Actions

Work Header

I wanna run barefoot through your hair

Chapter 3: faces

Summary:

—Me hubiera gustado saberlo antes… ya sabes, de morir—Jotaro odia como de triste suena—Quería saber que yo te importaba de esa forma… que no eran ilusiones mías… Bueno, mejor tarde que nunca.

La risa que emana de Kakyoin es tan bonita como devastadora, un eco de la verdadera alegría. Durante unos largos segundos, solo queda su fantasma reverberando por la habitación.

—Tengo miedo, Jotaro…—murmura Kakyoin, levantando su mirada de nuevo hacia él.—No quiero desaparecer de nuevo…

Notes:

Bueno, he estado pasando por momentos duros, y me ha costado muchísimo escribir este episodio, además siento que la historia se me ha ido de las manos, pero por fin creo que puedo continuarla.

Decididamente, la convertiré en una serie, porque me gusta mucho el pequeño universo que he creado. He decidido subir de 3 capítulos a 4 porque sino la historia se me queda corta!

El título del episodio es de una canción del disco "Watching from a Distance" de Warning. Un discazo de Doom Metal, triste y con una voz tan emotiva que me hace llorar

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

~*~

El camino a casa de Josuke es corto, pero muy incómodo. Jolyne está agazapada en el asiento del copiloto, con una carita tan triste que a su tío se le rompe el corazón de verla así. Quiere animarla, pero no tiene nada que decir. La niña no entiende nada de Stands, ni de posibles enemigos que quieren poner en peligro a su familia; Jotaro ha hecho un buen trabajo protegiéndola del asunto. Al menos, hasta esa noche.

Aparca, distraído, en el parking del edificio. Jotaro había estado tan extraño durante la tensa charla que habían tenido en el salón, siendo mucho -muchísimo- más expresivo y comunicativo de lo que solía mostrar. Claro, tiene que ser super raro que un amigo tuyo vuelva de entre los muertos pero Josuke está convencido de que el hombre ha vivido cosas incluso más rocambolescas y debería estar curado de espanto. ¿Quién es este Kakyoin que ha conseguido emocionar al hombre de piedra de esa manera?

Suben en silencio en el ascensor y Josuke ve que Jolyne sujeta algo: una concha de color ámbar. La reconoce, es una de las que cogieron en la playa esta misma tarde. La niña pasa nerviosamente los dedos por la superficie rugosa de la concha, nerviosa, y él siente pena porque su mundo se ha visto completamente trastocado en unas pocas horas, y no es justo para ella. Pero bueno, el mundo nunca es justo.

—Bueno, esta es mi humilde morada—anuncia abriendo la puerta de su hogar y encendiendo la luz.

Y es verdad, no es nada impresionante. Es un pequeño piso de estudiantes de una sola habitación -bastante caro, pero que Josuke paga casi encantado, contento con no tener que compartir su espacio con un compañero molesto-, con paredes de color beige, amarillentas por el paso de los años, suelo de madera oscura, unas cuantas estanterías llenas de libros y decoración genérica que no se ha molestado en cambiar por pura pereza y un par de ficus pequeños que se mantienen vivos y lozanos mayoritariamente gracias a la ayuda de Crazy Diamond. En el salón hay una tele con una mesita de café delante y un sofá rojo no muy grande, y encima de la consola hay un estante de plástico azul marino hasta arriba de DVDs.

Jolyne observa la casa con desinterés, aún muy decaída.

—Venga, anímate—le dice poniendo una mano sobre su hombro—Tu padre es un tío duro y siempre se las apaña, estará bien.

La niña se tensa y se encoge de hombros, apartándose de su toque, y Josuke suspira. No tiene ni idea de qué hacer. Le indica que deje sus cosas en su habitación y que se ponga cómoda y va a la cocina. Después del incidente del restaurante ninguno ha comido y está seguro de que a Jolyne le irá mejor con el estómago lleno. Por lo menos a él, desde luego que sí.

Rápidamente prepara unos sándwiches de queso, tostándolos con esmero en una sartén pequeña y los lleva al salón, un plato para cada uno. La chica, que está tirada en una esquina del sofá con la mirada perdida, levanta la cabeza reaccionando al olor de la comida.

—¿Tienes hambre, pillina?—dice con una sonrisa burlona, pasándole uno de los platos.

—Puede que un poco—admite ella, dándole un mordisco al sándwich.

—Lo sabía—exclama Josuke con entusiasmo, guiñándole un ojo, y se gana que Jolyne abra la boca para mostrarle sus contenidos a medio masticar.—Que asco.

Ambos se ríen y el ambiente parece aligerarse. La cena le está sentando bien a Jolyne, que ahora observa atentamente a su alrededor, analizando la estancia poco a poco.

—Tienes muchos libros de medicina—comenta mirando el ejemplar de “Farmacología clínica” que se ha dejado sobre la mesilla—No sabía que querías ser médico.

—Ah, es verdad, todavía no te lo había dicho—murmura, sorprendido por la atención al detalle de su sobrina—En realidad, estoy estudiando Enfermería. Bueno, ahora mismo estoy de vacaciones, ya sabes, pero el curso que viene es el último, y tendré las prácticas y todo eso.

Jolyne asiente, masticando en silencio. Él no puede evitar ponerse un poco nervioso al pensar en sus estudios. Se muere de ganas de acabar de una vez, solo porque quiere ejercer ya. Realmente no necesita saber tanto, teniendo en cuenta la habilidad de su Stand, pero tiene que sacarse la carrera para poder trabajar y ayudar a la gente, y aunque tiene un par de asignaturas suspensas para el semestre que viene, no es mal estudiante, solo está completamente harto de la vida académica. Conoce a gente guay, pero quienes verdaderamente le importan siguen en Morioh, así que tener que irse tan lejos para estudiar es un fastidio.

—¿A ti qué tal te va en la escuela?—pregunta con curiosidad.

Jolyne se queda pensativa, con la comida a medio camino de la boca.

—Bueno, este año empiezo la secundaria—dice, haciendo una mueca.—Pero no me está yendo muy bien en los estudios, y a papá no le hace mucha gracia.

—La verdad, parece la clase de padre que sería muy estricto—admite Josuke—¿Tienes alguna asignatura favorita?

—Sí que lo es, es un pesado, siempre hablando de mis notas, como si fuera lo más importante del mundo.—bufa, claramente molesta—Y bueno, no sé... me gusta la clase de Arte, sobre todo cuando nos dejan vía libre y podemos dibujar lo que queramos.

—Bueno, tus notas son importantes, pero no son lo más importante.—Josuke se levanta del sofá y recoge los platos ya vacíos para llevarlos a la cocina.—¿Qué te gusta dibujar?

La niña lo sigue y continúan charlando mientras Josuke mete los platos y la sartén que ha usado en la pila para lavarlos.

—Pues papá no parece entenderlo, siempre que suspendo me mira de esa forma, como si estuviera muy decepcionado o algo así, y es como si no entendiera que no puedo concentrarme cuando no han parado de pasar... cosas.—Jolyne se muerde el labio—Y no sé, me gusta dibujar ropa que veo en las revistas, y a las modelos... No sé, a mi profesora le gustan las cosas que hago, dice que podría ser una gran diseñadora de moda.

—¿Con cosas te refieres al divorcio?—pregunta él frotando insistentemente la sartén y añade con voz altanera—Oh, yo tengo un gusto para la moda exquisito, me encantaría ver tus diseños, seguro que son la caña.

—Sí, no sé, me afectó mucho, ver a mamá llorando y eso... Me enfadé con él por hacerle eso, dejé de hablarle durante tres meses. Y solo acepté venir a Japón con él porque ahora lo veo menos que nunca y no es que antes lo viese mucho. Sentía que si no venía iba a desaprovechar una oportunidad, pero al mismo tiempo sentía que papá estaba siendo cruel con mamá por poner distancia...—la voz de Jolyne empieza a temblar—Y después de verlo hoy, con ese hombre... no sabía que papá pudiera sentir, y creo que le pasa algo malo...

Josuke cierra el grifo y se lanza a darle un abrazo a su sobrina, cuidando de no tocarla con las manos aún mojadas. Sendas lágrimas le caen por las mejillas, y sus ojos no paran de derramar más gotas.

—Así puedo pensar en estudiar, no es importante...—la niña lo abraza de vuelta enterrando la cara en su pecho, llorando a borbotones, mojando su camiseta—Josuke, siento que todo es mi culpa.

—No digas tonterías, Jolyne... Escucha, lo malo que haya ocurrido entre tus padres, o lo que sea que le pase a Jotaro ahora, nada de eso es tu culpa. Todos tenemos momentos malos, incluso tu padre, aunque haga como que no le afecte nada.—se seca las manos en la tela áspera de sus pantalones para acariciarle el pelo con cuidado—Pero lo conozco y va a estar bien.

Durante un instante, duda de sus propias palabras, porque a pesar de la confianza ciega que tiene en el hombre y en que es capaz de enfrentarse a cualquier problema a pesar de lo grande que sea, Jolyne tiene razón y Jotaro no parece estar bien, sea cual sea el motivo. Y piensa en el momento del restaurante, antes de que todo el asunto de Kakyoin hubiese ocurrido, y ya parecía estar al borde, y tal vez Jotaro lleve mucho tiempo sin estar bien. Josuke siempre ha sospechado que detrás de toda esa apatía y la distancia que ponía entre los demás hay algo escondido, una herida invisible pero profunda... y ahora el pensamiento parece tener todo el sentido del mundo.

Jolyne parece querer decir algo más por la manera en la que levanta la mirada, con los ojos llenos de preocupación y pesar, y cómo se le abre la boca, los labios aún temblorosos, pero vuelve a cerrarla, apartando la mirada. Josuke no la presiona, en su lugar la rodea con un brazo y la guía hasta el salón mientras ella se limpia las lágrimas con la camiseta. La acerca al estante lleno de de DVDs, perfectamente ordenados por los colores de las carcasas.

—Este es uno de mis tesoros más preciados, mi colección de pelis. Hay algunas joyitas ahí. ¿Te parece si eliges una mientras yo voy un momento a ducharme?

Jolyne asiente y elige una de la fila de las verdes. The Matrix. Josuke la deja trastear y va a su habitación para buscar un pijama, abriendo un armario de madera clara y sacando el primero que ve del cajón. Hace memoria de lo que necesita para la ducha, probablemente está todo en el baño, pero tiene que asegurarse de llevar el móvil para poder reproducir música, aunque tal vez ya sea demasiado tarde para ponerse música. Se lo saca del bolsillo: son las 00:19... Mierda, tenía que llamar a Rohan.

No puede negar que en ese momento está bastante enfadado con Jotaro y con el mundo, pero busca entre sus contactos. No sabe ni por qué tiene su número, y duda bastante que se lo haya dado Rohan por voluntad propia. Se acordaría. ¿Tal vez se lo había dado Koichi por si había alguna emergencia? Es la única explicación plausible, pero no entiende en qué debe de haber estado pensando para aceptarlo, porque si no fuera porque Jotaro se lo ha pedido, nunca, jamás, llamaría a Rohan, y mucho menos para pedir ayuda del mangaka repelente y altanero. Prefiere morir. Bueno, no exactamente, tampoco lo detesta tantísimo, es solo que... le saca de quicio, y sabe que el sentimiento es mutuo.

Incómodo, aprieta el botón de llamada, poniéndose el móvil en la oreja. A lo mejor es demasiado tarde y Rohan está acurrucado entre los brazos de Morfeo, y si no contesta, Jotaro no podrá echarle nada en cara. Cruza los dedos mientras un largo “beep” suena una y otra vez, pero no tendrá tanta suerte. Al quinto pitido, Rohan descuelga.

—¿Quién demonios eres y qué quieres?—la voz de Rohan suena pastosa, como si, en efecto, hubiera estado dormido como un bebé hasta hace un momento.

—Soy Josuke—al otro lado de la línea se escucha un gruñido y el muy gilipollas le cuelga sin que tenga oportunidad de decir ni una sola palabra más.

¿Pero quién coño se ha creído? Siente la ira apoderarse de él y con ánimo malicioso, vuelve a llamar. Rohan deja que suene, así que llama de nuevo. Y otra vez. Y otra. Si sigue así sus llamadas van a ir al buzón de voz, o con mayor probabilidad, Rohan bloquee su número, pero no le importa en ese instante. A la quinta vez que llama, para su absoluta sorpresa, Rohan contesta la llamada.

—Espero que esté pasando algo muy grave.

—Menudo humor de perros tienes cuando te despiertas, Bella durmiente—dice con voz socarrona—Ah, no, que ya eres siempre así~

—Mira, tú y yo vamos a tener problemas...—Rohan suena muy amenazante.

—Eh, que yo solo soy un mandado.—lo interrumpe, aún vacilón—No te cargues al mensajero. Jotaro necesita que le hagas un favor.

Procede a contarle la situación en casa de Jotaro y su plan para proteger a Jolyne lo más brevemente posible, y esto parece despertar la curiosidad de Rohan, que empieza a pedirle detalles muy específicos, como un desglose completo de cómo y por qué Josuke pensaba que Jotaro estaba “raro”. El estudiante no habría imaginado que al otro le importara una mierda su opinión en cualquier asunto, y se siente un poco pillado por sorpresa. Ya no es solo que sea un cotilla —que lo es—, sino que tiene una forma demasiado intensa de pedir información y se centra en detalles que parecen completamente irrelevantes, y Josuke no podría adivinar ni en mil años qué es lo que pasa por esa mentecilla tan retorcida. No es que le importe, claro.

—No sé, parecía muy afectado. Estuvo un rato hablando sin parar, y por un momento pensé que iba a tener un ataque de pánico.—la voz al otro lado de la línea permanece en silencio, esperando a que continúe—Y creo que tenía los ojos hinchados como si hubiese llorado... Mira, no sé por qué te estoy contando esto, me estás liando. Si quieres detalles, ven.

Y que de paso los comparta con Josuke, porque volver a pensar en Jotaro ha hecho que sienta muchísima curiosidad por saber qué escena tan impactante ha visto Jolyne, y algo que está bastante seguro de que el hombre jamás compartiría con él, incluso aunque tengan una relación de confianza y bastante cercana —o al menos, así la siente él—, pero porque simplemente no lo compartiría con nadie. Punto. Pero Josuke sabe que Jotaro no es una persona que se deje dominar por las emociones. Claro que las tiene, lo había comprobado en las largas llamadas que le hacía el hombre durante la agotadora batalla por la custodia de Jolyne, pero apenas enseñaba nada más de lo estrictamente necesario, ocultándose en respuestas cortas y al grano y largos silencios pesados, la prueba más contundente de que estaba mal era el hecho mismo de que se hubiese puesto en contacto con Josuke de una forma más continuada, compartiendo voluntariamente cachitos de su vida. Así que el hecho de haya vomitado toda esa información es bastante alarmante.

—Vale, dame un rato para despejarme y voy para allá—suspira el Rohan y, después de que Josuke le dé su dirección le cuelga.

La idea de que Rohan venga a su casa le sigue pareciendo espantosa, y Jotaro le debe una. Muy gorda. Pero aún así, tiene una extraña sensación expectante en el estómago, como si fuera a pasar algo intenso. Bueno, no tan intenso como que alguien regrese de entre los muertos. Eso último de hecho prefiere que no pase se vuelva costumbre.

Mierda, ahora que lo piensa, la idea de que su abuelo volviese a la vida sin explicación ninguna —y sin ninguna seguridad de que volvería a desaparecer tan mágicamente— lo dejaría bastante mal. Jotaro tiene que estar viviendo ahora mismo una pesadilla, una en la que ha decidido quedarse, no solo voluntariamente, sino sin ninguna clase de compañía. ¿De verdad es tan tozudo o tan celoso de lo que los demás saben de él? ¿Qué puede haber en su pasado que sea tan privado que lo haga ponerse en evidente riesgo con tal de ocultarlo? ¿Quién es Kakyoin para Jotaro?

Por fin, suelta el móvil descuidadamente sobre la cama, y procede a meterse en la ducha, lavándose el pelo concienzudamente para quitar hasta el último rastro de producto y el flequillo, que ya está demasiado largo se le pega a la cara cuando se pone la mascarilla. El agua caliente le ayuda a eliminar el nerviosismo, pero no puede evitar seguir pensando en Jotaro, y más comportamientos extraños que ha tenido. No solo ha perdido los nervios, sino que había dejado a ese hombre, una posible amenaza, entrar a su casa, y con Jolyne dentro. Y hay algo más, Kakyoin había aparecido detrás de él, y Jotaro, aunque sea de manera inconsciente, como si temiera que le fuesen a hacer daño, se esfuerza mucho en no darle la espalda a nadie.

Cuando sale de la ducha por fin, con un pijama morado y una toalla alrededor de los hombros, Jolyne está tumbada en el sofá con una Nintendo DS entre las manos.

—Sí que has tardado.—comenta con los ojos pegados a la pantalla.

—Bueno, la belleza lleva trabajo—bromea él, acercándose al sofá.

A los pies de Jolyne hay una película con una portada amarilla que reconoce muy bien. La mira, y luego mira a la chica de reojo.

—¿Esta es la película que has elegido?—pregunta, tragando saliva.

No puede ser. Es Kill Bill vol.1, la puta peli de Kill Bill.

—Sí, ¿por?

Por fin, levanta la vista del juego con el ceño fruncido, pero su expresión cambia rápidamente a una distinta, como a medio camino de una carcajada que acaba soltando.

—Todavía no te había visto sin tu peinado, estás super raro—dice entre risas—¿Sabes? Me recuerdas a alguien, pero no caigo justo ahora...

Josuke se pone rojo y se pasa instintivamente las manos por el pelo, que ahora le cae ondulado por el cuello, intentando arreglar su imaginario pompadour. En el intento, se despeina aún más.

—No te creas que puedes distraerme, no vamos a ver Kill Bill, tienes 12 años.—Jolyne resopla, fastidiada.

—Me dijiste que podía escoger yo—dice con reproche.

—Ya, pero no esperaba que eligieras esa. ¿Sabes si quiera de qué va?

—Sí, claro, leí un artículo en internet, pero todavía no la he visto.—explica como si fuera lo más normal del mundo.

—No es apropiada para alguien de tu edad, y no quiero que tu padre me mate. Le tengo mucho aprecio a mi vida.

—Papá no tiene por qué enterarse—la mirada de la chica es traviesa, cómplice.

Antes de que Josuke pueda replicar, suena el timbre del telefonillo.

—Mierda, es Rohan.

Corre hacia el aparato para pulsar el botón que abre la puerta de abajo, y luego deja la puerta principal abierta, para que el otro pueda entrar en cuanto suba. Cuando vuelve al salón, Jolyne lo está mirando con una ceja levantada.

—¿Has dicho que Rohan? ¿El tío raro de la playa?—pregunta, entrecerrando los ojos—Pensaba que os llevábais mal.

—Bueno—suspira Josuke, haciendo una mueca—Ha sido Jotaro quien me ha pedido que lo llame para que me ayude a cuidar de ti.

—No tengo 5 años, no necesito dos niñeras—bufa frunciendo el ceño de una forma que hace que se parezca mucho a su padre—Además, ¿por qué él y no Okuyasu? ¡Me cae mucho mejor!

—Porque... er... Okuyasu tenía que trabajar esta noche—miente, porque...

¿Qué se supone que va a decirle? No puede revelar nada que tenga que ver con los Stands, y tampoco quiere explicarle que probablemente Jotaro no confiaría en que fuese precisamente Okuyasu el que se encargase de cuidar a su hija, aunque Josuke discrepa en ese punto. Está seguro de que su amigo sería un gran padre, incluso a pesar de su impulsividad y de que a veces le costase entender un poco las cosas. Su falta de cerebro lo compensa con un corazón enorme, y una capacidad inmensa de dar cariño.

Por suerte para él, se escucha cerrarse la puerta, evitando más posibilidad de que lo sigan interrogando. Josuke se gira para recibir a Rohan, que tiene el pelo recogido en un moño, un cuaderno bajo el brazo y parece bastante ojeroso, pero hay algo en su mirada que le da escalofríos. Se da cuenta de que es la curiosidad lo que lo impulsa.

—Hey—dice Josuke, ignorando la mirada fulminante de su sobrina en su nuca.

Rohan ni se molesta en saludar, acercándose a Jolyne para hacer aparecer a Heaven's Door, que se mueve fugaz, pero Jolyne se aparta y el Stand se detiene. Ella mira directamente hacia donde está, pero un par de segundos después, sacuda la cabeza y mira en todas direcciones confusa, momento en el que el mangaka aprovecha para hacer desaparecer al Stand, entrecerrando los ojos y él y Jolyne se miran ambos desconcertados.

—¿Qué...?—la chica luce bastante confusa, como si no estuviera segura de qué acaba de pasar y Josuke siente que se le va a salir el corazón del pecho.

—¿Pasa algo?—pregunta Rohan con una perfecta cara de póker.

—Solo he visto... nada, da igual. Creo que me estoy imaginando cosas.

Su tío se siente tan mal que quiere morirse. En su lugar, fuerza una sonrisa y agarra al otro del brazo.

—¿Te apetece un café?—pregunta con voz tensa, y sin esperar a que responda lo obliga a ir hasta la cocina.

—¿Qué estás haciendo? ¿Te has vuelto loco?—sisea Josuke cuando cierra la puerta tras de sí, en un susurro, lanzándole una mirada asesina.

—Esto es tu culpa, me dijiste que la cría no era usuaria de Stand. Y quita, bruto, no sé por qué me tocas—gruñe Rohan y aparta la mano del chico, que todavía mantiene su agarre sobre su muñeca, de un manotazo.

Vaya, no se había dado cuenta de que todavía no lo había soltado.

—Es que no lo es. Jotaro me lo aseguró, lleva vigilando eso desde que Jolyne nació.

—Bueno, pues no sé por qué, pero por lo menos, ha sentido algo.

Josuke se aprieta el puente de la nariz, nervioso.

—Vale, no podemos dejar que se dé cuenta de lo que está pasando. Lo mejor será esperar a que se duerma.

—¿Y cuándo se supone que va a pasar eso?—pregunta Rohan en voz alta, molesto, y el otro le chista para que se calle.

—Baja la voz, idiota—le riñe, alarmado—Y no lo sé, le he prometido que íbamos a ver una película.

—¿Esperas que esté aquí mínimo dos horas más? Tengo que dormir, algunos de nosotros trabajamos, ¿sabes?—bufa Rohan de nuevo en voz baja, y él siente ganas de estrangularlo.

—Oye, que este es el primer verano en años que me tomo unas vacaciones y... joder, no sé qué hago dándote explicaciones. Escucha, no seas hipócrita, te conozco lo suficiente para saber que no te irás de aquí hasta que sepas todo sobre la vida de Jolyne.

—Puedo leerla ahora y borrarle la memoria luego, es más rápido—protesta el mangaka y Josuke se aguanta las ganas de darle un puñetazo en la cara.

—Mira, como vuelvas a proponer eso te parto la boca, friki. Así que menos quejarse y más colaborar, ¿entendido?—pregunta, su voz llena de amenaza.

—Está bien—Rohan pone los ojos en blanco—Supongo que podré aguantar un par de horas más.

—Así me gusta.

—Aunque me suena algo de que ibas a hacer café, ¿no?—pregunta con rentintín.—Necesito algo para mantenerme despierto.

Josuke ignora la punzada que le da en el ojo y abre un armario de la cocina para sacar un bote de café instantáneo. ¿Se puede ser más insoportable? Pone agua a hervir y aprovecha para meter unas palomitas en el microondas. Rohan solo se queda apoyado contra la encimera, y lo observa de manera analítica.

—¿Qué miras?—pregunta irritado, sacando dos tazas rojas, dos cucharillas y un bol para las palomitas.

Rohan solo se encoge de hombros, gesticulando vagamente hacia la cabeza de Josuke.

—Tu pelo. Está diferente.

Josuke maldice entre dientes. Vale, no ha dicho nada malo de su pelo, solo una observación obvia, por eso esta vez se lo deja pasar, y desquita su mal humor con el café, removiendo furiosamente hasta que la mezcla de agua caliente y café instantáneo se integra.

—Yo lo suelo tomar con una cucharada de azúcar moreno—comenta Rohan y él se aguanta las ganas de tirarle la taza a la cabeza.—Ah, y creo que se están quemando las palomitas.

Mierda. Se apresura a detener el microondas, del que sale una pequeña nube de humo grisáceo, y llena toda la casa con olor a quemado. Abre la bolsa a ver qué puede salvar, y por suerte, la mayoría están en su punto, así que retira con cuidado las palomitas demasiado tostadas, quemándose un poco las manos en el proceso, y echa el resto en el bol.

—Que mal, odio el olor a palomitas quemadas—se lamenta y agarra el bol y una de las tazas.

—Sí, el olor es horrible—admite, encogiéndose de hombros—Pero huele peor cuando se te quema la casa.

Josuke siente una fuerte punzada de culpa. Bueno, es lógico que el hombre aún le guarde rencor por eso, pero no sabe qué decir. Ya hace mucho tiempo, no tiene sentido volver a disculparse, y la mirada del mangaka no parece especialmente siniestra, de hecho, incluso podría parecer que le está gastando una broma, pero duda bastante. Así que simplemente decide ignorar el comentario y va al salón con Rohan, que ha cogido su propia taza de café, detrás. Jolyne los mira con cara de fastidio.

—¿Vamos a ver la peli o no?

Josuke tiene demasiados frentes abiertos ahora mismo, no sabe si quiere seguir peleando la batalla de la peli completamente inapropiada con Jolyne.

—Sigue sin convencerme...

Rohan suelta la taza y agarra la caja de la película con aire curioso.

—¿Kill Bill? Bueno, me parece sobrevalorada, pero he de admitir que la dirección artística es excelente.

—Ese no es el problema—gruñe Josuke—Sino que tiene 12 años.

—¿Y su edad le impide disfrutar del buen arte? Aunque sea innecesariamente explícito.

Josuke cuenta hasta diez en su cabeza intentando mantener la calma. Siente que este tipo le está poniendo las cosas difíciles a propósito. Debería haberse negado cuando Jotaro se lo ha pedido, seguro que habría podido proteger a Jolyne él solito en caso de que hubiera pasado algo. Pero se traga todos sus insultos y simplemente, se rinde.

—Está bien, pon la maldita película—bufa desplomándose en el sofá, junto a Jolyne, que lanza un grito de victoria, y deja que Rohan manipule uno de los discos más valiosos de su colección.

Rohan lo mete en el reproductor con cuidado, con delicadeza para evitar que se rompa al sacarlo de la caja y evitando que sus dedos toquen la superficie reflectante del DVD. A pesar de su estado de irritación elevado, agradece el gesto, pensando en la cantidad de sus pelis que están llenas de dedazos de Okuyasu. También apaga la luz y finalmente se sienta en el único lugar libre, al lado de Josuke. Por suerte, su sobrina no ocupa mucho espacio, por que él sí -sin demasiado esfuerzo con los años se ha vuelto un poco más corpulento y alto- y no quiere tener que estar demasiado cerca de Rohan.

Josuke coge el mando y el bol de palomitas y le da al play. Mientras la película avanza, va olvidando toda la tensión que siente, comiendo palomitas de sabor extraño con ansias, completamente metido en las coloridas escenas llenas de sangre. Jolyne está en el borde del sofá, con un cojín entre las manos para ir ahogando grititos que se le salen de la pura sorpresa, en esas escenas tan exageradas pero tan geniales. Rohan también parece bastante interesado, con los ojos fijos en la pantalla, siguiendo todos los movimientos y la barbilla apoyada en una mano como si estuviera cavilando, y cuando Gogo Yubari empieza a sangrar por los ojos, hace un sonidito de apreciación.

—Creo que debería usar esa imagen de referencia para alguna escena—murmura y coge su cuaderno para apuntar lo que sea que haya pensado.

Luego se pone a explicar entre sorbo y sorbo de café por qué la combinación de escenografía y color es tan impresionante, no de forma condescendiente, sino de esa forma que lo hace la gente que sabe de un tema, y Josuke encuentra su explicación fascinante, a decir verdad, y lo escucha desviando un momento la atención de la película, hasta que Jolyne le chista para que se calle de una vez y Josuke siente que es como si hubieran detenido el pasar de una estrella fugaz.

La película ya está cerca de terminar cuando Jolyne empieza a cabecear, a pesar de la intensidad de las escenas -cosa bastante normal porque son casi las tres de la madrugada- y tanto él como Rohan la examinan de reojo, hasta que sus ojos se cierran y se queda completamente inmóvil, respirando suavemente. Se ha dormido, así que Josuke detiene la película y Rohan se levanta con cuidado y se acerca lentamente a la niña para que no se despierte. Luego invoca a Heaven's Door y de un rápido movimiento usa su poder sobre ella sin despertarla.

La cara y la piel de los brazos de Jolyne se abren como si fueran páginas de un libro y Rohan se arrodilla frente a la chica y usa la poca iluminación que transmite la pantalla de la tele para empezar a leer, pasando rápidamente las hojas con la forma de la cara de Jolyne.

—¿Has llegado ya a la parte de Jotaro?—susurra, agitado.

—Calla, todavía no. Y quítate de ahí que me estás tapando la luz.

Josuke obedece, poniéndose en el lado contrario, mirando fijamente cómo cambia la expresión del hombre a medida que va leyendo, hasta que frunce el ceño.

—¿Qué?

—Aquí pone que Jolyne pidió un deseo al pozo que hay en el jardín de la casa que alquiló Jotaro, y que pocos minutos después apareció el tal Kakyoin.

—¿Un deseo?—pregunta Josuke contrariado—¿Crees que tiene que ver?

—No estoy seguro, pero al menos ella piensa que sí.

—O sea, que a esto se refería cuando me dijo que todo era su culpa... —se muerde un labio, agitado y entristecido por lo que estaba pasando la chica.—Pero no tiene sentido, Jolyne no conocía a Kakyoin, ¿qué clase de deseo ha podido pedir que lo hiciera aparecer?

—Quería que su padre fuese feliz.

—¿Qué?—Josuke siente ganas de llorar de repente.

Rohan procede a relatar en voz baja pero intensa la escena que Jolyne había presenciado entre Jotaro y Kakyoin, y se ve claramente que incluso desde el punto de vista de la niña, más impresionante que la aparición de un desconocido en su casa, es la manera en la que ha reaccionado su padre, derrumbándose por completo, lanzándose a sus brazos y llorando como un infante, agarrándolo con todas sus fuerzas. Josuke está a punto de empezar a temblar, conmovido y culpable a partes iguales, escuchando atentamente todo lo que Rohan dice pero pensando en que lo que están haciendo está mal, literalmente espiando en la intimidad de alguien que confía en ellos.

Cuando el hombre termina de leer, siente que tiene el corazón a mil, y se agarra la camiseta del pijama, intentando asimilar la información mientras Rohan se saca un bolígrafo para escribir sobre Jolyne: “NO PUEDEN HACERME DAÑO”. Luego retira a su Stand y todas las páginas de la cara de Jolyne se juntan hasta que se vuelve sólida de nuevo.

—Aún no lo comprendo, si el deseo tiene que ver, ¿por qué apareció Kakyoin?—murmura Josuke, aún muy afectado, sin dejar de pensar en lo que ha descrito Rohan.

—No lo sé, podría hacer mil conjeturas—dice Rohan levantándose del suelo y sacudiéndose las rodillas, con el ceño fruncido—Me dijiste que eran amigos, pienso que su muerte tuvo que marcar un antes y un después en la vida de Jotaro, tuvieron que ser tan cercanos que la forma más efectiva de hacerlo feliz sería que él regresara de entre los muertos.

Rohan también parece algo afectado, las palabras cayendo como una pesada losa. Así que todo ese dolor, toda esa estoica fachada, eran fruto de un ser amado al que le habían arrancado de los brazos. Que Jotaro sea feliz podría depender enteramente de un fantasma, o podría ser una simple ilusión que cuando desapareciera lo dejaría completamente roto. La idea le retuerce las entrañas.

—Voy a llamar a Jotaro, tiene que saber esto.—dice Josuke y se levanta para ir a buscar su teléfono.

~*~

 

—¿Entonces Polnareff es ahora una tortuga?—pregunta Kakyoin riéndose demasiado fuerte, y a Jotaro ni siquiera se le pasa por la cabeza detenerlo—Es la clase de cosas que solo le pasarían a él.

Jotaro suelta una carcajada. No sabe cuántas horas llevan hablando, pero hace tiempo que se le ha dormido el trasero de estar en la misma posición. Aún así, no hace ningún esfuerzo por moverse, porque Kakyoin está apoyado contra su hombro, de la misma forma que hacía cuando iban en coche en su largo viaje y quería descansar o dormir. La sensación de familiaridad lo asombra, como si nunca hubiera pasado el tiempo. Es demasiado fácil dejarse llevar por esta fantasía hecha realidad, una en la que él tiene 17 años de nuevo y están en cualquier hotel de mala muerte contándose historias. Es bonito. Demasiado bonito.

De vez en cuando, se rozan y a Jotaro se le erizan los cabellos de la nuca, y cuando Kakyoin lo mira directamente, siente mariposas en el estómago y se maldice por ser tan terriblemente estúpido como para dejarse sentir todas esas emociones. Todo puede desbaratarse en cualquier momento y en lugar de hacer algo, le cuenta las batallitas de la primera vez que estuvo en Morioh a Kakyoin como si fuera un abuelo, o se ríe de sus chistes, o se pierde en sus ojos como un descerebrado. Es tal y como lo recuerda, incluso mejor porque ahora Kakyoin está ahí de verdad, presente, respirando, moviéndose, siendo él y su ajado corazón rejuvence con cada segundo que pasa.

Es mejor que cualquier medicina, y siente que podría hacerse adicto a esto muy fácilmente. Cuando la risa muere, la cara de Kakyoin cambia completamente, se va descomponiendo como un acantilado.

—Oye, Jotaro… ¿mis padres…? ¿Qué saben mis padres?

La paz ha terminado, lo sabe cuando lo atraviesa la culpabilidad como una lanza, y tiene que mirar a otro lado, incapaz de enfrentar los ojos que tanto ha añorado.

—Siguen pensando que estás desaparecido. La Fundación Speedwagon decidió que lo mejor era que no supieran nada.

—Oh...—suspira con la voz congestionada, y Jotaro por fin levanta la vista.

Ver llorar a Kakyoin de nuevo es como recibir un puñetazo en el estómago.

—Yo… lo siento, debí...—pero el pelirrojo sacude la cabeza, alzando la mano para que se calle.

—No importa, solo...—se le escapa una risa amarga, mientras las lágrimas corren libremente por su cara—No tuve la oportunidad de decirles adiós…

—Tal vez puedas, ahora.—la esperanza suena peligrosa saliendo de sus labios.

—Oh, ¡vamos! No seas ridículo...—el chico parece frustrado, pasándose las manos furiosamente por la cara para limpiarse las lágrimas—¡Ni siquiera sé si voy a continuar vivo cuando salga el sol!

El grito los desconcierta a ambos, y Kakyoin esconde las manos en su cara, hipando desconsolado.

—Perdona, lo siento...—dice con voz temblorosa.—Tú no tienes la culpa de que haya pasado esto. Perdona, Jojo…

Jotaro no quiere seguir escuchando la letanía de disculpas que salen por la boca del otro, así que para callarlo, rodea su cabeza con los brazos, y Kakyoin no se resiste, solo sigue el movimiento que lo empuja a hundir su cara en el pecho del mayor, y apoya su frente contra su esternón, empujándolo contra el sofá y rodeando todo el torso de Jotaro en una especie de choque cariñoso. Está temblando, pero el pelirrojo también, así que espera que no lo note demasiado.

Con movimientos torpes, hunde sus manos en su pelo color cereza, acariciando suavemente el cuero cabelludo, hasta que sus hombros dejan de sacudirse y por fin los ojos violetas vuelven a encontrarse con los suyos, y hay una minúscula sonrisa en su cara, pero también una increíble tristeza.

—Definitivamente, no eres el Jotaro que conocía. Él nunca… me hubiera abrazado así.

Jotaro tiene que usar toda su fuerza de voluntad para evitar romperse de nuevo, porque el choque entre presente y pasado—entre su yo de antes y la persona que es ahora—es algo a lo que le cuesta enfrentarse, a pesar con lo que lleva teniendo que convivir tanto tiempo, siempre de luto por la persona que una vez fue. Nunca pensó que tendría que enfrentarse de nuevo a todos los recuerdos que vuelven a su cabeza de esta forma tan brutal.

—Eso no es cierto—dice con la frente arrugada, sus cejas muy juntas—Él… quería abrazarte.

Kakyoin se lleva una mano al pecho como si doliese, mordiéndose el labio muy fuerte, su expresión indescriptible.

—¿De verdad? ¿Y por qué nunca me lo dijo?—su voz suena extrañamente juguetona, pero de manera incorrecta, como si detrás hubiese un gran dolor.

No puede evitar sentirse estúpido. No sabía lo que iba a pasar, por supuesto, en el fondo todo el viaje a Egipto se había permitido mantener la esperanza de que los dos regresarían sanos y salvos, y se arrepiente de no haber aprovechado del momento cuando tuvo oportunidad. Hay tanto que podría haber hecho, tanto que podría haber dicho para que Kakyoin sintiese su cariño, el inmenso afecto que le tuvo y que nunca se fue. Pero ahora… ¿ahora qué puede hacerse?

Incluso si todo lo que había habido entre ellos—las miradas que se intercambiaban cada vez que uno de ellos entraba la ducha, como apreciando el cuerpo contrario; las veces mirando las estrellas bajo el limpio cielo del desierto, cuando tumbados uno junto al otro se acariciaban tímidamente las manos, el baile que se habían prometido...—se lo ha imaginado, Jotaro siente una desesperación que le araña el pecho y las entrañas, porque si hubiera sido menos idiota, menos orgulloso, menos gruñón, a lo mejor hubiera tenido una oportunidad con él.

Siente que el arrepentimiento lo ahoga como nunca antes, porque siempre ha evitado pensar en ello. Se ha engañado a sí mismo como un verdadero profesional, pero ahora la verdad lo abofetea en la cara. Y se da cuenta de que su vida lleva siendo una mierda demasiado tiempo, y que nunca ha hecho lo que ha querido, con todas esas responsabilidades desde tan joven, y todo el trauma que ha tenido que acarrear. Y ahora tiene que pagar con las consecuencias de todos los errores cometidos.

Recuerda con asco cada momento íntimo con su ex, y como su mente había conjurado a Kakyoin cada vez, de maneras lujuriosas, obscenas, con tanta frecuencia que había veces en los que casi se le había escapado el nombre de su amigo mientras lo hacían. Y aunque la culpa lo inunde, piensa en todo el rencor que en el fondo le guarda a Janis. Porque aunque nunca se arrepentiría de haber tenido a Jolyne, sí de todo lo que había supuesto que ella existiese, de esa fatídica noche en la que ambos se habían aprovechado del otro.

Porque nunca tendría que haberle dado su primer beso a ella, porque ese beso siempre le había pertenecido a Kakyoin. Al menos, así lo había decidido en su mente cuando ya era más que obvio que Kakyoin le gustaba. Una promesa que se había hecho a sí mismo y que nunca podrá cumplir. Ya es demasiado tarde, y todo es demasiado incierto.

—Kakyoin...—la voz de Jotaro es sombría, cargada de angustia—Si no lo hizo… es porque estaba asustado…

La expresión del chico se suaviza, y sus ojos rasgados lo miran tan tiernamente que se le derrite un poco el corazón, sintiendo su bagaje emocional un poco menos pesado.

—Ya. Ya lo sé...—Kakyoin suspira y le dedica una pequeña sonrisa a medias—Joder, Jotaro… yo…

La voz se le rompe otra vez, y Jotaro sabe que no quiere oír lo que está a punto de decir.

—Lo echo muchísimo de menos...—es raro que sigan hablando de él como si fuera una persona distinta, pero en el fondo, sí que lo es, y joder como duele—Para mí ha sido como despertar de una pesadilla, no recuerdo nada… y resulta que me he perdido veinte años de tu vida, no me lo puedo creer…

Kakyoin se pasa las manos por el flequillo nerviosamente, intentando no romper en llanto de nuevo, y Jotaro quiere consolarlo, pero la herida de su pecho es demasiado grande como para que pueda siquiera moverse, así que simplemente, lo deja desahogarse, intentando recuperar el aliento mientras.

—Siento sonar egoísta, debería estar agradecido de poder verte de nuevo, pero… yo quería verte evolucionar, ser parte de tu vida… me he perdido tu graduación, tu boda… ¡el nacimiento de tu hija!—sorbe fuerte los mocos, limpiándose la nariz con el dorso de la mano— Ni siquiera sabía que querías tener hijos…

—Y no quería...—admite Jotaro con un suspiro—Fue un accidente, nada más. Pero decidí que lo correcto era casarnos, que podía intentar tener una vida normal, una familia tradicional, que eso sería lo mejor para Jolyne…

—¿Y no funcionó?

— No...— cierra los ojos, sus párpados temblorosos—Nunca podría haber funcionado… No cuando llevo pensando en ti todos estos años…

Oye el sonido ahogado que sale de la boca de Noriaki, y lo mira de reojo. Tal vez es demasiada información para el conmocionado chico, pero no puede seguir ocultando la verdad, no cuando esa podría ser la última vez que se vean y no puede perder el tiempo ocultándose más.

Kakyoin tiembla, con el rostro entre sus largos dedos de artista, pero cuando por fin lo mira, solo hay una leve película blanquecina que enmudece sus ojos. Las pecas alrededor de su nariz—esas que le salen cuando está expuesto mucho tiempo al sol, esas que recuerda bajo los abrasadores días bajo el sol del desierto—son un marco hermoso para una mirada tan amarga.

—Me hubiera gustado saberlo antes… ya sabes, de morir—Jotaro odia como de triste suena—Quería saber que yo te importaba de esa forma… que no eran ilusiones mías… Bueno, mejor tarde que nunca.

La risa que emana de Kakyoin es tan bonita como devastadora, un eco de la verdadera alegría. Durante unos largos segundos, solo queda su fantasma reverberando por la habitación.

—Tengo miedo, Jotaro…—murmura Kakyoin, levantando su mirada de nuevo hacia él.—No quiero desaparecer de nuevo…

—Yo tampoco quiero que desaparezcas.

Jotaro no puede evitar que el dolor empape sus palabras, porque ahora que lo ha recuperado, perderlo de nuevo… No puede ni pensarlo, la idea lo hace querer encogerse sobre sí mismo y desaparecer.

La melodía del teléfono rompe la maldición de manera abrupta, y Jotaro se lanza a por el móvil porque solo puede ser una persona.

—Dime—contesta ansioso—¿Está bien Jolyne?

—Sí, tranquilo… está dormida—la voz de Josuke suena dubitativa—Pero… Rohan la ha leído.

Jotaro era consciente del riesgo al que se sometía dejando que Rohan fuera el encargado de proteger a su hija, pero saber que ahora ellos saben todo lo que ha pasado, lo hace sentir humillado, expuesto y vulnerable.

—¿Y bien?

—Creemos… bueno, ella cree que Kakyoin ha aparecido por su culpa—Jotaro frunce el ceño hasta que le duele la cabeza—Pidió un deseo al pozo, pidió… que tú fueras feliz…

La noticia hace que le gire la cabeza. Se siente profundamente tocado por el deseo de su hija, culpable por ser tan incompetente como para dejar que Jolyne lo vea tan patético que necesite desear su felicidad.

—El caso es...—la voz de Josuke prosigue—Es muy probable que dentro de ese pozo haya un Stand, y que esta sea la causa de todo… Pero, Jotaro, antes de que hagas alguna estupidez… Por favor, espera a que estemos allí, estoy preocupado de que no tengas la cabeza en su sitio. Nada de lo que has hecho esta noche tiene lógica, y no quiero que te pase nada malo. Me importas, ¿vale?

El pecho se le comprime, se le expande, hace las cosas más extrañas, pero consigue respirar hondo hasta que las ganas de romper a llorar de nuevo esa noche se le pasan, no cree poder aguantar otro quiebre emocional en mucho tiempo.

—Está bien…

—Iremos cuando Jolyne despierte… no creo que debamos seguir dejándola fuera de esto, Jotaro.

Y Josuke tiene razón, porque ya ha visto una parte, porque se lo ha prometido, y aunque el miedo —a ser visto, a exponer a Jolyne a toda la clase de peligros a los que él se ha visto sometido, a todo lo malo que pueda pasar— quiera dominarlo, tiene que recomponerse.

—Vale. Aquí os espero.

—Intenta descansar un poco.

Jotaro duda que puediese pegar ojo aunque quisiera, así que solo responde con un gruñido antes de colgar. Kakyoin lo mira expectante, sus iris violetas suplicantes, así que Jotaro le hace un resumen de la conversación, excluyendo el contenido del deseo, y mientras más habla, más agitado parece el otro.

—¿Entonces que yo esté aquí puede ser obra de un Stand enemigo? Jotaro, yo… podría ser peligroso, tengo que alejarme.

—¿Qué?

Jotaro ni siquiera tiene tiempo para pensar antes de que Kakyoin se levante del sofá y comience a moverse por la casa erráticamente, buscando la salida. Todo sucede demasiado rápido, y Kakyoin encuentra la puerta fácilmente, abriendo para salir a la calle. Todo es oscuridad y los pequeños puntos de luz ofrecidos por las farolas.

Kakyoin se aleja unos metros de la casa, descalzo, y al principio Jotaro cree que es una ilusión óptica por la falta de luz. El chico parece estar… desvaneciéndose. Como una especie de holograma, parece menos opaco, pero cuando por fin lo alcanza y lo agarra de la muñeca parece que sus dedos morenos atraviesan la pálida piel, aunque sigue siendo tangible.

Ambos pares de ojos se abren horrorizados, y de inmediato Jotaro tira de Kakyoin, con el pecho como si trotasen mil caballos, y lo arrastra hacia la puerta de la casa sin pensar, simplemente intentando que deje de pasar lo que teme que está pasando. Solo lo suelta cuando están bajo el marco de la puerta de la entrada y Kakyoin parece completamente real de nuevo y no una niebla etérea.

Solo entonces, Jotaro se pone de cuclillas, se encoge sobre si mismo y trata de coger aire que no colabora en entrar a sus pulmones. Kakyoin simplemente le acaricia la espalda hasta que recuerda como respirar de nuevo.

Notes:

Muchas gracias a la gente que sigue este fic, cada comentario me llena de alegría, y me anima a seguir escribiendo, y cada kudo se siente muy bien!

Notes:

Hace mucho tiempo que no escribo, y me he revisto el anime entero y ahora tengo demasiados sentimientos dentro.

En Tumblr (https://www.tumblr.com/astralien) subiré actualizaciones, cosas extra, playlist y lo que se me ocurra.

Probablemente, convierta esto en una serie.