Chapter Text
“¿Siquiera sabemos que hay en las cajas?”
Ella sí lo sabía, armas. Blasters que el capitán Rex quería, necesitaba que llegaran a manos de Echo quien seguramente las transportaria a otro lugar pero su destino final no era lo importante el de Lyco lo era. Por eso había aceptado, buscado, esta oportunidad.
Ella había sido una marioneta en una guerra orquestada, había sufrido la pérdida de su familia y su maestro, había visto los horrores de la guerra y los había causado pero se había salvado de ser buscada. En todos los registros se la daba por muerta, ella no era una jedi pero también la querían muerta. Por el contrario Lyco había corrido con suerte, los detalles no le interesaban, no quería oirlo pero él sí había visto y sentido todo lo que causó la traición de los clones.
Él merecía una vida pacífica lejos del Imperio y si llevar estas armas era suficiente para que él tuviera una oportunidad entonces eso es lo que Ventress iba a hacer. “Eso no nos importa, pronto ya no serán nuestro problema”
La nave en la que viajaban era robada no faltaría mucho para que comenzaran a buscarla pero para entonces solo estaba ella a bordo y Lyco estaría a salvo. La entrega se efectuará en Tatooine, en medio del desierto y si el clon no mentía otro jedi estaría allí para llevar a Lyco a un lugar seguro. Mientras tanto solo tenía que encargarse de que Lyco no sospechara, después de que decidiera volver con ella había expresado su deseo por dejar de lado “El camino”, decisión que ella no apoyaba pero en la que él era firme.
“No te da curiosidad”
“Ninguna”
“Y si es algo malo?”
“Siempre y cuando nos paguen nada es malo” Eso fue suficiente para que el silencio reinara en la cabina y pronto fue reemplazado por la tranquila respiración que solo se consigue al dormir. Lyco se había encargado de conseguir la nave y gracias a su sutileza lo persiguieron por varios hangares, que estuviera cansado no era raro, necesitaba el descanso.
Ventress se levantó del asiento del piloto y después de una pequeña búsqueda en la nave encontró lo que buscaba una manta con la que cubrir a Lyco y algo para mantenerse despierta, caf. En cualquier otro momento esto le habría molestado, no podría dormir antes de llegar a su destino pero de momento vigilar la nave ella misma le parecía bien, siempre y cuando Lyco estuviera bien.
Llegar a Tatooine no fue tan malo, la estancia por otro lado fue terrible. Ya habían estado en un planeta árido, sin agua a su disposición y con pocas reservas de comida pero Tatooine era mucho peor. La arena guardaba tanto calor que caminar sobre ella quemaba, conseguir agua era una tarea imposible y la comida estaba tan seca como el planeta.
La entrega de su cargamento no se efectuaría hasta el día siguiente entonces Lyco estaría a salvo del imperio. Hasta entonces la cantina no era un mal lugar para quedarse, tenía lo mínimo y necesario, un baño decente y ventilación. El entretenimiento era una adición que los propios clientes traían pero como siempre alguien tiene que hacer que un día normal y corriente se convierta en una misión.
A su mesa se acercó un muchacho alto de cabello oscuro, vestía como un granjero y traía consigo unos binoculares. “Disculpe usted podría reparar un condensador?”
Ventres solo lo vio de reojo y levantó su vaso, si lo ignoraba se iría pronto. ¿De qué tipo?” pregunto Lyco. Y con esa simple conversación terminaron en el medio del desierto, a las afueras de una granja. Cada cierto tiempo el muchacho o una chica, que había mencionado ser la hermana menor del mismo, se acercaban a ofrecerles agua o comida.
Lyco no tardó en reparar el condensador, al parecer él no servía directamente en la lucha pues su maestra temía por su vida pero se quedaba en los hangares o bases reparando vehículos y demás. Eso le había permitido escapar fácil y sigilosamente. Ella no le había preguntado, se esforzaba en parecer desinteresada pero estaba segura de que fallaba terriblemente, no había tenido un lazo así con nadie más que su antiguo maestro pero después de una mala noche Lyco le dijo, desde entonces Asajj se asegura de dejar la puerta de su camarote abierta por si a Lyco se le ofrece algo.
Al terminar se dirigieron a la casa donde la hermana los esperaba con algo de comida. “Es lo mínimo que podemos hacer después de que nos ayudarán, si gustan puedo rellenar sus cantimploras”
Lyco aceptó, le tendió su cantimplora a la joven y después se sentó en la mesa. Se veía hambriento pero aun asi estaba esperando a que los demás se sentaran, sus vagos recuerdos del templo jedi eran suficiente para saber que de ahí vienen esos modales pero desde hace mucho no veía a nadie hacer eso, viajar por la galaxia le daba a uno libertad tanta que no había un estándar para la mayoría de cosas que dependen de un ciclo planetario como decidir un horario para comer.
Después de unos minutos y de un silencio lleno de señas para que ella también se sentase la joven volvió con la cantimplora de Lyco y otro contenedor con agua, colocar ambos en la mesa y se sentó al lado de Lyco quien la seguía viendo con intensidad, evidentemente quería que se sentara pero ella no había ayudado con nada solo había observado.
“Siéntese por favor” El granjero le insistió desde la puerta de la cocina y ahora si no podía negarse, se sentó al otro lado de Lyco mientras el muchacho pasaba los platos y su hermana comenzaba a servir alguna clase de puré y carne. Por cortesía ella comenzó a servir algo de agua en los vasos que se encontraban en el medio de la mesa y los repartió.
La comida no estaba mal, no era algo que hubiera comido antes pero igualmente su última vez en Tatooine fue una misión separatista entonces no podía esperar mucho en cuanto a la comida. Al final se enteró de más detalles sobre sus anfitriones de lo que le hubiera gustado, eran huérfanos desde un ataque de los moradores de las arenas y se encargaban de cultivar y vender una especie de tubérculos.
Para cuando volvieron a la nave ya estaba oscureciendo, Lyco se dirigió directo a la cabina para recoger la manta “Sabes que son blasters verdad?” Entonces él también lo sabía. “Si”. Su cara no delató nada y eso era raro especialmente para Lyco. “¿Se los vamos a dar a buenas personas?”. Tal vez después de lo que sucedió con los jedi confiar en un clon sería difícil pero ninguno de ellos tenía su chip inhibidor, Rex era una buena persona. “Si”
Y con eso Lyco se fue a dormir a su propio camarote. Ella se quedó despierta otro rato organizando las cajas y asegurando que la ave estuviera en la mejor condición posible, se sentó en el asiento del piloto y lo siguiente que supo fue que ya era de día, la luz de ambos soles entraba por el cristal y la cegaban. Se cubrió la cara con la manta que tenía en el regazo, ella no había ido por ninguna manta, y el aroma a caf llenaba la nave.
“¿Cómo puedes tomar esta cosa ? Es horrible” Lyco estaba parado detrás de ella sosteniendo dos tazas de caf y ofreciendole una. “Te acostumbras”. El no se veía convencido aun así le dio otro sorbo, no solo le sabía mal pero a juzgar por su propia taza seguía demasiado caliente para tomarse. Regresó con Lyco a la pequeña cocina que tenía la nave donde le entregó una cuchara metálica y unos sobres de azúcar.
“Cuando tenía tu edad yo le echaba tres sobres de azúcar y un poco de leche pero aquí solo hay azúcar, échale los sobres y revuelvelo hasta que te agrade el sabor”
“Y si no me agrada nunca?”
“Preparamos té”
