Chapter Text
Extra
Minutos… Horas… Días… Semanas… Años
¿Cuánto ha pasado?... he perdido la cuenta.
¿Hice lo correcto?
¿Valió la pena abandonar mis sueños? ¿Sacrificarme por quien ya no me recordaba?
Yo también tenía metas. Tenía familia, tenía a alguien que me cuidara, personas que sonreían con el solo hecho de verme bien… todo eso lo pude haber recuperado ¿no?, era fácil quitar a Zack de en medio, recuperar a Draig… conocía como hacer eso… tal vez no sería Issei, pero podría haber hecho que me amaran de nuevo… podría haberlo hecho
También tenía ilusiones que no nacían de la guerra ni del dolor.
Quería un hogar. Quería risas que no tuvieran miedo.
Quería… algo más.
Y lo sacrifiqué.
Uno por uno.
Renuncié a partes de mí para darles esperanza a otros.
Pero ahora me pregunto: ¿Dónde está mi recompensa?
¿No se supone que eso les dan a las buenas personas?
¿O era otra mentira que nos contábamos para no derrumbarnos?
¿Acaso Elohim me mentía cuando me decía que buscara justicia para un mundo mejor?
Porque yo lo hice.
Lo intenté.
Lo grité hasta romperme la garganta, hasta que la sangre se confundía con mis lágrimas y el futuro era solo una palabra sin forma.
Y, aun así, estoy aquí.
No sé si estoy vivo. No sé si siquiera existo.
Tengo frío.
Tengo miedo.
No siento mi cuerpo…
Es como estar suspendido en el océano, pero sin agua.
Como si la gravedad hubiera perdido interés en mí.
Como si cada extremidad se negara a responderme, como si ya no me reconocieran como suya.
¿Este es el vacío?
¿Así se siente el final…?
Silencio.
Negro.
Inmenso.
Mi mente divaga.
No porque quiera pensar, sino porque no hay nada más que hacer.
Es como si la conciencia fuera la única parte de mí que aún se aferra a existir.
Una llama minúscula, escondida en una caverna helada.
Quisiera dormir.
O soñar.
O dejar de ser.
Pero una idea, terca como yo, me ronda.
¿Alguien me recordará…?... todos añoraran a Zero… pero quien recordara a Issei
Esa pregunta se repite como un eco sin paredes.
Se cuela en los pliegues de mi mente, araña mi cordura.
Porque si nadie me recuerda, entonces todo esto…
¿Para qué?... ¿Para qué sufrí?... ¿Por qué yo?
Por favor, alguien dígame que lo hice bien.
Que valió la pena.
Alguien… reconózcame.
Por favor… que alguien lo haga…
No quiero ser olvidado… de nuevo…
“Mama, ¿enserio los demonios y ángeles pelearon alguna vez?”
Voces, ecos, poco a poco palabras escuchándose a mi alcance, no pude evitar voltear en dirección a ellas, pero venían de todos lados
“Alguna vez, aun con tu vista perfecta Heimdall, ¿pudiste creer que verás un mundo donde los dragones celestiales no pelearan?”
Otra voz, una más vieja
“Así que has perdonado al portador de Draig eh, Tiamat”
“Que te puedo decir Ajuka, él y su rival tienen algo especial, supongo que es algo con esta generación… han logrado algo que creíamos imposible
Poco a poco la oscuridad del mundo empezó a tornarse de color delante mío, primero pequeñas betas, las cuales se iluminaban más y más con el pasar de las voces, lo que antes era oscuridad se convirtió en reflejos, visiones de un mundo donde ya no pertenencia.
“Mama, aun duele, aun después de tantos años aun duele recordar el día que te perdí, que Kioto te perdió, aun me da miedo recordar ese día, pero también tengo días buenos sabes, días en los que recuerdo tus besos, tus enseñanzas, tu amor y tu calor, pero también tu valor y responsabilidad, confieso que tengo miedo de no poder estar a tu altura”
Kunou… el dolor en mi garganta fue atroz, aun recorre mi mente como Yasaka tuvo que partir -Lo siento…
“Pero supongo que no era la única en no estar a la altura… los demás sienten lo mismo… después de todo dejaste la vara muy alta Issei-Kun”
Aquella sonrisa triste que ilumino la cara de Kunou fue el detonante para que las visiones iniciaran como un torrente. Primero fueron imágenes. Desordenadas. Difusas.
Como pinceladas de una memoria ajena...
Una tras otra, golpeaban mi mente como mareas: sin permiso, sin aviso. Y no dolían. Quemaban.
Un mural de recuerdos. De mí. Pero sin mí.
Gasper…
Él estaba en la academia, rodeado de niños. Su voz era más firme, menos temerosa. Tenía una mirada madura
—“Todos ustedes alguna vez me ha preguntado si no tuve miedo hace años cuando el mundo perdió su magia… la verdad estaba aterrorizado, no solo yo, todos lo eran, no los culpo, pensaba en rendirme, aceptar que el mundo se iría a la borda, aún hoy en día tengo pesadillas de eso” —decía con seguridad.
Y cuando uno de los pequeños le preguntó por qué hablaba así, con tanta pasión en lugar de miedo, Gasper respondió, con los ojos brillosos:
—“Porque en esos días, alguien me salvó sin pedir nada a cambio… alguien que el mundo olvido, pero ya no más. Mis queridos estudiantes, es hora de que conozcan la historia del verdadero héroe del mundo… Hyodo Issei”
Mi garganta se cerró. No podía hablar.
Solo mirar.
¿Esto es real? ¿Esto me está pasando? ¿Estoy... dentro del recuerdo de los demás?
Las imágenes se aceleraron.
Valery, frente a un altar.
Uno humilde, sin símbolos sagrados. Solo una piedra tallada con una frase: “Lo dio todo, incluso lo que no tenía. No por gloria, sino por amor.”
—“Yo siempre supe que eras más que una leyenda… porque los verdaderos héroes no necesitan ser recordados por multitudes. Solo por aquellos a quienes salvaron. Pero no por eso dejaremos que te olviden Issei- Kun, no de nuevo”
—susurró, mientras colocaba una rosa blanca con una hebra de cabello rojo atada al tallo—.
No lo entendía.
Esto… esto no era el mundo real.
Las imágenes cambiaron de locación, me costaba ubicar donde estaba… o cuando, pero eso dejo de importarme al ver aquella cabellera, tan rubia que dejaba en vergüenza al mismo sol, una inocencia en sus ojos que los ángeles envidiarían tener
Ya no era la niña temerosa con la sonrisa quebradiza.
Vestía túnica blanca, con bordados dorados y una cruz tatuada en el dorso de su mano izquierda.
Era la guía espiritual de una nueva orden, una que no rechazaba demonios, ni draconianos, ni herejes.
La Hermandad de la Esperanza.
Sus palabras no eran sermones.
Eran abrazos para las almas heridas.
—“Nos enseñó que el cielo no es un lugar, sino una decisión.
Y que a veces, los ángeles más puros no tienen alas… sino cicatrices.”
Irina estaba junto a ella, riendo mientras organizaba a un grupo de jóvenes paladines.
Ya no era una simple guerrera de la Iglesia. Era una líder de campo, embajadora entre los nuevos acuerdos celestiales. Sus armas… eran palabras tanto como su espada.
Y Xenovia.
Ella había fundado una academia. Una donde se entrenaban guerreros no solo con fe… sino con razón.
Leía poesía a los estudiantes antes de cada clase.
Y en su escritorio… una pintura.
Un retrato perfecto. Yo Con ellas tres. Uno extraído de mis memorias más queridas
—“Él era el ejemplo. Nosotros, la semilla.” —decía Xenovia con calma—
—“Si alguna vez dudan de su camino, recuerden: un solo corazón fue suficiente para cambiarlo todo.”
Vi cómo las tres se abrazaban al final del día.
Habían tomado caminos diferentes.
Pero su unión era eterna.
Y eso… eso me hizo cerrar los ojos por un instante.
Agradecido. Para después verme sacudido por destellos rojos y blancos
Los recuerdos me llevaron más lejos.
A un campo de batalla… en ruinas.
Pero no había guerra. Solo un campo de entrenamiento que había visto años mejores
Vali y Zack. Ambos jadeando por aire mientras sus armaduras estaban agrietadas
—“Nunca seremos como él…” —dijo Vali, mirando el cielo nocturno—
—“Pero maldita sea si no lo intentamos.”
Zack soltó una risa ronca.
—“Y pensar que le decías ‘pervertido’ y ‘Perdedor’ en tu otra vida…
Ahora es la maldita vara con la que me mido.”
Ambos se sentaron sobre una colina a la par que sus armaduras se desactivaban
No hablaban mucho.
Pero compartían algo más fuerte que palabras. La luz se posaba sobre ellos como si incluso la noche supiera quiénes eran.
Y yo…
yo deseé abrazarlos.
La siguiente escena dolía.
No por lo que mostraba, sino por lo que implicaba.
Azazel estaba encanecido, aun su cuerpo se mantenía en buen estado, pero su cara se mostraba muy cansada, tal vez así se hubiera visto en mi primer vida.
Estaba en una biblioteca Inter dimensional, junto a un grupo de híbridos de distintas razas.
Y cada uno llevaba consigo una historia propia, todo ellos veían a las 2 personas delante de ellos, el ángel caído más antiguo y el demonio más poderoso de la historia, ambos hombres con todo para dominar las facciones, pero con la voluntad para dar un paso a lado.
Sirzechs, por otro lado…
Ya no era Lucifer.
Había renunciado a títulos.
Ahora solo era Sirzechs Gremory, padre, esposo, mentor.
Los vi frente a frente, una vez más.
—“Él fue el puente.” —murmuró Azazel, levantando un vaso en silencio—
—“Entre mundos. Entre enemigos. Incluso entre nosotros…”
Sirzechs asintió.
—“Y si algún día alguien me pregunta cómo se hace la paz…
Solo les diré que primero deben amar a alguien como él amó a todos.”
Ambos voltearon a la multitud que los veían, levantando sus copas en un mismo son
Y entonces…
el paisaje cambió por completo.
Un parque.
Lleno de niños corriendo, riendo.
Híbridos. Humanos. Ángeles. Demonios. Faes.
Todos juntos.
Pero no era solo un parque cualquiera.
Cada árbol llevaba una placa con un nombre.
Cada sendero tenía versos grabados en las piedras.
Y en el centro…
una gran plaza de mármol blanco.
Estatuas.
Una de mí, sí. Pero no en armadura. Ni como Zero… solo… yo
Estaba cargando a un niño en los hombros.
Sonriendo.
A mi alrededor, otras estatuas:
— Xenovia sosteniendo una espada que se transformaba en flor.
— Gasper cubriendo con su capa a un niño asustado.
— Asia arrodillada, sanando una herida en el pecho de un demonio.
— Rias mirando hacia el cielo, con la pluma roja entre los dedos.
— Zack y Vali, espalda contra espalda, en posición de defensa.
Niños tocaban cada figura, sin miedo, sin prejuicios.
Para ellos… no éramos facciones.
Éramos historias.
Y entonces vi algo más.
Una pequeña estatua escondida entre arbustos.
Simple.
Solo una figura con alas.
Sin rostro.
Sin nombre.
Una placa debajo decía:
"A todos los héroes olvidados.
Que su luz, aunque anónima, jamás deje de brillar."
No supe qué decir.
No pude decir nada.
Solo… existí.
Por fin.
Sin carga. Sin culpa. Solo con gratitud.
Era como estar mirando a través del alma de quienes dejé atrás.
Un desfile de escenas en los que yo no existía, pero vivía.
¿Eso tenía sentido?
Sí… sí lo tenía. Porque, aunque yo desaparecí… ellos siguieron adelante con partes de mí en sus corazones.
Y entonces la vi a ella.
Rias.
No vestía de reina. No era la líder de grupo DXD.
Solo era una mujer.
Una mujer rota que aprendió a armarse de nuevo, pieza por pieza.
Estaba sentada junto al lago donde una vez me confesó su miedo a perderme, una escena que vagaba entre mi primera vida y la segunda.
Sola. El cabello recogido, el rostro cansado, pero sereno.
—“No te amé en esta vida… pero siento que siempre supe que faltaba algo.
Y cuando vi tus recuerdos… entendí por qué lloraba al verte con aquel casco, porque sentía que eso no debía de estar ahí.
Entendí por qué mi pecho dolía cuando escuchaba tu nombre…”
—cerró los ojos—
—“Nunca te olvidare de nuevo Ise-Kun, mi lindo Ise”
El agua reflejó un pequeño halo de luz que flotaba frente a ella.
Un anillo. Rojo con detalles de esmeralda verde. La respiración en mi cuerpo se detuvo, por mi cabeza pasaron cientos y cientos de recuerdos que guardaba en el alma desde el día que le entregue ese mismo anillo
Fue en ese instante que el mundo se congelo, el mundo empezó a crujir de colores, un arcoíris estallo en mi visión, poco pude hacer para evitar cerrar los ojos… y de nuevo… La oscuridad era lo único que percibía, eso, curiosamente no me molesto. Esta poco a poco volvió a brillar
-Dicen que el héroe nunca actúa por beneficio propio, ni por la fama o la gloria, sino que solo lo hacen por ayudar a las personas, no importa si solo es uno o millones- trate de sacudir la cabeza ante la voz que escuchaba -Tú has cumplido con esto Issei
Fue cuando vi a los 4 seres absolutos delante mío, tres de ellos callados y con la cabeza gacha, el cuarto y más alto se acercó a mí a paso lento
- ¿Ustedes de nuevo?, ¿Me volverán a castigar?, ¿Acaso otro universo tiene que ser salvado? – pregunte.
Este solo sacudió la cabeza
-Fuiste una héroe sin importar los retos y nunca buscaste recompensas… eso no quiere decir que no la merezcas, acepto que fuimos duros, más de lo que deberíamos, y es por ello por lo que, por primera vez en nuestra existencia, pedimos perdón
Cada uno de los 4 seres se inclinaron en acción de disculpa. Con ello poco a poco betas de luz dorada me empezaron a rodear
- ¿Espera?, ¿de qué hablas?
-Disfruta nuestro primer y único regalo Issei, No será eterno, incluso puede que solo sea efímero, pero disfruta esta rama de olivo, hasta nunca Hyodo Issei, fue un placer que hayas sido nuestro campeón
Fue lo último que escuché cuando volví a perder la conciencia, de nuevo la oscuridad me envolvió
-Supongo que perder la conciencia se volverá algo cotidiano- murmure con cansancio mientras abría los ojos poco a poco. La visión que recibí fue la de un entorno sacado de la imaginación que solo un Dios podría crear, delante de él estaba un enorme sendero de pasto de color dorado, al levantar la mirada vio que estaba protegido del sol por un enorme árbol, fue al inspeccionar más su entorno que se topó con una vista que congelo su corazón.
-Parece que viste un fantasma Ise-kun- ojos azules como el mar brillaron con humor
-Rías… - fue todo lo que salió de mi boca mientras retrocedía hasta tocar la corteza del árbol. Eso solo hizo reír a Rías, quien se acercó poco a poco a Issei hasta estar delante suyo
-Me hiciste esperar mucho tiempo tu regreso.
- ¿Cómo?
Aquella pregunta hizo sacudir los hombros de Rías -No sé, lo último que recuerdo es una explosión el día de los caídos, después de ello desperté aquí, un páramo donde solo podía quedarme quieta viendo algo imposible
- ¿Qué viste?
Una sonrisa triste se formó en su cara -La historia y heroísmo de Zero.
Aquella sentencia hizo helar mis huesos
-Sufriste mucho- Ella sujeto mi cara y no pude evitar reclinarme ante su toque, Dios, lo extrañaba tanto, no quiero volver a alejarme de este calor -Nunca estuviste solo, todos lo vivimos contigo, solo no nos escuchabas… hasta ahora
No pude evitar abrazarla con fuerza
-Tuve tanto miedo Rías, quise redime más de una vez, te juro que lo intente lo mejor que pude, solo lo logre por tu recuerdo y el de los demás, pero Dios, cada día era más difícil que el anterior
-Lo se
Las lágrimas empezaron a escurrir de mis ojos sin control
-No quiero alejarme de nuevo Rías, no poder soportarlo de nuevo, no soy tan fuerte
-No lo tendrás que volver hacer solo, primero tendrán que pasar sobre mí, lamento no haber estado ahí Issei, no te volveré a soltar, te lo juro
Y por primera vez en años quise creer en eso, me aferre a aquellas palabras del amor de mi vida con la mayor fuerza que he ejercido en mi vida, no quiero volver a estar solo, a ser olvidado
- ¿Alguien me recordara?
El silencio en el claro y la briza fue como una tormenta
-Yo lo hare-
Y por primera vez creí en esas palabras
