Chapter Text
Era una cálida tarde de finales de agosto. Natsuki y Yuuko salían de Torihara Snacks. La rubia no estaba en su horario laboral ahí, solo habían entrado a comprar algo para refrescarse luego de un arduo ensayo con Ao No Danjon. Como aún estaban en vacaciones de verano, tenían algo de tiempo libre que ambas agradecían.
—¡Quiero irme de viaje ahora! —exclamó Yuuko tras un largo suspiro de fatiga.
—¿A qué viene eso ahora?
—Tengo ganas de ir al mar.
—Al mar, ¿eh? ¿No estamos en la época en que las medusas empiezan a salir?
—Dicen que las medusas no pueden nadar de noche… —Yuuko rio para sí misma tras decir eso—. Pero estaría bien si no nos metemos a nadar. Quizás podríamos ir a unas aguas termales con vista al océano o algo así.
—Mmm…
—¿A qué viene ese “mmm”, Natsuki?
—A que, por primera vez, tuviste una buena idea, chiquilla.
—Ese “por primera vez” sobra.
Natsuki rio y sorbió algo del jugo que había comprado.
La idea de viajar por su cuenta era una novedad para ellas. Lo habitual era hacerlo con sus respectivas familias o en las excursiones escolares. Decidir el destino, el presupuesto y el cronograma de actividades era algo de lo que no tenían que preocuparse hasta entonces, lo que las hizo sentirse adultas.
—Creo que sería algo costoso solo nosotras dos, así que invitemos a un par más.
Antes de que Yuuko hubiera terminado de dar su propuesta, Natsuki sacaba su teléfono.
—¿Qué tal si invitamos a Mizore y Nozomi? No nos juntamos desde el recital de Mizore a principios de mes.
—Suena bien. Invitémoslas ya mismo.
Natsuki sonrió ante esta orden de su novia. Debido a no estar todas en la misma universidad, a las obligaciones de Mizore en la orquesta de la Universidad de Música de Kioto, las de Nozomi en la banda sinfónica de Ritsumeikan, las de Yuuko y Natsuki en Ao no Danjon y a los empleos de todas, estas cuatro amigas, alguna vez inseparables, rara vez podían coincidir todas juntas. Una vez abierto su chat grupal, Natsuki escribió: “¿Qué tal si nos vamos las cuatro de viaje en septiembre?”. La respuesta no se hizo esperar.
Nozomi 17:10
Un viaje suena bien! Vamos! Vamos!
Mizore 17:11
¡Vamos!
Natsuki y Yuuko, que veía la pantalla del teléfono de su novia sobre su hombro, sonrieron ante la pronta y positiva respuesta de sus amigas.
Natsuki 17:12
Yuuko dice que quiere ir al mar, pero a dónde quisieran ir ustedes?
Nozomi 17:12
Así que están juntas, eh?
Natsuki 17:13
Estamos en la misma banda y llevamos un año y dos meses saliendo, por qué te sorprendes?
Nozomi 17:12
😜
Nozomi 17:13
Respecto a donde ir
Nozomi 17:14
Mi presupuesto es algo limitado, así que será difícil ir a Okinawa
Natsuki 17:14
Los vuelos son caros
Mizore 17:14 en respuesta a Natsuki
Wakayama
—¡Wakayama suena genial! —exclamó Yuuko al leer el breve mensaje de la oboísta.
—Como raro tú, siempre a favor de Mizore.
Yuuko le dio un suave codazo a Natsuki, quien rio mientras leía los mensajes de sus amigas.
Nozomi 17:15
Por qué Wakayama?
Mizore 17:15
Pandas
Nozomi 17:16
Así que quieres ver pandas. Entonces, qué te parece Shirohama, al sur de Wakayama?
Mizore 17:17
👍
Nozomi 17:17
Tienen playas hermosas y podemos comer
tendon
!
Mizore 17:17
Claro
Nozomi 17:17
Y también tienen aguas termales!
—Entonces, ¿vamos a Wakayama? —preguntó Yuuko, sacando su propio teléfono y buscando algún sitio turístico que pudiera interesarle—. ¡Oh, hay una tienda de gelato que se ve delicioso!
Natsuki sonrió al notar que su novia marcaba el sitio del que hablaba como favorito.
Natsuki 17:18
Bien, está decidido, vamos a Wakayama!
Los stickers de alegría de Nozomi y Mizore no se hicieron esperar. Yuuko aprovechó para enviar la ubicación de aquella tienda que quería visitar.
El día del inicio del viaje había llegado. Bajo un cielo azul, el cuarteto iniciaba un viaje por carretera de dos días y una noche hacia la prefectura de Wakayama. Al ser un día entre semana a principios de septiembre, la autopista estaba despejada. Yendo por el carril izquierdo sin prisas, Natsuki acomodó sus lentes de sol sin soltar el volante. La música amenizaba su travesía, siendo interrumpida de vez en cuando por las indicaciones de ruta del mapa virtual. En ese momento sonaba la más reciente canción de una banda llamada Antwerp Blue, banda que había entrado en la biblioteca personal de Natsuki tras haber compartido escenario meses atrás, aunque quien puso esa canción fue Yuuko.
—¿No estás cansada de conducir, Natsuki? —preguntó Nozomi, levantándose ligeramente del asiento trasero del kei-car azul celeste que habían rentado para su viaje.
A su lado, Mizore se deleitaba con un helado de ramune que había comprado cuando pararon en una estación de servicio. Natsuki sonrió mirándolas por el espejo retrovisor.
—Estoy bien.
—Muy bien, di “ah” —ordenó Yuuko desde el asiento de copiloto, tendiendo una de las papas fritas que habían comprado junto al helado de Mizore.
Natsuki obedeció sin reparos, aunque, al haberse enfriado, la papa estaba blanda.
—Es genial que ambas tengan sus licencias de conducción —comentó Nozomi—. ¿Cuándo las obtuvieron?
—Después del campamento del club el año pasado, Yuuko y yo fuimos a un campamento de conducción en Hyougo.
—¿En serio? ¿Se divirtieron?
Natsuki decidió obviar el tono sugestivo y la forma en que su mejor amiga meneaba sus cejas. En contraste Yuuko rodó sus ojos, aunque sonrió divertida.
—Sí, bastante. Tuvimos la suerte de compartir habitación y había aguas termales y cosas por el estilo cerca.
—Suena asombroso.
—¿Por qué no sacas la tuya, Nozomi?
—Me gustaría, pero no sé si tenga tiempo antes del final de las vacaciones. Entre los ensayos de la banda y mi trabajo, tengo la agenda bastante apretada, aunque… —Asumiendo una actitud pensativa, la flautista miró a su novia—, ¿qué tal si sacamos nuestras licencias juntas, Mizore?
—De hecho, ya tengo la mía.
—¡¿Qué?! —exclamaron las otras tres mujeres al unísono.
Del asombro, Yuuko dejó caer la bolsa de papas fritas, por lo que Natsuki tuvo que detener la marcha para limpiar la ropa de ambas y el amoblado del vehículo.
—¿Cuándo la sacaste? —preguntó una aún asombrada Nozomi.
—Hace un tiempo. Kobayakawa y los demás me llevaron con ellos a un campamento. Pensamos en invitarte, pero la banda de Ritsumeikan tenía una presentación por esos días, así que no quisimos molestarte.
—Vaya, has crecido bastante, Mizore —comentó Yuuko con tono de orgullo maternal.
—¿Fue difícil el examen? —preguntó Nozomi.
—Estuvo bien.
Por alguna razón, imaginar a la inexpresiva oboísta junto al instructor de manejo se les hizo divertido a las guitarristas.
—Bien, ¿qué tal si dejamos que Mizore conduzca de regreso a casa? —propuso Natsuki.
—Lo haré.
—Creo que estaré algo nerviosa —dijo Nozomi, llevándose una mano a su pecho, a la altura del corazón.
—También yo —admitió Yuuko.
—Vamos, chicas, no creo que sea tan malo. —Con una sonrisa, Natsuki negó con la cabeza y retomó la marcha.
—En fin, aparte de ver pandas, ¿tenemos otros planes para hoy? —preguntó Nozomi, volviendo a acomodarse en el asiento trasero del auto.
—No, aunque iremos a la playa mañana.
—Tendremos problemas si llegamos sin un plan.
—Habíamos planeado pasar la noche en una posada con aguas termales, pero se salía del presupuesto, así que lo descartamos.
Mientras Natsuki aclaraba aquello, Yuuko abría una guía que había comprado previamente, ojeando las hojas que había marcado.
—Nozomi mencionó algo de comer tendon, ¿qué les parece este sitio?
La mencionada flautista volvió a inclinarse hacia el frente para revisar el lugar que la rubia señalaba en su guía.
—¿Investigaste eso, Yuuko? ¡Esa es nuestra servicial expresidenta! —comentó riendo.
—Que haya sido presidenta de banda no tiene nada que ver. Además, tú también lo fuiste, Nozomi.
—Nuestra ruda expresidenta es bastante meticulosa, ¿no creen? —intervino Natsuki entre risas.
—¡Que no tiene nada que ver que sea expresidenta! —Pudo ser debido al mohín que Yuuko hizo al pronunciar esas palabras, o debido a lo mucho que extrañaba presenciar esos momentos en vivo, pero, para sorpresa de sus amigas, Mizore comenzó a reír. —Espera, ¿qué es lo gracioso? —Quizás debido a la rareza de la situación, Natsuki y Nozomi se contagiaron de la risa de la reservada chica. Yuuko, exasperada, continuó protestando—. En serio, ¿de qué se están riendo?
—Perdón, chiquilla, me dejé contagiar… Oh, miren, el mar.
—¡Es verdad! —exclamó Nozomi, jalando la manga de su novia y señalando a la ventana—. ¡Mira, Mizore, el mar!
La oboísta se acercó a la ventana y dejó salir unos leves sonidos de admiración.
—Es hermoso… —Yuuko observaba admirada a través del lado del conductor del parabrisas. Los rayos del sol centelleaban sobre la superficie del agua—. Aunque es la época en que prefieres quedarte observando antes que meterte a nadar.
—Puedes meterte si quieres llorar por las picaduras de las medusas.
—Eso sería algo que tú harías, Natsuki. —La mencionada rio negando con la cabeza—. ¿Qué les parece si comemos las gelatinas que reparamos antes?
—¿Reparamos?
—¡Me mordí la lengua! —mintió la rubia—. Solo por eso tú no eliges, Natsuki. Entonces, ¿cuál quieres, Mizore? Hay de naranja, naranja, naranja y jabara .
—Casi todo es naranja.
—¡Cállate!
—Cállame.
Como era su costumbre, Yuuko se acercó y, debido a la posición de ambas, besó la mejilla de Natsuki, cerca de la comisura de sus labios. Ambas habrían preferido que fuese en la boca, como siempre, pero no iban a arriesgar sus vidas y las de sus amigas por ese pequeño juego.
— Jabara —respondió Mizore a la pregunta que Yuuko había hecho instantes antes.
Sin hacerse esperar, la rubia le entregó a su amiga el sabor solicitado. Para las demás había de naranja.
—Por cierto, ¿qué es jabara? —preguntó Nozomi.
—Es un cítrico, similar al kabosu. Parece que solo crecen en la villa de Kitayama, al oriente de Wakayama.
—¿En serio? Entonces es bastante rara. ¡Quiero probarla! Mizore, ¿podrías darme un poco?
Sin decir palabra, la oboísta sacó una cucharada de la gelatina y se la dio a su novia. Yuuko negó con la cabeza.
—En melosidad, nadie les gana a ustedes dos —comentó Natsuki con una sonrisa divertida.
Su primer destino al llegar a Shirahama fue el parque zoológico Adventure World, siendo Panda Love, por obvias razones, la primera atracción que visitaron. Si bien Mizore era la más emocionada de las cuatro, el encanto natural de aquella familia de osos también atrajo la atención de las otras mujeres.
Los pandas no fueron los únicos animales que vieron en su visita a aquel parque. Jirafas, gacelas, cebras, rinocerontes e incluso leones fueron parte del recorrido Safari World que tomaron por las instalaciones del lugar. Incluso tuvieron la oportunidad de alimentar a algunos de los animales, algo que puso nerviosa a Mizore en un principio, pero luego, gracias a Nozomi, pudo relajarse y disfrutar.
Tras un rápido almuerzo, las chicas disfrutaron del espectáculo de delfines y otros animales acuáticos entrenados. Natsuki y Yuuko aprovecharon para molestarse entre sí acerca de cuál de esos animales encajaba mejor con la personalidad de cada una. Además, ellas dos pudieron satisfacer su lado competitivo dando algunas vueltas en la pista de karts que el parque poseía.
Su visita al parque finalizó con ellas subiendo a la noria, donde las vistas del resto del parque y del océano en la distancia las maravilló. Mizore tenía la mirada fija en el horizonte y una sonrisa en su rostro mientras Nozomi la abrazaba por la espalda. Yuuko no perdió la oportunidad de tomarles una foto y enviarla al chat grupal.
A la mañana siguiente, Yuuko fue la primera en despertar. Pese a no estar en el apartamento que compartía con Natsuki, estar en los brazos de aquella chica la hacía sentir como en casa. La rubia optó por volver a cerrar los ojos y disfrutar del momento. Sin embargo, esa paz no duró mucho, ya que alguien tocó la puerta con la fuerza suficiente para despertar a Natsuki.
—Chicas, si no se levantan pronto, se perderán el desayuno gratuito —avisó Nozomi al otro lado de la puerta.
—Ya vamos, mamá —bromeó Natsuki, dando un largo bostezo. Yuuko se permitió reír, imaginando a su amiga rodar los ojos—. Parece que amaneciste de buen humor, chiquilla.
—Desperté en mi lugar favorito, así que sí, estoy de buen humor.
—Vaya, ¿apenas pasaste una noche aquí y ya dices que es tu lugar favorito?
Yuuko sabía que Natsuki la estaba molestando. Aquella sonrisa burlona la delataba.
—Por supuesto —dijo encogiéndose de hombros—. Donde sea que despierte en tus brazos será mi lugar favorito.
Y también sabía cómo desarmarla. Aun llevando más de un año de relación, lograba sonrojarla de forma intensa con solo unas palabras, algo que le encantaba. Con una gran sonrisa, la rubia depositó un casto beso en los labios de su novia y se levantó.
Yuuko se hallaba sentada en la playa, con la mirada fija en el horizonte. El cielo resplandecía de un azul intenso, casi confundiéndose con el del mar. Había algunos turistas asoleándose a lo largo de la playa, incluso con la restricción de entrar al agua debido a la temporada de medusas.
Por la mente de Yuuko pasaban muchos momentos vividos durante su vida universitaria, junto a Natsuki, Miyuki y Hibuki. En el poco más de un año que había pasado desde su ingreso a la banda, un montón de anécdotas sucedieron una tras otra. De fondo, se oía la voz de Miyuki cantando una de sus canciones desde el reproductor de alguno de los turistas, lo que la hizo sonreír. Quizás aún no eran tan famosos como para que los reconocieran y les pidieran autógrafos, pero sí para ser parte de la lista de reproducción de alguien ajeno a su círculo de conocidos.
—¿Por qué tan solita, chiquilla?
Fiel a su estilo, Natsuki no preguntó antes de sentarse al lado de su novia, quien no dudó en apoyar su cabeza sobre el hombro de la recién llegada.
—Estabas divirtiéndote bastante con Nozomi y Mizore, así que no quise interrumpirlas. Además, algo de tiempo a solas no viene mal.
—Ya veo.
Natsuki no dijo más. Tomó la mano de Yuuko, entrelazando sus dedos. El sonido de las olas y el ajetreo de los turistas las envolvían sin molestarlas. Aún sonaba aquella canción de Ao no Danjon por los alrededores.
—Debí haber traído un bolígrafo —comentó Natsuki con un falso tono de lamento—. Hay un fan cerca.
—Quizás haya un pulpo cerca del que puedas sacar algo de tinta, cariño.
Ambas rieron ante el comentario de Yuuko. Ninguna iba a lastimar animal alguno para ese fin.
—Vaya, alguien está escuchando Ao no Danjon por aquí —comentó Nozomi, acercándose a sus amigas junto a Mizore—. Es un honor hacer este viaje con dos estrellas de rock.
—Opino igual —dijo Mizore, sentándose al lado de sus amigas.
—Vamos, chicas, no es para tan…
—Disculpe, señorita… —Un chico, de no más de quince años, se acercó al cuarteto con una libreta y un bolígrafo en su mano, interrumpiendo lo que Yuuko decía—. Usted es Yuuko Yoshikawa de Ao no Danjon, ¿verdad?
—Así es.
—¿Podría darme su autógrafo? La admiro mucho y estoy aprendiendo a tocar la guitarra para ser como usted cuando sea mayor.
—Vaya, me alagas bastante. Espero que sigas aprendiendo sin desfallecer. Quizás la próxima vez que nos encontramos sea sobre el escenario.
—Aunque no basta con saber tocar la guitarra para ser como ella —intervino Natsuki mientras Yuuko firmaba—. También debes ser un buen estudiante, un amigo devoto dispuesto a sacrificarse por sus seres queridos y alguien capaz de tomar las riendas de cualquier situación de ser necesario.
—¡Natsuki Nakagawa! ¿Podría darme su autógrafo también? ¿Tsujimoto y Yamazaki también están aquí?
—Nah, ellos se quedaron en Kioto —respondió Natsuki mientras firmaba—. Gracias por apoyarnos.
Tras una venia respetuosa, el chico se alejó de ellas con una sonrisa. Las dos guitarristas también sonrieron.
—Y decías que no era para tanto, ¿eh, Yuuko? —insistió Nozomi con una sonrisa divertida.
—Les dije que no sería malo —comentó Natsuki con altivez, sentada junto a Yuuko en el asiento trasero del auto.
Tal como habían acordado, Mizore estaba al volante en el camino de regreso. Al igual que el día anterior, el viaje era tranquilo. La oboísta tenía la vista al frente, conduciendo sin prisas, siguiendo las indicaciones del mapa virtual. Aunque, a diferencia de Natsuki, Mizore había puesto una emisora virtual para amenizar el recorrido.
—Admito que temía que Mizore fuese de esas personas que se transforman al volante —dijo Yuuko—. Ya sabes, ese tipo de conductores que parecieran poseídos por un piloto de carreras.
—Eso no suena para nada a nuestra Mizore. ¿Quién te habrá metido esa idea?
—Ni idea, pero me alegra estar equivocada. ¿Qué hay de ti, Nozomi?
—También estoy feliz de que te hayas equivocado, Yuuko. —La flautista acompañó sus palabras con una risilla.
—¡Oye! ¡Tú fuiste la primera en decir que estaría nerviosa de que Mizore condujera!
—Sí, pero no porque pensara que Mizore fuera mala conductora. Más bien porque estaba emocionada de verla conducir.
Natsuki comenzó a reír, ganándose un suave codazo por parte de Yuuko. Para sorpresa de las cuatro, en la emisora comenzó a sonar una canción de Ao no Danjon titulada My Only Blue , que, a diferencia de la mayoría de los demás temas de la banda, era cantada a duo por las guitarristas.
—Así que los Yamazaki se salieron con la suya y lograron que esa canción fuese un sencillo —murmuró Yuuko.
—Pensé que Miyuki era la vocalista principal de la banda —indagó Nozomi.
—Lo es, pero fue su idea que nosotras cantáramos esa canción —aclaró Natsuki. Su tono de voz era fatigado, pero se permitió sonreír—. Después de todo, Hibuki la escribió inspirado en nuestra historia.
—Si se lanzó como sencillo, supongo que tendremos que tocarla en vivo. —Yuuko suspiró con resignación tras aquellas palabras—. Aunque no me siento muy segura de cantar frente a mucha gente.
—Lo harás bien, chiquilla. Solo tienes que relajarte y dejarte llevar por la música, como sueles hacerlo con la guitarra o la trompeta. Además, estaré ahí para respaldarte.
—Gracias, cariño.
Yuuko apoyó la cabeza en el hombro de Natsuki, quien apoyó la suya sobre la de ella. Mizore sonrió sin despegar la vista del frente.
—Deberíamos viajar juntas más seguido —sugirió.
—Sí, es una buena idea. ¿Qué tal si hacemos de esto una tradición anual? —propuso la rubia, separándose de su novia e inclinándose hacia el frente.
—Vaya, chiquilla, estás en buena racha en cuanto a ideas.
—¿De qué hablas, cariño? Mis ideas siempre son buenas.
El gesto de soberbia de Yuuko al decir aquello fue tan gracioso que Nozomi no pudo evitar reír al verla.
—Como digas.
Mientras hablaba, Natsuki acarició la cabeza de su novia, desacomodándole su listón. Yuuko se permitió sonreír, disfrutando del momento al final de este viaje medio improvisado que ella había propuesto.
