Chapter Text
Las vidrieras empañadas lo cubrían, por fin pudo moverse sin la ropa sobre su cuerpo, sintiendo el agua recorrer su piel, si, admitía que su anatomía, para ser un omega, estaba algo descuidada, pero no le era tan importante... no aún, preferiría concentrarse en sus estudios o en su querido "oto-san"..
Aunque ahora tendría a alguien más, Su tío!.
*Tss Tss Tss*
—Eh?... —
El oji-rojo se acercó a la pequeña puerta dejando su privacidad, pensó que tal ves algo se habría caído dentro del baño y fuera de la ducha, grande fue su sorpresa al notar algo totalmente diferente.. demasiado diferente.. fuera, o mejor dicho ya, algo malo frente a el.
—Sum-..Tanjiro...—
Aquel alfa, Michikatsu, logró identificarlo en un instante, su instinto le provocó estar en alerta, trato de tapar todo su cuerpo mientras soltó varías feromonas con mucho pánico impregnado, ¿Por qué sentía tanto miedo ante su tío..?
Oh... pero su querido tío empezó a usar su casta para mantenerlo a raya.. el nuevo aroma lo inundó, su cuerpo reaccionó dócilmente ante su naturaleza..... Eso era malo.
¿Cómo pudo haberlo evitado?
No había como.. Tanjiro ahora quería llamar a su padre a gritos, se sintió tan pequeño, el olor se hizo mas fuerte, su entrada se estaba dilatando mientras los fluidos alertaban con salir sin vergüenza alguna.
Lo estaba provocando!, las lagrimas bajaron por sus mejillas, se sintió impotente, su cuerpo lo estaba traicionando... como cualquier omega..
Inducido... Traicionado..
Nunca vivió en peligro, ahora eso le cobraba descaradamente una factura que no le pertenecía
—Estás cediendo.. ¿no es lindo?, tu cuerpo vírgen esta rogando que lo tome, que lo marque, como cualquier otro omega con su alfa. Eres toda una puta así.. no te da vergüenza?—
Los ojos negros, molestos y atentos clavando su mirada fija en él, no pudo leerlos estando preso de shock y terror, el pobre universitario estaba perdiéndose, su mente se nubló, quería persistir, pero no podía, no podía con esa mirada.. con esos ojos mirándolo así... dejando en claro algo tan viejo y estupido como lo era su naturaleza, le decía con exigencia cual era su lugar y lo que buscaba.
—No me mires!, no me toques!, pense.. pensé que no me harías daño!, le diré a oto-san!..umh...—
El lubricante natural se desató de su entrada, su estómago.. su útero.. empezó a pedir algo que no quería...
Sacudió la cabeza, negó todo lado omega que luchaba por dominar su mente.
—Qué harás que?, tu estupido padre no va a escucharte, ahora sabes que ha salido a hacer unos pequeños mandados.. de lo contrario ya hubiese sentido tu dulce aroma.. además, ¿crees que te creería?.. eres mas tonto de lo que creí—
No logró notar cuando, ni en qué momento, pero el alfa frente a él ya no lucía ninguna prenda encima, su cuerpo era grande a diferencia del suyo, igual a su padre.. pero esa expresión.. era muy diferente..
—Seré suave.. al fin y al cabo, voy a des-virgarte, todo será mio.. como tuvo que haber sido—
Fue tomado de la cintura, extrañamente, no era un agarre duro o brusco, fue realmente suave, lo que provocó felicidad y más obediencia en su omega interno..
Le desagradaba.
—Mira.. ya no puedes estar de pie, tus piernas estan empapadas por tus fluidos.. me piden atención, y como tu buen Alfa, te daré todo—
El Tsugikuni mayor besó al más joven con pasión, estaba cometiendo un error muy grande, que básicamente podría condenarse.. si las leyes estuvieran más a favor de los omegas.. claro.. algo.. raro.
Sintiendo nuevamente la calidez que lo invadía volvió a la realidad.
Aquellas manos descendían hasta la parte trasera de sus muslos, con la idea de cargarlo, su omega estaba extasiado. Una emoción muy contraria a lo que realmente pensaba y sentía Tanjiro.
—No, no... .. Por favor, no me he casado..—
—..Me amarás, debe ser así... No me odies, y por favor disfruta esto, dime que me amas y gime mi nombre, gritare el tuyo y a cambio solo recibeme—
El susurro con una voz grave lo hizo sentir aún más incómodo...
Aunque Michikatsu le regalara una mirada llena de deseo, lujuria y desesperación, su olfato sensible de omega detectó tristeza, negación y nostalgia pero principalmente algo que él mismo también se negó a reconocer.. Ignoró el tema.
No quiso saber más, si así terminaría prefería que sea rápido, logró tomarlo de su cuello, rodeandolo con ambos brazos, esperando disociarse completamente en el proceso, y rogó que cuando terminara, su mente recién volviera.
Su cuerpo más jovial, sentado a horcajadas sobre el mayor mientras este lo sostiene de pie, sus respiraciones chocan y se vuelven regulares, aceptando que iba a suceder.
No sabe quien debe calmarse además de él, pero cierra los ojos sintiendo como vuelven a entrar a la ducha que aún tira agua caliente, ve que cierran la puerta/vidriera para finalizar un ciclo (su ciclo) y empezar otro. Un extraño tormento sin retorno.
Al entrar, lo siente sobre su cuello, sus besos en su hombro, y no es sorpresa lo que continua haciendo.
Él no para de sonreír, sin perder cada detalle de sus reacciones o movimientos.
Comienza a obligarlo a recibir sus besos directos en los labios, de nuevo, notando como su lengua se introduce en su boca. Descendiendo hasta su pecho, desliza su lengua humeda sobre su pezon, y aún lo ve penoso y desagradable, para luego morderlo y dejar una notable marca.
Es linda, quizá lo único lindo que podría aceptar, pues su actitud y sus atenciones suaves solo le causan repulsión y ganas de vomitar.
¿Por qué no vomita y quizá así lo deje en paz?
Ah...
Si.... Su estupido omega se siente muy feliz como para hacerlo, es patético.
Él mueve sus caderas y el suelta un gemido.
¿Cuando entró?, ¿Tanto se perdió?
De él ya no espera nada, su cuerpo se estremece ajustando con mas placer aquel pene hinchado, provoca gemidos del alfa, y el bulto dentro de él aumenta de tamaño sin pena alguna.
Lo oye felicitandolo por haberlo recibido "tan bien", entre esas palabras decide colmarlo de besos, pero el alfa ya no recibe señal alguna de entendimiento apesar de que esperaba y deseaba más reacción.
Continua su labor con una mente hueca y en blanco.
"Oh paciencia, quedate un poco más, ayuda a mi cuerpo a tranquilizarse como el omega lo esta al lado de este alfa"
El vapor llenaba el baño, denso y cálido, envolviéndolos nuevamente en una niebla íntima. Las gotas resbalaban por los azulejos mientras Michikatsu empujaba otra vez la puerta con su espalda, manteniendo a Tanjiro entre sus brazos como si no pensara soltarlo nunca y aquella sensación lo ahogaba.
Para su suerte, si es que eso contaba, el Alfa no dijo palabra alguna, y alparecer no planeaba hacerlo pronto.
Quizá no lo necesitaba.
Aquellos ojos rojizos, pesados y oscuros, hablaban más que cualquier sonido, recorriendo al menor con una intensidad inigualable. Era una joya ante sus viejos ojos.
Su hermoso omega. [Mi hermoso omega].
Su horrible alfa. [Él es desagradable].
Michikatsu observó el contraste de su piel pálida contra la del omega, esto le provocaba mariposas, mariposas que no pensó que sentiría jamás desde ese día, esa piel del menor... Más dorada y vibrante, parecía hecho para él, para enloquecerlo completamente.
El hombre lo removió apenas, recordando a quien estaba penetrando, quizá el romanticismo lo hacia parar de vez en cuando. Ya no ocurriría, no quería aburrirlo.
Con los latidos golpeándole en los oídos. No había marcha atrás. No quería que la hubiera.
El mayor entre embestidas, ahora más duras, bajó el rostro hasta su cuello, inhalando profundamente su aroma que le era adictivo. Un gruñido grave vibró en su pecho antes de deslizar los labios por la piel sensible, besándola, mordiendo lo justo para marcarlo.
Su ahora omega, gimió, aferrándose a sus hombros. Sus piernas, temblorosas, se enredaron alrededor de la cintura fuerte del Alfa cuando este lo sostuvo con una sola mano, como si no pesara nada.
Aún no decía nada, Michikatsu pensó que quizá era tímido.
El agua de la ducha comenzó a correr más suave, envolviéndolos en un calor ya insoportable, en sonido blanco. Ocultándolos del mundo.
Y entre el sexo que practicaban, los minutos pasaron, el omega que pensó que su alfa iba demasiado suave y empezó a exigirle más, moviéndose contra el cuerpo que aún lo sostenía, y con ello la paciencia del mayor se desmoronó como una presa rota; si antes fue suave, (nada que ver esa perspectiva para Tanjiro), ahora sería rudo por que su lindo omega se lo pedía con desesperación.
Su instinto rugió por dentro y su ritmo se volvió más exigente, más feroz. Cada movimiento arrancaba gemidos que antes no estaban tan pronunciados, iban mas agudos en cada entonación, tan quebrados, que Michikatsu pensó que sus oídos se quedarían sordos por el acercamiento, Tanjiro, que quién se aferraba a él como único ancla, soltó sollozos, sin querer regresar a esta sensación tan intensa.
El Alfa gruñía bajo, cerca de su oído, dejando marcas húmedas y rojas sobre su piel mientras lo embestía una y otra vez, llevándolo a un borde que ni siquiera sabía que existía.
El menor sentía que se rompía y se reconstruía al mismo tiempo. Cada latido, cada jadeo, cada susurro sordo era una sinfonía salvaje que sólo ellos dos podían entender.
Su tío controlaba cada parte de él. Sus caderas, su espalda arqueada contra la pared, el ritmo errático de su respiración. Lo sujetaba con una firmeza que no dejaba lugar a dudas: no había escape. Y, en su interior, El omega interno de Tanjiro tampoco deseaba escapar.
Una de las manos grandes se deslizó hasta su cadera apretujandolo con más rudeza, obligándolo a recibirlo más profundo, más hondo. El oji-carmín soltó otro sollozo ahogado, clavando las uñas en los hombros duros del Alfa muy rendido y acabado, buscando sostenerse de alguna forma en medio de la tormenta.
El agua resbalaba entre ellos, se acababa, mezclándose con el sudor que les perlaba la piel. El calor era delicioso y aplastante.
Aquel hombre seguía atacandolo como un animal satisfecho con sus actos, le desagradaba mucho, y cada sonido vibraba directamente en el cuerpo tembloroso de Tanjiro sin poder negarlo. El Omega sentía todo: el dolor inicial que se deshacía en placer, el roce de las paredes frías en su espalda, el temblor de sus propias piernas, la dureza del cuerpo contra el suyo.
Y aún así, quería más. ¿Eso era malo ya?.
Los movimientos del alfa se volvieron irregulares, cada vez más salvajes, cada vez más profundos. El universitario apenas podía pensar, sólo podía sentir cómo era reclamado, cómo era tomado, con una brutalidad contenida que le hacía arquearse y gemir una y otra vez.
A través del calor, de la humedad, de los jadeos rotos, Su omega sintió que algo dentro de él cedía. Como si un muro invisible se derrumbara, dejándolo completamente expuesto, completamente suyo.
Michikatsu lo sintió también.
En un momento, el Alfa desaceleró apenas, solo un poco, para observarlo. Su mirada cansada y dominante se fijó en los ojos carmín del Omega, que lo miraban brillando de confusión, de rendición, de derrota, traición, y muy a su pesar, de algo mucho más profundo.... Cariño y satisfacción.
Michikatsu luego se mentiría ante esta escena que decidió guardar en su mente, claramente restorciendola para su placer.
Finalmente, algo en su pecho gruñó con fuerza: posesivo, salvaje, innegable. Apretó su cadera y se hundió con un movimiento profundo, uno que arrancó un gemido desgarrado del Kamado. El Omega se aferró a su cuello, su cuerpo temblando, a merced del Alfa que lo reclamaba de todas las formas posibles.
El clímax llegó como una ola devastadora, sus paredes manchadas con blanco, asquerosamente delicioso. Provocando un gemido fuerte del universitario, perdido en el placer abrumador que nubló todos sus sentidos. Escuchó gruñidos bajos, y los volvió a ignorar.
Que mas da?, su alfa estaba satisfecho, aún sujetándolo más fuerte mientras lo llenaba, marcándolo, haciéndolo suyo en cuerpo y alma.
El Omega cayó contra él, exhausto, respirando con dificultad, su rostro escondido en el cuello húmedo de él. El Alfa no dijo nada. No necesitaba hacerlo.
Sólo lo sostuvo.
Incluso cuando sus cuerpos todavía temblaban, incluso cuando la ducha dejó de caer el agua sobre ellos como una bendición tibia, Michikatsu mantuvo a Tanjiro en sus brazos.
Con una ternura que competía su brutalidad de antes, acarició su espalda húmeda con movimientos lentos, calmándolo, protegiéndolo.
Que mentiroso era. Que cruel es.
Y allí, en ese baño cubierto de vapor y gemidos ahogados, bajo la mirada silenciosa y desgarrada para evitar mirar a su, ahora, Alfa.
Tanjiro entendió que ya no había vuelta atrás.
Ya era suyo.
Ya no había nada, y ya nada le quedaba.
Tanjiro se disocio, y el narrador pensó que eso fue lo mejor.
