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La vida en la mansión no era mala. Después de todo, desde que tiene memoria, había estado en una cárcel fría, pasando hambre y violencia por parte de sus compañeros. Visto en retrospectiva, participar de un juego violento de tanto en tanto no era nada comparado a las dolencias que pasaba en ese calabozo, y además, le debía la vida a aquél extraño anfitrión, quién logró salvarle de la inminente pena de muerte.
No se hacía preguntas, no le importaba salir herido, o como reaccionaran los demás ante aquella situación en la mansión, Luca solo tenía una cosa en mente.
Recuerdos idos de un invento.
Obviando los recuerdos de su infancia, parecía haber un espacio en blanco en los últimos años de su vida, a excepción de algo grande, algo en lo que él había estado trabajando. El invento de su vida.
Y ahora, todo aquello se había esfumado.
En ocasiones era demasiado para él, acabando frustrado tras fallidos intentos por recuperar la memoria, en otros momentos, tan rápido como un destello tenía la sensación de estar a punto de recordar, pero todo se reducía a la nada.
Sentía que no tendría pistas jamás, hasta la llegada de aquél pintor tan particular, Edgar Valden.
Luca se había propuesto observarlo, estudiar sus andanzas y poco a poco, lograr acercarse a él con el fin de obtener respuestas a sus dudas del pasado, pero debía admitir, Edgar no era nada sencillo de tratar.
Al menos, ocupaba el tiempo durante el desayuno para sacarle un par de oraciones, al sentarse por orden a su lado. Edgar respondía principalmente con monosílabos, palabras cortas que daban fin a la conversación, pero Luca notaba a su vez, el deseo que tenía Edgar por mantener una conversación más alargada, pero que por alguna razón, Edgar acababa por desistir.
La primera semana acabó sin contratiempos, y los pocos avances que había logrado, los anotó en su diario, un requisito que había que cumplir en la mansión. La hoja citaba lo siguiente.
"Entrada uno, día siete.
Una semana se ha cumplido desde que aquél joven quién dijo conocerme llegó a la mansión. Si bien en un principio mostraba una actitud ansiosa ante la idea de los juegos, pude notar que comienza a darlo por hecho, aceptando la situación.
De momento, los datos que he recolectado obviando su nombre es que se dedica a pintar, siendo su motivo de entrada a la mansión aún desconocida para mí. No da la impresión de ser de pocas palabras, pero sospecho que aún no confía en mi del todo, quizá, por el desengaño que deba significarle hallar a un alma del pasado incapaz de recordarle, creo que también estaría dolido en el orgullo."
Dejó la pluma a un lado al sentir suaves golpes en la puerta, dejando a un lado su silla para abrir, encontrándose con Victor en el proceso. El cartero sacudió suavemente la mano, en un saludo casual.
Victor fue quién le dio la idea de investigar a Edgar, pues el mismo tenía la sospecha de que se conocían, pero era muy tímido para preguntar de forma tan directa cosas del pasado, y debía confesar, por más amabilidad en persona que fuera ese cartero, Edgar le intimidaba un poco. Era algo que estaba fuera de su alcance, pero para su suerte, Luca era más extrovertido. No había nadie mejor que el mismo causante de la investigación para poner manos a la obra con sonsacar información de los labios de Edgar.
Al observarlo, Luca no solo se hacía ideas de su personalidad, pero también, no podía evitar fijarse en lo rápido que se volvía su corazón al divisar una mirada compartida con esos ojos como el cielo. Le distraían de su meta principal, y le daba desconcierto a su mente, sin comprender del todo los sentimientos que aquél nuevo recluta provocaba en sus nervios. Lo relacionó a la expectación de estar tan cerca de nuevas pistas a su vida pasada.
— ¿Hay noticias?
Preguntó Victor, logrando que el joven volviese a enfocarse, dejando el pensamiento de unos ojos celestes para después. Un rotundo no dio a relucir, negando con su cabeza y cruzándose de brazos. Entre las cortas respuestas de Edgar y lo ocupados que resultaban los juegos, apenas había podido hallar actualizaciones. Víctor dejó caer sus hombros, una vez levantados por la tensión de la respuesta ajena, que ahora se resignaba a aceptarla entre suspiros.
— Es un hueso duro de roer. No me está siendo nada fácil, pero dudo que mi situación como ex preso influya en su falta de confianza. Creo que mi falta de memoria causa estragos en él, pues cada que mencionó el tema de nuestro pasado compartido, desvía el tema. ¿Qué crees que deba hacer?
Dar el primer paso no era sencillo, y eso lo sabían bien. Algo debía haber para que Edgar optara por confiar en los demás, precisamente, en ellos tres. Andrew se mantenía un tanto al margen, pero daba sus esfuerzos por ayudar gracias a la gran estima que compartía con el par de muchachos.
Victor entreabrió sus labios, dando al fin con una respuesta. Luca lo miró atento, pues las veces que Victor decidía hablar, era porque en verdad tenía que ser escuchado.
— Podrías invitarle a dar un paseo por el jardín. Seguramente agradezca la invitación. Un buen ambiente se presta para abrirse ante una buena compañía.
No era una idea del todo mala, pues hasta el momento, Luca solo había aprovechado el desayuno para conversar con él. Procuró preparar un discurso en su cabeza para conseguir su confianza plena.
— Eres muy brillante, Victor, y agradezco enormemente todo lo que estás haciendo por mí. Recuérdame ayudarte en cualquier tema que te mantenga la mente ocupado cuando se de la instancia. Tu también me importas mucho.
La sinceridad y la amistad transmitida por Luca logró conmover a Victor, quién con mejillas sonrojadas le obsequiaba una sonrisa. Aún le sorprendía haber podido hacer amigos, dado todo el contexto de su vida anterior.
Nadie era del todo inocente, al estar en esa mansión, al fin y al cabo.
— Bueno, esta este tema con.. Andrew, ya sabes. Quizá podamos dar un paseo nocturno para ponerte a la corriente..
Asintiendo gustoso ante la invitación de su amigo, hicieron la promesa de un encuentro. Por ahora, solo quedaba planear como iría la invitación para Edgar, pues daría lugar a cabo durante el día de mañana.
Volviendo con Edgar, el joven pasó por muchos sustos y desilusiones, pero, parecía ser que al fin lograba adaptarse, poco a poco, a todo el tema que rodeaba a los juegos.
Adaptarse a aquello, al fin y al cabo, resultaba mil veces más sencillo que adaptarse a Balsa.
Sentía su garganta cerrarse cada vez que el hombre le dirigía la palabra, y no hallaba consuelo en el hecho de que lo hiciera con tanta frecuencia. Edgar temía, que si la cosa seguía así, sufriría de una calamidad, ya fuese un ataque al corazón o llorar frente a miles de desconocidos. Fuera cual fuera, prefería evitarla a toda costa, y de paso, mantener su corazón bajo llave.
Le costó aceptarlo, pero, seguía profundamente enamorado de aquél hombre al que una vez perdió, y aunque lo había "recuperado", sabía que las cosas ya no eran las de antaño. El hecho de que Luca no lo recordase traía tantas consecuencias que Edgar no sabía si era para mejor o peor. Había tanto que quería decirle, tantas confidencias y palabras de afecto acumuladas para él, pero no podía confiar. No era su Luca, aún si eran la misma persona. No tenía la certeza de que aquél hombre usase su información en su contra, después de todo, solo la ambición podría haberlos reunido en un mismo espacio como lo era la mansión. Todos estaban allí por un premio, aún si los motivos cambiaban de persona a persona, Edgar no podía confiar plenamente en nadie.
Esa tarde no habría juego, por lo que Edgar aprovechó para dar un paseo, conociendo un poco más aquél enigmático lugar. En el proceso se encontró con un par de personas, quedando especialmente fascinado ante la apariencia tan enigmática que tenía una señorita: Patricia Dorval.
Su belleza le hizo retumbar algo en su interior, que si bien no era amor, podía resultar bastante similar. Sintió que había encontrado una musa dentro de aquél lugar, tal como se había propuesto a la hora de ir, y sintió que la inspiración comenzaría a brotar, pero al pensar en musas, no podía sino sentirse nostálgico y, hasta destrozado, al pensar en Maple.
¿Cómo se hallaría su hermana? Pensó en muchas ocasiones durante la semana en escribirle alguna carta, pero cuando la tenía en su poder, acababa por desistir. Había pasado mucho tiempo, y tal como Luca había sido un impacto muy negativo al reaparecer, quería evitarle ese mismo mal rato a su querida hermana.
Suspiró, volviendo su atención a la señorita Dorval, tan hipnotizado en memorizar la silueta de la joven que la presencia de Balsa le arrebató los sentidos. Sintió su corazón dar un salto del susto. Luca notó la mirada de Edgar puesto en la muchacha y sonrió, para el disgusto de Edgar.
— La señorita Patricia es una en un millón, ¿No lo crees? Es realmente hermosa.
Aunque lo reconocía, más que nadie, no evitó sentir una pequeña punzada ante la declaración ajena, ¿Eran celos lo que lastimaba en aquél momento a su corazón? Edgar era incapaz de sentir envidia, celos, y cualquier sentimiento que lo hiciese sentir inferior. Pero supuso que en un lugar rodeado de tantas personas diferentes, no sería sorpresa para nadie hallar una que otra cara atractiva. Así mismo no podía negar, aún para su miedo interno, el amor que podía surgir entre los participantes. De tan solo pensar que Luca pudiese haber sentado cabeza con alguien más, era suficiente para desear ser el próximo participante en un juego. Un dolor que no se atrevía a expresar en palabras.
Edgar, consternado aún, desvió la mirada, escapando de la belleza de Patricia y de la fascinación que aquellos ojos oscuros del pasado le provocaban. Acabó por mirar una de las paredes, decorada con ostentosa ornamentación.
— Bueno, te estaba buscando.
Las palabras lo sorprendieron, ¿Luca lo buscaba a él? Sabía bien que Luca estaba muy interesado en hablarle durante esos últimos días, pero no pensó que pudiese insistir en otro momento del día, no cuando usaba ese tiempo en compartir con los pocos amigos que había hecho en la mansión. Edgar ya los había observado lo suficientemente bien como para identificarlos.
— ¿De qué se trata?
Esperando que los nervios no le fallaran, habló con tono frío, volviendo lentamente su mirada a aquellos ojos negros. Luca sonrió, y apoyando un brazo en su propia cadera, habló.
— Quería invitarte a dar un paseo. Solo nosotros dos.
El corazón de Edgar volvió a dar un brinco, y contra todo deseo de aparentar normalidad, sus mejillas enrojecieron. Luca lo notó, pero fue lo suficientemente considerado como para no emitir comentario alguno al respecto. Edgar tomó aire.
— Un paseo.. ¿Hay un motivo en particular?
Por una brevedad, esperó tener la esperanza de que Luca ante su llegada comenzase a recordarle.. Pero pronto descubrió que era un pensamiento poco sensato. Batió sus pestañas en espera a una confirmación.
— Para conocernos mejor, hablar.. Seguramente tengas mucho de que hablar. ¿No me habías dicho que eras pintor? ¡Puedes aprovechar la instancia para sacar algo de inspiración!
Las ideas de Luca lograron conmoverlo un poco, y aunque reacio en un principio a la idea, no podía ignorar los esfuerzos de Luca por querer hacer de ese paseo un momento agradable para el par de chicos. Edgar tomó aire, mirándole con decisión.
— Está bien. Pero si llego a sentirme incómodo, el paseo se acaba.
Luca asintió, satisfecho con su respuesta, y sin más que agregar, cada joven se fue por su lado, quién más ansioso que el otro por la reunión que iba a acontecer.
