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Y lo único que necesitamos del infierno...

Chapter 12: Capítulo Doce

Summary:

El ciclo de la vida no es un círculo
Es sólo una línea recta
Que mide cuanto nos toma
Completar nuestro destino
Existe un limitado número
De latidos que puede dar un corazón
Los momentos que atesoramos
No podemos repetirlos jamás
Nos toma tanto tiempo darnos cuenta
El camino es tan inestable
Desearía haberlo sabido cuando nos conocimos
Que ya te amaba
Sé que no puedo más ser tuyo
Y que tú no puedes más ser mío
Pero quiero conservarte siempre
Siempre querré un momento más.
-Anónimo

(Perdón por la traducción rudimentaria de este poema)

Notes:

Perdón por la traducción rudimentaria del poema de inicio. Todo estará bien.
Gracias por leer hasta el final. Existe ya una pequeña secuela que también traduciré, espero lo disfruten. Gracias a 4getwhatisaid por este trabajo. (no sé poner links)

Chapter Text

John Watson de rodillas sobre el frío pavimento, sus oídos zumbaban. Le tomó un momento comprender por completo el hecho de que aún respiraba, que no era él quien yacía de cara al piso en un charco de sangre. No parecía posible. Moran no podía haber fallado a tan poca distancia. Su cuerpo entero se sobresaltó y tensó cuando de pronto sintió una mano sobre su hombro. Abrió los ojos y el rostro borroso de Greg Lestrade apareció ante él.

-¿Dios, John, estás bien?- murmuró Lestrade. Rodeó a John y le quitó las esposas. Un poco mareado levanto la vista para verlo mientras le ayudaba a ponerse de pie.

Sintió un golpe frío en el estómago. Se aferró a la chaqueta de Lestrade y se enganchó a él para mantenerse en pie.

-Sherlock, está… Moriarty lo tiene- jadeó John con la respiración entrecortada –Oh dios, debemos ir por él.. tenemos que…

-John, cálmate- le dijo amablemente Lestrade, con una mano firme sobre su hombro. Observó al enorme hombre que yacía sobre el pavimento con una bala en su frente. Si hubiera llegado un segundo después ese podría ser John –Probablemente estás en shock. Trata de calmarte.

-¡No hay tiempo! ¿No lo entiende?- gimió John –Tenemos que detener a Moriarty. Justo antes de que me sacaran obligó a Sherlock a meterse heroína en el brazo. Lo
va a lastimar. Él… oh dios- Las rodillas de John se doblaron.

-Está bien, John, respira- murmuró Lestrade masajeando su espalda-La ayuda está en camino. Mi equipo espera, sólo necesitaba confirmar que él estaba aquí antes de caer con toda fuerza. Mycroft viene hacia acá en un maldito helicóptero.

-Bueno, entonces dígales que se apresuren, carajo- dijo John molesto, su corazón aún latía a toda velocidad –No sé que le está pasando.

Las esposas se incrustaban en las muñecas de Sherlock, quien yacía bocabajo en la cama. Había estado ahí innumerables veces antes, pero está era la primera vez que en verdad se sentía muerto. Las ásperas manos de Jim pasaban por cada elevación y valle de su delgado cuerpo. Aún así Sherlock no podía sentir nada, salvo el dolor psicosomático en su pecho aferrado a su corazón. John se había ido, nada podría traerlo de vuelta y nada podría hacer que ese dolor se fuera. Sherlock solo deseaba que todo acabara.

-Oh, Sherlock- dijo Jim en un ronroneo –Nunca te había visto así antes.

Se sentó a la orilla de la cama y con una mano acarició el cabello de Sherlock.

Sherlock respiraba superficialmente con la cara sobre las almohadas, sus ojos ardían con las lágrimas. Algunas saladas gotas se derramaron sobre su mejilla y Jim llevó su mano para limpiarlas.

-Siempre estabas tan callado en la cama- le dijo Jim en voz baja –Tenía que pedirles a los clientes que fueran rudos contigo para obtener de ti alguna queja, pero nunca te vi llorar. Nunca te había visto tan destruido hasta ahora. Debo decir que es fascinante.

Jim estudió el cuerpo del chico por un largo tiempo. Luego levantó la vista y llamó a uno de los hombres que quedaban.

–Llama al cliente, dale mis disculpas y dile que los servicios de Sherlock ya no están disponibles- volvió la vista hacia Sherlock y pasó una mano por su cuerpo una vez más –Quiero recordarte siempre así.

Sherlock no sabía qué significa eso. No le importaba.

Tras levantarse y alisar su traje Westwood, Jim se dirigió a la puerta. De camino dijo por encima del hombro –Quítenle las esposas y vístanlo de nuevo. Después llévenlo a la azotea.

La azotea. Sherlock cerró los ojos y suspiró aliviado.

Fue un viaje largo subir los ocho tramos de escalera hasta la azotea. Los hombres de Jim medio lo arrastraron, medio lo cargaron todo el camino. No había más fuerza en él. A través de la puerta brillaban pequeñas luches fluorescentes alumbrado el oscuro piso. Jim estaba tranquilamente de pie en la orilla, sus empleados se acercaron con Sherlock a rastras y lo dejaron a sus pies. Jim los echó y miro curioso a Sherlock.

-Vamos, Sherlock. ¿No quieres observar la vista?- murmuró golpeteando al chico con el pie- Buena suerte que viva en un edificio alto. Es el lugar perfecto para esto.

Lentamente, Sherlock levantó la cabeza y se arrastró hasta la orilla. Se asomó por el borde. Era una larga caída hasta abajo.

-Ya puedo ver los encabezados de los periódicos. Chico de diecisiete años cae hasta su muerte. Es un poco trágico, en realidad. Tan joven, tan brillante- Jim sacudió la cabeza con solemnidad. -¿Qué pudo haberle ocurrido a este chico? ¿Qué pudo haberlo destruido tanto que decidió terminar de esta forma?

Dio un paso atrás y se sentó en la cornisa para tener una mejor vista del espectáculo. Al parecer, Jim se había aburrido de la vieja rutina de drogarlo, violarlo y venderlo. Quería poseer a Sherlock por completo llevándolo al suicidio. Claro, Sherlock no necesitaba que lo impulsaran.

No era impulso lo que sentía esa noche, sentía que tiraban de él. Algo tiraba de su corazón y lo arrastraba hasta el pavimento. Sherlock se paró en la orilla y observo el cielo estrellado. Él no creía en cielos o infiernos o en almas inmortales ni nada de eso, pero ahora deseaba creer en algo. Si las divagaciones de los físicos cuánticos sobre materia oscura tenían algún mérito, si de alguna forma la conciencia humana podía continuar a través del espacio sin tiempo, entonces quizá, en algún lugar allá afuera, podría encontrar a John. Sherlock cerró los ojos y levantó los brazos.

Entonces sintió otro tirón en su corazón. Algo que lo jalaba hacia atrás.

"Nunca hagas eso" el John de su palacio mental susurró "Prométemelo. No importa lo que pase por ese extraño cerebro tuyo, nunca te hagas eso.
Prométemelo."

-Tómate tu tiempo- ronroneó Jim-No hay ninguna prisa.

Sherlock suspiró tembloroso y bajó los brazos. Dio un paso atrás y se giro para encarar a Jim. Toda la fortaleza que había sido drenada de él regresó con toda su fuerza –Lo siento- murmuró- Es muy tentador, pero me temo que debo declinar.

Jim hizo una mueca enfadado –Oh, deja de tratar de ser listo y sólo suicídate.

Sherlock se mantuvo firme –Honestamente, me encantaría, pero no puedo. Le hice la promesa a John de que nunca haría eso y pretendo cumplirla. Si me quieres muerto, entonces tendrás que matarme.

La encantadora y prefabricada actuación de Jim comenzó a romperse y el monstruo debajo amenazaba con salir. Al levantarse y acercarse al chico sacó una Browning L9A1 de su bolsillo y apuntó hacia a Sherlock.

-Vuelve ahí- gruñó -O voy a…

-No puedes obligar a la gente a quitarse la vida a punta de pistola. Eso le quitaría el sentido- Sherlock sonrió- Te estás alterando demasiado y estás dejando de pensar racionalmente. Porque puedes verlo ahora ¿no? No importa lo que me hagas. Yo pertenezco a John Watson.

-¡John Watson está muerto!

-Y tú me devuelves a él. Que amable de tu parte.

Así de simple, Jim se quebró. Golpeó a Sherlock en el rostro con el arma y lo derribó. Arrojó el arma a un lado, se lanzó sobre el chico y buscó su garganta. Sherlock sintió sus dedos cerrarse alrededor de su traquea, pero no forcejeó.

De nuevo bajo control, Jim se rió de forma oscura –Normalmente me desagrada ensuciarme las manos, pero debo admitir que esto es mucho más íntimo- dijo tranquilamente, cerrando más sus dedos- Es casi tan bueno como cogerte.

El chico apenas escuchó sus burlas. Privado de oxígeno sintió que se deslizaba. Cerró los ojos y se quedó quieto, deseaba que todo acabara.

De pronto las manos de Jim lo soltaron. Le tomo un momento registrar los sonidos que habían interrumpido el silencio en el lugar, el sonido de la puerta al abrirse de golpe, la estampida de pasos, el torbellino de las aspas del helicóptero sobre su cabeza. La luz del helicóptero iluminó la oscuridad y Sherlock parpadeó al abrir los ojos.

-Demonios- murmuró por lo bajo.

-Así que le contaste al Hermano Mayor sobre mi después de todo. Me siento halagado- dijo Jim en un ronroneo cuando el Gobierno Británico y la mitad de Scotland Yard caían sobre él –Una lástima que no pudiera terminar- con las manos sobre su cabeza Jim se inclinó y le susurró al oído –Cuando estés listo para acabar contigo, búscame. Me encantaría observar.

Sherlock se encogió y giró la cabeza mientras le quitaban a Jim de encima. El hombre aún se reía como un maniático cuando un oficial lo esposaba y recitaba su derecho a guardar silencio. El rugido del helicóptero se hizo más fuerte al prepararse para aterrizar. Un fuerte viento frío creció sobre la superficie de la azotea. Sherlock ignoró a los oficiales que lanzaban las luces de sus linternas sobre él y le hacían preguntas vagas para ver si estaba consciente. Quería que lo dejaran solo, quería hundirse en el olvido, quería que todo se detuviera.

Cuando Sherlock sintió que todos se alejaban supo que su hermano estaba ahí, caminando hacia a él. Sintió un brazo bajo su cabeza y hombros, una voz trémula gritó -¡Sherlock, Sherlock! ¿Estás bien?

Sherlock mantuvo los ojos cerrados y murmuró –Debiste dejar que me matara.

Mycroft observó a su hermano pequeño con una mezcla de alivio y desconcierto.

-¿De qué estás hablando? Llegamos justo a tiempo.

-No, no lo hicieron, no llegaron- susurró Sherlock con voz rota- John..

-¡SHERLOCK!

El chico quedó helado, sin atreverse a confiar en sus sentidos. Ni en su palacio mental hubiera podido escuchar la voz de John tan clara y fuerte. Sintió el corazón en la garganta, su cabeza nadaba en confusión. Su vida no podía haberse destruido y luego recompuesto así de simple. El universo nunca era tan amable.

Sherlock abrió los ojos y vio a Mycroft con un extraña y gentil expresión, algo como una sonrisa. Lentamente, su hermano lo soltó y se alejó, unos brazos más cortos y más fuertes lo abrazaron. Cuando parpadeó hacia la persona que lo estrechaba ahora, se enfrentó aun par de ojos azules con un arillo avellanado en el medio. Entonces Sherlock volvió a respirar.

-John, oh por dios, John- Sherlock jadeó con voz ronca. Una oleada de emoción lo embargó, más poderosa que la droga que corría por sus venas. Levantó los brazos y tomó a John del rostro, necesitaba asegurarse que lo que veía era real, que no era una alucinación.

Ojos amables, brazos fuertes, manos suaves...

-John.

-Aquí estoy- dijo John con suavidad- Todo está bien. Lestrade mató a Moran antes de que pudiera dispararme-como para confirmarlo, Lestrade se colocó junto a Mycroft, ambos observaron a los chicos reunidos. Sherlock sintió a John levantando sus rizos y sintió sus labios sobre su frente.

-Dios, me asustaste Sherlock- le susurró –Por favor, dime que estás bien.- John estudió la herida en la mejilla de Sherlock y las marcas en su garganta –¿Dios, qué te hizo?

-Estoy bien- murmuró Sherlock, su voz aún un poco ronca –Te juro que estoy bien. Jim… él sólo… trató de matarme porque me rehusé a suicidarme.

Todo el cuerpo de John se tensó. –Oh por dios. ¿Por eso te trajo aquí?

SHerlock se levantó hasta quedar sentado y se aferró a John.

-Iba a saltar- dijo con tranquilidad y sintió los brazos de John estrecharlo con más fuerza- Luego escuché tu voz en mi cabeza diciéndome que no lo hiciera, así que di un paso atrás y le dije que no lo haría, que tendría que matarme.

John suspiró agitado y susurró –Casi te pierdo.

-Casi te pierdo a ti.- respondió Sherlock en un susurro.

Toda la escena se volvió borrosa, las luces, el ruido y la gente. Sherlock y John permanecieron encerrados en su pequeño mundo, con la frente de uno contra la del otro. Cada caricia de las manos de John, cada roce de sus labios era un milagro.

Tras un momento, Mycroft se aclaró la garganta y dijo en su tono elegante:

-Bueno, hermanito, insistiría en visitar brevemente el hospital, sólo para mantenerte en observación unas horas, pero dudo que accedas- una pequeña sonrisa asomó en sus labios, Sherlock abrió los ojos lentamente y levantó la vista hacia él –Estoy seguro que John es perfectamente capaz de cuidarte.

Con la barbilla sobre el hombro de John, Sherlock pasó la vista de Lestrade a Mycroft y susurró –Gracias.

John se separó y le besó la frente una vez más.

-Vamos- dijo suavemente- Vayamos a casa.

Las luces dentro del 221B aún estaban apagadas cuando la patrulla los dejó en Baker Street. Sherlock y John se detuvieron en la entrada un momento antes de abrir la puerta y entrar.

-Dannie y la Sra. Hudson probablemente aún duermen- masculló Sherlock.

John tomó su mano y entrelazó los dedos.

-Podemos contarles sobre nuestro encuentro cercano con la muerte por la mañana.

Sherlock asintió. –Bien, porque no quisiera tener esa conversación mientras aún estoy algo drogado.

Lo más silenciosos que pudieron, Sherlock y John entraron y subieron las escaleras al apartamento. Todo lucía como si nunca se hubieran ido.

Sherlock se sentó en la orilla de la cama mientras John fue a la cocina en busca de su botiquín de primeros auxilios. La forma en que Sherlock inclinaba los hombros cuando John volvió a la habitación lo llenó de preocupación. Cuidadosamente limpió y vendó el corte en la mejilla de Sherlock, pero sus manos temblaron un poco cuando atendió la quemadura de cigarrillo en su muñeca. Cuando terminó, Sherlock bajó su manga rápidamente y se envolvió a si mismo con sus brazos.

John se sentó junto a él y le preguntó -¿Estás bien?

Sherlock permaneció en silencio un momento, como si tratara de decidir si debía decir en voz alta lo que estaba pensando.

-Las cosas que dije antes… en el apartamento de Jim… Yo no quería decirlas- murmuró Sherlock –Bueno, yo pensaba esas cosas antes, pero ahora sé que nada de eso es cierto- hizo una pausa desconcertado- No son verdad ¿cierto?

La vulnerabilidad en la voz de Sherlock hizo que el corazón de John doliera.

-No, Sherlock. No son verdad, claro que no-sus palabras eran sinceras, pero John no sentía que fueran suficiente. Necesitaba mostrarle. John tiró suavemente de la camiseta negra de Sherlock -¿Puedes quitarte esto por mi?

Vacilante, Sherlock obedeció la petición de John, giró y se puso bocabajo en la cama. John se arrodilló junto a él y puso suavemente una mano sobre la espalda expuesta de Sherlock. Se inclinó y puso sus labios sobre las marcas en su piel.

-Estas cicatrices muestran que atravesaste el infierno y sobreviviste- susurró John, besando tiernamente cada una –Eres fuerte, eres brillante, eres increíble y ciertamente, no estás roto- Se acomodó sobre la cama junto al chico y Sherlock giró para verlo. Sus ojos azules brillaban entre la pálida luz. John supo entonces que Sherlock le creía.

Quedaban algunas horas de oscuridad. Sherlock y John permanecieron despiertos abrazados mientras esperaban el amanecer.

-Por favor, John-susurró Sherlock-dime que eres real.

-Aquí estoy, Sherlock-dijo John suavemente-No iré a ninguna parte.

Notes:

La imagen original del personaje de Dannie es muy similar a Willow Shields.

Esta es una traducción de un extraordinario trabajo originalmente publicado en inglés. Es la primera vez que traduzco algo y es la primera vez que publico algo aquí. Si es posible hagan críticas a mi trabajo de traducción y sigan el trabajo original, sin duda diezmil veces mejor. Y si he cometido algún error, por favor háganlo saber.

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