Chapter Text
Armin Arlert.
Sonrío victorioso cuando veo el último resultado de nuestro esfuerzo, nunca en toda mi vida he visto un baño tan reluciente, está tan limpio que casi se podría comer aquí mismo… aunque aun así no es recomendable.
No hay manera de que el subdirector Levi Ackerman tenga alguna queja sobre esto.
Annie está de pie a un par de metros de mi, inspeccionando el lugar cuidadosamente.
— Hicimos un buen trabajo ¿No te parece? — Le pregunto solo para escuchar nuevamente el sonido de su voz. Pocas veces Annie separa sus labios, es un hecho tan inusual que la profesora Zoé duró un buen tiempo creyendo que era muda.
Annie no me responde, dejando a mis oídos completamente decepcionados, en cambio se encoge de hombros y es un gesto tan predecible que me hace sonreír.
— ¿Qué?
Sus cejas se contraen ligeramente y por el tono hosco de su voz, sé que está malinterpretando la curvatura de mis labios, pero no puedo borrarla, por el contrario, la ensancho, porque no soy capaz de entender cómo es que una voz tan dulce y melodiosa puede salir de una boca que generalmente expresa un profundo disgusto.
El desagrado en su rostro se hace más ostensible y todo lo que se me ocurre hacer es tapar mi boca con ambas manos y negar con mi cabeza rápidamente.
Aminora el fruncimiento de sus cejas un poco y mi corazón, que había emprendido una carrera a la velocidad de la luz, comienza a relajarse nuevamente.
— Lavaste inodoros con esas manos —. Comenta solo para después dirigirse a la puerta del baño y salir.
Alejo inmediatamente las manos de mi rostro y comienzo a analizarlas, mis mejillas comienzan a arder y me siento como un completo tonto.
Corro hacia el pasillo y cuando veo a Annie recargada en una de las paredes mirándome, lo único que puedo pronunciar es:
— Use guantes de latex todo el tiempo y me lave las manos justo cuando terminamos, lo juro.
Ella parpadea y me mira como si yo fuera la cosa más extraña del mundo, por unos instantes veo el intento de una sonrisa bailotear en sus labios, pero es tan fugaz que me parece que ha sido una ilusión, con su mano derecha recorre el flequillo que cubre su ojo, el movimiento me parece tan hipnotizante que lo observo cuidadosamente.
Su mirada choca con la mía y por alguna razón me siento abrumado, así que desvío la mirada hacia la pared detrás de ella.
— Lo sé.
— ¿Eh?
— Sé que te lavaste las manos —. Su semblante está tan imperturbable como de costumbre, pero sus ojos se ven mucho más brillantes justo ahora, como si un poco de la frialdad que abunda en ellos se hubiera disuelto.
Vuelvo a sonreír, porque ver ese brillo en la mirada de Annie parece ser motivo suficiente para sentirme feliz de repente.
— Vienen por ti.
Estoy por preguntarle a que se refiere cuando una mano se posiciona sobre mi hombro, presionandolo ligeramente y sacandome un pequeño susto.
Ladeo mi cabeza, topandome con la chica de cabello azabache, su semblante sereno se transforma en uno escéptico cuando mira a la rubia detrás de mí, la irritación en sus ojos es notoria, al menos para mí, espero que no para Annie.
— Armin, Levi no debe tardar, es mejor que no nos encuentre aquí.
Si no fuera porque ha pronunciado mi nombre, pensaría que se ha dirigido a Annie, debido a que no le ha despegado los ojos de encima.
Una profunda incomodidad se apodera de mi cuerpo cuando veo que Annie corresponde la mirada de Mikasa, convirtiendo el pasillo en un ring de combate visual.
— Está bien.
Tras mi contestación, Mikasa posa su atención en mí por un par de segundos y luego comienza a caminar para alejarse, no sin antes haber dado una última mirada hostil a la pequeña y rubia chica.
Mi cerebro se activa cuando veo a Annie caminar en dirección contraria a Mikasa, seguramente hacia el aula de detención y sin pensarlo dos veces siquiera, le digo en un tono de voz elevado:
— Nos vemos mañana, Annie.
Ella continúa su camino, ignorando por completo mi despedida, lo que me hace sentir desanimado. Suelto un suspiro cargado de desaliento y troto hasta mi mejor amiga que se ha quedado esperandome al final del pasillo.
— ¿Todo bien?
La miro desconcertado.
— Si ¿Por qué?
— Estuviste con la gruñona del grupo todo el tiempo, solo quiero asegurarme —. Responde encogiéndose de hombros.
Suelto una risa.
— Ella no es tan mala, Mikasa —. Le digo emprendiendo el camino hacia la salida junto a ella.
—Si tú lo dices.
— ¿Por qué no te agrada?
Mikasa se encoge de hombros una vez más.
— Existen personas con las que conectas de inmediato y otras con las que desconectas, Annie es de las últimas. Además siempre luce tan amargada.
— A mi no me lo parece.
Una ínfima sonrisa se dibuja en su rostro.
— Eso es porque a ti te agrada el mundo entero, Armin. Tú podrías encontrar belleza en el pantano más horrible.
Cuando ambos nos paramos en el jardín que rodea la entrada del instituto, cubriéndonos con la sombra de un frondoso árbol, comienzo a analizar su comentario.
Yo no creo que Annie sea un pantano, ella me recuerda más al océano, tranquila en la superficie, pero con una gran profundidad y una vasta belleza; tan repleta de misterios que resulta imposible no desear sumergirse hasta el fondo.
Mis pensamientos se ven interrumpidos cuando veo a Bertholdt y Reiner salir del instituto, seguidos de Historia, Ymir, Sasha, Connie y Marco, ellos se acercan a nosotros en cuanto nos ven, luciendo tan cansados como seguramente Mikasa y yo nos vemos también.
— ¡Dios! Pensé que nunca terminaríamos —. Exclama Sasha dejándose caer en el césped, su coleta color castaño está alborotada y los mechones que enmarcan su rostro están revueltos por todas direcciones. — ¿Por qué permití que nos metieras en esto? — Pregunta apuntandome con su delgado dedo índice.
— Si, ¿Por qué dejaste que Armin nos metiera en esto? — La secunda Connie sentandose junto a ella.
— Yo no los obligue a nada.
— Claro que lo hiciste cabeza de coco —. Insiste la chica, su piel trigueña es perlada por un sudor que mantiene el flequillo de su frente pegajoso. — Cuando Eren les avisó sobre su castigo, tú y Mikasa se ofrecieron de inmediato a ayudarlo.
— ¿Y eso qué tiene que ver con ustedes?
— ¡Todo! — Resalta Connie, elevando sus dos brazos, él luce mucho menos desastroso que Sasha, pero seguramente solo es porque él es calvo. — Porque cuando ustedes dijeron eso, Marco enseguida dijo que él iría a ayudar a Jean.
Abro mi boca para volver a decirles que sigo sin entender que parte de todo esto es mi culpa, pero él chico de baja estatura sigue hablando.
— Luego Historia dijo que ella también iría a ayudar, lo que hizo que Ymir y Reiner la siguieran de inmediato, al ir Reiner obviamente fue Bertholdt, lo que provocó que Sasha y yo nos uniéramos también.
Connie apunta a cada uno de los mencionados, para hacer más entendible su explicación, todos los interpelados se mantienen al margen, escuchando al par de amigos quejarse.
— ¿Y para qué se unieron si no querían? — Pregunta Mikasa con seriedad.
— Porque pensamos que sería divertido, pero ahora estoy toda sudada, sucia y muriéndome de hambre —. Sasha lleva una mano a su estómago y comienza a patalear. — ¡Te odio tanto, Armin!
— Estos dos son tan insoportables —. Habla por fin Ymir, cubriendo sus oídos y recargando su rostro en el hombro de Historia, que intenta consolar a Sasha con palabras de aliento.
Reiner, por su parte, está tan embobado mirando a la encantadora rubia que el drama de Connie y Sasha parece no tener efecto en él, mientras que Bertholdt y Marco solo miran atentamente la escena.
Veo a Mikasa acercarse a nuestra excéntrica amiga, poniendo con brusquedad una galleta de chocolate en su boca, Sasha se queja al principio, pero instantes después comienza a masticar el crujiente bocadillo.
— ¿Tienes más? — Pregunta ella con una actitud mucho más animada que hace un par de minutos.
La pelinegra le lanza el paquete entero de galletas y Sasha los atrapa de una manera tan salvaje que me provoca un poco de escalofríos.
— ¿Cómo sabías que eso la calmaría? — Cuestiona el pecoso Marco.
— La conozco demasiado bien, por eso procuro tener alimentos en mi mochila siempre que ella se encuentra cerca.
Todos observamos a Sasha comer, pensando en cuantos berrinches habrá tenido que soportar Mikasa para llegar al punto de cargar provisiones para casos de emergencia como este.
Ha pasado una hora desde que todos terminamos de limpiar y ahora estamos solo Mikasa y yo, sentados en una banca a la espera de Eren, hablando de trivialidades e intercambiando apuntes de la clase de biología.
Historia e Ymir fueron las primeras en irse, Reiner en un intento de galantería se ofreció a acompañarlas a su casa, por lo que al tímido Bertholdt no le quedó otra opción que irse junto a ellas y su amigo, no sin antes haber dado una mirada anhelante al instituto, como si esperara ver salir de él a alguien.
Marco, Sasha y Connie fueron los siguientes, despidiéndose de nosotros, pero por supuesto, ni Sasha ni Connie podían irse sin reprocharme una última vez.
— ¿No crees que Eren ya tardo demasiado? Hace diez minutos que Jean y el resto de las personas en detención salieron.
— Seguramente se quedó hablando con el subdirector Ackerman, ya lo conoces —. Le contesto moviendo mi mano, como restándole importancia al asunto, pero en el fondo estoy intrigado también, porque todos han salido, excepto Eren y Annie.
Como si mi mente los hubiera invocado, los veo a ambos salir, intercambiando palabras, es evidente que Eren es el que lleva el rumbo de la conversación, lo sé porque muy pocas veces Annie mueve sus labios solo para responderle.
— No sabía que Annie seguía ahí —. La mirada de mi mejor amiga se opaca tras pronunciar esas palabras, sus labios están tensos y su semblante es sombrío. Es un poco aterrador.
Algo me dice que el muro que separaba a Mikasa de Annie seguramente ha incrementado varios metros.
Eren nos saluda a la distancia con su mano derecha, acto que imitamos de manera robótica. Cuando mi amigo se despide de ella para dirigirse hacia nosotros y veo a Annie responderle con una pequeña sonrisa, deseo con todas mis fuerzas ser Eren.
Deseo haber sido yo el destinatario de la primera sonrisa que he visto en Annie.
