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¿Cambiar por ti? (Eduarjon)

Chapter 3: Disculpas

Summary:

Eduardo se disculpa con Jon.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La fiesta en el restaurante había ido bien. No había tanta gente y la poca gente con la que Jon conversó no cayó mal. Sin embargo, Jon estaba con bastante ansiedad cuando habló con el círculo de Mark y Matt, nadie se reía de sus chistes o lo miraban raro por su manera tan peculiar de hablar; Hasta uno le dijo que parecía Patricio Estrella, en tono de burla.

El chico negaba con su alma que fuera una burla y se lo tomó a la ligera. Solo quería pasarla bien, a pesar de que no encajaba muy bien en ese grupo. Igual, salieron temas muy interesantes de los cuales no había oído hablar antes, como de moda exótica o algo así. Matt y Mark compartían un gusto muy bonito en moda, una de las razones por las que se llevan bien.

A Jon no le puede importar menos cómo vestirse o cómo lucir, a excepción de su cabello a veces desordenado (que parece lamida de vaca otras veces) y el piercing bien cuidado debajo de su labio. Que por cierto, ese piercing fue idea de Mark. Jon tenía miedo al principio, le dolió mucho y lloró, pero acabó bastante satisfecho. Incluso Tom le dio un cumplido por eso cuando Eduardo no estaba viendo.

Cuando volvieron a casa, Mark estaba pasado de copas, por lo que Jon y Matt tuvieron que ayudarlo a llegar sano y salvo. Aunque en el camino no paraba de coquetear con Matt, quien era muy torpe para seguirle el juego o responder de forma coherente. Era algo así:

—Ohh… ¿que tienes en el labio, Matt querido?— dijo poniéndole la palma de la mano en la mejilla.

Matt se sonrojó un poco, apoyándose más en la mano de Mark. —¿Eh? ¡Es bálsamo para labios! ¿Te gusta?

—Uy, sí.. Es que… Me gustaría besarlos.

—¡Ay, a mí también me gustaría besar mis labios!—exclamó con emoción.

Jon estaba como tercera rueda entremedio de esos dos, y la verdad es que ya no los soportaba más. Quería llegar a casa luego y dormir escuchando phonk, como siempre hacía. Matt era un pendejo, y Mark… Pues para qué hablar de él, apenas podía estar de pie.

Los tres se llevaban bien, aunque en secreto de Edd y de Eduardo, porque se supone que con Matt eran rivales y “no tenían derecho a hablar entre sí”, según Eduardo. Pero a ninguno de los dos realmente detestaban a sus vecinos, ni viceversa (bueno, Tom quizás era la excepción). 

Llegando a sus casas, el pelirrojo se despidió, y Jon sostuvo al rubio del hombro para abrir la puerta y llevarlo a su pieza para que descanse.

—Dulces sueños, Markus. Eres el mejor amigo que uno puede tener.— susurró el más alto, acariciando ligeramente la frente del hombre, viendo como poco a poco cerraba sus ojos y ya empezaba a roncar. “Hm. Adorable…” pensó antes de irse a su propia habitación.

 

Pero…

 

Oh, mierda. Ahí estaba él.

 

Eduardo estaba parado en el marco de la puerta de su habitación, cruzado de brazos, como esperándolo desde hace rato. El castaño no pudo evitar sentir un escalofrío recorrer su cuerpo, asustado por lo que sea que Eduardo querría decirle. Quizás le iba a pegar de nuevo o hacer algo que le vaya a doler intencionalmente. Se preparó para lo peor.

—D-Duardo… — tartamudeó.

 

—Tenemos que hablar.

 

Jon trago saliva de forma audible. Eduardo entró en su habitación sin ningún tipo de permiso y se sentó en su cama, tampoco sin permiso. Sin nada más que hacer, Jon entró tímidamente y cerró la puerta, lento pero seguro.

Solo se escuchaba la música que Jon reproducía en su radio de colores azules, decorada con stickers infantiles de sirenas y peces. Él era gran fanático de la biología marina.

—Jon… Estoy arrepentido. O algo así. No sé.

La expresión de Jon se transformó en total incredulidad. Las palabras podían valer mucho, pero las acciones eran otra cosa.

—Estoy arrepentido de haberme confesado, sí. Pero sobre todo de haberte hecho tantas cosas en el pasado. Sí, te estoy…— paró, tapándose la boca para no vomitar por lo que quería decir.— pidiendo perdón. SUPONGO. Digo, no debería por qué, en realidad, —se rió — estoy bien sin tu perdón, obvio. Pero…

Paró un momento para leer la expresión de Jon, quien se notaba que no le estaba creyendo ni una palabra de lo que le decía. Demonios… tuvo que haber calculado qué decir antes de abrir la boca. Antes de que Jon pudiera hablar, él se adelantó.

—Ugh. Mira, Jon, no soy bueno haciendo esto. Estoy tratando de hacer lo mejor posible para decirte que… Lo siento. No quiero arruinar nuestra amistad por una tontería, ¿sabes? …Aunque ni siquiera sé si nos podemos llamar amigos en primer lugar. Perdón. Lo eché todo a perder entre nosotros mucho antes de decirte que me gustas.

Jon reflexionó, acercándose a Eduardo, mirándolo hacia abajo con cara de tristeza. Su corazón le decía que sí, que lo perdonara de una vez, pero su mente le decía que no podía. Después de una larga lucha entre esas dos contrapartes, pudo decir algo. Se agachó para estar a la altura de Eduardo, un poco más abajo. El hombre se sonrojó por la acción.

—Duardy, no puedo perdonarte. En verdad me gustaría, pero… s-sabes todo lo que haz hecho conmigo. — su garganta casi está cerrándose por la pena, su voz quebrándose. — Golpearme, mandonearme, obligarme a hacer cosas que no quiero, amenazarme, insultarme a muerte, y la peor de todas: mandarme al hospital. En especial lo último, yo… eso nunca te lo perdonaré.

Jon lloró un poco. Se sonó los mocos, secándose las lágrimas con la manga de su camisa, dejando rojos sus párpados de tan fuerte que se refregó. Eduardo lo miró con pura decepción, aún le quedaba una mínima esperanza de ser perdonado, pero sabía que no se lo merecía. Estaba a punto de enojarse y desquitarse con Jon de nuevo, pero algo le impedía hacerlo.

 

Jon… ¿Por qué enojarse con él? No le había hecho nada, nunca. Quizás era un poco molesto, pero nada más que eso.

 

Entonces… ¿Por qué estaba tan enrabiado?

 

De repente, a Jon parecía habérsele ocurrido algo.

 

—Pero… ¿Sabes qué, Duardy?— esta vez lo miró directo a los ojos, captando su atención.— Quizás nunca te perdone ese trato, pero si realmente me amas, te daré una oportunidad para cambiar.

El corazón de Eduardo dio un vuelco. Palpitó a mil por hora, su cara calentándose como nunca antes. “¿Una oportunidad?” — Estás bromeando, ¿no? — se burló, disimulando su entusiasmo.

—¡Claro que no, Duardy!— exclamó, agarrando las manos del contrario y haciendo que se pare de la cama. —Te daré una única oportunidad para que vuelvas a ser mi amigo. Pero con la condición de que me trates como a uno y no como… basura.

El de bigotes sonrió un poquito, ilusionado por, por lo menos, recobrar su amistad. Lo único que no le gustaba de esa idea era cambiar sus actitudes, porque amaba aprovecharse de Jon y manipularlo, pero bueno, ya encontraría la forma de sacar ese pensamiento que lo mantenía en un ciclo interminable de poder.

—Entonces… ¿qué somos?— preguntó con ilusión, sosteniendo fuertemente las manos de Jon.

—Amigos, pero esta vez desde cero. — se inclinó a darle un abrazo, agarrándolo de la espalda y apretandolo. —Siempre quise hacer esto… Eres tan apretable…

Eduardo se puso rojo como un tomate y se intentó apartar. —¡S-suéltame! ¡¡Ya!!— dijo con intenciones de pegarle, pero había hecho una promesa

—Nopi.

—Uhg, si no me sueltas, voy a… voy a… —balbuceó, casi asfixiándose en los brazos de Jon.— no te voy a dar el regalo que te tengo preparado… idiota —sonrió maliciosamente.

Jon dejó de apretarlo, sosteniéndolo justo delante de él, poniendo esos ojitos tiernos que decían “quiero pene”. —¿T-tienes algo para mí…?

Eduardo se echó a correr apenas Jon dijo eso, tropezando y cayéndose en el pasillo de la casa, pero parándose y yendo a buscar el regalo a su habitación. El otro lo observaba estallando de la risa. Cuando volvió, le pidió a Jon que cerrara los ojos.

 

Y cuando los abrió…

 

Vio un dibujo de una hermosa sirena pintada delicadamente en acuarela, con sus detalles hechos con lápiz a palo. Tenía un precioso cabello rosado, y cada escama de su cola estaba hecha con precisión. Tenía una corona de flores y había varios peces a su alrededor. Jon tomó la hoja con ambas manos, con mucho cuidado de no echar a perder la hoja (aunque ni él sabía porqué pensaba eso, no iba a ser el fin del mundo por culpa suya).

—Lo hice… Para tí. No es la gran cosa y creo que tiene muchos errores, lo hice contra el tiempo… uh. Espero que te guste.— susurró, presionando su mano contra su pecho, tratando de sentir su corazón latiendo fuerte.

Lágrimas empezaron a salir de sus ojos, extremadamente feliz. —No, yo no… No merezco esto…— dijo en una voz rota, riendo y mirando a un Eduardo confundido.

—No es para tanto, Jonny…— se le escapó el apodo en frente de él y se sonrojó. — D-Digo, eh…

Jon rió fuerte y abrazó a Eduardo denuevo, esta vez incluso más fuerte. —¿”Jonny”? Nunca me habías llamado así, pachoncito.

Se quejó. —¡B-basta ya! ¡DEJA de hacer eso!— le reclamó, apartándose de Jon inmediatamente. —¡No soy un juguete que puedas abrazar así como así! ¡Ugh!

—Pues para mí si lo eres.— bromeó. —Gracias, Eduardo, no sabes cuánto significa esto para mí… te...— estaba a punto de decir algo más, pero se arrepintió al último minuto. — ah, olvídalo. Te lo agradezco.

—Menos mal que te gustó, porque sino ya hubiera roto la promesa.

—Oww, eres malo…

Y así es como surgió su amistad. De nuevo. Eduardo tenía que agradecerle a Edd de alguna forma, por haberlo ayudado... Pero eso sería después.

 

Notes:

Lo siento si no son muy largos los capítulos, trato de hacer lo mejor q puedo hacer.

Notes:

Como dije en el tag, perdón si no están muy on-character los personajes, estoy tratando de hacer lo mejor que puedo unu