Chapter Text
Bostezando por decima vez, El líder del clan Gojo dejaba ver sin pena alguna lo aburrido que estaba de escuchar cifras y porcentajes. Ijichi le daba informes una vez a la semana de los negocios del clan, no entendía por que era necesario igualmente estar presente en esta aburrida reunión. Tenia mejores cosas que hacer que estar con el montón de viejos chupas sangre que ya deberían haber se retirado o muerto.
Saco su teléfono de su pantalón y miro la hora.
13:02
Su esposo debería tener hambre. No iba hacer esperar a su Omega por culpa de estos féretros andantes.
- Es suficiente por hoy – se puso en pie importado le poco las muecas de enojo de las momias – la reunión para mi ha finalizado, si desean continuar, son libres de hacerlo. Me retiro – se puso en pie para marcharse.
- ¡Satoru! Que esta falta de respeto con nosotros – hablo uno de los vejestorios
El líder Gojo no detuvo su intención, sus pasos se mantuvieron en una sola dirección. Su oficina donde se encontraba su esposo.
Al salir de la Sala juntas, Satoru soltó un pesado suspiro.
- Necesito a mi Gumi-chan o perderé la cordura.
Apresurando su paso, Satoru pensó en los posibles lugares a los que podría invitar a su Omega a almorzar.
Había abierto un nuevo restaurante en el centro de la ciudad con zonas abiertas y ambientadas con zonas verdes.
- Llevaré ahí a mi Gumi-chan – hablo para si mismo emocionado.
Saco su teléfono para marcarle a Ijichi para que hiciera la reservación. Aunque el lugar exige pedir mesa con antelación, su apellido era suficiente para que siempre hubiera espacio para él.
Llegó a las puertas del ascensor y pulso el botón del último piso.
Satoru al entrar se sintió incómodo al percibir un ligero rastro de olor de bayas y gardenias. Un omega, las notas dulces dejaban saber su casta. Era curioso que el aroma de algún Omega permaneciera en el ascensor ya que todo su edificio tenía una buena ventilación. Quizás el Omega estaba muy nervioso y por eso la resistencia en desaparecer.
Al llegar a su piso, el mismo olor persistía en el pasillo hacia su Oficina. El olor no se le hacía conocido, no que recordará.
¿Quién había autorizado que un extraño llegará hasta su Oficina?
¿Megumi?
Al pensar en su compañero, una inquietud lo invadió y comenzó a correr. Lo primero que vio al abrir la puerta fue a su Omega herido y siendo maltratado por un hombre.
- ¡Megumi!
Su sangre hirvió al ver a su Omega en ese estado.
El azul fue reemplazado por un rojo sangre.
- Alfa… - el escuchar ese tono de voz agudo y suplicante de su protección, lo hizo actuar antes de siquiera pensar.
Tiro a la amenaza lejos de su Omega. Tomó con delicadeza a su esposo y lo sentó en sus piernas. Su corazón se lleno de ira y rabia consigo mismo al observar el labio partido y la mejilla roja de su compañero. Su Omega se aferraba a su camisa con miedo, sus hermosos ojos verdes dejaban caer lágrimas seguro por sus heridas y su falta de protección en el momento que su Megumi estuvo solo.
Llamó un doctor para que atendiera a su pareja.
- Alfa… - volvió a sollozar Megumi.
- Mi hermoso Omega, perdona a este descuidado Alfa que no estaba aquí para proteger te.
- Él me golpeó alfa, el me lastimó.
- No te preocupes mi Omega, mi esposo, mi compañero… - llevo sus ojos azules cielo sobre el desgraciado que era la causante de las lágrimas de su Omega. Suguru se estremeció al chocar su mirada con ese rojo que antes era un atrayente azul – él pagará por lo que te hizo mi amor, te doy mi palabra.
Nadie tocaba a su esposo, nadie podía herir a su Omega y quien se atreviera era un completo suicida. Nadie ponía sus manos sobre Megumi Gojo.
- Gojo-sama – golpearon la puerta – hemos traído al doctor que usted solicitó para su esposo.
- Entren – ordeno
Una mujer y un doctor se acercaron a los esposos Gojo. Ambos betas se inclinaron con sumo respeto.
- Megumi, cariño – llamó con dulzura a su Omega – el doctor va a curar tus heridas
- Alfa… - Megumi volvió a refugiarse en el cuello de su compañero mientras enterraba más sus manos en la camisa – ¿alfa va a dejarme?
Soltando una leve risita, el corazón de Satoru se calentó ante el comportamiento tierno y dependiente de su Omega.
- Te di mi palabras que me encargaría de quien te lastimó – dijo mientras volvía a acariciar los cabellos negros de su Gumi-chan.
El Omega sacudió su cabeza aún escondido.
- No quiero que alfa me deje – sacó de su escondite su rostro. Los ojos verdes seguían cristalinos, la punta de su nariz estaba roja y sus labios hacían un lindo puchero – Si alfa me deja, no se lo perdonaré – declaró
Esta vez fue Satoru quien negó con su cabeza. Dio un beso en los labios fruncidos y otro en la mejilla lastimada, ambas besos con extremo cuidado por los golpes.
- Alfa no se irá, pero si tiene que hablar con él – señalo hacia el otro Omega que seguía en el suelo mientras lloraba – el doctor te curará mientras yo me ocupó de él.
Megumi aceptó el trato.
- De acuerdo alfa.
Satoru se puso en pie con su Omega para luego sólo dejar en el sofá a su compañero. Gojo miro al doctor y a la mujer dejando entender que podían acercar se a su esposo para atenderlo.
- Permiso Gojo- Sama voy a revisar sus heridas – habló el doctor inclinando se ante Megumi.
Mientras cuidaban de su Omega, Satoru al fin puso sus ojos sobre la otra persona en la habitación.
Lágrimas humedecido las mejillas de Suguru, sus ojos miraban con desconcierto y dolor hacia el hombre que había sido su alfa.
Satoru no se sorprendió al no sentir nada por el otro Omega. Ni siquiera le importó el olor agrio que salía de él otro. Ni su lobo interior, ni él, no sentían ninguna necesidad de consolar al que había sido su compañero en el pasado.
- No voy a preguntar te las razones del por que estas aquí, tampoco preguntare si te encuentras bien...
Satoru dio pasos hacia el Omega que sólo lo miraba con sus ojos cafés llorosos. Al estar delante de Suguru, Satoru se agachó. Alzó su mano y tomó la mandíbula del Omega presionando con fuerza.
- Alfa… - chillo Suguru por el dolor. Llevo su mano a la muñeca del hombre que se supone debería estar feliz por su regreso - du-duele
- Y crees que me importa – apretó con más fuerza.
- Al-alfa… - suplicó porque lo soltara.
- Déjame de llamarme de esa manera, NO SOY TU ALFA.
- Mie-entes…
Satoru chasquio la lengua molesto.
- No me importa lo que creas, ese es tu problema – liberó de su agarré al Omega.
Suguru llevó su mano a su rostro en la zona donde la piel palpitante de dolor.
- ¿Por que alfa… - miro directo a los ojos azules que hace mucho tiempo atrás lo miraban con ternura y devoción – ¿por que alfa me trata de esta manera? ¿Por qué alfa cuida de otro Omega? ¿Acaso olvidas que prometiste esperar me? – soltó en un hilo de voz.
- ¡Deja de llamar me así!
- ¿Alfa me odia por que hui? – ignoró la orden de Satoru – lo siendo alfa, por favor perdóname – estiro su mano intentando tocar el rostro del hombre que ama, pero este se apartó. Su corazón se presionó en desesperación y angustia – se que fui un cobarde al dejarte, pero me sentí tan presionado por tu clan que me asuste, sentí que no podría con la responsabilidad. Yo…
- Acaso te he pedido explicaciones – interrumpió Satoru – no me interesa lo que tenias para decir… ya no.
- ¡Yo necesito que sepas las razones del porque me marche! – grito atormentado por ser escuchado por su alfa – quiero que me perdones, quiero que me refugies en tu pecho y me digas que todo esto… - miro con odio al Omega que observaba de lejos con una expresión y sonrisa de satisfacción ante su estado emocional – ese Omega que lleva tu aroma, ese anillo que lleva en su dedo, esa marca que porta en su cuello… - volvió su mirada a los azules vacíos de su alfa – todo esto es sólo un castigo que quieres darme para aprender una lección, porque créeme, ya la aprendí. Nunca más volveré a huir… ¡Te amo Satoru!
Gojo permaneció unos segundos en silencio mirando a Suguru.
El Omega mayor pensó que había tocado una fibra en el alfa. Volvió a intentar tocarlo, pero su mano fue apartada de un manotazo por Satoru.
- No trates más de tocarme, a mi Omega no le gusta – se puso en pie y miro desde arriba a su ex-compañero – seré claro contigo una sola vez – gruño – por ti no siento absolutamente, no te odio, no te guardó rencor – Suguru sollozo más fuerte - Mi único Omega, esposo y compañero es Megumi. Amo a Megumi. Él llegó a mi vida cuando más hundido estaba en la oscuridad y sólo con ver sus hipnotizantes esmeraldas, supe que desearía tenerlo a mi lado para siempre. Megumi es todo lo que tú nunca podrás ser. Él es fuerte, decidido, nunca huye a nada que desee enfrentar se a él, toma cada prueba del clan Gojo como un desafío y logra la victoria. El no tomó mi responsabilidad como suya, el carga el peso conmigo, es un igual.
Ante cada palabra, Suguru sollozo y sintió el sabor de la derrota en su boca.
- En este momento tu destino le pertenece a mi Gumi-chan – Satoru dio la espalda al hombre en el piso para regresar al lado de su Omega que ya había sido curado por el doctor.
- Gojo-sama – se inclino de nuevo – su esposo necesita poner se una pomada en su pómulo para que la hinchazón y el rojo de su piel desaparezca rápidamente – explicó el médico entregando le una receta médica – la herida en su boca puede ser tratada con la misma pomada.
Satoru miro con culpa y ternura a su Omega. Megumi tenía su mejilla algo brillosa seguro por la crema que el médico había puesto para mejorar el aspecto y el ardor en su piel. Su labio sólo tenía una costra de sangre seca.
- ¿Como se siente mi Megu-chan? – pregunto mientras se sentaba al lado de su esposo quien inmediatamente se trepó encima suyo en busca de refugió en sus brazos.
- Todavía me duele – dijo hundiendo su nariz en las glándulas olfativas de su alfa – tengo hambre Toru, olvidemos este incidente y vamos a comer
- Mi Omega no quiere que ése reciba su merecido – apartó unos mechones de pelo del rostro de su Omega para besar su frente – si tú me pides que le arranque un brazo, que le devuelva los golpes que te dio, que lo humille o lo que tú deseas que haga con él, será una orden para mí.
Megumi giro su cara hacia Suguru quien todavía lloraba arrodillado en el suelo.
- Sería lindo que le cortaras el brazo con el que me golpeó, pero ya no me importa – regreso su atención a su alfa – sólo déjalo ir y llévame a comer. Él no vale la pena.
- De acuerdo mi Gumi-chan – beso con ternura los labios de su Omega – Yuriko, llama a alguien de Seguridad para que saque a ese Omega -ordeno con un profundo gruñido – no quiero que le permitan de nuevo su entrada a esta compañía. Si vuelven a cometer el mismo error de hoy, lo pagarán con su vida.
Yuriko tembló de terror. Su jefe generalmente siempre era bueno con todos, siempre y cuando nadie tocará o rozara por error a su esposo.
- S-si seño-ñor – contestó temerosa la mujer.
- Basta Satoru, no regañes a Yuriko. Ella sólo hizo su trabajo – regaño el Omega.
- Si lo hubiera hecho bien, ese otro no hubiera llegado hasta mi oficina a atacar te.
- Ella no tuvo culpa de lo que sucedió. Yo fui quien le ordenó dejar lo pasar.
- ¿Tú? – pregunto confundido.
- Si – respondió tranquilo – Yuriko me informó que él te estaba buscando así que yo decidí recibir lo para explicar le que tú y yo estábamos juntos – Megumi inclinó su cabeza queriendo esconder el rubor de sus mejillas - Quería pedirle que por favor ya no intentará buscarte más. Que tú y yo somos felices y que él también debía seguir con su vida. Creí que podía manejar la situación y que él sería más maduro.
Tomando con cuidado el rostro de su esposo, Satoru repartió besos por sus labios, mejillas, frente y nariz.
- Mi Gumi-chan es tan dulce.
- Basta Satoru – pidió abochornado – llévame a comer, tengo hambre.
- Lo que Gojo Megumi deseé, se hará.
Rodeando la cintura de su esposo, ambos se encaminaron a la salida.
Megumi se detuvo al pasar al lado del Omega mayor.
Suguru ya se había puesto en pie. Limpio su rostro el rastro de lágrimas y miro a los ojos a Megumi.
- Geto-san… - llamó el joven Omega – por favor deja en paz a mi esposo, dejanos en paz a ambos y sigue con tu vida – dio una leve inclinación – deseo de todo corazón que seas feliz.
- Mi Gumi-chan me provocará un sobredosis de dulzura – soltó Satoru besando la mejilla de su marido.
- ¿Tú no tienes nada que decirle Satoru? – pregunto Megumi.
- No tengo nada para decir mi Megumi-chan – retomó sus paso hacia la salida incitando a su esposo a hacer lo mismo – Yuriko, no olvides hacer lo que te pedí.
- Si Gojo-sama – respondió la mujer a las figuras que ya se alejaban en camino al ascensor. Al ver a la pareja ya desaparecer de su vista, miro al único Omega que quedaba - Geto-san, por favor acompáñame a la salida, no me gustaría realmente llamar a alguien de Seguridad.
Suguru ignoró a la mujer.
Pasó sus dedos por el borde del sofá, se acercó al escritorio del alfa y tomó la fotografía que asistieron reposaba. Satoru abrazaba por la espalda a ése Omega mientras ambos reían mirándose profundamente enamorados.
En esa foto debería estar Satoru y él.
Dejó la fotografía boca abajo. Camino hasta los vidrios polarizados que dejaban ver todo el exterior.
Saliendo del edificio Satoru tomaba de la mano a ése Omega. Abrio la puerta del carro que los esperaba y se marcharon.
Satoru realmente se veía feliz y enamorado.
Satoru ya lo había olvidado.
Satoru había seguido con su vida.
Satoru ya tenía un nuevo inicio.
- Geto-san, insisto que es mejor que se marche.
- Ya me voy – dijo.
Dando pasos cortos y suaves, Suguru se trago todo su dolor. Hoy se había humillado, había sido maltratado por el hombre que más ha amado, hoy… había sido derrotado sin oportunidad a una nueva lucha.
Su error fue la bendición de ese oportunista Omega.
Sus dudas fueron la enfermedad que lo llevaron a huir.
El “si yo hubiera… “ lo perseguiría el resto de su vida.
