos amigos.

Ese fue el inicio de una amistad que trascendió cualquier otra relación que Regulus tuviera en su vida.

....

Con los años, Evan y Pandora se convirtieron en sus mayores confidentes. Sirius, aunque intentaba unirse a veces, nunca encajó del todo en ese pequeño grupo. Las reuniones no eran frecuentes; se limitaban a las bodas, los funerales y las fiestas importantes. Pero cuando Sirius fue a Hogwarts y dejó de escribirle, Evan y Pandora llenaron ese vacío.

Cuando finalmente llegó su turno de ir a Hogwarts y Sirius lo ignoró por ser Slytherin, Regulus no se preocupó. Tenía amigos. Pandora siempre con sus corazonadas, Evan siempre teniendo lógica en absolutamente todo.

Ahora en la actualidad, sentado en una clase que apenas escuchaba, Regulus observaba a Evan escribir y escribir con dedicación, mientras él debatía internamente una cuestión mucho más complicada.

¿Podía confiar en Evan?

El chico a su lado, era EVAN. Su amigo....

Evan, criado bajo los mismos ideales de pureza que él. Evan, que conocía el peso de la obediencia ciega. Evan, que compartía la habilidad de Pandora para ver más allá, para prever el futuro.

¿Evan podía ver el daño que causaría seguir al Señor Oscuro?

¿Y si lo veía en algún momento, sería capaz de rechazar seguirlo?

Regulus quería creer que sí. Que ni Evan ni Pandora estaban tan rotos como para no buscar una salida. Pero la duda lo carcomía. Si Evan podía ver el futuro, ¿también era capaz de ver lo que él intentaba ocultar? ¿Sabía lo que estaba tramando, lo que lo atormentaba cada noche?

—¿Estás enamorado de mí o algo así?

La voz de Evan rompió sus pensamientos como un rayo. Regulus levantó la vista, parpadeando rápidamente. Evan tenía esa sonrisa burlona que usaba cuando quería incomodar, apoyando la barbilla en una mano mientras lo observaba con descaro.

—¿Q-qué?

—Has estado mirándome fijamente un buen rato. Me siento halagado, pero… no.

Regulus parpadeó, hasta que captó lo que Evan trataba de decirle.

—Iugh. Por favor —Regulus frunció el ceño, conteniendo un estremecimiento. —No es eso.

—Ah, menos mal. Eres como un hermano para mí. Y eso sería… bueno, muy raro.

Regulus rodó los ojos. La endogamia era casi tradición en sus familias; la moralidad no era precisamente un obstáculo. Aunque, claro, el hecho de que ambos fueran hombres sí lo sería.

—Idiota.

Evan soltó una carcajada, echándose hacia atrás en su silla.

—Entonces, ¿qué es? Estás raro desde hace días. Pandora también lo ha notado, y si ella lo nota, sabes que es serio.

Regulus desvió la mirada hacia sus manos. Sentía un nudo en la garganta.

—Nada.

Evan inclinó la cabeza, mirando a Regulus cómo si pudiera leerlo por completo. Era aterrador pero esta persona frente a él era quien mejor lo conocía, así que eso no estaba demasiado lejos de la verdad.

—Mientes muy mal—dijo, mientras arrugada levemente la nariz

—No estoy mintiendo. Yo nunca miento.

—Claro que sí. Lo haces todo el tiempo, pero nunca conmigo —dijo Evan con una firmeza que lo descolocó. Luego, su tono cambió a algo más suave, casi dolido. —¿Es por Barty?

El corazón de Regulus dio un brinco.

—¿Qué?

—¿Están saliendo? —Evan lo miraba fijamente, intentando mantener una expresión neutra, pero Regulus alcanzó a notar algo detrás de sus ojos, algo que no lograba identificar.

Proceso las palabras de Evan. «¿Que demonios?» pensó.

Si hubiera estado bebiendo algo, probablemente lo habría escupido en la cara de su mejor amigo.

—¿Qué? ¿Barty y yo? ¡Por favor!

—¿Por qué no? —preguntó Evan con simpleza. —Si lo estuvieran, estaría bien.

Regulus parpadeó, atónito.

—¿De verdad?

—Por supuesto. No soy como… bueno, ya sabes.

Homofóbico, eso quería decir. Regulus jamás había pensado eso de ninguno de sus amigos.

Y era cierto en realidad, jamás se había detenido a mirar a alguna chica. Pero chicos...

Regulus no supo qué decir. Estaba acostumbrado a que incluso sus amigos más cercanos evitaran cualquier tema que desafiara las reglas implícitas de sus familias. Pero Evan era diferente. Siempre lo había sido.

Y ahí estaba su oportunidad. Un momento perfecto para decirle la verdad, para confiar en él. Podía sentir las palabras acumulándose en su garganta, listas para salir.

Pero entonces, como si el universo conspirara contra él, Dorcas apareció en la puerta del aula.

—¿Qué hacen todavía aquí? Somos los últimos. ¡Muévanse! —exclamó, cruzándose de brazos.

Evan suspiró, dejando escapar una sonrisa.

—Bueno, supongo que hablaremos luego, Reg.

Y así, el momento se desvaneció. Regulus guardó sus cosas en silencio, siguiendo a sus amigos hacia el pasillo abarrotado.

Pandora apareció en su camino, repleta de energía como siempre. Una palabra para describir a Pandora siempre seria "radiante".

—¡Ahí están!. Los estaba buscando... ¿Qué estaban haciendo, compartiendo secretos?—preguntó con una sonrisa que parecía iluminar todo el pasillo.

Evan negó con la cabeza, divertido.

—Nada tan emocionante, Pand.

Pandora lo miró de reojo.

—Pues deberías. Regulus necesita soltar lo que tiene guardado.

—Estoy bien —interrumpió Regulus rápidamente, intentando no parecer tan obvio.

Pandora no pareció convencida, pero decidió no insistir.

Caminaron juntos hacia el Gran Comedor, pero Regulus apenas se daba cuenta de lo que lo rodeaba. Sus pensamientos seguían atrapados en ese instante que había dejado pasar. Podría haber confiado en Evan, pero no lo hizo. Otra vez.

¿Lo había hecho apropósito? ¿No se sentía capaz de confiar en Evan todavía?

No tenia las respuestas.

Mientras tomaban asiento, Pandora comenzó a hablar sobre alguna teoría extraña relacionada con las runas antiguas. Evan asentía distraídamente mientras masticaba un trozo de pan, pero Regulus no podía concentrarse.

Evan lo miró de reojo, bajando la voz para que Pandora no escuchara.

—Reg, ¿sabes que puedes confiar en mí, verdad?

Regulus tragó saliva. La respuesta parecía obvia, pero no podía decirla. No sin sentir que todo lo que había construido con ellos se tambalearía.

—Lo sé —dijo finalmente, y fue una mentira que le dolió más que cualquier otra que hubiera dicho antes. Evan sabía cuando mentía.

Evan lo observó por un momento más, y luego, con una sonrisa pequeña pero sincera, volvió su atención a Pandora.

Regulus sabía que no podría evitarlo para siempre. Eventualmente, tendría que decir la verdad. Pero por ahora, se conformaría con el silencio, con el engaño. Porque en el fondo, no sabía si Evan y Pandora serían lo suficientemente fuertes como para no romperse también.

.......

Estaban almorzando en la mesa de Slytherin. Barty, con los codos sobre la mesa y el tenedor apenas sostenido entre los dedos, bostezaba de vez en cuando, mientras que Evan no podía apartar la mirada de las ojeras que marcaban el rostro de Regulus. No era tonto; sabía perfectamente que esos dos se habían quedado despiertos hasta tarde, hablando de quién sabe qué cosas importantes o, probablemente, discutiendo como de costumbre.

Evan suspiró, pesado y frustrado. La situación entre sus amigos era un enredo, y no podía evitar darle vueltas. Él no era homofóbico, se lo había dicho a Regulus antes, con total claridad.

Le había dicho directamente que podía decirle lo que sea.

Pero, aun así, Regulus no había dicho nada al respecto. Y eso era raro, porque había algo innegable en la forma en que últimamente Barty y Regulus se miraban, como si estuvieran al borde de algo que ninguno quería reconocer.

El almuerzo transcurría en un silencio casi incómodo. Evan movió la cabeza, intentando despejar sus pensamientos, pero era inútil. Aunque no juzgaba a sus amigos por querer estar juntos, no podía ignorar esa punzada en el pecho, un dolor extraño que no entendía del todo. Algo en la idea de ellos dos lo hacía sentir... desplazado.

Sabía que una relación entre Barty y Regulus no tenía por qué cambiar la dinámica del grupo. Pero ¿en serio? ¿De todas las personas, ellos dos?

El pensamiento quedó interrumpido por un dolor agudo en su pecho. Evan llevó una mano al lugar, notando cómo su corazón latía desbocado, como si algo lo estuviera empujando a moverse. Entonces lo supo.

Volteó hacia Pandora, que estaba sentada a su lado. Tenía los ojos cerrados y temblaba ligeramente.

—No otra vez… —susurró Evan, más para sí mismo que para los demás.

Pandora estaba teniendo una visión.

Esto no era nada nuevo en su familia. El don de las visiones era algo que salteaba generaciones. Aunque sus padres no lo tenían, el abuelo de ambos y su hermano gemelo sí lo habían tenido. Lo extraño era que Pandora y Evan, siendo mellizos, compartieran esa conexión, como si sus visiones estuvieran entrelazadas. Sin embargo, esta vez era diferente. Evan no vio nada, solo pudo sentir el aumento del ritmo cardíaco y el pánico latente en Pandora.

Pandora soltó la mano de Evan cuando empezó a calmarse. Su respiración seguía siendo entrecortada, pero al menos había dejado de temblar. Las visiones no eran particularmente dolorosas, pero sí intensas, y ambos sabían que tenían que ser cuidadosos. Jamás le habían contado a nadie fuera de su grupo de amigos sobre este don, ni siquiera a sus propios padres. Sus hermanos mayores se lo habían recomendado: mantenerlo en secreto era lo mejor.

Los minutos pasaron y Pandora abrió los ojos. Sus miradas se encontraron, azul con azul, y por un momento, Evan pensó que todo estaba bajo control. Pero entonces se dio cuenta de que Pandora estaba llorando.

Al principio fue apenas un sollozo, tan bajo que nadie más en la mesa lo notó. Nadie excepto Dorcas, quien levantó la vista con preocupación.

—Pand, ¿Qué sucede? ¿Estas bien?—preguntó Dorcas en voz baja.

Pandora solo asintió, incapaz de hablar, mientras las lágrimas seguían rodando por sus mejillas. Evan entendió de inmediato y se levantó. Sin decir nada, ambos salieron del Gran Comedor y caminaron hasta un pasillo vacío.

Tan pronto como estuvieron solos, Pandora se dejó caer al suelo, como si algo la estuviera desgarrando por dentro. Rompió a llorar con una desesperación que Evan jamás había visto en ella.

—Pandora, ¿qué pasa? —Evan estaba asustado. Su hermana era sensible, sí, pero esto… esto era demasiado. Ni siquiera cuando tenían once años y murió su mascota había llorado así.

Pandora intentó hablar entre sollozos, pero apenas podía formar palabras.

—Él… va a… estará… en un par de años… —su voz era un susurro quebrado.

—¿Qué? Pandora, tranquila. Dime qué viste.

—Una cueva… un lago… agua, mucha agua. Está envenenada. Él no sobrevivirá… los inferis… lo llevan… muere, muere en esa cueva… él…

Evan se arrodilló a su lado, tomándola por los hombros.

—Pandora, estás divagando. ¿A quién viste? ¿Quién muere en esa cueva?

Pandora alzó la mirada, como si recién se diera cuenta de dónde estaba y de quién tenía enfrente. Sus ojos estaban llenos de miedo, y su voz apenas fue un murmullo cuando dijo:

—Regulus.

Evan sintió como si algo le arrancara el corazón. Se dejó caer junto a Pandora, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Y mientras ella seguía llorando, todo lo que podía hacer era abrazarla, aunque ni siquiera sabía si eso serviría de algo.

Evan sintió que el mundo se detenía. ¿Regulus? El nombre rebotaba en su mente como un eco que no podía apagar. Apretó los labios, incapaz de decir nada mientras su hermana seguía llorando entre sollozos desgarradores.

Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Pandora levantó la cabeza, con los ojos rojos y el rostro pálido.

—Evan… no sé qué hacer. No sé cómo evitarlo…

Evan tragó saliva. Sentía un nudo en el pecho, pero sabía que tenía que mantenerse firme por Pandora.

—Tranquila, Pands. Esto no va a pasar… no si hacemos algo al respecto. —Intentó sonar seguro, pero incluso a él le tembló la voz.

—Pero… era tan real… tan claro… —susurró ella, abrazándose las rodillas.

—Escucha. —Evan tomó sus manos, obligándola a mirarlo. Sus ojos azules estaban llenos de una mezcla de determinación y miedo—. Esto no es una sentencia. Hemos visto cosas antes, ¿recuerdas? Y no siempre pasan.

—No siempre… pero a veces sí. —Pandora tembló, cerrando los ojos mientras nuevas lágrimas caían por su rostro—. Evan, si lo ves… si lo ves como lo vi yo…

Evan negó con la cabeza rápidamente.

—No lo veremos, porque no lo vamos a dejar pasar. —Hizo una pausa, pensando rápidamente—. Necesitamos hablar con Regulus.

—¿Hablar con él? —Pandora lo miró, confundida—. No podemos simplemente decirle "oye, por cierto, en unos años te vas a morir en una cueva llena de inferis."

—No, claro que no. —Evan suspiró, pasándose una mano por el cabello—. Pero podemos… no sé, empezar a acercarnos más. A entender qué está pasando con él.

Pandora pareció considerar esto, aunque seguía luciendo aterrorizada.

—¿Y si ya está decidido? —preguntó en voz baja, como si la idea la estuviera consumiendo por dentro—. ¿Y si no hay forma de cambiarlo?

Evan frunció el ceño.

—Siempre hay forma de cambiarlo. No voy a dejar que Regulus muera en esa maldita cueva, ¿me oyes? —Su voz sonaba más firme esta vez, como si intentara convencerse a sí mismo tanto como a ella—. Pero necesitamos más información. ¿Viste algo más?

Pandora vaciló un momento antes de asentir lentamente.

—Había una figura con él… alguien más estaba ahí, pero no pude ver quién. Todo estaba oscuro. —Tomó aire, intentando calmarse—. Y algo sobre un medallón.

Evan parpadeó, confundido.

—¿Un medallón?

—Sí. Lo tenía en la mano. Era importante… demasiado importante. Como si todo girara alrededor de eso.

El nombre de Regulus, la cueva, el medallón, los inferis… Evan sentía que estaba armando un rompecabezas con piezas que no encajaban.

—Está bien, Pands. —Se inclinó hacia ella, colocando una mano en su hombro—. Vamos a resolver esto, ¿sí? No estás sola. Lo vamos a proteger.

Pandora lo miró, con los ojos todavía llenos de lágrimas, pero asintió.

—Gracias, Ev…

Él sonrió, aunque le costó.

—Siempre.

Sin embargo, mientras ayudaba a su hermana a levantarse, no podía ignorar el peso que se había instalado en su pecho. ¿Cómo demonios iban a salvar a Regulus de algo que ni siquiera podían comprender del todo?

.....

Más tarde, Evan los vio en la biblioteca. Barty y Regulus estaban inclinados sobre un libro, cuchicheando como conspiradores. A veces Barty sonreía con ese aire arrogante suyo, y otras Regulus simplemente rodaba los ojos, pero no se apartaba.

Evan se quedó al otro lado de la sala, fingiendo que buscaba algo en los estantes, pero su mirada no dejaba de desviarse hacia ellos.

“¿Qué estarán tramando?” Normalmente, habría ido directo a molestarlos o a pedir explicaciones. Pero ahora, con la visión de Pandora rondándole la cabeza, no podía. Todo lo que podía pensar era en lo poco que sabía y en lo rápido que el tiempo parecía estar escapándose entre sus manos.

Barty le dijo algo a Regulus, y este dejó escapar una pequeña sonrisa, apenas perceptible. Evan sintió un dolor sordo en el pecho al verlo. “En un par de años…” La frase seguía repitiéndose como un eco en su mente.

No sabía cuánto tiempo había pasado cuando Regulus levantó la vista y lo vio.

—Evan... —La voz de Regulus cortó el aire, suave pero lo suficientemente firme como para llamar su atención.

Evan parpadeó, sobresaltado, como si acabara de darse cuenta de que estaba mirando demasiado.

—¿Qué? —murmuró, tratando de sonar despreocupado mientras apartaba la mirada hacia los libros.

Regulus no se dejó engañar. Se puso de pie, dejando a Barty confundido, y cruzó la sala hasta donde estaba su amigo.

—¿Sucede algo? —preguntó, directamente, con esa intensidad que siempre tenía cuando quería respuestas.

Evan tragó saliva, evitando su mirada.

—Nop. Nada, estoy bien.

—No, no lo estás. —Regulus frunció el ceño—. Me estás mirando como si… no sé, como si algo estuviera mal.

—No es nada, Reg. —Evan intentó sonreír, pero fue un intento débil. Tomó un libro al azar, fingiendo que lo revisaba—. Solo estoy distraído.

Regulus lo observó en silencio durante un momento, como si intentara descifrarlo. Luego suspiró y se cruzó de brazos.

—Evan, si hay algo que quieras decirme…

—No hay nada, ¿vale? —interrumpió Evan, un poco más brusco de lo que pretendía. Al ver la ligera sorpresa en el rostro de Regulus, bajó la voz—. Solo estoy cansado. Eso es todo.

Regulus no pareció convencido, pero no insistió.

—Está bien. Pero si necesitas hablar… —Dejó la frase en el aire, aunque su mirada decía mucho más.

Evan asintió, apretando el libro entre las manos.

—Gracias, Reg.

Regulus volvió con Barty, pero no sin echarle una última mirada, una mezcla de preocupación y confusión.

Evan lo vio marcharse, sintiéndose como un completo idiota. Quería decirle algo, advertirle, pero cómo demonios explicas que tu hermana tuvo una visión en la que morías en una cueva llena de inferis y veneno.

Eso era algo permitido, todos sabían sobre las visiones. Pero hablar justamente de la muerte era...inquietante.

Apoyó la frente contra el estante, cerrando los ojos mientras una oleada de frustración lo invadía. Tenía que encontrar una forma de protegerlo. Aunque ni siquiera sabía por dónde empezar.

.....

Pandora no solía llegar temprano a las reuniones de los viernes en la habitación de Evan, pero esa tarde sentía que necesitaba estar cerca de sus amigos. Las visiones siempre la dejaban inquieta, y aunque había intentado calmarse, la sensación de peligro seguía oprimiéndole el pecho.

Cuando llegó, la puerta estaba entreabierta, lo cual no era raro. Lo que sí lo era, sin embargo, era escuchar a Regulus y a Barty hablando en voz baja desde el interior.

Pandora era curiosa por naturaleza. Inevitablemente se acercó un poco más, tratando de saber que era lo que decían

—No podemos esperar más, Reg. Debemos decirle a alguien....

—Lo sé, pero no es tan simple. —La voz de Regulus estaba cargada de tensión—No sabemos a quien podemos involucrar para enfrentarnos a él.

Pandora se quedó congelada fuera de la puerta. ¿A quién estaban enfrentándose?

—¿Y cuál es tu plan, entonces? ¿Esperar hasta que nos maten a todos? —Barty sonaba furioso, casi desesperado—. Si lo dejamos para después, no habrá nadie que pueda detenerlo.

—Ya sé lo que está en juego. —Regulus suspiró, agotado—. Pero te dije que no voy a involucrarte más de lo necesario. Este es mi problema, mi decisión.

—¿Tu problema? —Barty soltó una risa amarga—. ¿De verdad crees que voy a dejarte hacer esto solo?

Pandora sintió que su corazón se aceleraba. Esto no tenía sentido. ¿A quién se referían? ¿Qué planeaban?

No pudo contenerse más. Empujó la puerta y entró, con el rostro tenso.

—¿De qué están hablando?

Los dos se giraron hacia ella, sorprendidos. Regulus abrió la boca, pero no encontró palabras. Barty, por su parte, frunció el ceño, claramente molesto por la interrupción.

—Pandora… —empezó Regulus, pero ella lo interrumpió.

—¿Qué planean? —exigió, cruzándose de brazos—. Los escuché, Reg. ¿De quién hablan? ¿Qué es tan importante que no puedes decirle a nadie?

Regulus apretó los labios, su mirada oscureciéndose. Después de unos segundos, suspiró profundamente y miró a Barty, como si pidiera permiso silencioso. Este lo observó durante un momento antes de asentir, aunque no parecía contento.

—Está bien. —Regulus caminó hacia Pandora, con los hombros tensos—. Pero lo que voy a decirte no puede salir de esta habitación. ¿Entendido?

Pandora asintió lentamente, su mente corriendo a mil por hora.

Regulus tomó aire antes de hablar, con una seriedad que ella rara vez había visto en él.

—Planeamos destruir al Señor Oscuro.

Pandora parpadeó, atónita.

—¿Qué?

—Lo que oíste. —Barty cruzó los brazos, mirando a Pandora con desafío—. Y antes de que digas algo, sí, sabemos lo peligroso que es.

—No puede ser… —murmuró Pandora, su voz quebrándose—. Reg, no puedes… Esto es suicida.

—Sé que parece una locura. —Regulus bajó la voz, mirándola directamente a los ojos—. Pero hay cosas que tú no sabes.

—Entonces explícame. —Pandora lo miró con desesperación—. Porque no entiendo cómo puedes pensar que esto es algo que puedas hacer, conoces a nuestras familias...¡Nos repudiaran!

Regulus vaciló, y por un momento pareció más vulnerable de lo que Pandora había visto nunca. Escucho las palabras que ella dijo anteriormente y supo porqué. El tema de ser repudiado era tabú entre ellos. Sirius había sido repudiado horriblemente el año pasado y aun quedaban en la mente de los tres la manera de la cual escapó, casi murió allí.

—Tuve una… conversación, por llamarlo así. —Hizo una pausa, como si buscara las palabras correctas—. Con alguien que me mostró lo que pasa si sigo por este camino. Me mostró mi final si sigo sirviendo al Señor Oscuro.

Pandora lo miró fijamente, su mente conectando las piezas a toda velocidad.

—¿Regulus del futuro? —soltó sin pensar.

Regulus se tensó, sorprendido.

—¿Cómo lo sabes?

—Lo intuí, es que yo...te vi hoy. —Pandora se tambaleó ligeramente, como si las palabras le pesaran—. En una visión. Vi cómo muere… cómo mueres… en una cueva.

Regulus cerró los ojos, apretando la mandíbula. Barty, por su parte, palideció.

—Por eso tenemos que hacerlo ahora. —Regulus abrió los ojos y miró a Pandora con una intensidad que casi la hizo retroceder—. Si puedo cambiar lo que pasa, si puedo hacer algo diferente… no voy a quedarme sentado esperando.

Pandora sintió que su garganta se cerraba.

—Pero, Reg, ¿y si no puedes cambiarlo?

—Entonces, al menos, habré intentado hacer lo correcto. —La voz de Regulus era baja, pero firme—. No puedo seguir siendo parte de esto, Pandora. No después de lo que sé.

El silencio cayó sobre ellos como un peso insoportable. Pandora miró a su hermano y luego a Barty, y supo que no podía detenerlos. Pero eso no hacía que el miedo en su pecho disminuyera.

—Si hacen esto… —empezó, con la voz temblando—. No lo hagan solos. Por favor.

Regulus intercambió una mirada rápida con Barty antes de asentir.

—No vamos a hacerlo solos. Pero tampoco vamos a arrastrarte a esto, Pandora. No es tu lucha.

—Es mi lucha sí estoy junto a mis amigos

—Pands, es peligroso.

—Lo es también para tí. ¡Lo ví!

—No puedo poner en riesgo a nadie más. Joder, nisiquiera quería que Barty se metiera en esto.

Barty sonrió burlón.

—Básicamente no te deje otra opción. Déjala participar si es lo que quiere.

Regulus rodó sus ojos y suspiró con cansancio.

—Bien pero sólo si prometes que estarás escondida en esto. Puedes colaborar pero no permitiré que luches contra el con nosotros. ¿Entendido?

—Aceptaré con una condición.

—¿Cual?

—Prométeme que no te perderé.

—No puedo hacer eso...

—Inténtalo, Regulus. Yo realmente no puedo perderte. Así que promete. No morirás en esa cueva tú sólo, no quiero que ni siquiera intentes actuar sólo en esto...

Regulus no respondió de inmediato, pero cuando lo hizo, su voz era más suave.

—Haré todo lo posible, Pandora. Eso te lo prometo.

Ella quiso creerle, pero algo en su interior le decía que esa promesa no sería suficiente. Antes de que pudiera responder, Evan entró en la habitación con una expresión despreocupada.

—Wow. ¿Hay cierta tensión aquí o son ideas mías?

—Créeme, lo sé —interrumpió Dorcas, que estaba apoyada contra el marco de la puerta con una sonrisa maliciosa—. Y, extrañamente, no es tensión sexual.

—¡Dorcas! —protestó Pandora, entre risas.

—¿Qué? Yo sólo digo. No toda la tensión es mala, ¿sabes?

Pandora no pudo evitar sonreír, aunque Evan parecía más interesado en otra cosa. Se acercó a Pandora y la miró con una ligera preocupación.

—¿Pasa algo?

Pandora observó a lo lejos a Regulus y Barty, negando levemente. Aún no podían decirselo...Ella negó con la cabeza, aunque su sonrisa era un poco tensa.

—No... está todo perfecto.

Sin decir nada más, Evan la abrazó brevemente, un gesto que parecía más para reconfortarla que para saludar.

Pandora cerró los ojos un instante, reafirmando sus pensamientos.

«Sí, todo estará bien» se dijo a sí misma con convicción.

Regulus no morirá en esa cueva. No permitirá que este grupo de amigos se desmorone. Ella haría todo lo necesario para protegerlos. Porque, al final, ellos eran todo lo que realmente importaba.

Pandora se obligó a relajarse. No podían levantar sospechas. Si los demás empezaban a hacer preguntas, todo se complicaría.

Evan se dejó caer en su cama, sentado estirando los brazos por encima de la cabeza con un suspiro exagerado.

—¿Esto significa que tenemos tiempo para una charla decente antes de que empiecen los discursos dramáticos? Porque, sinceramente, lo necesito.

—Oh, claro, porque la vida de un Rosier es tan agotadora —bromeó Dorcas, entrando a la habitación con una manzana en la mano y sentándose al revés en una silla, apoyando los brazos en el respaldo.

—Lo es, gracias por entenderlo —replicó Evan, poniéndose cómodo.

Pandora tomó asiento al lado de Regulus, aunque él mantenía la mirada fija en la mesa frente a ellos, aparentemente concentrado en nada.

—Bien, si vamos a charlar, que sea algo divertido —dijo Dorcas, dándole un mordisco a la manzana—. Regulus, ¿cuándo fue la última vez que te reíste de verdad? Porque te juro que tu cara de funeral ya es tu estado permanente.

Regulus levantó una ceja, claramente poco impresionado.

—Probablemente cuando tú intentaste impresionar a Slughorn en clase de pociones y casi explotas el caldero.

Evan rió

—Creo que quería impresionar a la chica rubia, o bueno eso fue lo que muchos dijeron....

—¡Eso fue un accidente y lo saben! —protestó ella, señalándolo con la manzana—. Además, ¿quién terminó ayudándome a arreglarlo? Exacto, yo.

Barty, que había estado observando la conversación con una sonrisa divertida, intervino:

—Yo diría que la última vez que Regulus se rió fue cuando Sirius intentó jugar al héroe y terminó en la enfermería con el brazo roto.

Dorcas soltó una carcajada, y hasta Pandora dejó escapar una risita, aunque intentó disimularla.

—Fue culpa suya por intentar hacer ese salto absurdo con la escoba —respondió Regulus, cruzándose de brazos—. Pero admito que fue... gracioso.

—¡Lo sabía! —exclamó Dorcas, triunfante—. Sabes reírte, sólo que lo haces en secreto para no arruinar tu reputación de chico misterioso y taciturno.

Pandora aprovechó el momento para dar un pequeño empujón en el costado de Regulus.

—Podrías practicar sonreír más. No es tan difícil, ¿sabes?

Regulus rodó los ojos, pero una sonrisa diminuta, casi imperceptible, apareció en sus labios.

—No lo intenten demasiado. Podría romperse algo.

La risa llenó la sala, y por un momento, todo parecía normal. Un grupo de amigos, compartiendo bromas, dejando a un lado las preocupaciones. Pandora miró a Regulus de reojo, sabiendo que lo que realmente planeaban estaba lejos de ser tan ligero como esta conversación.

Pero por ahora, estaba bien. Necesitaban esos momentos para recordar por qué luchaban.

Notes:

Espero que les haya gustado<3
Nos vemos pronto.

Notes:

Holaa<3
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User: Danilaqueen