Actions

Work Header

Y ahora ¿Quien soy?

Chapter 3: Capitulo 1: "Muerte, Sueños y Realidades"

Chapter Text

-Mamá, me siento muy mal...

Algo a mi alrededor se movió rápidamente. Intenté abrir los ojos, pero una luz cegadora me obligó a cerrarlos de nuevo.

¿Qué estaba sucediendo?

Creí estar en el hospital, pero... ¿las camas de hospital eran tan cómodas? ¿Estoy alucinando? Debe ser eso. Tal vez el líquido que me pusieron era demasiado fuerte.

—Draco, cariño...
...

¿Eh?

¿De qué habla esta señora? ¡Soy Diana, Di-a-na!

Abrí los ojos, lista para corregirla, pero lo que vi me dejó muda.

Lo primero fue el techo... o lo que supongo era un techo. ¿Un dosel?

Giré ligeramente hacia la izquierda y vi un enorme ventanal que daba, aparentemente, a un balcón.

¿Desde cuándo los hospitales tienen ventanales así?

Una cálida mano apretó la mía. Giré la cabeza: una mujer preciosa me miraba con inmensa preocupación. Al verla, sentí una punzada de tristeza.

¿Se veía tan mal por mí?

—¡Draco! ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¡Voy a llamar a Severus, espérame!

No me dio tiempo a responder; salió disparada de la habitación.

...

¿Draco?

¿Severus?

Esos nombres...

Los reconozco. Los reconozco demasiado bien.

Y las únicas personas que conozco con esos nombres son...

¿Eh? Esto es muy raro.

¿Por qué me llamaría así? ¿Y por qué hablaría de Severus?

Debo encontrar a mi madre. Ella debe estar preocupadísima.

Me senté en la cama y bajé los pies. El suelo de madera estaba frío.

Miré a mi alrededor: esto no es un hospital.

—¿Qué rayos...?—susurré.

Caminé lentamente, observando el lujo del lugar. Dos puertas. Recordé por dónde salió la mujer, pero opté por la otra.

Un baño.

Un baño precioso, en realidad.

Entré y cerré la puerta. Me acerqué al lavabo. Un espejo enorme colgaba sobre este.

Necesitaba ver mi rostro.

Ver si mi cara estaba tan demacrada como me sentía.

—Pero qué mierda... ¡Esto tiene que ser una broma!—balbuceé.

¿A quién estaba viendo en el espejo?

Palpé el cristal. Mi reflejo seguía cada uno de mis movimientos frenéticos.

¿Por qué?

¿Por qué?

¿POR QUÉ?

Retrocedí hasta chocar con la puerta y me deslicé hacia el suelo, derrotada.

Mis manos temblaban. El aire comenzaba a faltarme.

¿Qué está pasando?

¿Por qué me está pasando esto a mí?

Recordé lo que dijo la mujer: "Draco".

Me arrastré hacia el lavabo, apoyándome torpemente para levantarme.

Volví a mirar el espejo, esta vez con más detenimiento:

Una piel pálida, casi enfermiza.

Unos ojos grises impresionantes.

Un cabello rubio, casi blanco.

—Tal vez estoy soñando... o tal vez... ya morí—murmuré.

Tiene que ser eso. Me despedí de todos, entonces ¿por qué siento tanto dolor? ¿Por qué me siento... viva?

Miré mi cuerpo.

Era pequeño.

Un niño. No más de 10 años, tal vez.

¡CLIC!

El sonido de la puerta al abrirse cortó el aire.

¿Debo esconderme?

¿Correr?

...¿Matarlos?

No, no creo que pueda. Soy un niño.

Mi mente se agitaba, llena de dudas, cuando un suave golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos.

—Draco, ¿estás ahí? ¿Estás bien? Severus está aquí.— La voz era suave, la misma mujer de antes. Sonaba preocupada, amable.

¿Debo salir?

Un momento... si soy Draco, y acaba de nombrar a Severus, entonces... esa mujer es... Narcissa Malfoy.

Reconozco a estas personas...

O, bueno, personajes.

Vienen de esa historia tan famosa... "Harry Potter".

Lo he leído en varios fanfics... Reencarnación.

Es lo único que tiene sentido en mi cabeza.

Abrí lentamente la puerta, mi respiración se hizo más pesada. ¿Cómo debía actuar?

¿Debía ser el niño que todos esperaban ver? ¿Como es aquel niño?

No sabía qué esperar. No sabía quién era ya.

—Draco...—dijo la mujer, Narcissa, aliviada.

—No deberías haberte levantado, cariño. Podrías lastimarte.

Oh… me recuerda a mamá.

Un peso inmenso se asentó en mi pecho.

El entendimiento de la situación me envolvió, y con él, un vacío profundo.

La tristeza me invadió, y sin querer, las lágrimas comenzaron a rodar por mi rostro.

—¡Oh cariño! Ya estás bien, estás en casa, estás con tu madre.

Mi madre...

Si lo que creo es cierto... ya no tengo a nadie.

No tengo a mamá.

No tengo a mis hermanos.

No tengo a mis tías.

No tengo a mis abuelos.

Ya no hay nadie.

...

Después de humillarme frente a estas personas, Severus comenzó a hacerme un estudio. No puedo mentir, la magia me sorprendió muchísimo.

No dije nada en todo el tiempo que duró, y me di cuenta de que eso los estaba preocupando. Pensé mucho en qué decir, pero no creo que ahora sea conveniente decir que perdí la memoria. Así que opté por lo más fácil.

—¿Qué me sucedió? —pregunté con tono tranquilo.

Severus fue el primero en hablar, algo sorprendido.

—¿No lo recuerdas?

—Bueno, no. La verdad es que creo que olvidé muchas cosas. —Dije, mirando a ambos. —Sé quién soy, y sé quiénes son ustedes, pero no recuerdo ni mi edad, ni en qué año estamos, ni qué fue lo que me sucedió.

Narcissa y Severus intercambiaron una mirada preocupada. Estaba esperando que me dieran la información que necesitaba, porque no me gustaba vivir en la ignorancia. Y debo saber de que manera debo comportarme.

Narcissa fue la que habló ahora, su voz suave y tranquila.

—Bueno, cariño... estamos en 1990. Hace poco cumpliste 10 años. Pero antes de eso, sucedió un accidente, y no despertaste hasta hoy.

—¿Qué clase de accidente?
No podía evitar preguntarlo. Este era el mundo mágico, y los Malfoy son una familia poderosa, por lo que seguro este accidente debía ser grave.

Narcissa respiró hondo antes de hablar, con un tono que reflejaba dolor y preocupación.

—Unos magos malos entraron a nuestro hogar. Tu padre nos protegió, y nos escondimos esperando a los aurores. Pero dos magos malos nos encontraron, y te dije que corrieras mientras tu padre luchaba contra ellos. Él había logrado dormir a uno, pero el otro…

Se detuvo un momento, su rostro se contrajo por el dolor.

—Me atacó por la espalda y caí. Fue tras de ti. Si no fuera por Severus, no te habrías salvado.

Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro, y eso me golpeó más de lo que esperaba. Sin pensarlo, extendí mi mano y la posé sobre su mejilla. Fue un gesto involuntario, pero no la retiré, dejándola ahí mientras ella cerraba los ojos por un instante.

—Entiendo. Ya no hay de qué preocuparse. Estoy despierto y estoy bien.

Tratar con personas tristes no es lo mío...

—Tienes razón, —respondió Narcissa con una sonrisa dulce—. Ahora necesitas comer y descansar, ¿sí?

—Sí, entendido.

...

—Bueno, cariño, te dejaré descansar.

Se levantó de la cama con movimientos elegantes. No quería que se fuera sin resolver una duda que me taladraba la cabeza.

—Madre.

—¿Sí, cariño? —se giró hacia mí, con esa expresión tan gentil que dolía mirar.

—¿Cuánto tiempo estuve dormido?

Mi pregunta la sorprendió, vi el breve titubeo en sus ojos, aunque rápidamente recuperó la compostura.

—El ataque sucedió el 9 de julio y hoy es 13 de agosto. Nos vemos, cariño. Descansa.

Más de un mes...

Mi cuerpo estaba cansado, pero mi mente no me permitía rendirme aún.

Antes de acostarme, decidí tomar un año. Me sentía un poco avergonzada, pero era necesario. Llené la gran tina con agua caliente, el vapor comenzó a llenar la habitación, trayendo consigo una calma adormecedora. A mi alrededor, varias esencias esperaban a ser elegidas; opté por la lavanda.

Con movimientos lentos, comencé a quitarme la ropa, prenda por prenda. Cuando sólo quedé en ropa interior, me detuve. No podía mirarme allí todavía... tenía que mentalizarme.

Me acerqué al espejo, analizando con atención cada parte de este pequeño cuerpo.

Los brazos, tan pequeños aún, aunque denotaban buena alimentación... el tiempo en cama había dejado su huella.

Las piernas, delgadas, mostraban algunas cicatrices, probablemente resultado del ataque.

El abdomen, otra vez, marcaba la evidencia de una alimentación adecuada, pero también los estragos de semanas sin moverse.

Giré sobre mí misma para observar la espalda.

Lo que vi me dejó helada.

Cicatrices. Muchas cicatrices.

Algunas tan finas que apenas se notaban si no se prestaba suficiente atención; otras, en cambio, eran más marcadas, más antiguas, más brutales.

—Alguien lo golpea...

Mi humor cambió al instante.

La única persona en que podía pensar era Lucius. El hecho de que no hubiera aparecido en todo el día era casi una confirmación silenciosa.

Sin perder tiempo, busqué en el gabinete esencias medicinales que encontré y agregué al agua. Me sumergí lentamente, dejando que el calor aliviara mi cuerpo tenso.

Cerré los ojos.

Pensé.

Todo esto era tan extraño...

No sabía por qué estaba aquí, o si tal vez, sólo estaba soñando.

Pero no podía negar lo que sabía: yo morí. Eso era un hecho tan sólido como las cicatrices que había visto.

Entonces, ¿qué hacía aquí? ¿Por qué en el cuerpo de Draco Malfoy?

No entendía mucho aún, pero había algunas certezas.

Sabía que estaba en el mundo de Harry Potter, aunque mi conocimiento era limitado: sólo había visto las películas y leído algunos fanfics. Y eso no era precisamente la enciclopedia más fiable...

Las desventajas eran claras: todo en Harry Potter era contado desde el punto de vista de Harry. Los fanfics tampoco podían llenar todos los huecos, al fin y al cabo, eran bueno... fanfics.

Sabía que, en teoría, Draco había tenido una buena infancia.

Pero las cicatrices en su espalda gritaban otra historia.

Una historia que no encajaba

¿De qué se trataba todo esto?

...

Después de un rato, me duché, me cambié y me recosté en la cama.

No podía dormir.

Las preguntas bailaban en mi cabeza, sin respuestas, como fantasmas de una vida que ni siquiera sabía si era mía.

...

El cansancio terminó venciéndome, aunque no logré recordar en qué momento exacto cerré los ojos.

Pero estaba soñando. Y no era un sueño normal.

Frente a mí, dos caminos se dividían.

En uno, una sombra se alzaba orgullosamente, envuelta en riqueza, pero rodeada de una soledad absoluta. Pude ver a un Draco adulto, con los ojos vacíos de todo sentimiento, perdido entre una bruma pesada.

En el otro camino, la imagen era mucho más confusa. Parecía Draco... pero esa sonrisa me recordaba demasiado a mí misma.

Detrás de él, una gran puerta dejaba escapar risas y voces familiares. Quizás, de su verdadera familia.

Solo veía sombras bailando más allá de esa gran puerta.

Varias personas me rodeaban; sus rostros eran difusos, pero parecía estar divirtiéndome con ellos.

Caía varias veces, pero cada vez, me ayudaban a levantarme.

Una voz —suave, pero cargada de una tristeza infinita— susurró cerca de mi oído:

"Elige sabiamente... no todos los caminos pueden desandarse."

Desperté de golpe. Mi corazón latía con fuerza.

El cuarto estaba silencioso... salvo por un pequeño golpecito sordo.

Me incorporé, siguiendo el sonido.

Cerca de la ventana, detrás de una cortina caída, había una pequeña caja de madera olvidada y cubierta de polvo.

La abrí con manos temblorosas.

Dentro había varias cartas.

La mayoría estaban firmadas por Narcissa: dulces, llenas de amor...

Pero una, arrugada en un rincón, llamó mi atención.

La letra era elegante y fría.

"Es un fracaso. No toleraré más debilidades en esta familia.

Haré lo necesario para disciplinarlo.

Tú sabes lo que te corresponde hacer, Narcissa."

No había firma.

No la necesitaba.

Notes:

¡Hey, gente bonita que lee esto! 👋🏻
Solo paso para contarles un par de cositas rápidas:

• Cambio importante pero no tan importante:
Moví el cumpleaños de Draquito al 14 de julio, porque quería que fuera Cáncer (y que tuviera toda esa intensidad emocional preciosa que caracteriza a los Cáncer).MI
¿Era necesario? No. ¿Lo hice igual? Absolutamente sí.
• Sobre el ritmo de publicación:
Esta historia avanza al ritmo de mis días buenos, mis cafés fuertes, y mis crisis existenciales suaves.
No tengo un calendario fijo, pero prometo no abandonar este pequeño universo que estamos construyendo.
¡Gracias por leer y por estar aquí! 💖